Andrea entra a la habitación y los mira con una sonrisa un tanto alegre y un tanto nerviosa. Mientras se escuchan un par de gritos desde la habitación contigua.
-Espero disculpen el escándalo de al lado. Están viendo la repetición del último partido de Quidditch que Sirius grabó. Y aunque ya lo han visto como diez veces, no se cansan de gritar.- explicó Andrea con simpleza para luego negar con la cabeza. -Hombres.- murmuró en voz baja.
-¡YA TE OIMOS!- escuchó un grito colectivo desde la otra habitación. Se trataba de la voz de Draco, Regulus, Sirius y Harry.
-¿En que familia di a parar?- se preguntó a si misma para luego volver a negar. -Pero no importa, es la familia a la que quiero pertenecer.- dijo Andrea con suavidad. En eso se abre la puerta estrepitosamente y los cuatros miembros masculinos entran por ella, haciendo que la joven pegue un brinco y casi se caiga al suelo del susto. -¿Qué diablos…?- pregunta, cuando se siente abrazada fuertemente por Sirius.
-Eso era lo que queríamos oír, amor.- dijo Sirius, mientras los otros asentían.
-Bienvenida a la familia Black, Andrea.- dijo Regulus, mientras le daba un abrazo a la joven, ante la mirada atenta de su hermano mayor.
-Suéltala rápido, no será que me la desgastes.- murmuró Sirius.
-Deja de decir tonterías y regresen a ver su juego.- regañó Andrea avergonzada. -Tengo que decir el disclaimer y ustedes no me dejan.- añadió la única mujer.
-Harry Potter y Co. Pertenecen a J. K Rowling, excepto el mequetrefe que esta detrás de mí con sus celos posesivos. El cual, para mi desgracia es mi hermano mayor.- recitó Regulus con tranquilidad.
-Y eso que nosotros somos su familia.- añadió Draco, mientras Harry asentía en silencio.
-Traidores.- chilló Sirius, mirando a los dos menores. –En fin, ya dijeron el disclaimer. Ya te puedes venir con nosotros a ver el resto del partido.- anunció mientras tomaba a Andrea por la cintura y la levantaba hasta cargarla. –Nos vemos.- se despidió mientras salía corriendo de la habitación. –Y el último en salir tendrá que lavarle el cabello a Snape.- gritó Sirius, mientras estaba a punto de cruzar la puerta, siendo seguido por los otros tres e ignorando los gritos de su esposa.
Capitulo 4
De Regreso.
Maldito timbre, justo tenía que sonar en ese momento. Caminó refunfuñando hacia la puerta, mientras se giraba cada tres pasos para observar la puerta de madera de la habitación donde estaba encerrada Hermione. Maldijo nuevamente en voz alta y continuó con su camino. Al llegar a la puerta, la fulminó con la mirada, para luego prepararse para insultar a aquel que se ha dignado alejarlo de su guardia. Respiró profundo, llenando así sus pulmones y abrió la puerta de una sola vez.
Parpadeó completamente confuso, para luego sentir como la ira bullía en su interior y rápidamente amenazaba con hacerlo explotar. Observó la espalda del visitante y carraspeó enojado para dar a entender que ya había abierto la puerta. El visitante se giró, y le sonrió con algo de arrogancia y diversión en sus ojos verdes.
-¿Que quieres, Nott?- preguntó Harry, directo al grano. La sonrisa que adornaba el rostro del ex slytherin se ensanchó aún más por la seca bienvenida recibida.
-Hola Potter, ¿Cómo has estado? Yo realmente me encuentro muy bien, gracias por preguntar.- saludó Theodore con esa sonrisa que Harry comenzaba a sentir como irritante. -Muchas gracias por invitarme a pasar y claro que te acepto algo de tomar. Creo que una buena taza de té sería lo indicado.- añadió el joven mientras atravesaba la puerta y entraba al apartamento, sorprendiendo al último de los Potter.
Theodore caminó con paso tranquilo y aristocrático por la sala hasta llegar a uno de los sofás, donde tomó asiento. Harry permanecía aún en la puerta, mirándolo medio asombrado, medio enfadado. Refunfuñando nuevamente, cerró la puerta y se encaminó a la cocina. Theodore rió tranquilamente al escuchar las múltiples maldiciones dirigidas a su persona por parte del Joven-que-vivió. Se recargó levemente en el espaldar del mueble, mientras sacaba la varita de su pantalón. Con un rápido y preciso movimiento, realizó un hechizo no verbal, volviendo a guardar la varita en el lugar donde anteriormente se encontraba. Miró a través de la ventana y suspiró levemente, negando con la cabeza en silencio y simplemente atento al ruido que producía Harry en la cocina. Ya había echo su parte, sólo esperaba resistir lo necesario antes de que las cosas empeoraran.
Caminó rápidamente por el pasillo del apartamento, moviéndose lo más silenciosamente posible. Giró su rostro a todos lados y se encontró con la sonrisa cómplice de Theodore. Le sonrió agradecida, pero la sonrisa no llegó a contagiar sus ojos. Haciéndole señas para que se apurara, Hermione terminó de recorrer el apartamento hasta llegar a la puerta principal. La abrió con cuidado y echándole una última mirada de agradecimiento, cruzó la puerta y la cerró con cuidado tras de si.
Giró su rostro extrañado, para luego simplemente volver a su tarea. Debía atender a su "invitado". Maldita sea Nott y su capacidad de ser inoportuno. Quién sabe que rayos querría de él ese día. Lo único de lo que era realmente conciente, era de Hermione.
Frunció el ceño por un instante. Las cosas con la joven habían empeorado bastante en el transcurso de algunas horas, tanto así, que parecía que existiera un abismo entre ellos. Deseaba poder comprender a la joven y conocer que era todo aquello que le estaba ocultando, a parte de querer conocer al condenado de Daniel que se atrevió a entrar en la vida de Hermione y adueñarse de aquello que era de ellos por derecho.
Escuchó el sonido de la tetera al estar lista, lo cual lo trajo de vuelta a la realidad. Refunfuñando, sirvió una taza de té y se la llevó al joven que lo esperaba tranquilo en la sala de su apartamento. Frunció el ceño al verlo. Algo raro estaba sucediendo ese día, y al parecer, varias personas eran concientes de ello.
-¿Qué quieres, Nott?- preguntó nuevamente seco, mientras le entregaba la taza de té al Ex Slytherin. Theodore lo observó en silencio, mientras se llevaba la taza a la boca y bebía el primer trago.
-Gracias. Está muy bueno.- agradeció el joven, exasperando un poco más al anfitrión. -Bueno Potter, lo que me trae por aquí es que necesito que me firmes algunos documentos del ministerio, además de que se me envió para ayudarte a realizar un informe que ha de ser diligenciado hoy mismo, sobre el expediente 054782-5.- anunció Theodore, mientras observaba las ondas que se formaban en la taza. Harry lo miraba perplejo. ¿Trabajo? ¿Trabajo en su día libre? Eso no podía ser posible. Observó detenidamente la postura tranquila de Nott y concluyó que él no le estaba mintiendo.
Al fin y al cabo, tras varios años trabajando juntos, debía reconocer que él joven era sincero.
-¿Te me vas a quedar mirando todo el tiempo, Potter? O, ¿vas a comenzar a trabajar? Porque si sigues así comenzaré a creer seriamente en lo que Draco me comentó una vez. Algo sobre un poco de retardo mental en tu persona.- dijo Theodore sin levantar su mirada del té.
Tal vez demasiado sincero.
Suspiró desganado y caminó rumbo a su habitación. Necesitaba su laptop, su pluma y su tintero. Esto iba a demorar largo rato. Se detuvo un instante frente a la puerta de Hermione, escuchando la música emerger a través de la puerta y su mirada se tornó algo triste. Respiró profundo y siguió su camino. Lo mejor era tratar de acabar lo más pronto posible, para así, arreglar las cosas con su mejor amiga, sobre todo aquello que le estaba ocultando.
El único problema, es que se sentía extrañamente incomodo de estar en el mismo apartamento con el ex de la persona que tantos dolores de cabeza le había causado en menos de 4 horas.
Agradecida ante todo con Theodore, decidió vagar un rato por las calles. Necesitaba despejarse para luego poder volver a la casa y afrontar a Harry y su extraña actitud para con ella. Caminó a paso tranquilo por las transitadas calles de Londres durante casi 3 horas, cuando vio un parque con un pequeño y semioscuro bosquecillo. El lugar perfecto para realizar una aparición.
Intentando no pensar en nada más que en un lugar donde pudiera sentirse mejor, se encaminó al dichoso parque. Cruzó la calle con cuidado y esquivó a los niños que corrían por allí. Alejándose lo suficiente del rango visual de las personas que por allí pasaban, cerró sus ojos y desapareció del Londres Muggle.
Abrió sus ojos al sentir que había llegado a su destino, se encontró frente a aquella misma estatua que varios años atrás, con solo 18 años por delante y un profundo temor instalado en su pecho, había visitado. Nuevamente veía a la estatua cambiar de forma, por lo que se acercó a ella, notando como se convertía en una familia compuesta por tres integrantes.
Llevaba años sin regresar a ese lugar, pero pareciera que el tiempo no hubiera pasado. Como si el estar frente a esa estatua, observando el rostro de Lily y James Potter junto a un pequeño y hermoso Harry, fuese lo suficientemente fuerte como para transportarla de nuevo a aquella época llena de peligros y temores, pero donde su amistad estaba en el mejor momento.
Sonrió levemente, mientras secaba la traicionera lágrima que había escapado de uno de sus ojos. Planteándose seriamente, tal vez desde el mismo instante en que se había aparecido en el valle de Godric con Harry en ese invierno del 97, algo había comenzado a nacer en su interior por el Joven-que vivió.
O tal vez, simplemente siempre había estado allí y ella no se había dado cuenta hasta hace muy poco.
Despidiéndose en silencio del recuerdo de la familia Potter, caminó por las calles de la pequeña población hasta que encontró un lugar donde sentarse. Ataviada con una blusa sencilla y fresca, y el jean que tan practico y cómodo le resultaba, se encontraba ella sentada en una banca. Tenía su mirada posada en el suelo y sus manos sobre sus mejillas, mientras se encontraba inmersa en sus propios pensamientos, ignorante de todas las personas que la veían detenidamente. Algunos la veían con asombro, otros con admiración y a otros simplemente le era indiferente.
De pronto sintió una mano se posaba sobre uno de sus hombros, haciendo que levantara sus ojos para ver a la persona que se había acercado. Sonrió dulcemente a la persona, mientras esta tomaba asiento junto a ella.
-Hola Herms, ¿Cómo estás?- preguntó tranquilamente el joven, ignorando las miradas de las personas.
-Hola Neville. Me encuentro bien, gracias por preguntar.- respondió la castaña con un intento de sonrisa, que hizo fruncir el ceño del joven rubio por un momento.
-No se que me sorprende más. El hecho de que intentes mentirme después de todos estos años o el hecho de que creas que yo me comeré ese cuento.- dijo Neville con tranquilidad, mientras le regalaba una pequeña sonrisa. -¿Qué ha sucedido con Harry?- preguntó el joven con simpleza, sorprendiendo a la castaña.
-¿Cómo sabes que tiene que ver con Harry?- preguntó Hermione asombrada.
-Para que te encuentres en este lugar y en este momento, debiste haber discutido con Harry. A veces puedes ser muy transparente con lo que a Harry se refiere.- respondió el joven, mientras alzaba los hombros con descuido, haciendo sonrojar a la castaña. La joven lo pensó unos segundos, antes de rendirse, bajo la atenta mirada de su amigo.
-Realmente no se que sucede con él. Lleva actuando extraño todo el día, además de estar de mal humor por, palabras textuales de él, mi aparente "falta de confianza" hacia él.- respondió Hermione antes de soltar otro de sus, ya característicos, suspiros de derrota. -Maldita sea Harry Potter y todo lo que él representa.- murmuró en voz baja, haciendo reír a su amigo. La castaña se giró a verlo con sorpresa y con indignación a la vez.
-Herms, no trates de engañarte a ti misma.- dijo Neville con suavidad mientras le sonreía a la castaña. -Estoy seguro de que sabes la razón del comportamiento de Harry. Siempre lo has sabido.- añadió mientras notaba como la joven lo observaba algo confusa, y a punto de interrumpirlo. Neville alzó una mano y la detuvo, mientras la miraba con calma. -Ustedes dos tienen su propio mundo, su propio medio de comunicación que nadie más entiende. Y sé que ahora mismo has de saber lo que pasa por la mente de él, sólo que te niegas a ti misma la respuesta. Siempre has sabido lo que piensa y lo que necesita- explicó Neville.
-Si fuera así, no me encontraría en este lugar. Haces parecer que mi mundo girara entorno a Harry Potter.- replicó la joven mientras se cruzaba de brazos y fruncía el ceño. Neville la observó con cuidado, para luego enarcar una ceja.
-Entonces podrás explicarme que haces en el Valle de Godric, el día del cumpleaños de Harry y mirando fijamente el monumento a los caídos.- dijo Neville, mientras la joven se sonrojaba para luego verla cubrir su rostro con sus manos.
-De acuerdo. Soy patética y durante los últimos 13 años de mi vida, todo mi mundo ha girado alrededor de ese personaje.- admitió Hermione con la voz amortiguada por sus manos, sin notar la sonrisa de su amigo y ex compañero de escuela.
-Yo no sería tan extremista como para sentenciar eso, pero al menos has admitido en voz alta que suceden cosas con Harry.- aclaró Neville sin perder la sonrisa. -Ahora sólo es cuestión de que se lo admitas a él.- murmuró el rubio, sobresaltando a la castaña. Cuando Hermione estuvo a punto de replicar, una voz los interrumpió.
-Neville.- se escuchó un llamado por parte de una voz femenina. La castaña se giró y se asombró al ver a una de sus ex compañeras de Hogwarts, Hannah Abbott.
-Hannah.- murmuró Neville con un marcado sonrojo en sus mejillas, mientras se levantaba y esperaba la llegada de la joven. Hermione se le quedó mirando y sonrió levemente, levantándose también de la banca al momento en que Hannah llegaba a su encuentro.
-Hola Neville, Hola Hermione. No esperaba encontrarte por aquí. Ha sido una agradable sorpresa- saludó una alegre Hannah mientras le regalaba una sonrisa.
-Para mi también lo ha sido, Hannah.- respondió Hermione con una sonrisa observando de reojo a su amigo, que permanecía en silencio y con un marcado sonrojo. -Pero lastimosamente me tengo que ir. Tengo que resolver unos asuntos ahora mismo. Fue un placer haberte visto luego de tanto tiempo. Y espero que nos acompañes esta noche.- dijo la castaña.
-¿A que te refieres?- preguntó Hannah algo confundida, haciendo sonreír a Hermione.
-Neville te lo explicará.- fue la simple respuesta. Haciendo un movimiento de manos, comenzó a alejarse de la pareja, mientras negaba silenciosamente con una sonrisa. A pesar de todo, Neville no había cambiado tanto.
Caminó un poco más y se encontró con la iglesia y su respectivo cementerio. Se quedó observando el cementerio desde lejos, pero no entró en él. No era ocasión para ello. Dio la vuelta y dándole la espalda al cementerio, se apareció.
Que aburrido resultaba todo esto. No había parado de trabajar en más de tres horas, y sentía los dedos agarrotados. Frunció el ceño. Nott se veía ligeramente menos alegre de lo que había estado desde un principio, pero no estaba completamente seguro. Ese condenado Slytherin podía cubrir bastante bien sus emociones.
Tal vez en Slytherin les daban una clase especial para ello. Algo así como, "Como aprender a parecer seres imperturbables y fastidiosamente directos e insoportables cuando se lo proponen". Tal vez dada por el jefe de casa. Snape había hecho un trabajo formidable con los Slytherin de esa generación. Y como no, si él había sido un maestro en ello. Suspiró derrotado. Pero a pesar de todo, había sido una buena persona. Ojala este descansando en paz en un lugar bonito junto a la familia Potter y los merodeadores. Si y que brille para ellos la luz perpetúa.
Aunque se deben estar halando de los cabellos. Negó mentalmente. Mejor no pensar en esas cosas, que no llevaban a ningún lugar y concentrarse en terminar esos papeles.
Tomó su pluma y la mojó en el tintero, para luego firmar el último documento. Por fin había terminado la dichosa tortura y podría echar a Nott de su apartamento sin miramientos, antes de que la castaña, que aún permanecía encerrada en su habitación se le diese por salir y verlo allí.
Si. Se hace necesario deshacerse de las pequeñas alimañas rastreras. Ahora, solo falta un plan para ello. Al diablo con el plan, mejor echarlo directamente y sin demora.
-Nott.- llamó el ojiverde de anteojos, con una extraña sonrisa mientras observaba a Nott ordenar los papeles. Theodore asintió dándole a entender que lo escuchaba cuando de repente se escuchó el sonido de la puerta abriéndose. Extrañado, giró su rostro para encontrarse con la visión de Hermione Granger entrando al apartamento con un par de bolsas. Pero lo que lo dejó pasmado en su lugar y con la expresión congelada, fue que estaba vestida con otra ropa y lucía una sonrisa brillante y deslumbrante.
¿Cuándo se había marchado del apartamento, si ni siquiera había visto la puerta abrirse? Y lo otro, ¿Dónde y con quien había estado para haberse visto en la obligación de cambiarse de ropa? Si con la que estaba se veía fenomenal.
La observó fijamente, mientras su entrecejo se fruncía cada vez más. Hermione llevaba puesto uno de esos ligeros y frescos vestidos de verano que muy pocas veces le había visto usar, el cual era de un color beige. Llevaba puestas unas delicadas sandalias a juego y su cabello, que antes estaba amarrado a una coleta, se encontraba suelto y cayendo como una cortina de rizos en su espalda.
¿Dónde diablos había estado? Lo más seguro es que no había podido resistir la tentación y se había ido a ver a ese Daniel, a pesar de que había dicho que esperaría hasta el lunes para ir. O tal vez sabía que Nott iría al apartamento y se había vestido así por él. Rayos, quien sabe que estaría pasando por la mente de esa mujer para colocarse ese condenado y provocador vestido.
Un momento, paren el carro. ¿ÉL había pensado que ELLA se veía provocativa con ese vestido? Dios, sus pensamientos le estaban jugando una mala pasada.
Pero es cierto. Se ve demasiado bien con ese vestido. No debería ser legal que una mujer se vea así.
Y nuevamente la maldita voz de Lucius Malfoy en su mente. Acaso no podía tener una voz mental un tanto diferente. Hasta la de Snape hubiera sido mejor.
Diablos, Hermione había volteado. ¿Y esa sonrisa? ¿Será que puede escuchar los pensamientos sin necesidad de hacer contacto visual? Esperen, esa sonrisa no es para mí. NO ES PARA MÍ. Es para Nott.
Permítanme respirar profundamente. ESA sonrisa, la cual no veía desde hace mucho tiempo, años quizás, ¿es para Nott?
Ese maldito Slytherin tiene sus minutos contados. Y si le sigue sonriendo y mirando de esa manera a SU castaña, estos serán recortados a ser segundos. Prepárate Nott para tener una muerte lenta y extremadamente dolorosa, porque nadie y nadie es nadie, se atreve a ver así a mi Mione.
