Pero en apenas un instante, esa emoción se vuelve melancolía, y sus ojos se apagan.
-Entonces ¿Qué pasó conmigo?- pregunta Oswald.
Walter suspira profundamente y se da cuenta de que tenía tiempo sin saber lo que era respirar sin dificultad.
-Tú y yo tomamos caminos totalmente aparte- recuerda con claridad - Los de la Universal pues... se quedaron todo, otras personas se encargaron de ti y bla bla... en fin- sacude la mano y repara otra vez en su apariencia y en su salud -Quisiera saber por qué soy joven otra vez- piensa en voz alta pero aquello no venía al caso -¡Ah! yo podría decirte muchas cosas, Oswald, pero ¡esto es absurdo...!-
Se estaba volviendo loco al fin, eso era. Estaba teniendo alucinaciones. Ya no solo dibujaba a los personajes, ahora los veía vivos y tangibles. De seguro que eran todos esos medicamentos.
-Yo me volví loco- se rió - Bonita cosa dirá la prensa ahora, vaya. Estoy en verdad completamente loco-
La figura en la sombra se encoge de hombros y de nuevo se ve atraído por las figuras, los afiches, los premios.
-¡Sí que eres un hombre completamente distinto, Walt!- exclamó -¡Mira todos esos premios. Mira este lugar!!!!-
El castillo que veía el pequeño conejo en aquellas fotografías le fascinaba.
-Eres ¿como un rey ahora, Walter Disney?-
El hombre suelta una carcajada.
-Me imagino tu sorpresa. Ahora tengo un estudio enorme, montones de personas trabajando para mí, tengo un parque ¿Puedes creerlo, Oswald? Un parque enorme con mi apellido...- debería sonar entusiasmado pero no, reflexiona -Sin duda que no podías imaginarte eso, cuando la última vez que me viste tenía 26 años-
-Tienes ahora 26 años, Walt ¿O no?-
-No, claro que no- el hombre sacudió la cabeza -Y tú solo eres una alucinación producto de mi mente enferma de tantos medicamentos. No debería estar hablando contigo-
Oswald se entristece al oír eso.
-Oh- suspira y tuvo muchas ganas de dar la media vuelta y marcharse. Después de todo siempre fue un olvidado, un personaje al cual Walt Disney enterró en su pasado como si nunca hubiera existido. Pero en vez de eso, levanta su nariz y sigue: -Bueno, me alegra saber de todo el éxito que has tenido. Lo que no tuviste conmigo. Creo que no podría tener más-
Walter refunfuña como si con eso alejara los recuerdos. Aquello ya lo había sepultado, enterrado en el pasado y cuando él enterraba algo en el pasado, no quería volver a saber de eso.
El conejo seguía allí en su visión.
-Oswald... tengo cáncer- confiesa, abriendo su corazón a aquella visión -Sí, así es, tengo cáncer y casi nadie lo sabe, nadie sabe que tengo los días contados-
Oswald hizo silencio.
-Toda esta parafernalia, el nuevo parque en camino... cuando en realidad yo estoy muriendo-
Silencio, terrible silencio en la oscura oficina de otra realidad.
-Qué triste circo. Eso es lo que debes ver de mí ahora, Oswald. Ésa es la verdad-
Entonces el conejo se acercó al hombre tras el escritorio, todo adornado con sus glamorosas victorias.
-Ya que estoy aquí, ven-
Su pequeña manito negra se extiende hacia él.
