AUTORA:
Hola de nuevo. :* Comentar que este capitulo en mi opinión me gusta bastante, ya se que cada uno tendrá su opinión diferente, pero para gustos colores. No os entretengo más y pues ale, a ¡Leer!
NO AL PLAGIO:
Los personajes no me pertenecen, estos son exclusivamente propiedad de CAPCOM. Lo único que me pertenece es la historia y su trama.
NOTA IMPORTANTE:
· Letra Normal: Para las acciones.
· Letra Negrita: Para los diálogos.
· Letra Cursiva: Para recuerdos, sueños o pensamientos.
.Cicatrices que marcan.
.Chapter 4.
Definitivamente, no era a Leon y a Ada a quienes había venido a visitar, sino más bien a cierta mujer de cabello castaño. Aunque siendo sinceros, necesitaba hablar con Ada, pero tenía tiempo suficiente, así que antes de nada pasaría a molestar como siempre a cierta mujer...
Continuó por el mismo pasillo por el cual llevaba andando hace menos de diez minutos y llegó a lo que según el sabía: era el laboratorio de Rebecca. Sonrió burlón y entró de golpe. Pero por mala suerte no encontró a nadie en el interior cosa que le decepcionó mucho. Porque aunque no la visitara demasiadas veces, siempre le gustaba encontrarla por "casualidad" y es que las casualidades no existen. Porque siempre que se encontraban de alguna forma u otra era obra suya.
Quedó apoyado en la pared esperando la llegada de Rebecca e impaciente empezaba a observar la hora. Si no quería reconocerlo, quizás su nerviosismo lo delatara. Levantó el rostro y cerró los ojos deseando que el tiempo pasara más rápido, pero no era así. Y cuando menos se lo esperaba se escuchó la puerta del laboratorio abrirse, en ese mismo momento dibujó una sonrisa maliciosa.
No hizo ningún ruido y espero a que esa persona entrase y cerrase la puerta distraída sin tan siquiera darse la vuelta, cosa que agradeció puesto que su sorpresa sería más divertida.
Quedó en el centro del laboratorio totalmente quieta y Billy aprovechó esto para ir muy lentamente haciendo el menor ruido hasta quedar detrás suyo. Y cerca de su oreja le susurró algo.
— ¿Me echabas de menos? — Dejo escapar el aire y a la pobre mujer se le detuvo el corazón en seco.
Esa voz le era muy familiar, y tampoco hacía demasiado tiempo que la había escuchado, pero su piel, traicionera, seguía de gallina y su corazón bombeaba a cien por hora muerta de miedo. Dejó escapar el aire lentamente, intentando relajarse y en una milésima de segundo giró sobre si misma para sorprender a quien se encontrarse detrás suyo. Y así fue porque Billy quedo boquiabierto ante la velocidad de esta.
— No puedes estar aquí. — Le dijo seria, aunque muy en el fondo se alegraba de verlo.
— ¿Quien lo dice? — Vaciló.
— Yo. — Declaró firme y autoritaria, pero solo le faltaba el látigo para que Billy estallara en carcajadas. No se le daba muy bien el papel de mala y menos el de chica estricta.
— No te pega ese papel de chica dura. — Rió para si mismo divertido.
— Y a ti tampoco el de chico rebelde. —
— ¿En serio? — Levantó la ceja derecha sorprendido. — Porque yo pensaba que te encantaba, y por eso actuaba así... — Se acercó hasta sentir su respiración, y en ese momento ella estallo y se dió la vuelta sin poderlo resistir un segundo más.
— ¿A que has venido? — Preguntó algo sonrojada por las mejillas.
— Necesito hablar con Ada de un asunto muy urgente, pero antes pasaba a saludar... como se que te encanta que aparezca sin previo aviso pensé que te alegrarías de verme. — Se burló viendo como esta se marchaba sonrojada y molesta. Odiaba la actitud de Billy.
— Te odio. —
...
- 2 días después. -
Acabó de cerrar la cremallera de la bolsa que le habían dejado prestada para que guardase todas sus pertenencias y rió para sí mismo. Era gracioso, no tenía nada que guardar, puede que un par de fotografías, un poco de ropa y cosas que hasta él mismo no recordaba poseer, pero que en cierta forma le reconfortaba sentir que durante estos cinco años "ausente" alguien iba a visitarlo, ya fuera por compasión o por tiempo libre...
Se detuvo a observar la bolsa que acababa de cerrar. Como si fuese algo misterioso, un utensilio que nunca antes hubiese llegado a ver, una nueva tecnología... Pero en realidad su "estado" era a causa la noción del tiempo perdido. Fue entonces, cuando sin previó aviso, miró por la ventana a lo lejos, intentando avistar el horizonte, buscando respuestas, porque aunque no hubiese perdido la memoria por completo, se sentía totalmente perdido.
Su ojos enfocaron de una forma que todo el paisaje era más que precioso, incluso las nubes le parecían agradables siendo hoy, un día nublado. Pero sin intención de hacerlo, sus ojos traicioneros, le enfocaron de otra forma, haciéndole ver por el reflejo del cristal de la ventana una silueta más que familiar a no más de dos metros justo detrás de él. Cambió de actitud y soltó el aire, pero no resoplando sino desahogándose de alguna gran carga. Quizás la idea de comenzar de nuevo fuera más tentadora que seguir solo y en la misma rutina que de alguna forma añoraría si o si, puesto que durante muchos años fue su única vida. Pero de todas formas no se arrepentía de nada.
Llevo su mano hasta las asas de la bolsa y luego heredo los dedos en esta. Sujetó con fuerza el cuero y levantó la bolsa de golpe. Se dio la vuelta quedando de cara contra aquella silueta familiar esperando que fuese ella la que empezara a hablar. No por incomodidad, ni por temor, ni por cualquier otra cosa que no le agradase, sino porque él, no tenía nada que explicar a la mujer. Durante toda su estancia en el hospital, no preguntó nada que no fuera estrictamente necesario, no obstante, Ada era la excepción... como siempre.
— Te están esperando. — Estaba apoyada en el marco de la puerta y su tono de voz parecía contento. Leon no respondió, no directamente. Antes de hacerlo, quedó nuevamente pensativo.
Volteó un segundo y otra vez sus ojos buscaban ir más allá de la ventana, otra vez el horizonte lo atontaba.
— Lo sé. — Su sonrisa era sincera y feliz. Y no podía ocultar el sentimiento que ahora estaba presenciando. Se giró hasta quedar mirando a Helena de frente otra vez.
— Espero que hayas aprendido la lección y no cometas los mismos errores. — Ahora Helena parecía más seria.
— ¿Como? — No entendió muy bien. Y esta, en contestación rió por lo alto.
— Que no ocurra como en China. — Se separó del marco de la puerta. — Espero que no seas estúpido y la dejes marchar... otra vez. — Finalizó con tono gracioso.
— Dependra de ella. — Replicó molesto por reconocer que se le escapaba de las manos siempre, y que nunca podía ser lo suficiente hombre como ir a buscarla.
— ¿Eso crees? — Le cuestionó. — ¿Crees ella prefiere huir a quedarse? o al menos lo prefería... — Leon no contestó y Helena continuó. — La he llegado a conocer mucho estos años y no es quien aparenta ser... —
— Las cosas van a cambiar... — Interrumpió.
— ¿Como estas tan seguro? —
— Me lo prometió. — Argumentó. Pero Helena no acababa de entender mucho a que se refería... de que promesa hablaba. — Me prometió que no se marcharía nunca más. —
— No puedes depender de su promesa. ¿Quién te garantiza que se vaya a cumplir? — Leon pareció decepcionado ante las palabras de su amiga. — ¿Que pasa si Ada tiene que volverse a marchar? ¿Quien la detendrá? Si no empiezas a luchar por ella ahora, no lo harás nunca... —
— Lo sé... — Nunca le había gustado aceptar que Ada se marchaba, y más si él estaba presente. Muchas veces mientras dormía, otras delante de sus narices, pero siempre cuando estaba él... Y proviniendo las palabras de Helena, le dolió un poco.
— Se que para ti es difícil, pero piensa que para ella lo es también. — Se acercó a Leon y lo abrazó. Y este sorprendido, le correspondió.
— Gracias Helena, siempre me gustaron tus charlas. — Le dijo mientras se separaron lentamente. — Eres una buena amiga. —
— Lo sé. — Se auto señalo sonriente. — Venga, ahora vete que tendrán ganas de verte. —
Y lentamente Leon empezó a salir de la habitación en la que había permanecido por un periodo de cinco años, y de lo que si estaba seguro es que no lo añoraría para nada. Pero antes de cruzar la puerta Helena le habló.
— Ah, y no te olvides de pasar por el despachó del jefe, recuerda que quería hablar contigo después de que te dieran el alta. — Le dijo.
— Descuida. — Le contestó antes de suspirar molesto y salir del lugar. No conocía al "nuevo" jefe al mando y tampoco le hacía mucha gracia. Ya llevaba una gran larga lista de superiores que al final parecían traicionarlos a todos y estaba más que seguro que del nuevo al mando no le daría su confianza tan fácilmente.
...
Abrió la puerta del coche, dejo la bolsa de mano en el asiento de su derecha y después de suspirar relajado al fin fuera de aquel hospital tan deprimente que le estaba sofocando, encendió el motor del coche. El solo ambiente del lugar junto con el olor de inyecciones, enfermeras, agua oxigenada y por más de una gasa, le asfixiaba. Lo único que hacía de su estancia que fuera más llevadera eran las visitas de sus adorables hijos y por supuesto Ada.
El motor rugió y el coche tembló ligeramente, seguramente a causa del motor en marcha. Quedo hipnotizado como le solía pasar desde que despertó. Las cosas parecían serle desconocidas o incluso la nostalgia se apoderaba de él, y ahora era esto mismo lo que le ocurría; paso las manos por el cuero del volante como si lo acariciase y disfrutó de esta sensación. Tres segundos después, se percató de su falta de consideración y llevó su mano derecha al embrague y tiro de él. El coche ya estaba listo y apunto para su arranque, pero Leon, aún no lo estaba. Añoraba su precioso coche, reluciente y brillante, como si durante todos esos años no hubiese salido del garaje... y por suerte para él, así era.
Antes de pisar el acelerador rumbo algún lugar que ni él mismo deseaba ir, dirigió la mirada a la guantera; color negra, con una pequeña palanca de la cual si se tira se abre, y algo en el interior que por más que hubiesen pasado cinco años, sabía que de ese lugar o se habría movido, al menos lo dejo allí antes del incidente que sufrió. Reaccionó y después de abrir la guantera, introdujo la mano en el interior, busco entre la oscuridad y el fondo del recobijo y extrajo un objeto del tamaño de la palma de su mano.
Hacía tanto que disponía de ese objeto circular con un grabado de una mariposa en la superficie, que ya creía que era de su propiedad, y no estaba bien. No si era de ella. Tenía que confesar que aunque nunca había encontrado el momento de devolvérselo, era muy egoísta... Todos aquellos años desde el llavero del osito de peluche hasta el pequeño estuche de maquillaje, se los guardaba para él. Le ayudaba a recordarla. A sentirse vivo. A desearla. Llorar en ocasiones y en otras pensar en ella mientras... Todos esos recuerdos, sin embargo, los recobrada con cada pequeño detalle por muy minucioso que fuera.
Por esta misma razón y queriendo empezar de cero, era su obligación devolverle ese pequeño estuche, para auto convencerse que nunca más necesitaría recordarla con la ayuda de objetos materiales si tenía la posibilidad de poseerla en cuerpo y alma cuando, como y donde desease.
Pisó finalmente el acelerador y por fin puso rumbo a su antiguo lugar de trabajo; donde le dieron las primeras instrucciones y donde también le dieron las últimas.
...
Claro, por supuesto que la llamaría, es más, debía hacerlo ahora mismo. Llevaba todo el día esperando encontrar el mejor momento para hacerlo, pero aún así o la llamaban por algo urgente, o la distraía Billy. Pero daba igual, porque aunque no le molestara su presencia, había encontrado justamente ahora un segundo para llamarla.
Sacó su teléfono móvil, busco en numero de Ada en su agenda y pulsó llamar. Esperó a que sonara un par de veces y a continuación fue atendida.
— Hola Rebecca. — Empezó Ada al atender su llamada.
— Espero no molestar Ada. —
— Para nada mujer, no te preocupes. — Declaró sonriendo detrás del teléfono. — Dime, ¿a que se debe tu llamada? —
— Llamaba para recordarte que al el Viernes no has de venir, se cambió al Sábado, ¿recuerdas? — Explicó.
— Si, claro que lo que me acuerdo. ¿Como iba a olvidarme de algo tan importante? — Ada no solía hacer las cosas "mal", y por mal se entendía a olvidarse de algo con esta importancia, nunca antes había permitido saltarse un solo día de cita con Rebecca de sus hijos, no empezaría a hacerlo ahora.
— Aunque sabía que no te olvidarías, con todo lo de Leon, pensé que se te podría pasar por alto y solo quería asegurarme de que no se daba el caso. — Dijo con voz dulce.
— Tranquila. — Rió tras la línea del teléfono. — De todas formas muchas gracias. —
— De nada. Nos vemos entonces el Sábado. — Se despidió Rebecca.
— Allí estaré. Cuídate. — Ambas colgaron el teléfono.
Rebecca volvió a hacer sus cosas; repasó el calendario por tercera vez desde que había llegado de casa y se dirigió hasta su laboratorio para acabar de ordenar todo su trabajo y seguir como siempre con la investigación del avance de los pequeños y por supuesto del más importante de todos: Leon.
Aún sin haber encontrado una cura para ninguno de los tres, no se daba por vencida. Sabía que le faltaba por más que información y en su momento no fue suficiente con las investigaciones de Connor's para encontrar una cura. Tuvieron la suerte de conseguir un suero, pero no era que digamos muy cómodo ir introduciendo sueros cada dos por tres.
El problema que tuvieron para seguir hoy en día sin una perfecta cura eficaz fue que el maldito virus A que provenía del virus del C pero con algunas mejor integradas y sumándole el desarrollo de las plagas en el organismo de Leon, era para los científicos bastante difícil erradicarlo por completo. La única suerte de la que disponían era que gracias a las plagas el virus A se podía "controlar" y podría llegarse a pensar que luchaba contra este, pero en realidad lo que sucedía era que al haber transcurrido tantos años con esa pequeña porción de las plagas, se fusionó en uno solo mismo. Y en vez de ser algo positivo, se convierte en un inconveniente, porque dificulta la introducción de una cura en el organismo de Leon que no afecte de manera negativa ni a las plagas ni al virus C.
Por otro lado, no obstante; los pequeños, ya nacidos con las plagas recorriendo su organismo sin ningún tipo de alteración anormal, exceptuando un poco más de fuerza de lo normal, inteligencia superior a la de muchos y la capacidad de reaccionar mejor a cualquier enfermedad que otro ser humano pueda soportar, permite que no haya ningún problema en el cuerpo de los pequeños... aunque el único inconveniente es su rápido desarrollo y crecimiento, y es por esto que elaboraron un suero para neutralizar las plagas. Por lo que se conocía de largos años de investigación si se llegaba a la edad de puvertat con las plagas en el interior, estas, dejarían de evolucionar a un ritmo tan rápido, y ya no crecerían más, porque el metabolismo de los pequeños, junto con el cambio de la puvertat, se habría fusionado finalmente con su organismo. Y era por esta misma razón que Ada no quería saltarse ni un día de visita de sus hijos, pera no alterar el crecimiento de estos.
...
Parecía haber llegado al lugar que menos deseaba en el mundo; era parecido al infierno si se había salido de un coma. ¿Porque debía ser él el que fuera a hablar con su "nuevo" superior al mando? Supuso que quería hablar con él, pero porque ahora, no podía dejarlo descansar un par de días, no pedía unas vacaciones, pero si uno días para volver a adaptarse.
El lugar lo recordaba a la perfección; cada esquina, cada recepción, las puertas eran iguales incluso de cada diez personas que había visto ocho eran iguales, como si en realidad no hubiese pasado tanto tiempo sino más bien un par de horas ausente. Acabo concluyendo que este trabajo era realmente desgraciado. Los mismos guardias... esto era lo único que había cambiado. Todos eran distintos, pero la verdad le parecían todo iguales.
Ya se estaba acercando a su destino, y nadie excepto Helena le había dicho que debía ir a hablar con él. Lo que si que no le mencionó era: "donde" debía ir. Entonces, ¿Adónde demonios se dirigía Leon? Seguramente, ya que no habían cambiado muchas cosas por el lugar, tampoco no sería una excepción el despacho de los siempre altos cargos. Suspiró al plantarse delante de una puerta y pico a está. Nadie le dio permiso, pero tampoco lo necesitaba, entró y antes de hacer nada alguien lo saludo.
— Señor Kennedy, lo estaba esperando. — Se levantó al momento un hombre de edad más mayor a la de Leon, con un traje elegante de marca. Su pelo, bien cuidado y peinado todo en una misma dirección y con algo de gomina le daba un toque más joven, pero aún así las pequeñas canas que empezaban a verse lo delataban. Leon entró y le tendió la mano como saludo cordial. — Encantado, soy Walter Grey, su nuevo superior al mando. — Ambos se saludaron sin problemas. — Siéntese por favor. — Le ofreció el hombre, tomando asiento al mismo tiempo.
— Gracias. — Se sentó en la silla que quedaba justo enfrente de la mesa.
— Me han hablado mucho de usted y tiene muy buen historial. — Alagó inclinándose encima de la silla. Leon no contestó. — Se el incidente que ha sufrido y por culpa de quien fue. Así que comprendo que no se quiera fiar de mi, tampoco tiene porque hacerlo. La confianza se gana. — Finalizó.
— Me alegra que lo diga. — Tenía clarísimo que no se fiaría ni un pelo.
— No obstante de ahora en adelante seré su superior. — Cruzó las manos y se apoyó sobre estas. — Y aunque las cosas sean de superior a trabajador, me gustaría mantener una buena relación. Conozco el incidente con Mc Gregor e incluso el de Simmons, y le entiendo. — En realidad no parecía tan mal hombre, incluso parecía que se compadeciera de Leon.
— Supongo que me querrá listo y activo lo antes posible, ¿me equivoco? — Espetó Leon calmado.
— Todo lo contrario señor Kennedy. — Le regaló una sonrisa. — Las cosas han cambiado mucho por aquí desde que estoy al mando y... por lo que tengo entendido tiene familia, ¿me equivoco? —
— ¿Como lo sabe? — Preguntó sorprendido.
— Me gusta estar bien informado. Ademas, teniendo en cuenta las indicaciones del médico, debería tomarse un tiempo de descanso. — Observó a Leon y continuó. — ¿Que le parece la idea? —
— No se que decir. — Se sorprendió por su gran amabilidad.
— Considérelo una compensación por su trabajo y lo daños causados señor Kennedy. Recupere todo el tiempo perdido. —
— Muchas gracias, eso haré. — Agradeció de corazón.
Le tomó por sorpresa esa gran amabilidad que tenía con él, incluso, conociendo a la agencia, no se esperaba ni un; como se encuentra. Solo sus amigos, familiares y demás fueron a visitarlo al hospital, bueno, ¿que se esperaba? ¿Que le hicieran un homenaje, una fiesta o algo por el estilo? Era alguien más en este pequeño mundo y solo unos pocos conocían como era en realidad, su trabajo y las vidas salvadas sin mencionar los grandes sacrificios. No por esto merecía ser alabado y tratado como un reí, pero le fastidiaba que no tuviesen en cuenta su esfuerzo, porque le parecía que tenía más valor los que salían en la prensa o grandes millonarios que él, que era alguien que se enfrentaba al mundo.
Pero ahora mismo, y creyendo las palabras de Walter, se dió cuenta de que las cosas habían cambiado y al menos quedaba alguien en el mundo con dos dedos de frente para comprender como se sentía y compensarlo por todo. Claro que podía ser todo un plan maquiavelico para ganar su confianza y volverlo a traicionar nuevamente... como con sus otros dos superiores o a lo mejor y lo más probable es que estuviese paranoico. Pero mejor es prevenir que curar.
— ¿A que espera? Tendrá ganas de volver a casa, ¿no cree? — Preguntó Walter divertido. Leon agitó la cabeza nervioso y sonrió en contestación.
— Claro. — "casa" esa palabra. Porque tenía una casa, ¿no? Una nueva casa junto a Ada y sus pequeños hijos. — Entonces, ¿hemos acabado? — No hacía falta preguntar para conocer la respuesta, pero educación a Leon no le faltaba.
— Por supuesto, a no ser que desee empezar hoy mismo a trabajar. — Rió y Leon rió a la vez por la propuesta de su superior. ¿Quien querría volver a trabajar en vez de quedarse en casa?
— Ha sido un placer señor Grey. — Se levantó al acto y le tendió la mano.
— Lo mismo digo. — Correspondió y vio marchar a Leon.
No tardó mucho en salir por la puerta y soltar el aire aliviado; de verdad que temía que lo reincorporaran a trabajar. Miró su reloj después de volver en sí y pudo ver que se había hecho más tarde de lo que se esperaba, eran las ocho de la tarde el cielo negro, sin apenas algo de luz y con un frío de enero asomar, le daban ganas de marcharse a toda prisa.
Y eso es lo que hizo. Caminó con paso acelerado y sin detenerse por nada, llegó hasta su coche, se subió en él. Y antes de hacer nada, extrajo del bolsillo de su pantalón un papel doblado. Allí tenía apuntado la dirección de Ada. Y por lo que parecía, la casa se encontraba un poco lejos de donde ahora. Así que seguramente tardaría más de lo que Ada se esperara, seguramente sus hijos ya estuvieran dormidos. Porque siendo Jueves, mañana, seguiría siendo un día laboral.
...
Llegó finalmente a su laboratorio y empezó a repasar todo su trabajo, a ordenar las cosas y a acabar deseando estirarse cinco minutos en la cama. Estaba hecha polvo. Llevaba varios días sin dormir demasiado por culpa de su ahora semana llena de trabajo a rebosar y el poco tiempo que conseguía libre acababa siendo interrumpido por algo o alguien...
Cogió un bolígrafo azul de encima de la mesa y fue a buscar una carpeta llena de fechas, horas e información apuntada en esta. Remenó hasta encontrar una hoja en particular y después de extraerla escribió algo; parecía ser una fecha, la hora del día y unas iniciales. Suspiró cansada y dejó las cosas encima de su mesa del laboratorio, se desprendió de la bata blanca y la dejó colgada en la silla de ruedas que estaba a menos de tres metros de su posición. Claro que para llevar a cabo esta acción, tuvo que moverse. Pero antes de realizar todo esto, el sonido de la puerta abrirse la interrumpió e hizo que se detuviera de golpe haciendo memoria si esperaba que alguien fuera a verla a estas horas.
Pero se sorprendió al ver de quién se trataba y continuó haciendo sus cosas.
— Te dije que no vinieras por aquí. — Declaró molesta. Pero la persona a la cual iban dirigidas esas palabras no contestó, es más, parecía que no las había escuchado.
Se acercó lentamente hasta Rebecca y rió divertido ante su forma de ordenar cosas. ¿Desde cuando hacía caso de algo? Se divertía mucho molestándola y más aún cuando sabía que en realidad le encantaba. Aunque siempre había un limite e intentaba no cruzar esa pequeña línea, más que nada porque no le gustaba verla furiosa.
— Sabes que no puedo resistirme. — Declaró el hombre divertido, viendo como la mujer pasaba de largo y se dirigía a sus investigaciones como de costumbre.
— Esta prohibido y no puedes entrar así como así e interrumpirme siempre que te plazca. — Continuaba con sus cosas, pero a diferencia de antes, ahora había cogido un microscopio y simulaba observar por él, pero en realidad intentaba de alguna forma no acabar enredada en su trampa.
— Se que te gusta que lo haga. — Le dijo picaron.
— No es verdad. — Contestó mientras seguía observando por el microscopio.
Y lentamente pero vacilando a cada paso que daba, se acercó hasta quedar a escasos centímetros de distancia de Rebecca. Seguramente no se dio cuenta de la presencia del hombre porque estaba demasiado concentrada en simular que no hacía nada y lo peor de todo es que este lo sabía.
— Vamos, acéptalo. — Le susurró cerca del oído asustandola al instante por su timbre de voz, su seducción y su respiración algo caliente.
— ¡Billy! — Gritó de golpe dando la vuelta al mismo tiempo y respirando pesadamente. Pero a decir verdad no se asustaba por esa tontería, es más, era una mala costumbre que Billy le hiciera eso siempre. — Te odio. — Le plantó un puñetazo en el pecho pero este la detuvo.
— No es verdad... y lo sabes. — Le dijo provocando que se estremeciera. Seguramente porque ambos sabían que tenía razón. Sino, no sucumbiría a sus encantos que ella nombraba como seductor despreciable, falta se caballerismo y estúpido engreído. Si de verdad lo odiara, como decía, todos esos adjetivos cobrarían sentido si se resistiese a sus encantos pero el dejarse llevar por la seducción del hombre la delataba.
Apartó la mirada del contacto de Billy y tembló ligeramente al sentirlo tan cerca suyo. Le sujeto la barbilla y la obligó a mirarlo a los ojos, a decirle que realmente ella lo odiaba de verdad, pero no era así... Y podía comprobarlo cuando y donde quisiese, y eso mismo haría. Le haría comprender que se engañaba a sí misma cuando decía odiarlo. Se acercó lentamente a sus labios cerrando los ojos al mismo tiempo y la beso con una delicadeza y una pasión que atontaron a la mujer, dejándose llevar por las acciones de Billy. La sujetó con ambas manos por las caderas y después de apretarla contra su enorme cuerpo en comparación con el de ella, profundizo el beso con más intensidad. Se separó del beso y siendo egosita no la dejo recuperar el aire, volviendo a realizar un beso entre los dos. El beso parecía dolerle muy en el fondo, el aire se acababa, pero su placer era tal que conseguía hacerla olvidar de todo a su alrededor.
— ¿Aún sigues odiándome? — Vaciló al retirarse de sus labios dejando un hilo de saliva entre los dos.
— Odio que me hagas esto. — Si, y Billy lo sabía perfectamente, aunque hasta el momento no hacía daño a nadie y a Rebecca... parecía enloquecerla.
— ¿Porque crees que lo hago? — Rió triunfante.
— ¿A que has venido? — Preguntó. — ¿Fuiste al final a hablar con Ada? — Se separó del contacto del hombre y continuó con sus cosas, este en respuesta suspiró cansado.
— No, no he hablado con Ada. Tenía pensado hacerlo mañana. — Giró dando la vuelta y observó como la mujer como se escabullía y se dirigía a su mesa.
— ¿Porque querías hablar con ella? — Preguntó curiosa.
— Creo que es mejor que lo sepa ella primero. — Declaró dejando intrigada a la pobre Rebecca.
...
Las calles se hacían menos industriales y ahora, siguiendo la dirección de la casa de Ada, había llegado a lo que parecía ser una urbanización de casas muy bonitas. Todas muy juntas, con grandes jardines y muy bien diseñadas. Guardaban un cierto parecido con la casa de sus padre donde vivió de pequeño.
Ojeó nuevamente el papel que aún sostenía entre las mano y comprobó que fuera el numero 390 el de la casa de Ada. Llegó hasta esta, aparcó el coche y después de coger la bolsa, salir y cerrar, caminó hacía la entrada.
El jardín estaba muy bien cuidado, recién cortado y por el olor parecía regado hace menos de una hora, pero era incapaz de imaginarse a Ada manchándose las manos, así que lo más probable es que contratara a alguien. Sin embargo, pudo ver alguna que otra pelota tirada por el descampado y algún muñeco tirado y escondido detrás de un arbusto.
Una luz se apagó dentro de la casa, concretamente la de arriba a la derecha, y de golpe y sin poder evitar ese cambio, por muy pequeño que fuera de luces, le hizo darse cuenta de las horas que eran. Se había hecho un poco más tarde de lo que tenía previsto. Se detuvo y miró a su alrededor; ningún ruido, nadie paseando, y las únicas luces que alumbraban eran las de las farolas. Así que tenía cierta incomodidad en picar al timbre de la puerta y despertarlos, al menos sabía que Ada lo esperaba.
Una puerta se encontraba delante de sus narices... y sin darse cuenta ya estaba preparando el dedo para picar al timbre, pero se detuvo. Estaba seguro de querer picar, pero la incomodidad seguía apoderándose de él. Y por más que lo negara, temía despertar a sus hijos y encontrarse con una Ada furiosa.
Podía seguir perdiendo el tiempo, porque llevaba un minuto sin reaccionar. Pero... ¿cuanto rato más se quedaría así? Se maldijo a sí mismo y gruño al recordar como le pidió una copia de las llaves a Ada y ella por algún motivo no se las dió.
¿Como...? La puerta se estaba abriendo y él, que recordase no había picado al timbre. Tragó saliva y...
— ¿A que esperamos para picar al timbre? — Cuestionó divertida al acabar de abrir la puerta de par en par.
— No quería... —
— ¿Y que horas son estas? —
— Se me alargó un poco. — Contestó nervioso observando a Ada de lleno y con una actitud que por mucho que pareciese seria, su sonrisa la delataba.
Sin poder contenerse, bajo la mirada hasta recorrerla de arriba abajo. Vestía un pantalón demasiado corto y una camiseta de tirantes. Pero todo su cuerpo estaba cubierto por una prenda de ropa de seda muy larga que la tapaba del frío que ahora empezaba a apoderase de ambos.
— Vamos, entra. — Le ordenó a la vez que se apartaba para cederle el paso.
— Gracias. — Leon entró sin dudarlo, y rápidamente dio la vuelta para quedar cara a cara.
Cerró la puerta con llave y giró sobre sí misma para observar a Leon. Lo recorrió de arriba abajo como el había hecho anteriormente, pero rápidamente reaccionó.
— ¿Quieres comer algo? — Preguntó. Este, en contestación pareció fruncir el ceño.
— No tengo hambre aunque si no es mucha molestia, ¿podría ir a darme una ducha? — Ada no contestó. — Quiero despejarme. — Argumentó.
— Claro. No hay problema. — Contestó a la vez que le lanzaba una mirada y Leon esperaba que hablase. — Sígueme. — Ordenó empezando a caminar y subir las escaleras de su casa. Mientras, Leon la seguía muy de cerca observando cada detalle de la casa; un salón se encontraba al lado izquierdo de las escaleras y en el derecho lo que parecía ser la cocina.
Acabaron de subir los escalones y ahora se encontraban caminando por un pasillo con diversas puertas a sus respectivos lados. Pero no se detuvieron en ninguna, y por lo que parecía se dirigían a la última de todas. La que se encontraba al fondo de todo.
Entraron en esta y rápidamente Ada cerró la puerta detrás suyo. Leon se sorprendió y giro para verla esperando que le indicara donde se encontraba el baño y Ada en un acto rápido se lo mostró con la mirada.
— Tengo algo que es tuyo, y quiero devolvértelo. — Le dijo de golpe sin venir a cuento. Ada frunció el ceño al no recordar de que se trataba e inquieta se acercó hasta este.
— ¿Qué es? — Preguntó intrigada.
Leon, aún sin contestar, pero en respuesta metió su mano en el bolsillo derecho del pantalón y extrajo algo con mucho cuidado. Mientras tanto Ada seguía cada movimiento de Leon con cierta curiosidad ante sus palabras.
— Es tuyo, ¿verdad? — Le preguntó a la vez que le mostraba ese pequeño estuche de maquillaje circular. Esta no respondió, solo quedo observándolo con nostalgia. Había pasado tanto tiempo que ya ni se acordaba... Pero por otra parte agradecía que Leon aún lo conservara, eso significaba que le importaba. — Me gustaría devolvértelo. — La miró a los ojos y chocó contra los de la mujer que también habían ido a buscar los suyos.
Esperaba alguna respuesta por parte de la mujer, pero lo único que provino de ella fue su mano que estaba cerrando la suya propia, sin coger el objeto que le estaba devolviendo. Como si Ada quisiera que se lo quedase...
— Ahora es tuyo. Considérelo un regalo... — Le dijo después de envolverle la mano alrededor de ese objeto, oprimiéndolo y resguardándolo en su mano.
— Pero... — Unos dedos sellaron sus labios.
— No se admiten devoluciones. — Declaró divertida para después regalarle una sonrisa que fue contestada con otra similar.
— No tardare mucho. — Cambió de tema haciendo referencia a la ducha.
— Eso espero... — Dibujó una sonrisa maliciosa y no hacía falta ser muy inteligente para deducir qué significaba. Pero como siempre a Ada no le bastaba con solo eso y no tardó demasiado en rodear al hombre. — porque no me gusta que me hagan esperar. — Dijo al tiempo que lo acababa de rodearlo por el cuello y con desesperación pegaba su esbelto cuerpo contra el de él.
Ada se separó del contacto que ella misma había causado y Leon quedó algo decepcionado, pues nunca llegó ese beso que estaba más que seguro que ocurriría. Si había algo que anhelara más que toda su vida perdida, era la presencia de Ada, el contacto de sus labios y el enorme placer que conocía.
Suspiró y se dirigió, con pasos lentos, al baño. Entró y cerró la puerta. No tardó demasiado en desprenderse de toda su ropa y encender al mismo tiempo el grifo del agua; dejándola caer con fuerza y escuchando el choque contra el suelo de la ducha. Mientras esperaba a que el agua saliese suficientemente caliente como a él le gustaba, quedo mirando y observando su cuerpo. Primero su rostro reflejarse en el espejo y sin poderlo evitar paso sus manos por esta, como si quisiese quitarse el peso de los años de encima. Las arrugas se habían hecho algo más notables, pero seguían formando un perfectamente rostro. Sus músculos seguían marcando su cuerpo, pero aún así había perdido algo de figura. Sin ser consciente quedó tocando con la yema de los dedos la cicatriz que ahora cubría gran parte de su brazo izquierdo.
Reaccionó al momento cuando el espejo del baño empezaba a entelarse y cubrirse de vapor, entonces recordó que el agua ya debía estar más que caliente y podía darse prisa si no quería hacer esperar a Ada. Entró despacio en la ducha y con el agua bastante caliente dejó que lo impregnara de arriba abajo; primero mojando su rostro, haciéndole dibujar al instante una leve mueca de dolor por la elevada temperatura, pero que rápidamente se le paso, a continuación el agua empezó a cubrir sus hombros, espalda, vientre, llegando hasta sus pies.
El calor se había apoderado de su ser, y la sensación era increíble. El frío de la calle junto con la combinación de agua caliente era realmente relajante. Lo llevaba deseando desde hace días porque aunque en el hospital dispusiera de bañera, no era nada comparado con esto. Llevó sus manos hasta posarlas encima de su cabello y con sus dedos y de un movimiento ágil lo apartó hacía atrás, para poder cerrar los ojos y disfrutar. Si fuera por él, se quedaría eternamente en esta posición.
...
Seguía despierta y de pie. Miró por quinta vez el reloj de la mesita de noche y ya habían pasado treinta minutos desde que Leon había entrado; tampoco quería meterle prisas, pero también quería que se diese prisa. Suspiró cansada, se recostó en la cama y después de desprenderse de las zapatillas de andar por casa, quedó de lado observando la puerta del baño, esperando a que se abriera. Se prometió que no caería en el sueño, pero estaba bastante cansada y había sido un largo día.
Sus ojos se fueron cerrando en contra de su voluntad y por mucho que se resistiese el sueño se apoderaba y sus parpados no respondían a sus órdenes, tampoco sus manos que estaban cansadas, y por mucho que se frotase con la yema de los dedos los ojos, acababa de alguna forma cayendo rendida.
...
Abrió la puerta del bañó y aunque temía encontrarse a una Ada molesta por su gran tardanza, se sorprendió al verla dormida. No la culpaba, se había entretenido demasiado y además, era tarde. Sonrió divertido al ver su figura tendida encima del colchón, de lado y si arroparse. Resiguió su cuerpo y se detuvo en su culo, se maldijo por no poder aprovecharse de ella. Había olvidado la sensación de ser dominado por ella y deseaba ser él el que asumiera ese papel. Pero le daba un poco de pena, porque por la mañana, Ada, tenía que madrugar y no sería muy caballeroso por su parte dejarla exhausta.
Acabo de frotarse el cabello húmedo con una toalla seca que había cogido del baño y aún sin estar del todo seco, se recostó al lado de la mujer. Retiró la sabana muy delicadamente y costándole apartarla, la arropó con cuidado de no despertarla. Dudo un instante si rodearla, pero sin pedir permiso a nadie lo llevo acabo. Porque lo hizo aquellas numerables veces que dormían juntos... ¿por que no lo haría ahora?
— No has cambiado nada guapo. — Declaró dando la vuelta encima de la cama y quedando de cara a Leon. — Y no quiero que lo hagas... — Le confesó.
— No lo haré... — Declaró firme acercándose al rostro de esta lentamente. — con una condición. — Finalizó serio.
— ¿Cual? — Preguntó sin vacilar, puesto que la actitud de Leon parecía ser totalmente seria.
— Que no te marches nunca más. —
Levantó la mano lentamente, la llevó hasta el rostro de Leon y acariciándolo con delicadeza acerco su rostro hasta rozar sus labios de una forma bastante tentadora, haciendo desesperar al hombre que sin poder resistir mucho más la beso con devoción y desesperación. Respiró con ritmo acelerado y después de separarse volvió apoderarse de sus labios tan finos que pedían a gritos ser devorados al igual que su sexo.
— Lo prometo... — Declaró decidida a la vez que recuperaba el aliento y seguía con los ojos cerrados disfrutando del beso que acababa de presenciar.
Quedaron mirándose mutuamente a los ojos, ninguno daba el paso, puede que no necesitaran dar ningún paso, es más, a veces prefería pasarse horas admirándola. Raro si provenía de él, que no podía estarse más de cinco minutos sin recorrerla de arriba abajo y desearla, pero quizá...
— Perdóname. — Interrumpió Ada con apenas un hilo voz despejando los pensamientos de Leon. Este se sorprendió.
— ¿Porque? — Preguntó curioso.
— Si no me hubiera desmayado por segunda vez en medio de aquella pelea. Tu, ahora... —
— No tienes por qué disculparte. Dejemos todo aquello, ¿de acuerdo? — Interrumpió calmándola. Parecía sentirse culpable y la verdad es que llevaba años guardándose ese dolor.
— Leon... — Parecía suplicar. — todos estos años donde me he sentido culpable por haberte dejado solo, culpable por introducirte aquellas inyecciones, siendo solo y únicamente culpa mía, no he podido perdonármelo. — Apartó la mirada de Leon, sentía cierta vergüenza y no consideraba tener el derecho de pedirle nada, ni tan solo mirarlo a los ojos.
— No te tortures más... — Le levantó el rostro hasta conseguir mirarla fijamente. — ¿Quieres empezar de nuevo? — Le dió la opción de olvidar el pasado, de emprender un nuevo viaje sin destino... los dos juntos. Puede que lo único que ambos necesitaran fuera un nuevo comienzo.
La pregunta le sorprendió y siendo una opción muy tentadora, la verdad es que no era su deseo empezar de nuevo. Su historia, la de ambos empezó en Racconn y no tenía porque borrar todo aquello.
— No me gusta mi pasado, pero si los recuerdos que alberga, y por nada del mundo me gustaría perderlos... Lo siento guapo. — Confesó.
— Bien. — Parecía contento. — Porque yo tampoco quiero perderlos. —
La abrazó al instante y ella escondió su cabeza en el pecho de Leon, dejándose atrapar y rezando para que la idea de seguir adelante no haya sido errónea.
— Supongo que estarás cansada y preferirás dormir, ¿no es así? — Preguntó a la vez que la separaba lentamente junto con una sonrisa maliciosa que por mala suerte Ada pudo ver.
— Estarás de broma, ¿no? — Le dijo picarona y en un abrir y cerrar de ojos ya se encontraba montando a Leon. Este sonrió victorioso al verla dispuesta a divertirse y poso sus manos a ambos lados de sus caderas. — Te dije que no me gustaba que me hicieran esperar... —
— ¡Ouch! Es verdad. — Rió por lo bajo vacilando.
— Tendré que castigarte. — Se movió encima de este, rozando contra su sexo.
— ¿A si? Y que piensas hacerme si se puede saber... — Tentó sabiendo que el juego podía ser muy excitante y lo mejor de todo, es que podía ser de dos.
— Para empezar tendré que enseñarte a obedecer. — Rió con maldad desprendiéndose de su camisa de tirantes que usaba para dormir, dejando al descubierto sus enormes pechos que rápidamente se endurecieron ligeramente por el frío que rondaba aquellas horas.
— Y si no quiero. — Declaró dando la vuelta y aprisionando a la mujer debajo suyo aún con lo pezones endurecidos listos para ser devorados.
Sabía que ahora mismo mantenía el control de la situación y por mucho que está lo intentase, la tenía sujeta por ambas muñecas, así que aprovechando la situación; bajó lentamente hasta detenerse en el pezón derecho, introducirlo de lleno en su boca y deslizándolo entre sus dientes escuchó el primer de muchos gemidos de la noche provenir de las cuerdas vocales de Ada.
...
Despertó de golpe. Puede que alguna pesadilla hubiese sido la causante de su mal estar, aunque no hace menos de dos horas había conseguido llegar al paraíso junto con su amada. La observó medio descubierta, viendo como la fina sabana impregnada del reciente sudor estaba enganchada contra sus pechos dejándolos transparentar ligeramente y luego observó su rostro tranquilo y descansado. Se sintió bien consigo mismo, puede que él no disfrutara al máximo de toda la noche, pero ella al menos si lo habría hecho.
Se retiró de la sabana que cubría su torso y solo con los boxers puestos, se levantó de la cama. Caminó en busca de su camisa de dormir y por suerte la encontró tirada detrás de una silla. Se la puso y salió de la habitación, caminó por el largo pasillo, bajo las escaleras y fue hasta el salón. Se detuvo un segundo a observar los muebles, las fotografías, la gran televisión y se sentó finalmente en el sofá molesto por no conseguir dormir.
Se agachó a recoger algo tirado en el suelo, y tomó entre sus manos un osito de peluche. Era de un color marrón claro, de tacto suave y con un lazo en el cuello. Le gustó el peluche y sonrió para sí mismo, pero entonces escuchó algo detrás suyo, giró de golpe y pudo ver a Ada, acercarse lentamente y algo dormida con una camisa que tapaba desde sus pechos hasta su cintura y un pequeño pantalón que la cubría de cintura hasta muslos.
— ¿Que haces aquí? — Preguntó Ada tomando asiento junto al hombre y observándolo sostener el osito entre las manos, le pareció divertida la situación.
— Nada... — Evitó su mirada y esta se extraño.
— ¿No tienes sueño? — Preguntó para averiguar que es lo que le ocurría.
— Lo cierto es que si, pero... — No continuó y Ada se encargo de que lo hiciera puesto que lo tomo por el rostro y le obligó a mirarla. — no puedo dormir y tampoco quiero... — Confesó triste al fin sin poder resistir la mirada fija de la mujer.
— ¿Que sucede Leon? — Le preguntó preocupada por él. Este no respondió al instante.
Suspiró y cerró los ojos, dibujó una mueca de dolor y espero a que alguien lo calmara. Sentía pánico cada vez que dormía, cada vez que se encontraba solo, perdido en algún lugar similar a un agujero negro. Pero no lloraría, no era para tanto, pero lo que si era para tanto era la sensación de llevar más de dos días sin conseguir dormir...
— Tengo miedo. — Confesó abriendo los ojos al acto encontrándose con la mirada preocupada de Ada.
— ¿Miedo? Con todo lo que hemos vivido y ahora Leon Scott Kennedy, tiene miedo. — Bromeó. En cambio él no parecía estar tan divertido.
— No es ninguna broma Ada. — Declaró molesto porque Ada no lo tomara en serio.
— ¿Qué es lo que te da tanto miedo? — Lo miró a los ojos y por un segundo le pareció que el pánico se apoderaba de él, estaba cansado y podía notarlo, pero seguía resistiéndose.
— Dormir... — Confesó cerrando los ojos. — la oscuridad. — Entonces Ada pareció entenderlo. — No quiero volver a estar en coma, ya he pedido muchos años, y no quiero volver a ese estado de inconsciencia. —
Lo miró entristecida y si pensarlo dos veces, lo estiró obligandolo a tumbarse en el sofá y quedar apoyado y recostado encima de sus piernas.
— Ada... — Empezó a la vez que Ada lo obligaba a recostarse encima suyo.
— Shhh... — Interrumpió susurrándole y obligandolo nuevamente a callar mientras presenciaba como Leon acababa de acomodarse y tumbarse de lado aún apoyado en sus muslos — Confía en mi. — Lo tranquilizó. — Puedes dormir tranquilo mientras yo este aquí. — Finalizó acariciando su cabello y jugando distraída a enredar sus dedos y luego de deseredarlos acariciarlo lentamente.
Seguía sujetando el oso entre sus manos, y sin ser un acto voluntario lo estrujó contra su pecho; puede que muy en el fondo continuara siendo aquel joven de Racconn asustado. No había cambiado en absoluto, pero a él le parecía todo lo contrarió. Todo era distinto, su yo, Ada, la forma de ver las cosas... Nadie podría ganárselo, pero algo había cambiado.
Cerró los ojos confiando en las palabras de Ada y dejó que el sueño lo atrapara por fin. Con la ayuda de su respiración tranquila consiguió sentirse al fin libre y desahogado. Y Ada pudo notarlo puesto que el latir de su corazón lo delataba. Le agradaba sentir que junto a ella se encontraba a gusto porque a ella le ocurría lo mismo.
Apoyó el codo en el sofá y su mano la condujo hasta la barbilla, allí permaneció tranquila continuando con las caricias en el cabello del hombre que lentamente iban cesando. Habían pasado diez minutos desde que permanecía en esa posición y cada segundo que transcurría parecía no ser consciente. Podría decirse que la noción del tiempo parecía perderla. Cerró lentamente los ojos sin oponer ninguna resistencia y aunque esta nueva posición debía admitir que le gustaba, acabaría por maldecirse por dormir junto a él en esa posición.
Continuara...
Quiero agradecer las molestias y el tiempo como siempre para leer esta historia. Dudas o cualquier cosa como siempre PM o review. Bye Bye my loves!
