- Título: Reuniendo las piezas perdidas
- Autor: Babi Cullen
- Disclaimer:Twilight y todas sus referencias no me pertenece, son de la escritora del best-seller, Stephanie Meyer.
- Algo que deben saber:
1.- Esta historia es de mi completa autoría, aunque no los personajes. Tiene aportes de mi amiga Jennifer, así que es de ella en parte.
2.- Escribo solo porque me gusta. No soy una experta y puede que tenga muchos errores, pero trato de hacer lo que se puede.
3.- Espero que a ustedes también les guste.
ENJOY!
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Unas semanas más tarde ya no había vuelta a atrás. El rubio y sus dos pequeños se encontraban en el aeropuerto a la espera de que su vuelo con dirección a California embarcara.
Los abuelos Cullen los habían ido a dejar al aeropuerto y todo había sido un gran llanterío. Elizabeth no dejaba a sus nietos y derramaba un río de lágrimas, aunque sabía que solo sería por un tiempo corto, como unas vacaciones. Por otro lado Aro intuía que su hijo algo se traía entre manos, pero no lograba adivinar qué era.
Ahora estaban sentados en la sala de embarques, esperando a que los llamaran, y comiendo unas galletas con forma de animalitos. Eran un tanto infantiles para alguien como Carlisle, pero a sus hijos les gustaban y no podía hacer nada contra eso.
Jasper volvió a meter una galleta en la boca de su padre mientras reía y luego se llevó una a la suya. Estaba entretenido dándole de comer a su papá y Carlisle no se negaba a que lo hiciera.
Rosalie, por su parte, miraba una vitrina de una tienda de dulces donde había golosinas de todo tipo. Alucinaba con cada uno de ellos y sus ojos brillaban con adoración.
Pronto el llamado para abordar fue realizado y el joven padre tomó a sus dos hijos para subir al avión. Era una suerte que la fila fuera de tres asientos para poder controlar a sus dos diablillos durante lo que durara el vuelo.
Tan pronto como el avión se elevó, los dos niños cayeron rendidos. Y era lo lógico considerando que el rubio había comprado el primer vuelo a las cinco de la mañana para poder viajar. Los niños solían despertar más tarde y la noche anterior casi no habían dormido por la emoción, por lo que aún tenían unas horas de sueño acumuladas.
Lo que él no sabía era que también estaba cansado y sus ojos comenzaron a pesarle demasiado como para estar abiertos. Se acomodó en el asiento y pronto cayó rendido.
Cuando volvió a abrir los ojos fue sólo porque una azafata lo removía con insistencia. Estaban por aterrizar después de unas cuantas horas y quería avisarle que debía acomodarse. Le sonrió y agradeció por el gesto.
Nueve de la mañana y ellos estaban aterrizando en la calurosa ciudad de Los Ángeles. Daba gracias que se le había ocurrido no abrigar demasiado a los niños esa mañana o ahora estaría acarreando maletas, mochilas, su maletín y chaquetas por todo el aeropuerto. Además de llevar a sus hijos de la mano.
Cogió el primer taxi que encontró disponible y se fueron hacia el departamento donde se hospedarían durante su estadía en la ciudad. Había decidido que era mejor eso que estar pagando por un hotel que le saldría un ojo de la cara.
Querida Esme, estoy en Los Ángeles de viaje. Espero poder verte algún día para recordar viejos tiempos. Te amo Mensajeó el rubio a su eterna enamorada.
Esperaba que durante su estadía la pudiera ver… Es más, no se marcharía sin ver a la castaña de ojos verdes que se había robado su corazón hace tantos años.
En otro lado de la ciudad se encontraba una ajetreada Esme corriendo de un lado para otro en un hospital de la ciudad de California. Atender pacientes pediátricos podía ser algo demasiado atareado. Pero le gustaba lo que hacía y se sentía completa cuando los padres o los mismo niños le agradecían por cuidarlos.
Pero también había cosas que ella deseaba y una de ellas era estar en la casa con su hijo, más aún en un día sábado tan soleado como ese. Lamentablemente tenía que trabajar todo el día.
Pero al menos su hijo no estaría solo ya que había salido con sus tíos, primos y abuelos a la playa para pasar un día en familia. Solo faltaba ella ese día.
Su teléfono vibró en su bolsillo, pero no podía contestarlo por el momento pues tenía sus manos ocupadas con su bandeja del almuerzo. Solo pudo verlo cuando se sentó en su puesto habitual.
Querida Esme, estoy en Los Ángeles de viaje. Espero poder verte algún día para recordar viejos tiempos. Te amo Era un mensaje de Carlisle, de eso no había dudas.
Cuando él le dijo que viajaría a California no pensó que sería tan pronto y no se había preparado mentalmente para verlo, pero ya no había nada que hacer. El rubio ya estaba en la ciudad y no podría evitarlo por mucho tiempo.
— Amiga, te puedo asegurar que si dejas de mirar tu celular no se va a escapar— se burló Reneé, su mejor amiga en el hospital. Ella era enfermera de pabellón y la había conocido cuando se mudó a su nueva casa pues era su vecina y la que le consiguió el trabajo en el hospital— Uy ¿Y quién es ese que te dice te amo?
— No es nadie, solo un amigo
— Amiga, un simple amigo no dice eso— espetó tratando de sacarle algo más que eso
— De verdad, es solo un amigo desde hace tiempo— repitió, pero su mirada y postura la delataban
— Claro, claro. Tranquila que no le voy a contar a Edward. Sé muy bien cómo se pone de celoso cuando sabe que estas con alguien— le aseguró llevándose un trozo de tomate a la boca— Ahora, cuéntame ¿De dónde es? ¿Desde cuándo lo conoces? ¿Te vas a juntar con él?
— Aún… aún no lo sé— respondió dejando su teléfono a un lado de su bandeja. Pero no esperaba que Reneé lo cogiera.
— Hola guapo. Qué bueno que hayas llegado y claro que nos juntaremos algún día y recordaremos esos viejos tiempos. Estoy libre el lunes todo el día. También te amo — leyó y Esme de inmediato trató de arrebatarle el teléfono, pero su amiga lo alejaba a cada intento— Y… Enviado
Le entregó su teléfono de regreso y Esme no podía creer que de verdad lo había enviado. Estaba en shock.
— No sabes cuánto te odio, Reneé
— Después me lo agradecerás, Esme. Te lo aseguro— le sonrió— Ahora, cuéntame más de ese antiguo amigo.
Cuando Esme llegó a su casa en la noche la encontró completamente a oscuras. Su hijo aún no había regresado del viaje con su familia, pero ya le había avisado que estaban en camino.
Aprovechó esos momentos a solas para tomar un relajante baño de tina con esas sales relajantes que le había regalado su hermana porque según ella estaba estresada y las necesitaba.
Su teléfono vibró cuando casi se estaba quedando dormida en la tina de lo relajada que estaba y no demoró en cogerlo. Esperaba que fuera su hijo, pero no era él quien la mensajeaba.
Pues entonces, si no te incomoda, podríamos salir el lunes a cenar ¿Qué te parece? Ansío poder verte y me harías muy feliz si me dijeras que sí. Espero tu respuesta
¿Qué le decía? ¿Sí? ¿No? No tenía idea que hacer y solo pensaba en lo mucho que odiaba a su amiga en estos momentos.
— ¡Mamá, ya llegue! — eso la alertó y dejó el teléfono a un lado. Su hijo había llegado y ansiaba verlo.
El guapo rubio que estaba de pie afuera del elegante restaurante de California captaba la atención de las mujeres que pasaban por el lugar y no dejaban de mirarlo hasta que desaparecía completamente de sus vistas.
Carlisle se sentía un poco intimidado con tantas miradas sobre él, pero estaba mucho más nervioso por no saber si su cita asistiría esa noche o lo dejaría plantado.
Había estado preparándose tres horas antes de la hora presupuestada para poder estar decente para la mujer que siempre había sido su gran amor. Estaba seguro que si sus hermanos se llegaban a enterar lo molestarían con que era una niña para esas cosas, pero él quería que todo saliera completamente perfecto esa noche y nada se lo arruinaría.
Un automóvil se detuvo justo frente a él, un taxi para ser más exactos, y desde este bajó la mujer más hermosa del planeta. Bajó Esme.
Venía vestida con un hermoso vestido color verde que hacía resaltar aún más sus hermosos ojos y su pálida piel, unos hermosos zapatos de tacón color negro y un abrigo a juego que colgaba de sus hombros para cubrirla de la leve brisa que corría a esas horas de la noche.
— ¡Wow! — fue lo único que logró decir el rubio ante tal belleza, pero salió pronto de su estupor para acercarse a la castaña y le tendió la mano para ayudarla a salir por completo del taxi. Ella le sonrió a forma de agradecimiento, bajando la mirada al instante al sentirse sonrojada. Sabía que de seguro su rostro estaba completamente rojo en ese momento.
— Gracias— comentó ella terminando de salir con su bolso en las manos
— No hay de que— le indicó el rubio— Gracias por venir y aceptar que nos viéramos. Pensé, de verdad, que no ibas a querer. Estas hermosa y los años no pasan por ti.
— No mientas, Carlisle. Obviamente estoy más vieja y tengo algunas arrugas— se quejó, pero siempre con una sonrisa en el rostro. Esa sonrisa que el rubio tanto amaba y había extrañado todos esos años.
— No miento. De verdad estas guapa y arrugas no sé dónde las viste porque yo no las encuentro— siguió halagándola— Bueno, pero basta de halagos y vamos adentro que la brisa de verdad está fresca y no quiero que enfermes por mi culpa.
El rubio le tendió la mano nuevamente a su eterna amada y, de esa forma, ingresaron al restaurante frente a ellos dónde los recibió un joven que los guió hasta su mesa.
Estaban en la única mesa cuya vista daba directamente hacia el mar, la playa, ese lugar donde se habían conocido y se habían entregado en cuerpo y alma. Esme miraba perdida la oscuridad del paisaje rememorando aquel momento mientras Carlisle pedía los tragos.
Su rostro apenas había cambiado en los años en que no la había visto frente a frente. Sus ojos seguían teniendo ese hermoso color verde esmeralda que le recordaba la selva del Amazonas, su piel tenía ese leve tono tostado que hacía relucir aún más su brillante cabello castaño y su esbelta figura no había desaparecido a pesar del embarazo por el que, sabia, había cursado años atrás.
— Que bueno que tu esposo te dejara venir— comenzó a hablar el rubio, rompiendo con el silencio que se había formado y bebiendo un sorbo de vino de la Copa.
— No tengo esposo— aclaró Esme volviendo la mirada hacia la del hombre— Nunca tuve nada serio como para casarme. Todos resultaron ser unos idiotas que no valían la pena.
— Pues… lo siento— se disculpó, pero ella le restó importancia.
— No te preocupes— le sonrió de regreso— ¿Y tú? Debe haber alguien. Alguna señora Cullen.
— Pues… la hubo. Pero eso se terminó hace un tiempo— Esme no sabía que decir. El si había vuelto a rehacer su vida, pero no había resultado— Ella estaba interesada en otras cosas más importantes que su familia y, para ser sincero, no sé si alguna vez la quise realmente.
— Lamento escuchar eso
— No te preocupes. No me arrepiento ya que gracias a ella tengo a mis dos angelitos— le sonrió para calmarla
— ¿Tienes hijos? ¡Pues claro que sí, los niños de tu facebook! — asintió— Son muy guapos. Iguales a ti.
— Gracias. Pero el tuyo tampoco se queda atrás— halago y Esme sintió que su alma escapaba del cuerpo. Como no se acordó de las fotos en las que salía con Edward ¿Y si Carlisle ya lo había deducido? ¿Y si estaba ahí para recriminarle?
Gracias al cielo la conversación solo llegó hasta eso y no siguió preguntando más. Eso quería decir que aún no sabía ni sospechaba nada, algo extraño pues Carlisle solía ser bastante despierto y atento a esos detalles. Pero bueno, no todo podía igual después de tantos años.
La velada pasó sin contratiempos y, siendo sinceros, podía decirse que había sido bastante agradable. A los dos les había gustado ponerse al día y disfrutar de ese momento, como los amigos que habían sido hacen años atrás y que se había perdido por el paso del tiempo.
Una vez pagaron y estuvieron listos para marcharse, tomaron sua abrigos y salieron del lugar.
— Fue agradable verte, Esme— se despidió Carlisle acomodándole el abrigo sobre los hombros a la castaña. Ella se volteó y le sonrió
— Lo mismo digo, Carlisle. Lo pasé muy bien esta noche— admitió.
El rubio se acercó lentamente hasta ella con la intención de besarla directamente en los labios, pero la castaña corrió su rostro antes de que esto ocurriera y el beso solo acabó en una de sus mejillas. Aun así se congeló y no sabía que hacer. Volvía a sentirse una adolescente que estaba enamorada locamente ¿Acaso aún lo estaba?
Sin pensarlo se volteó y detuvo al taxi que venía a unos metros de distancia. Se despidió rápidamente y se subió, dejándolo pasmado y sin saber que hacer.
Miró por la ventanilla trasera al rubio aún parado en la misma posición y siguió así hasta que se perdió de su vista. Solo regreso a la realidad cuando la gruesa voz del taxista le preguntó a dónde se dirigía. Le dio las indicaciones y tomó su celular.
— Te odio, te odio, te odio, te odio— repitió una y otra vez a su amiga al otro lado de la línea y ella no dejaba de preguntarle que le ocurría, qué había pasado— ¡Quedé como una tonta por tu culpa! —se lamentó y se recostó en el asiento del taxi para contarle todo a Reneé.
Después de esa noche podía pensar que Carlisle ya sabía que aún estaba loca por él y que no quería asumirlo. Estaba perdida.
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¡Hello, everybody! ¿Cómo están? Espero que bien.
Bueno, aquí les traje el capítulo de esta semana ¿Qué les pareció? Por fin se juntaron estos dos y podemos ver que no han perdido ese amor que los unió en un principio a pesar del paso de los años ¿Les gusta Carlisle? ¿Qué piensan de Esme? ¿Y Reneé? ¿Tienen alguna amiga que sea igual o más alocada que ella? ¿Qué creen que pasará ahora? Espero poder leer lo que piensan.
Como cada semana, le quiero agradecer a mi amiga Jennifer que siempre me apoya en todo. También le quiero agradecer a cada uno de ustedes que me hace saber lo que piensa de esta historia.
— mellarkcullen: Hola. Aquí tenemos el reencuentro de esos dos ¿Qué te pareció? Besos y nos leemos. Saludos desde mi Chile hermoso.
— candy1928: Hola. Bueno, vamos a ver si te gusta pues tiene un carácter… ¿Especial? Ahí verás. Si, la madre de Carlisle es un poco controladora, pero no es mala ni tiene malas intenciones, créeme. Besos y nos leemos.
— Adriu: Hola. Si, y ya se reencontraron. Ya vimos que llevó a los niños, pero aún no los conoce en persona. Me causó risa ver que tus hijos salen igual que Rose, yo también era así cuando pequeña. Besos y nos leemos.
— nanny33: Hola. Bueno, vamos a ver si se da cuenta de que Edward es su hijo… Y si Edward quiere recibirlo, también. Besos y nos leemos.
— RadioactiveMonsters98: Hola. Bueno, la espera acabó pues Carlisle y Esme ya se reunieron. Espero que te haya gustado. Besos y nos leemos.
— kamilla: Hola. Bueno, creo que aquí tenemos la respuesta a una de tus interrogantes. La segunda… Viene más adelante. Nos leemos. Besos.
— Yolo: Hola, estoy bien ¿Y tú? Bueno, creo que hay que esperar a ver cómo será la reacción de ambos ante su primer encuentro. Besos y nos leemos.
Chicos y chicas, tengo que darles una información importante. Como sabrán, aún sigo de vacaciones y mañana (lunes 15) me voy con mi madre al sur de Chile para poder descansar un poco de la ajetreada vida de Santiago. Me voy hasta el día 24 de febrero.
Como podrán comprender, no estaré en mi casa para poder subirles el capítulo y tampoco sé si tendré internet a donde voy, por lo que no puedo asegurarles los adelantos de esta semana ni mucho menos el capítulo. Lo que si les puedo prometer es que, en caso de no poder subirles el capítulo como corresponde, la semana siguiente tendrán doble dosis de Reuniendo las piezas perdidas ¿Qué les parece? Además, uno nunca sabe y en una de esas sale alguna idea loca para alguna historia mientras estoy por allá.
Ahora sí, no tengo nada más que decir, asi que me despido.
Besos a todos.
Nos leemos.
Babi Cullen
