Revelación


Los dedos temblaron, sin poder apartarse de los cabellos dorados.

La muchacha sintió su corazón encogerse.

Dorados como los de Chat Noir.

Como los de su compañero de clases de apellido Agreste.

—Eres...tú... — ella trató de mantener su voz estable. Los párpados del muchacho moviéndose con lentitud. Las sombras haciendo un contraste con la esmeralda mirada que estaba inestable por el despertar.

Ojos verdes como los de su compañero de batallas Chat... y como los de Adrien.

—Lady... ¿eres tú? — respondió el otro desde la cama del hospital, aún con la voz ronca por el desuso, sin embargo no pudo evitar que sus emociones fluyeran —¿Puedo llamarte mía?

Era una burla del destino, pues ella quiso olvidarlo.

A Adrien.

Y deseó una oportunidad.

Con Chat Noir.

La joven sintió una lágrima correr por su pálida y fría mejilla.

Todo se reducía a él, siempre a él.

¿Lo que más le golpeaba en el pecho? Él no la reconocía.

¿Lo que más le rompía el alma? Ella lo ignoró, teniéndolo a su alcance.

—Chat murmuró, con una sutil voz, entendiendo el juego absurdo en el cual han estado envueltos. ¿Amores cruzados? ¿Despistados nivel supremo? Ambos son la prueba andante. — Oh... Chat.

El otro pareció, literalmente, un felino callejero y desprotegido, ansioso de una caricia de alguien que quiera ser su ama. Su cabeza se restregó, alzando la misma como un gato. Solo le faltaba ronronear para completar el panorama.

—Disculpa mi lady... Me has sonado como una compañera... ella lo vio sonreír, con genuino afecto — Pero siempre eres tú la única.

Marinette siguió meditando sin despegar sus dedos de los cabellos dorados. La comprensión abriéndose lentamente en su mente.

Era él.

Siempre, SIEMPRE fue él.

Sonrió, sin poder evitarlo.

Otra lágrima se deslizó por su rostro.

Y él no la quiere.

Solo parece amar a la que se atreve ser, bajo una máscara, con poderes asombrosos, sin ser juzgada por nadie.

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—Eres asombroso — expresó la fémina de nacionalidad japonesa, deslizando su mano hasta entrelazar los dedos con su esposo, quien en ese momento le respondió con una muy sutil sonrisa. De inmediato agregó, en una forma un poco altiva, como generalmente es él —Aunque siempre lo supe.

Félix arqueó una ceja, en clara señal de incredulidad.

—Lo que siempre vi fue cómo tropezabas con todo y mantenías abruptamente el equilibrio — Pareció razonar unos instantes sobre sus recuerdos —Aunque así también eras como Lady.

La otra no pudo evitar un sonrojo en sus mejillas y una pequeña risita de disculpas.

Es que... Yo... No sabía cómo tartamudeando, esquivó la mirada intensa del rubio, aún sintiendo que estaba en un sueño al saberlo su esposo Mou, me estás poniendo nerviosa.

La mirada felina del rubio brilló de ansiedad. Luego cerró los ojos momentáneamente, como conteniendo sus oscuras pasiones.

—Esta madrugada estarás libre... Pero solo espera a que me recupere.

La joven no tuvo cómo refutar. Abruptamente se dio cuenta de la presencia de una enfermera pelirroja, que aprisionaba su cabello en un rígido moño.

—Monsieur Agreste —saludó en francés, y de inmediato recordó que, al parecer por el japonés que hablaban cuando ella entró, están más familiarizados con la cultura oriental, por lo cual agregó a sus palabras una inclinación de cabeza en señal de saludo. —Su... Familiar... Agreste se encuentra en el consultorio del Docteur Faure, nuestro especialista que llevó a cabo la intervención quirúrgica de monsieur Agreste, eh... Adrien, me refiero.

—Sí, y espero que se mantenga en absoluta reserva este procedimiento que se está realizando y mi hora de ingreso —replicó el rubio, en perfecto francés.

La otra asintió, recalcando la alta integridad y confidencialidad que maneja la clínica Bourgeois en todos sus pacientes.

—¿En qué tiempo se termina este proceso? —Félix no la dejó terminar porque lo que menos quería era escuchar halagos sobre el sitio. Quizá, si salvan la vida de Adrien, estaría pensando en analizar cambiar de parecer. —También deseo saber el tiempo en que conllevaría implementar a Adrien la transfusión.

La enfermera pareció no inmutarse por la brusquedad del hombre. Revisó sus anotaciones y confirmó que en veinte minutos estaría programado iniciar la transfusión.

Esperó unos instantes adicionales y se prestó en quitarle la aguja al brazo del rubio. No mencionó nada sobre las manos entrelazadas de la pareja y, muy profesional, etiquetó las bolsas de sangre con el nombre de Adrien Agreste.

Félix intentó ponerse de pie, pero de inmediato sintió que las fuerzas lo abandonaban. Fue una suerte que estuviera cerca de Marinette quien reprochó su actitud.

—Debes descansar unos instantes — le pasó un vaso de yogurt natural para que lo tomara, además le acercó el plato de frutos secos —No hay por qué apresurarnos.

—Sí —aceptó él, notando la sonrisa de autosuficiencia de ella, por lo que la molestó de la mejor manera que conocía —Bridgette.

La vio contener el aire y rodar los ojos. Le encantaba verla así, tan expresiva, dándole a su vida una chispa de dulce realidad donde no todo es malo ni cruel y que, incluso los de mala suerte como él, pueden llegar a tener su final feliz.

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Dentro del bolso de Marinette, la chica francesa, el kwami de la destrucción se estaba impacientando ante tanto mutismo por parte de la portadora del kwami de la creación. Tikki, por su parte, estaba tratando de calmar las ansias.

—Sabes lo que significa Adrien para Marinette — siguió diciendo la pequeña — Aún pienso que ha sido muy duro de tu parte ponerla en este punto.

El otro le dio una gélida mirada. De no ser por los miles de años en conocerse, quizá Tikki se hubiera resentido.

—Entonces lo normal y justo — respondió con evidente ironía — era que Adrien muriera y Marinette jamás tuviera su oportunidad de despedirlo debidamente.

La otra suspiró profundamente.

—No eres el causante de la muerte de Chat Noir — insistió ella —No la de Adrien, ni la de los demás.

—¿Qué puedes saber de ello? — refutó Plagg, observado nuevamente el bolso cerrado. Era una ventaja que, por pasar mayor parte de su existencia dentro del anillo, descartara cualquier signo de claustrofobia.

—Por lo que le contaste a Marinette... — Tikki esperaba no estar rompiendo ninguna ley sobre ello, después de todo, mantener la identidad de los portadores de los miraculous era primordial, pero él renunció... y ella lo siguió. El guardián aceptó en ese entonces aquella decisión. — Plagg... Si te demuestro que no eres el causante de la muerte de los portadores de los miraculous del gato... ¿Liberarás a Marinette de esa estúpida promesa?

El felino bufó, en señal de irritación. El tema era demasiado espinoso para hablar y Tikki se empeñaba en ello.

—Tráeme a uno de ellos — dijo manteniendo el tono de ironía — Pero obviamente no debe ser invocado desde el más allá. Aunque desconozco qué les pasa a los humanos luego de la muerte, tienes más de una docena para elegir. Es más, te lo haré más sencillo, podemos ir a donde antes estaban los anteriores Chat Noir... elige entre China, México...

—Japón— observó Tikki, sin ceder ante la clara provocación del felino negro, siendo directa y sabiendo utilizar las palabras precisas para darle un golpe verbal, en donde parece que más le afecta.

El otro lo pensó unos instantes.

Ingenuidad. Plagg pensó que tenía eso Tikki en demasía. Ningún humano sobrevive a una caída como la que tuvo Félix.

—Claro que sí, y me llevarás en primera clase. — aceptó el felino — Quiero ese lujo antes de ser destruído.

La otra inspiró una cantidad considerable de aire, seguramente creando para sí misma paciencia ante la necedad de su compañero de batallas. Apenas exhalaba el aire cuando se percata que Plagg empieza a ir a la parte superior de la cartera.

—¿Qué estás haciendo? — reprochó Tikki — Pueden verte.

—Demasiado silencio me está irritando. — Plagg siguió su camino hacia su anhelada libertad. Era una bendición poder pasar por cualquier objeto, o estaría fastidiado - más aún - por estar forcejeando con una cartera de una muchacha promedio que estaba llevando totalmente al ras toda su paciencia, aunque en honor a la verdad, no es que precisamente tuviera mucha.

En ocasiones se había sentido tentado a arreglar ese asunto de Adrien y su amor desmedido por una enmascarada, creyéndola lejana cuando realmente la tenía más a su alcance que nunca, pero existía esa fuerza mayor de no develar sus identidades o podrían ocurrir cosas malas.

Félix fue un claro ejemplo de ello, por salvar aquella ocasión a Plagg, terminó joven y muerto, sin jamás haber concretado su amor por su lady. En ese entonces Plagg desconocía la identidad de aquella a quien Tikki brindaba sus poderes, o también hubiera hecho algo para quitarle ese anhelo de querer al rubio que vivió en Japón, cuya vida solo era presión, soledad, ansiedad y añoranza por su familia que estaba en otro país.

El felino de la destrucción sintió un dolor atravesarle en lo que, imaginaba, era su corazón de gato negro. Invocó de manera natural sus poderes para traspasar el bolso, ignorando el susurro de Tikki que deseaba detenerlo. A ella no le quedó otra más que seguirlo, aunque se iba a mantener más oculta que su compañero.

Al salir del bolso, Tikki notó cómo los ojos verdes de Plagg brillaron de la impresión ante la imagen que observaba.

Al fin lo entendió.

Marinette amaba a Adrien.

Real, puramente, sin egoísmo.

Lo amaba.

Y le dolía estar perdiéndolo.

—Chat...— la voz se le quebraba al hablar, ella hacía pausas en su respiración para controlar sus sollozos, pero no podía evitar que las lágrimas se deslizaran por sus mejillas.

El rubio estaba sin máscaras, con el cabello alborotado tal cual lo llevaba en su alter ego de héroe de incógnito.

Lo siento tanto, lady — respondió en tono ronco el otro. — Pensé que iba a llevarme menos tiempo...

Shhh... no hables, por favor — ella sintió que la voz le volvió a temblar, por lo que hizo una profunda pausa e inspiró fuertemente — Por favor... resiste... por favor... no me dejes...

Adrien hizo una mueca de dolor, moviendo su mano hacia la sonda que tenía en su costado, no sabiendo si quitársela o acomodarla para que sea menos molestosa.

—¿Qué es esto? — preguntó, confundido ante aquel objeto atravesando su piel. Solo hizo la única conclusión a la que llegó a su adormilado cerebro —Ha sido peor de lo que pensaba.

La voz sonó claramente adolorida, su cuerpo reaccionando más a su entorno. Los ojos verdes cada vez menos nublados. Fue consciente del sonido del electrocardiógrafo, marcando los inconsistentes latidos de su corazón por lo que podía escuchar. Movió su cabeza hacia aquel equipo médico, aunque en su ignorancia no podía decir qué tan mal se encontraba.

Los ojos de la fémina también se dirigieron a aquel aparato, el cual llamó la atención de Plagg. Los humanos sorprendían al felino mágico, buscando formas de eludir a lo inevitable. Desgraciadamente sus cuerpos estaban destinados a la muerte desde el mismo instante en que tienen un soplo de vida. Solo algunos tenían la mala suerte de toparse con él y acelerar el proceso.

Plagg observó cómo el aparato emitía, por medio de la pantalla, unas raras líneas acorde al pitido. Por impulso sintió una mirada sobre él, volviéndose hacia esa sensación.

Descubrió la mirada verde de Adrien, y una sonrisa cálida.

Era la misma que le había dado Félix antes de renunciar a sus poderes y morir.

Demonios.

—No se te ocurra renunciar a mí — objetó el felino, con un tono cortante.

Adrien soltó una risa, que le aquejó más malestares físicos.

—Jamás lo haría — replicó el rubio — Sin importar las circunstancias.

Aquello abofeteó en sentido figurado al kwami de la destrucción. Las palabras procesándose en su mente. Definitivamente Adrien era alguien muy peculiar.

La atención del rubio se volvió hacia la chica, aún entre las sombras y la poca claridad que dejaba la habitación.

Lady... es muy tarde — Marinette se estremeció ante esas palabras — Deberías ir a tu casa, a descansar.

No puedo — respondió ella de inmediato. Adrien fue consciente de la voz preocupada, tratando de esconder sus temores.

Estaré bien — insistió el rubio. —No quiero que te desveles por este gato. Ni sigas llorando más.

Marinette no pudo ocultar más su estado. Se estaba derrumbando frente a él. Tikki, que se había mantenido a un margen, aceptó que en parte Plagg tenía razón. Había que destruir esa brecha que los separaba en un momento tan crucial y quizá puedan crear un final diferente. La pequeña roja sobrevoló hacia el hombro derecho de la muchacha, e hizo lo que pensó que era lo mejor. Como pudo, en su diminuto cuerpo, le brindó un abrazo, deseando transmitirle fuerzas.

Adrien observó a la kwami de la creación. No distinguía sus colores, pero no necesitaba más para saber que se encontraba ante aquel fantástico ser que le da sus poderes a la Lady que lo enamoró tanto en su vida de Adrien como en la de Chat Noir.

Sonrió suavemente.

Había roto una barrera más con ella, quien siempre decía que jamás deberían saber sobre sus identidades, ni ponerse en riesgo. Que eran más super héroes antes que nada.

Entonces...

Él le importaba.

Chat Noir.

No Adrien, el modelo famoso y de vida perfecta.

Era el felino a quien había ido a ver, aquel que, bajo una máscara puede desatar sus pensamientos y emociones, sin seguir patrones de comportamiento o aparentar una felicidad que no siente, todo por cubrir apariencias.

El que se permitía ser egoísta y querer el amor de su lady, coqueteos torpes e insistentes. Desesperación ante los nulos avances, ansiedad ante una nueva oportunidad. Felicidad por verla una vez más.

—Eres...— murmuró ronco Adrien. Tikki no dejó de abrazar a Marinette, y buscó la forma de no romper las reglas impuestas. Los brillantes ojos de la kwami le delataron en silencio la verdad, moviendo la cabeza en señal de afirmación. — Qué bueno — suspiró aliviado. Así ella podría salir, con la protección de sus poderes.

—Tiene que saber quién eres realmente murmuró la kwami, asombrando a Marinette — Así como él dedujo quién era yo.

La idea llegó al cerebro de la muchacha, deteniendo sus lágrimas. El corazón le latía con fiereza. Adrien amaba a Ladybug, la heroína, no a su compañera de clases torpe y nerviosa.

Él ama a Ladybug.

Este último pensamiento lo murmuró lo suficientemente audible para Tikki, quien atinó a usar sus pequeñas manos para golpear suavemente el rostro de la muchacha.

—Tú eres Ladybug replicó la pequeña, un poco más audible y, con aquella verdad, logró que Adrien sonriera y olvidara momentáneamente sus malestares físicos.

Marinette acarició la mejilla pálida de Adrien. El electrocardiograma empezó a emitir un sonido más acelerado. Adrien abrió los ojos, encontrándose con los azules de ella, brillantes aún y con rastros de lágrimas.

El entendimiento llegó al rubio. Marinette pudo deducir en el preciso instante en que la vio realmente, más allá de las sombras y de máscaras. Sintió la piel entibiarse bajo su palma, aunque no sabía si aquello fue a causa de ella brindándole calor, o él sonrojándose.

El rubio abrió los labios, sintiendo una repentina necesidad de humedecerse los mismos, ante aquella verdad que había llegado en el segundo en que cruzó mirada con aquella que lo hacía soñar. La notó temerosa. Supo que ella había notado que él, de alguna manera, la ha descubierto.

Sin palabras. Sin secretos.

Por fin.

—Marinette murmuró el muchacho. No había preguntado, o esa fue la impresión que dio.

El electrocardiograma delató un acelerado palpitar al que ninguno de los dos le prestó atención pero incomodó a Plagg, quien se tensó, buscando el lugar exacto de dónde provenía ese molestoso pitido.

La joven tembló, incapaz de negar la conclusión a la cual ha llegado. No existe manera de defenderse de la verdad.

—Adrien respondió temblorosa, su mano deslizándose lentamente para apartarse de la mejilla. Se detuvo al sentir la mano de él sobre la de ella, el movimiento fue brusco, haciendo que el rubio ahogara un gemido de dolor porque justamente en esa mano poseía el catéter conectado al suero.

Él sintió la mano tensa de ella por lo cual la presionó contra su mejilla. También sentía que el calor se expandía por toda su piel, pero no era una sensación desagradable. Con lentitud, como un felino temeroso acostumbrado al maltrato sin embargo siempre buscando un poco de afecto, movió el rostro hasta que sus labios entraron en contacto con la palma de la muchacha, quien parecía que había olvidado cómo respirar.

Literalmente Marinette sintió la sonrisa de Adrien expandirse, él siguió moviendo su cabeza hasta que fueron los dedos de ella que llegaron a su boca.

—Marinette repitió el joven, verdaderamente feliz ante aquella verdad que le sabía tan dulce en aquel momento amargo — Me alegro mucho que seas tú.

Ella sintió que las piernas le fallaban, por lo cual se agachó un poco, usando su otra mano libre y el borde de la cama para estabilizarse. Le devolvió la sonrisa, sintiendo las mejillas rojas y calientes.

—Adrien, también estoy feliz porque eres tú ella se sintió libre de admitir — Siempre fuiste tú, siempre serás tú.

—¿Serás mi lady? preguntó el rubio, aprovechando la cercanía de sus rostros — ¿Puedo llamarte mía? Los labios resecos de él se humedecieron ante el encuentro de los de ella. Marinette, impulsivamente, se había abalanzado sobre Adrien, para besarlo.

Ninguno de los dos supo cuánto tiempo transcurrió, solo que Marinette tuvo que apartarse abruptamente cuando la puerta se abrió y de inmediato la luz fue encendida. Tikki, apresurada, empujó a Plagg contra el electrocardiograma y de inmediato lo haló hasta quedar los dos bajo la cama.

Marinette tuvo que parpadear ante la repentina luz, al igual que Adrien, quien distinguió borrosamente a una persona vestida de blanco, que estaba junto a alguien rubio, vestido con ropas oscuras, abrazando a una persona más baja, de cabello oscuro y largo.

El que estaba en la cama se imaginó por unos instantes estar así con su Marinette. Aquel pensamiento lo hizo sonreír y cerró los ojos.

El electrocardiograma emitió un largo y constante pitido.

Continuará...


gabrielyalejandrarengellopez también lo puedo dejar aquí jejejejeje