Iberia se pone los zapatos con parsimonia, se acerca al espejo, se arregla el maquillaje.

—¿A dónde vamos a ir?

—Ah... no lo sé. ¿Conoces algún lugar?

—Conozco varios, sí. ¡Acaban de abrir uno de comida española por aquí que está muy sabroso! —sonríe.

—No me gusta la comida española —ojos en blanco.

—¿Italiana?

—Meh...

—No voy a ir a comer comida Británica, ya me han hablado de eso.

—¿Qué le pasa a la cocina británica? No tiene nada que envidiarle el fish and chips a los pescaditos fritos.

—Pues todos dicen que es mala y tú madre sólo sabe hacer té y poner la mesa.

—Mi madre podría hacerte... no te digo qué.

—¿Hacerme no me dices qué?

—Sí, mejor no te respondo a eso —niño peque amenazando con su mamá. Iberia hace los ojos en blanco.

—Puras amenazas contigo... Aún no termino de entender por qué has venido conmigo a contarme algo —le toma igual del brazo. El chico se sonroja con eso.

—Eeeh...

—No me molesta, en realidad me gusta la gente —y los chismes—, sólo que como no habíamos hablado antes...

—Pero tú... estás disponible.

—¿Disponible cómo?

—Me refiero a que no sales con nadie.

¿Cómo no quieres que se enoje?

—¡Sí que salgo con Roma!

—Pero Roma no vale.

—¿Cómo que no vale? ¡Sí que vale! ¡Si es mi esposo!

—Bah, como el de todos.

—¡No, era antes mío que de todos!

—¿Y? A nadie le importa eso.

—Claro que sí les importa. Todas lo saben... ¿Por qué crees que tu madre te ha mandado conmigo?

—Porque eres la única que está disponible.

—¿Y tú tonta madre no está disponible?

—¡Sí, pero es mi madre!

—¿Disponible para qué? —pregunta descolocada.

—¡Para nada! —el sonrojo otra vez.

—¡No te entiendo! ¿Qué quieres hacer...? Estás... ¡Estás intentando tener una cita! ¡Pero si has dicho que estás casado!

—¡No! ¡No es una cita!

—¡Si hablas de disponibilidad debe ser para eso!

—¡No! ¡No entiendes nada!

—¡Pues explícame en vez de gritar como loco!

—¡Pues es que deja de decir cosas tontas!

Iberia bufa porque no está diciendo nada tonto, es él el que está haciendo cosas raras y tontas.

—Tienes que llevarnos a comer en uno de esos con ruedas —decide cambiar el tema.

—¿Eh? ¿Con ruedas?

—Es lejos y hace calor para ir caminando.

—¡Aaah! ¡El coche!

—Eso.

—¿Te gustan?

—Pues... Van muy rápido. Son... Raros

—Yo tengo tres, son súper awe... —carraspea.

—¡¿Tres?! ¡Anda! ¿Y para qué quieres tres?

—Para conducirlos.

—¿Pero uno no basta? ¿Se cansan como los caballos?

—No... Sí que basta, pero no los tengo por necesidad. Es que me gustan.

—Ah. Ya... A Roma también le gusta mucho el suyo. Y a Germania le gusta el de Roma... A mí me da igual, ¡es cómodo ir de un lado a otro muy rápido!

—¡Pero no da igual! —protesta, haciéndola reír un poco.

—¿Por qué no?

—Porque no son todos iguales, de hecho no podrían ser más distintos.

—La verdad es que no les encuentro una diferencia tan... Interesante —sonríe igual un poco escuchándole —. Quizás es que no sé lo bastante.

—Seguro es eso... sureños... sólo os interesa la velocidad si acaso os interesa algo.

Iberia levanta las cejas y se ríe un poco.

—No en todo nos interesa la velocidad, en realidad.

—Entonces es aún peor, no te interesa nada, seguro —jum. La chica se ríe un poco más.

—A mí me gusta el campo. Y la música y que mi hijo me cuente historias.

—Yo las cuento mejores. Tú eres como France —que raro que te recuerde justo a Francia.

—¿Como France? Nah, soy como España.

—Me refiero, porque a él tampoco le gustan los coches

—Ah... bueno a España tampoco creo que le gusten mucho.

—Pero es que France tiene un Citroën, ¿sabes? Y es un coche feo y terrible pero es que ni siquiera lo sabe. ¡Creo que podría meter ropa por la puerta y esperar que le saliera limpia!

Ella se ríe con esa descripción.

—Y a ti que te gustan tanto y hablas mucho de ellos... supongo que te gustaría que le gustaran más.

Yes... aunque en realidad no pasa nada, siempre se sube al Rolls y se siente como si fuera una estrella de cine así súper glamuroso y es divertido porque en realidad él es prácticamente eso... pero aun así se lo siente, ¿sabes? O como si volviera a ser un príncipe, que por mucho que diga que es antimonárquico le gusta sentírselo otra vez a veces.

Iberia se ríe de nueeeevo.

—La verdad es muy guapo y supongo que en uno de esos más bonito debe verse aún más guapo. Es como lo de la ropa que siempre me explica mi hijo.

—Sí, creo que sí, porque además le gusta mucho la ropa elegante y mis coches siempre son los más elegantes.

—Hacen bonita pareja.

W-Whaaat?

—Galia siempre está hablando de lo felices que son sus hijos...

B-B-But.

—¿Y dónde está ahora, por cierto?

—No importa, ¿qué dice Galia?

—Cosas bonitas todo el tiempo de sus hijos y de lo contentos que se ven, y lo mucho que les quieren... siempre está diciendo que es bueno que ambos hayan encontrado la felicidad.

—¿E-Ella cree que France es feliz? —creo que ya han llegado al restaurante, por cierto, aunque nunca se subieron al coche.

Sí que se subieron, sólo que Inglaterra está tan concentrado en Francia que no se dio cuenta.

—Ella no podría siquiera pensarse en casarse si sus hijos no fueran felices.

—¿Y-Y... qué... qué dice de France?

—Pues qué va a decir, que es el mejor hombre del mundo, el más guapo y el más feliz. ¿Tú quieres que te diga cosas bonitas de tu marido, eh?

W-Whaaat? No!

—Vale, en realidad no me importa contarte esas cosas bonitas —asegura encogiéndose de hombros y sentándose en su lugar favorito del restaurante, cerca de la ventana—. France siempre le cuenta cosas, aunque no es que tenga que contarle mucho, ya sabes cómo es ella con France que se comunican así como casi sin hablar.

—No, no, en serio, estaba pensando en cosas como... si es como se imaginaba que sería de mayor, si está orgullosa de él.

—Por supuesto que está orgullosa de él. Justo hablaba de eso con ella hace poco —se recarga en el asiento y sonríe un poquito en un suspiro—. Tuvimos tan poco tiempo a nuestros bebés, pero aun así siempre los imagina uno siendo adultos y hombres de bien... y ella siempre habla cosas tan bonitas de ambos, impresionada todo el tiempo que sean tan guapos y tan ricos, y los dos con hombres tan fuertes y responsables.

—¡Bah, pero si France no es fuerte ni responsable! —igual sonríe un poco... y es que Austria no podría importarle menos.

—Tú eres el fuerte y responsable.

—Ah... ¡HA! Claro que sí.

—De hecho dice cosas bonitas de ustedes dos también... sobre lo buenos que son con sus hijos. Pero creo que eso no te lo voy a decir —se ríe—. Vamos a decir que creo que ninguno debería preocuparse por su suegra demasiado.

—¿Por qué no me los vas a decir? Switzerland le gusta más que yo.

—Ah pero eso es otra cosa... yo creo que Suiza le gusta... gusta. Tú eres como propiedad absoluta de Francia. O yo que sé, pero me parece que le gustas bastante a excepción de... Algunas veces.

—¿Eh? ¿Qué veces?

—No creas que no nos enteramos también de cuando pelean... Mi hijo también tiene a veces unas cuantas cosas que decir al respecto. Y claro, lo que ocurre es que como te pelees tú con Francia hace un montón de drama... Jamás se enteran de nada de lo que pasa entre Austria y Suiza.

—A nadie le interesa lo que tiene que decir Spain de nuestras peleas, si me peleo es porque France es un idiota.

—Todas las parejas pelean —se vuelve a reír la chica—, ¿Pero a qué mamá le gusta que le rompan el corazón a su niño?

—¡Pues igual! ¡Siempre es su culpa! ¡Y no somos una pareja!

—¿Pero no me has dicho que están casados?

W-Whaaaaat? —el súper sonrojo, se tapa la mano con el anillo. Iberia se ríe porque es súper mono igualmente.

—¡Te da vergüenza estar casado con él!

What? NOOO! —¿Por qué insistes en negar lo evidente? Iberia se ríe un poquito más—. No! ¡No te rías! Shut up!

—¡Eres muy moooono!

Whaaaat?

—¡Te sonrojas y toooodo!

Nooo! —manos a la cara.

—¿Por qué te da tanta vergüenza? Es un buen muchacho y es muy guapo.

—¡No lo es! ¡Es feo y un idiota!

—¿Están enfadados?

—¿Eh? No... bueno, quizás él un poco.

—Hablando así de él, no me extraña. ¿Qué ha pasado? Cuéntame.

—¡No por eso!

—¿Entonces?

—Es porque... me he ido.

—¿De dónde? De... ¿Le has dejado?

—Eh... Y-Yes... —le cuesta hasta a él decirlo.

—Ohh... ¡Eso es muy triste! ¿Por qué?

—Ya no le quiero —miente sin mirarla porque no quiere decirle la verdad.

—¡Qué va! Qué no vas a quererle con cómo me has hablado de él todo este rato —se ríe.

—¡No! ¡Claro que no le quiero!

—¡Ha! Qué no le vas a querer, con las sonrisas que pones cuando hablas de él... Lo siento muchacho, pero estás hasta las cachas.

—Nooooo! —el grito desgarrador.

—¡Pero eso es bueno y bonito!

—No! ¡Por eso estoy aquí contigo y no con él! ¡Y puedes llamarle y preguntarle pero no le digas donde estoy!

—¿Le llamo y le preguntó qué? ¿Quieres que le hable y averigüe cómo está? —sonríe un poco porque estas cosas le encantan —. ¿Por qué han peleado? Cuéntame.

—No! ¡Qué le preguntes si me he ido y le he dejado o no, porque no me crees!

—¿Pero por qué le has dejado? ¡Pobre muchacho!

—Ya te lo he dicho, ya no le quiero.

—¿Por qué crees eso?

—¡No lo creo! ¡Es la verdad! Y mejor no le llames o seguro sabrá que estoy aquí.

—¡Pero es muy triste que terminen! ¿Cuánto tiempo llevan juntos?

—¡Eso no importa!

—¡Sí importa, uno no deja una relación así ni deja de querer a la gente sólo porque sí!

—¡Yo sí! ¡En realidad nunca le he querido y me acabo de dar cuenta!

—¿Cómo te vas a dar cuenta de algo así? —se muerde el labio porque a pesar de todo el británico no está haciendo todo el drama que debería estar haciendo por haber dejado a su marido —. Vas a romperle el corazón.

—¡No me importa! —chilla nervioso con eso.

—¡Qué cruel!

Shut up!

—Lo es, ¿cómo está él? Quizás deberíamos llamarle a Galia —se agobia un poco.

No!

—¿Por qué no? ¡Debe ir a consolarle!

—¡No llames a nadie ni les digas nada!

—Pero no puedo no decirle. Si Galia supiera que mi niño está destrozado...

—¡Lo digo en serio! Bloody hell, voy a tener que irme otra vez.

La morena le toma de las manos.

—¿Por qué no mejor me explicas qué pasa y por qué no puedo decirle a Galia?

—¡Ya te lo explico! ¡Si le dices a ella él va a venir por mí!

—¿Y es muy malo que venga por ti?

Yes!

—¿Por qué tienes tanto miedo de que lo haga?

—¡No tengo tanto miedo! —está aterrorizado.

—Pareces aterrorizado —le acaricia la mano.

Nooo! —el chillido.

—Explícame por qué y te ayudaré... —levanta una de las manos y le hace un cariño en la mejilla. Y en general te diría yo que sería un buen momento para darle un beso, Inglaterra.

Y él qué va a saber, sólo niega con la cabeza pensando en ir a esconderse a casa de su amigo Suiza que es el único que no le delataría. Pues Iberia le abraza, haciendo que el inglesito se paralice.

—Ya, ya... No pasa nada. Las rupturas son difíciles —le acaricia la espalda.

—No es... no... Y-Yo...

—Todo va a ir bieeeen —le aprieta un poco más aún medio impresionada con la frialdad que este chico está tratando esto. ¡No hay lágrimas!

Es que está demasiado impresionado, ¡si no la conoce de nada! Anda, ya… Sólo te está consolando.

—¿Qué pasa? Vaaaamos, suéltalo —sigue pat pat.

¡Noooo, le está abrazando sin conocerle! Pero es el novio de Francia y se sabe todas sus aventuras... Incluso más de las que quisiera. Más pat pat cada vez más preocupada de lo tenso que parece.

—Eeeeh... —es que esto es súper incómodo e Inglaterra no se suelta. Ella termina por soltarle y sonrojarse un poco, incomoda también—. En fin... —suspira él.

—Ehm... Bueno —gira la cara y de verdad que no tiene ni idea de que hace aquí ni nada. Se pone el pelo tras la oreja—. Eres un chico duro, ¿eh?

Why?

—Me estás contando que tu matrimonio terminó así como si me contaras que uno de tus coches esos se murió. Es más, puede que estuvieras más preocupado en ese caso. Y no digo que esté mal sólo... Bueno, en realidad no estoy segura de qué quieres que haga por ti.

—Es que... mejor olvídalo. Hablemos de otra cosa.

Ella se humedece los labios y suspira.


¡No olvides agradecer a Josita la edición!