30 días en nuestras vidas
IV Árbol de Navidad:
La primera vez que Sherlock dejo que uno de esos objetos habitara su piso, fue sin duda, la primera navidad que John paso con él.
John se había impregnado durante toda la semana del "aburrido" espíritu navideño que habitaba por todas las calles de Londres. Y Holmes como buen detective, sabía que tarde o temprano sucedería:
El día en que John quisiera un árbol.
Y tal como había previsto, había comenzado con las miradas distantes que el medico dedicaba a los exhibidores de las tiendas donde los enormes pinos navideños deslumbraban con sus luces y adornos estrafalarios.
Y fue entonces, cuando Sherlock decidió que tenían que tener un árbol de navidad.
La tarea no resulto ser fácil, tenía que saber elegir entre los muchos tamaños, colores, y formas que habían en la tienda. Y el detective pronto se vio obligado a investigar en los distintos foros de Internet para asegurarse de tomar la decisión correcta.
Sin embargo la decisión no era sencilla ¿Qué pasaría si el árbol que escogía no era el que John tenía en sus expectativas?, eran en esos momentos donde Sherlock Holmes se cuestionaba ciertamente el no poder contar con una mente "corriente y normal" para poder entender las necesidades emocionales de su compañero de piso.
Luego de dar vueltas durante tres horas, discutiendo con los vendedores y
analizando los materiales con los que estaba hecho cada uno de los pinos, se decidió a comprar un árbol. Este era de tamaño perfecto (al menos para él), de color verde, pero con unas manchas blancas que asimilaban a los copos de nieve que tanto le gustaban a John. El modelo estaba destinado a ser puesto en su piso.
Convencido de esto Sherlock compro su nueva adquisición y la arrastró peldaños arriba a su departamento como si fuera un cadáver.
-¿Que traes ahí?
El ímpetu de Sherlock fue súbitamente aplacado al ver a su querido compañero, sentado en su sofá de siempre escribiendo lo que seguramente sería una nueva entrada en su blog.
-¿Sherlock, que es eso que tienes ahí?- pregunto casi de inmediato al verle con el bulto.
-¿Nada?- contestó sonriendo falsamente mientras se abría paso a la cocina.
-Espero que eso no sean partes del cuerpo- continúo diciendo John cruzándose de brazos y arrugando el ceño.
-No, John yo no lo haría- le objetó sonando lo más inocente que podía.
-Es por eso mismo que quiero ver que llevas ahí dentro- pidió el medico esta vez levantándose de su asiento y caminando hacia el menor de los Holmes.
Sherlock lo miro con fastidio, sabía muy bien que no tendría mucho sentido oponerse a la actitud militar de John, cuando a este se le metía algo en la cabeza.
-Muy bien es todo tuyo- dijo finalmente el detective mientras dejaba solo al medico en la cocina para disponerse a tocar su violín.
John aún estaba un poco inseguro cuando se decidió a abrir el paquete, ya que si algo le había enseñado el tiempo que llevaba viviendo con Sherlock, era que podía esperar cualquier cosa cuando se trataba del excéntrico detective consultor.
Y tal como lo había pensado antes, podía esperar cualquier cosa.
Incluido un árbol de navidad.
-Oh Cristo…esto es…-
-Por lo que eh logrado averiguar, no podemos celebrar Navidad sin un árbol ¿no?- explico Sherlock mientras alzaba el arco de su violín para desencadenar un sonido similar a un villancico.
-Sí- contestó Watson desenvolviendo el paquete con una sonrisa aturdida - no podemos tener nuestra navidad sin el árbol- ratificó John impresionado, aún no podía creer que Sherlock hubiera sido capaz de adquirir uno por si mismo.
-¿te ha gustado?- le preguntó Sherlock un poco vacilante deteniendo la música.
-Por supuesto que sí Sherlock- confirmo John – No hay manera en que no pueda gustarme-
Ya que John Watson sabía que cada día iba descubriendo cosas que hacían del detective un ser mucho más brillante.
Notas:
Muchísimas gracias por leer y comentar, ¿Reviw?
Como siempre de corazón espero que hallan pasado un buen rato.
