Hola, aquí llega un nuevo capitulo.
-Recomendación musical: Nobody's home - Avril Lavigne / Forgotten - Avril Lavigne / Slipped away - Avril Lavigne (jeje se nota que me gusta ehh?)
Espero que os guste y disfruteis leyéndolo.
CAPITULO 3
Locura
Las calles del Londres muggle estaban repletas de gente. Era lunes por la mañana, los trabajadores ocupaban toda la acera y todos los coches de la calle. Algunos iban trajeados, otros con uniforme y algunos pocos simplemente iban vestidos de una manera formal pero sin llegar a ser muy oficial.
La señora Granger, caminaba entre los transeúntes de esa calle londinense. Llegaba tarde a la clínica dental donde trabajaba, pues el metro se había retrasado. Giró a la derecha y se metió por un oscuro callejón, normalmente prefería la calle principal pero no podía llegar tarde. Ya veía la salida del callejón, solo le quedaba cruzar otro callejón aun mas estrecho perpendicular al que ella recorría y unos metros más adelante se encontraba la salida.
Pero se detuvo, en el callejón perpendicular al suyo había dos hombres hablando, iban cubiertos por unas capas negras con capucha, hablaban de un tema extraño, no entendía que era lo que decían. Asustada cruzó corriendo el callejón hasta la salida donde pudo respirar con tranquilidad camuflada entre la gente.
Si se hubiera quedado unos minutos más quizá habría escuchado algo de mucha importancia.
Los dos hombres de las capas hablaban en el callejón oscuro y sucio. Eran mortífagos, uno de ellos era uno de los altos cargos dentro del circulo del señor oscuro, el otro solo un peón ambicioso que no llegaba a comprender la magnitud de la guerra que se avecinaba.
—El señor oscuro me ordenó que os diera un mensaje. — dijo el peón con respeto.
—Pues dámelo — dijo el mortio con impaciencia.
—Quiere que vigiles a Weasley, Granger y a Potter, y que le recuerdes al joven Malfoy que si la misión no prospera, será fatal para él.
El otro asintió, y sin más se fue. No lo iba a negar esto se estaba poniendo difícil.
Recordaba a la perfección la promesa inquebrantable que había realizado por Draco, sabía que tendría que cumplirla, pero él, Severus Snape, también sabía que con Dumbledore muerto, los mortífagos avanzarían un gran paso.
Hermione Granger despertaba con la luz que entraba por las ventanas de la biblioteca, dio un respingo en la silla al no encontrarse en su habitación, pero pronto acudieron a su cabeza las imágenes de la noche anterior.
Tenía que subir a la sala común a cambiarse sin que nadie la viera, lo que no sabía era madame Pince estaba ya en la biblioteca pues las veces que se había quedado a dormir en la biblioteca habían sido noches en las que a la mañana siguiente no había clase. Pero hoy era lunes y posiblemente la bibliotecaria estaría allí.
Avanzó con lentitud entre las estanterías, mirando a cada lado. Estaba, por suerte, desierta. Caminó entre los estantes repletos de libro que ya había leído, se detuvo cerca de la puerta, la señora Pince estaba allí.
Y ahora ¿que hacía? Notaba como le comenzaban a sudar las manos, la respiración se volvía algo irregular y un vació se instauraba en el estomago. Piensa Hermione, piensa, se dijo pero cuando más pensaba más nerviosa se ponía. Finalmente consiguió, pese a todos los factores en contra, idear un plan para salir de allí.
—Expeliarmus — susurró apuntando con su varita a una estantería del otro lado del pasillo.
Los libros cayeron al suelo y Hermione pudo ver que la bibliotecaria salía corriendo con la varita en la diestra fuertemente cogida hacia los libros recién caídos. Hermione, cogió aire y salió de la biblioteca rápidamente, solo cuando estuvo a varios pasillos más lejos se relajó.
Había sido tan excitante, todavía podía sentir la adrenalina corriendo por sus venas, sin duda le había encantado la sensación de romper las reglas. No, no y no, Hermione Granger, la perfecta prefecta no podía estar pensando en que le había gustado romper las reglas. Se giró hacia la columna, tenía la sensación de que la observaban. Nadie, no había nadie. Suspiró, sin duda se estaba volviendo loca,primero disfrutaba rompiendo las normas, y luego se sentía observada.
Ya en la sala común se dio cuenta de que no quedaba mucho tiempo para que sus compañeros empezaran a levantarse, así que subió a su habitación corriendo y deseando que Ron y Lavender no siguieran en su cama. Pero el destino la jugó una mala pasada y entre sus sabanas seguían ambos adolescentes. Corrió el dosel rojo de la cama, prefería no ver eso más, y buscó en su baúl el uniforme.
Cuando lo encontró fue a ducharse y a arreglarse. Cuando salió del baño se dio cuenta de que Parvati entraba con la mirada gacha y sonrojada, cosa que no tomó importancia. Volvió a la habitación y se encontró a Ron a medio vestir al lado de su cama. Sintió como la furia crecía dentro de ella, pero tras contar hasta cien (solo contando hasta diez no había podido) logró controlar su furia.
Ron había dormido mejor que nunca, sentía el calor de Lavender a su lado, pero sabía que eso se tenía que acabar, así que se levantó con pereza, miró la ropa extendida por el suelo con una sonrisa y la recogió con lentitud, las prendas de Lavender las dejo al lado de la cama. Se había dado cuenta de que era pronto, así que no despertó a Lavender. Se puso los calzoncillos, aun estaba algo somnoliento así que se golpeo contra la mesilla, despertando a Parvati que dormía en la cama de al lado.
La morena se sonrojó automáticamente y corrió hacia lo que debía ser el baño. Ron maldijo por lo bajo, se le había olvidado que Lavender tenía compañeras de habitación, se sentó en la cama en la que estaba Lavender durmiendo, para despertarla; tenía que salir rápido de allí. La rubia comenzó a despertar con lentitud. Ron mientras comenzó a ponerse los pantalones aun sin dejar de mirar a Lavender, Merlín se había acostado con ella y la verdad es que quería repetirlo.
Fue entonces cuando se volteó encontrándose con la cara de Hermione Granger.
Draco Malfoy tenía la costumbre de levantarse media hora antes que sus compañeros para ir al baño de prefectos, el año pasado no lo había disfrutado más que en tres o cuatro ocasiones y este año aunque ya no era prefecto se sabía la contraseña y lo utilizaba todos los días. Prefería ese baño antes que el de su sala común, era mucho más relajante y era lo que necesitaba para no tener cara de no haber dormido durante toda la noche, todo por culpa de ese maldito libro.
Caminaba por los pasillos cuando vio a Hermione Granger corriendo. Él automáticamente se escondió tras una columna. La castaña se paró respirando agitadamente y mirando para atrás, luego sonrió y continuó caminando con más tranquilidad.
El slytherin se sorprendió de encontrar a la sangre sucia allí, ¿qué haría? La observó minuciosamente: tenía el cabello desordenado, las mejillas sonrosadas, la ropa arrugada y descolocada y los ojos le brillaban con una chispa de diversión. Podría ser que... no, no podía ser...vamos era Hermione Granger, la perfecta prefecta, ella no podría haber pasado la noche con ningún chico y aunque resultara que la sangre sucia no fuera tan casta como los demás la veían, ¿quien iba a querer estar con ella?
Draco la observó, no tenía nada de especial. Observó su pelo castaño hasta la mitad de la espalda, muy común, había que reconocer que ya no era un nido de pájaros y que los rizos se habían vuelto más definidos. Su nariz era normal aunque no muy recta. Pasó a observar su cuerpo, también era muy normal: no tenía ni unos pechos grandes, ni unas curvas muy pronunciadas, las piernas largas estaban ocultas por los vaqueros pero, daba la impresión de estar torneadas pero era difícil teniendo en cuenta que la gryffindor que el supiera no hacía ningún deporte.
La castaña miró hacia donde él estaba, se le cortó la respiración ¿le había descubierto? No recordaba haber hecho ningún ruido que le delatara así que lo único que se le ocurrió hacer fue pegarse más contra la pared. Pronto vio como la chica se iba.
Suspirando continuó su camino hacía el baño de prefectos. Una vez allí se desvistió y se introdujo en el agua burbujeante, los olores consiguieron que se olvidara de sus problemas, sintiéndose como cuando era un niño pequeño y su nana le bañaba con jabones perfumados, su nana era una chica de treinta años por ese entonces, su madre lo cuidaba y le daba afecto, pero para las tareas trabajosas de cuidar a un niño se encargaba su nana. Después de un buen rato, salió del agua volviendo de golpe a la realidad, él ya era casi un adulto y tenía que sacarse el solo las castañas del fuego, no podía esperar a que los demás le ayudaran o le tendieran una mano.
Y la calavera y la serpiente que llevaba marcada en el brazo como un tatuaje se lo recordaba a cada segundo.
Hermione fulminó a Ron con la mirada y se dirigió hacia su baúl, necesitaba sacar los libros de ese día. Ron la intentó agarrar por la muñeca pero la castaña fue más rápida y se alejó. Lavender se acababa de despertar y observaba como la castaña se acercaba hacia ella. Al verla agacharse en el baúl.
—¿Que haces rebuscando entre mis cosas? — dijo Lavender con enfado.
—¿Tus cosas? — soltó Hermione, estaba harta — ¿por qué no miras primero donde estas y luego me dices?
—Lo siento, Mione — dijo Lavender al darse cuenta de en que cama estaba.
—No pasa nada Lavender — sabía que no se disculpaba por haberla acusado, sino por lo de ayer— Sólo avisame antes, no es muy agradable encontrarte tu cama ocupada.
—Lo siento Herms, yo no sabía que era tu cama y... — intentó disculparse Ron.
—He dicho que no importa. — Y se fue apresuradamente hacía el gran comedor.
En el desayuno, Harry y Ron conversaban sobre Quidditch, mientras Hermione y Ginny hablaban de la cena de Slugghorn.
—Callaros ya — dijo molesto el pelirrojo — Ni que la fiesta esa fuera tan importante.
—Pues es más importante que si el cazador de Inglaterra sabe hacer la finta de Proskovol o no.
—Hermione es Porskov no Proskovol — corrigió Harry.
—Eso lo sabe hasta Neville — dijo Ron entre carcajadas, secundadas por las de Harry.
—Pues no creo que Neville sepa lo que es, después de todo no está interesado por el Quidditch, al igual que Herms así que ¿por qué no te callas Ronald? — dijo Ginny.
—Pero una cosa es que no sepa lo que es y otra como se dice, no saber decir Porskov es de tontos.
—Cuéntamelo cuando sepas hacerla — contrarrestó la pelirroja. — Aunque dudo que... — se detuvo al ver a Hermione salir corriendo.— ¡Eres un gilipollas!
Ginny salió tras la castaña. Muchos de los alumnos que estaban en el gran comedor se habían quedado estupefactos por la pelea del trío dorado.
En la mesa de las serpientes unos alumnos de sexto habían visto la pelea. Y era lo que comentaban en ese momento.
—¿Qué habrá pasado? — preguntó Crabbe.
—Ni idea — dijo Goyle.
—A lo mejor es que la sangre sucia se a cansado del medio centímetro que tienen la comadreja y el cara rajada. — soltó Blaise Zabini con ironía.
Todos rieron, Draco Malfoy rió pero la verdad era que no le había hecho mucha gracia. Más bien es que estaba de muy mal humor, sino seguramente la broma la habría soltado él. Aunque conociendo al trío dorado, seguramente el pobretón habría ofendido a la comelibros, estúpido. La verdad es que estaba seguro de que el estúpido iba para la comadreja, lo que no tenía tan claro era si el insulto se podría aplicar a él mismo.
Si, seguramente el también era un estúpido, no podría realizar la misión lo sabía, pero algo le gritaba que tenía que crecer, que no podía ir lloriqueando a por perdón. No, no podía. También era un estúpido por preocuparse de lo que sucedía entre el trío dorado, ¿qué más le daba a él si el pobretón insultaba a la sangre sucia? Por Merlín, por que cojones seguía dándole importancia.
Dejo los cubiertos sobre la mesa con brusquedad, haciendo que las serpientes de alrededor le miraran sorprendidos. Se levantó y se marchó sin decir nada. Los de la mesa continuaron con el desayuno, aunque en sí todos se preguntaban qué le pasaba a Draco Malfoy.
Sobre todo dos pares de ojos, los azules de Pansy Parkinson y los verde aceituna de Blaise Zabini.
Hermione Granger estaba sentada con la espalda apoyada en el tronco de un árbol cercano al lago. Lloraba, algunos de los que hubieran escuchado la conversación pensarían que ella lloraba porque la habían corregido, por no saber que era una cosa. Pero en realidad lloraba porque se sentía tan poca cosa, ella se esforzaba por encajar, tal y como se había propuesto ese primer día en Hogwarts. Nunca se metía en líos, sacaba buenas notas, ayudaba a sus amigos con las tareas que mandaban, ayudaba a Harry con la oclumancia y con los planes contra Voldemort... A su parecer hacía todo bien, entonces ¿por qué a todos les parecía poco?
Quizá si tuviera unas suaves ondas definidas o el pelo liso y rubio, los ojos verdes o azules, si tuviera cuerpo de reloj de arena, si fuera un poco menos lista o jugara al quidditch, a lo mejor así sería mejor, quizá así no la despreciaran. Quizá aunque todo eso fuera parte de todo lo que ella no soportaba, a lo mejor si fuera una barbie sin cerebro más quizá no se despreciaría como lo hacía. Ella era todo lo que quería ser, pero aun así nadie quería a alguien así.
Seguramente las clases habrían comenzado pero ¿qué más daba? Iba lo suficientemente bien en defensa contra las artes oscuras como para no poder permitirse una hora libre. Así que se quedaría allí sentada a llorar. Miró al lago sin duda ese era el mejor sitio para desahogarse.
La clase de DCAO estaba a punto de comenzar ya todos los alumnos deberían estar sentados en sus mesas. Pero la mesa de al lado de Harry estaba desocupada. Hermione todavía no había llegado lo que era muy extraño teniendo en cuenta que la castaña era siempre muy puntual.
Severus Snape entró al aula cerrando la puerta de un portazo, inmediatamente todos los alumnos se sentaron. Snape fue al frente de la clase, desde donde miró a todos los alumnos, pasando desde los slytherin con una sonrisa orgullosa en la cara, hasta los gryffindor a los que miró con repulsión.
—Me parece que falta alguien. Potter ¿donde se encuentra nuestra querida compañera la señorita Granger? — preguntó con sorna, causando risas entre las serpientes.
—Esta en el baño profesor, no se encontraba bien, pero ahora vendrá.
—Eso espero señor Potter, porque creo que la clase no será igual de interesante sin la voz de la señorita Granger. — Las risas de los slytherin volvieron a surgir. — Hoy aprenderemos, o bueno intentaré que aprendáis, a hacer hechizos sin hablar. Colóquense por parejas, uno lanzará un expeliarmus y el otro sin hablar tendrá que contrarrestarlo con un protego. Veo que son impares, Draco ponte tu conmigo.
La verdad era que a nadie le había salido a la primera, pero tras tres cuartos de hora de práctica a Harry le había salido una vez; a Draco ya le salía, ya que tenía practica del curso intensivo de Artes Oscuras que había tenido a manos de su tía y de Snape; y a Theodore Nott le había salido dos veces.
—Veo que sois un desastre, redactareis para mañana cincuenta centímetros sobre el hechizo Espectro Patronus, mañana lo intentaremos hacer, aunque claro con vosotros... sera difícil. Os queda media hora de clase, espero que al final le salga por lo menos a cinco personas. — dijo con sorna — Draco vaya a buscar a la señorita Granger que parece que ya lleva bastante en el baño, ¿no cree señor Potter?
Draco caminaba por los pasillos en busca de la rata de biblioteca. La verdad es que agradecía el respiro, se estaba agobiando muchísimo en la clase. Por Merlín, ¿donde estaría la sangre sucia?
Sacó de su bolsillo un paquete de tabaco y se acercó a la ventana para fumar. No solía fumar muy a menudo, sólo cuando estaban en una fiesta o cuando se encontraba muy estresado, como ahora.
Fue entonces cuando la divisó, sentada bajo un árbol junto al lago, abrazándose las rodillas contra el pecho. Apagó el cigarro y lo guardo, no podía ir por ahí tirando cigarros, porque si los encontraban los prohibirían y como que no le apetecía que le quitaran uno de sus vicios. Bajó hasta la salida del castillo para salir al exterior. Hacía mucho viento pero no frío. Caminó por la ladera hasta llegar a la orilla del lago. Allí pudo ver mejor a la castaña, que se encontraba llorando.
Draco se acercó a ella y la llamó un par de veces pero la leona no levantaba la cabeza, sólo seguía llorando. Así que se agachó para quedar a su altura y posó su mano en el hombro de la chica, creyó que eso bastaría para que la leona levantara la cabeza, pero no, la chica seguía llorando. El slytherin apretó más la mano que tenía sobre su hombro y la zarandeó.
Hermione levantó la cabeza haciendo que sus ojos chocaran con unos ojos grises que reconoció al instante, Draco Malfoy. El chico observó como la chica tenía los ojos rojos y las pestañas mojadas por las lagrimas que surcaban su cara.
—Granger, la clase a empezado hace una hora. Tus amigos han intentado cubrirte pero creo que estar en el baño porque no te encontrabas bien durante una hora es un poco sospechoso. — dijo Malfoy con ironía.
—Vete...Y-yo me voy a que-dar aquí. — dijo entre sollozos.
—¿Sabes que Snape te castigará y que eso supondrá una mancha en tu perfecto historial académico?
—Me d-da lo mism-o, dejame llorar en paz. V-vete.— dijo volviendo a agachar la cabeza.
—¿Qué te pasa comelibros, San Potter y la comadreja se han dado cuenta de lo asexuada que eres y se han ido a buscar a otra para follar — dijo con sorna.
Esto hizo que la castaña llorara aun más fuerte. Todos pensaban lo mismo, ella no era considerada chica solo una empollona comelibros y sangre sucia. Draco observó como la castaña se abrazaba más fuerte y como lloraba más.
—No te preocupes comelibros, después de todo el cara rajada y el pobretón son unos imbéciles
¿Por qué había dicho eso?¿Por qué la consolaba? Merlín, se estaba volviendo loco. Tenían que volver a clase, sino Snape se enfadaría mucho.
—Granger vamos a clase.
—¡Qué no quiero ir! — gritó. — Yo lo único q-que quiero es llor-llorar
Draco asintió y se fue de nuevo al castillo, sabía lo que era querer llorar, desahogarse. Él tenía ese sentimiento a menudo, pero no podía ser vulnerable. No podía. Caminó hasta clase con tranquilidad.
Cuando entró los alumnos volvían a estar por parejas practicando. Snape hizo una seña para que se acercara. Camino por un borde de la clase, no era tan estúpido como para pasar por el medio, donde los hechizos iban y venían.
—¿Dónde está la señorita Granger? — preguntó levantando una ceja.
—Pues ella, — mierda no había preparado una escusa, aunque también podía decir la verdad, total sólo era una gryffindor. — fui a la enfermería y madame Pomfrey me dijo que la había mandado a descansar a su sala común.
Por que la había defendido, joder estaba volviéndose loco, el rey de las serpientes ayudando a una sangre sucia gryffindor amiga del estúpido Potter.
—Excelente. Bueno Draco, y tú ¿qué tal?
—Bien.
—¿De verdad?¿Todo, todo bien?
—Sí. — contestó, sabía perfectamente por donde iba su padrino, la misión.
—Si necesitas ayuda, yo...
—No necesito tu ayuda, estoy en ello ¿vale? — interrumpió.
Esperó enfadado a que la clase se acabara. No iba bien, no iba nada bien; y para empeorar las cosas tenía al cotilla de Snape metiendo las narices dónde no le llaman, como si no tuviera suficiente con su madre.
Sin más se fue, no espero a nadie. Estaba de muy mal humor.
Ginny garabateaba un pergamino, la clase de Historia de la Magia no le gustaba nada, ¿por qué? Fácil, porque era tan aburrida que hacía que te sumergieras en tus pensamientos y eso, para ella, era igual a torturarse, buscarse problemas y al final volver a la inseguridad. Era un círculo vicioso.
Cogió un trozo de pergamino en blanco y comenzó a escribir, quizá aquella carta fuera su salvación. Nunca se sabía que esperar de hacer un trato con el diablo.
O en este caso con una serpiente.
¿Os a gustado? Espero que sí. Ya sabeis dejadme vuestra opinión como un review asi el fic será más feliz.
Flowerthis: Me alegro de que te gustara, espero que este capitulo haya sido tambien de tu agrado :)
Gracias,
Mona
