DISCLAIMER: Assassin's Creed y sus personajes pertenecen única y exclusivamente a Ubisoft y a quienes ellos cedan sus derechos, este escrito está hecho con el único propósito de entretenimiento personal y de aquellos quienes lo lean, NO como forma de lucro.
... o que creen? si esto fuera mio Lunaykirin y yo tendríamos citas dobles todos los días con Desmond y Altaïr respectivamente... y no los compartiríamos nunca, nunca con nadie ^.^
Reflejo en el Pasado
El ambiente era de lo más ameno.
La mayoría de novicios y varios Assassins de todos los rangos, bajo, medio y alto se encontraban esparcidos por el lugar observando con interés, algunos curiosos y otros expectantes, la escena frente a ellos; era obvio que la historia de aquella apuesta se había extendido rápidamente; con la curiosidad que había levantado Ezio todos deseaban saber más y de ahí que las chicas se prestaran para tal cometido.
Después de todo cualquiera soltaría la lengua con ellas.
La música proveniente del arpa inundaba el lugar, las chicas del jardín estaban divididas en dos grupos, las primeras danzaban frente a él sugestivamente mientras las otras estaban sentadas en los cojines a su lado, una estaba detrás de él con las manos en los fuertes hombros de Ezio, era obvio que trataba de relajarlo, otra de las chicas le sirvió vino en una copa y se la acercaba, mientras que otra intentaba ayudarlo para que bebiera sin problemas y pasaba su mano cerca del rostro de Ezio.
Él por su parte sonreía a los halagos e intentos de las chicas.
Pero en cuanto se dio cuenta de sus intenciones, rápidamente tomó la copa y la acercó al rostro de la chica que intentaba quitarle el pañuelo del rostro.
−Una bella dama como tú debe beber primero –le dijo Ezio con una voz suave y seductora, al tiempo que le guiñaba un ojo.
La chica se ruborizó un poco y luego aceptó la copa; las demás soltaron unas cuantas risitas al ver la suspicacia del hombre, pero continuaron con sus juegos; estaban seguras que podrían distraerlo lo suficiente como para quitar el pañuelo que llevaba en el rostro. Los Assassins por su parte hacían gestos con las manos, otra vez él se les había escapado a las mujeres y murmuraban entre ellos que un mensajero no solía estar tan bien entrenado…
Y es que a ojos de la Hermandad Ezio era un mensajero de una facción lejana, casi tan lejana como desde donde venían los Templarios, o al menos esa era la información que el Gran Maestro Altaïr había revelado sobre este nuevo visitante en Masyaf. Por lo que las teorías no cesaban nunca.
Se hablaba de una conspiración en contra de los Templarios, algo grande que uniera a todas las facciones de asesinos dispersas en distintos lugares de Medio Oriente, otros decían que seguramente se había infiltrado al enemigo y que este sería solamente uno de los primeros mensajeros que llegarían de distintas partes del mundo, otros creían que tal vez las facciones tomarían un solo líder en común para fortalecerse, y que el Gran Maestro Altaïr era el más indicado para esto, ya que no sólo había eliminado la influencia Templaria de Tierra Santa, sino que además había descubierto la traición del antiguo maestro Al-Mualim.
Muchas historias se tejían pero ninguna se acercaba a la realidad… ni en lo más mínimo.
Ezio las había escuchado, por supuesto… después de todo en los tres días que llevaba aquí se había acercado a algunos de los hermanos que se encontraban en la fortaleza; en las mañanas entrenaba con ellos en el circulo, a veces María se unía a él y de verdad había quedado asombrado con sus técnicas y las de los demás; en las tardes se unía a Altaïr en su estudio y juntos intentaban hacer activar el Fruto o discutían sobre las razones de haberlo traído hasta aquí; sin embargo aun no lograban nada, el Fruto no se activaba, ni tampoco podían dar respuestas a sus incógnitas, parecía un callejón sin salida, nuevamente.
Por esto Ezio últimamente había pasado más tiempo con las chicas del jardín, le habían recordado tanto a sus amigas cortesanas de Italia, esa sensualidad y hermosura… aunque para él todas las mujeres tenían su encanto. Y claro no se había podido resistir cuando ellas le propusieron su pequeño juego.
Todo consistía en un simple acto, lograr distraer a Ezio lo suficiente como para quitarle el pañuelo y revelar su identidad; las chicas eran mayoría y quien lograra la hazaña podría hacerle una pregunta a Ezio, pero en cambio si Ezio era el vencedor podría escoger a cualquiera de las chicas presentes para que pase su estancia allí junto a él.
Las partes estaban de acuerdo en el trato, sin embargo algo se ocultaba.
No eran precisamente las chicas quienes habían ideado este juego, sino que los Assassins ansiosos de información eran quienes les habían hecho la propuesta, creyéndose vencedores fácilmente si ellas aceptaban, y ellas claro, habían aceptado de buena gana puesto que les intrigaba saber quién era el misterioso visitante.
Por su parte Ezio había aceptado la proposición por el simple gusto de estar rodeado de hermosas mujeres y pasar tiempo con ellas, ya que no es que le entusiasmara mucho estar tardes enteras y gran parte de la noche en el estudio de Altaïr con la cabeza pegada a los papiros y libros antiguos, sólo acompañado del joven maestro y del Fruto, ya que cuando se dedicaban a los estudios nadie, ni los bibliotecarios, ni los hombres de infantería, ni los novicios o informantes, ni siquiera María se acercaban a molestarlos, y de seguro esa era alguna orden de Altaïr.
Y lo peor, sin obtener ningún resultado.
A Ezio ya le hacía falta la compañía femenina, pero esto no quería decir que de resultar vencedor cobraría su premio… después de todo, después de observar aquello, después de esa hermosa aparición, en lo último en lo que pensaba era en satisfacer algún deseo más personal o de otra índole. Casi había quedado privado.
Es que el sólo hecho de saberse tan cerca de Cristina después de presenciar su muerte le llenaba el corazón de un sentimiento repleto de calor, todas las noches pensaba en la chica de Jerusalén, Crissia, se preguntaba si el parecido con su Cristina, además de estar fuera de la razón, podía llegar a ser más completo aun, se preguntaba cómo sería la chica en verdad, si le sonreiría de la misma manera como cuando él trepaba a su ventana para robarle aquellos besos en su cuarto a la luz de la luna, si sus ojos estarían llenos de la misma picardía como cuando él la tomaba por la cintura para acercarla y se le insinuaba seductoramente, si su piel sería tan suave bajo sus manos como cuando él la abrazaba desnuda al hacer el amor, si esos labios carnosos se sentirían sobre su piel de la misma manera.
Dios, seguir por esa línea de pensamientos le dolía, dolía como nunca.
Y lo peor es que cada vez que el mismo resultado se repetía con la infructífera activación del Fruto, una alegría insensata se formaba en su corazón; porque eso significaba un día más en este tiempo y lugar, el mismo en el que estaba su cuasi Cristina…
Y de pronto se encontró pensando en las posibilidades si el Fruto no se activara y él regresara a Jerusalén.
A pesar de mostrarse por fuera feliz y halagado por los intentos de las chicas, por dentro estaba sumido en una de sus más grandes cavilaciones, puesto que por más parecida que esta mujer resultara ser, nunca sería Cristina… su Cristina… entonces nada había cambiado.
De pronto los curiosos Assassins fueron alertados, y rápidamente se dispersaron a sus labores, una de las chicas del jardín emitió un pequeño sonido asustada y todas se giraron al ver quien bajaba las escaleras justo en ese momento, la música se detuvo, y Ezio que aun seguía sentado sobre los cojines se puso de pie.
Por su parte desde hace rato Altaïr había estado escuchando el ruido desde su estudio, y al ver a varios Assassins reunidos en la entrada al Jardín sospechó de inmediato, así que se acercó muy sigilosamente para obtener algo de información entre los murmullos.
−Pareciera que ese hombre está alerta aún en sus sueños –dijo uno muy joven, apenas un novicio.
−Era obvio que esa treta del vino no iba a funcionar –dijo un Assassin de alto rango, uno mayor y maduro, que estaba a sus espaldas –sólo a jóvenes como vosotros se os puede engañar así…
−Pero maestro Alîm… −dijo el novicio −usted mismo fue el que sugirió usar a las mujeres del Jardín –continuó, girándose para verlo −, no me diga que ahora… −y se detuvo en seco al ver quien se había acercado a escucharlos.
Al ver la expresión del chico, el Assassin se giró también para ver que lo había parado en seco, los demás novicios también lo hicieron al notar el silencio repentino de uno de sus compañeros y se encontraron con un Altaïr muy serio que se cruzaba de brazos.
−Continuad –les dijo Altaïr –, supongo que el maestro Alîm está dando una extraordinaria clase sobre cómo conseguir información o ¿me equivoco?
Todos quedaron pasmados al ser descubiertos y nadie se atrevía a decir palabra.
−De hecho, Maestro… −dijo Alîm, algo nervioso, pero luego cambiando a un tono más serio –he venido a ver a todos estos novicios que se han escapado de sus clases –luego puso una mirada severa al dirigirse al resto de novicios – ¿Qué estáis esperando?
Los novicios entendieron inmediatamente que ellos tenían las de perder y mejor era seguirle la corriente al maestro Alîm, después de todo, era mejor un falso regaño de él que un llamado de atención por parte del Maestro Altaïr; así que todos bajaron sus cabezas y se fueron del lugar, esto alertó a los otros Assassins que estaban dentro del Jardín espiando las peripecias de las mujeres con Ezio y a su vez se fueron retirando del lugar sigilosamente. Fue entonces cuando Altaïr bajó las escaleras y una de las chicas lo observo y emitió un sonido asustada, haciendo que las demás callaran y que Ezio se pusiera de pie.
Altaïr las observó detenidamente pasando por cada uno de sus rostros, y ellas lo comprendieron inmediatamente, cada una tomó un rumbo distinto, cada cual con sus quehaceres en la fortaleza o personales. Así finalmente Altaïr y Ezio quedaron solos.
Ezio sentía como si hubiera hecho algo incorrecto, pero no sabía que decirle a Altaïr.
−Por favor –empezó –, no seas severo con ellas; sólo se trataba de un juego, nada más… si alguien ha de ser castigado por algún mal comportamiento que sea yo. –le dijo Ezio, poniendo una mirada apesadumbrada.
Altaïr lo observo por unos segundos antes de contestarle.
−Desde hace un par de años –le dijo, mirándolo a los ojos −se ha prohibido aquí que alguien levante su mano o sus palabras en contra de estas mujeres… –hizo una pausa antes de continuar −ellas no tienen a dónde ir, y al menos confortan y prestan compañía a los hermanos que se encuentran solitarios… −luego fijo su mirada en el horizonte −siempre y cuando estén dentro de esta fortaleza se encuentran a salvo; aunque no puedo decir lo mismo de las mujeres del pueblo, puesto que sus esposos las consideran como sus pertenencias personales, pero al menos a ellas, que son mi responsabilidad, no les pasara nada bajo mi mando; así que no debes alarmarte.
Ezio sonrió, y su sonrisa fue oculta por el pañuelo en su rostro; bien sabía que en esta época ninguna mujer disfrutaba de las libertades y protección que estas mujeres tenían aquí, y todo gracias a Altaïr; en verdad le alegraba saber que él había llegado a ser Gran Maestre, porque gracias a eso grandes cambios se hicieron en la hermanad, cambios que repercutieron en el estilo de vida de los Assassins hasta futuros lejanos, tal vez in-soñados.
−Pero no he venido aquí por eso –continuó Altaïr después de una corta pausa y girándose de nuevo para verlo−; esta noche velaremos el Fruto de nuevo, pero quiero experimentar algo, ya te diré de qué se trata, así que necesito que descanses y te prepares para pasar en vela toda la noche.
A Ezio no le hizo mucha gracia los planes que Altaïr había designado para ellos dos, pero no podía hacer más, después de todo se repetía constantemente a sí mismo que debía volver a su tiempo, y pronto… si ese Fragmento que él usó para llegar hasta aquí estaba en manos Templarias, y ellos descubrían su potencial, ya era un problema gravísimo, y debía evitarlo a toda costa, además que este no podía ser usado para ningún fin egoísta… sólo para recuperar a Cristina.
Ah, pensar en ella siempre lo ponía melancólico y Altaïr notó inmediatamente su cambio de humor, María ya le había hablado de su conversación con Ezio y conocía muy bien ese sentimiento, que creía identificar ahora en él.
Era un lugar extraño y conocido a la vez.
Todo era oscuro pero había halos de luz por todas partes.
Era un lugar frio y solitario pero no tenía miedo.
Porque a pesar de ser un lugar que nunca había visto en la realidad, me era conocido en mis sueños… esos sueños que siempre se repetían.
Corría y corría hacia el infinito, porque no había un camino a seguir, era como huir de alguien… o tal vez ¿correr junto a alguien?
Hasta que finalmente llegaba allí.
Ese enorme espejo ovalado en el que no me reflejaba.
Porque la que se reflejaba allí era yo, pero no era mi reflejo.
Ella tenía un águila en su hombro derecho, un águila de ojos dorados.
Un hermoso animal que me hacía sentir celos de ella, de tener algo tan maravilloso.
Eran tantos mis celos que cada vez que intentaba tocarlo todo desaparecía…
Lo siguiente que sabía era que me encontraba en mi cama y que acababa de revivir de nuevo el mismo sueño de siempre.
Crissia estaba dando su típico paseo por el jardín acompañada de su nana, disfrutaba tanto poder salir y deleitarse con el sol por tanto tiempo como quisiera… después de todo, hacía cuatro años que no tenía esta clase de libertad.
Desde que su padre había aceptado el compromiso de ella con Phillipe, los de Sable habían pedido que se enclaustrara a la niña en un convento y que toda su educación estuviera a cargo de una de las monjas, que se convertiría también en su nana, y que aun la acompañaba hasta hoy.
Crissia pasó cuatro largos años en ese convento, se levantaba a la madrugada, varias horas antes de que saliera el sol, y se reunía con las novicias para rezar, luego pasaba el resto del día en sus clases de bordado, de cocina y de cómo mantener el hogar según las leyes de Nuestro Señor, además de instruirse en los deberes de una esposa… Crissia aceptaba con agrado toda la instrucción que las monjas le daban en el convento, después de todo, quería convertirse en una buena mujer para su esposo y una excelente madre para sus hijos; sin embargo siempre se había sentido como una prisionera allí, siempre haciendo lo mismo y sin la posibilidad de ver el mundo exterior, de ver a sus padres o de salir a pasear con tranquilidad por los campos florentinos.
Su único consuelo llegaba en las noches, cuando podía escaparse de ese mundo… en su cuarto nunca le faltaron las velas y los libros que su familia le enviaba o que ella misma lograba conseguir con los escribas del monasterio cercano, era fascinante para ella poder sumergirse en sus lecturas constantemente, ya sea aprendiendo griego, latín o simplemente leyendo sobre política y filosofía; era tanta su devoción, que a pesar de ser encontrada varias veces a altas horas de la noche por la madre superiora y sus duros reproches a la poca importancia que Crissia parecía darle a la hora de dormir, ella nunca dejaba de lado sus libros… eran su única manera de escapar de ese frio e inhóspito lugar.
Por eso cuando Phillipe había enviado una carta a sus padres, solicitando su presencia en Tierra Santa para finalmente celebrar su boda, se había sentido dichosa, dichosa por dejar ese lugar, dichosa por al fin disfrutar del sol cada vez que quisiera, dichosa de ser libre al fin.
Lastimosamente sería una felicidad de corta duración.
Después de su matrimonio estaría a la merced de su esposo para siempre.
El sueño de Crissia siempre había sido ser desposada por un guapo caballero, un hombre alto y con porte, un noble florentino que fuera educado y que la amara… Phillipe era guapo, y era un caballero de público reconocimiento por su alcurnia, era lo que cualquier mujer de su época podría desear y sería su esposo, Crissia alababa todo esto en él; sin embargo su corazón no parecía aceptarlo con la misma facilidad, muy dentro de ella había algo que la inquietaba, no era solamente ese orgullo que emanaba de su aura, el aire de despotismo que lo acompañaba, la frialdad con la que sus profundos ojos azules se posaban en ella, sin amor, muy dentro de su corazón Crissia no confiaba en él.
Y sabía muy bien que si él no se ganaba su confianza nunca podría llegar a amarlo.
Sólo rogaba todas las mañanas a Dios que, después de su matrimonio, ella llegara a quererlo por las cosas buenas que él tenía y que de alguna manera pudieran llegar a ser felices.
Suspiró.
Al menos su nana le seguiría haciendo compañía, pues aunque se casara no iba a permitir que la alejaran de su lado, la retendría alegando que había sido una excelente mujer, de grandes principios y valores y que la quería para la crianza de sus futuros hijos.
Crissia entonces se giro para ver a su nana que siempre caminaba detrás de ella, era una mujer muy fiel a sus principios y nunca se le alejaba, le sonrió con calidez y su nana le correspondió, atribuyendo la repentina alegría de la chica con su próximo matrimonio.
Entonces uno de los guardias llegó hasta ellas con un mensaje.
−Lady Crissia… −se dirigió a ella el joven guardia, haciendo una reverencia al llegar hasta ella –Ser Phillipe la solicita inmediatamente en su estudio mi señora.
Crissia asintió y empezó a caminar en dirección al estudio, dando a entender que se dirigiría prontamente hacia el lugar acompañada de su nana, pero el guardia inmediatamente continuó.
−Ser Phillipe ha pedido que vaya usted sin acompañamiento de ningún tipo.
Crissia le resto importancia a esto y con un gesto de su cabeza le indicó a su nana que podía retirarse, ya que iría sola a ver a su prometido.
Así se dirigió por los pasillos hasta llegar a la planta baja del lugar, a pesar de conocer muy bien los amplios salones del que estaba compuesto, se encontró en un lugar ya conocido para ella, la biblioteca, puesto que el primer lugar que había querido conocer al llegar a Jerusalén era este, no podría vivir sin tener sus adorados libros a la mano cada vez que los necesitara, además esto indicaba que iba por un buen camino, ya que el estudio de su prometido estaba por el mismo corredor.
Al acercarse más a la biblioteca escuchó los murmullos de dos personas hablando de algo, entre ellos creyó reconocer la voz de su prometido, así que se acercó al lugar, ya que así adelantaría su reunión con él, se acercó despacio y encontró que Phillipe se encontraba ocupado discutiendo con alguien, por lo que era mejor dejarlo seguir y hablar con él después, sin embargo algo de la conversación llegó a sus oídos y Crissia inmediatamente sintió la necesidad de escuchar más de la misma, acercando su oído a las gruesas puertas de roble frente a ella.
−…espero que los castigos hayan sido ejemplares –decía Phillipe, con un tono que a Crissia le pareció como de molestia.
−Se ha hecho lo que usted ha ordenado mi señor –le respondía el otro, alguien que Crissia suponía sería de alto rango –, esos ladrones nunca más volverán a hacer algo como eso, se lo puedo asegurar, se les ha cortado las manos y la lengua y todos en la ciudad saben que el castigo ha sido otorgado por usted mismo mi señor; además sólo rondarán una semana por las calles, mis hombres ya saben dónde y cuándo deben matarlos.
− ¿Y los imbéciles que se hacían llamar soldados y que estaban a cargo del carruaje de mi prometida? –preguntó Phillipe, con un tono más molesto aún, si es que se podía.
−A ellos se les ha cortado la lengua y se los ha enviado al calabozo, nunca querrán salir de allí, porque saben qué destino les espera si lograran fugarse.
−Que sepan que soy misericordioso con ellos –dijo Phillipe arrogantemente −, por su culpa casi pierdo lo que me pertenecía y por lo que he trabajado durante tanto tiempo; después de todo no la hice encerrar por cuatro largos años sólo para que venga el primer inútil e ignorante a beneficiársela así de fácil… −el otro se quedó en silencio, Crissia imaginó que hacía un gesto de aceptación a su prometido, y luego de una breve pausa este ultimo continuo − ¿Qué hay de los otros? Aquellos a los que mi prometida llamó "salvadores".
−Nadie sabe nada de ellos aun mi señor, de seguro se trataba de otra banda que vio la oportunidad de robar un botín fácilmente, es común que esa gentuza se robe entre ellos; pero de seguro al ver que la caballería llegaba en ayuda huyeron como cobardes que son. Le aseguro que no significan un problema, pronto caerán también.
−Sabes que hacer cuando sean atrapados.
−Así es mi señor.
Crissia había escuchando toda la conversación, manteniéndose firme al respirar para evitar hacer algún sonido que la delatara, pero después de escuchar la crueldad de su prometido ya no podía continuar más, lentamente se alejó del lugar dirigiéndose al estudio de este, evitando y rogando al cielo que no la descubrieran oyendo semejante conversación tan macabra.
Phillipe entró al estudio sin imaginar que su prometida ya se encontraba esperando por él allí mismo, esto le gustó, ya que significaba que su tiempo en el convento de verdad había servido de algo, inculcándole obediencia y actitud servil hacia su futuro esposo, además de mantenerla pura para él.
Crissia le saludó con una sonrisa y bajó su rostro, tratando de parecer normal.
Dentro de Phillipe este gesto le regocijó como nunca, a sus ojos ella era una hermosa e inocente flor tan delicada y frágil como el cristal; la primera vez que la vio con esa inocencia en su hermoso rostro quedo prendado al instante de ella; era hermosísima a pesar de ser aun una niña, sus curvas apenas se acentuaban en sus juveniles formas, y eso le había excitado como nunca antes con cualquier otra mujer mayor; de no ser porque su tío Roberto le había hecho llamar para ir a Tierra Santa la habría desposado allí mismo y la habría hecho suya al instante.
Aunque bien podía esperar unos años más a sabiendas que, después de arreglar el compromiso y de recibir por adelantado la dote, quedaba todo arreglado para que en unos años más ella se convirtiera en una deliciosa mujer; aunque nunca imagino que en esos años se volvería tan hermosa como lo era ahora; la tenía en frente, y con sólo verla sentía que su miembro se endurecía y deseaba tomarla allí mismo en el escritorio. Pero claro estaba la nodriza y el estúpido e impertinente noble que la familia de ella había enviado para asegurar la castidad de la joven antes de su matrimonio, esos dos indeseables seres serían echados del lugar inmediatamente después del matrimonio.
Afortunadamente todo estaba ya planeado y listo, en unos pocos días la desposaría y podría poseerla por completo, ella lo complacería como a él mejor le pareciera y al fin podría pasar su lengua por cada rincón de ese casto cuerpo... ella seria suya en todos los sentidos posibles.
−Ah! Ma Belle dame –inició él –estáis tan bella como siempre.
Crissia fingió una sonrisa, evitando verlo directamente a los ojos o al rostro, ahora ya no sólo sentía desconfianza, sentía miedo.
− ¿Se me permite preguntar qué asunto debéis tratar conmigo, mi señor? –dijo ella tratando de ser lo más apacible y normal que sus nervios la dejaban ser.
−Mais bien sûr, mon cherie –dijo él con tono caballeresco −, esperad por favor un momento.
Dicho esto Phillipe se dirigió al escritorio y rebuscó entre uno de los cajones, de allí extrajo algo que tuvo que desenvolver de la tela protectora que tenía, revelando así una mediana caja de madera. Luego se acercó hasta Crissia, se arrodillo y la abrió frente a ella.
Entonces era eso… se trataba de un "nuevo" regalo, para reemplazar el que le había sido robado.
Phillipe tomó la cadena entre sus manos y la presentó a su prometida.
−Sé que no es igual al que tenias antes mon cherie, ya que ese objeto era invaluable tanto por su material como por su diseño, pero este está lleno del mismo significado que el anterior… mi amor y mi respeto hacia ti.
Dicho esto Phillipe se puso de pie y se acercó más a Crissia, ella trataba de disimular el pequeño escalofrió que se apoderaba de ella, con poco éxito, afortunadamente Phillipe entendió este gesto como la falta de costumbre de su prometida de estar tan cerca a un hombre.
Se puso detrás de ella y delicadamente retiro la larga trenza de la chica, sin desaprovechar la oportunidad de rozar con sus dedos, más de lo debido, la suave piel de su cuello. Crissia ya se sentía incómoda con la sola cercanía de Phillipe, así que en su mente buscaba rápidamente una excusa para que él se alejara de ella.
−Quisiera saber… –empezó ella, girando su cabeza y dirigiendo la mirada a Phillipe por pocos instantes − ¿Ya se ha encontrado a las personas que amablemente nos salvaron a mi nana y a mí?
Phillipe le dedico una falsa sonrisa, aunque por dentro maldecía que ella hubiera roto el contacto que tenían previamente.
−No sabemos nada de ellos aun, pero en cuanto lo sepamos serán bien recompensados por su valentía y heroísmo.
Crissia entonces sintió asco…
Cómo era posible que alguien pudiera ser tan cínico y mentirle de frente, en su propia cara, y con una sonrisa en el rostro.
Sentía asco, y lo peor de todo es que ante él debía disimularlo.
El beso se había vuelto apasionado nada más comenzar.
El deseo puro ya no podía ser contenido.
Eran muchos los días en los que no habían estado tan íntimamente juntos y sus cuerpos pedían a gritos remediar esta situación lo más pronto posible.
Sus lenguas jugueteaban dentro de sus bocas, tratando de disfrutar al máximo el dulce néctar del otro, era una lucha placentera.
Sus manos no se quedaban atrás…
Las de él ya le habían quitado el cinturón a ella y se preparaban a subir por debajo de la ropa para tocar su pecho directamente; las de ella se aferraban firmemente a la cabeza de él, enredándose en su cabello. De sus bocas pasaron a sus cuellos, dando besos y caricias, lamiendo y besando.
Ezio subía pesadamente las escaleras, sabía que esta sería una noche larga de la cual poco podría rescatarse… llegó al estudio y lo encontró vacio, esto le molestó por un momento; ¿cómo es que Altaïr lo hacía venir y luego no se presentaba? Eso era el colmo, pero la molestia le duró poco a escuchar un ruido de libros moviéndose, y se dio cuenta que no estaba tan solo como creía.
Escuchaba unos susurros y personas moviéndose entre picaras risas, escondidos entre los libreros de la biblioteca, e inmediatamente quiso salir corriendo de allí, había llegado en el peor de los momentos, y justo cuando estaba a punto de girar e irse vio a María que salía del rincón de la biblioteca y lo saludaba con una sonrisa, que obviamente no iba dirigida a él.
Mentalmente Ezio se reprendió a sí mismo, de haber sabido que ese par andaban en esas no se hubiera aparecido por ahí, además no le convenía mucho a su futura existencia… pero Altaïr tenía la culpa por haberlo llamado, y a propósito de él ya estaba demorando un poco en salir… mejor no pensar que era lo que le llevaba tanto tiempo.
Finalmente cuando Altaïr salió le indico a Ezio que se sentaran frente al escritorio, este estaba lleno de manuscritos y de libros, entre ellos uno con una cubierta de cuero, se notaba gastada y llena de historia, que resaltaba entre todos los elementos de la mesa. Ezio al ver todo este material recordó a su padre, Giovanni Auditore habría estado más que fascinado de poder tener acceso a tanto material sobre la Orden de Asesinos.
Luego de despejar un poco el lugar Altaïr inició.
−Te he hecho venir justo ahora porque, como ya te he dicho, las visiones del Fruto se han activado constantemente en las noches –empezó Altaïr como si nada hubiera pasado, a veces Ezio se preguntaba cómo es que él podía llegar a ser tan frio, dudaría de su humanidad de no haber presenciado ya tantas cosas con él −, sin embargo, a pesar de nuestros intentos, no hemos conseguido nada más desde la última vez que se activó, y misteriosamente todas las reacciones tienen que ver contigo.
Altaïr pausó un momento y se le quedó viendo a Ezio de una manera que a él le pareció inquisitiva. Al ver que no continuaba Ezio intervino.
−Va bene, ya has captado mi atención ¿a dónde quieres llegar con esto?
−Dime algo… ¿en qué pensaste exactamente cuando estabas cayendo?
Ezio no necesitaba meditarlo, sabía perfectamente qué, o mejor dicho, quién era la única persona que había pasado por su mente antes de creer que iba a morir… sabía que el único regocijo que tenía para él la nefasta situación era que, después de ese golpe que lo conduciría a una muerte segura, ella lo estaría esperando en el más allá. Ezio sin darse cuenta ya había demorado un poco en manifestarse y sabía que debía ser cuidadoso en su respuesta.
−Pensé que de verdad mi hora había llegado –respondió simplemente Ezio, evitando sus pensamientos sobre Cristina.
Altaïr no quitó la mirada de Ezio, a tal punto que este último se sentía cuestionado por la respuesta que acababa de dar.
−Está bien –dijo finalmente Altaïr, como restándole importancia al asunto −, el Fruto es capaz de controlar las mentes humanas, a tal punto de mostrarles las cosas más anheladas para que obre conforme el deseo de su poseedor, intenta recordar lo que sentiste en esa caída, tal vez así entendamos que fue lo que hizo que te trajera aquí.
−De acuerdo, supongo que no hay nada que perder por intentarlo.
Pasó el tiempo, Ezio sostuvo el Fruto en sus manos y recordó lo que había pasado por su mente en sus últimos momentos en Venecia, sabía que su pensamiento más fuerte había sido Cristina, y lo que más anhelaba era estar junto a ella. Ya era cerca de la media noche, sin embargo nada sobrenatural sucedió y de nuevo habían perdido las esperanzas de activarlo esa noche, Ezio pasó el dorso de su mano izquierda por sus ojos cansados, con claros síntomas de sueño reflejados en su rostro, mientras que Altaïr, después de ver que los esfuerzos eran en vano, se había entretenido con aquel libro de cubierta de cuero escribiendo algo en él.
−Perfecto –pensó Ezio –él puede distraerse tranquilamente, mientras que yo debo estar atado a este viejo artefacto hasta que, por algún azar del destino, pase algo fuera de lo normal…
Ezio bostezó audiblemente, estiró los brazos y luego se levanto de la silla, moviendo su cabeza en todas las direcciones, para estirar los músculos del cuello, pero no conforme con esto, ya que las piernas necesitaban un estirón también, se dedico a caminar por el lugar, estirando así todos sus músculos del cuerpo. Mientras caminaba le dio varias ojeadas a Altaïr.
Este se notaba más cansado aún que él, sus ojeras eran mayores, pero ni por un instante sus ojos o su mente se desviaban de su labor, de primera mano sabía que desde su llegada no había hecho más que estudiar el Fruto, pero a pesar de todo ese cansancio y sueño acumulado él aun seguía allí, sin dar señas o quejas de su fatiga, inquebrantable, intentando resolver un misterio que se le escapaba de las manos, anotando hasta la mas mínima observación en ese viejo libro con cubierta de cuero.
¿Pues que tanto era lo que escribía allí?
Y se dio la respuesta a sí mismo… el códice.
Ezio casi lo había olvidado, era obvio que el códice que conocía no era más que un montón de antiquísimas páginas sueltas, pero en esta época eran un tomo completo.
Se le formó una ligera sonrisa en el rostro, que ahora sí se vislumbraba completamente, ya que no llevaba aquel pañuelo en el rostro, y se fue acercando más a Altaïr, hasta ponérsele al frente, con los brazos cruzados, lo quedó mirando fijamente a ver si lograba atisbar aunque sea alguna palabra de lo que Altaïr escribía con tanto fervor.
Altaïr sentía la mirada constante de Ezio sobre él, cosa que ya empezaba a irritarle.
− ¿Ya te has rendido por hoy? –preguntó Altaïr, demostrando su inconformidad, pero sin despegar la mirada del tomo.
−Solo tengo algo de curiosidad… ¿qué es lo que has estado anotando desde hace un rato? Las deslumbrantes y continuas visiones de esta noche, supongo –terminó él, con un claro tono irónico.
−Sigue con tu trabajo, o vete a descansar, si es lo que quieres –respondió Altaïr, notándose la molestia en su voz.
− ¿Sabes? –dijo Ezio, en un tono conciliador y levantando el dedo índice de la mano derecha –si compartes conmigo tus anotaciones pueda que avancemos mas –y mientras lo decía no podía evitar la sonrisa burlona que se le formaba en el rostro.
Altaïr entonces dejó la pluma junto al tintero, luego con esa mano se llevó los dedos al puente de la nariz; a ojos de cualquiera, y por el evidente parecido físico entre los dos, se pensaría que Ezio, de ya cuarenta años, era el fuerte y responsable hermano mayor, mientras que Altaïr, de veintiocho años vendría siendo el joven rebelde que siempre se metía en problemas…
Nada más lejos de la realidad.
Porque a Altaïr le parecía a veces que cuando hablaba con Ezio, trataba con un niño remilgoso, su nieto a fin de cuentas, y por su parte Ezio, cuando hablaba con María o Altaïr, sentía como si escuchara a alguien mayor, como a su tío o a su propio padre, sus abuelos a fin de cuentas.
−Déjame ver que es lo que tanto escribes –insistió Ezio.
Altaïr entonces retiró su mano del rostro y lo observó fijamente al fin.
− ¿Por qué he de mostrártelo cuando no has sido sincero conmigo? –le dijo Altaïr en un tono verdaderamente serio.
Ezio se sintió descubierto, pero muerto lo demostraría
−Ideas tuyas nada más ¿en qué podría mentir? …−hizo una pausa –además no es como si en un futuro lejano estas páginas no llegaran a mis manos, y tu no estarás para impedirme leerlas.
Altaïr lo dejó pasar nuevamente, pero una idea llegó a su cabeza, así que decidió seguir su instinto; tomó el libro que aún conservaba en sus manos y se lo alargó.
Ezio no creyó que lograría convencer a Altaïr tan rápido, así que apenas vio su gesto se apresuró a tomar el libro y leer lo que acababa de escribirse. Era una sensación extraña aquella que le invadía, sabía de antemano que con leer la primera frase del texto sabría perfectamente lo que le seguiría a continuación, había leído esos códices cientos de veces en Monteriggioni, casi podía decir que los sabía de memoria, sin embargo, leerlos de esta manera, con su autor al frente, poder al fin preguntarle qué lo motivó a plasmar esas palabras ahí, poder pedir las explicaciones necesarias, descifrar qué pensaba Altaïr cuando realizó esos trazos con su pluma… era la experiencia más extraña que viviría en su vida, sin contar las manifestaciones de los Artefactos del Edén, algo más terrenal pero cósmico a la vez.
Y aún así no estaba preparado para lo que leería a continuación.
Ni se imaginó que su antepasado compartiría también esa oscura y triste experiencia que le había tocado a él.
"Creí que Adha sería quien me otorgaría el descanso, y que podría dejar mi arma y vivir como un hombre normal. Pero ahora sé que es mejor dejar tales sueños para la hora de dormir...
Su rostro. Intento borrarlo de mi mente al recordar los días y las noches en que perseguí por el mar a los Templarios que la capturaron. Casi les cogí a tiempo. Casi. Pero sólo pude abrazar su cuerpo sin vida, y ver el temor grabado en sus ojos abiertos de par en par...
Cacé a cada hombre, uno por uno, hasta mandar al otro mundo a todos los culpables. Pero no sentí alegría, ni satisfacción, ni liberación. Sus muertes no me la devolvieron, ni sanaron mis heridas. Después de aquello, estaba seguro de que jamás volvería a sentir lo mismo por ninguna mujer.
Por suerte, estaba equivocado."
Ezio nunca imaginó que justamente ese fragmento del texto llegaría a tocarle tan personalmente como lo había hecho en este momento. Se tomó un tiempo para digerir lo que le estaba pasando y finalmente preguntó.
− ¿Puedo saber quién fue Adha?
Altaïr lo meditó un poco, y posó su mirada en el horizonte antes de responder.
−Fue la mujer por la que creí podría abandonarlo todo –respondió Altaïr, y Ezio lo miraba fijamente, precisándose si tal vez el tema fuera demasiado espinoso y Altaïr prefiriera no tratarlo, pero no vio ningún atisbo de dolor en su rostro −, sin embargo los Templarios tuvieron un interés especial en ella que aun hoy no he logrado descifrar; lo que sea que buscaran no lo encontraron, y por eso tomaron su vida… −Altaïr pausó un momento y Ezio lo entendió, él también había visto a una persona amada morir en sus brazos, y aunque Altaïr no lo demostrara físicamente, bajo esa mascara de frialdad e indiferencia, también entendió que ese dolor era inolvidable, tolerable tal vez, pero seguía allí. –Tomé venganza, pero eso no cambió nada de lo sucedido, el pasado no se puede cambiar.
Ezio no pudo evitar el escalofrió que le recorrió el cuerpo al entender la verdad en las palabras de Altaïr, pero prefería aferrarse a su esperanza y al plan que había armado, antes de darse por vencido y dejar ir a Cristina de su vida. Lastimosamente Altaïr notó su reacción.
−Luego de la muerte de Adha me refugie en lo que sabía nunca podría ni debía abandonar, nuestro credo…
Luego de su relato Altaïr posó su mirada en Ezio, y sí, no se había equivocado en lo más mínimo, esos silencios sin motivo aparente, evitar verlos a él y a María cuando compartían juntos, y finalmente sentir esa curiosidad especial por aquella mujer que habían encontrado a las afueras de Jerusalén, esto y lo que María le había dicho de su charla con él no le daban toda la información del pasado de Ezio, pero le indicaban lo más importante, la actitud que había tenido él mismo con la muerte de Adha y que ahora estaba seguro reconocía en Ezio.
Este último por su parte se sabía descubierto en sus sentimientos frente a Altaïr, después de todo ya sospechaba que su charla con María tenía otro trasfondo más amplio que el de una por pura cortesía; sin embargo, y con algo de suerte, aun podría seguir sus planes y evitar que fueran descubiertos hasta último momento.
−Pero como tú mismo lo has dicho, creíste que no volverías a sentir lo mismo y que por fortuna te has equivocado –le dijo Ezio, cambiando de tema sutilmente volviendo de nuevo toda la conversación en torno a su antepasado.
−Por fortuna, así es –y a Ezio le pareció que Altaïr había sonreído por un ligero momento antes de bajar su rostro a los pergaminos, pero imperceptible ante la vista de cualquiera.
Y esto le recordó que tenía una conversación pendiente con él.
Ezio se sentó frente a Altaïr de nuevo, aun con el gastado tomo entre sus manos, no sabía exactamente como iniciar esta conversación, era como intentar enseñarle a tu padre a ligar con mujeres, así que no era tan fácil como había creído en un principio.
−Entonces tu descendencia estará asegurada ¿verdad? –preguntó Ezio
−No veo qué relación tiene esa pregunta con lo que estamos hablando –cortó Altaïr, sin mirarlo siquiera.
Se lo pondría difícil, así que habría que presionar un poco.
−Igual, supongo que no debo preocuparme entonces por mis tatarabuelos… siendo tú el Gran Maestre de seguro tendrás montones de hijos regados con las chicas del jardín ¿no? –inició Ezio, poniendo sus brazos detrás de la cabeza, aun con el tomo en las manos, y viendo al techo, se había arriesgado mucho con esa pregunta pero no había otra manera de hacer reaccionar a Altaïr para sus propósitos.
Altaïr quedó en silencio y prefirió no responderle nada a Ezio, y este último al ver que no reaccionaba siguió pujando más.
− ¿No me digas que te va mal en "esos asuntos" con las mujeres? –presionó él, ahora poniendo los brazos sobre las rodillas e inclinándose al frente.
A Altaïr se le estaba creciendo una vena en la frente, pero no se iba a dejar caer en los juegos y provocaciones de un "chiquillo", como él lo veía.
Ezio se admiró, era la primera vez que veía a un hombre no reaccionar después de haber tocado un tema tan delicado como su virilidad tan descaradamente, él mismo ya habría reaccionado si alguien osara lo ponerlo en duda… pero claro, nunca jamás había tenido esa clase de problemas.
−Creo que lo capto… −dijo Ezio, mostrando abiertamente una sonrisa burlona, muy adrede –de seguro María no te deja ni entrar a su cama –aquí alcanzó a ver que Altaïr levantó muy levemente su rostro, viendo que iba por buen camino prosiguió −, es fuerte, pero no imaginé que te dejaras dominar por ella en esos ámbitos… –y eso era verdad, Ezio aun recordaba el golpe al estomago que ella hábilmente le había propinado aquella vez −nunca lo he probado, pero debe de resultar una experiencia fascinante, de cierto modo.
Por dentro Ezio le pedía disculpas mentalmente a María, lo último que hubiera querido es involucrarla en la conversación de esta manera, pero Altaïr era un hueso duro de roer, y después de lo sucedido en Jerusalén quedaba claro que Altaïr se ponía sumamente prevenido cuando de ella se trataba. Además no es que estaba disfrutando de retar a Altaïr en ese sentido… tal vez sólo un poquito.
Pero ese tenue sentimiento se difuminó por completo cuando le pareció que Altaïr estiraba su mano izquierda ligeramente y ponía la mano en puño con el dedo meñique listo para moverse.
−Eso explicaría muchas cosas… −presionó finalmente Ezio, teniendo cuidado de recostarse en la silla para salir del espacio de ataque de Altaïr –la falta de sexo siempre se asocia con el mal humor y…
−Sigue diciendo una palabra más y te aseguro que será la última que pronuncies en toda tu existencia –cortó Altaïr, en un tono que no era ni alto ni bajo, pero que a cualquiera callaría inmediatamente.
−Oye ya sé que me dejaste muy en claro en Jerusalén que no debía tocar a María –le decía Ezio poniendo las manos con las palmas al frente, pero aún con el tomo en su mano derecha, como tratando de calmar a Altaïr –, no sabía que era porque ella no te dejaba y la verdad yo no tengo la culpa de que ustedes no puedan tener sus asuntos tranquilamen…
Ezio no alcanzó ni a pensar lo que quería decir continuación, sólo vio una ráfaga blanca que paso por encima del escritorio y lo siguiente que sintió fue el fuerte puño de Altaïr que le golpeó directamente en la mejilla, con todo el ajetreo el tomo había caído al suelo abierto con las paginas hacia abajo y ellos dos se habían tambaleado y caído al suelo también, el uno sobre el otro, Altaïr tenía aun el puño arriba y se notaba que se contenía para lanzarle un nuevo golpe a Ezio, mientras que por su parte este último se llevaba las manos a la mejilla lastimada conteniéndose y reprimiendo su dolor… no había nada que hacer, se lo había ganado…
−Lo que hace uno por sus abuelos –se dijo mentalmente Ezio.
Pero Altaïr no se detuvo allí, agarro a Ezio por las ropas del cuello y lo levantó muy cerca de él, asegurándose que lo escuchara claramente a pesar del tono alto con el que decía sus palabras.
−No entiendo qué demonios es lo que pasa en tu época, tal vez en el futuro la humanidad se degenerará tanto que nadie tendrá respeto por nadie, tal vez para ti y los tuyos las mujeres sólo representan sexo sin más; pero aquí y ahora es distinto y si deseas pasar una estadía más o menos normal deberás aprender a respetar a lo demás, a las mujeres y en especial a MI MUJER.
Altaïr soltó toda su rabia con Ezio y era tanta su furia que el gesto que este hizo a continuación lo estaba volviendo loco… lo mataría allí mismo.
Ezio al escuchar todo lo que le había dicho no hizo más que sonreírse abiertamente.
Y es que lo había confirmado, Altaïr de verdad amaba a María… sólo que no sabía cómo expresárselo.
−Si tanto te importa ella… no sólo la llames tu mujer, hazla tu mujer, y no me refiero a que tengas sexo con ella, no me mires de esa forma… me refiero a que le digas que de verdad quieres pasar el resto de tu vida con ella… es que ni siquiera le dedicas tiempo, sólo estudiando este artefacto que nunca da respuestas, sólo encargándote de los problemas de la Hermandad y a ella la relegas a un lado ¿acaso no te has dado cuenta? Estás a punto de perderla, desde que llegué aquí se la pasa dudando cómo la ves tú en tu vida, si la quieres como la madre de tus hijos o si sólo es pasajera… de seguro se pregunta si ya olvidaste a Adha o ese fantasma te perseguirá hasta que la encuentres de nuevo… en otra mujer.
Altaïr no sabía que responder ante esto… Adha había sido importante sí; pero estaba muerta y él se aferraba a María más que nunca ahora, porque a diferencia de Adha ella entendía su misión, la compartía y había hecho todo por ayudarle… incluso volverse una traidora dando la espalda a los Templarios, poniendo precio a su propia cabeza. Cómo no iba a quererla como la madre de sus hijos, era una mujer fuerte, inteligente, una mujer como nunca volvería a conocer en su vida… pero Ezio tenía razón, aunque pensara todo esto de ella, nunca se lo había dicho directamente.
Altaïr lo soltó entonces y se puso de pie, se llevó las manos al puente de la nariz y se dirigió hasta la ventana que daba al círculo del entrenamiento, trataba de mitigar el fuerte dolor de cabeza que se empezaba a formar.
Ezio por su parte se levanto y se sacudió las ropas, se había pasado de verdad con las provocaciones a Altaïr, pero ya era tarde, no imaginó que reaccionaría así y ahora le debía una disculpa.
−Siento haber dicho todo eso, no era mi intención faltarle el respeto… sabes que nunca irrespetaría a María de esa forma, y mucho menos sabiendo que se trata de mi… pariente. –Ezio no sabía si Altaïr recibiría su disculpa o no, este se quedó callado sin decir nada. De verdad había llevado la provocación al extremo y ahora se había metido en un gran problema –Te daré tiempo a solas ¿te parece? –Ezio sonaba conciliador pero Altaïr parecía no escucharle.
Ezio mentalmente se debatió si lo mejor era dejarle solo para que se le bajara la euforia del momento y la rabia.
Iba a salir del lugar, pero le pareció que una mejor idea se tejía en su mente.
− ¿Sabes? He pensado que lo mejor es que no me veas por aquí, si el Fruto me llevó a Jerusalén debe de haber una razón en ello, iré a investigarlo personalmente… −Altaïr seguía sin responderle, ni siquiera le dedicaba una mirada de odio –oye Altaïr, empieza por delegar más funciones, Malik puede ayudarte, hazlo venir, así tienes más tiempo para ti y María… si quieres puedo llevarle un mensaje mañana mismo que parto hacia allá.
Altaïr ni siquiera lo miró.
En su mente se rebatían tantas cuestiones que le llenaban la cabeza, la voz de Ezio decía continuamente "Estas a punto de perderla" y las mismas preguntas sin respuesta le llegaban una y otra vez ¿Cómo decirle a María que la quería de verdad cuando siempre estaban de primero las obligaciones con la Hermandad? ¿Cómo demostrarle que ella se había convertido en lo más importante para él si ella misma era la que le alentaba a cumplir con sus labores primero? Antes de todo esto hubieran podido pasar la noche juntos, allí escondidos en la biblioteca, de no ser porque Ezio llegó y lo primero que le había dicho ella era que él debía atenderlo, que aunque ella lo deseara como nunca en ese momento también entendía qué debía primar en su lista de obligaciones. Aún recordaba cómo entre sus besos y risas ella le había dicho "Sé que no me perteneces del todo… ahora ve, yo te esperaré hasta que las cosas estén más calmadas" y con una sonrisa lo había dejado allí, él con el deseo rebosando, con su cuerpo doliéndole por su partida en ese preciso momento. Cuando salvó a la Hermandad de las traiciones de Al-Mualim él tuvo que ocupar su lugar… y eso requería tiempo y dedicación completa. Entre sus cavilaciones escuchaba los susurros de Ezio, entendía una disculpa, algo de viajar a Jerusalén, bien podía hacer lo que le plazca, no quería pensar en eso en ese preciso momento… pero todo se aclaró cuando escuchó "Malik puede ayudarte, hazlo venir, así tienes más tiempo para ti y María" en ese preciso momento tuvo su respuesta y sólo atinó a salir del lugar sin precisar en Ezio ni en nada más.
Ezio por su parte al ver que Altaïr salía del lugar sin siquiera reparar en su presencia o en sus disculpas se sintió verdaderamente mal, se llevó la mano a la frente maldiciéndose internamente por su arrebato… entonces se fijó en el suelo, el tomo estaba allí abierto de par en par, podría dañarse en cualquier momento y era mejor evitarlo, suficientes problemas había creado por su estancia completa en Masyaf, lo levantó justo en la página en la que se encontraba y lo que vio le arranco una gran sonrisa.
Allí había el retrato de una mujer, alguien que él había conocido hace unos pocos días pero cuyo rostro había visto desde los diecisiete años en la villa de su tío. Aún estaba sin terminar.
Tal vez, después de todo, sí había hecho algo bueno el día de hoy.
Nota de Autoras: Buff que podemos decir... este capitulo es un gran logro, tal vez se vea simple, pero por algunas situaciones personales (Maki empieza a decir mea culpa) casi que no sale este cap, no se asusten ya todo esta bajo control y prometemos que eso no vuelve a ocurrir, ya se han tomado las medidas necesarias y prometemos que esos Templarios no vuelven a interferir en el transcurso del fic :D
Por otro lado, LunayKirin ha hecho un precioso dibujo de una escena de este fic, si desean verlo el link esta aqui... solo copiar la direccion y quitar los espacios o también está disponible los respectivos profiles (osea el de ella y el mio ^^).
h t t p : / / l u n a y k i r i n . d e v i a n t a r t . c o m / # / d 3 l j s i 4
Gracias por todos sus amables reviews, por sus alertas y por sus favoritos.
