Advertencia:
La historia presentada aquí es de mi autoría, algunos capítulos contendrán lenguaje y escenas no adecuadas para menores.
Personajes e historia original de Kyoko Mizuki.
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Capítulo 4. Jugando con fuego.
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Aun no puedo creer todo lo que pasó hoy, cuando lo vi frente a mí en el café, después de aquél sueño, ni siquiera sé como fui capaz de encontrarme con él, aun no puedo creer que no me puse roja en ese mismo instante… aunque claro, el rubor llegó igual cuando me dijo que me quedaba bien el cabello rizado.
Llevo años luchando contra esta maraña de rizos rebeldes, a veces siento que tienen vida propia… pero después de mi sueño, después de recordar cómo me hizo el amor y luego me miraba con completa devoción mientras acariciaba extasiado mi cabello que yacía esparcido entre la hierba, después de oírlo decir cuánto le gustaban mis rizos, quise dejar a un lado esa batalla y darle una oportunidad. Dios, de solo recordar ese sueño, mi cuerpo comienza a llenarse de suaves palpitaciones. ¡Se sintió tan real!
- Qué te pasa, ¿tienes fiebre? Me preguntó Stear con preocupación.
Levanté la mirada y ahí estaba él, mirándome alarmado.
- Stear ¡estoy bien! exclamé intentando calmarlo. - Por favor otra vez no, ¡primero Neil y ahora Stear! Pensé completamente abochornada.
- ¡Pero tus mejillas están calientes! Dijo exaltado.
Rodé mis ojos ante su preocupación. A veces creo que lo que le falta es una novia. Vive preocupado de Anne y de mí, nos cuida como si fuésemos sus pequeñas hermanitas. Estoy segura de que una mujer a su lado le ayudaría a canalizar sus energías de una forma mucho más eficiente y muchísimo más placentera, que preocupándose de sus dos adultas amigas y compañeras de casa.
- No me mires así Candy, sabes que me preocupo por ti, me dijo con suavidad.
- Lo sé Stear, dije finalmente¿Cómo explicarle que el ardor de mis mejillas era por culpa de mi profesor de la universidad y amante nocturno?... Amante nocturno, si eso fuese verdad…
Respiré profundo intentando sacar de mi mente la idea de que mis sueños se hicieran realidad, no quería que Stear saliera corriendo de la casa pidiendo ayuda pensando que estaba teniendo alguna especie de ataque epiléptico o algo parecido al ver las reacciones de mi cuerpo ante mi vívida imaginación.
Stear suspiró. - Supongo que tiendo a sobre reaccionar un poco, dijo pensativo.
- ¿Un poco? Le pregunté bromeando, y el rió.
- ¿Irás con nosotros al pub? preguntó Stear, dejando atrás mi súbito rubor.
El señor Leagan, padre de Neil, abrió un pub en pleno centro de Chicago. Es un pub bastante exclusivo, por lo que no cualquiera puede ir, ¡los precios son exorbitantes! y con mi pequeño sueldo como ayudante en el laboratorio de biología de la universidad, difícilmente podría pagar el consumo de dos noches de fiesta en el pub. Afortunadamente, el padre de Neil me adora como si fuese una hija mas y todo nos sale gratis.
- Pero estamos en mitad de semana, ¡mañana tenemos clases temprano! Exclamé. Y fruncí el ceño al darme cuenta de que Neil tiene razón, soy una nerd, ¡pero es que no me puedo permitir reprobar ningún ramo!
- Vamos Candy, volveremos temprano. Hace tiempo que no vamos al pub todos juntos, dijo en tono de súplica.
Es cierto, hace meses que no hacemos nada juntos. Vivimos hace dos años, en la misma casa. Casa que los señores Cornwell compraron para sus hijos, y que comparten con Anne, Neil y yo, por una muy conveniente cuota.
Stear y Archie comparten el sótano y allí tienen su pequeño club, una televisión empotrada de 42 pulgadas, mesa de pool, video juegos, sistema de sonido envolvente, aire acondicionado. No es raro que Neil esté constantemente allí utilizando los juguetes de sus primos. Pero de verdad, hace mucho tiempo que no logramos compartir los cinco juntos.
Miré a Stear con algo de resignación, no estaba convencida del todo de que salir en plena semana de universidad fuese una buena idea, pero por otra parte, pasaría mucho tiempo antes de que nuestros horarios pudiesen coincidir. – Está bien, iré, le dije, al fin y sonreí al ver como su cara se iluminó.
- ¡Genial! Le avisaré a los chicos, allá nos reuniremos con Anne y Archie. Neil, tú y yo partiremos juntos desde aquí, me dijo con la emoción de un niño en plena navidad, mientras enviaba un mensaje al móvil de los chicos. – Ahora anda a arreglarte, que saldremos de aquí en una hora.
A pesar de conocerlo por tantos años, Stear me sorprendía cada día con su entusiasmo, parecía que todo le emocionaba. Siempre estaba bromeando, siempre estaba rodeado de amigos, era el alma de las fiestas y era sumamente inteligente, además de muy guapo, parece que era una especie de maldición familiar. A pesar de su estilo nerd, las chicas siempre estaban detrás de él en las fiestas, sin embargo, a él parecía no importarle… de hecho llegué a pensar que era gay, pero luego me dijo que estaba esperando por una mujer que fuese realmente especial. Así que aparte de ser lindo, inteligente y divertido, era un romántico, el paquete completo. Realmente deseo que pueda encontrar a esa mujer especial, merece ser feliz… y debe dejar de preocuparse tanto por nosotras, a veces es un poco agobiante.
Llegué a mi habitación y suspiré ¡Era un desastre!, toda mi ropa estaba tirada en el piso, la cama deshecha y un cerro de papeles, libros y apuntes repartidos en mi escritorio y sobre mis sábanas, suspiré otra vez.
- ¡Mañana ordenaré! Lo prometo, dije para mi misma, pero la verdad es que llevo prometiéndome lo mismo por más de un mes, y sería más si no fuese porque mamá vino a visitarme y ordenó mi habitación, dijo que era un chiquero, que no se explicaba como podía dormir allí. Incluso Neil se reía de mí. Claro él es un obsesivo del orden y ni hablar de Archie y Anne, ninguno se atreve a entrar en mi habitación… yo creo que es algo acogedora.
Caminando entre la ropa, busqué por algo limpio y lo menos arrugado posible para ponerme. Un top crema y jeans negro ajustado, servirán. Al menos el top está limpio y la tela de por si es arrugada, y la mancha del pantalón no se nota y el pub tiene una iluminación tenue, ¡perfecto! Dije y resoplé, al darme cuenta de que ahora tenía sólo tenía 30 minutos para bañarme y vestirme.
Al mirarme en el espejo con mis rizos alborotados, no pude evitar sonrojarme otra vez. Era extraña la manera en que me sentía completamente a gusto a su lado. No puedo creer que le conté prácticamente toda mi vida, y la de Anne, de Archie, de Stear, y Neil… ¡hasta le hablé de Pony! Pero no pude evitarlo, era como si necesitara que él supiera cada detalle sobre mí, y él me habló también sobre su vida y Escocia.
Un bochorno comenzó a invadir mi cuerpo, junto a las vívidas imágenes de mi sueño, y a las sensaciones que él había provocado en mí esta mañana. La electricidad que sentí cuando tomó mi mano, o la manera en que me miraba mientras corregía las pruebas, la sensación placentera que recorrió mi cuerpo cuando él limpió ese poquito de pastel que quedó en mi boca… y cuando me besó, bueno, no fue un beso como tal, pero casi… pude sentir sus labios aquí, en la comisura, estuvo tan cerca, ¡tan cerca!. Agradezco a la señora Keith por haberme llamado y hacerme girar el rostro.
Todas esas sensaciones, todos aquellos recuerdos, mi último sueño, hicieron que me perdiera en una fantasía bajo el agua tibia, imaginando sus manos recorriendo mi cuerpo, su masculina reacción presionando mi vientre, su boca sobre la mía, tibios susurros en mi oído...
- ¡Can! ¿Estás bien?, interrumpió de pronto Neil con preocupación en la voz.
Abrí mis ojos y sacudí mi cabeza, volví a la realidad.
- Si Neil, estoy bien, ¿qué quieres? Pregunté con algo de molestia.
- Lo siento, pensé que te habías caído, sentí algunas quejas. Me preocupé, dijo con inquietud.
- ¡Mierda! Dije entre dientes, completamente avergonzada. – Estoy bien Neil, me golpeé el dedo del pie en la ducha, pero ya pasó, mentí, mientras agradecía aquella puerta que ocultaba mi rostro completamente rojo y las gruesas paredes que disminuían considerablemente los sonidos del baño.
- ¡Ouch! Eso duele, le escuché decir. – Te esperamos abajo, no te tardes Can, gritó mientras se alejaba.
Con mi momento completamente arruinado, salí de la ducha, envolví mi cabello y me sequé rápidamente. Por un momento pensé en planchar mis rizos, pero desistí, a él le había gustado mi cabello al natural. Y sonreí ante el espejo a modo de reafirmación, al ver mi reflejo.
- ¡Can! Exclamó Neil sin dejar de mirarme.
- ¿Qué pasa? Pregunté extrañada, por un segundo pensé que tenía algo extraño en la cara, o que se me había pasado la mano con el maquillaje. Instintivamente llevé mis manos a mi rostro.
- Te ves preciosa Can. Nunca te había visto con tu cabello rizado y suelto. Siempre lo tienes sujeto en un moño o planchado. Dijo mientras se acercaba a mí y me abrazaba por los hombros, como siempre lo hacía. - ¿Cómo está tu pie? Me preguntó aun preocupado.
No pude evitar una risita, si supiera la verdad. Di un respiro y le respondí – Ya no duele.
Neil besó mi cabello. – Me alegro, dijo. – Porque esta noche pretendo bailar toda la noche contigo.
Lo miré de reojo, él sabía que yo no bailaba. A veces pienso que hacerme bailar se había convertido en una especie de desafío para él. – Sabes bien que yo no bailo, Neil, pero tendrás mi completa atención cuando salgas a conquistar la pista, le aseguré.
- Es una lástima Can, quería que sólo tú disfrutaras de éste cuerpo en movimiento, me dijo coqueto. Yo solo pude reír y darle un suave codazo.
- Creo que tendré que declinar de tu tentadora oferta Neil, pero estoy segura de que habrán muchas chicas dispuestas a aceptar tal consideración en el pub, le respondí divertida. Neil rodó sus ojos. - No será lo mismo Can, dijo fingiendo resignación, cuando un bocinazo nos hizo acelerar el paso.
– Neil, deja de molestar a Candy, le reprochó Stear, que ya nos esperaba en el auto afuera de la casa. - ¡Candy no bailará contigo! Sentenció sacudiendo su cabeza.
Y así era siempre que salíamos a algún lado, Neil intentaba convencerme de bailar y Stear le regañaba por intentarlo. Reí sin quererlo, pero no podía evitarlo, nos conocíamos tan bien, me sentía tan cómoda con ellos… era como si nos conociéramos de toda una vida, tal como me sentía con Albert. Un suspiro involuntario escapó de mi boca con el recuerdo de nuestra mañana, Neil me miró extrañado, así que me hice la desentendida y subí al auto.
- Vaya Candy, ¡te tardaste! Dijo Stear mirando fijamente al frente mientras iniciaba la marcha del auto. – Vamos atrasados, Anne y Archie están esperándonos, sólo espero no estén discutiendo otra vez, dijo respirando profundamente como si de verdad eso lo preocupara.
- Estarán bien, ya sabes que rápidamente olvidan sus rencillas, le aseguré.
Archie y Anne, tenían una relación de amor y odio. Nunca entendí bien aquello, pero desde que nos conocimos en secundaria vivían discutiendo por las tonterías más increíbles. Que la tarea la había dado el maestro en el primer módulo y no en el segundo como decía Anne, que el color de los muros del comedor era ivory, y no beige claro como decía Archie… digo ¿a alguien le puede importar una gota mas o una gota menos de blanco o amarillo?, ¡o del color que sea! Su última discusión fue ayer, porque Archie había encontrado su tazón hacia arriba, cuando "todos" sabían que él siempre lo dejaba abajo para así evitar que entrara polvo en él. La verdad es que yo no lo sabía, ni Stear, ni Neil, ni mucho menos Anne, que fue quien lo guardó así después de lavarlo al desayuno. Y se armó una batalla, se gritaron, Anne le lanzó un cuaderno por la cabeza, y luego cada uno terminó encerrado en su habitación. Pero cuando llegué con Neil en la noche, los encontramos en el living, Anne estaba sentada en el sillón, con Archie durmiendo apoyado en su vientre y ella acariciaba su cabello. Nos miró sonriente y puso su dedo en sus labios para indicarnos que entráramos en silencio.
Era ridículo, se comportaban como un matrimonio, pero sin tener una relación, sin jamás haberse dado un beso, ni obviamente haber tenido sexo.
- Relájate Stear, ya sabes que esos dos se aman y son demasiado orgullosos para confesárselo, dijo Neil desde el asiento trasero. Neil, siempre ha pensado eso, y para ser honesta, a veces pienso lo mismo, pero Anne no habla al respecto, todo lo que pueda referirse a una relación amorosa, es un tema vetado para ella.
Al llegar al pub, allí estaban ellos, era evidente que habían discutido de nuevo.
- Seguro Archie llegó a las 7 y Anne a las 7:01, y han estado discutiendo sobre quien tiene su reloj mal sincronizado, dijo Stear mirando al cielo rogando por paciencia.
- ¿Dónde demonios estaban? Espetó Archie enojado.
- ¡Hemos estado esperándolos durante media hora! Gritó Anne.
¡Ups! No estaban discutiendo entre ellos, están enojados con nosotros por llegar tarde.
- Lo siento fue mi culpa, dije sin atreverme a mirarlos. A veces de verdad me daban miedo, eran tan apasionados para todo.
- ¿Qué le hiciste a tu cabello? Me preguntó Archie curioso, dejando su molestia en el olvido.
- Mm nada, no le hice nada, le respondí.
- ¿Nada? ¿Segura? Se ve distinto, insistió.
- ¡Archibald Cornwell eres un estúpido! Le dijo Anne enojada. - Puedes ser detallista en muchas cosas, ¿pero no eres capaz de darte cuenta que tu mejor amiga tiene su cabello rizado de manera natural y que literalmente no se hizo nada?, reclamó con exasperación. – Increíble, eres increíble, dijo molesta, bajando sus brazos frustrada mientras se daba vuelta a paso seguro para entrar al pub.
- No me llames estúpido, le recriminó Archie siguiéndola al pub, con el claro fin de seguir la discusión. Parece que era su hobby favorito.
Neil reía a carcajadas, y Stear solo sacudía su cabeza incrédulo.
- Será mejor que entremos, dije al fin, y Neil pasó su brazo por mis hombros y caminamos juntos al pub.
Nos sentamos en la mesa de siempre, era el mejor lugar del pub, cerca de la barra, con una buena vista al escenario donde pequeñas bandas locales se presentaban, también cerca de la pista de baile principal, donde Neil solía brillar.
Archie y Anne ya estaban sentados, pero perturbadoramente riendo. No sé que me daba mas miedo, si su pasión desmedida a la hora de pelear o su extenuante bipolaridad.
- ¿Estás segura que no quieres bailar? Me preguntó Neil al oído, sonriendo tal como lo hacía con todas las chicas de la universidad.
- Estoy segura, además mira, allá viene una chica que te aseguro quiere que le demuestres tus dotes artísticas, le respondí indicando a otra de esas mujeres de piernas kilométricas y sonrisa vacía que solían acosarlo.
Él la miró sonriente, casi invitándola a sentarse con nosotros, la chica se paró frente a nuestra mesa y comenzó con ese jueguito con su cabello. ¿Acaso todas aprendieron en la misma academia? Anne me miró divertida mofándose de la mujer y su juego de cabello, y no pude suprimir la risa. Stear como siempre ya estaba en el centro de la pista haciendo de las suyas, apenas entramos al pub se había encontrado con un viejo amigo, y Archie solo se limitaba a mirar y a analizar como su estúpido primo siempre conseguía que todas las chicas se acercaran a él.
- Hola, dijo la chica acercándose a Neil para besar su mejilla insinuando de paso su gran escote. - Te había estado esperando, dijo la mujer sin soltar el mechón de su cabello.
Neil la miró sonriente. - No creo que nos conozcamos, le dijo sin dejar esa expresión de playboy.
- Podrías conocerme ahora, le respondió ella, acariciando el antebrazo de Neil con la yema de sus dedos y sin despegar su mirada de él.
Archie miraba atónito. Y Anne no podía dejar de imitar a la mujer irónicamente.
- ¿Es en serio? Me preguntaba incrédula de lo que estaba viendo. Digo, ¿es posible que una mujer sea tan desvergonzada?
- Quizás podría, dijo Neil mirándola sin dejar de coquetearle descaradamente. - Pero verás, estoy aquí con mi novia, dijo tomando mi mano y besándola suavemente.
Lo miré sorprendida, y rápidamente me guiñó un ojo, dándome a entender que siguiera su juego. - Ok, si eso es lo que quiere, pensé.
- Quizás también te interese conocerme a mí, le dije con mi mejor mirada seductora. - Oh sí, dijo Neil con voz ronca. - Quizás los 3 pudiésemos conocernos mejor, nada mejor que sexo rudo entre tres, o entre cinco ¿qué dicen?, preguntó Neil mirando a Archie y Anne.
- No me lo perdería por nada del mundo, respondió Anne siguiendo la farsa. - Nada más excitante que una orgía entre amigos, respondió mirando sugestivamente a la extraña mientras lamía sus labios de manera provocativa.
- Deberíamos ir de inmediato, dijo Neil rozando la mano de la mujer de manera sugerente.
La mirada de la mujer de pronto había cambiado y se había vuelto pálida. - No… em, me debo ir… sí, mi amiga… allá, dijo nerviosa indicando a una multitud - me necesita, dijo desapareciendo rápidamente de nuestra mesa. No pudimos evitarlo y estallamos en carcajadas.
- Eres un cretino Neil, le reproché aun riendo. - Tú sabes Can que no me gustan las mujeres así, me dijo encogiendo sus hombros.
Lo miré levantado una ceja, claramente no lo sabía. - Siempre estás coqueteándole a todas las mujeres que ves Neil, no puedes ser tan cínico.
- Que puedo decir, me gustan las mujeres, pero me gusta ser yo quien se acerque a ellas, no que ellas me ataquen.
- Aw pobre Neil atacado por mujeres, se mofó Anne.
- Deberías consolarme Can, estoy devastado, me siento como un vil objeto sexual, dijo con su mirada de pobre mártir.
- Supongo que eso le enseñará a no ser tan descarada, sentenció Anne.
- Eres realmente un imbécil Neil, dijo Archie de pronto. - ¿Cómo rechazas a una mujer como esa? Viste sus piernas y ¡ese escote!.
- ¿Esas piernas y ese escote? ¿Es lo único que te importa cuando ves a una mujer?, reclamó Anne. - Eres un vacío y miserable como la mayoría de los hombres, ¿crees que las mujeres somos un juguete?, ¿acaso somos una cosa que puedes elegir por su apariencia? Le espetó indignada.
Y así comenzó nuevamente una discusión entre ellos. Sacudí mi cabeza ante la escena, y decidí ir a la barra a pedir un jugo, Neil optó por lo mismo, mejor era dejarlos solos, cuando regresáramos seguramente ya estarían juntos y sonrientes de nuevo.
- ¿En serio no quieres bailar?, me preguntó por enésima vez.
- Neil sabes que yo no bailo, ¿por qué insistes?
- ¡Pero si bailas muy bien! Me exclamó con esperanza.
- Nunca me has visto bailar, no sabes cómo lo hago.
- Bueno, eso se puede solucionar, baila conmigo y te daré mi opinión experta, dijo tomando mi mano y llevándome a la pista.
- Buen intento Neil, le dije soltando su agarre y retomando mi camino. Y eso fue todo lo que bastó para que desistiera de sus planes. Bueno, eso y otra de esas mujeres de piernas kilométricas que había captado su atención en la pista. Siempre era lo mismo.
Al llegar a la barra, noté que una nueva chica estaba atendiendo el bar, se veía nerviosa, supongo que recién estaba empezando. Me llamó la atención, claramente atender el mesón de un bar no era lo suyo, su look también se contradecía. Aunque es muy linda, de enormes ojos color avellana y cabello castaño. Su flequillo largo y anteojos de marco grande y negro, me recordaban a Stear.
- ¡Hola! ¿Eres nueva?, le pregunté, mientras la veía buscar con desesperación por el vodka que le habían pedido recién.
- El vodka está allá abajo, al lado de la licuadora, le dije indicando el lugar. Rápidamente se dio la vuelta y lo encontró. Ahora aliviada, levantó su mirada y me saludó. - ¡Gracias! Exclamó con alivio. - Me llamo Patty, comencé hoy…
- Candy, le respondí sonriendo. Mientras la veía nuevamente desesperada musitando - ¿Dónde están esos malditos limones?
- Están en la nevera, le dije indicando el lugar.
Patty suspiró y bajó sus brazos como si la frustración la estuviese venciendo. - Creo que nunca aprenderé donde están las cosas, dijo derrotada.
- Cálmate, con los días sabrás donde está todo. No es tan difícil, le dije con seguridad.
- ¿Y tú cómo conoces dónde está todo? Me preguntó curiosa, mientras luchaba con el batidor y la coctelera.
- El padre de uno de mis amigos es el dueño, trabajamos aquí unos pocos meses, cuando recién inició.
- Ya veo, dijo sin haberme prestado mucha atención. Bueno Candy, ¿qué te sirvo? Espera, ¿tienes 21? Sabes que no te puedo vender alcohol si no tienes la edad legal para beber, dijo con tono maternal.
- Tengo 19, le dije sonriendo. - Y no te preocupes, sólo quiero un jugo de naranjas.
- En un pub exclusivo, con 19 años y un jugo de naranjas, vaya, si que eres extraña, me dijo incrédula. - La mayoría de las chicas que he visto se han hecho las ofendidas y me tratan de engañar con sus identificaciones falsas, dijo tomando su barbilla como si estuviese pensando en algo sumamente serio. ¡Ya me cae bien esta chica! Además tiene un acento que envidio.
Le sonreí nuevamente. -¿Estudias en la universidad de Chicago? Le pregunté.
- Apenas llegué este semestre, vengo de Londres. Estoy en segundo año de informática, me respondió orgullosa.
- ¡Londres! Exclamé, con razón su acento sonaba tan bonito, similar al de Albert… No puedo creer como él se ha tomado mis pensamientos, ahora que sé su nombre, que conozco su voz... Me debo estar volviendo realmente loca, porque juro que puedo escuchar su voz y a su hermana cantarle esa divertida canción.
- Hey ¡Candy! ¡Candy!, llamaba Patty agitando su mano frente a mis ojos, mientras yo imaginaba a la hermana de Albert cantar. Maldición, me quedé pegada una vez más en mis fantasías
Espera un momento, sigo escuchando la vocecilla cantar. - ¿Escuchas esa canción?
- ¿La del borracho escocés? Me preguntó Patty. - Es muy popular en el reino unido, no pensé que la escucharía en un bar americano, es como estar en casa, rió.
- La mujer que la está cantando debe ser europea sin duda, dijo seriamente mientras indicaba a una hermosa mujer de largo cabello rubio, cantando animadamente a otra persona que no lograba ver.
Una presión en mi pecho comenzó a magnificarse mientras mi corazón comenzaba a latir desenfrenadamente. - ¿Rosemary?, ¿la hermana de Albert?, estaba casi segura que era ella… ¿acaso estaba él aquí?. Apenas terminé de preguntarme eso, la respuesta llegó como una flecha directo a mi corazón y a mis –ahora- otras palpitantes partes de mi cuerpo. Ahí estaba él, riendo avergonzado, mientras su hermana aplaudía animadamente.
- ¿Guapo verdad?, preguntó Patty leyendo mi mente y dirigiendo su mirada hacia él.
Mi rostro se ruborizó completamente de nuevo y Patty rió. - Supongo que el rubor es nuestro peor enemigo, tener la piel tan blanca no nos ayuda mucho a esconder algunos secretos, dijo con diversión.
- ¿Es tan evidente? le pregunté alarmada.
- ¿Lo conoces? Me preguntó mientras comenzaba a luchar con la picadora de hielo.
- Es mi profesor de fisiopatología en la universidad, le dije con pesar mientras le indicaba el botón de encendido de la máquina.
- Gracias, me dijo con alivio. - Mm tu profesor… bueno, la universidad no tiene porqué enterarse de nada, dijo con liviandad.
- ¿Enterarse de qué? No es que tengamos alguna especie de relación o algo, soy su ayudante. Nada más, le dije nerviosa.
- Pero te mueres por él, me dijo, mientras ponía una pequeña fruta de papel en el vaso de cerveza.
- Los adornos van en los cocteles, le aclaré rápidamente y ella se apresuró a sacarlo. - ¿Tanto se nota?
- Bueno, nadie se pone así de roja, ni se queda con la mirada perdida tanto rato en un hombre, si no estuviese muriéndose por él.
- ¡Can! ¿Qué haces aquí todavía?, ¿Archie y Anne siguen discutiendo?, preguntó Neil al llegar a la barra.
- ¿Ya dejaste de deslumbrar a las mujeres con tu cuerpo en movimiento? Le pregunté con sarcasmo.
- Yo quería que solo tú disfrutaras de éste cuerpo en movimiento, pero me rechazaste, dijo haciendo un puchero.
- Eres un idiota Neil, le dije entre risas.
– Nos puedes enviar 4 cervezas y un jugo de naranja a la mesa de allí, pidió Neil a Patty, indicando nuestra mesa.
- Claro, en seguida, dijo poniéndose a trabajar.
- Patty, él es Neil, Neil, ella es Patty, dije presentándolos.
- Hola Patty, ¿eres nueva? preguntó Neil, y Patty asintió. – Espero poder verte mas seguido, los últimos encargados no han durado mas de una semana, le dijo sonriente. - Bueno Can volveré con los chicos, no te demores. – Patty ha sido un gusto, le dijo con caballerosidad.
- Igualmente, respondió cortés, pero con susto en su mirada. – ¿Una semana? Preguntó con sus ojos bien abiertos.
- No hagas caso Patty, sólo está bromeando, su padre es el dueño, le dije, buscando tranquilizarla, pero creo que no lo conseguí del todo.
– Y Candy, ¿no irás a saludar a tu profesor?, preguntó Patty de pronto.
- ¿Saludarlo? ¡No puedo hacer eso! Respondí nerviosa.
- Bueno, creo que tendrás que hacerlo, porque aquí viene junto a la mujer que cantaba, dijo indicándolos.
Me enrojecí de pies a cabeza, al encontrar mi mirada con la suya. Se veía tan guapo. Por un momento me dio la impresión que él se había sorprendido igual que yo, claro, eso no es posible, pero como me gustaría ponerlo tan nervioso como él me pone a mí.
Pude ver como la mujer, se le acercó preguntándole algo, mientras no quitaban la vista de mí. No, no pueden haberme estado viendo a mí, sacudí mi cabeza. Seguro estaban viendo hacia el bar. Él asintió a su pregunta, provocando en ella una reacción de ¿felicidad?. Supongo que era una mujer muy alegre porque de la nada comenzó a dar saltitos y a aplaudir emocionada… fue extraño.
Patty me miraba divertida y podía notar como intentaba disimular una sonrisa acusatoria.
- ¡Candy! exclamó Albert con algo de sorpresa, al llegar a la barra. Y sentí como su mirada me estudiaba disimuladamente de pies a cabezas, mientras mi rostro se ponía rojo una vez más y mi boca extrañamente se secaba.
- Albert, dije casi en un murmullo sin dejar de mirar esos ojos hipnotizantes. Y sorpresivamente, me saludó con un beso en la mejilla, que provocó que mi cuerpo se estremeciera por completo.
Patty y la mujer que acompañaba a Albert, nos miraban en detalle y no ayudaban en nada a calmar mis nervios.
- ¿No me presentarás a tu amiga? Preguntó la mujer, arqueando su ceja a Albert, pero sin dejar de sonreírme. Sus ojos brillaban con entusiasmo.
- Em sí, lo siento, dijo Albert pasando su mano por su cabello desordenado. – Qué ganas de pasar mis manos por su cabello… y todo su cuerpo, pensé al verlo.
- Rosemary, ella es Candy, mi nueva ayudante, dijo con una sonrisa tímida. Si no fuese tan imaginativa e ilusa, diría que algo de decepción hubo en sus palabras. – Candy, ella es mi hermana Rosemary.
- ¡Candy! que gusto conocerte, dijo Rosemary con entusiasmo y dándome un gran abrazo que me dejó perpleja. – Mi hermano me ha estado hablando de ti.
Los ojos de Albert se abrieron en sorpresa y miró a Rosemary como si la quisiera matar. – ¿Albert ha estado hablando de mí? Pregunté sin darme cuenta que lo decía en voz alta.
- Eh si bueno, le hablé sobre mi primera clase en la universidad y que una de las mejores alumnas era mi ayudante, dijo rápidamente, provocando que mi sorpresa mutara a decepción. – Claro, qué otra cosa podría hablar de mí, suspiré apenada.
- ¿Candy? interrumpió Patty. – Asumo que el jugo de naranja es para ti, ¿no? ¿Quieres que te lo deje aquí o lo llevo a la mesa junto al resto?, preguntó pillándome completamente desprevenida, me había olvidado de que Neil había ordenado y que me esperaban en la mesa.
- Em llévalo, iré enseguida, dije sin ser capaz de sacar mi vista de él.
- ¿Vienes con tus amigos? Me preguntó, sosteniendo mi mirada. - ¿Cómo podía hacerlo? ¿Cómo podía ponerme tan nerviosa y llenarme de sensaciones placenteras, tan sólo mirándome?.
Titubeante le respondí. – Sí vine con mis compañeros de casa, dijecon la voz más temblorosa de lo que esperaba.
- Bueno hermanito, dijo Rosemary, provocando que nuestras miradas se interrumpieran. – Me voy a acompañar a George, no quiero se sienta libre para estar mirando a las mujeres del bar.
- Como si eso fuese a suceder, dijo Albert mirándola con diversión. – George tiene ojos sólo para ti.
- Oh vamos, si yo miro hombres en un bar, es un hecho que él también mira mujeres. Sólo que él no tiene por qué saber que yo lo hago, y yo no le permito hacerlo, dijo riendo. - Ha sido un placer conocerte Candy, eres tan hermosa como me contó mi hermano, dijo abrazándome nuevamente. Pero… ¿qué fue eso? Acaso Albert le había dicho que yo era hermosa, la sola idea hizo que toda la sangre subiera a mi rostro.
Albert cerró sus ojos avergonzado. – Siento eso, dijo con seriedad. – Te había comentado que mi hermana era un poco… inoportuna… dijo esbozando una sonrisa tímida y genuina.
- Parece que tus amigos discutieron de nuevo, dijo Patty de regreso en la barra. – La chica dijo que se iba, que tu otro amigo… ¿Stear? Se había llevado a su hermano a casa, y que Neil estaba bailando con otra "vacía", dijo encerrando la palabra entre comillas.
Respiré hondo. Ahora recuerdo porqué nunca nuestros horarios coinciden para hacer algo juntos, siempre pasa lo mismo, Anne y Archie discuten, Archie se va antes molesto, Stear tiene que ir a dejarlo porque así lo creía Archie, ya que él no tenía auto porque no sabía conducir. Neil terminaba bailando con cuanta mujer se le lanzara, Anne se tomaba una cerveza y se iba en un taxi molesta y yo, optaba por caminar a casa, respirar hondo y no cuestionar porqué mis amigos podían ser tan especiales.
- Otra vez, dije con frustración. – Gracias Patty, le asentí tomando un sorbo del jugo que me había preparado.
- ¿Bailas?, me preguntó Albert extendiendo su mano.
- Eh, yo… no… este, no bailo… dije titubeante, eso si me había pillado completamente por sorpresa.
- Pero Candy, recién me decías que te morías de ganas de bailar, dijo Patty divertida y guiñándome un ojo en complicidad.
La miré asustada, la verdad es que no bailo, me da vergüenza, una vez lo intenté, pero soy completamente descoordinada, y me rendí.
Él me miraba expectante y sonriente.
- ¿Pero está bien? Pregunté nerviosa. – Digo eres mi profesor…
- No hay nadie de la universidad aquí, dijo mirando a su alrededor, y volvió a extender su mano.
Con mi mano ligeramente temblorosa, tomé la suya y la corriente fue inmediata.
Sin dejar de mirarme, me guió a un rincón de la pista pequeña, en la parte trasera del pub. Las luces eran tenues, solo podía verlo a él, no podía distinguir bien a mí alrededor, y la música rápida que reinaba en el momento cambió a una melodía suave y lenta. Lo miré nerviosa. ¿En serio bailaríamos un lento? Las células de mi cuerpo saltaban de alegría ante la idea.
Suavemente, soltó mi mano, me sujetó por la cintura e instintivamente llevé mis manos alrededor de su cuello. Mis mejillas estaban absolutamente rojas, y mi cuerpo comenzaba a evidenciar la reacción que él me provocaba, comenzamos a movernos lentamente al compás de la melodía, como si no hubiese absolutamente nadie alrededor. Podía sentir como su pulgar acariciaba suavemente mi espalda a través de la tela de mi top, y pequeñas ondas eléctricas viajaban por mi columna de manera exquisita, provocando que un pequeño gemido, escapara de mi boca.
No sé cómo, ni cuando mis dedos comenzaron a enredarse suavemente en su cabello, era sedoso, muy sedoso. Y nuestras miradas no se separaban, estaba completamente perdida en esos hermosos ojos azules, me sentía como en un sueño y rogaba no despertar. Mi profesor, el hombre que me amaba cada noche en mi subconsciente, estaba allí conmigo, con sus brazos alrededor de mi cintura, haciendo lo que nunca nadie había logrado antes, haciéndome bailar.
De pronto sentí como intensificó su agarre y sentí mi cuerpo extasiado, rozando el suyo, y sus sutiles caricias en mi espalda cada vez se iban perdiendo mas abajo. ¿Acaso él sentía lo mismo que yo? Decidí engañarme aunque fuese sólo por esa noche de que era así, de que él sentía por mí lo mismo, una complicidad, una seguridad y una electricidad casi mágica.
Y me aferré a él con fuerza, dejándome llevar por las sensaciones que él me provocaba, y noté su mirada fija y oscurecida en mí. No sé cuanto rato llevábamos moviéndonos en ese maravilloso vaivén, pero no quería que terminara nunca.
Cerré mis ojos un momento, rogando que al abrirlos no fuese todo una cruel broma de mi trastornada cabeza. Pero al contrario me encontré con sus labios próximos a los míos, su aliento cálido diciendo que no entendía que le pasaba conmigo y su mirada suplicante por una respuesta. Sin decir palabras, acerqué mi boca a sus labios, acariciándolos delicadamente con los míos, y él cerró sus ojos dejándose llevar por el momento.
Sentir su lengua saboreando delicadamente mis labios, mi boca y mi propia lengua, fue como una explosión de placer, que me urgía por más. Pero quería sentir su delicadeza, quería disfrutar lentamente de lo que estaba sucediendo, gemí, al sentir mi labio atrapado suavemente entre sus dientes, y nos quedamos por un segundo quietos disfrutando de la sensación de dulzura y éxtasis, hasta que mi lengua cobró vida y quiso volver a juguetear con la suya, con sus labios, y con tantas otras partes de su cuerpo.
Sentí sus dedos recorrer despacio mi piel ahora sensible, no me di cuenta en qué momento la tela de mi top había ocultado sus manos que delineaban deliciosamente el final de mi espalda. Y no pude evitar, soltar una de mis manos de su cuello y recorrer su abdomen firme bajo su camisa.
Absolutamente inmersa en aquellas emociones, agitada, e inconsciente de lo que pasaba a mi alrededor, protesté cuando su boca se separó de la mía por un momento, pero sólo ahí pude notar el entumecimiento que afectaba a mis labios. Lo miré turbada y sentía como su boca comenzaba a jugar con el lóbulo de mi oreja, causando un cosquilleo exquisito y el aumento de aquellas palpitaciones que despertaban todo bajo mi vientre.
Él me llevó contra sí una vez más, y ahora pude sentir su creciente erección en mi vientre, sorprendiéndome y provocando un nuevo gemido.
- Ven conmigo, me susurró con su voz ronca y llena de deseo. Me sorprendí ante su invitación, pero no podía pensar, no quería pensar. Y completamente ciega a todo lo que estaba a mí alrededor, asentí, y sin que su mano soltara la mía, lo seguí sin dudar un segundo de él…
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¡Eh! al fin un momento para actualizar, ojalá les guste este capítulo, y no me maten por dejarlo donde quedó xD.
Como siempre mis sinceros agradecimientos a todas por animarse a leer mis historias y por darme su tiempo y palabras.
Invitadas están a leer mis otros fics: Ante mis ojos y Perdida en Lakewood y mis one-shots: Redención, Si tú eres feliz y Nuestro destino.
Un Abrazo,
Dulce Ardley.
