Agradecimientos especiales a Dani Valdez, por dejar un review siempre, apoyándome pese a lo poco que he escrito hasta ahora.
Capítulo 3
La mañana del domingo, pese al enorme cansancio debido al trabajo del día anterior, Tonks se levantó temprano y se dirigió al baño para lavarse la cara con agua fría.
Se aseguró de que Teddy seguía dormido y no necesitaba un cambio de pañal, para luego ir hacia la cocina.
Preparó café y luego de una taza ya se sentía lista para llevar a cabo su tarea: preparar una tarta de zanahoria.
Una de las mejores tartas que había probado había sido hecha por Molly, por lo que le preguntó como era su preparación y la señora Weasley le prestó muy amablemente un libro de recetas.
Consideraba que lo más apropiado—y que además causaría una buena impresión—sería llevar algo a la casa del padre de Remus.
Le llevó dos intentos, pero con todo su esfuerzo y esmero logró hacer una tarta que lucía y olía comestible.
Iba por su segunda taza de café cuando Remus entró con Teddy en sus brazos.
—Buenos días —saludó una sonriente Tonks.
—Buenos días —respondió Remus y luego se detuvo, olisqueando el aire—. Algo huele a quemado y algo huele delicioso. ¿Qué hiciste?
Tonks le sacó la lengua en un gesto muy maduro.
—Una tarta para llevar al almuerzo con tu padre.
Remus parecía sorprendido, pero le dio una cálida sonrisa.
—Vaya, no hacía falta que lo hicieras.
—Está bien, no es nada. Quizás con suerte habré logrado hacer algo que no les intoxique —declaró con una sonrisa divertida y Remus asintió mientras reía.
— ¿Café? —ofreció Tonks y Remus aceptó. Ella buscó una taza, la llenó con el líquido oscuro y se la tendió a Remus.
—Gracias —dijo Remus y le dio un sorbo, haciendo una mueca.
— ¿Qué? —preguntó Tonks al verlo observar la taza, sin ser consciente del porqué del gesto de su esposo.
—Lo siento, cariño, pero esto es un asco. ¿No tenemos azúcar?
—No, gasté lo último en la tarta. Lo siento —respondió Tonks, sin saber si reírse o sentirse culpable por no avisarle.
Remus tiró el contenido de su tasa en el lavaplatos y abrió la heladera, esperando encontrar algo para desayunar pero ésta estaba casi vacía.
—Mañana iré de compras, quizás quieras hacer una lista de cosas que necesites —le recomendó y ella aceptó.
Remus comenzó a calentar leche.
—¿Irás a la tienda muggle solo? —preguntó, sin saber cuánta experiencia tendría Remus en cuanto a lugares no mágicos.
—Claro, podré arreglármelas. Sólo debo elegir lo que quiero y pagar —aseguró, mientras ponía el biberón en la boca de Teddy.
—De acuerdo, el dinero muggle está en la única lata del gabinete —señaló Tonks.
Remus agradeció entre dientes, sintiéndose avergonzado ante el hecho de que no podía pagar con su propio dinero, pero ella no lo notó. O fingió no hacerlo.
—Mi padre nos espera para el almuerzo.
—Me bañaré y luego a Teddy, luego podremos irnos.
—¿Quieres que lo haga yo? —le preguntó, esperando poder ayudarla, pero ella negó con un movimiento de la cabeza.
—No, no. Tú lo cuidas todo el tiempo, me vendrá bien un tiempo con mi pequeño —aseguró con una sonrisa dulce y extendió la mano acariciando suavemente el rostro del bebé.
—Bien —aceptó él, maravillado ante la escena; ante el hecho de verla de una manera tan maternal con su hijo.
Al terminar de desayunar, Tonks se dio una ducha rápida y cuando se encontraba frente al espejo observó su cabello. Se encontraba rubio, pero al cabo de unos minutos decidió que quería usar su habitual rosa chicle.
Si iba a conocer al padre de Remus quería que éste le aceptará tal y como era; eso incluía los—como diría su madre Andrómeda—extravagantes colores de cabello.
Luego le dio a Teddy un baño de esponja, como le había dicho la mayoría de la gente a la que había preguntado sobre el tema, debido a que aún era muy pequeño para un baño normal.
Cuando estuvieron listos, le pidió a Remus que él llevara la tarta—tenía miedo de tirarla en un descuido—y ella llevaba a Teddy en sus brazos. Se tomaron de la mano y aparecieron en las afueras de Tinworth, dónde vivía el padre de Remus.
Tonks observó el tranquilo paisaje. El cielo estaba nublado, pero el clima era cálido.
— ¿Estás nerviosa?
—No. Quizás. Un poco —respondió Tonks y él le sonrió con ternura. Se acercó a ella y puso un rebelde mechón de cabello rosa detrás de su oreja.
—No deberías, mi padre es una persona muy agradable.
Al buscar la casa con su mirada, la halló en lo alto de un acantilado que daba al mar. Era una casa no muy grande con dos pisos, de color blanco. Tenía un pequeño porche donde había sencillas pero bonitas sillas de jardín y una mesa baja.
A Tonks le pareció preciosa.
Remus la instó a caminar y—no sin cierta dificultad debido a la arena—avanzaron hasta quedar frente a la puerta. Él tocó y en menos de un minuto alguien atendió.
Era un hombre de mediana edad, alto y de cabello encanecido. Tenía, además, pequeñas arrugas que surcaron sus ojos grisáceos cuando sonrió con amabilidad.
Tonks supo apreciar que había un gran parecido entre él y Remus.
— ¡Remus, muchacho! —exclamó con alegría y le dio un medio abrazo, teniendo cuidado de no aplastar la tarta.
—Hola, papá —respondió Remus, claramente feliz de verlo después de tanto tiempo.
Cuando se separaron, la mirada del hombre se posó sobre ella.
—Papá, ella es mi esposa Tonks.
Ella sonrió al oír el término. «Esposa».
—Tonks, es un placer conocerte al fin.
—El placer es mío, señor Lupin —respondió ella.
—Dime Lyall, por favor —pidió y entonces miró a Teddy—. Y este pequeño debe ser mi nieto, ¿verdad?
Ella asintió.
—Bien, no les entretengo más aquí afuera. Pasen, pasen —insistió y se hizo a un lado para darles paso.
Ambos entraron en la acogedora casa. La sala de estar era pequeña y estaba conectada con el comedor, el piso superior y lo que Tonks supuso era la cocina. Las paredes estaban pintadas de amarillo claro y había varias fotos enmarcadas.
Los pocos muebles allí eran de caoba, al igual que la mesa y las sillas. En la sala de estar había un sofá triple y dos individuales de color crema y en el medio una mesa ratona.
—Pónganse cómodos, volveré enseguida con el almuerzo.
Tonks se dedicó a mirar las fotos. En una, un pequeño Remus y una mujer de cabello claro y ojos miel posaban sonriendo en una playa; en otra, la misma mujer y el padre de Remus estaban frente a un pastel de cumpleaños.
La mayoría de fotos eran de Remus—aunque casi no había fotos de él adolescente ni adulto, eran todas de su infancia—o de su madre.
—Era muy bonita, ¿verdad? —dijo la voz melancólica de Remus junto a ella.
—Mucho —coincidió.
—Creo que le hubieras agradado —declaró él sinceramente.
—Gracias, desearía haberla conocido.
La charla fue interrumpida cuando la puerta de la cocina se abrió y dio paso a tres platos llenos de comida que flotaban en el aire. Detrás iba Lyall con la varita en alto.
Los platos se posaron con cuidado sobre la mesa.
Remus y Tonks se sentaron; cuando sintieron el aroma de las salchichas de Cumberland con el puré de patatas con guisantes y salsa de cebolla se les hizo agua la boca a ambos.
—Remus, ¿quieres que corté tus salchichas? Me he dado cuenta de que no trajeron un carrito donde poner a Teddy —sugirió Lyall.
—Sí, claro.
Lyall apuntó la varita hacia en el plato de Remus y con un movimiento de la varita el tenedor y el cuchillo comenzaron a cortar las salchichas. Mientras tanto Remus sostenía el biberón para que Teddy pudiera tomar la leche.
Tonks y Lyall comenzaron a comer.
— ¡Esto está delicioso, Lyall!
El padre de Remus sonrió con cierta humildad.
—Gracias, querida. Tu tarta se ve muy bien también, ya deseo probarla.
Remus rió ligeramente.
—Te advierto que Tonks tiene pocas habilidades como cocinera.
— ¡Remus! —exclamó ella, casi avergonzada, pero el padre de Remus se unió a su hijo en las risas.
—Ah, yo tampoco sabía hacerlo. Mi esposa era quién cocinaba, ella me enseñó todo lo que pudo. Ella era una diosa de la cocina —dijo con cariño—. Pero, hablemos de ustedes, ¿cómo se conocieron?
—Papá, ¿recuerdas la Orden del fénix?
Lyall asintió.
—Bueno, ella entró a la segunda orden y nos conocimos allí, a veces teníamos misiones juntos.
—Yo diría que fue un poco más complicado.
Remus la miró, con cierto desafía en sus ojos ambarinos y Tonks le devolvió la mirada.
—Oh, ¿así que chocaron al principio? —preguntó Lyall divertido.
—De hecho, nos llevábamos muy bien, pero digamos que Remus se lo pensó demasiado para darme una oportunidad.
—No veo por qué —comentó el padre de Remus—. ¿De qué trabajas, Tonks?
—Trabajo en el departamento de Aurores, en el Ministerio —respondió y luego se llevó un poco de puré a la boca.
— ¿Es muy peligroso?
—No por lo general, aunque depende de la época. Ahora que la guerra ha terminado hay bastante trabajo, pero nada peligroso. De todas formas, no siempre es tan emocionante como suena, ya sabe, a veces hay demasiado papeleo —se quejó Tonks.
—Remus, ¿qué tal tú? ¿Has podido conseguir un empleo? ¿Qué sucedió con el que tenías en Hogwarts? —preguntó Lyall en tono suave, ya que conocía muy bien a su hijo y sabía que podía ser un tema delicado para él.
—He tenido que dejarlo porque se supo de mi condición y no he conseguido uno aún.
—De hecho—comenzó Tonks, intentando aligerar el tema, notando la tenue incomodidad de su esposo—, Remus es quién cuida a Teddy por ahora. ¿Y usted? ¿Aún trabaja?
—Oh, no, no. Tenía edad para jubilarme, así que decidí hacerlo, aunque ahora es un tanto aburrido ya que no hay tanto que hacer por aquí. Mi esposa y yo siempre quisimos viajar un poco pero con todo lo que pasó en los últimos años no pudimos hacerlo.
—Hablando de su esposa, ¿le importaría contarme un poco sobre ella? ¿Cómo se conocieron?
La sonrisa que apareció en el rostro de Lyall hizo que se iluminará completamente; estaba llena de nostalgia y añoranza, pero de alguna manera Tonks supo que estaba rememorando los buenos momentos que vivió junto a su esposa Hope.
—Claro. Yo estudiaba espíritus no humanos, por lo que estaba en un bosque galés donde se decía había un peligroso boggart. Mi esposa, Hope, decidió hacer una caminata por allí creyendo que era seguro. Ella era muy sensitiva e imaginativa, por lo que finalmente el boggart se apareció frente a ella como un hombre de aspecto funesto dispuesto a atacarlo.
—¿Y usted la salvó? —adivinó Tonks con una sonrisa. Remus también sonreía, observando con cariño en los ojos el interés que ella demostraba.
—Sí, aunque meses después le admití muy avergonzado, por cierto, que realmente ella no corría gran peligro. De todas formas ella seguía muy enamorada de mí y aceptó casarse conmigo; un año después nació Remus.
—He visto el pastel de bodas en las fotos de la sala de estar, pero la foto no estaba muy definida, ¿cómo estaba decorada?
Lyall soltó una carcajada.
—Ella insistió mucho en que el pastel tuviera un boggart encima y a los costados varias decoraciones de champiñones, que fue en lo que convertí al boggart.
—¿En serio? —preguntó Tonks fascinada.
—Sí, ella deseó que así fuera. Bueno, ¿qué les parece si vamos a probar esa tarta? —preguntó y luego les indicó que se sentaran en el sofá de la sala de estar.
Ambos acataron la orden y tras unos minutos, Lyall trajo café, té y tres platos con la tarta.
—No sabía que preferirían.
Mientras que Remus aceptó la taza de café, Tonks prefirió té.
Lyall pidió sostener a su nieto. Cuando—con gran delicadeza—lo tomó entre sus brazos y el pequeño abrió sus ojos para ver a quién lo tenía, su cabello pasó de negro a un eléctrico azul. Su abuelo lo miró con gran sorpresa.
—No me habían dicho que él podía hacer eso.
—Es una habilidad que heredó de Tonks —explicó Remus.
—Fascinante —murmuró y acarició su cabeza con ternura. Los tres comenzaron a probar la tarta.
—¡Esto está delicioso, Tonks! —halagó Lyall y ella sonrió, orgullosa, dando las gracias.
—Me sorprende, pero debo admitirlo. Sabe muy bien, cariño —agregó Remus y Tonks le dio un golpe amistoso en el brazo.
Al continuar la charla Tonks descubrió varias cosas sobre Remus, como que leía con mucha frecuencia—consecuencia de crecer sin ningún amigo debido a su condición—, que su juego favorito en la infancia eran los gobstones y que había sido Prefecto en su estancia en Hogwarts—algo de lo que burlarse luego.
Un par de horas después, Remus decidió que era hora de irse y se despidió de su padre con un fuerte abrazo.
—Volveremos pronto —aseguró.
—Eso espero.
Tonks también le dio un abrazo, pero antes de irse se dirigió a una estantería donde había varios libros y discos, pero en el espacio libros había pequeños portarretratos de fotos a blanco y negro. En una de las fotos se encontraban Lyall en un traje y Hope con un sencillo vestido blanco sonriendo frente a un pastel que tenía la sombra de un hombre en la parte superior, rodeada de dibujos de champiñones.
—Parece el mejor pastel del mundo.
—Parece como si mi madre estuviera un poco loca —susurró Remus en su oído, haciendo que un escalofrío la recorriera y luego él dejó un beso en su mejilla— ¿Lista?
—Parece que tu madre era una persona muy creativa. Y sí, estoy lista.
Saludaron a Lyall y tomados de las manos, se Aparecieron en el departamento.
N/A: OH. POR. DIOS. ¡Ya actualice tres veces este mes! No me lo creo ni yo.
¡Hola (por cierto)! Espero que les haya gustado y que se haya notado lo que quise representar en Lyall, porque estaba pensando en como escribirlo y sólo se me venía a la cabeza una personalidad excentrica, aunque originalmente quería hacerlo como alguien amable y tranquilo, así que espero que eso se haya visto.
Como siempre, cualquier comentario es apreciado :)
Besos
Luna.
