4. Quince minutos y varias vidas…

Aún antes de que apareciera y se sintieran ese terrible chakra del biju, las personas que trabajan en el hospital de Konoha se habían estado preparando para lo peor. No sabían para qué exactamente, y eso era lo que más les preocupaba. Solo sabían que un equipo de jonin especiales apareció en la sala de emergencias por medio de shunshin. Uno de ellos tenía varios pergaminos con sellos para guardar cuerpos en las manos, otro llevaba a la espalda un joven ANBU inconsciente; el más joven de ellos estaba pálido y con los ojos vidriosos, mientras la mujer de mediana edad que parecía comandarlos gritaba: "Código Naranja" a voz en cuello… El Código de "posible ataque masivo", el segundo peor al rojo ("ataque masivo asegurado"), aunque con los dos se debe hacer lo mismo: alistarse para la destrucción de la villa. Obvio que todo eso son inequívocas señales de que Konoha estaba en problemas.

No se sabe quién activó el sello, pero todos fueron testigos de éste y empezaron a actuar siguiendo el protocolo. Es un sello que la misma Uzumaki Mito hizo instalar poco después de que su marido muriera en batalla. Cuando se activa, varias personas en el hospital y en ciertos sitios ven como símbolos naranjas empiezan a iluminar partes de algunas paredes. Ese sello está en cada una de las construcciones de importancia estratégica para la villa, y en cada uno de los pisos en ellas.

Y la conmoción inició por toda Konoha. Al menos tuvieron unos cinco minutos para alistarse, y los del centro los hicieron valer.

En esos minutos y el hospital, el jefe de médicos en la sala de emergencias atendió al ANBU, un joven con cabello plateado y un grave caso de sobredosis de una droga anestésica y paralizante. Las enfermeras y asistentes de pacientes, a la misma vez, se hacían cargo de iniciar y llevar a cabo el protocolo: muchos sellos que estaban llenos de provisiones fueron abiertos y ordenados. Llevaron nuevas camillas en los pasillos y medicamentos de más importancia a las entradas. Sobre todo, alistaron equipos de dos personas listos y en espera junto a ciertas ventanas, puertas y el techo. Los ninjas suelen entrar al hospital por donde les quede más cerca, y a veces los segundos cuentan para salvar una vida.

Ninguno de los médicos o personeros se atreven a hablar sobre algo que no sea hacer los preparativos lo mejor posible. En el hospital solo se oye el movimiento de las personas, los objetos y algunas quejas y preguntas de civiles y pacientes que son contestadas con cortos: "es protocolo". Las miradas de todos están empezando a ser nerviosas y temerosas, por más que los ninjas lo intentaban evitar. Están muy ocupados como para dejarse llevar por las dudas y las suposiciones.

Lejos de todo el movimiento en las plantas altas, uno de los patólogos de más edad y experiencia se hacía cargo de abrir los sellos con los cuerpos que había traído los jonin especiales. Estuvo solo con los cadáveres en una sala segura en la parte subterránea del hospital, la morgue para sujetos desconocidos. Normalmente tendría uno o dos asistentes para que le ayudaran con las autopsias, pero nadie está disponible para hacerse cargo de muertos cuando se deben alistar para ayudar a los vivos.

El hombre canoso, encorvado, vestido de blanco y con los ojos amarillos comunes entre los Rinha había sacado un cuerpo a la vez para hacer la primera inspección. Cuando vio que los dos primeros eran ANBU´s, debió hacer un esfuerzo para mantener su pulso firme y los ojos bien abiertos. Sin embargo, cuando el tercer cuerpo que sacó era ¡Oh Kami! De su prima pequeña Biwako Sarutobi, y vio el estado en que está, tiene que tomarse unos segundos para respirar lentamente. Logra recobrar la compostura hasta que vio el séptimo cuerpo, el de su sobrina- nieta Taji. La niña que él vio crecer entre los pasillos del hospital, a la que él mismo ayudó una que otra vez con su ejercicios para el control del chakra y algunas técnicas médicas… No pudo evitarlo, y lloró por unos segundos, hasta que la sensación horrorosa de la aparición del Kyubi lo hace despertar de su estupor.

Recordó con sobresalto que él es el único que puede encontrar alguna pista del atacante de éstos ANBU y sus queridas familiares en los cuerpos. Tal vez la misma persona que está atacando a la villa… Sin hacer caso a nada más que a su concentración, empieza una nueva técnica médica.

-o-

Además del hospital, otros de los lugares que se iluminaron de la luz anaranjada fueron la mensajería, las oficinas de los jonin, chunin y genin. Las últimas tres se hacen cargo de la recogida de información sobre los ninjas de dichos rangos, muchas de las misiones y querellas que tienen que ver directamente con la vida en la villa y la organización de sus acciones cuando ese tipo de sellos de alarma se activan. Es así como todos los ninjas que estaban en el centro y con esos rangos pronto supieron qué hacer: los jonin, comandados por Chikara "la sabueso" Hatake, empezaron a patrullar la villa. Los chunnin, liderados por el padre primerizo de dos días Shikaku Nara, hacen a los civiles ir adentro de la montaña de los hokages. Mientras los genin, que por supuesto seguían las órdenes de Kosuke Maruboshi, el "eterno genin", debían poner a punto los refugios, en donde todo tipo de sellos con conservas y demás esperaban por ellos. Y alrededor de todos los ninjas y los civiles que desfilaban por las calles de Konoha, los halcones mensajeros (y, luego, varios primates) daban órdenes e información por doquier.

En los clanes, los mensajes sobre la alerta naranja llegaron un minuto después, cuando algunos ninjas miraron hacia arriba y vieron la manera en que los halcones se movían sobre sus hogares. En esos movimientos, estaba la alarma. Pero no le pusieron toda la atención o energía necesaria. Bien que mal, cada año se hacía un simulacro y, como estaban en tiempos de paz, la mayoría de ellos dieron por hecho que de eso se trataba. Por pocos minutos, los clanes se organizaron para llevar a cabo la evacuación, pero para cuando apareció el Kyubi en el centro de Konoha, ninguno de los civiles estaba cerca del centro y, los ninjas, haciendo caso de sus instintos y rangos; corrieron hacia el peligro o hicieron ir a los civiles, niños y adultos mayores hacia el lado contrario de donde venía esa malsana sensación.

Así que, mientras la gran mayoría de konohianos estaban atentos al cuido de las personas en la villa, cuando Danzo Shimura vio la luz naranja en su oficina, lo que hizo fue pedir a todos sus agentes de Root que se alistaran para la guerra y fueran hacia las afueras de la villa. Él mismo también lo hizo. Y, por más que sintió el chakra del Kyubi como todos los demás, solo le pidió a su gente que buscaran por posibles enemigos huyendo. Sabía que, por las prácticas de Sarutobi y que el Namikaze seguían, esas alertas naranja eran muy defensivas. Exageradamente defensivas y centradas en el bienestar de los civiles, personas que, a los ojos de Danzo, se les habían dado muchos privilegios y no valían lo suficiente para ser tan protegidos. Al menos, se insistió el Shimura, él sí se centraba en lo principal: matar al enemigo. Si ya no hay enemigo, ya no hay amenaza para Konoha.

Él y Root no salvaron ninguna vida en las primeras horas por esa decisión, pero al buscarlo encontró al joven enmascarado muy cerca de los sellos exteriores. Al verlo tirado en el suelo y humeando, creyó que podría apresarlo rápidamente.

Obito había usado su técnica espacio-tiempo para desaparecer del centro de Konoha apenas hizo la invocación. Pero sabe que algo fue mal y tuvo que salir al instante de la otra dimensión, sin saber en donde estaría al hacerlo. Cuando vuelve a entrar al mundo, no puede siquiera estarse en pie. La cantidad de chakra que ha tenido que usar no es todo el problema. Que ha estado justo en el lugar en que apareció el Kyubi es el problema. Siente el dolor quemante del chakra del biju en su piel y entrañas, como si se hubiera impregnado del mismo y éste fuera una bruma de ácido. Apenas se pudo controlar de gritar. Aunque sonrió cuando ve que parte de su torso y brazo habían desaparecido y humeaban. Eran en su mitad artificial, el que no le dolía y podía ser reemplazado. El olor del humo de sus heridas, que se mezclaba con el aire era peor, le hacía marear y tener nauseas.

―Y tras de todo… ―siseó antes de mirar hacia una rama de un árbol al frente de él. Ve dos ANBU y un hombre con vendas en el rostro.

Óbito intentó usar de nuevo su técnica espacio-tiempo, pero no logró ni abrir el portal. Impotente, sintió como una técnica eléctrica iba rápidamente hacia él, y cerró los ojos para esperar lo que se le viene… No sintió la electricidad corriendo por su cuerpo, pero ya sabía que iba a ser así. Lo que sintió fue el cuerpo viscoso del Zetsu blanco que había crecido desde las raíces del árbol en que estaba apoyado el enmascarado, para cubrir a Obito con sí mismo. La electricidad dio con… alguna parte de Zetsu, pero éste solo sonrió desde su rostro desformado en el hombro del Uchiha y dijo:

―¿Ves como sí tuve que salvarte?

Obito se encogió de hombros. Veía moverse las sombras entre los árboles y la tierra de muchos más Zetsus. Habían salido desde los árboles para pelear con los ANBU y el hombre de las vendas.

―Terminemos con esto y vayámonos de una vez.

Zetsu solo sonrió un poco más.

―Oye, tal vez esta vez podrías defecar mientras tengo asimilado tu cuerpo, puede que así…

Obito no quiere ni terminar de oír semejante atrocidad.

―¡De una vez, Zetsu!

―Aguafiestas.

Y sin más, el mutante asimiló el cuerpo de Obito en él, se fusionó con los árboles y desapareció de allí.

Danzo arrasó con un par de árboles Hashirama solo por la furia de que se le haya escapado.

-o-

El centro de Konoha es la zona más golpeada por la presencia del Kyubi. La tierra misma está gritando de horror. Todos los pájaros, ratones, perros, ardillas, ciervos y hasta cucarachas están huyendo hacia los árboles Hashirama. Los gritos y gemidos agudos y desgarrados que esos animales proferían se comparaban con el silencio que la mayoría de humanos han tomado. No es que no griten o lloren, es que el miedo es tan paralizante que apenas sale un poco de dentro de sus cuerpos en forma de un temblor convulso.

Y los rugidos del Kyubi sigue quebrando el aire y los movimientos de sus patas y colas hacen remover a la tierra en terremotos.

Solo los ninjas de más experiencia y menos habilidades sensoriales pudieron ponerse en acción al instante. El Sandaime fue uno de ellos. Y lo que hizo fue morderse un pulgar, agacharse, llamar la técnica que hace aparecer un sello alrededor de él y varias nubes de humo también. Cuando éstas se disipan, muchos se sorprenden al ver la gran cantidad de monos tapa, araña y tití que hay en todo el techo de la torre del hokage. Todos ellos llevan chalecos verdes con símbolos café de Konoha en sus espaldas, mucho movimiento de pánico y nervios en sus cuerpos y una mirada inteligente y taimada en sus rostros, sino están viendo con terror hacia el Kyubi, que ha vuelto a rugir. Varios llevan dagas de todo tipo a un lado o a sus espaldas también, como si fueran espadas. Tres de ellos, uno de cada tipo de primate y los de mayor tamaño (un metro estando de pie), dan gritos agudos hacia todos los demás. Éstos dejan de moverse y hacen reverencias en donde están, pero mirando hacia los de mayor rango.

El Sandaime no se inmuta en lo más mínimo cuando los líderes de la horda de primates han hecho también reverencias frente a él. Los gritos se suceden entre las calles, las colas del Kyubi destruyen un edificio que colapsa con un gruñido, y los ninjas que están cerca del lugar ven con horror como las paredes de ese edificio se pulverizan, y se tiñen del carmín del biju… Y sin embargo, el Sandaime está muy tranquilo cuando habla rápidamente con sus invocaciones:

―Necesito de sus servicios como red de información. Asegúrense de que todos los médicos ninja estén en el hospital, y los médicos civiles, en los refugios. Los Yamanaka, Uchiha y Kurama deben ayudar a los civiles y demás a aguantar el trauma emocional mientras los van sacando de las inmediaciones, y todos los chunin se deben estar haciendo cargo de eso con ellos. Todos los jonin especiales deben estar cuidando el hospital y la montaña de los hokages. Los genin que no estén ya dentro de la montaña deben ser tratados como civiles… ―grita el Hokage, los monos asienten a cada una de sus órdenes. Algunos ninjas alrededor de él también―. Solo los ANBU y jonin que no sean parte de los anteriores grupos comentados pueden atacar conmigo en equipos de tres. Nuestra meta es llevar al Kyubi hacia las afueras del centro. Todos los demás, repito… Todos los demás, deben mantenerse fuera de las inmediaciones. ¡Confío en que ustedes confirmen mis órdenes, ayuden con la evacuación y nos mantengan informados de lo más importante!

Los cientos, tal vez miles de primates hicieron un ademán de saludo y desaparecieron en unos haces de colores café y verde en el viento. Las ropas de Koharu y Homura, los compañeros de equipo genin del Sandaime, se movieron con la fuerza de su retirada mientras se acercan a Hiruzen.

―¿Y los que se supone que estamos retirados? ―preguntó ella, sus ojos abiertos y alertas.

El Kyubi ha dado otro rugido y, cuando el Sandaime mira hacia sus compañeros, la luz rojiza del atardecer se mezcla con la sangrienta del Kyubi en el rostro del Sarutobi.

―Lo que quieran… Hemos vivido lo suficiente como para decidir cómo morir.

Los dos responden quitándose sus gabachas para enseñar la ropa de guerra, muy parecida a la de Hiruzen, que llevan debajo de ellas. La más mínima de las sonrisas adorna al Sarutobi mientras les asiente. Los tres se tiran al unísono, uno al lado del otro, hacia uno de los techos, para usar junshin e ir juntos a donde está el Kyubi.

No se sorprenden de ver que ellos no son los primeros en reaccionar de esa manera. Muchos jonin y ANBU ya intentaban atacar con jitsus a la criatura, mientras otros se abocaban a llevar en volandas a civiles y otros ninjas por igual hacia los refugios y, más, el hospital. De lo que sí se sorprendieron fue de ver a otra persona de su generación moverse con toda rapidez hacia el Kyubi, desde su derecha. Bien que mal, no habían visto a Naori Uchiha en acción por más de quince años, y hacía mucho que no había estado en una posición de ataque… Aunque, Hiruzen también se da cuenta mientras sube y baja en un salto, de que tal vez Naori no va a atacar: la ve parar en un techo, acuclillarse y ¿meditar? O rezar. El Sandaime entiende el sentimiento aunque no la acción, pero alista su primer jitsu: uno de aire que, espera, empiece a mover al Kyubi afuera del centro de Konoha.

-o-

Los Inuzuka son el clan que más está siendo anímicamente golpeado por la presencia del Kyubi. Todos los perros cayeron presas de ataques de pánico, no hacen caso a sus compañeros y, muchos de ellos, llegan a huir o atacar a sus camaradas cuando éstos quieren comandarles que se tranquilicen más enérgicamente. Los pocos que han podido sacudirse la sensación de terror que corre por sus cuerpos. Pues muchos humanos han caído al suelo, sus manos sobre sus cabezas, los gritos dentro de sus pechos y el horror inenarrable en su ser.

―¡BÚSQUEDA Y RESCATE! ―grita de repente una voz atronadora. Es Shippo Inuzuka, el nuevo anciano del clan, y el primer hombre que no solo recupera un poco de compostura, sino también las ideas― ¡LLEVEN A LOS CIVILES Y NIÑOS A LOS ÁRBOLES HASHIRAMA, Y LUEGO HAGAN BÚSQUEDA Y RESCATE!

Algunos empiezan a oírles, otros, sobre todo madres, han cogido a sus hijos más pequeños en un brazo y hace correr al que puede caminar tomándolo de una mano, y van hacia los árboles Hashirama. Los demás, poco a poco, empiezan a oír los gritos de Shippo, o ven el ejemplo de las personas que empiezan a actuar y siguen sus ideas. Aunque se siente que es lento, muy lento, y que tienen que luchar con todas sus fuerzas para dar un solo paso, algunos ninjas logran empezar a actuar también.

Muchos van hacia el centro, a buscar a las personas qué refugiar, sobre todo los heridos bajo los escombros que los movimientos del Kyubi y su aparición hicieron volar por los aires y caer varios metros lejos de éste.

Pero el caos es aterrador. La tercera parte de los civiles que estaban en el centro de Konoha han sido evacuados y, la mayoría de los que quedan, son los que están más lejos de la montaña de los Hokages. Sin embargo, eso no evita que muchos de ellos queden petrificados, inconscientes o sean presas por ataques de ansiedad.

Nadie quiere ir hacia la montaña, donde saben que van a estar seguros dentro de ella, porque en esa dirección es que está el monstruo, la fuente del miedo, del horror y de la oscuridad… Pero por esa seguridad de lo que no quieren no saben qué deben hacer. Y es ese no saber cuales son las acciones a seguir, junto a la sensación del chakra del Kyubi, a dejado a muchas personas en las peores de las situaciones posibles: inacción. Lo más que muchos de ellos hicieron fue orinarse y defecarse encima del terror.

Los rugidos del Kyubi se incrementaron. También los sonidos sibilantes, crepitares y estallidos de los jitsus que impactaban contra él. Las luces del atardecer y el rojo del Kyubi fueron acompañados de pequeños flachazos de otros colores por los ataques de sus mejores hombres y mujeres estaban usando contra el biju.

Y en esa situación, muchos Inuzuka se movieron sin sus compañeros caninos. Siguiendo más sus instintos animales que los humanos, los perros Inuzuka que volvieron en sí salieron corriendo hacia los árboles Hashirama. Algunos ninjas Inuzuka también lo hicieron pero, los pocos tan valientes o locos para darle la espalda a ese lugar seguro donde sabían que la presencia del Kyubi no era tan poderosa, decidieron ir hacia el centro y ayudar con los civiles o ninjas menos experimentados a ir hacia esos árboles.

Es en esa misión ciega de búsqueda y rescate, palabras que guían las acciones de esos pocos Inuzuka como si fueran tan importantes como respirar, que ellos encuentran ayuda en dos clanes con los que no pensaron nunca que iban a trabajar juntos, codo con codo y con la mejor de las sinergias.

En la política de Konoha y entre las relaciones tradicionales de los clanes, los Inuzuka, Aburame y Hyuga siempre se habían enfrentado entre sí. Eso era así casi que por puro principio, tan enraizado en Konoha como la alianza entre los Akimichi, Nara y Yamanaka.

Los Aburame y Hyuga veían mal las formas abiertas, rudas y exaltadas de los Inuzuka; mientras éstos detestaban que los otros dos clanes no dieran el respeto que se merece a las emociones que, para los compañeros de perros, es la base de sus instintos, de su fuerza. Eso se lo despreciaban más a los Aburame, pues los Inuzuka no lograban entender que fueran tan cerrados en su idea de la lógica cuando ellos tambien tenían una relación simbiótica con unos animales y deberían conocer muy bien la sabiduría de la naturaleza.

En cuanto a los Hyuga, además de los problemas por el encierro de sus emociones, los Inuzuka detestaban la manera en que los poseedores del byakugan despreciaban a más de la mitad de su clan, tanto que hasta los hacían caer en la esclavitud. Los Inuzuka entienden la importancia de la jerarquía, es parte fundamental de un buen funcionamiento de la manada por supuesto; pero lo que no entienden es que un clan le den la espalda a su propia sangre, y quitarles su libertad y valor desde el nacimiento. ¡Los sellan como si fueran ganado…! ¡Es que cómo pueden entender, cuando los Inuzuka ni siquiera le ponen collares a sus compañeros caninos!

Lo único que los Inuzuka, o al menos Tsume, rescata de ambos clanes es que los Aburame le han dicho en su cara a los Hyuga que su práctica de sellar y esclavizar a su misma familia es ilógica, y hasta les han dicho varias explicaciones de por qué. En cambio, de los Hyuga lo único que vale la pena es lo tan fácil que son de indignar. Terminar con medio cuerpo dormido o herido como intercambio de darle su buena mordida a esos pálidos pelos largos es uno de los pequeños placeres de los Inuzuka.

El hecho de que esos clanes tuvieran habilidades para el rastreo solo sirvió para naciera y creciera una rivalidad entre los tres. En la oficina general de los ninjas-cazadores hay una pizarra con la cuenta de los renegados encontrados por los cazadores según su clan. A fin de año, el clan que gana obtiene un dinero que todos han estado pagando por esos meses. No es mucho, pero no lo importante del caso era la subida del orgullo del clan ganador, y el derecho a la burla por un año en contra de los otros dos, por supuesto.

En resumen: nunca ha habido cariño entre los tres clanes, algunas veces ni siquiera respeto. Y sin embargo, en esos largos minutos en que el Kyubi estuvo desatado en Konoha, los Aburame, Hyuga e Inuzuka aprendieron rápidamente a trabajar.

Los Aburame habían pedido a sus kikaichu que salieran al aire. También habían invocado a muchas de las criaturas con las que tienen contratos. Además del aire viciado, la sangre, el miedo, los derrumbes y el humo de color rojizo, en todo Konoha hay una horda de bichos de todos los tamaños y tipos. Lo más extraño de todo es que es muy bien recibida. Todos ellos están comiendo del chakra viciado que hay en el aire, ese chakra del Kyubi que atormenta a cada uno de los seres en Konoha. El ambiente ya no es tan opresivo, y los Inuzuka se sienten mucho mejor por ello. Algunos de sus perros, los más experimentados, han logrado sobreponerse lo suficiente para ir a ayudar a sus compañeros humanos en el centro. Muchos de los civiles que no han sido heridos por el aire a presión de la invocación del Kyubi o por el movimiento de éste, logran salir de su estupor, correr, encontrar alguno de los carreteros que siguen por ahí, ir a buscar a sus familias… El caos, el griterío es mayor, pero en cierta forma, parece que la villa vuelve a estar un poco más viva por ello.

Los bichos más pequeños empezaron a caer muertos rápidamente, sus cuerpos humeando en las calles, suelos y techos de Konoha. Los más grandes, a todas luces invocaciones, solían poder volver a sus hogares antes de que llegaran a ese extremo. El olor a carne quemada inunda todo el lugar, pero los Aburame lo que hacen es seguir llamando y llamando más bichos para reemplazar a los que han muertos o se han ido. Tsume ve como varios de ellos se aglomeran alrededor de niños pequeños. Y siente solo un poco de confort. Ha visto tres niños ya, pequeños de cuatro o menos años, muertos y siendo abrazados por sus familiares, llenos de shock y llanto en sus rostros. La impresión del chakra del Kyubi debió haber matado a los pequeños del susto… Pero Tsume no se deja pensar mucho en ello. Si lo hace, siente la terrible necesidad de correr, correr e ir hacia los árboles Hashirama donde su pequeño bebé de tres meses está, junto a su niñita y su marido.

Pero ella es una ninja de Konoha, la siguiente cabeza del clan Inuzuka. Y por el honor de su familia, por el el juramento de fidelidad que sus antepasados hicieron para con esa villa, Tsume no va a correr de su deber.

Muchos chunin también lo hacen. Éstos junto a los personeros de mayor rango de la policía militar y una gran cantidad de primates están yendo de allá para acá, ayudando a la gente, a los civiles y genin, a ir hacia los árboles Hashirama, al hospital… Lejos de la bestia, lo suficientemente seguros.

Pero Tsume ni mira hacia esos lugares que se siente como la salvación. Ella, Kuromaru, algunos Aburame y varios Hyuga se han abocado a buscar a las personas que están enterradas entre los escombros. Son varias. Tsume se sorprende de la cantidad que siguen vivas. Los Hyuga, comandados por los que ella llama las "princesas gemelas" Hiashi y Hizachi, son los que encuentran a esas personas, los poco Aburame que están usando sus bichos para ese trabajo diagnostican y los Inuzuka, con ayuda de los demás, son los que los sacan de allí.

… Para cuando llegan varios Akimichi a ayudarles, los afables gigantes no tienen tiempo para sorprenderse por la profesionalidad en que los tres clanes trabajan. Solo para seguir las órdenes de "levanta esto y lo otro" que ellos les piden.

De repente, esa criatura junto a su horrible presencia desaparecen. Todos los ninjas se dejan sentir un instante de felicidad, hasta que vuelven a darse cuenta que la destrucción sigue estando alrededor.

Nadie puede creer la hora que es cuando miran hacia sus relojes: Solo han pasado cuatro minutos desde que el Kyubi apareció en Konoha. Ellos lo han sentido como una eternidad.

Siguen con la misión… Por varias horas, varios ninjas de Konoha seguirán con la misión de búsqueda y rescate y uso de los refugios. La de reconstrucción, y todo lo que tiene que ver con esa palabra, será hecha por años.

-o-

Cuatro minutos antes.

Su madre había llegado a su habitación con su hermano en los brazos y una expresión de premura en su rostro. Y es en ese momento que Itachi se da cuenta de que esa terrible sensación que está sintiendo es real.

―Coge a tu hermano y ve a refugiarte entre las raíces de un gran árbol Hashirama ahora mismo ―le dice ella. Itachi nunca ha oído antes a su madre como una ninja en su vida.

Sabe que debe seguir la orden, que debe extender las manos para tomar a Sasuke (el pobre Sasuke que grita más que llorar) en sus brazos y salir corriendo, pero simplemente no puede. Recuerda ese campo lleno de cuerpos y los sonidos, olores y hasta sabores de la guerra del que fue testigo a sus cuatro años… Tanta muerte y sangre, y horror. Itachi sabe que puede que su madre muera en pocos minutos.

―¡Itachi! ―la voz de su madre es tan fuerte que hace enmudecer a Sasuke de la sorpresa… Y llorar aún más fuerte después― ¡Es una orden!

Tan rápido como llegó y tan fuerte como gritó, ella le da un abrazo, un beso y se va. Itachi se da cuenta que tiene a su hermano en brazos solo porque el llanto no se va con ella. Eso le da las fuerzas para sobrellevar el instintivo miedo. Sale corriendo hacia los árboles Hashirama.

Las personas en el distrito Uchiha también están haciendo eso. Muchos más van hacia los árboles Hashirama. Otros, e Itachi se sorprende un poco al ver que entre ellos hay varios primates muy rápidos, van hacia el peligro. Itachi no quiere ver hacia ahí, no quiere saber qué es lo que pasa en el centro de Konoha. Ya la sensación es horrorosa. Siente como si su espalda se estuviera contaminando con odio y sangre con su simple presencia… Y sin embargo, cuando ve a Naori-obaa-sama salir de su casa, brincar hacia el techo e ir hacia ahí, Itachi no puede evitar seguirla con la mirada por un par de segundos. Solo con ese instante ve un poco del rojo que se yergue en el centro de Konoha. El temor que siente es enorme. Sabe que puede que ella también muera. No quiere que Naori-obaa-chan muera. Es de las pocas personas de la familia que no teme reír, que en verdad le hace creer que el mundo no es el de la guerra y muerte que él vio a los cuatro años, que en verdad hay esperanza y amor, y que ésta puede vencer a la guerra… La pregunta sobre en dónde está su padre lo asalta en ese momento…

Pero alguien tropieza con su hombro y casi se cae al suelo. Luego, otra mano y una voz de mujer le gritan que corra, e Itachi aprieta en su pecho a su hermanito y hace justo eso.

-o-

Naori Uchiha no sabe ni qué va a hacer cuando llegue ahí, solo sabe que después de caer presa de ese pánico, tuvo que salir de su casa e ir hacia el peligro. Puede que el entrenamiento como ANBU resurgiera en ese momento, y ella lo agradece. Aún cuando sabe que, físicamente, esta lejos de estar en sus mejores condiciones, siempre es mejor tener unas manos extras para hacer sellos que no tener alguna.

Solo los muchos años de experiencia la hacen lo suficientemente fuerte de carácter para controlar la sensación del chakra del Kyubi. La insensibilidad, esa que es tan necesaria para llevar a cabo algunas tipos de misiones como ninja, ha resurgido de ella. Y hasta levanta la mirada para ver al ser que ruge… Su cuerpo tiembla, pero ella se manda a brincar más alto y correr más rápido entre árboles y techos.

Y es cuando lo siente… Naori no quiere estar segura de ello, pero instintivamente lo sabe. Ella ha sentido varias veces eso, aunque nunca tan fuerte y tan fino a la vez. Bien que mal es una experta en genjitsu, poder detectarlos es parte de esas habilidades que se incrementan con el tiempo practicando la especialización. Naori se envuelve más en la frialdad y se demanda a mirar de nuevo hacia el biju. Está en el aire (caliente, tan caliente y saturado del chakra del Kyubi que pica dolorosamente en la piel) y cayendo hacia uno de los techos. Sin embargo siente que se mantiene ahí por varios segundos cuando mira hacia la bestia y simplemente lo acepta: el Kyubi está bajo genjitsu. Naori sabe que solo un clan puede lograr eso… El sharingan es el culpable del ataque.

Naori se sorprende de que esa verdad no la aterrorice. Bien que mal, ella sabe de lo que es capaz una persona que abusa del sharingan. En su juventud, batalló contra el desmedido orgullo de varios Uchiha que hasta lo usaron en contra de su propia familia. Su ojo ciego es prueba de ello.

Naori da un suspiro y toma una decisión. Es hora de dejarse sentir al Kyubi, no al chakra en sí, sino a las emociones del ser. La Uchiha sabe que solo así podrá romper ese genjitsu.

Tal vez muera al llevar a cabo su alocado plan, pero eso no evitará que lo intente.

Naori cae en un techo, se acuclilla por unos segundos y respira hondo, muy hondo. Cierra los ojos y aleja la fría profesionalidad del ANBU para dar cabida a la empatía y la emoción del Kyubi. Debe recordarlo, grabar en su memoria cómo se siente el ser, para devolvérselo a éste junto a la duda de si en verdad debe atacar a Konoha, si en verdad él es un ser de odio y destrucción. Así es como funciona el Izanami. Se debe conectar con la emoción del otro en vez de imponer las propias a la fuerza, para que el cambio sea real… No importa si toda la historia del mundo diga que el Kyubi es esencialmente maligno, en todos sus años de vida, Naori nunca ha encontrado o ser pensante que haya iniciado siéndolo.

El tumulto de emociones interiores, las enmascaradas por la ira y el odio; son tan fuertes, oscuras y tristes que Naori tiene que alejarse de ellas para poder respirar. El dolor emocional es desbordante. Eso la convence de que había tenido razón y está haciendo lo correcto. No cambia el hecho de que lo más seguro no funcione y, fuera como fuera, terminará muriendo… "Pero, ¡ey!" Se dice Naori, mientras se levanta lentamente, como si un movimiento rápido pudiera terminar con la concentración que necesita para formar su técnica, "¿Qué son cuatro días más o cuatro días menos de vida si puedo salvar tanta otras?".

Da un salto hacia otro techo, corre un instante sobre un largo edificio y toma mucho impulso porque el siguiente salto debe ser muy alto. Lo que quiere es llegar a estar sobre el hocico del Kyubi, para que así pueda mirarle a los ojos. Normalmente, podría intentar hacerlo desde más lejos, pero primero debe terminar el genjitsu en que está sumido el biju para que el suyo inicie. Eso no es nada fácil… Necesita contacto ocular.

El calor tan terrible al que se enfrenta su cuerpo al acercarse a su objetivo le dice que, tal vez, debería primero poner una barrera de chakra alrededor de ella y…

―¡Cuidado! ―alguien grita con voz masculina, y Naori siente que algo rodea su cintura con fuerza y la mueve hacia un lado. Ella deja ir un bufido del dolor y la pérdida de concentración.

Va a dar a la rama de un árbol y frente a un ANBU. Naori mira hacia el enmascarado con enojo, saca un kunai que siempre lleva dentro de su cinturón, lo llena con chakra, corta el látigo con la que la había alejado de su objetivo y le replica lo más profesional que puede:

―Sigo órdenes directas ―"de mis instintos" pero no lo dice, porque quiere que crea que son órdenes del Sandaime. Solo así no se meterá en su camino de nuevo.

El ANBU la mira por un par de segundos. Un gran viento producto de un jitsu azota el árbol en que están, moviéndoles las ropas y los cabellos furiosamente. Los dos se pegan con chakra a la rama instintivamente y, luego, el ANBU le asiente apenas un poco y desaparece de ahí. Ella sonríe y vuelve a cerrar los ojos para concentrarse en tener a punto su jitsu. Aunque siente el calor alrededor, el movimiento del viento al acarrear los ataques del biju y ninjas por igual y las ondas de impacto de diferentes explosiones, ella no oye nada, no huele nada y casi que ni siente nada que no sea su jitsu.

Abre los ojos pocos segundos después, vuelve a brincar, corre un poco pues el Kyubi está más lejos de donde estaba antes. Vuelve a dar otro brinco, a un lado de ella una técnica eléctrica la acompaña pero Naori no le pone atención. Puede sentir como la técnica golpea a un lado de la oreja del biju, pero éste no parece inmutarse de eso ni de que ella ha caído en su hocico. Está pegada a una de sus "mejillas", y tiene que subir para estar frente a frente a sus ojos. Siente que sus botas altas y reforzadas se están quemando al estar en contacto directo con el biju, la piel de sus piernas, casi hasta el punto de sus rodillas, también le pica muy dolorosamente. Pero Naori está más concentrada en ver hacia un ojo del Kyubi.

Logra borrar el genjitsu anterior, lo cual le confiere un terrible dolor de cabeza, pero ella no cierra los ojos y activa el Izanami al instante… El dolor de cabeza ni se compara con el de sus ojos. Es un dolor que irradia a todo su cuerpo, que le hace sentir como si cada célula de su ser sufriera una descarga eléctrica horrible.

Pero lo ha logrado. Ha puesto al Kyubi bajo el mando de Izanami y, aunque sabe que está cayendo ahí donde está porque sus piernas deben estar prácticamente derritiéndose, ella está segura que ha logrado salvar muchas vidas en ese momento.

"Madre, espero verte pronto. Sé que estarás tan orgullosa de mí como yo de ti" fue su último pensamiento.

Ella no siente como alguien ha usado uno de los enormes halcones y un arpón para sacarla de ahí. Menos se da cuenta de que todos los ninjas están anonadados de que el Kyubi haya dejado de moverse del todo y, su chakra, dejara de sentirse tan caliente y lleno de odio. Solo está allí, sin moverse, viendo a la nada…

Dos de los más sorprendidos son Minato, que había aparecido sobre la cabeza del Shodaime en un rayo de luz medio minuto antes, desaparecido una bijudama con una técnica espacio tiempo y alistando para llamar a Gamabunta; y el Sandaime, que piensa en lo mucho que se debe agradecer que, en los momentos justos, se puede contar con que haya un héroe enormemente estúpido para sacrificarse en una movida temeraria y salvar la situación. El Sarutobi y algunos otros miran como el halcón lleva el cuerpo de Naori hacia el hospital. Aunque se aleja en el aire, sigue siendo evidente que sus piernas están humeando. Y aún así, el Sandaime no puede dejar de sonreír.

―Gracias, Naori.

―Sandaime ―Hiruzen mira hacia la derecha, donde Minato acaba de aparecer en un rayo amarillo― ¿Qué acaba de pasar?

Nadie ve venir su respuesta, y solo se sorprenden de como el venerable ex-hokage ríe tan histéricamente que ni puede hablar. Aunque las lágrimas que corren por sus mejillas no son producidas por esas carcajadas… Mientras el Sarutobi se tira al suelo para seguir riendo, Minato solo frunce el ceño y le pide a Koharu que le explique la situación.

―Fue Naori Uchiha…

Con solo el nombre, Minato ya tiene una idea de lo que pasa y él también sonríe por un instante.

―En ese caso, tenemos que apurarnos a sellarlo de nuevo. Quién sabe si la técnica va a durar por mucho… ―mira hacia el Sandaime, que ha dejado de reírse y se empieza a sentar. Una de sus manos se masajea sus ojos― ¿Puede hacerse cargo unos minutos más mientras hago el sello?

―Sí, claro.

Minato hace un ademán de abrir la boca para decir algo más, pero en ese momento Hiruzen baja su mano y le ve a los ojos. Solo con la expresión de su mirada le pide que no diga una palabra. Minato asiente, sus ojos llenándose de lágrimas nuevamente. Pero, antes de desaparecer en un shunshin, recuerda algo muy importante y lo informa:

―Mi familia está en mi tercera casa segura. Que mis guardias vayan a por ellos y los lleven al hospital… Los mejores especialistas en fuiinjitsu y que tengan más de la mitad de su chakra intacto, los espero en el sector 41.

Dos de los pocos ANBU que se habían congregado alrededor de ellos asienten y dicen "entendido". Minato ve alrededor por primera vez, y en verdad mira lo que ha pasado. Los cuerpos a medio calcinar, la sangre en las calles, los derrumbes, sentir el olor a quemado y ver como lo único que queda de una esquina es el gran hueco esférico que dejó una bijudama, el humo negro se alza de su circunferencia… Minato siente de nuevo esa necesidad de decir algo, como si mantenerse en silencio ante tanta desolación le avergonzara. Pero no lo hace. Decide desaparecer en un rayo de luz amarillo.

Ya luego tendrán tiempo para llorar a los muertos y decir sentidas palabras, ese no es el momento adecuado. Biwako les daría un palmetazo en la cabeza si los hubiera visto perder el tiempo en sensiblerías mientras Konoha necesita de su ayuda.

Cuando aparece cerca de una pata del biju, Minato se sume en una sensación de irrealidad. Le parece muy fácil, demasiado fácil. Pero deshecha la idea al recordarse de que en ese sitio, donde aún está su sello de hiraishin, había una tienda de armas… Y, en ese mismo momento, no hay nada. Solo una tierra muy árida.

No, que no haya tenido que pelear no lo hace fácil… Muchas muertes, heridos, futuros terrores nocturnos y daños en sus hogares no lo hace fácil.

Minato no hace caso al calor que siente ni a que la piel de su mano parece que se quiere derretir cuando la acerca al ser. Lo único que le importa es que debe sacarle de allí. Lástima que no puede llevarle a la montaña, no sabe si podría hacerlo teniendo en cuenta la cantidad de sellos protectores que éste tiene. Ha preferido llevarlo al Sector de entrenamiento 41. Es el que tiene el territorio seco y sin hiervas que emula ciertos climas de otros países: el mejor para empezar a pintar otro gran sello de contención, y empezar a inscribir el nuevo sello.

Minato hace un shunshin y se aleja del Kyubi por unos cincuenta metros. Pero antes que nada, mira de nuevo hacia la enorme bestia. No puede sentir un cambio en el chakra calmo, prácticamente meditativo en que está el Kyubi. ¡Kami! No puede ni imaginar la fuerza de carácter y chakra que debe tener Naori para haber podido hacer eso. Él ni siquiera necesita usar sus habilidades sensoriales para sentir ese ENORME sol… Pero, al menos, ya no se siente tan terrible y caótico. Es como un animal quieto que está decidiendo si atacar o no. Antes, en medio de Konoha, era un animal atacando. Ese pensamiento no lo tranquiliza del todo, pero al menos le hace sentir que aún tiene tiempo.

Aunque deseara tener todo el tiempo del mundo para evitar tener que tomar la única opción que sabe, tiene que llevar a cabo.

Cinco "soles de chakras" que pertenecen a jonin especiales y más, están viajando hacia él. Minato mira hacia el cielo, que sigue estando en medio del día y la noche, aunque las nubes poco a poco son más moradas que rosas… Y le pide perdón a su querida villa y a Kushina por lo que va a hacer.

Konoha se quedará sin su Yondaime y, Kushina, verá como uno de sus hijos se convertirá en el nuevo jinchuriki.

OoOoO

Notas de Autora:

1. He decidido escribir el self-insert. Lo haré poco a poco, y empezaré a subirlo después de que lleve publicadas más de 180mil palabras con estas historias. (Que cada una tenga más de 60mil).

2. ¡Gracias a todos! Aunque es mejor decírselos en PM personalizados, no está demás.

3. Por ahora, y hasta que ingrese la cuarta historia, publicaré los 10-20 y 30 de cada mes. Luego, veré como estamos con el tiempo para las cuatro historias a la vez.

4. ¡Abrazos!