Capítulo 4: Algo pasa con Rachel

"El trabajo requeriría que estuvieras en el primer apartamento a eso de las 12 del mediodía. Después de una hora de paseo, tendrías quince minutos hasta el próximo cliente. Este mecanismo funcionaría hasta las seis de la tarde. ¿Crees que puedes soportarlo?" Quinn miró a la chica delante de ella. Su cabello negro y largo estaba un poco alborotado. Sus ojos azules miraban a Quinn con una cierta indiferencia que no iba acorde con su sonrisa.

"Claro. ¿Cuánto me pagaréis?" Lydia se comió su patata frita después de rebañarla en un potecito lleno de mayonesa y Quinn hizo una mueca al verlo. Cuando Rachel sugirió que Quinn empezara un negocio de pasear perros y contratara a alguien para ayudarla con su clientela de la tarde mientras la rubia iba a clase, aunque Lydia no era quien Quinn se había imaginado.

"Te pagaré diez dólares la paseada."

"¿Qué pasa si me olvido de que yo los estoy paseando y son ellos más bien los que me llevan a mí? ¿Me seguirás pagando?" El comentario hizo que Quinn recordara por qué Lydia había contratado a Lydia antes que a otros candidatos. No sabía por qué, pero había algo en ella que le hacía sentir una conexión hacia esa rareza de chica. Incluso sin necesariamente gustarle cómo era.

"Te pagaré igual." Le aseguró Quinn a Lydia, quien parecía no estar escuchando. "Llegarás a mi apartamento cada día para recoger las llaves de cada piso para tus paseos, pero no puedes retrasarte porque yo tengo que llegar a tiempo a clase."

"Claro." Dijo Lydia con un movimiento de mano, dejando claro que le importaba bien poco lo que ella le estaba contando. "¿Me puedo ir?" Quinn expiró un soplido y miro rápidamente el restaurante donde estaban. Quinn tenía la corazonada de que iba a llegar tarde a muchas clases este semestre.

"Sí, puedes irte"

"¿Pagas tú la cuenta, no?" Preguntó Lydia sin esperar respuesta, recogiendo sus cosas y saliendo del lugar antes de que Quinn pudiera parpadear.

"Eso parece"

En vez de apresurarse a pagar la cuenta, Quinn se sentó en el sofá del restaurante que estaba a pocas manzanas de la casa de Rachel. Comió un poco más de ensalada y bebió su agua mientras pensaba. Sólo había pasado una semana desde que habían salido con los amigos de la diva y las cosas estaban un poco inciertas entre la pareja desde esa noche.

Rachel era cordial con Quinn e incluso un poco inquieta. Su rutina matutina, ligera, repetitiva y entendida como un mantra agridulce, era ahora algo forzado. También parecía que Rachel pasaba menos tiempo en el apartamento, argumentando que se estaba preparando para su audición para A Sweetness, la cual era en pocos días. Y aunque la historia era creíble, Quinn no podía quitarse la sensación de que esa noche había cambiado la dinámica entre ellas dos.

De repente, la rubia se dio cuenta de la realidad de las cosas. Estaban viviendo juntas. Prometidas. Planeando su futuro. Y se sumó otro gran cambio desde ese viernes, donde sus noches ya no eran completas con inocentes besos y caricias. En cambio, mientras miraban una película o estaban estiradas en la cama, la boca hambrienta de Rachel encontraba la de Quinn hasta llegar al límite entre liarse y perder el sentido, y era entonces cuando Rachel se apartaba.

Quinn no lograba entenderlo. Los besos habían llegado sin avisar; Rachel buscando a la rubia como si no pudiera controlarse, y luego, de pronto, se apartaba y actuaba como aquella noche cuando salieron con los amigos de la diva – distante, incómoda. ¡La situación estaba volviendo loca a Quinn! No podía entender a Rachel y eso la asustaba. Pero lo que le aterrorizaba incluso más era el hecho de que esperaba ansiosa esos besos. Maldecía el momento en que Rachel se apartaba. Y a pesar del hecho de que planeaba su día alrededor del ataque de Rachel, el momento en el que le parecía correcto besar a Quinn finalmente, la rubia no se animaba a iniciar ella misma la sesión de besos; le aterrorizaba el hecho de que siempre quería besar a Rachel. Pero Quinn se había convencido bastante de que tenía que ver más con el hecho de que no había besado a nadie en casi dos años.

"¿Quinn? ¿Quinn Fabray?"

Quinn se detuvo en la esquina de la calle y su cuerpo se tensó. Alguien la llamó por su nombre. Conocía esa voz. No la había escuchado en años, pero sabía a quién pertenecía. Una incrédula sonrisa se dibujó en la cara de Quinn a medida que se giraba para ver al chico que la miraba sorprendido y con una sonrisa.

"Matt Rutherford, ¿Qué estás haciendo en Nueva York?" Preguntó la rubia mientras se acercaba a él.

"Voy a la NYU. ¿Qué haces tú aquí? Te has largado de Lima por lo que veo. ¡Eso es genial!"

"También voy a la universidad aquí…"

"¿En serio? ¿Dónde?" Pasó un segundo hasta que Quinn por fin respondió.

"Julliard." La mandíbula de Matt se abrió de golpe de la sorpresa.

"¡Wow! Nunca me hubiese imaginado que estabas interesada en las artes." Quinn solo asintió, no muy segura de qué decir. "Estaba a punto de tomarme un café. ¿Te apuntas?"

Mientras Quinn y Matt entraban en la cafetería, Rachel estaba de pie en medio de su salón mirando hacia las dos ventanas que tenía el espacio. A lo largo de la semana pasada, la diva había estado haciendo eso mucho; tan solo mirando a la nada pensando. Estaba furiosa con Quinn por hacerle sentir cosas. Estaba furiosa consigo misma para permitir que eso pasara. Y el colmo era que no tenía ni siquiera tiempo para esto que estaba pasando.

En tan solo dos días estaría en una audición para una obra de Off-Broadway, el cual estaba convencida de que sería su primer paso hacia el éxito. A Sweetness era la historia del viaje de una joven de los peligros de la adolescencia hasta la dureza de enamorarse en los años 20. Era todas las obras de Broadway que Rachel adoraba en una. Lo que significaba que Rachel estaba desesperada para entrar ahí dentro.

Sabía que su audición tenía que ser perfecta. Necesitaba una canción y un soliloquio que no solo destacara del resto, pero que además demostrara su talento. El personaje, Cecile, crecía de los 13 a los 30 en tan solo tres actos. Su monologo tenía que ser inocente mientras que su canción debía mostrar las desdichas de un corazón roto. Resumiendo; Rachel estaba en pánico. O al menos, debería haberlo estado.

Rachel soltó un ligero suspiro mientras pensaba en Quinn. ¿Cómo se había permitido entrar en este lío? Se suponía que nunca le tenía que gustar Quinn Fabray. De hecho, la única razón por la que se trajo a Quinn a Nueva York era para fingir quererla para nunca tener que enamorase de nuevo. Solo estaría con Quinn. Mintiendo y sin nunca avanzar. Protegiéndose a sí misma. Si estaba con Quinn, no tenía que buscar a nadie más, nadie más que le pudiera romper el corazón. Y aunque Quinn le había dicho a Rachel que la quería y se lo demostraba cada día desde que llegaron a Nueva York cuidándola y animándola, Rachel no se podía quitar la sensación de que estaba destinada a que le hicieran daño otra vez.

Como de costumbre, Rachel abrió su boca y empezó a cantar lo que sentía. No estaba exactamente segura de por qué esa canción le vino a la menta, no recordaba la última vez que la escucho, pero salió de sus labios como si hubiese planeado cantarla desde el principio.

Quinn se quedó apoyada contra el arco de la puerta, con los brazos cruzados, mientras Rachel cantaba apasionadamente "Foolish Games" de Jewel. Tal y como hacía en el instituto, la rubia se preguntaba dónde guardaba la diva sus emociones en ese cuerpo tan pequeño. Quinn no pudo evitar sonreír mientras veía a Rachel meterse de lleno en la canción, levantando sus brazos y moviéndose por el apartamento como si fuera un escenario y ella era Eva Perón. Era divertido verlo considerando que eso estaba pasando en su salón. Mientras la miraba, Quinn notó que su vientre dio un vuelco. Estaba acostumbrada a ese sentimiento que le aparecía cada vez que veía a Rachel. Lo que alarmó a Quinn fue que durante esta última semana, esa agitación venía acompañada de una ola de excitación. Desconcertaba a Quinn, cuanto menos.

Rachel estaba demasiado metida en la canción como para notar a la rubia. Estaba desgarrada por sus sentimientos y lo único que sentía que podía hacer era cantar sobre ellos. Cantar sobre cuán de asustada estaba por sentir algo por alguien de nuevo. Encapricharse podía convertirse en amor real cuando se hablaba de Rachel. Cantar sobre cuán de enrabiada estaba por la culpa que sentía al estar usando a la rubia. Cantar sobre cómo no quería perder a Quinn a pesar de ello.

Quinn aplaudió suavemente después de que Rachel cantara la última nota. Rachel, sobresaltada, se giró y se puso una mano en el corazón sorprendida. "¡Quinn! Me has asustado"

"Perdona. Eso ha sido precioso, Rach" Quinn sonrió mientras se adentraba en el apartamento y se inclinaba para besar la mejilla de Rachel.

"Gracias. Estaba…"

"¿Practicando?" Adivinó Quinn dejándose caer en el sofá. Rachel se mordió el labio mientras evitaba los ojos de Quinn. No, no había estado practicando. Debería haber estado practicando, pero sus emociones eclipsaban sus responsabilidades.

"Sí, me has pillado" Mintió Rachel mientras se sentaba al lado de Quinn.

"¿Foolish Games? No he escuchado esa canción en… años"

"Bueno," empezó Rachel mientras se planchaba las arrugas de su falda repetidas veces. "Quería algo que destacara de entre, las que estoy segura serán, un completo repertorio de clásicos de Broadway. Y además que sea lo suficientemente retorcido como para expresar que tengo el talento de una actriz que puede representar a Cecile en toda su adolescencia y madureza." Rachel se dio una palmadita en la espalda mentalmente por su rápida mentira. Estaba bastante impresionada consigo misma porque todo era verdad.

"Bueno, si cantas igual en la audición, el papel será tuyo." A pesar de lo que acabada de decir, Rachel no tenía la intención de usar esa canción para la audición. Rachel era una devota de los clásicos, los verdaderos clásicos. Estaba pensando entre The Way we Were o I'll cover You. Triste y evocador, pero capaz de demostrar que sabía lo que hacía. Las canciones pop no eran tomadas seriamente. Pero ella asintió para fingir su acuerdo con la rubia.

"Tengo muchas ganas de ver tu audición. He contratado oficialmente a Lydia hoy, en contra de mi sano juicio, y ya lo hemos arreglado todo. Empieza el lunes así que estaré libre para verte en ese escenario." Dijo Quinn con una pequeña sonrisa, emocionada de presenciar la primera audición seria de Rachel. Quinn tenía una sensación positiva con esta.

Pero Rachel se congeló. ¿Quinn estará ahí? ¡No, no, no, no, no!" Pero, Quinn, si vas a estar ahí estaré demasiado nerviosa" Mintió Rachel.

Quinn rio por la nariz suavemente. ¿Nerviosa, tú? Claro. Rach, te he visto miles de veces, audiciones incluidas, y esta no es diferente. Vas a estar genial" Mientras Quinn continuaba con su ilusión, Rachel estaba teniendo una crisis.

Si ella va tendré que cantar Foolish Games y no puedo cantar eso, ¡Se reirán de mí en el escenario! ¿Jewel? ¿Quién canta Jewel? ¡Esto es completamente absurdo! "Sabes, pensándolo mejor, quizá no cante Foolish Games. Estaba probando diferentes canciones y esa me ha venido a la mente. Pero realmente no creo que la considere." Dijo Rach en un tono semi débil mientras se levantaba y se ocupaba ordenando las revistas que tenían en la mesa de la esquina.

"No, Rach, realmente creo que es una muy buena idea." A Quinn le encantaba la canción. Era el tipo de canción que Rachel estaba buscando y no era tan predecible como todas las otras que la gente utilizaba en sus audiciones. Cada vez que Quinn iba a las audiciones de Rachel, se moría del aburrimiento con las canciones tan repetitivas que los actores escogían. Un éxito de Broadway tras de otro, una y otra vez. Después de un rato, ya no importaba si el actor era bueno o malo, las audiciones siempre sonaban igual.

Pasaba lo mismo con los soliloquios. Shakespeare, clásicos de Broadway, Shakespeare, clásicos de Broadway. Todos los que iban a la audición siempre usaban el mismo monólogo como si fueran los primeros en haberlo descubierto. A Quinn le gustaba la idea de Rachel haciendo algo diferente y atrevido.

"Quinn", dijo Rachel, poniendo sus ojos en blanco mientras se encaraba hacia la rubia. "¿Quién se toma en serio a una chica que vive en su coche? No. Optaré por lo que funciona."

"¡Rachel! No funciona si todo el mundo canta siempre lo mismo. Y tu monólogo no debería ser un clásico tampoco. ¡Deberías intentar algo diferente! ¡Pasártelo bien!"

"¡No tienes ni idea de lo que estás hablando!"

"Me siento en esas audiciones, Rach, y te aseguro que sé lo aburrido que es escuchar Memories una y otra vez después de que un idiota saque una calavera salsa y vomita Hamlet como un wannabe. ¿Soy la única que ha leído realmente a Hamlet? ¡La escena es apenas destacable! Rachel, te juro que si usas Shakespeare para tu monologo yo usaré Ophelia, y no bromeo."

Rachel tosió incrédula, con las manos en su cintura y mirando a Quinn. "¿Y qué me harías hacer de monólogo? ¿Algo de la era de Swayze, quizá? ¿Algo de Molly Ringwald?" Dijo Rachel riendo.

"Vale, ahora tú sienas como una wannabe. No estoy diciendo que hagas algo ridículo. Te estoy sugiriendo que vayas más allá de tu zona de confort."

La diva volvió a toser burlándose del insulto de Quinn y se cambió el peso de su cuerpo a su otra pierna. "¿Y qué sugieres? Siendo una experta en eso." Preguntó Rachel sarcásticamente.

"Igual algo como Scout en Matar a un Ruiseñor. Es diferente pero un clásico, y retratas a una joven chica que es inocente pero que lidia con los desafíos de crecer en una pequeña ciudad completamente confundida." Dijo Quinn emocionada al sentarse sobre sus rodillas.

Rachel no pudo evitar sonreír al ver lo adorable que Quinn estaba siendo; realmente parecía muy emocionada por ello. Y… Rachel tenía que admitir que su idea no estaba tan mal. Podría ayudar a hacerla destacar y usando la canción adecuada junto con la idea de Quinn podría resultar.

No estaba lista para acceder a la propuesta, así que cambió de tema. "¿Qué tienes en tu mano?" Pregunto Rachel, con una sonrisa mientras señalaba los papeles que Quinn sostenía. Como durante toda la semana, Rachel estaba inquieta con la presencia de la rubia. Intentaba bloquear sus sentimientos hacia Quinn como podía, pero la rubia no lo ponía fácil.

"Oh, Dios mío. No me puedo creer que me haya olvidado. Adivina a quién me he encontrado viniendo hacia aquí"

"¡Sarah Jessica Parker!"

"No, Ma…"

"¡Sht! ¡No, tengo que adivinarlo!" Dijo Rachel levantando la mano y corriendo al sofá para sentarse al lado de la rubia otra vez. Quinn puso los ojos en blanco y miro a la diva expectante. "¡Woody Allen!"

"No, Ma…"

"¡No me estás dejando adivinar!" Se quejó Rachel. Quinn resopló y cruzó lo brazos mientras miraba a la morena con desesperación.

"Ma… Ma…" Pensaba Rachel en voz alta. "Ma… ¡Mark Harmon!"

"¿Quién es ese?"

"Ma… ¡Martha Stewart!"

"Matt Rutherford, Rachel. ¡Me he encontrado a Matt Rutherford!"

"¡Ostras!" Exclamó Rachel. "En qué peli sale?"

"No es un actor, Rach. Matt Rutherford. ¡El Matt Rutherford de McKinley's! ¡Estaba en el Glee Club!" Rachel expresó un "oooh" y sonrió.

"Vaya, no lo he visto desde que lo transfirieron."

"¡Ya! Su padre consiguió un trabajo de telecomunicaciones aquí en Nueva York. Ahora él va a la NYU para comunicación Audiovisual."

"¿Qué bien, no? ¿Ves? Eso es lo que me encanta de Nueva York; nunca sabes con quién te vas a encontrar." Quinn no sentía lo mismo. Aunque ahora le gustaba más Nueva York, viajar por el sistema subterráneo de metro le llevó bastante trabajo. Hubo bastantes veces en que había perdido el día viajando bajo tierra. Por no hablar del olor.

"Si bueno, al final hemos estado hablando durante una hora o así." Rachel se mordió el labio intentando combatir la celosía que le había invadido repentinamente.

"Qué bien". Dijo tensamente.

"Pues sí, la verdad." Estuvieron calladas durante unos instantes. Rachel hizo mentalmente los números y su frente se arrugó un poco más.

"Si te has reunido con Lydia hace más de tres horas y tan solo has estado con Matt una hora…" Quinn entrecerró los ojos momentáneamente antes de empezar a sonreír.

"¿Estás celosa?"

"¿Qué? ¡No! Tan solo me preguntaba dónde has estado esta última hora, ya está." Rachel intento sonar natural, pero incluso ella tuvo que admitir que su actuación no había estado a la altura.

"He estado leyendo. Para contestar tu primera pregunta, lo que tengo en mi mano es un guion. El guion de Matt, exactamente."

"¿Matt ha escrito un guion?" Preguntó Rachel curiosa, cogiendo el documento y echándole un vistazo por encima.

"Sí. Un muy buen guion, de hecho. Y resulta que está buscando a una actriz que protagonice el papel principal"

"¿Protagonizar?" Repitió Rachel, ojeándolo más lentamente ahora. Quinn rio y se acercó más a Rachel para poder ver también el guion.

"Sí, protagonizar. Lo presentará en Sundance y por eso van un poco justos de tiempo. Pero resumiéndote de qué va, es una comedia romántica sobre una chica cansada de relaciones largas y el dolor que traen con ellas" Rachel dejó de escuchar después de comedia romántica. Entregó el guion a Quinn y se levantó hacia la cocina con la intención de cocinar las sobras del otro día

"Hey, vuelve aquí" Dijo Quinn, sorprendida por el repentino cambio de actitud de Rachel.

"Es una comedia romántica, Quinn. Nadie se toma en serio las comedias románticas." Dijo mientras retiraba el tupper de la nevera. Quinn la siguió y se apoyó en la encimera de la cocina.

"Rachel, estás siendo ridícula, ¡Ni siquiera has escuchado el argumento entero!"

"No hace falta, Quinn. Un estudiante de cine haciendo una comedia romántica tiene la misma importancia que lo que nuestros vecinos estén cenando. A nadie le importan esas cosas"

"¡Eres una snob!" Rachel se rio frívolamente mientras cerraba la puerta del refrigerador y metía las sobras en el microondas.

"Te haré saber, Quinn Fabray, que veo la secuela de Funny Girl, Funny lady una vez al año" Dijo Rachel con expresión de superioridad.

Quinn miró con incertidumbre a la diva mientras descruzaba sus brazos. "¿Y eso qué tiene que ver?"

"Pues que no es de lo mejorcito que tiene Barbra, Quinn" Dijo Rachel mofándose. Quinn sacudió la cabeza y se acercó a Rachel.

"Rachel, en serio. Deberías leerte el guion. Es inteligente, es provocador, es diferente y creo que puede ser una gran oportunidad"

"¡Quinn! Soy una actriz de teatro. ¡Se supone que no he de empezar con las películas y la televisión hasta dentro de cuatro años! Han de tomarme en serio como una estrella de Broadway y luego, paso a papeles frívolos como comedias románticas o adaptaciones de películas musicales que no son ni la mitad de buenas que sus homólogas en Broadway – pero aun así he de estar en ellas para que nadie vea a otra persona realizar papeles tan icónicos a parte de mí- y por consiguiente enterrar mi nombre en la eternidad. Por ejemplo, el rol de Maureen pertenecerá siempre a Idina Menzel o Fanny Brice será siempre de Barbra."

Las dos chicas estaban en una disputa silenciosa. Rachel pestañeó dando el tema por cerrado y Quinn miraba a Rachel como si estuviera loca. "¿Cuál es el problema?" Preguntó Quinn finalmente, desafiándola.

"Em, no lo sé, ¡Quizá que es un completo fiasco y que me hará perder el tiempo!"

"Pero acabas de decir que el trabajo que graban los estudiantes es irrelevante. Así que si es una mierda, nadie nunca lo sabrá"

"Necesito perpararme para A Sweetness y…"

"Pero si A Sweetness no empieza hasta al menos dentro de un año y la película se grabaría solo en dos semanas."

"Igualmente…"

"¡Rachel! ¡El guion es bueno! ¡Matt es nuestro amigo! ¡Tiene algunas ideas geniales y de verdad creo que esta película puede ser buena! Son dos semanas. Dos semanas de tu tiempo. ¡Filman durante las vacaciones así que no afectará e las clases y te ayudaré a prepararlo!"

Rachel se callé considerando lo que la rubia le acababa de decir. Quinn parecía estar muy emocionada por la película y la diva no podía recordar ni un instante en el que la rubia le había desafiado. Era obvio que Quinn quería que Rachel lo hiciera.

"¿Por qué te importa tanto?" Preguntó Rachel con curiosidad. Quería saberlo de verdad. Y también le encantaba el fuego en los ojos de Quinn. Le recordaba a la Quinn de Lima pero de una manera positiva. De una manera parecida al Dios-quiero-besarla.

Quinn se subió a la encimera intentando encontrar las palabras perfectas para explicar por qué era tan importante para ella. "¿Sinceramente?" Rachel asintió. "Porqué creo que sería genial para tu carrera." Rachel frunció el ceño y le dijo a Quinn que continuara.

"Míralo de esta manera: si la película es un fracaso, nadie la verá. No entrará en Sundance y tan sólo se convertirá en un film vergonzoso que Leno enseñará durante una entrevista contigo mientras promociones el nuevo éxito de Broadway. Pero, si es buena, entrará en Sundance y empezará a circular durante las mismas fechas que se estrene A Sweetness. Y entonces, no solo tendrás éxito en el teatro, sino también tendrás credenciales en el cine para darte apoyo."

"Asumes que el papel de A Sweetness será mío" Dijo Rachel con un ligero movimiento de mano.

"Claro que sí. Tan solo te han rechazado de un papel y eso es por qué la mujer se supone que tenía que pesar el triple que tú"

"Todavía sigo desconcertada por qué ese era el problema. ¿No tienen a maquilladores profesionales? ¡Claramente nunca han visto obras de Broadways, porque el tour de Los Miserables no está completo hasta que no presencias como una mujer asiática de 50 años hace el papel de Éponine!"

"Rach," Empezó Quinn después de un momento de silencio. Se deslizó de la encimera y rodeó sus brazos alrededor del cuello de la diva. "el caso es que quiero lo mejor para ti. El papel de Jocelyn sería perfecto para ti y serviría para mostrar tu talento como actriz. Y…" Rachel tembló con la sensación de los brazos de Quinn rodeándola y miró a Quinn mordiéndose el labio.

"¿Y qué? ¿Qué pasa?" Preguntó lentamente, no muy segura de por qué la rubia había parado de hablar de golpe.

"Y tipo que quiero que te hagas famosa rápido." Rachel entrecerró sus ojos confundida con la demanda de Quinn. La rubia parecía nerviosa y un poco dubitativa.

"¿Qué quieres decir?" Quinn se apartó mientras pasó sus dedos por su pelo. Soltó un poco de aire por la boca y miró a la morena.

"Si te vuelves famosa ahora, la gente tendrá menos reparos en un futuro de elegirte para papeles a pesar del hecho de que seas…" Quinn no terminó la frase

"¿A pesar de que yo sea…?"

"Homosexual." Quinn lo dijo mirando al suelo. Estaba casi segura que esa era la primera vez que lo había dicho en voz alta. Pero era algo que pensaba constantemente. Estaba preocupada de que la gente no quisiera elegir a Rachel si sabían sobre la rubia. A Quinn le asustaba más que Rachel no consiguiera esos papeles por el hecho de su relación más que por querer que la morena consiguiera lo que se merecía. NO por qué eso significara que Quinn no recibiría su parte de su no-oficial acuerdo.

"¡Quinn" ¿En serio? ¿Eso te preocupa?" Pregunto Rachel riendo,

"¿De verdad no te preocupa? ¿No te preocupa tu carrera?"

"No." Rachel se encogió de hombros.

"¿Cómo qué no?"

"Porqué el teatro es diferente a la televisión y a las películas. No me preocupa. Y sé que mi talento es el suficiente como para que eso sea un problema. Así que si quieres que participe en la película solo por eso…"

"No, esa no es la razón. De verdad siento que sería lo mejor para ti. ¿Lo considerarás al menos?"

Rachel miró a Quinn en contemplación. La morena se preguntaba cuándo ocurrió el cambio – cuándo exactamente había empezado a escuchar a la rubia por encima de su voz interior. Pero es que había algo en la manera en que Quinn hablaba. La pasión que le entregaba. La concisión en su voz. La manera en que la miraba. Parecía muy segura. De repente Rachel se preguntaba qué monólogo de Matar a un Ruiseñor usaría. Si debería hacer arreglos con Foolish Games. Si ella debería preocuparse del vestuario para la película de Matt o habrían un montón de universitarios vistiéndola.

"Pensaré en ello."

X

Pero Rachel no tuvo que pensar en ello. No mucho después de que se hubieran acomodado en el sofá con un rollito de primavera lleno de tofu y manzana, y Quinn girara la primera página del guion para leérselo en voz alta.

A medida que el guion avanzaba, Rachel se encontraba sonriendo, con el brazo de Quinn abrazándola y sus dedos recorriendo el cabello marrón, mientras que el cuerpo de Rachel se apretaba más al de la rubia. Rieron juntas en ciertas partes, intercambiaron miradas tímidas en las escenas románticas y soltaban pequeñas risas en todo el humor que Matt había creado. La película se llamaba Una cita por Mes, pero Rachel ya se le había metido en la cabeza que ese era un título tentado. Y también a Quinn.

La historia iba sobre una chica de unos veinte y tantos años a quién le habían roto el corazón por primera vez. Después de que su amiga, soporte de la protagonista y parte cómica de la película, Sasha, la retara a tener una cita por mes durante un año – y aceptar cualquier cita cuando fuera preguntada sin importar cómo fuera el que preguntaba – para así abrir de nuevo el corazón de Jocelyn, la protagonista se encontraba enamorándose de un pretendiente en concreto. Podría haber sido otra comedia romántica, pero lo que Matt hizo era entre encantador y realista

Cuando Quinn llegó a la última página, Rachel ya se estaba metiendo en la cabeza de Jocelyn. No podía evitar sentirse relacionada con el personaje de ficción y se estaba emocionado con la perspectiva de interpretar todos los aspectos histéricos y psíquicos de la comedia. "Sería algo tan diferente de lo que he imaginado interpretar hasta ahora" Murmuró Rachel mientras jugaba con los dedos de Quinn sin prestar demasiada atención, encantándole cómo de segura ese gesto le hacía sentir.

"Lo sé. Por eso creo que funcionará. A Sweetness será algo dramático. Y los desafíos de trabajar en el escenario te darán la credibilidad. Pero si tienes una comedia romántica independiente que pueda acompañarlo, no te encasillarán en seguida y eso te abrirá muchas puertas." Rachel asintió, pensando y de pronto sonrió.

"Eres bastante buena en esto, ¿Lo sabías?"

"¿El qué?"

"No es fácil reconocer papeles excepcionales. Tienes mucho talento en anticiparte a lo que el público pensará y las opiniones de la audiencia." Y era verdad. Incluso en el instituto, Quinn Fabray podía saber lo que querían las masas. Pero en vez de utilizar sus poderes para el mal, como en el instituto, Rachel se dio cuenta de que la intuición de Quinn podría ser beneficiosa. "¿Has considerado nunca hacer de ello una profesión?"

Quinn llamó a Matt para acordar una reunión. Rachel insistió en que tuviera lugar al final de la semana, justo después de su audición para A Sweetness. El chico estaba muy interesado en saber a quién tenía en mente Quinn para el papel de Jocelyn y acordó que se encontrarían ese Miércoles para hablar.

La rubia se mordió el labio mientras colgaba el teléfono. No le había contado a Matt que estaba viviendo en Nueva York con Rachel y que estaban comprometidas. Aunque le había asegurado que ya no mantenía el contacto con nadie del McKinley, Quinn no estaba segura cómo podría sacar el tema de Rachel. La reunión del miércoles sería interesante, desde luego. Pero ya se preocuparía por ello más tarde. Mientras tanto, tenían que preparar una reunión.

Hacer llegar a Rachel al teatro para la audición ya fue toda una odisea. La pequeña diva estaba lista y preparada para marcharse desde hacía dos horas. Sin embargo, no estaba preparada para Quinn.

"Explícame otra vez por qué tengo que llevar esto." Preguntó Rachel mientras aguantaba alejado el atuendo como si fuera a prender fuego. Su ropa para la audición había sido preparada hacía dos semanas ya; pero Quinn no estaba de acuerdo con ello.

"Porque necesitamos mostrarles que puedes interpretar a una chica joven y una adulta, Rachel" Dijo Quinn con desesperación.

"¿Te das cuenta de lo que estás insinuando?" Pregunto Rachel desafiándola mientras tiraba el atuendo encima de la cama y se giraba hacia Quinn con los brazos cruzados.

"No entiendo dónde está el problema. Pensaba que estarías contenta de poder llevar esto" Dijo Quinn. Llevaban discutiendo una hora.

"Perdóname por mi repentina curiosidad, pero creía que no podía vestirme yo misma, por lo que debía elegir de entre la variedad de la selección de atuendos aprobada por Quinn Fabray.

"¡Y perdóname tú, por gastarme mi dinero en ropa para ti! ¡Si hubiese sabido que ibas a comportarte como una diva, ni me habría molestado!"

"¡Creo que me comporté como tal! ¡Si recuerdo bien, me quejé las seis horas que gastamos en comprar!"

"¡Bueno, perdóname Rachel, pero creí que veías que yo tenía razón y tú no, tus prendas son feas y yo tengo un estilo exquisito, tengo gusto y tú no! ¡Y ponte la maldita ropa!"

"¡Eres igual de controladora que en el Instituto, Quinn Fabray, y no haré nada de lo que quieras hacer, incluso si es un tema de vida o muerte! ¡Vida. he dicho!"

Quinn gruñó exasperada. "¿Qué problema tienes? ¿Por qué estás siendo tan cabezota? ¡Tan solo estoy sugiriendo que lleves uno de tus jerséis de lana a rombos con una sencilla falda negra y unas sandalias! ¿Por qué me lo estás poniendo tan difícil?"

"¡Porque no has sido muy sutil al decir que mi armario es un mix entre ropa de niña y de mujer vieja!"

"¡No! ¡Y no lo he querido ser! ¿Cómo puedes defender que lo que tú llevabas estaba bien?"

"¡Me estás insultando!" Dijo Rachel con un chillido. Quinn se pasó la mano por la cara y respiró hondo para tranquilizarse La morena se enfadó y se sentó en el borde de la cama. Estaba enfadada. Durante los últimos días, mientras practicaba Foolish Games, perfeccionaba su monólogo de Matar a un Ruiseñor y empezaba a memorizar el guion de Matt, Rachel se dio cuenta de la magnitud de sus sentimientos hacia Quinn.

Cada palabra de la rubia le llegaba hasta el fondo de su alma. Cada acción era más romántica que una novela de Nicholas Sparks. Cada gesto, mirada, cumplido o pequeño ánimo que le daba era una personificación de una Diosa. Y eso no le parecía bien a Rachel. Eso estaba a un paso de la Rachel Berry obsesiva y la morena no podía convertirse en ello. Así que por eso empezó a discutir con Quinn. Por todo.

La pobre rubia no tenía ni idea de lo que había hecho. Tan solo estaba intentando ayudar. Quinn no había cambiado su rutina. Seguía yendo a clases, siguiendo la sombra de Rachel. Pero de pronto Rachel parecía una loca. Quinn pensó que quizá la locura de Rachel en el instituto se había mantenido escondida desde que habían empezado a vivir juntas y finalmente, después de un año y medio, la morena la había soltado. Igual que cuando una pareja se casa, empiezan a actuar a su favor. Ganan peso. No hacen mucho esfuerzo. Igual Rachel se había acomodado y estaba volviendo a ser como realmente era – pero al peor nivel. Al nivel de una casa de drogadictos.

Así que Quinn se esfrozó más. Traía flores a Rachel. Preparaba la mesa con velas y las cenas favoritas de Rachel. Le hacía más cumplidos. Incluso llegó al punto de ir a una de las clases de la morena y traerle comida para llevar y hablar con los amigos de la diva. Quinn pensó que todo eso le agradaría a Rachel porque le encanta alardear. Pero tuvo el efecto contrario.

A medida que los días pasaban, Quinn Fabray se volvía más y más perfecta. Era como si estuviera en la cabeza de Rachel – con una lista de todas las debilidades de Rachel Berry aprendidas y ejecutadas. Incluso ya empezaba a pensar que Quinn reuniría a doscientas personas para ayudar a cantar una serenata a la diva en medio de Times Square acompañada de una sincronizada rutina de baile.

Rachel estaba exhausta. Estaba intentando al máximo no enamorarse de Quinn pero la rubia lo estaba poniendo muy difícil. Así que ella empezó a ser difícil. Discutiendo. Cualquier cosa para evitar que Quinn hiciera otra cosa magnífica para ella. Porque si Quinn Fabray era picada – lo que resultaba sorprendentemente complicado estos últimos días – quizá no sería tan jodidamente dulce hacia Rachel y ella lo tendría más fácil para superar este encaprichamiento que tenía.

Pero la rubia mostraba un control al nivel del Dalai Lama. Respiraba hondo, contaba hasta diez y encontraba una manera de cooperar. El estrés dela audición y la película combinado con los sentimientos hacia Quinn hacía que Rachel la presionara más. No ayudaba que Quinn sabía de lo que hablaba. Sus sugerencias eran ingeniosas. Sus instintos eran atrevidos y daban justo en el clavo. Y su boca era la cosa más sexy que Rachel Berry jamás había visto. Y los 22 años que tenía Quinn le daban una imagen irresistible. Cada vez que la rubia se enfadaba lo suficiente como para contestarle, Rachel sentía a ese monstruo dentro de ella gruñir; momentos antes de atacar a Quinn.

Estaba jodida si lo hacía y estaba jodida si no lo hacía.

"Vale" Empezó Quinn, juntando sus manos a la vez que respiraba con los dientes apretados. "Me rindo. Ponte lo que quieras. Has estado soñando con este momento toda tu vida y debes tener una imagen de cómo quieres que pase exactamente. Si quieres llevar la ropa que te he comprado, adelante. ¡Es tu gran día, no el mío!

Dios, ¡Qué cabrona! Gritó mentalmente Rachel ¿Siempre tiene que decir cosas tan perfectas?

Rachel se sobresaltó al escuchar el timbre. Quinn soltó otro suspiro y pasó sus dedos por su pelo. "Esa debe ser Lydia." La rubia salió de la habitación y Rachel la vio marchar. Escuchó a Quinn abrir la puerta e invitar a entrar a Lydia mientras miraba a los dos looks diferentes que tenía que escoger. El look que Quinn le había comprado, el look que Quinn había escogido.

"Gracias por venir antes." Dijo Quinn a su empleada con un suspiro. Lydia miró el apartamento con curiosidad.

"Oh. Pensaba que llegaba tarde." Quinn sacudió la cabeza y fue hasta la mesa del salón para coger las diferentes llaves que Lydia necesitaría para sus clientes mientras la chica de pelo negro miraba alrededor.

La pared central del salón era de color crema ligero que tenía solo dos ventanas en la habitación. Las cortinas eran de color azul para combinar con el sofá que estaba en medio de dos butacas también de color crema ligero con almohadas marrón oscuro. Lydia giró la vista hasta que descubrió una serie de fotos enmarcadas. "¿Es tu compañera de piso?"

Quinn miró hacia donde Lydia señalaba mientras seguía intentado sacar las llaves que la chica necesitaría. "Prometida."

Las cejas de Lydia se elevaron y asintió. "Ya pensé que eras bollo." La frente de Quinn se arrugó confundida. Quería negar esa sentencia, pero no tenía mucho argumento… teniendo en cuenta que estaba prometida conuna chica.

"Aquí están las llaves." Dijo Quinn, entregándole varios sets de llaves y esperando a que Lydia se apartara de las fotos.

"¿Estabas en un coro?" Preguntó Lydia, aún centrada en la pared.

"Sip."

"Wow. ¿Os conocisteis en el instituto?" Quinn se acercó a la foto que Lydia estaba señalando. Era de su último año, después de ganar las Nacionales.

"Sí. Vale, le has de dar a Watson sus medicinas. ¿Te acuerdas de cómo hacerlo? Será el segundo perro que pasees."

"El pit bull, ¿No?" Preguntó Lydia, aun distraída.

"No, el bull dog."

"Pit bull, bull dog… ¿Qué diferencia hay? Los dos tienen bull. ¿Dónde me has dicho que ibas?"

"No te lo he dicho. Aquí tienes las llaves." Quinn se las entrego y se dirigió al dormitorio para ver cómo iba Rachel. Entreabriendo la puerta, Quinn vio como Rachel se miraba en el espejo de mida real. Llevaba el jersey a cuadros y la falda negra, junto con dos medias hasta las rodillas y sandalias negras; el look que Rachel Berry solía usar en el instituto, el look que Quinn había elegido para la audición.

Quinn miró silenciosamente como Rachel murmuraba al espejo, probablemente repasando su monólogo una vez más. Se apoyó en el marco de la puerta mientras las cejas de Rachel se fruncían en determinación; metiéndose de lleno en la pieza. Quinn sonrió lentamente, reconociendo el trozo por el que la diva iba de su monologo, y dejó que sus ojos viajaran por la morena. Iba a conseguir el papel. Quinn lo sabía. Su apariencia resultaba ser el de una inocente chica, con el pelo aguantado por una diadema, con un aire de ingenuidad, perfecto para el personaje de Cecile. Cuando Rachel cantara su canción, se quitaría la diadema y dejaría que su cabello le cubriera ciertas partes de la cara para darle un look más maduro.

Rachel asintió a su reflejo, contenta de cada voz que dijo. Cuando se dio la vuelta, se sorprendió momentáneamente de ver a Quinn mirándola desde la entrada. Pero la rubia parecía distraída; tan sólo mirándola. "¿Lista para irte?" Preguntó Rachel suavemente, aún consciente de que los ojos de Quinn estaban sobre ella.

Quinn se aclaró la garganta y se incorporó. "Sí, perdona. Cuando quieras." Rachel asintió y rozó a Quinn al entrar en el salón.

"Tú debes ser Lydia. Soy Rachel Berry, encantada de conocerte." Se presentó Rachel, alargando la mano para que Lydia la estrechara. La chica de pelo negro estaba mirando a las fotos y comiéndose el último rollito de primavera del refrigerador.

"Ei, hola." Dijo Lydia. "Tenía hambre." Rachel miró a Quinn sorprendida y dejó caer su mano.

"¿Em.. Vale?" Dijo Rachel, aun mirando a Quinn sin entender nada. La rubia puso los ojos en blanco y se fue a la cocina a coger la bolsa con las cosas que pensó que Rachel querría después de la audición: dos botellas de agua, un ligero snack, una pila de cartas de agradecimiento que podía escribir mientras los otros estaban haciendo la audición, y un crucigrama de Broadway para distraer a la diva y evitar que entrara en pánico.

Tal y como Rachel quería, llegaron una hora antes al teatro. Ya había gente ahí y eso a Rachel no le gustaba. Pero se dirigió hacia el backstage y empezó a prepararse mientras Quinn tomaba asiento en las butacas detrás del director y aquellos que se sentaban a su lado.

Durante todas las audiciones a las que iban, Quinn cosía y se mantenía atenta las direcciones que se les indicaban a aquellos en el escenario. Cuando el director decía algo importante, Quinn enviaba un mensaje rápidamente a Rachel para que la diva no hiciera el mismo error. Esto es algo que habían decidido después dela primera audición de Raachel.

Quinn dejó de coser cuando llamaron a Rachel y se sentó bien en la silla para mirar a la diva en el escenario. La rubia sonrió. Rachel estaba completamente segura y la rubia sintió una oleada de orgullo. Alto y claro, Rachel recitó su monologo. Fue perfecto. Quinn sabía que lo era. Aun así, la rubia grabó la audición porque a Rachel le gustaba criticar su trabajo.

Después de terminar su monologo, las tres personas delante de ella juntaron sus cabezas para hablar silenciosamente. Quinn intentó escuchar, pero no lo consiguió. Rachel esperó paciente en el escenario, con sus manos en su espalda, una pierna delante de la otra, con el pelo ya suelto y esperó hasta que le dieron permiso para cantar. De repente, las tres cabezas se separaron y el director indico a Rachel que continuara.

Fue fácil para Rachel al recurrir a sus emociones para hacer la canción creíble. No podía ver a Quinn en la audiencia, pero sabía que la rubia estaba ahí. Usaba a Quinn como su musa, recordando sus gestos y su voz, sus caricias y sus besos, cada cosa que la rubia había hecho por ella durante este último el año y medio. Cantó con la convicción de una chica que estaba en el proceso de tener el corazón roto. Era una canción fácil de cantar.

En la audiencia, Quinn aguantó la respiración al ver a Rachel cantar. Había escuchado a la diva practicar los últimos días pero esta vez era diferente. Esta vez, Rachel parecía estar escribiendo las palabras a medida que las cantaba. Como de costumbre, su voz era perfecta, pero la emoción que la acompañaba era lo que hacía de esa representación algo perfecto.

"Gracias" Dijo el director mientras anotaba en su cuaderno. "Estaremos en contacto" Rachel asintió, aun recuperando la respiración y se apresuró a salir del escenario.

El sonido de los hombres de delante de ella discutiendo es lo que sacó a Quinn del estado de adulación que la actuación de Rachel la había dejado. Apartó los ojos de donde hasta hace unos instantes Rachel había estado y vio como uno de los hombres dijo algo al director antes de levantarse enfadado.

Quinn adivinó que no estaba contento con algo. No le importó mucho. Estaba más preocupada sobre cuándo volvería a aparecer Rachel para darle el agua. Sabía que Rachel estaría sedienta. Quizá también querría el snack. No había desayunado mucho.

Si en ese momento, Quinn Fabray hubiese recogido sus cosas, se hubiese perdido todo. En cambio, dejó que su mirada se centrara en el chico joven que estaba intentado decirle algo al director, inclinándose en su silla y susurrándole algo en la oreja del hombre. Algo sobre él hizo que Quinn se fijara más. Sintió algo en el interior de su estómago. Algo que iba en aumento. Algo que hizo que Quinn quisiera gruñir del cabreo. No había sentido eso desde hacía tiempo. No desde que se quedó embarazada.

Y cuando el joven chico se incorporó, se ató el abrigo y se dirigió al pasillo, Quinn lo entendió. Su labio se torció y su corazón se aceleró cuando él la vio.

"Quinn Fabray," Dijo Jesse St. James mientras se detuvo en el pasillo. Tan engreído como siempre. "Curioso encontrarate aquí." La mandíbula de Jesse se apretó y sus ojos se entrecerraron. De repente, un joven se apresuró hacia él y le entregó su bolsa.

Quinn restó en silencio, ajustando sus facciones para parecer aburrida e indiferente, mientras sus dedos fueron a buscar la bufanda que había estado tejiendo.

"Ya no estás embarazada, por lo que veo." Comentó Jesse mientras escribía algo en la libreta que tenía en sus manos. Quinn lo miró con la ceja levantada. Estaba sonriéndole mientras escribía. "¿Asumo que estás aquí por Rachel?" Quinn volvió a tejer y decidió ignorar al chico, sabiendo que sería lo mejor. Si no lo miraba, no sentiría la necesidad de matarlo. "Por favor, asegúrate de que recibe esto. Me encantaría hablar con ella antes de que la producción empezara." Preguntó, acercándole el papel.

La cabeza de Quinn se levantó. "¿Antes de que empiece la producción? ¿Significa eso que…?" Jesse rió sintiéndose importante.

"Por favor, asegúrate de que lo reciba." Pero Quinn ignoró la nota con una ligera aclaración de garganta y volvió a tejer. "George, ¿Puedes esperar a la señorita Berry y entregarle esto de mi parte?" Pregunto Jesse al chico que seguía a su lado. George asintió rápidamente y Jesse se giró hacia Quinn. "De nuevo, un placer haberte encontrado, Quinn. Quizá la próxima vez siga andando."

"A mí me parece bien eso, St. James." Jesse volvió a sonreír.

"Apresúrate Quinn. Según tu reputación, vas a necesitar coser esos patucos un poco más rápido." Le hizo falta mucha fuerza de voluntad a Quinn para no replicarle. Se concentró en tejer, pero una vez que Jesse se fue, Quinn se petó el cuello y dejó la bufanda a un lado.

Quinn no podía recordar la última vez que su corazón se aceleró tan rápido. También era consciente de que estaba sudando. Finn. Podía lidiar con Finn. Puck no sería absolutamente problema alguno. Quinn no tenía que preocuparse por ningún tío nuevo apareciendo en la vida de Rachel. Pero Jesse St. James era un problema por diferentes razones: primero, era listo. Segundo, era igual de manipulador que Quinn. Y tercero, si pasado con Rachel no había tenido ningún tipo de cierre.

¡Mierda, mierda, mierda, mierda, joder, joder, joder, me cago en todo! Su cuerpo estaba temblando y de pronto sintió náuseas. Estaba entrando en pánico, estaba nerviosa y quería abrazar a Rachel para simplemente saber que esa chica no se le escaparía.

Como un animal en una gavia, Quinn se levantó y anduvo por el pasillo hacia las puertas. Consciente de la misión de George, se giró para buscar en el oscuro auditorio para ver si podía ver a Rachel. Quinn sabía que no tenía sentido, sin embargo; Rachel no saldría hasta no terminar con su ritual post-audición. La rubia se pasó la mano por la cara e intentó calmarse. Las posibilidades de que Rachel supiera que Jesse había estado en el casting eran mínimas; la diva no dudo ni un segundo en el escenario. Si lo hubiese visto, Quinn lo hubiese leído en su cara.

¡Bueno, eso apenas es reconfortante!

Al menos no sabe que está en Nueva York. ¡Y quizá no ha conseguido el papel, así que no lo verá!

"Me gustaría hablar con ella antes de que empiece la producción." ¡Eso a mí me suena como que ha conseguido el papel!

No, es un imbécil. Quizá lo que quiere es contactar con ella antes de que la producción empiece para él. No para ella.

Me he perdido. ¡El caso es que el Jesse St. James este ha vuelto y estamos jodidas!

¡No! ¡No lo estamos! ¡Nos quiere! ¡Está prometida con nosotras! ¡Eso no significa nada y mucho menos cambia nada!

Esto lo cambia todo, Fabray, y lo sabes.

¡Pero está con nosotras!

¿Y desde cuándo eso significa algo? Estáis prometidas pero ni siquiera hay un anillo en su dedo. No habéis acordado una fecha. ¡Ni siquiera os acostáis juntas!

¡Me encanta como cada vez que hay un problema, es mí problema, y no nuestro problema!

Bueno, tú eres la que está jodida.

¡Que no! ¡Para! Necesito pensar, necesito averiguar qué hacer.

Bueno, no le puedes contar sobre él.

¡El tío ese está de pie ahí mismo! Va a darle el mensaje de Rachel y lo sabrá entonces.

Bueno, pues piensa en algo, porque no puede llegar a recibir la nota.

Pero si consigue el papel, ella lo verá igualmente.

Pf, esto está jodido.

¡Qué pares! Mira, podemos hacer algo aún. Lo llevaremos al siguiente nivel. Seremos… ¡Seremos incluso más dulces de lo que normalmente somos!

¿Qué más?

¡No lo sé!

Bueno, pues piensa rápido, porque por ahí viene.

¡Mierda, mierda, mierda, joder, joder, joder!

"Creo que ha ido bastante bien." Dijo Rachel mientras se acercaba a Quinn.

"¡Hey, Rach!" Quinn se giró e inmediatamente abrazó a la diva, cerrando los ojos. La rubia se sintió mejor con tan solo abrazar a la morena, contagiándose de su calor y su olor familiar, y apretó aún más a Rachel para calmarse más.

"¿Estás bien?" Susurró Rachel, completamente cogida por sorpresa por el recibimiento tan caluroso pero sorprendentemente complacida por cómo se estaban abrazando.

"Has estado genial." Susurró Quinn, queriéndolo decir de verdad, aún con la diva entre sus brazos. Por encima del hombro de Rachel, la rubia vio a George con ojos ansiosos buscando por todo el auditorio y mirando a las chicas abrazarse. Esto dio a Quinn una idea.

Apartándose un poco de Rachel, Quinn cogió su cara con sus manos suavemente y la miró a los ojos. "En serio, cariño, has estado absolutamente increíble." El apodo hizo que Rachel se sorprendiera momentáneamente antes de recordar que tenía ciertos apuntes a mejorar de su audición.

"Bueno, primero he… ¡Ompf!" Rachel casi pierde el conocimiento del impacto del beso tan repentino. El entusiasmo de Quinn era sorprendente y la diva sintió que le faltaba aire en sus pulmones mientras se agarraba al abrigo blanco de Quinn para no perder el equilibrio.

Con la adrenalina de su adición aún en sus venas, Rachel pasó de estar nerviosa a tener un bombeo de sangre que la excitó en tan solo unos segundos. Rachel gimió profundamente mientras Quinn succionó su labio inferior y luego deslizó su lengua hacia la suya. La rubia jadeó en el labio de Rachel mientras su boca se deleitaba en la de la diva con un hambre que Rachel no tenía problema en igualar. La mano de Quinn acarició el cuello de Rachel mientras que la otra agarraba la cintura de la diva con tal entusiasmo que Rachel no estaba segura de a dónde se dirigía. Tampoco es que le importara mucho – mentalmente le rogaba a Quinn que la deslizara en su trasero, o por debajo de la falda, e incluso debajo de su ropa interior.

La rubia estaba mareada por la falta de oxígeno. Intentó desesperadamente recordar la razón por la que empezó el beso pero todo lo que podía recordar era esa imagen difusa de Rachel murmurando delante del espejo de su dormitorio. Ver a la diva entrar en el escenario con sus ojos brillantes y su gran sonrisa. Sentarse en el sofá de su salón con sus pies desnudos bajo de ella, girando las páginas del guion de Matt mientras escribía notas en los márgenes. Cada imagen que Quinn tenía hacía que acercara más a Rachel. Podía sentir los pechos de Rachel contra los suyos, sus endurecidos pezones rozándose y unas pequeñas y suaves manos acariciando su piel. Sin ni siquiera darse cuenta de que lo estaba haciendo, Quinn soltó un gemido suave al apretar la cadera de Rachel e introducir sus dedos en el pelo de la diva.

El sonido sorprendió a la morena. No podía ni siquiera recordar escuchar a Quinn gemir así. Ya era raro cuando Quinn soltaba un ruidito. Normalmente se contralaba muchísimo. Pero ese sonido fue como una ola de calor a una Rachel ya en llamas y Rachel cogió la mano color marfil de su cadera y lentamente la guio bajo su falda.

"Joder." Dios, la voz de Quinn ha sonado realmente profunda… Espera un segundo. Rachel se apartó de Quinn y giró la cabeza para descubrir a un joven mirándolas con los ojos abiertos. Cuando se giró hacia Quinn muerta de vergüenza – completamente sorprendida de haber dejado que su sesión de besos hubiese llegado tan lejos, y en público, además – vio un look similar en la cara de Quinn. El pecho de la rubia se movía mientras intentaba recoger todo el aire necesario y sus ojos, más negros que nunca con ligeros toques de verde, estaban centrados en la boca de Rachel.

"Deberíamos irnos" Murmuró Rachel, aliviada de ver que todas las otras personas en las butacas estaban ocupadas con lo que ocurría en el escenario. Estaba sorprendida, sin embargo, de ver que la chica en el escenario estaba cantando. Rachel no recordaba escuchar a nadie cantar hacía unos instantes. Bueno, eso sí que ha sido un beso…

Cuando Quinn sintió a Rachel tirar de su abrigo, la siguió. Su mente aún seguía en estado de Déficit de Atención. La música proveniente del escenario sonaba como si la estuvieran grabando bajo el agua y la oscuridad del teatro le estaba dando una visión parecida a la de un túnel. Aún temblaba y su boca estaba completamente seca.

Cuando George se acercó silenciosamente a Rachel para entregarle la nota de Jesse, Quinn la sacó de sus dedos y se alejó con Rachel, mirando al chico por encima de su hombro. "Mío" le gesticuló Quinn al chico, señalando a Rachel y a sí misma mientras la diva las dirigía a la alumbrada salida.

"¡Bueno!" Exclamó Rachel una vez tocaron las calles de Nueva York antes de empezar a reír. "Creo que nos hemos dejado llevar un poco ahí dentro" Quinn sonrió ligeramente mientras Rachel la rodaba con un brazo. Rachel continuó sonriendo mientras paseaban por Broadway y miraban las ocupadas calles. "Me encanta Nueva York en Navidad" La adrenalina de Rachel aún se notaba en sus venas. Sentía un aturdimiento que tenía diferentes fuentes. Es verdad que a Rachel le encantaba Nueva York en Navidad. Y sí, también era verdad que estaba muy contenta con su audición. Pero caminar por Nueva York en Navidades después de haber clavado una audición no era nada en comparación de hacer que Quinn Fabray gimiera.

Rachel rio al recordar la cara del chico ese. Tenía la sensación de que ese era el día más feliz de la vida de Rachel Berry. Por el contrario, Quinn sentía un peso enorme en su estómago. O igual era por la nota de Jesse en su bolsillo. Intentó bloquearlo de su mente mientras sacaba las dos botellas de su bolsa y le entregaba una a Rachel.

"¡Oh! ¡Gracias! ¿No tendrás por casualidad uno de esos…?" Quinn le ofreció un muffin de plátano que había hecho la noche anterior antes de beberse la mitad de la segunda botella de agua. "Perfecto. Gracias, Quinn." Dijo Quinn antes de morderlo. "Mmm, apenas he desayunado esta mañana. Estaba nerviosa." Quinn sonrió y puso los ojos en blanco. Rachel no había estado nerviosa, había estado emocionada. La diva siempre se emocionaba antes de sus audiciones.

"¿Qué quieres hacer este año por Navidad?" Preguntó Rachel mientras veía un par de turistas tomar fotos.

"Lo que hicimos el año pasado ya me está bien." Murmuró Quinn. No quería pensara en las vacaciones. Se sentía fatal. Se sentía como la imbécil más estúpida del mundo. La culpa de estar mintiendo a Rachel de pronto había crecido – de la nada. Sin querer investigarlo a fondo, Quinn pensó en sus besos y se dio cuenta de que cada uno se estaba volviendo más peligroso. Estaban en el punto de querer más y la rubia quería apartar la imagen de más por el momento. Sabía que Rachel era buena para ella. Siempre lo había sabido. Pero ver a Jesse St. James le había despertado un instinto de protección. Quinn de pronto sintió el pánico, pensando en alguien más, en cualquiera, estando con la morena. No sabrían cuidar de ella de la manera en que Quinn sabía. No la tratarían bien.

"Quizá para este año por Chanukah podemos hacer cosas típicas de Nueva York para hacer cada noche. Y para mi cumpleaños… Bueno, no lo sé. Ir a cenar a algún sitio agradable, o una habitación de hotel o algo. ¿Igual ir a bailar? ¿Qué te parece?"

"Mmm hmm" Murmuró Quinn asintiendo.

"Aunque mis padres han estado insistiendo en que quieres visitar." Dejó caer Rachel mirando de reojo a la rubia.

"Claro, lo que quieras." Continuó accediendo Quinn sin escuchar.

"¿En serio?"

"Ahá."

"¿No te importaría?"

"Como tú quieras, Rach."

"Pero ni siquiera estás escuchando."

"Me parece bien"

"Genial, aunque creo que deberíamos empezar sobre tener hijos."

"Vale."

"Quiero cuatro. Yo llevaré dos y tú dos."

"Genial."

"Quiero un donante anónimo. Fertilizaremos el esperma con mi ovario y tú llevarás los dos primeros así. Después de que mi carrera tenga éxito utilizaremos el mismo donante, fertilizaremos tus ovarios y los llevare yo. ¿Te parece bien?"

"Sep."

"De esa manera los niños que yo lleve se parecerán a ti pero sentiré la conexión hacia ellos y viceversa. ¿Aún estas escuchando atenta?"

"Como tú digas, Rach."

"Tu obediencia es muy sexy, Quinn. Llamaré a mis padres esta noche." Quinn tan solo asintió esta vez. "Estarán encantados de escuchar sobre ti. No es que no les haya querido explicar sobre nosotras, simplemente esperaba a que fuéramos un poco más mayores; pueden ser un poco retrógradas con algunas cosillas. ¿No te importa, no? ¿Contárselo cuando lleguen? ¿Quinn?"

Quinn finalmente levantó la vista y miro a Rachel. La diva la estaba mirando con ojitos de cordero degollado. "¿No te importa, no?" Quinn miró los labios de Rachel un segundo y luego sacudió la cabeza.

"No me importa." Rachel sonrió y se puso de puntillas para besar la mejilla de Quinn.

"Genial. Llamaré esta tarde." El ceño de Quinn se frunció mientras volvían en silencio a casa.

La corazonada de Quinn en el estómago solo se empeoró por el tono de Rachel. Estaba segura de que se había perdido un montón de cosas importantes. Pero la diva esta emocionadísima. Sabía que quizá mañana volvería a preocuparse sobre hacerse daño con Quinn, pero hoy estaba caminando con ella tras una audición perfecta. Se preocuparía por el mañana, mañana.

Rachel respiró hondo y expiró suavemente, sintiendo el aire frío en sus pulmones. "De verdad que me encanta Nueva York en Navidad."