CAPÍTULO 4
EL VUELO AL PARAÍSO
La mayoría del grupo de caballeros estaban asustado de encontrarse frente al caballero de oro de Géminis, de quien se decía era el más poderoso de todos. Algo que muy bien comprobaron en la batalla que Seiya y sus amigos libraron en las doce casas.
- Esto no tiene ninguna lógica. Se supone que Saga murió en la batalla quitándose él mismo la vida, entonces, ¿quién está vistiendo la armadura de Géminis? – Preguntó una de las mujeres caballero.
- ¿Y si Atenea lo resucitó?
- En ese caso tendremos serios problemas.
- No digáis tonterías – los calló Kurama, sin perder la calma - . Todos lo visteis, Saga murió en el templo de Atenea.
- Entonces, ¿quién está frente a nosotros, Kurama?
- ¿Acaso os habéis olvidado de Kanon, el hermano gemelo de Saga y que fue el causante de la batalla contra Poseidón?
- ¿K-Kanon has dicho?
- Eso es imposible, tras la batalla desapareció.
- Si, sin embargo protegió a Atenea en el último momento. A fin de cuentas también era capaz de usar los poderes de Géminis. Sin embargo… ¿qué me dices tú, Marco?
Del grupo se adelantó un pequeño caballero de armadura blanca, que se ajustó las gafas, mirando bien al caballero de Géminis. Todos estaban listos para pasar al ataque ante cualquier movimiento sospechoso. Sin ningún temor, el caballero siguió el paso atravesando la figura del caballero de oro, ante la mirada atónita de sus compañeros.
- Como sospechaba. Es una ilusión amigos.
Como si esas fueran las palabras mágicas, la figura del caballero de oro desapareció en la nada, parecía que nunca había estado allí. Los caballeros renegados no comprendían nada.
- ¿Q-Qué ha pasado?
- ¿Hemos sido víctimas de la famosa ilusión de Géminis?
- Da igual lo que haya pasado, la cuestión es que podemos seguir al templo de Cáncer sin preocuparnos de nada más. De modo que, adelante.
Todos emprendieron de nuevo la marcha, salvo uno de ellos que llevaba una armadura de vivos colores. Fue él único que permaneció inmóvil.
- ¿Qué te pasa, Ark? ¿No vienes?
- No. También te habrás dado cuenta, ¿no, Kurama? Los cosmos de Bernardo y Ford se han extinguido no hace mucho. Y Seiya se aproxima. Me quedaré a cortarle el paso.
- Está bien, pero ten cuidado.
- Descuida.
No tardó en perder a sus compañeros entre las sombras del oscuro templo. No había mentido. Como otros muchos de sus compañeros, había sentido como el cosmos de su compañero desaparecía en la nada. Del mismo modo sintió el cosmos de Seiya acercándose. Pero, parecía ser el único de haberse dado cuenta de algo más.
- ¿Hasta cuando piensas estar escondido? Da igual que ocultes tu cosmos, tu agresividad es tan grande que podría notarse a un kilómetro.
No obtuvo respuesta. Aun así lanzó una ráfaga de cosmos con un aleteo de las plumas de su brazo derecho, que destrozó los pilares sin ningún problema. Entre el polvo, se alzaba una figura de un joven de cabello azulado, no mucho mayor que él.
- Sabía que eras tú… Ikki, el caballero del Fénix.
Ikki se dejo ver, ahora que ya había sido descubierto. No esperaba que lo encontrasen si apagaba por completo su cosmos. Al parecer, no sirvió para nada.
- ¿Cómo sabías que estaba aquí? – Preguntó, interesado.
- Vamos, lanzas tu Phoenix Hōō Gen Ma Ken, ¿y esperas que nadie se dé cuenta? Has tenido una muy buena idea.
- No me iba a enfrentar a un grupo tan numeroso yo solo. Y menos si se trata de gente con la que comparto parte de mi sangre.
Ark rió, ¿iba en serio lo que le estaba diciendo?
- ¿Tú misma sangre? Vamos. Solo nos une la relación con una persona.
- Kido Mitsumasa…
- Hace un año intentaste destruir todo lo que él creó. Eres digno de alabanza por nuestra parte. Dinos, ¿por qué renegaste de tu cometido, Ikki? ¿Por qué te uniste a la labor de su nieta?
- Mi odio hacía ese hombre y mi deber como caballero no tienen nada que ver, Ark.
- Mpf… ¿me vas a decir que desististe de tu labor porque Kido Saori demostró ser Atenea? Ya, ¿y qué?
- ¿Lo sabéis y aun así estáis alzando vuestra mano contra la diosa que debéis proteger?
- Atenea es el nombre de nuestra diosa, tienes toda la razón. Sin embargo, Kido Saori es la versión humana que nos estuvo torturando y maltratando en nuestra niñez. Lo recordarás bien, ¿no, Ikki? Los latigazos que recibíamos si no éramos obedientes… el constante maltrato y humillación al que nos sometía esa niña caprichosa, estoy seguro que tú, especialmente, no lo habrás olvidado.
Aunque lo intentase, no podría. Ikki, sobre todo, uno de los considerados más rebeldes del grupo de los cien huérfanos, recibió en incontables veces los golpes de la espada de bambú de Tatsumi por su rebeldía. La mayor paliza sin duda fue cuando lo enviaron a la isla Death Queen, donde fue enviado en el barco casi inconsciente.
- ¿Por qué no te nos unes, Ikki? Tú ya libraste batalla en estos templos una vez, contigo a nuestro lado nos será más fácil llegar hasta Saori. Podremos destruir lo que nuestro desgraciado padre creó.
Ikki guardaba silencio. Ark pensó que estaba dándole vueltas a su oferta. Se llevó una desilusión cuando el caballero del Fénix dejó salir su enorme cosmos.
- No estoy interesado en vuestra venganza. De modo que si quieres seguir adelante, tendrás que derrotarme, Ark.
- Ya veo… al final te has convertido en un perro faldero más de esa mocosa caprichosa… en se caso… - calló al oír unas pisadas que provenían de la entrada del templo de los gemelos.
Corriendo a toda velocidad, apareció Seiya, que se detuvo al ver a los dos caballeros.
- ¡Ikki!
- Seiya, ¿qué haces aquí?
- Estoy siguiendo al grupo de Kurama y los suyos y… - se fijó entonces en Ark - ¿D-Dónde están?
- Han seguido adelante. No te preocupes, persíguelos. Yo me ocuparé de él.
- ¿De verdad? – Sonrió maliciosamente, lo que no gustó al caballero del Fénix.
Una rápida ráfaga de cosmos salió disparada de la nada hacía Seiya. Ikki logró desviarla, protegiendo a su compañero.
- Date prisa, Seiya.
- ¡Voy! ¡Ten cuidado!
Seiya logró pasar, lo que no quitó que Ark fuera tras él. Ikki le cortó el paso, agarrándolo del brazo y empezando a dar vueltas, hasta lanzarlo por los aires. No tuvo problemas en recuperar el movimiento en el aire, eso no quito que Ikki ya estuviera de camino para atacarle. Con el movimiento de las alas destrozó una de las columnas y lanzó los escombros contra el caballero de bronce. En respuesta, Ikki los destrozó una ráfaga de su cosmos, pero, su enemigo ya estaba listo lo agarró de la cara, descendiendo a gran velocidad, lo estampó contra el suelo para luego lanzarlo contra la pared.
- Eres más rápido de lo que me esperaba. Sin embargo, no puedo perder el tiempo aquí contigo, Ikki.
- Ya te lo he dicho – logró levantarse. En realidad no había sufrido tanto daño - . No vas a pasar sin antes derrotarme.
- Por esto voy a acabar contigo de un solo golpe.
- ¿De verás? Lamento decirte que me estás subestimando, pues.
- Para nada… antes que nada, permíteme presentarme: soy Ark, caballero de bronce del ave del paraíso.
- ¿Acaso debería darme miedo oír tu nombre?
- Claro que no – rió - . Sin embargo, dime, ¿sabes por qué entre todas las especies de pájaros, la de mi armadura es conocida como "ave del paraíso"?
- ¿Por qué? – En verdad, le importaba bien poco.
- Antiguamente, cuando fue descubierta esta nueva raza, los humanos pensaron que, por sus brillantes colores y hermosura, estos animales habían venido desde los campos elíseos, enviados por los Dioses, para mostrar a los humanos una parte de la belleza que les esperaba en el otro mundo.
- ¿Me estás diciendo que vas a derrotarme con tu hermosura? Si ese es el caso eres aún más narcisista que Afrodita.
- Para nada… - un cosmos multicolor rodeo su cuerpo - . No soy defensor de la belleza ni defiendo la mía propia…solamente voy a enviarte a un mundo donde dormirás para toda la eternidad.
- ¿Enviarme? Je… deberías saber que las últimas veces que alguien intento enviarme a algún lado siempre acabé regresando. No me das miedo si es eso lo que pretendes.
- El Another Dimension de Saga y el Golden Triangle de Kanon nada tiene que ver con esta técnica, Ikki – alzó los brazos y fue descendiéndolos, dejando una estela de vivos colores a su paso.
- ¡¿C-C-Cómo sabes eso?
- ¡Tori no mahou no uta!
Parecía magia, porque Ikki empezó a ver un montón de aves de varios colores a su alrededor, que entonaban un extraño, pero hipnótico canto. Intentó taparse los oídos para no escucharlo, porque se le metía de lleno en el cerebro y sentía que su cuerpo dejaba de responderle.
- Es inútil que intentes evitar escuchar su canto, Ikki. Una vez que estas aves entonan su canción, quien la escucha solo puede viajar a un mundo donde le espera el sueño eterno.
- N-No… ¡Ho yoku ten sho!
Las alas del Fénix no sirvieron de nada contra esas aves. Lo intentó otras dos veces más, obteniendo el mismo resultado. Era algo inconcebible, porque tampoco podía alcanzar a Ark.
- No te molestes en usar tu ataque, Ikki. Nada puedes hacer, ya te lo he dicho. Ahora… - empezó a mover los brazos como si estuviera batiendo las alas - ¡Desaparece!
Una fuerte ventisca apareció de pronto e Ikki se vio empujado por ella, sin poder evitarlo. Su cuerpo fue desaparecieron, hasta finalmente, desaparecer en la nada.
Mientras los rastros de su ataque desaparecían, Ark pensó que había sido una pena tener que librarse de alguien como Ikki. Habría sido un gran aliado. Aunque, viendo su carrera como caballero, igual podría escapar de su ataque. Estaba deseando comprobarlo.
Iba a darse prisa en ir tras Seiya, no debería haber podido llegar muy lejos teniendo en cuenta el cansancio que parecía tener. Sin embargo, al sentir un cosmos familiar en el templo del gran cangrejo, decidió ir más despacio. Si, esa persona se ocuparía de ese estorbo sin lugar a dudas.
Shun se levantó de la cama alterado. Había tenido una pesadilla. Una siniestra figura atravesaba el corazón de su hermano. No sabía porque llevaba toda la semana teniendo ese sueño una y otra vez. Encima, sentía que algo malo le había pasado a su hermano mayor.
Tras la derrota de las tropas de Poseidón, regresó a la mansión Kido. Su hermano desapareció tras la batalla, no diciéndole, como era habitual en él, a donde iba a ir. En su interior sentía que algo malo le acababa de ocurrir a su hermano mayor. Al menos, eso le decía su corazón.
- Hermano… ¿dónde estarás ahora? – Salió al balcón, donde vio como descendía una estrella fugaz.
Iba a pedir un deseo, pues en Japón se decía que se cumpliría si lo pedías antes de que la estrella desapareciera. Sin embargo, antes de poder terminar su petición, sintió otra vez una mala sensación, como si algo muy malo estuviera ocurriendo, aunque no podía saber con certeza que era.
- ¿Q-Qué habrá sido eso…? Por un momento… he sentido el cosmos de mi hermano…
Seiya llegó sin muchos problemas al templo de Cáncer. Esperaba poder alcanzar al grupo allí, porque Aioria solo no iba a poder con tantos al mismo tiempo cuando ni Mu ni Aldebarán pudieron detenerlos. No pueden subestimarlos solo por ser caballeros de bajo rango.
Desde la muerte de Death Mask, el templo de Cáncer estaba vacío. Muchos lo preferían, porque adentrarse en un templo que estaba siempre lleno de caras, incluida de niños, que habían muerto a manos de ese monstruo, no era nada agradable. Ahora, parecía una casa más. Saltó el último tramo de escalera, dispuesto a entrar a toda velocidad en el templo, hasta que una luz lo cegó.
Aterrizó, deslumbrado. ¿Un ataque enemigo? ¿Le estaba esperando? Si era así, no iba a caer tan fácilmente. Abrió los ojos, dispuesto a luchar, pero se llevó una sorpresa. Ante él no estaba el interior de la casa de Cáncer, no, todo lo que había era una extensa colina y un cielo de un tono rojizo, como la sangre. A su alrededor, un montón de gente caminaba en varias filas, en dirección a una gran montaña.
- N-No puede ser… esto es…
- Eso es, Seiya. Ahora mismo te encuentras en el mundo de los muertos, muy cerca del Yomotsu Hirakasa – apareció un cosmos de la nada, que reconoció enseguida.
- ¡Kurama! ¿Has sido tú el qué me ha enviado aquí? P-Pero solo Death Mask podía…
- Te lo dije en el templo de Aries, ¿recuerdas? Conozco los ataques de todos los caballeros, Seiya. Como estábamos en el templo de Cáncer, he pensado que es mejor luchar aquí.
- ¿Vas a cortarme el paso?
- ¿No es obvio? Si quieres seguir, tendrás que vencerme. Y, ya te adelanto, que eso va a ser imposible para ti, Seiya.
- Eso ya lo veremos.
TRADUCCIONES:
Yomotsu Hirakasa: Colina de los muertos que siguen los muertos antes de caer al infierno
Phoenix Hōō Gen Ma Ken: Puño de la ilusión diabólica del Fénix
Another Dimension: Otra dimensión
Golden Triangle: Triángulo de oro
Tori no mahou no uta: El canto mágico de las aves
