Aquí dejo para ustedes el cuarto capítulo de Alianza. Espero les guste.
A pesar del incómodo lugar en el cual había dormido Bulma había descansado relativamente bien. Ella misma se sorprendió cuando al alba y ante la luz que le molestó se dio cuenta que realmente había podido dormir más tomando en cuenta todo lo sucedido el día anterior. Junto a Vegeta habían decidido quedarse a dormir en el bosque puesto que aún estaba el peligro de que los estuvieran siguiendo.
Le dolía un poco el cuello, pero nada que le molestara realmente, se sentó viendo con curiosidad y gracias a la luz del día el lugar en donde estaba ya que el día anterior no pudo apreciar bien.
Al levantarse y viendo su alrededor se preguntó dónde estaba Vegeta y es que no se veía por ningún lado ¿Acaso la había dejado sola? ¡La había dejado abandonada con un robot asesino creado únicamente para perseguirla por todo el planeta! Y si todo fuera verdad Vegeta sería un maldito, tardó más tiempo pensando en todas las posibilidades cuando un sonido a su espalda llamó su atención y es que sólo al voltear él estaba ahí.
Contuvo un espasmo tratando de buscar palabras
–...Cielos tú de verdad no entiendes que llegar por la espalda de las personas es horrible.
El príncipe la miró despectivo, siendo sincero muy poco le importaba lo que ella dijera.
–Humana– Sabía perfectamente que era lo que iba a preguntar –Quiero saber porque la que tu llamas patrulla roja te persigue con tanta insistencia y aquel robot el día de ayer te pidió el radar.
Bulma ya sabía que tarde o temprano la pregunta llegaría, y ya había pensado cómo contestarla, tuvo una ligera corazonada de que no debía decirle realmente qué era lo que el radar encontraba. El instinto si es que se le puede llamar así o simplemente una idea vaga le decía que no hablará sobre las esferas del dragón pues tenía 3 días conociendo a Vegeta y realmente no podía decir que confiaba en él. Mucho menos cuando más de una vez ya la había amenazado. Alguien normal no te amenaza de muerte más de una vez al día.
–Como te dije soy científica y pues ya sabes lo que pasó con mi familia y toda esta conspiración en mi contra.
El príncipe asintió
–Bueno lo que sucede es que...– En ese momento la mente de Bulma daba 1000 vueltas por encontrar una razón creíble para dar la explicación de él porque la patrulla roja quería el dichoso radar. Por suerte una idea rápida llegó a ella. –Hace unos años construí un radar que recibe la señal de algo podría decirse especial aquí en la Tierra.
–¿Qué tan especial para que una armada completa busque a una simple mujer?
Ignoro el que le dijera simple. Diablos Vegeta para nada era distraído, mucho menos fácil de convencer, supo que le cuestionaría todo, en ese momento se planteó la idea de que realmente debía dar una muy buena mentira, sería una historia completa de algo completamente falso, pero rápido porque la duda se marcaba en los ojos de Vegeta, era claro que no le creía o por lo menos no hasta el momento.
–Es un tesoro– dijo con una sonrisa mientras se mordía la lengua pensando en que había dado la respuesta más estúpida.
–¿Un tesoro?
–He… Si, aunque es algo subjetivo. Puede que para ti sea una tontería, pero para una organización maligna en potencia cómo es la patrulla roja es algo importante. Si pudiste darte cuenta que me imagino que si, mi planeta es en un alto porcentaje mar. Mucho más que superficie terrestre. Papá construyó un submarino– Vio fijamente a Vegeta preguntándose si él sabía que era un submarino –Es un vehículo acuático…– Aclaró por cualquier cosa –En fin, en el escondía sus mejores inventos y todos aquellos resultados de investigaciones que consideraba secretas… El submarino navega en forma automática por el mar, el cual es inmenso y muy profundo, sin el radar es imposible encontrarlo y mucho menos llevarlo a flote– La peliazul se felicitó mentalmente era una muy buena mentira y una buena idea para el futuro.
–¿Qué guardaba ahí?
–Bueno realmente no hay nada que sea muy importante, pero en manos de la patrulla roja los proyectos no terminados de mi papá son un arma potencial, por eso no deben encontrarlo, las cosas serían mucho peores de lo que ya son.
Vegeta escuchó atento y aunque las palabras de la humana fueran seguras y brindaba las suficientes características o datos para creer la historia había un pequeño ápice de duda que le indicaba que eso era mentira, sin embargo, por los breves segundos en donde lo medito decidió seguirle el juego, creería aquella idea hasta que encontrara la verdad o algo más relevante. Además, sabía que ella era la única que podía ayudarle con su nave. Vegeta era un completo estratega, utilizaría todos los medios y los llevaría a su favor.
–Bien
Bulma sonrió él le había creído, el secreto de las esferas del dragón estaba a salvo, ya solo debía preocuparse porque Vegeta lograra protegerla y destruir al robot. Por lo menos 5 meses hasta que las esferas estuvieran restauradas y pedir que todo volviera a la normalidad.
–Tengo hambre regresemos a casa– Dijo Bulma mientras buscaba una cápsula de su bolsillo, luego su rostro reflejó sorpresa e incluso un atisbo de miedo. –O Kami acabo de recordar que tus amigos se quedaron solos con Launch
Vegeta la miró con intriga –No son mis amigos, son mis súbditos
–¿Súbditos? ¿De qué hablas? ¿Qué significado tiene para ti esa palabra?
–Humana hablas demasiado, larguémonos de aquí, aunque no tengas muchas esperanzas con tu amiga, nuestro acuerdo no involucra lo que Nappa y Raditz hagan
Bulma escuchó, aunque no le puso mucha importancia –Vegeta no estoy preocupada por Launch en realidad estoy preocupada por tus amigos.
El alzó una ceja preguntándose si había oído bien "Qué estupidez" Pensó.
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El viaje en la nave había sido muy silencioso 2 horas de camino y por fin las dunas del desierto después de atravesar las montañas los recibieron.
–Kami ojalá Launch no estornudara.
Ninguno de los dos esperaba ver lo que al entrar a la casa vieron. Bulma se asustó cuando vio a los dos hombres; el más grande tirado en el piso y el otro Raditz.
–¡Launch!– Grito. Pronto de la cocina salió su amiga y si, estaba de rubia, caminó decidida a ella.
Mientras Vegeta maldecía la incompetencia de sus subordinados, pues el olor a alcohol estaba impregnado en toda la casa.
–Bulma ¡¿Dónde estabas?! Tenemos mucho de qué hablar
–¡¿Que les hiciste?!
Launch movió la mano como si le restará importancia al asunto y sin importarle atravesó a los Saiyajin en el suelo. –¿Dónde estabas?
–Yo… Luego te cuento… ¿Qué pasó aquí?– La peliazul paseo su vista por la estancia de la casa, era un desastre, la mesa de centro dos botellas vacías y por el suelo varias latas de cerveza, se asomó ligeramente a la cocina, se miraba mucho peor y había más botellas.
Mientras esto pasaba Vegeta se acercó a Nappa. Estaba bastante enojado, era una vergüenza ver el comportamiento de sus soldados, no le importo cuando sin resentimiento golpeó al mayor en el estómago. Causando el asombro de ambas mujeres.
–¡Qué te pasa!– Gritó Bulma aterrada
Vegeta la ignoró completamente –¡Levántense estúpidos insectos holgazanes!
Nappa con el golpe de inmediato se incorporó llevó sus manos a la cabeza quejándose, abrió los ojos, pero los cerró cuando vio a Vegeta al frente. Vagamente recordó lo sucedido y supo estaba en problemas. Raditz tuvo una reacción parecida y previniendo las consecuencias se levantó rápidamente solo logrando perder ligeramente el equilibrio.
–¡Malditos imbéciles!
Antes que de Bulma dijera algo Launch se paró frente a ella, se notaba que estaba enojada –Un par de botellas y estos monos me dijeron todo.
Bulma abrió la boca para hablar, pero no tenía nada que decir.
Vegeta encaró a la mujer rubia y luego a sus esbirros que sintieron morirían pronto.
–¡Son unos malditos extraterrestres dedicados exterminar planetas!
La expresión de Bulma no tenía precio. Trato de medir las reacciones de su amiga para saber si ella también estaba ebria, pero no. Definitivamente no, ella estaba en sus 5 sentidos.
–Él– Señaló a Raditz –Es hermano de Goku… ¡Hermano! Vinieron al planeta buscándolo. Están a punto de extinguirse estos tres a los que les diste posada son los últimos de su especie por qué al parecer hay alguien mucho peor que destruyó su planeta.
Bulma estaba muy sorprendida ¡Que acaba de escuchar! Dirigió su vista a Raditz entrecerró un poco su mirada que luego abrió de golpe.
–¡Kami!
Si Vegeta estaba enojado ahora esa palabra se había quedado corta, los imbéciles de sus lacayos habían hablado más de lo que era necesario mencionar.
Raditz y Nappa ya consideraban seriamente rogar por sus vidas.
Bulma dio un paso más cerca de Raditz ignorando las dos latas que había pateado en el proceso, llevó su vista directo a los oscuros ojos.
–¿De verdad Goku es tu hermano?– Bulma ya sabía que ellos tenían relación con Goku, pero no que fueran familia.
Raditz ignoraba las punzadas en su cabeza –No es de tu incumbencia humana.
Bulma estiró sus brazos formando dos puños –¡Claro que es de mi incumbencia! Goku es mi amigo ¡Es como mi hermano pequeño! Y si es verdad lo que dices ¡¿Por qué lo abandonaron?!
Raditz no contestó, ignoro la rabieta de la muchacha terrícola y busco la mirada de su príncipe preguntándole qué hacer.
Vegeta asintió, indicando que hablara y no por cumplir la curiosidad de Bulma. Si no porque quería información, la razón de porque Kakaroto no había cumplido su misión.
–Fue exiliado por débil– Dijo Raditz sin ninguna emoción.
–¡Que! Pero el era un bebé
–¿Cómo lo sabes?– Preguntó Vegeta
Bulma se alejó de Raditz –Yo conocí a Goku hace unos años, vivía solo en el bosque, pero por lo que se fue criado por su abuelo, un hombre maestro de artes marciales que lo adoptó.
–¿Artes marciales?... Eso no explica nada del por qué Kakaroto no cumplió su misión.
–Yo no entiendo nada– Dijo Bulma más para ella que para los demás. –¿Qué misión tenía?
–Destruir este planeta– Dijo Nappa entrando en la conversación.
–Goku jamás haría algo así– Dijo Launch quitándole a Bulma las palabras de la boca.
–No por qué es débil… Está conversación se termina, ustedes no tienen nada más que saber de nosotros.
Bulma se acercó a Vegeta, frustrada y enojada –No. Saiyajin ahora al que le toca responder es a ti. ¿Qué significa lo que Launch dijo de que su raza está extinguiéndose?
–Somos los que quedamos y basta de preguntas– Vegeta miró a sus lacayos y con una simple mirada les indicó que salieran. Bulma no fue capaz de detenerlos cuando salieron volando.
–Genial monos que vuelan– Dijo Launch sorprendida. Definitivamente ella había tenido una mejor reacción que Bulma.
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Vegeta, Raditz y Nappa volaron a unas montañas lejanas, los Saiyajin más grandes rogaban a sus dioses que su muerte no fuera dolorosa, era lo único que esperaban. Se sentían estúpidos al haberse dejado llevar por la bebida y las curvas de la mujer rubia.
En cuánto bajaron no les dio nada de tiempo para reaccionar cuando Nappa ya había recibido un golpe en el estómago y Raditz en la espalda.
–Insectos incompetentes.
La paliza que ambos se llevaron bastó para recordarles el por qué no debían hablar sin permiso.
Después de quejarse por el dolor Raditz hablo –¿Que haremos Vegeta?
–Hmp, la humana ahora tiene las naves, ayer me enfrenté una vez mas al estúpido robot, pero no pude acabar con él, absorbe energía.
–¡Que! ¿Entonces?
Vegeta se cuestionaba mucho en ese momento. No tenía sus naves, y ese arcaico planeta no tenía ninguna nave espacial que robar, la opción más viable que tenía era la humana de cabello azul.
Definitivamente no quería pedir ayuda a la base de Freezer, pues sólo sería reprendido y humillado, además el emperador lo acusaría de traición al haber desviado el curso de su misión, además estaría en más problemas aún si Freezer llegará a enterarse que habían ido a esa misión buscando a Kakaroto un apoyo más para vencerlo, aunque ahora no era nada.
–Dejaremos las cosas como están. Obligare a la mujer a terminar las naves, cuando las tenga listas destruiremos el planeta y nos iremos.
–¿Y Kakaroto?– Preguntó Raditz, casi de inmediato arrepintiéndose.
–Lo más seguro es que esté muerto, y si en dado caso a sido capturado no es mi problema
–¿Y en cuánto tiempo nos iremos Vegeta?– Preguntó Nappa.
–Nuestra maldita suerte nos hace en este momento depender de la humana.
Era claro que a ninguno de los tres Saiyajin les gustaba la situación, pero no había nada más que pudieran hacer.
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Dos semanas desde ese día pasaron. Bulma y Launch para pesares de ambas habían permanecido en el mismo lugar, y aunque tenían todas las comodidades en la casa cápsula. No dejaba de ser el desierto, lleno de animales rastreros, calor de 40 grados y el aburrimiento total.
Ambas mujeres habían hablado seriamente de lo que estaba pasando con respecto de los Saiyajin. Habían llegado al acuerdo de que si volvían (Que ambas estaban seguras de que pasaría) Hablarían con ellos, llegarían a un acuerdo, algo verdaderamente fijo.
–Entonces tu plan es que nos protejan en lo que pasan los meses hasta que las esferas se restauren– Dijo Launch
Bulma asintió –Son fuertes, no es algo que podamos negar, cuando estemos juntando las esferas será muy peligroso. Si los convencemos, aunque sea con mentiras estaremos más cerca de volver todo a la normalidad…
–¿Y por qué aceptarían?
–Yo soy su única opción para que regresen a su hogar.
–Por lo que me dijeron los raritos no es un hogar exactamente… Bulma, me preocupa que ellos traigan un peligro peor para la Tierra.
La peliazul se mordió ligeramente el labio, ella también ya había pensado en eso.
Launch se levantó –En fin, ya me harté de este lugar, regresaré a la isla con el viejo… Y también traeré provisiones.
–¡Que! ¿Me dejarás sola!
–Claro– Se acercó a tomar una mochila que Bulma ni había notado estaba sobre una de las repisas de la estancia. –Yo no soy una fugitiva… ¿Quieres que traiga algo?
Bulma suspiró con fastidio, no quería quedarse sola. Pero la comida se terminaba y no podía obligar a su amiga a quedarse con ella. –Chocolates, cigarrillos, y…
–¿Y?
–Creo que tendremos que mover parte del laboratorio de la isla a otro lugar
–¿Entonces si los vas a ayudar con sus naves?
–Pues será parte del trato.
La rubia regresó al sillón con fastidio a escuchar las órdenes de Bulma, pues sabía que sería muchas.
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Las cosas realmente para Bulma eran horribles, no sabía si era su mala suerte, o simplemente Kami la odiaba, las 10 de la mañana en el desierto y ella en el techo de la casa cápsula arreglando el aire acondicionado.
¡Malditos aparatos! ¡Malditas herramientas! ¡Maldito calor! Y así cientos de frases más pasaban por su cabeza, y es que desde la noche el sistema de enfriamiento había dejado de funcionar. No le dio importancia, las noches en el desierto no son calientes.
El problema es que, si son sofocantes, un calor seco que aunque tolerable, encerrada en la casa la abrumaba, y ni de broma saldría afuera a dormir, sinceramente le daba miedo que algo la atacara o morir horriblemente por la picadura de algún insecto. Tal vez estaba exagerando, pero ella era así. Un baño y las pocas horas de sueño, hasta que harta se levantó a arreglar el aparato.
Tarde o temprano pasaría. Bulma ni Launch eran amantes del calor por lo que la casa mantenida a 25 grados era su elección, y cuando hay 40 grados afuera, en un clima seco sin nada de agua en el aire el enfriador trabajaba solo con el refrigerante.
Cuando la peliazul destapó la máquina el olor a quemado estaba muy presente. El proceso de sub-enfriacion se había detenido, el compresor se esforzó lo suficiente para dañar el condensador y a su vez el radiador y todo el refrigerante se había terminado, era su culpa, nunca le había dado mantenimiento a la casa y con todo lo que vivía sinceramente no tenía tiempo.
¿Y ahora qué? Podía reemplazar y arreglar unas piezas, pero no serviría de nada sin el refrigerante.
Cuando el sol empezó a calar su piel solo logró frustrarse más. Lo único que la detenía en ese lugar eran los Saiyajin, pues ellos no regresaban.
¿Cuánto podría sobrevivir entre baños y ventiladores?
Cuando dieron las 7 de la tarde su resistencia se fue por un tuvo y muchas maldiciones. ¡Al diablo los Saiyajin! Estaba muriéndose lentamente cocinada dentro de la casa. Todo el calor ahora estaba dentro. Ya con el sol ocultándose y aún algo de luz, salió, derrotada se sentó en la arena y prendió un cigarrillo.
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Solo esperaba que el sol se ocultara definitivamente para encapsular todo e irse.
Cuando vio algo acercarse a ella, entrecerró su mirada aun a la distancia no le permitía ver bien, pero cuando tres objetivos divisó, sonrió.
Por fin los Saiyajin se habían dignado en regresar.
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Los tres aterrizaron frente a ella.
–¿Dónde estaban?– Ninguno contestó. –Tontos maleducados– Murmuró, pero era más que obvio que la habían escuchado.
–¿Las naves mujer?– Preguntó Vegeta.
Bulma se levantó –Tengo que hablar contigo– Lo dijo en un tono serio, realmente la situación a si era.
–Las naves primero
–Por Kami. Por su culpa e sufrido todo este tiempo, saben el calor que hace en este lugar. Mi casa dejo de funcionar y por esperarlos casi muero de calor– Era un argumento una vez más exagerado, pero ella lo sentía así. –Tus naves Vegeta, están aquí– Le mostró una cápsula, que sacó de su bolsillo –Aun no les hago nada
–¿Y cuál es la maldita razón?
–No puedo, aquí no hay laboratorio, y no podía irme porque ustedes no regresaban. ¿Cómo me encontrarían?
–Te di una orden respecto a mis naves mujer, una simple orden que tú...– Vegeta no pudo terminar pues ella simplemente lo había ignorado dando la vuelta, acercándose a la casa y presionando un botón cerca a la puerta, para de un momento a otro la casa se convirtiera en una pequeña cápsula.
–¿He? ¿Dijiste algo?
El príncipe se contenía por no matar a la mujer, la necesitaba, aunque quisiera asesinarla.
–Chicos, no e hecho nada con sus naves pues como les dije aquí no se puede, Launch se fue hace unos días a preparar un lugar en donde nos hospedaremos unos días más. Y ahora que ya están aquí, hay que irnos, seguramente tienen hambre– Se acercó a ellos –Ahg y un baño ¿Donde estuvieron? Huelen como si hubieran estado en un pantano, que asco– Dijo ella sin saber que estaba en lo correcto.
Los Saiyajin habían estado esos días recorriendo más detalladamente el planeta y entrenando.
Después de unas cuantas peleas Bulma los convenció de subir a la nave y viajar por más de 10 horas literal al otro lado del mundo.
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El clima templado de los países del oeste, cuando aterrizaron un bonito bosque mixto con el clima perfecto a mediados de año. La civilización más cercana estaba a horas, era el lugar perfecto para esconderse.
–Es hermoso– Siempre le habían gustado los lugares así, el verde más vivo entre los árboles y el sonido de la verdadera naturaleza. Y mientras ella pensaba eso Vegeta y los Saiyajin le ponían precio al planeta.
–¿Que hay aquí?– Preguntó Nappa –Solo veo árboles
–Vengan hay que caminar algo...
Era extraño que en medio del virgen ecosistema en medio de la nada, hubiera una gran construcción. No se miraba antigua ni mucho menos, un gran edificio de solo dos plantas había algunos vehículos estacionados afuera, pero no había nadie y por lo que se veía tenía años abandonada.
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Al acercarse fue más notorio el estado de abandono del lugar. Tan simple fue entrar cómo el hecho de que la gran puerta metálica estuviera ligeramente abierta.
–Chicos les presento el nuevo refugio– Dijo Bulma cuando entraron.
Los tres observaron el lugar, era un tanto curioso, pero nada más que basura. Un gran cuarto con algunas divisiones a los costados había unos grandes tanques que ocupaban la mitad del espacio y muchos tubos en las paredes.
–¿Qué es este lugar?– Preguntó Raditz
–Era una fábrica embotelladora de agua. La abandonaron hace años y se llevaron toda la maquinaria dejando solo el edificio. La gente que construyó este lugar se tomaba muy enserio su lema de agua 100% pura– Se rio ligeramente. Solo ella había entendido el chiste –Ven esos tubos, están conectados a un río que pasa unos kilómetros montaña arriba… Papá me trajo aquí cuando era niña, él ayudó a construir el sistema de envasado y el sistema de bombeo…
Vegeta hasta el momento había permanecido callado, pero eso no significaba que no estaba poniendo atención. Se acercó a los contenedores que observó vacíos, en el fondo del edificio había unas cuantas máquinas y mesas, también logró ver unos cables amarillos plastificados y otras cosas interesantes.
–¿Qué es esto?
Bulma escuchó perfectamente pues, aunque el lugar fuera muy grande el eco lograba un buen y curioso efecto de sonido.
–Es mi nuevo laboratorio, Launch y mis amigos trajeron todo esto aquí, para que pueda reconstruir sus naves.
Bulma sin más que decir y ante la atenta mirada de Vegeta y los demás sacó de nuevo su casa. El lugar era muy grande, sobraba espacio.
–Chicos hay que desayunar
Los Saiyajin a un no entendían a la mujer, era muy extraña. Ellos eran un peligro inminente y sin embargo ella les brindaba ayuda y un lugar donde comer, era claro que ella buscaba algo y si lo sabían, pero sentían que ella daba más.
Bulma preparó toda la comida en silencio mientras los Saiyajin se daban el baño que necesitaban.
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La comida paso y Bulma una vez más probó los alimentos comprobando que no estaban envenenados. ¡Kami ella no era una asesina! Hasta cuándo lo entenderían.
–Chicos tenemos que hablar– Dijo Bulma cuando todos terminaron.
–Solo encárgate de lo que tienes que hacer mujer– Dijo Vegeta levantándose con la intención de irse.
–Necesitamos definir verdaderamente el trato que une esta extraña alianza.
–¿Trato?– Dijo un Nappa que no pudo evitar reírse. –He Vegeta ya escuchaste quiere hacer un trato– Dijo como si fuera gracioso.
Pero Vegeta con una seña a sus compañeros les indico que salieran. Bulma se sintió nerviosa al estar sola con él una vez más.
–Vegeta… No sé quién eres y no estoy segura con qué fin pisaste este planeta. Pero lo que Launch me dijo me hizo pensar mucho… No quiero cuestionarte, aunque estoy intrigada
–Mujer– Interrumpió Vegeta –Cuando nos conocimos solo pediste respuestas, no cambies los planes.
–No has sido claro… ¿Qué harán con Goku?
–Nada, no se puede hacer nada con un muerto
–¡Él no está muerto!
–¿Cómo lo sabes?– Preguntó Vegeta con una ligera sonrisa, era gracioso ver la terrícola enojada
Bulma se sintió mal. Goku había sido capturado hace meses, y lo que Vegeta decía tenía sentido, pero ella sabía, presentía que su amigo estaba bien.
–Solo lose
–Kakaroto está fuera de mis intereses, solo quiero mis naves, es lo único.
–Como dije yo reconstruiré tus naves, pero si quiero pedirte algo a cambió.
–Confórmate con estar viva
–¡Ya deja de interrumpirme! "Maldito bruto" Solo te pediré dos cosas; Quiero que me ayudes a encontrar a Goku y no lastimaras, matarás o destruirás a nadie ni nada en mi planeta, es todo lo que te pido hasta que tenga tus naves listas y no nos volvamos a ver.
Para Vegeta sinceramente nula importancia tenía lo que la humana pedía, sin embargo, una vez más se veía en la necesidad de aceptar por el hecho de sus naves. El cumpliría su palabra tal cual ella había dicho, sin embargo, le enseñaría a la mujer que detrás de todo acuerdo siempre había lagunas de las cuales aprovecharse. La mujer se arrepentiría del día que confío en él.
–Bien...– Se levantó y se fue una vez más con Raditz y Nappa.
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Dos días más y Bulma seguía sola. Era horrible, trato de limpiar un poco el lugar y asegurarse de que no hubiera ningún animal viviendo entre los escombros, delimitó el campo con sensores a dos kilómetros de radio y conecto todo un sistema de luz al generador que tenía la abandonada fábrica.
También trabajó en las naves de los Saiyajin, estaba fascinada y confundida. Si tan solo su padre estuviera ahí para verlo, estaría encantado al igual que ella. No pudo evitar recordar.
La peliazul estaba tan ensimismada analizando parte del que creía era el motor de las naves espaciales que no escucho cuando alguien entró.
Pero gracias al eco del sonido de los pasos alerta dió vuelta.
Una vez más el –Vegeta
–Ya están mis naves
–¿Tus naves?... Pues sinceramente no entiendo bien está tecnología, no tengo problema en reconstruirlas, pero el combustible que utilizan es muy extraño, no es algo que yo haya visto antes. ¿Sabes de qué está hecho?– Bulma movía un pequeño tubo de ensayo frente a ella, con un líquido de color azul
–No, simplemente analízalo y replícalo
–No es tan fácil como decirlo… ¿Dónde están los chicos?– Vegeta no contestó, simplemente la dejo hablando sola y entró a la casa de la cual no salió hasta unas horas después. Sin embargo, Bulma no estaba en ningún lado, no le hubiera tomado importancia de no ser por que necesitaba sus naves.
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Salió del edificio, la humana no podía estar lejos, mucho menos cuando había dejado todas sus cosas. Como un rastreador entrenado miro el tupido bosque para reconocer unas pisadas, las siguió con sigilo, sin saber bien el por qué lo hacía.
Minutos después escuchó agua caer, y el sonido de una corriente. Ahí estaba la terrícola, sentada sin ningún miedo frente a un estanque de agua con una cascada que para percepción de Vegeta era muy cristalina.
Bulma se había cansado de trabajar y sin querer entrar a la casa por la presencia de Vegeta decidió ir al río, el paisaje era hermoso y tranquilo, se sentó en la orilla y cerró los ojos solo concentrándose en el sonido del agua. Un momento de paz, hasta que…
–Estoy seguro que aquí no hay nada para la reconstrucción de las naves.
Bulma se tensó, sintió sus músculos contraerse y abrió los ojos algo asustada, no fue necesario voltear pues Vegeta ya estaba frente a ella.
–Eres un ¡Imbécil! Quieres matarme de un infarto– Grito
–No es mi problema tu distracción
–Lo haces apropósito. Me cansé de trabajar, he estado todo el día en tu nave y solo quería despejarme un poco.
Vegeta se sentía contrariado, los terrícolas eran extraños.
–Prometo trabajar más tarde en tus naves
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Tal vez el pacífico ambiente, el cálido viento o cualquier otra cosa los mantenía ahí, callados viendo el agua. Vegeta parado y cruzado de brazos mientras Bulma sentada trataba de encontrar la manera de iniciar una conversación, pero sentía que romper tal silencio estaba mal.
–He… Puedes sentarte
Vegeta no le hizo caso, y probablemente no la escuchó, su mente vagaba por tantas ideas que el que Bulma estuviera ahí no le importaba.
–Gustas
Cuando Vegeta volteó se encontró con una caja cerca de él, ya la había visto, la mujer tenía la costumbre de fumar, tomó uno y por fin se sentó.
–Es un cigarrillo– Dijo Bulma
–No soy estúpido mujer
–Oye solo quería aclararlo, digo no sé cómo sean las cosas fuera de mi planeta. Tal vez no los conocías.
–Hay drogas en cualquier planeta.
Bulma contrajo su mirada, cuando le decías droga a un cigarrillo sonaba mucho peor, ella no fumaba muy seguido, pero de vez en cuando la relajaba.
–Sabes aun me cuesta creer que estoy hablando con un extraterrestre.
–Maldito planeta al que vine a caer.
–¡Oye! Te escuché
Vegeta rodó los ojos mientras fumaba. Bulma entendió que no era la primera vez que tenía un cigarrillo o por lo menos algo parecido en su boca. No como ella que casi se moría la primera vez que lo probó, frunció sus rasgos ante ese recuerdo.
–¿Dónde están tus amigos?
–Los imbéciles no son mis amigos, yo no tengo ese tipo de estúpida relación con nadie.
–¡Oye tener amigos no es estúpido! Por lo menos no aquí en la Tierra… Bueno Raditz y Nappa ¿Dónde están?
–No es de tu incumbencia humana
–Puedes llamarme Bulma… Y también pueden quedarse conmigo, en la casa hay otros dos cuartos y provisiones necesarias, yo los ayudo y ustedes a mí.
Vegeta frunció sus rasgos, los humanos hablaban mucho. Además, ya se había terminado el cigarrillo.
–Puedo preguntarte algo Vegeta
–Ya lo estás haciendo
Ella suspiró, él era muy difícil de tratar –Launch me contó lo que tus ami… Digo lo que Nappa y Raditz le contaron, dijo que tú planeta había sido destruido… Yo lamento eso, es algo muy difícil de imaginar.
El simplemente no entendía ¿Por qué la mujer lamentaba la destrucción de su planeta natal? No tenía sentido, ella ni siquiera lo conoció y a él no tenía ni un mes de haberse conocido.
–¿Cómo era tu planeta?
–Hmp ¿Qué importa?
–¿Se parecía al mío?– Se notaba el interés de Bulma.
–No
–También dijeron que eras un príncipe
Vegeta rodó los ojos ¿Cuántas veces había hecho ese gesto en el día? –Si
Bulma sonrió ligeramente, probablemente era mentira, pero no le dio mucha importancia. Le parecía gracioso que tres años después de haber salido de aventurarse sola al mundo en busca de un príncipe, por fin lo había encontrado y no era nada como lo había imaginado.
–Príncipe… ¿Qué más puedes contarme de ti?
–La conversación se terminó por hoy mujer– Sin más Vegeta se levanto y se fue
–¡Espérame Vegeta!– Bulma salió corriendo detrás de él.
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Cuando llegaron al gran almacén donde ahora vivían se encontró con la puerta de su casa abierta y al entrar a Nappa y Raditz que estaban asaltando su alacena.
Bulma se quedó en el marco sin saber bien qué hacer.
–Entonces ya no piensan qué mi comida está envenenada
Los tres la ignoraron, simplemente se dispusieron a comer. Todo estaba bien hasta que Raditz del refrigerador sacó una bonita caja roja y ante ello Bulma ensanchó los ojos.
–Raditz amm, no puedes comerte eso
–No pedí permiso humana, ofreciste tu comida, nunca especificaste que– Un ligero gruñido enmarcó lo dicho, como un verdadero animal protegiendo su presa.
Claro no era una presa, era una caja de chocolates, los preferidos de Bulma y en el estado actual del planeta muy difíciles de conseguir.
Cuando Raditz abrió la caja, la vio con curiosidad.
–¿Qué es esto?
–Son míos
–Pregunte qué son, no de quién eran, además sabes que no me importa
Bulma se acercó –¡No te pareces en nada a Goku! ¡Puedes dejar mis chocolates!
–No
Vegeta miraba sin variar su expresión. Le parecía muy tonto que Raditz peleará con la humana por aquella caja roja. Se preguntó ¿Qué tan bueno o importante sería para que la humana no quisiera dárselos? Después de todo ya había ofrecido toda su comida.
–Ya Raditz– Dijo sin mirarlo –Devuelve la maldita caja para que la muchacha deje de gritar.
Raditz a regañadientes lo hizo, ya había probado uno de los dulces y realmente los quería. Cuando Bulma tomó la caja le sonrió con burla y sin decir nada en un gesto muy infantil saco su lengua con gracia y salió de ahí.
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Después de ese día ellos ya no se habían ido, salían por unas horas, pero volvía a comer o a dormir. Mientras Bulma dedicaba su día a descubrir que era el combustible que las naves utilizaban, era una buena manera de mantenerse ocupada.
Ahora tenía una idea, pero para comprobar su teoría necesitaba algo difícil de conseguir. Suspiró con pesadez frente a la mesa, ya no tenía otra idea, debía conseguir un poco de mercurio y cromo.
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Vegeta había estado la mayor parte de la mañana entrenando, era lo único que podía hacer desde su llegada a él que él denominaba "estúpido planeta con potencial de riqueza". Harto de sus compañeros y pensando en la incompetencia de la humana se sentía en la necesidad de revisar su avance, el cual hasta el momento por lo que él veía era nulo.
Al aterrizar frente a la fábrica miró el vehículo aéreo que la terrícola utilizaba para viajar. Cuando entró se encontró con ella vestida con el mismo traje negro y el casco en la mano, el disfraz con el que se escondía, era claro que saldría.
–Vegeta te estaba esperando.
–¿Por qué?
–Lo que pasa es que necesito conseguir un material para la investigación de tu combustible. ¿Podrías acompañarme?
El pensó en mandar a Nappa o Raditz, o simplemente negarse, sin embargo, lo más lógico era que fuera, debía comprobar que la mujer estaba haciendo su trabajo.
–Bien
–Gracias– Dijo, brindándole una suave sonrisa, que solo desconcertaba más a Vegeta.
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Volaron poco más de una hora. Bulma se quitó el casco, y el traje cuidando que no la viera Vegeta, aunque él estaba más atento a la vista a través del parabrisas.
Y aunque viera debajo del traje estaba completamente vestida. Poco después aterrizaron.
–Trata de no llamar la atención
–¿Qué es este lugar?– Preguntó Vegeta.
Estaban en un pequeño pueblo pesquero, había varios barcos, pero era claro que no era tranquilo, las armas que cargaban a la vista todos los que pasaban lo comprobaban. Poco antes de bajar Bulma se cubrió el pelo con una palestina roja, podía ser un disfraz tonto, pero ahí nadie cuestionaría su identidad.
–Es un pueblo de la milicia, tierra de nadie y un mercado perfecto para lo que busco… Se lo que piensas, la patrulla roja no controla este lugar, pues no tiene ningún valor, aquí solo viven criminales y refugiados… Pandillas y grupos extremistas, aunque con la situación actual del mundo solo se dedican al contrabando.
Vegeta no pudo evitar reírse –¿Y aquí no te intentarán matar?
Bulma lo fulminó con la mirada, era cruel, muy cruel que le dijera eso, pero él era así. Ya lo conocía mejor.
Caminaron por un rato en silencio, la gente que pasaba a su alrededor por el aspecto y las armas los trataban de intimidar. A Vegeta para nada esto le afectaba, en cuánto a Bulma estaba tranquila de estar con Vegeta.
Cerca del puerto, en lo que antes estaba el mercado de productos del mar ahora un provisional mercado se hallaba. Bulma se dirigió en específico a un hombre que portaba un chaleco azul con dos tiras de balas frente y una atesorada arma.
–Briefs– Dijo el hombre con odio al verla más de cerca.
–Necesito algo valioso.
–Tal vez no quiero hacer un trato contigo– Bulma sintió su respiración pararse cuando el hombre le apuntó en la frente.
Vegeta se acercó desde atrás, pendiente de todo estaba por matar al hombre.
–Tengo un buen pago por lo que necesito.
El hombre por sus rasgos era claro que se cuestionaba que hacer, pero al final el arma se retiró y Bulma sintió una vez más su respiración volver.
–¿Qué quieres?
–Mercurio y Cromo
El hombre sacó un radio –Cambio mercurio y Cromo– Dijo a través del aparato.
Vegeta notó cuando al volver a caminar siguiendo al hombre del chaleco que ella estaba más cerca de el, estaba nerviosa.
"Mujer débil"
–¿A quién vas a matar con eso Briefs?– Dijo el hombre ganándose la mirada de los que al pasar escucharon.
En ese momento Bulma solo agachó la cabeza.
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Un almacén lleno de contenedores marítimos fue el lugar del intercambio. Había varios hombres con armas. Vegeta miraba todo con aburrimiento.
–¿Qué nos darás a cambio?– Dijo un hombre alto que cargaba una maleta vieja.
–Una nave único modelo, mi propio diseño. Lo mejor en tecnología, unidad de combustible eléctrico sin recarga, rápida e indetectable por cualquier radar.
Varios rieron –Realmente te urge esto verdad
Bulma no contestó.
–Muéstramela.
Bulma sacó su cápsula y al arrojarla su nave salió.
Vegeta no entendía. Realmente la mujer estaba cambiando su nave por cualquier cosa que estuviera en esa maleta, ¿Realmente ella estaba sacrificando aquel vehículo por la reconstrucción de sus naves? La terrícola realmente estaba comprometida con ayudarlos. Y Vegeta no podía entender el porqué.
El intercambio se dio y Bulma revisó el contenido en la maleta enojada.
–Idiotas cómo pueden tener esto en simples recipientes, es tóxico…– Cuando Bulma fue consciente de lo dicho ya era muy tarde, solo sintió la dura mirada y decidió que era momento de irse.
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Vegeta y Bulma caminaron hasta alejarse del pueblo.
–¿Por qué?– Dijo Vegeta, era claro que se refería a lo de su nave.
–He pues… Necesito esto para tus naves, tenemos un trato, prometí reconstruir tus naves, voy a cumplirlo.
Para Vegeta este acto era desconcertante. Pero no dijo nada, todo lo que pensó lo guardo para él.
–Vegeta– Habló Bulma –Esto es un poco vergonzoso, pero ya no tengo mi nave y pues…
–Quieres que te llevé...– El negó –No soy tu medio de transporte.
–¡Oye! No es para que me grites, perdí mi nave, es lo menos que puedes hacer.
–Hmp– La tomó entre sus brazos de igual manera sin delicadeza alguna y salió volando.
–¡Oye no soy una vil carga! Se más delicado.
Vegeta chasqueo la lengua sin prestar atención a lo que Bulma había dicho.
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La relación con los tres Saiyajin no había representado ningún problema en Bulma, con el Mercurio y Cromo conseguidos el día anterior ahora estaba teniendo más resultados al analizar el combustible.
Ese día no había visto para nada a Vegeta. Solo Raditz la había ido a molestar un rato junto a Nappa cuánto tuvieron hambre.
Sintiéndose algo cansada una vez más se dirigió al río donde se sentó a descansar, se había preparado un simple sandwich y se preparaba para comerlo cuando algo que cayó a su lado la obligó a voltear.
Era la cápsula blanca con el número 6. La misma cápsula de su nave ¿Pero cómo? Bastó mirar hacia arriba y ver a Vegeta.
El cual miraba a la terrícola con un gesto inverosímil, pues aún no creía que realmente había perdido parte de su tiempo en recuperar esa nave.
La peliazul miro la cápsula en su mano, sin saber bien qué decir.
–¿Cómo es que tú?
Vegeta bajo –No digas nada, tómalo como parte del acuerdo.
Bulma contrajo su rostro –No mataste a nadie verdad– Preguntó sin realmente querer la respuesta.
Vegeta sonrió con algo de burla, solo poniéndola más nerviosa.
–¡Vegeta!
El no pudo evitar reírse, ella era desconcertante y a la vez interesante, hacerla enojar era gracioso. ¿Cómo alguien pasaba de estar tímido a enojado en solo segundos?. –No murió nadie si es lo que te interesa…– Y realmente había sido así, aunque omitió a todos los heridos. Dando fin a la conversación se fue.
Bulma una vez más miró la cápsula entre sus manos, era algo que realmente no esperaba – Gracias Vegeta– Dijo ella cuando él se alejó.
Gracias por leer saludos.
