Pudo sobrevivir a un Akashi vestido como un niño bien —que era lo que era, por otra parte—, a un Akashi acalorado tras salir de la ducha y, bueno, a Akashi en general. Quién le habría dicho que invitar a su antiguo compañero de equipo a casa iba a traerle tantos quebraderos de cabeza. Lo que condujo a Nijimura a una locura de la que no podría regresar jamás, por mucho que lo intentase, era tener ante sus narices a Akashi con su pijama.

—Qué imprudencia. Creo que he olvidado mi pijama en casa —había explicado Akashi con total naturalidad.

Imprudencia fue dejarle un pijama de los suyos y ver cómo las mangas eran un poco largas de más. O cómo se tenía que estar levantando el pantalón cada dos segundos. Su encanto, que no eran poco, habría subido como la espuma de no haber cometido la desfachatez de hacerse el majestuoso. Más que un abrazo, lo que Nijimura quería darle ahora era un copón.

Akashi acababa de arruinarle una de las fantasías eróticas que no sabía que tenía. Aunque, bien pensado, lo alarmante habría sido que se hubiese pegado a él con ojillos suplicantes y voz melosa. Tampoco se habría opuesto a esa idea, que conste.


Intentaré por todos los medios que la próxima historia sea más larga. ¡Muchas gracias por vuestros comentarios y favs!