Retrasos


Basado en el siguiente Headcanon:

Shadow: Yo creo que Hikari no es muy buena dibujante. Por más que le guste la composición por sus fotografías, le cuesta un poco hallar ese toque artístico a la hora de agarrar un lápiz y un papel. Puede medir las proporciones y el punto de fuga (ya que es necesario para sus fotos), pero simplemente no le salen muy bien. Daisuke tampoco es muy bueno, entonces ambos tienen un pequeño juego con eso. Ambos dibujan objetos y tratan de adivinarlos. Muchas veces salen tan tan mal que ninguno puede adivinarlo, o sino empiezan las clásicas risas de cómo eso puede ser un reloj y bueno, por lo menos en el mío se reconocen las manecillas, y se pueden pasar así todo el día. Al inicio los demás no entendían por qué se reían al ver que dibujaban tan mal pero, luego del tiempo, supieron que era una forma de divertirse con un talento el cuál no tienen.


Daisuke cruzó los dedos. Ese era el quinto hotel que visitaban y probablemente el último que les faltaba por visitar en la zona, todos los vuelos habían sido cancelados y no tenía ningún deseo de quedarse a dormir en el aeropuerto, no solo por lo incómodo sino porque no quería que Hikari pasara una mala noche.

—Solo nos queda una habitación, pero es matrimonial por lo que les podría servir —les dijo la recepcionista sin despegar la mirada de la computadora.

—Lo tomamos —se apresuró en contestar Hikari.

—Iré al aeropuerto —le dijo Daisuke —, si me entero de algo te aviso.

—No es necesario, dijeron que nos llamarían cuando reactivaran los vuelos y podemos compartir habitación.

—No sería apropiado. Además Taichi me mataría.

Daisuke sabía lo sobreprotector que podía ser Taichi. Varias veces lo había escuchado quejarse acerca de lo popular que era su hermana menor, especialmente con sus compañeros del equipo de futbol quienes fingían entrenar con muchos ánimos en cuanto la veían. Incluso temía que la persona que más admiraba se molestara con él en cuanto regresaran a Odaiba y supiera lo que él y Hikari tenían planeado.

—No lo hará si no se entera —la sonrisa de Hikari mostraba una inocencia que no concordaba con las palabras que dijo.

Daisuke pagó el depósito de la habitación sabiendo que sería inútil insistir. Siempre había sido así, desde que conoció a Hikari, incluso antes de ser consciente de sus sentimientos le costaba decirle que no. Y si era sincero consigo mismo debía admitir que la idea de compartir cuarto con ella no era algo que le molestara sino lo contrario.

—En seguida subirán sus maletas —la recepcionista le entregó las llaves, no parecía haber prestado atención a lo que ambos habían dicho —. El restaurante del hotel cierra a las diez de la noche.

Un encargado del hotel llegó poco después del llamado de la recepcionista y con un movimiento de cabeza les indicó que los siguieran. Tomaron un ascensor para poder llegar a su habitación. Al llegar, el encargado del hotel dejó las maletas en la entrada. Hikari fue la encargada de darle la propina.

Daisuke tomó las maletas y se dirigió al armario. Aunque había suficiente espacio no sacó nada de las mismas. En el aeropuerto no les había dicho cuándo podrían regresar a Japón pero tenía la esperanza de que eso ocurriera pronto. Habían pasado varios años desde que estuvo en su país natal pero ese no era el único motivo por el que quería regresar.

Vio a Hikari conversando por teléfono. Por las palabras que decía supuso que había llamado a su casa para avisar que el vuelo se había retrasado. Tomó su teléfono celular e inmediatamente hizo lo mismo. El poder regresar para navidad era algo que los había ilusionado, especialmente porque sería la primera que pasarían en Japón después de varios años.

—¿Tienes hambre? —le preguntó a Hikari en cuanto terminó su llamado.

No fue necesario que Hikari respondiera para que Daisuke supiera lo hambrienta que estaba. El estómago de compañera de Tailmon gruñó con fuerza suplicando por algo de comida. Aquello hubiera hecho que Hikari se sintiera avergonzada si el que la estuviera acompañando no fuera Daisuke.

Para ninguno fue una sorpresa el ver tanta gente en el restaurante. Faltando poco para navidad era normal que los centros turísticos se encontraran llenos, más cuando ocurría un imprevisto como el que el aeropuerto aplazara todos sus vuelos por la condición del clima. Afortunadamente para ambos pudieron encontrar disponible una mesa para dos.

Hikari fue la primera en tomar uno de los menús que se encontraban en la mesa. Cuando uno de los encargados del restaurante del hotel los atendió ya habían elegido lo que comerían. Les entregaron las bebidas con rapidez pero fue un tanto decepcionante cuando les dijeron que se atrasarían un poco con la comida debido a la cantidad de gente que había.

—¿Qué haces?

—Adivina qué es —Hikari le mostró la servilleta en la que segundos antes había estado dibujando.

Daisuke entrecerró los ojos en un intento por ver mejor el dibujo pero cada vez que lo veía tenía menos sentido. Las líneas eran un tanto bruscas por el material que Hikari había utilizado pero Daisuke sabía que ese no era el motivo por el que el dibujo resultaba tan ilegible. Tenía dos puntos sobre lo que parecía una letra "w" por lo que dedujo que debía ser algún tipo de animal.

—Es un oso —dijo después de una larga pausa.

—No, inténtalo de nuevo.

Tomar la servilleta en la que Hikari había dibujado no sirvió de mucho. De cerca o de lejos seguía viéndose igual de mal. Probó con varios animales pero ninguno parecía acercarse siquiera un poco a la respuesta correcta.

—Me rindo —Daisuke se dejó caer sobre la mesa, rendirse era una de las cosas más difíciles para él.

—Es Tailmon.

—¿En serio? —preguntó incrédulo, lo único que pudo reconocer de la digimon fueron unos círculos que simulaban ser guantes —, pero Tailmon no tiene las orejas redondas.

—Detalles —Hikari le restó importancia con un gesto de mano antes de tomar la servilleta y "corregir" las orejas del dibujo. Al usar un lapicero lo único que logró fue que resultara más irreconocible —. Tu turno.

Daisuke tomó otra servilleta y comenzó a dibujar. No lo pensó mucho ni se tardó en terminar su dibujo. Al mostrárselo a Hikari pudo notar por su expresión que ella no podía encontrarle forma. No la culpaba, por más que había intentado aprender a dibujar no lograba hacerlo.

—¿Puedes darme una pista?

—No es un animal.

—Eso ayuda mucho —comentó Hikari un tanto sarcástica. Tomó la servilleta y la observó por varios minutos sin decir nada. Su rostro era prueba de lo concentrada que estaba.

—Como soy generoso te daré otra pista, no se mueve pero anda.

—Es una botella de leche, cuando hierve sube pero no se mueve de donde está.

—No —Daisuke volvió a ver su dibujo, sabía que dibujaba mal pero no creía que tanto.

—Debe ser algo que hayas visto aquí —comentó Hikari mientras analizaba el lugar —. ¿Una hamburguesa?

—Muy lejos —Daisuke llevó el vaso a sus labios pero nada salió del mismo. Cuando le trajeron las bebidas se había propuesto no tomarse toda la gaseosa hasta que la comida estuviera servida pero al igual que en todas las ocasiones había fallado en el intento. En ese momento se felicitó por haber pedido una botella grande.

—¿Es algo que existe?

—Claro, no haría trampa. Es un reloj, mira las manecillas.

—Debes admitir que mi dibujo era más entendible —le dijo Hikari entre risas —, de no ser por la forma de las orejas habrías sabido que era Tailmon.

—No más que el mío, tenía manecillas —respondió Daisuke tratando de aparentar seriedad pero sin poder contener la risa.

Daisuke y Hikari continuaron con su juego hasta que les llevaron la comida a la mesa. Aquello los llenó de alegría, la espera había sido larga y la comida se veía bien aunque con lo hambrientos que estaban no exigían nada, bastaba con que les diera algo comestible para que estuvieran felices.

Inicialmente Daisuke había planeado dormir en un sofá pero como la habitación que les habían asignado no tenía uno lo hizo en la cama, por idea de Hikari quien se negaba a dejarlo dormir en el frío y duro suelo. Creyó que sería sencillo, la cama era lo suficientemente espaciosa para que pudieran dormir sin rozarse pero no tardó en descubrir que no era así.

Ver la expresión de Hikari dormida al principio le pareció tierna, luego, peligrosa. Sus labios entreabiertos lo invitaban a besarlo y su respiración chocando contra su rostro lo hacía desear aún más. Cuando Hikari lo abrazó con fuerza sintió la temperatura de su cuerpo aumentar. Se reclamó por el rumbo que tomaban sus pensamientos, no solo porque Hikari estaba dormida sino porque había prometido cuidarla.

Contó hasta diez mentalmente, quería luchar contra sus deseos pero Hikari se acurrucó entre sus brazos del mismo modo que lo haría un gato. Daisuke pidió por autocontrol a todos los dioses que conocía, no podía permitirse caer en la tentación. Cuando bajó la mirada descubrió que Hikari estaba despierta y que lo veía con una sonrisa traviesa.

—Quiero que lleguemos hasta el final —le dijo con un tono de voz que le pareció seductora —, cuando lleguemos a Japón no tendremos tiempo a solas, en especial cuando sepan que planeamos casarnos.