Capítulo 4: Jugando al gato y al ratón
La noche llegó a su fin y el magnate continuaba profundamente dormido. El cloroformo tiene un efecto bastante potente en los humanos, pensó Integra luego de salir de la habitación tras cerciorarse de que el sujeto aún no había despertado.
-Bueno, si le das a cualquiera dosis casi mortales de cloroformo es probable que tenga ese efecto – dijo Alucard mientras aparecía atravesando una pared.
-Dime, ¿va a llegar algún momento en el que no puedas leerme la mente?
-Dejaremos ese truco para el final –respondió el nosferatu sonriendo de oreja a oreja -¿cuándo vuelve la chica policía?
-Son las 10AM, tendría que haber regresado ya.
De pronto se escuchó un ruido bastante fuerte. La puerta de la mansión había sido abierta con rudeza y unos pasos se acercaban rápidamente.
-¡Maestro! –gritó la joven policía –siempre supe que regresaría –dijo mientras sonreía y se le veía notablemente emocionada –No puedo creer que esté tan bien, es como si nada hubiera pasado.
Ella sentía ganas de abrazarlo pero hizo todo lo que pudo para contenerle. Luego de ese breve momento de emoción, se dio cuenta de que algo sí había cambiado. Sir Hellsing estaba distinta. Aunque su apariencia era exactamente la misma, incluso en cuanto al color zafiro de sus ojos, la energía que emanaba era distinta.
-Sir Hellsing, usted ya no es… ya no es humana – titubeó la vampiresa.
Frente a esta situación Seras se sentía en cierta medida reconfortada, ya que siempre estimó mucho a Integra y no quería que ella dejara de ser la líder de Hellsing. Sin embargo, ella sabía que ahora le sería imposible entablar una relación con Alucard, por cuanto el vampiro perseguiría a la naciente vampiresa por la eternidad
-¿Por qué tomo esa decisión? –preguntó.
-Eso es algo que no te incumbe. Sin embargo, el principal motivo se encuentra dormido en mi habitación. Si despierta, Alucard se encargará de él. Ahora tengo que revisar todo el papeleo que quedaba pendiente de ayer, así que estaré en mi oficina. Háganme el favor de no interrumpirme.
-Ama –dijo Alucard- debería seguir descansando, pues hoy empezaremos su entrenamiento.
Integra quería llenarle la cabeza de balas ya que destetaba que cualquiera se interpusiera entre ella y sus responsabilidades, pero el vampiro tenía un punto.
-Descansaré unas horas en la tarde antes del anochecer –dijo dándose media vuelta y yéndose a su oficina.
La chica policía se quedó con Alucard en el pasadizo.
-Maestro, ¿qué tiene en mente?
-Ya lo dijo Sir Hellsing, eso es algo que no te incumbe –respondió sonriendo mientras se iba atravesando la pared.
-¿Por qué todos son tan malos conmigo? –dijo en voz baja la chica policía.
Luego de tomar una siesta, Integra despertó, sintiéndose aún bastante cansada. Sabía que debía conseguir un ataúd para poder descansar bien, pero sentía que eso lapidaría su humanidad. Por su parte, Alucard se había pasado casi todo el día manipulando al esposo de Integra con diversas ilusiones.
-Por cierto, ya no eres virgen –dijo el vampiro en tono sarcástico –bueno, al menos tu esposo ya no cree que eres virgen –agregó Alucard mientras se materializaba sentado en el borde de la cama de Integra.
-Ahh, veo que te has estado divirtiendo con él… siempre supe que en el fondo preferías a los pelirrojos –replicó Sir Hellsing con ironía – pero dejando de lado tus fantasías homoeróticas, ¿qué diablos haces aquí?
-Sobre lo primero no creo que sea necesario que opine, a menos que necesites que te demuestre lo equivocada que estás, que con gusto haría –respondió deslizando una mano sobre el pie izquierdo de Integra hasta su pantorrilla.
-¡Quítame las manos de encima chupa sangre insolente! –dijo Integra mientras retiraba inmediatamente su pierna y se sentaba.
-Sobre lo segundo, bueno, como comprenderás, yo estoy cumpliendo mi parte del trato y sería bueno que empezaras a cumplir tú también.
Aunque a Integra no le hacía mucha ilusión tener a Alucard como maestro, pues suponía que aprovecharía cualquier oportunidad para acercase a ella de manera inapropiada, sí estaba muy interesada en dominar los poderes vampíricos con la misma maestría que lo hacía el rey de la noche.
-Entonces, ¿qué sugieres?
-Como sabrás, antes de aprender a atacar es importante que sepas defender, y antes de aprender a defender, primero tienes que saber escapar. Si no tienes los recursos para ganar una batalla, lo mejor es que priorices tu "vida".
-Nunca te he visto escapar –replicó Integra.
-Tengo más de 500 años Integra, créeme que sé defenderme y atacar. Tú tienes apenas 37, y menos de 24 horas como vampiresa.
-¿Entonces vas a enseñarme a huir?
-Algo así… intentaré enseñarte a utilizar tus habilidades vampíricas para escapar rápidamente de otros vampiros. Los humanos nunca volverán a ser un problema, como bien sabes.
-¿Y cómo lo haremos…?
Antes de que Integra pudiera terminar de hablar, Alucard tomó su mano y ambos desaparecieron de la habitación y aparecieron en un bosque bastante frondoso. Lo único que alumbraba superficialmente aquel lugar era el brillo de la luna, que estaba redonda como una moneda de plata. Aunque la falta de luz no suponía ningún problema para ambos vampiros, Integra se sentía bastante preocupaba porque no reconocía el lugar en el que se encontraban.
-Por si te lo preguntas, estamos en el Hoia Baciu, el bosque encantado de Transilvania. No es que esté realmente encantado, sino que mucha gente cree eso ya que quienes entran no suelen salir porque los vampiros de la zona solían utilizarlo como comedor. Sin embargo, por órdenes de tu padre, eliminamos a todos los vampiros alrededor y tengo entendido que Iscariote se encargó de que no reaparecieran por estos lares.
-¿Y qué quieres que hagamos aquí? ¿Jugar al gato y al ratón?
-¡Bingo! –respondió el vampiro mientras se reía – por cierto, deberías utilizar un atuendo más apropiado para entrenar. No digo que no me agrade, pero quizás te quedaría mejor otro tipo de ropa para esta ocasión.
Integra se encontraba utilizando nada más que un camisón largo y su ropa interior. Aunque técnicamente no estaba mostrando más de lo debido, se sintió avergonzada ya que no le gustaba que la vieran utilizando ningún atuendo diferente a los que ella estilaba. Segundos después de percatarse de la ropa que tenía, Integra desapareció y reapareció utilizando un pantalón deportivo y un polo tipo ranger verde. Calzaba botas de estilo militar y llevaba amarrado el cabello en una cola de caballo.
-Tampoco es que nos vayamos a la guerra, pero bueno…-dijo en torno sardónico el vampiro – las reglas de este juego… digo… entrenamiento… son muy sencillas. Voy a mantener mis poderes en el nivel de un vampiro promedio para no tener una ventaja abrumadora sobre ti y te voy a dar 10 largos minutos para que corras dentro del bosque. Tu objetivo no es salir de él, sino huir de mí por al menos 30 minutos. Si yo te encuentro y llego a tocarte, habrás perdido. ¿Te queda claro?
-Sí, ¿algo más?
-En efecto, dos cosas. En primer lugar, tienes que recordar que nosotros somos vampiros. No somos grandes atletas por nuestros músculos, sino por nuestra mente. Todo lo que somos lo controlamos con ella. Cuando corras de mí, no uses tus piernas, si no tu mente para controlar todo tu cuerpo y mantenerte a salvo. Si sientes que correr más rápido te va a mantener fuera de mi alcance, te equivocas. Tienes que pensar en tu cuerpo como un otro, que desaparece, que cambia, que está más allá de todo. En segundo lugar, y solo con el objetivo de motivarte a seguir apropiadamente mis pasos, habrán premios y castigos.
-No empieces Alucard…
-Vamos Integra, será divertido. Si ganas, yo te dejaré descansar del entrenamiento por una semana y me encargaré del pelirrojo sin pedirte nada a cambio.
-¿Y si pierdo?
-Comprarás un ataúd e iremos juntos a elegir el modelo. A partir de ese momento, dormirás allí. Sabes que es lo mejor para ti.
-Puedo comprar el ataúd sin tu consejo.
-Lo sé, pero así sería más divertido. ¿Estás de acuerdo?
-Supongo que sí –respondió Integra.
Aunque Sir Hellsing sabía que el vampiro era prácticamente invencible, pensaba que también era un sujeto de palabra. Si le había dicho que modularía sus poderes, no le mentiría.
-Comeré un snack mientras pasan tus 10 minutos –dijo sacando una bolsa de sangre de su gabardina.
En esos momentos Integra desapareció y reapareció a unos 2 kilómetros del lugar. Estaba intentando eliminar cualquier rastro de sí y mimetizarse con el entorno. Los 10 minutos transcurrieron rápidamente y Alucard se dispuso a encontrarla. Durante los primeros 5 minutos recorrió velozmente todos los espacios que Integra había visitado. Aunque ella había hecho todo lo posible para desprenderse de cualquier rastro de sí misma, para el vampiro le era muy sencillo identificar su olor, el cual le resultaba exquisito y colmaba sus sentidos.
-Integra, no te parece que es una noche hermosa –se escuchó en todo el bosque –vamos, ven a disfrutarla conmigo. Podemos olvidarnos de esto si decides sentarte a admirar la belleza de esta noche conmigo.
Integra hacía caso omiso a sus palabras, mientras intentaba mantenerse tranquila para no hacer ningún ruido que pudiera llamar la atención del vampiro.
-Sabes que todo está en tu mente. Si no quieres hacer ruido, piensa en tu cuerpo como algo que no pueda hacer ruido, como algo sin materia –dijo el vampiro leyendo la mente de Integra.
En esos segundo Integra se sintió atrapada y optó por desaparecer, para luego aparecer a unos 500 metros de distancia. Grande fue su sorpresa cuando el vampiro se materializó en segundos frente a sus ojos.
-¿Qué te dije sobre usar tu mente? –musitó el vampiro mientras se acercaba a ella.
Sir Hellsing solo atinó a desparecer y reaparecer en otro sitio. Sin embargo, cada vez que hacía esto Alucard aparecía inmediatamente frente a ella. Hicieron esto durante cinco veces hasta que, en la sexta vez, Integra reapareció sobre el lago, cayendo inmediatamente en él. Aquel lago no era profundo pero al caer se resbaló y terminó recostada sobre las rocas.
Alucard apareció inmediatamente y, en un giro sorpresivo, se acercó a Integra recostándose sobre ella.
-Perdiste –dijo el vampiro sonriendo maquiavélicamente.
-Sí, ahora levántate, que nunca definimos que te podías sobrepasar conmigo.
-No sé de qué me hablas, yo no te estoy tocando –respondió el vampiro mientras sostenía fuertemente las muñecas de Integra para evitar que se moviera.
Sir Hellsing intentó escapar desapareciendo, pero la energía de Alucard había cubierto todo el lago y ella apenas se podía mover.
-Basta Alucard, este no fue el trato.
-¿De qué hablas Integra? Yo no te estoy tocando – insistió el vampiro deslizando una mano por el cuello de la rubia, para luego mover su cabello y acercarse a él.
Integra se puso muy nerviosa al sentir el aliento del vampiro sobre su cuello.
-Hueles tan bien, no sabes lo mucho que pienso en el momento en el que te mordí. No recuerdo haber sentido tanto placer en ninguna otra ocasión.
-Basta Alucard, déjame en paz. Esto no era parte del trato.
-Pero si no te estoy haciendo nada Integra, ¿no te das cuenta?
Sir Hellsing no comprendía lo que estaba pasando. ¿Por qué el vampiro seguía insistiendo cínicamente en que él no la estaba tocando cuando era casi evidente que estaba a punto de violarla?
-Aunque sabes, a pesar de que ese momento fue sublime, me hubiera gustado que me entregues tu sangre de otra manera. Que te entregues a mí en otras formas, así como yo me entrego a ti. Pero no, eres demasiado egoísta para eso ¿verdad? –dijo mientras jalaba la cola de caballo de Integra haciendo que ella mirara hacia arriba y dejando al descubierto su cuello totalmente –Así se ve mucho mejor.
-Maldito chupasangre traidor… me das asco… suéltame. Si me violas ahora nunca volverás a verme.
-Según los resultados de este test, no creo que pase lo que mencionas. Pero además, como te dije, no te estoy tocando –respondió al momento que deslizaba su lengua por el cuello de la rubia.
Luego de escuchar esas palabras, Integra se dio cuenta de lo que estaba pasando. Todo, desde el principio, había sido una ilusión. Al pensar en esto, Integra despertó de aquella ilusión y notó que el vampiro seguía sentado en el borde de la cama.
-Te demoraste mucho en darte cuenta.
-Eres un miserable.
El vampiro soltó una carcajada.
-¿En verdad creíste que te enseñaría a huir? Tú sabes que eso no me conviene y además no tiene sentido, los vampiro siempre luchamos y matamos. No huimos bajo ninguna circunstancia. El arte de la guerra es nuestra razón de ser, pero admito que fue divertido verte en esta situación.
-¿Ya terminaste?
-No. Debo informarte que perdiste. No pudiste darte cuenta de que esto era una ilusión en el momento apropiado. Mañana iremos a comprar un ataúd nuevo, aunque si gustas puedes dormir en el mío –dijo sonriendo- me hubiera encantado que te demoraras más en darte cuenta. Siempre es mejor el contacto directo, pero hacerlo de esa manera tampoco es tan malo.
-Lárgate desgraciado chupasangre.
-Sí, hablando de eso, no te olvides de tomar tus tres vasos de sangre al día y dormir con las luces bien apagadas. Ya está a punto de amanecer y debo descansar un rato para atender a tu marido. En la tarde iremos a comprar el ataúd y en la noche entrenaremos.
-Como sea, solo lárgate –dijo Integra exhausta.
Nuevamente muchas gracias por sus comentarios. Durante esta semana he estado pensando en todos los giros que puede tomar la historia, intentando mantener en la medida de lo posible las personalidades de los personajes. Espero que les guste este capítulo.
Subiré el siguiente probablemente durante el fin de semana.
