El busca… A ver quién de mis viejos me necesita…
Voy a mi habitación y llamo a mi madre.
-¿Dígame?
-¿Mamá? ¿Me has llamado?
-Yo no, habrá sido tu padre.
-Vaya… 50% de posibilidades y fallo. Voy bien…
-Pero ya que has llamado, dime, ¿Qué tal?
-Bien, estoy bien. Oye, ¿Estás ocupada?
-Ahora no mucho, ¿Por?
-Te agradecería que buscaras una cosa por mí.
-Claro, dime.
-Busca sobre Osterzone. A ver qué puedes averiguar.
-¿Osterzone? De acuerdo. A ver qué puedo encontrar.
-Gracias…
-Y llama a tu padre, te estará buscando para algo.
-Sí…
Cuelgo el teléfono. Me tumbo en la cama un rato. A ver qué puede querer el viejo Hyde ahora. Cojo el auricular del teléfono cuando oigo el toc toc de la puerta.
-¿Eh? ¿Quién será?
Una voz familiar me contesta desde el otro lado.
-¡Psssst! ¡Psssst! ¡Hyde, soy yo, abre!
Abro la puerta. Es Louise. De repente, su melena me parece mucho más grande y más rizada. Será que necesito dormir 10 horas para variar.
-¿Qué quieres ahora?
-No me seas borde. Mira, he conseguido eso que me pediste. La llave mágica, tía.
Le quito la llave a Louise la llave de la 217.
-Oye, devuélvemela cuando termines, ¿Eh? Me puedo meter en un buen tinglado si se enteran de que he sido yo quién la ha birlado.
-No te preocupes, si me cogen improvisaré.
-Espero que también sacaras un 7 en teatro. Yo me piro, Rosa necesita ayuda. ¡Chao!
-¿Sabes algo de Kya?
-¿La rubia? Creo que estaba descansando. Oye, no paras de preguntar por ella. ¿Qué se te pasa por la mollera?
-No es nada. No sé por qué estoy tan empeñada en esa niña. Solamente la he visto en la gasolinera al llegar.
-¡Vaya! ¿Y qué hacía allí, colega?
-¿A mí me lo preguntas? Bah, olvídalo, tengo cosas que hacer.
-Señor, sí, señor.
Louise se marcha velozmente tras soltar otro de sus chistes malos. Sinceramente creo que mi padre puede esperar un poco. Salgo al pasillo sigilosamente para entrar en la 217, pero antes miro a todos lados. Allí está June, de la 213, enfrente de su cuarto, como si me estuviera esperando. No creo que sea buena idea que me vea entrar, así que voy a ver si puedo librarme de ella con mi radiante forma de ser borde…
-¡Eh!
-Ah, tú.
-¿Qué haces?
-Yo nada. ¿Tú?
-Será mejor que no hagas muchas preguntas, February.
-Bah, me importa un bledo lo que hagas. ¡Adiós!
Me vuelve a cerrar la puerta en la cara. Estoy a esto de "invitarla" a degustar mi puño izquierdo. Bah, mejor dejémoslo. Introduzco la llave de la 217 en su cerradura correspondiente y con un simple clac, la puerta se abre.
-Veamos si esa chica dejó algo por aquí…
Empiezo a examinar furtivamente todos y cada uno de los rincones de la habitación 217. El cuadro que antes estaba sobre la cama está en el suelo. Qué raro… Abro los cajones con mucho sigilo de no hacer escándalo. Allí hay una nota escrita a mano, en la que pone: "Luv U K2" ¿Te quiero K2? Está firmada por… B. Bradley.
-Entonces…. El tipo que vino con su hija al hotel usando mi nombre es… ¿El poli corrupto compañero de mi viejo? No puede ser…
Me guardo la nota en el bolsillo doblándola con cuidado.
-¿Y para qué quitarían el cuadro de ahí? ¿Y qué hace tirado en el suelo?
Hay algo junto al cuadro del suelo. Una llave pequeña atada de una cuerda rosa. Automáticamente me viene al cerebro la cerradura de la caja roja. Pruebo de abrirla, pero nada. La llave es demasiado pequeña. Sospecho que tanta llave puede estar relacionada.
Otra vez el pitido del busca.
-Qué pesado es este hombre, jolines. Ya voy, papá.
Salgo de la habitación 217, cierro con llave y me voy a mi habitación. Para mi sorpresa, la puerta está abierta, y estoy segura de que cerré.
-Vaya, qué cosa más extraña.
En cuanto entro, veo todo el suelo mojado.
-¿Cómo se ha mojado esto? ¿Está el baño estropeado?
Otra vez el busca.
-¡Que ya voy, viejo Hyde! En fin, ya miraré esto más tarde.
Cojo el teléfono a ver si a mi padre se le bajan un poco los humos. Sin que pueda decir nada ya oigo gritos.
-¡Kylie, llevo horas llamándote!
-Eres increíble. Ya estás gritándome. ¿Y qué pasa si hubiera sido Ed en mi lugar? Solo de pensarlo me entra la risa.
Empiezo a reírme a carcajadas. Rara vez se me oye así.
-En fin, oírte reír así hace que te perdone.
-No estás acostumbrado a tener una hija rarita, ¿Eh, Hyde?
Mi padre no contesta.
-¡Oye, estoy esperando! ¡Me has avisado tú! ¿A qué esperas, genio?
-Oh, claro. No, en realidad no era nada, era saber qué tal estabas.
-Si es una miseria como tú dices, no te pongas tan pesadito, hombre. A ti no te haría gracia que te estuviera mareando a cada segundo.
-Oye, podría haber pensado que te ha pasado algo.
-Ah, vale, ahí te doy la razón. Pues estoy bien, gracias. Ah, por cierto, ¿Sabes eso de la chica que estuvo hace unos meses bajo mi mismo nombre?
-Kylie, te dije que no…
-Está relacionada de alguna manera con tu compañero Bradley.
-¿Cómo dices?
-He entrado en la habitación que ocupó la niña esa y he encontrado una nota que pone "Te quiero K2 B. Bradley"
-¿"K2"? No me suena de nada…
-Hyde, Hyde, no me mientas…
-Te lo prometo por lo que más quieras, Kylie, no me suena en absoluto.
-Como lo que más quieres soy yo no voy a arriesgarme.
-¡Ja, ja! Me cuesta admitirlo, pero muchas veces me río de tu manera de ser.
-¿Tan estúpida te parezco?
-No, mujer, nada de eso.
-¡Escúpelo, Hyde!
-Te pareces muchísimo a tu viejo. O sea, yo.
-Ya veo…
-Así que dices que esa niña estará relacionada con Bradley.
-Así es, estoy segura. Pero tengo que averiguar el porqué.
-No te comas el coco, Kylie, te lo dije antes. Tengo que colgar. ¡Y como me vuelva a enterar de que has entrado en una habitación a escondidas te enteras, jovencita! Y encima me lo has dicho tú.
-Vale, Hyde, me has pillado con la guardia baja.
-Chao, cielo.
Cuelgo el teléfono. Vamos a ver por qué demonios el baño se ha puesto en huelga.
-Todo está mojado…
Tiro de la cadena a ver qué pasa. Nada. No reacciona.
-La maldita cosa esta no rula. ¿Qué pasa?
Con cuidado, levanto la tapa de la cisterna. Hay una bolsa con algo verde dentro.
-Ven con mami…
Dentro de la bolsa hay 15.000 dólares. Vaya, puede que la habitación conceda deseos al fin y al cabo. Pero no creo que sea eso…
-¿Dé dónde ha salido este dinero? No creo que sea buena idea andar por ahí con tanta pasta encima…
El teléfono. Otra vez.
-¿Quién será esta vez?
Cojo el auricular del teléfono rechistando ligeramente.
-¿Sí?
-¿Kylie, cielo?
-¿Mamá? ¿No me acabas de llamar hace un rato?
-No sé, he tenido una sensación rara. Así que… Te he llamado…
-No sé cómo te las ingenias para estar conectada conmigo. Empiezas a asustarme.
Pausa.
-Pues la verdad es que tengo un pequeño problemilla. A alguien se le ha encendido la bombillita de las buenas ideas y me ha puesto 15.000 pavos en la cisterna.
-¿En el baño? ¿Para?
-Y yo qué sé. Querrán blanquear dinero.
-Sobre todo ni se te ocurra sacarlo de la habitación. Sospecharían al más mínimo detalle.
-Ya. Pero estoy segura de que el o la responsable de esto está aquí, y pienso preguntarle unas cuantas cosas.
-Kylie, no te emociones. No creo que a tu padre le haga gracia responder ante el jurado por ti.
-Cuánta confianza, mami. Ah, por cierto, ¿Has encontrado algo del pintor fantasma?
-Esto… Estoy en ello, dame un poco más de tiempo.
-Vale. Chao.
Cuelgo el teléfono y sin dudar guardo los billetes en mi maleta. Aún es pronto para ir a hablar con Kya, así que me doy una vuelta por el hotel. Antes de que pueda bajar las escaleras, la súper-chacha me detiene.
-Señorita Hyde, ¿Tiene un minuto?
-¿Qué quiere de mí?
-Antes caí en una cosa. En el restaurante habló con Martina Summer, ¿No?
-¿La conoce?
-Soy una fan de su música, así que venía a pedirle su firma.
-¿Su música?
-Así es. Su primera sinfonía de canciones tuvo mucho éxito. El recopilatorio se llama "Baladas para corazones sensibles"
¿De dónde me suena eso? Un momento. Estaba en el cuaderno que me entregó Louise por error.
-Así que es su primera sinfonía de canciones.
-Eso mismo he dicho. Venía a pedírselo, pero no está aquí. Así que he pensado…
-Que yo podría conseguirle la dichosa firmita.
-¡Exacto! Estoy muy ocupada limpiando, y no tengo tiempo. ¿Lo harás?
-Haré lo que pueda, pero yo no…
-¡Estupendo! Aquí tienes el libro. ¡Chao, señorita Hyde!
-¡Pero Rosa!
Demasiado tarde, la chacha ha salido corriendo.
-Maldita sea, me endiñan a mí todos los marrones. A ver si encuentro a la panoli esa.
Bajo las escaleras para ir a recepción, aunque no sé muy bien para qué. Me asusto al oír gritos que vienen de ahí.
-¡He dicho que me lo han robado!
Al llegar a la recepción me encuentro a June haciéndose la diva chillándole a Jenny.
-¡Y precisamente por eso estoy aquí! ¡Alguien ha entrado en mi habitación y me lo ha robado!
-Tranquilícese, no le digo que no la crea, pero….
-¡Me lo han robado! ¡¿Me oye?! ¡Quiero que se hagan responsables y empiecen a buscar mis cosas pero ya!
-Vuelva a mirar entre sus cosas, se lo ruego.
-Ya estoy hasta el moño de mirar entre mis cosas. ¡Póngase a buscar, registren a todo el mundo ya, muevan el culo de una vez!
-¡Baje ese tono ahora mismo! No es necesario armar tanto alboroto. Se enterarán los demás huéspedes.
Meto baza.
-¿Qué ocurre?
-¡Señorita Hyde!
-Un segundo. Señorita February, la atenderé en un instante. Suba a su estancia y en un periquete iré a verla.
-¡Será mejor que no se haga de rogar!
La mimadita se marcha hecha un basilisco de la recepción.
-¡Cómo se ha puesto!
-¿De qué iba todo eso?
-No es nada, señorita Hyde, es solo otro pequeño problema que he de solucionar.
-De verdad, por los gritos nadie diría que es un "pequeño" problema. ¿Ha pasado algo?
-De verdad que no se preocupe…
-Disculpe, señora Smith…
Como siempre, Martina metiendo las narices.
-Oh, señorita Summer. ¿Desea algo?
-Simplemente quisiera pedirle un ejemplar de periódico.
-¿Un periódico? Sí, claro, creo que teníamos uno por aquí… Aquí esta. Puede dejarlo en esa mesa cuando termine de leerlo.
-Por supuesto.
Martina se aleja. Por mí, contra más lejos, mejor.
-¿Por qué June estaba tan enfadada?
-No quisiera que los demás huéspedes se enteraran. ¿Puedo confiar en usted?
-La duda ofende. Pero sí, claro.
-Dice que le han robado algo mientras estaba cenando. Me ha dicho que registre a todo el mundo, pero…
-¿Qué le han robado?
-¡No pienso decírselo! ¿Y si hubiera sido usted?
-¿Lo dice en serio? ¿Sospecha de mí?
-No, por supuesto que no, es solo que no puedo fiarme de nadie. Si me disculpa, debería ir a atender este asunto. Adiós.
¿Qué será lo que le han robado a la niñata? Ya lo averiguaré a mi manera. Espero que no se me escape mientras hablo con mi viejo. Ah, qué susto, solo es Martina leyendo, creía que era un mosquito gigante.
-Ay, cómo está todo…
-¿Me dice algo?
-¿Eh? Oh, no, señorita Hyde, no es nada. Solamente estaba leyendo un titular de noticia bastante catastrófico. Una mujer de Beverly Hills dice que le han robado 20.000 dólares y una pistola de su casa. Creo que es una vieja conocida de mi padre, así que espero que no haya pasado nada.
-Claro…
-Vaya, siento haberme ido por las ramas. ¿Deseaba algo?
-Deseaba… Esto… Quería pedirle que me firmase un libro para la doncella.
-¿Yo? Oh, claro, mi primera sinfonía. Así que tiene un ejemplar. Es un honor. Pero ahora mismo no me va muy bien. ¿Podría venir más tarde a mi estancia? Siento las molestias, es que…
-Tranquila.
-Muy bien. Estaré esperando.
Martina se marcha. Por ser tan rarita, no le doy ni un segundo de respiro y empiezo a seguirla. Pero algo me impide subir las escaleras. Rosa está pasando la fregona.
-¡Quieta ahí! No puede pasar, está mojado.
-Pero…
-No tardará mucho.
-¿Ha visto por aquí a Martina?
-¿La señorita Summer? No, no la he visto. No se me puede haber escapado. Tal vez usara las escaleras traseras.
-¿A qué se refiere?
-A unas escaleras que no son estas. Están en el pasillo derecho. Supongo que puede subir a su habitación por ahí.
-Entendido.
Abro el pasillo derecho y subo por las escaleras. Acto seguido, golpeo aburridamente la puerta de Martina.
-Ah, sí, el recopilatorio.
-¿Me lo firma?
-Con mucho gusto. Deje que saque mi pluma y… ¡Oh, no!
-¿Algún problema?
-He perdido mi estilográfica. Lo siento, pero sin nada con que escribir no podré darle mi autógrafo.
Idea de la gran Hyde. Le enseño la estilográfica que Louise me dio.
-¿Esta es su estilográfica?
-¡Sí, es la mía!
-Espere un momento. ¿Es suya? ¿Cómo se llama?
-¿Mi nombre? Martina Summer, creía habérselo revelado ya.
-Exacto, Martina Summer. Ese nombre no se corresponde con el que la pluma tiene grabado. Pone "Alissa"
-¿Alissa?
-¿Sigue manteniendo que es suya?
-Por supuesto que sí. Martina Summer es mi seudónimo de música. Mi verdadero nombre es Alissa Parker.
-Ah, ya veo. Entonces, ¿Me firma ya?
-Sí, claro.
Martina/Alissa me quita el libro de las manos y firma con delicadeza. Se queda la estilográfica sin ni siquiera preguntarme. Cierra.
-Será posible…
Una de las puertas del pasillo se abre y aparece Jenny.
-Ay…
-Señora Smith. ¿Dónde estaba?
-Solo estaba en el cuarto de mantenimiento. Estaba comprobando unas cosas…
-¿Louise ha vuelto a equivocarse?
-No, ella no tiene nada que ver. Han desaparecido ciertos objetos.
-¿A qué se refiere?
-A unas cuantas herramientas que tenía en el cuarto de la ropa blanca.
Ups… Mi pequeño préstamo ha sido descubierto.
-No es que tengan mucho valor, pero… ¡Me gustaría saber quién ha sido para echarlo! Si solo las ha cogido prestadas y las devuelve, no sería tan serio…
Suspiro de alivio.
-Le entiendo, señora Smith…
-¡Pero resulta que unas cosas que estaban en la oficina también han desaparecido! ¡Y eso sí que no lo voy a permitir! ¡Cuando pille al ladrón no le valdrán las excusas! Además, tengo otro problema entre manos… Uno de los huéspedes es un soplagaitas.
Decido jugarme el pellejo y pronunciar mi suposición. Espero no lucirme de lo lindo.
-Algo me dice que se refiere a June February.
-¡Exactamente! Lo que me faltaba es que una chica ande gritando a los cuatro vientos que le han robado.
-¿Qué le han robado a June?
Segunda vez que lo pregunto.
-Dinero.
-¡¿Dinero?!
A ver si será…
-Debo solucionar esto cuanto antes. Si me disculpa…
Jenny se va. Será mejor que les diga adiós a las herramientas. Así que por eso me cuelo en el cuarto de la ropa blanca de nuevo y dejo las herramientas en su sitio anterior. Salgo de ahí para toparme de narices con Martina de nuevo.
-¡Señorita Hyde! ¿Quiere pasar? La invito a tomar un té.
-Esto… No, muchas gracias, estoy ocupada y…
-Ande, no se haga de rogar…
Entro en la habitación 211.
-¿Quería hablar conmigo?
-Se ha dejado el libro antes.
-Vaya… Soy una torpe.
-Cosas que pasan. Puede coger el libro, está en esa mesa. Si me disculpa, he de ir al excusado.
Me quedo con cara de póquer. Martina me mira algo mosqueada por ser tan inculta.
-Al servicio.
-Claro, claro.
La había entendido desde el principio, pero no entiendo como una "chica" tan joven puede hablar con lenguaje de sabionda ya a tal edad. Bah, para gustos, colores. Me resigno a coger el maldito libro de la mesa, pero allí veo el cuaderno que me entregaron a mí por error. Decido echarle un vistazo. Tal y como me esperaba, no hay más que partituras. Pero yo ya he visto eso antes. Son las mismas que hay en el libro firmado.
-Ya he terminado. ¿Necesita algo más?
-No.
-¿Puedo preguntarle qué miraba?
-Nada. Adiós.
Después de meditar unos segundos, me decanto por devolverle el libro firmado a Rosa. Supongo que a estas horas estará en la cocina. Llegó ahí y, tal y como imaginaba, allí está.
-¡Oh, es usted! ¿Ha conseguido mi autógrafo?
-Sí. Aquí está.
Le doy la sinfonía a Rosa.
-¡Magnífico! Ahora tengo ya 80.
-¿80 qué?
-¡Autógrafos de gente famosa!
Rosa mira la firma de Martina.
-¿No la habrá escrito usted, no?
-Lo mío no son las falsificaciones.
-¡Ja, ja! ¡Era una broma! Sabría reconocer la caligrafía de Martina Summer a 10km de distancia. En un reportaje sobre jóvenes talentos hablaban de su caligrafía peculiar.
-¿Qué tiene de especial su caligrafía?
-Es la forma de escribir la "a" final de Martina. Fíjese qué curioso.
Rosa me enseña el autógrafo.
Martina Summer to Rosa
-Sí, es un poco extraña esa forma de dibujar una "a". Y dígame, si no le importa, sobre la sinfonía esta.
-Pues… Fue muy famosa en cuanto se publicó. Recibió un montón de premios y galardones. Después Martina se convirtió en una celebridad. Aunque sienta decirlo, es lo único decente que ha publicado.
-¿Cómo dice?
-Ha hecho más composiciones, pero ninguna ha tenido mucho éxito. Supongo que era una flor de un día.
-Claro. No será tan fácil seguir en racha.
-Exacto.
-Una cosa más. ¿"Martina Summer" es un seudónimo?
-¡Ni hablar! Es su verdadero nombre, estoy convencida.
Menuda sarta de mentiras me ha soltado la panoli chupatintas esa.
-Si me disculpa, he de continuar trabajando.
-Sí, claro.
Salgo de la cocina.
-La musiquita esta tiene una historia tan rara como ella. Tal vez sea hora de ponerla contra las tuercas.
Subo las escaleras dispuesta a tener una charlita con Martina/Alissa o como quiera que se llame.
-Oh, señorita Hyde, qué gran honor. ¿En qué puedo servirle? Pase, pase.
Entro de nuevo en la 211.
-Verá, simplemente quería preguntarle una cosa.
-Pregunte.
-Usted ha escrito unas melodías que han encandilado a un montón de gente. Y dígame, autora de un best seller, ¿Cómo puedo componer algo con éxito?
-¿Algo con éxito?
-¡Eso es! Su primera sinfonía fue todo un éxito, ¿No? ¿Cómo se le ocurrió una melodía que cautivó al mundo entero?
-Las bases para componer algo con éxito no son fáciles de describir.
-Solo soy una simple aficionada al tema, era para ver si podría darme algunos trucos.
-Lo que usted pretende es casi imposible.
-Supongo que la idea se me ocurrió al ver ese cuaderno…
-Sí, supongo, pero… ¡Lo ha leído! ¡Ha leído mi cuaderno!
-Sí, y hay algo que no encaja. La letra de ese cuaderno no es la misma que la de su firma.
-¿Qué quiere decirme?
-Que la letra es diferente. ¿Acaso me está diciendo que le dictó la melodía a otra persona?
-Yo…
-Y otro tema es la pluma de las narices. ¡Usted no se llama Alissa!
-¿Qué le hace pensar eso?
-La doncella dijo que no era un seudónimo, pero usted dice que sí. Y no me lo trago. Si usted se llama Alissa Parker, yo soy la reina de Inglaterra.
-Esto…
-Además, ¿Por qué se mosquea tanto? Deje que lo adivine… Ese cuaderno huele a chamusquina. Algo me dice que oculta un gran secreto.
-Eso... Yo…
-El autor de la sinfonía, ¿Quién fue?
-Fui yo. ¿Qué le hace pensar que yo no soy la autora? Si tiene pruebas sólidas, le pido que me las muestre.
-¿Pruebas?
-Eso he dicho.
-Usted lo ha querido. Aquí tiene mi agenda. Deme su autógrafo.
-No creo que este sea el momento para…
-¡Cierre el pico, y firme! Pero firme como Alissa Parker.
-Como quiera…
Martina me arranca la agenda y firma de mala gana.
-¡Espero que esté contenta!
-Sí, esto me vale. Ahora deme ese cuaderno suyo.
-¿Perdón?
-Seguramente en ese cuaderno venga su nombre real, ¿No? Déjemelo. Quiero comparar ambas firmas.
-Esto…
Comparo ambas firmas. Tal y como sospechaba. La "a" de Alissa no es la misma en las dos firmas:
MI AGENDA EL CUADERNO
Alissa Parker Alissa Parker
-Mire las letras "a". Usted no las escribe como las del cuaderno. Por lo tanto, la autora del cuaderno… ¡No es usted!
-¡Ah!
-¿Fue Alissa?
-Sí…
-¿Quién es Alissa?
-Yo…
-¿Cómo recibió el cuaderno? ¿Vino a este hotel expresamente para eso?
-Sí, algo así… Mi manager me lo envió.
-Entonces, a ver si me aclaro. La autora de ese cuaderno fue Alissa. Por lo tanto, la autora de la sinfonía fue ella, ¿No?
-Yo…
-¿Quién es Alissa y qué la relaciona con ella?
-Yo, esto…
Pausa de efecto. Martina acaba por perder los estribos.
-¡Ah! ¡Maldita sea! ¡¿Quién es usted?! ¡¿Y por qué se empeña en investigarme?! ¡¿Quién le envía?! ¡Seguro que ese traidor de Norbert!
-Escuche, no soy detective privada ni conozco a ese Norbert.
-Pero… ¡Lo ha descubierto todo!
-¿El qué?
-¡Mi secreto!
-Eso parece, sí. Pero no estoy muy convencida de cual es ese secreto. ¿Se refiere a que su primera composición fue escrita por otra persona? ¿O que hay alguien que también ha descubierto todo el pastel y la chantajea?
Se me queda mirando como si hablara en ruso.
-Tiene dos secretos, y ahora yo sé ambos.
-¡Escuche, si viene a hacerme chantaje, no lo conseguirá! ¡Tampoco sé por qué quiere desvelar mis secretos!
-No pienso hacer eso. Tampoco le haré chantaje. Solamente quiero la verdad.
-¿La verdad? Eso es lo que lleva unos años corroyéndome las entrañas día y noche.
Veamos por fin lo que oculta.
-Mi mayor sueño era ser una música de gran fama mundial. Pasé mucho tiempo trabajando en diversas obras que me hicieran saltar al mundo de los famosos. Pero las musas no me inspiraban, y mis melodías carecían de sentimiento. Hubo un momento en el que me di por vencida. Justamente en ese momento, vino a mi escuela una niña nueva: Alissa. Me contó que ella también quería ser música. Pero ella no abandonó su sueño. Cuando cantaba para festivales del colegio, emocionaba a toda la gente, y empecé a envidiarla. Me mostró una serie de canciones que quería presentar para un concurso. Las estuve observando durante toda una noche. Sencillamente preciosas, todas ellas. Alissa lo logró, pero yo fui estúpida y llevada por el demonio y mi envidia, le robé el cuaderno a Alissa y presenté las canciones en mi nombre. No era yo misma.
Vaya con Martina. Si fuera Alissa, la habría maldecido con todas mis fuerzas.
-Como se imaginará, señorita Hyde, las canciones ganaron y me convertí en música. Pero no pude volver a encandilar a nadie, cada canción que escribía era peor que la anterior.
-¿Y qué fue de Alissa?
-Se marchó de esa escuela y desapareció.
-¿Desapareció?
-Así es. Aun hoy, me sigue desgarrando la culpa. Si pudiera encontrarla, y pedirle perdón por lo mezquina que fui… Pero no sé dónde más buscarla.
-¿Y por qué mencionó a ese tal Norbert?
-Mi manager. Se enteró de mi secreto y tuve que pagarle el doble para que no lo dijera. Él me lo envió a este hotel.
-¿Y por qué precisamente este hotel?
-Oh, eso sí es sencillo. Alissa me habló de este sitio. Su difunto padre le dijo que este sitio era muy especial para él. Alissa adoraba a su padre, así que dijo que seguramente este sitio sería tan especial como su padre mentó. Y yo…
-Ahórreselo, Martina. No necesito más explicaciones.
Salgo de la habitación sin abrir la boca. ¿Por qué Alissa desaparecería tan de repente? ¿Y por qué este hotel sería especial para ella?
