Bueno, gracias por los reviews, amo leerlos, y todos los consejos que me han dado los he utilizado. No se preocupen por nuestro asombroso y amado Gilbert, se van a enterar porque todavía existe pero, todavía no, tengo que profundizar el drama (Sonríe). Lo de México…ya encontré el nombre… ¿Qué les parece Alejandro José? Es que no quiero que aparezca sin nombre. También, cualquier cosa rara que encuentren por ahí me dejan saber. Sé que estoy subiendo los capítulos muy rápido pero…oh bueno.

Hetalia no me pertenece.

Advertencia: Violencia, sangre, muerte de personajes (no me odien lo hago por el drama) OCC y USxCan…


Estaba sentado junto a la ventana, muchas cosas le vinieron a la mente mientras veía sus manos todas vendadas. El, más que nadie, quería saber quien le tendió esa trampa. Pero no importa, se las va hacer pagar caro al que fue, si quieren jugar con él pues un juego tendrán. Además, para jugar se necesitan dos personas. ¿No?

Fue un tonto en ir al aeropuerto si sabía que Alfred nunca le mandaría un mensaje, y muchos menos pidiendo ayuda. Pero, el maldito sonaba tan desesperado y alarmado que no había otra opción que creerle.

—Eso fue sucio— Siguió pensando mientras miraba a su alrededor. Se veía tan sola la habitación, tan vacía, tan callada y los mas que odia, tan fría. ¿Por qué todos tuvieron que irse y dejarlo solo? El no hizo nada malo, ellos fueron los culpables. ¿Qué nunca entendieron su juego?

— ¿Vienes a jugar conmigo, da? —

—Iván Braginski, arriba las manos— el ruso se volteo sonriendo. Tenía visitas en su casa. ¿Desde cuándo no las recibía? Aunque tenía que admitir que se veían raros. ¿Para qué están vestidos de militar y están apuntándolo con pistolas? No importa, el puede seguir el juego, aunque no sepa cuál es.

— ¿Viene a jugar, da? — sonrió el ruso mientras se les acercaba a ellos. Los militares retrocedieron temblando, esa sonrisa que tenía el ruso no podía significar nada bueno. Pero, para Iván era un simple juego, no iba hacerles daño. El no haría eso, mucho menos a sus visitas que hacía mucho tiempo que no las recibía. Tenía que hacerlas sentir cómodas.

El primer militar disparo, por instinto, al ver el alto ruso acercándose sin dar señal de retroceder. Iván se detuvo unos instantes para mirar a su pecho. La sangre corriendo, era una situación inexplicable. La sangre era tan roja, tan…no lo podía explicar en simples palabras, la sentía quemar su piel. En cortos lapsos de tiempo recordó todas las guerras, las muertes, los gritos, el frio de todos los conflictos donde él fue participe. La crueldad de cómo se manifestaron, y las heridas producidas, los amigos que tuvo y los enemigos que adquirió en fin, todo estaba presente en él, y eso fue suficiente para despertarlo.

— ¡Que malos son! ¿Cómo se atreven venir a mi casa y jugar tan sucio? Ahora es mi turno, se quedan quietos ¿Da? —

El último sonido que se escucho fue cuando una botella de Vodka se hizo pedazos en el suelo.


— ¿Desde cuándo Feliciano esta así? ¿Por qué no me llamaron de inmediato?— Ludwig pregunto mientras fijaba su mirada al suelo. No quería ver a Feliciano de esa manera, tan decaído. Y nadie en esa habitación podía hacerle levantar su mirada para verlo, simplemente no tenia las fuerzas para hacerlo. Todo le había caído de golpe. Primero, le ocultan que Feliciano esta en ese estado, segundo, la pelea entre él y Gilbert, y por último, tiene que escuchar las reclamaciones de Roderich que dice que necesita al albino de vuelta para interrogarlo. Ya era mucho, el alemán ya no podía, todo era demasiado. Una mas y no se hace responsable de las acciones que pueda hacer.

—Dijiste que no hiciéramos llamadas innecesarias— Ludwig se levanto y volteo su mirada ha donde estaba el austriaco sentado. Ya la perdió, no podía más. No puede entender la frialdad de Roderich, simplemente no tiene respuesta.

— ¿Roderich? — El austriaco miro al alemán por el rabillo del ojo, fue una mirada rápida. Podía sentir que el alemán estaba a punto de estallar pero, el no va a contestar nada de lo que piensa Ludwig decir. Parece que también Hungría lo sintió porque se podían oír los sollozos de la joven, la cual no se había despegado ni un instante del lado de Feliciano.

— ¿Crees que esto es innecesario? ¿Roderich Eldestein, dame una razón de no golpearte la cara ahora mismo? ¡No tienes corazón!— El alemán se puso en frente del austriaco, Austria lo miro para luego voltear la mirada al libro que estaba leyendo. Simplemente no iba a hablar de esto con él. Austria daría cualquier cosa para que lo entendieran, para que se dieran cuenta de que al él le está afectando la situación pero, no importaba lo que hacía siempre le repetían lo frio que era. Todos son tan cerrados de mente.

—Tú no eres la persona indicada para decir si tengo corazón o no, Alemania. Eso suena tan irónico de tu parte— Austria sobresalto cuando Alemania golpeo la mesa con la mano. Seriamente, no espera esa reacción de parte del alemán; cuando son entrenados para manejar las emociones y conflictos.

—Si me vas a recordar mi pasado, mejor cállate—

— ¡YA! — Hungría no pudo mas, tenía que sacarse eso del pecho. Ya era suficiente. No quería oír mas peleas ni discusiones, simplemente quería oír silencio. Si hablaban de tener corazón o no, ninguno de los dos tenia uno. ¿Cómo se ponen a pelear cuando Feliciano esta postrado en la cama? — ¡BASTA! Si los oigo hablar otra vez les juro que les arrancaré la lengua… ¿Me escucharon? —

Tanto Austria como Alemania miraron a la joven húngara, las lagrimas le bajaban como cascadas por sus mejillas ya rojas de tanto llorar, su mano derecha apretaba su pecho, con todas sus fuerzas, parecía que se lo iba a arrancar, mientras en la otra apretaba el sartén; mirándolos a ambos con una mirada amenazadora.

—Ludwig, tú no tienes ni alma ni corazón por lo que le dijiste a Gilbert, y tu Roderich, tampoco tienes porque lo único que sale de tu boca es veneno. Así, que por favor… ¡CALLENSE! —

Ludwig dirigió su mirada al piso mientras Austria salía de la habitación sin decir nada. Sentía la necesidad de irse porque si no iba a perder la única razón que tiene.


Era un mal agradecido, un mocoso engreído. Si, no había más palabras para identificarlo, esas eran simplemente prefectas. Pero, no importa, el no necesita a nadie, el solo puede cuidarse bien. El no necesita compañía alguna para sentirse bien, estar solo es lo mejor que hay en este mundo. Nadie que te ordene y te diga que hacer o cómo comportarte. Nadie que te diga cómo actuar y hablar, que ropa ponerte o qué hora levantarte. En fin, estar solo es lo mejor que le puede suceder a una persona como él.

— ¡Nadie me puede vencer, soy mejor que todo ellos juntos! ¡Por eso me querían ver caer, porque simplemente soy mucho para ellos! — Gilbert sonrió, saboreando cada palabra de superioridad que decía. Se sentía orgulloso, nadie más que a él le saldrían unas palabras como esas, de eso está seguro. Y si las llegan a repetir es que simplemente no tiene originalidad y les falta imaginación. —Pero, no lloren, Gilbert aun no se ha ido y tampoco piensa hacerlo, kesekese—

Luego de caminar una larga distancia se detuvo, solo esperaba que el suizo no le saliera como tuerca mal colocada y se le lanzara encima a punta de pistola. Toco tres veces pero, nada. Ni un grito, ni un tiro, y ni siquiera una amenaza. Se supone que hayan regresado de Austria hace horas. Se asomó por la ventana pero, todo estaba oscuro, quizás estén descansando pero, lo que esta raro es la hora. El albino toco de nuevo pero, la puerta se abrió sola. Tomando las debidas entro a la casa, ojos color rojo carmesí se abrieron sorprendidos al ver la escena. Todo estaba destruido, las ventanas rotas, vidrios en el piso y las paredes tenían agujeros de balas.

— ¿Vash, si quieres llamo a un terapista? — El albino pregunto mientras perseguía los que parecía un rastro de sangre en el piso. No quería ni pensar a quien le pertenecía esa sangre, el simple hecho de pensarlo hacia que se le erizaran los cabellos. Se detuvo cuando vio una cinta azul, la cual recogió. Sus dedos comenzaron a temblar, no tenía ni que dar vueltas al asunto. Sabía quien era la dueña de dicha cinta.

— ¡LILI! — la joven estaba pegada a la pared, era horrible, tenia agujeros de bala por todo el cuerpo, su traje rosa, el cual siempre luce con orgullo, estaba destruido. Ella estaba irreconocible. Gilbert se arrodillo a su lado y la tomo en sus brazos, no podía creer lo que estaba viendo.

— Gi-Gil-Gilbert— el albino bajo la mirada a la joven, la luz de sus ojos verdes ya ida. Su respiración era débil y su movimiento lento, Gilbert sabía que no había tiempo que perder, tenía que buscar ayuda pero, el problemas era que no sabía a dónde.

— ¡No hables Lili, guarda tus fuerzas! —

—N-no…Gil…n-no h-hay tiempo, e-esc-escúchame— Aunque quería sacarla de ahí y pedir ayuda se sentía obligado a escucharla, quería saber lo que paso, porque ella termino así, quien hizo esto, bueno todo, quería saberlo todo. —S-se l-l-llevaron a m-mi he-hermano—

— ¿Quién Lili? ¿Quién hizo esto? —

—N-no di-dijeron…Gi-Gilbert, s-si ve-ves a m-mi he-hermano di-dile que l-lo q-quiero— Lili dijo apretándole la mano a Gilbert, se podía sentir lo fría, y débil que estaba. Gilbert sentía un nudo en la garganta, veía como la joven agonizaba en los brazos de él y no podía hacer nada por ayudarla.

— ¡Lili, no! ¡Lili, quédate conmigo! ¡Mírame! —

—G-Gi-Gilbert, e-estoy c-cansada…ten-tengo sueño—


Islandia tiro el abrigo a la silla más cercana que le quedaba. Estaba cansado, todo este lio, problemas, y conflictos, y lo único que Noruega hace es mandarlo a buscar un maldito pedazo de papel junto a Suecia; y en los lugares más remotos de la isla. No era que le molestaba hacer favores pero, lo que si le molestaba era que toda la búsqueda fue en vano. ¿Para qué Noruega quiere un pedazo de papel que ni existe?

— ¡Hola Ice! — Islandia miro por el rabillo del ojo, y lo que vio fue una sonrisa plasmada en la cara de Dinamarca, el cual se sentó al lado de Suecia, para la suerte del sueco. El danés siempre tenía que sentarse a su lado no importando la situación en que estuvieran— ¿Escucharon que en Suiza hay un caos? Cerraron las fronteras, te digo que esto se está poniendo feo—

—N'da—

—Perdón, se me olvido que no estaban aquí cuando eso. ¿Oigan? ¿No creen que esta todo como que muy callado aquí? —

Islandia salió de la cocina ignorando la pregunta. Estaba muy cansado, además el dolor de cabeza que tenia no le estaba ayudando para nada, malditas protestas. Por eso decidió irse a descansar y relajarse hasta que esto pasara. Entro a la sala y encendió el televisor pero, algo andaba raro, muy raro para su gusto.

perdóname…

n-no f-fue t-tu culpa…

Islandia se levanto al oír el susurro, esa voces sonaban a Finlandia y Noruega, de eso estaba seguro pero, se oían tan débiles y llenas de miedo; algo está jugando con su mente. Antes de buscar en donde estaban busco primero a Dinamarca y Suecia, estaba nervioso, sabía que algo había pasado. Los dos empezaron a buscar por la habitación mientras Islandia los miraba atentamente, no podía despegar los ojos de ellos. Estaba seguro de que era ellos.

—Ehh… ¿Chicos, esto es sangre en el pasillo? — Tanto como Suecia e Islandia se asomaron por el hombro del danés, solo para ver lo mismo que él había visto, y asegurarle a el alto joven que si era, efectivamente sangre. Dinamarca trago en seco, sudor bajándole por su frente, antes de continuar con su marcha alrededor del estrecho pasillo. Suecia e Islandia siguiéndole los pasos muy de cerca.

— ¡LARGENSE! —

Las tres naciones se sobresaltaron al escuchar el grito, era Noruega pero, había algo distinto en el. Su voz era una mezcla de ira y miedo, su cuerpo estaba temblando sin parar, su cara inundada de lágrimas y su ropa toda bañada en sangre. En sus brazos tenia a Finlandia, lo abrazaba fuertemente mientras lo movía como si le estuviera cantando una canción de cuna. El primero en reaccionar fue Suecia que no espero, y rápidamente se arrodillo al frente de los dos.

— ¡N-no f-fue m-mi culpa! T-todo o-ocurrió t-tan ra-rápido— tartamudeo el Noruego, el sueco solo coloco su mano en la mejilla, en señal de que no se preocupara. Noruega asistió con su cabeza y coloco el finlandés dormido en los brazos del sueco, mientras él también se acomodaba en su pecho para llorar.


Todo en la habitación estaba tranquilo, ya que se había levantado el joven italiano. El quería salirse de la cama pero, Hungría se lo impidió, no era seguro de que lo hiciera. Ella lo ayudaba a tomar una taza de café que había preparado hace un momento, el la miraba con esos ojos color miel bien abiertos, quería hacerle muchas preguntas pero, se sentía débil, no sabía si podía preguntárselas todas sin desmayarse de nuevo.

Observo a su alrededor, en una esquina de la habitación estaba Austria sentado, de nuevo, y recostado de la pared estaba Alemania, el cual no se dignaba en mirarlo. Seguramente estaba molesto con el por ser tan débil e inútil como siempre, y no quería pensar en eso. No quería perderlo, menos en la situación que estaba pasando. Se sentía tan débil, y lo primero que le vino a la mente fue el Sacro Imperio Romano. No todos los recuerdos eran felices, él le había dicho que se sentía débil, sin fuerzas, y que en el día menos pensado desaparecería. ¿Quizás, esto significa que Italia también…desaparecerá?

Todos voltearon la mirada al escuchar la puerta abrirse, era Antonio, que otra vez tenía esa cara de angustia.

—Tengo buenas y malas noticias— dijo el español bajando la mirada al suelo. La tarea que escogió fue la más terrible de todas. Tenía que informar cada dato que venía a su mano, era terrible su tarea pero, tenía que hacerlo.

—Antonio…dilas por favor— suspiro la joven húngara acercándose al español. Le dio su apoyo, y dentro de toda esta situación le sonrió para que el español no se sintiera tan caído.

—Francia llego a Londres sin ningún problema, Gilbert llamo y dijo que vendría…y…—

El español cerró los ojos y coloco sus pensamientos en orden, era duro lo que iba a decir, no sabía cómo decirlo, no era nada de fácil. Bueno, nada de lo que está pasando es fácil. Viven en una constante paranoia, la cual les impide dormir y hacer las cosas normalmente. Están entre la espada y pared, aman a su gente pero, sus ciudadanos, la razón de existir, los quieren ver muertos.

— ¿Qué? —

—Suiza esta desaparecido, no se sabe su paradero y…Lili y Bélgica…Lili…

— ¿Qué? ¡Por lo más sagrado, habla Antonio! — Hungría agarro al español por el cuello de la camisa y lo balanceo alarmada. No pudo evitar pensar lo peor, y desde que pensó en todo esto sabe que todo se va a poner mas terrible de los que esta.

—Lili y Bélgica han muerto—

Hungría cayó arrodillada al piso, sus manos apretando el traje que llevaba. Quería gritar, quería llorar pero, era en vano, ya no tenía más lágrimas que soltar, y el grito se le quedaba atascado en su garganta. Una presión le apretaba el pecho, era terrible, no había palabras de explicar lo que sentía. Todo era mucho.

— ¿Qué paso? ¿Qué vamos hacer?— pregunto Austria volteando su mirada a todos en la habitación.

—Holanda ocupo el lugar de Bélgica…en cuanto a Lili y Vash…todo está perdido. ¿Cómo saben quiénes somos? Es como si alguien les hubiera dicho y por eso nos están cazando—

Todos miraron a Antonio, y era un buen punto. Ninguno de ellos pensó en eso antes, y honestamente, tampoco pensaron que Antonio lo iba a cuestionar.

— ¿Qué quieres decir con eso? — Por fin Alemania se movió de su posición. Feliciano siguió sus pasos con sus ojos, atentamente mientras lagrimas bajaban por sus mejillas, si en verdad iba a desparecer tenía que dejárselo saber de cualquier manera posible. El no va a dejar a Alemania sufrir lo mismo que sufrió el cuando el Sacro Imperio Romano tomo aquellos pasos, se dio la vuelta y se fue. No quería dejarle el mismo vacio, el mismo dolor…la misma herida, la cual aun lleva. Si solo le hubiera dicho lo que realmente sentía, el, en su niñez lo entendería.

—Me da miedo decirlo…pero, creo que hay un traidor entre nosotros—


Abrió sus ojos violetas a la luz frente a él. No sabía cuál era el uso de ella pero, sabía que estaba en un cuarto de interrogación. Estuvo unos minutos para poder acostumbrar sus ojos a luz pero, con todo y eso no podía ver la cara del hombre enfrente del, quizás para eso sea la luz. Pero, no importaba si podía ver la cara o no, quería saber para que lo querían y como se enteraron de que el existía. Muchos pensamientos corrieron en su mente, muchas posibilidades de cómo ocurrió pero, todas le daban miedo. Era mejor que ni se enterara.

— ¿Para qué me quieren? ¡Déjenme libre! ¡Ustedes no saben lo que les puede pasar! — Matthew grito alarmado pero, al ser la persona que es, el grito salió como un murmullo. Matthew juro que empezaron a reírse y eso le dio rabia; nunca lo toman en serio.

— ¡YA, dejen de reírse!— Hubo un silencio en la sala, un escalofrió le subió por la espalda a Matthew. Otra vez esa voz, la luz fue apagada y todos abandonaron la habitación menos la persona que dio la orden. Matthew pestañeo dos o tres veces, soltando un par de lágrimas, para poder acostumbrarse de los cambios de luces.

Observo detenidamente a la persona en frente al él. Estaba vestido de negro, y tenía un casco que hacia juego con el uniforme, le recordaba el uniforme de SWAT que utilizan en Estados Unidos. Pero, no, eso no es así. Quizás sean ellos los que están encargados de atraparlos.

—Prometo que todo estará bien— la persona de le acerco, el aliento caliente en sus oídos hacia que su cara se sonrojara. Mordió su labio superior, dicho acercamiento le incomodaba. Solo había una persona en este mundo que podía causarle una reacción como esa. Solo una voz era capaz de marearlo al extremo de perder el conocimiento. Pero, ya basta de ser débil, el mundo entero está en juego.

Matthew se levanto de la silla y la primera reacción que tuvo fue darle una bofetada a hombre, el cual retrocedió.

— ¡TRAIDOR! ¿Cómo pudiste? ¡Sabia que la voz era parecida, si era la tuya!— El canadiense lo tomo por el cuello del uniforme mientras que con la mano libre volvió a darle otra bofetada. — ¿Por qué? ¿Por qué? ¡DIME! —

Matthew empujo al hombre contra la pared, dicho golpe hizo eco en la habitación. Muchos sentimientos se mezclaron juntos, ninguno de ellos siendo bueno. Matthew quería ahorcarlo, sacarle el aire de sus pulmones, matarlo con sus propias manos, no esperaba que él fuera el que anda diciendo todo sobre ellos. El hecho de saberlo le causaba lagrimas, lagrimas de rabia y dolor, sus puños temblaban ordenándole que le diera porque se lo merecía.

El hombre volvió a acercársele esta vez quitándose el casco que cubría el rostro el cual Matthew ya había identificado hacia un momento. Ojos azules se encontraron con violetas, lagrimas bajando por sus mejillas.

—Mattie…escúchame— su voz salió temblorosa, insegura, algo que no va a mano con él. Intento acercársele pero, el canadiense se alejaba. Le dolía ver al canadiense de esa manera, quería abrazarlo, acurrucarlo cerca de él y decirle que está confundido, que todo lo tiene mal calculado.

— ¡NO! —

—Matthew, me preguntaste porque, déjame contestarte—

— ¡NO, Alfred! ¡No quiero oír tu boca traidora! — En eso Alfred se le lanzo encima y lo abrazo, susurrando unas series de palabras en el oído del canadiense, las cuales hacían que el cuerpo del canadiense vibrara. Pero, no, Matthew no iba a caer de nuevo en su juego.

—Matt, escúchame…solo hazlo— Matthew forcejeo para quitárselo de encima pero, algo dentro de él estaba jugando, su mente estaba clara, que tenía que quitárselo de encima que es un traidor pero, sus manos y su corazón no respondían igual. Teniendo dos en contra de uno, no pudo hacer nada más que dejar que sus brazos se posaran en el cuello de su hermano, odiaba ser tan débil.

—D-dime a-antes d-de que m-me arrepienta— Matthew sobresalto, aparentando sus labios al sentir los brazos de su hermano posarse en su cintura. —A-Alfred…—

—Matt…no quiero que nada te pase ni a ti y ni a Iggy…por eso los hago— Alfred bajo su cara del oído al cuello de Matthew, este se paralizo y enterró sus uñas en la espalda del americano, y aunque tenía el uniforme, las sentía.

— ¿Y l-los d-demás? E-so s-suena e-ego- egoísta de tu pa-parte— Matthew trato de resistir, de nuevo, pero, a quien engañaba o quería engañar, esto le gustaba. De que Alfred lo tomara en consideración antes que los demás, eso era algo que aunque tenía rabia, le hacía feliz. Pero, entre tanto forcejeo y empujones ambos terminaron encima de la mesa, Matthew con Alfred encima.

—Matthew…— El canadiense no pudo evitar que un leve gemido escapara de su garganta al escuchar la voz del americano de esa manera.

— ¡A-Alfred, habla d-de una v-vez y por t-todas! —

—Mattie, yo no soy el traidor. ¿Te acuerdas del la niña que salve? — Matthew se sobresalto al escuchar la pregunta. Si, esa fue la manera de cómo todo esto ocurrió. Ese incidente fue el que hizo que todo se viniera abajo como un efecto de domino, que una vez que cae la primera pieza, es difícil de detener. Y todavía esas piezas siguen cayendo.

—…eso lo montaron para que yo cayera en el juego. El traidor sí es una nación pero, no soy yo. Y ya tienen a Suiza, Lituania, Polonia, y algunas se les escaparon como Noruega, Finlandia y Romano—

— ¿Q-que? ¿Cómo? ¿Qué dices? — Matthew no podía creer lo que estaba escuchando, todo parecía sonar como una pesadilla o unas de esas películas que Alfred hace. Todo era imposible, y difícil de creer. ¿Cómo una nación fue capaz de decir que ellos existían? Y los mas que duele… cómo fue capaz de decir quiénes eran las otras sin remordimiento alguno.

—Suena algo difícil de creer Matthew pero, es verdad. Un grupo de ellos fueron a Rusia, Iván es el que sigue en su lista pero, aun no hay llamadas de ellos, estoy seguro que algo paso. En cuanto se libren de Europa y Asia…América Latina será la siguiente…empezando por México—

— ¡Al-Alfred me das asco! ¡Quítate! — otra vez ojos azules chocaron con amatista pero, por un lapso corto de tiempo, porque el americano no perdió tiempo, cuando Matthew iba a abrir la boca, Alfred lo beso. Matthew sintió que su mundo se le vino abajo al sentir esos labios húmedos chocar con los de él. Aunque sea su hermano, se siente tan bien. ¿Desde cuándo esto no pasaba? ¿Desde cuándo no se sentía así?

Pero, fue mucho pedir, porque tan rápido como sucedió paro. Matthew se levanto al sentir el peso de su hermano hacerse liviano; se había sentado al frente con una sonrisa en su cara. Matthew, dentro de su confusión, no pudo evitar que una sonrisa saliera de vuelta; odiaba cuando Alfred ponía esa cara infantil.

— ¿Me entendiste Mattie? —

—Lamentablemente…no— Matthew sonrió bajándose de la mesa.

— ¡MATTHEW! —

—Sí, sí, está bien, si te entendí. ¿Cómo le avisamos sin que se den cuenta?— Matthew bajo la mirada al suelo pero, la levanto de inmediato cuando escucho a Alfred reírse.

—Mattie…por eso te pareces a mí… ¿no? Es hora de jugar a ser el héroe—


Ame escribir la parte de Iván, también me dio pena matar a Lili y a Bélgica…pero, todo por el drama…quiero agradecerles otra vez por todo, los reviews, los consejos, el fin, todo el apoyo que me han dado. Y también me he puesto a pensar si en verdad las naciones existen…bueno…pero, nada esta hija de Ludwig se lo agradece con el corazón.

Review, y hasta el próximo.