El día anterior probablemente había sido el mejor de la vida de la capitana, sin embargo sentía una triste enorme, no quería dejar a Zoro quería pasar con él el resto de sus días, pero ella no podía convertirse en una pirata. Ella quería ser marine, para ella era muy importante. Al despertarse Zoro, besó a su compañera y lo primero que dijo fue:
-¿Dónde nos habíamos quedado?
Cuando la miró notó que algo no estaba bien.
-¿Qué pasa, estás bien? Te hice daño?
La verdad es que el día anterior entre todo lo que estuvieron descubriéndose el uno al otro, el espadachín la pudo haber lastimado sin notarlo.
-¿Nos volveremos a ver?- preguntó Tashigi sin rodeos.
-Eres mía.
La capitana lo miró extrañada, no sabía de qué estaba hablando.
-La primera vez me lo pediste, me pediste que te hiciera mía, eres mi mujer, no te dejaré.
-No puedo ser un pirata, no puedo darle la espalda así a la marina, ni cambiar todo lo que soy.
Zoro la abrazó y le dijo:
-Cuando era niño hice una promesa que tengo que cumplir, seré el mejor espadachín del mundo. Y le prometí a Luffy que lo ayudaría a convertirse en el rey de los piratas y lo haré. Pero te prometo que después de cumplir esas dos promesas, regresaré a ti, podemos dejarlo todo y poner un dojo, o vivir juntos en una casa alejados de los demás, podemos viajar juntos por los mares, haremos lo que quieras, solamente espérame un tiempo, me falta poco para cumplirlas.
La idea sorprendió a la capitana quien no pudo evitar sonreír y abrazar con más fuerza a su compañero.
-Te esperaré para poder estar juntos.
-Valdrá la pena.
Los espadachines siguieron dándose amor ese día que era el último que pasarían juntos pero sabían que se volverían a encontrar y que con el tiempo sus vidas se enlazarían y no se volverían a separar.
