Beta: Violette Moore
Día 4
Prompt: (Emoción) Alegría.
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Las risas infantiles es lo primero que se nota cuando entran al lugar, puede que un orfanato no siempre sea la mejor elección y a pesar de las discusiones al respecto, ambos estaban ahí para tomar esa importante decisión.
Es cierto que su relación no es la mejor como todo el mundo podría haber pensado, les tomó más tiempo del que se esperaba adaptarse a ese cambio, después de todo Sherlock es una persona que si bien había sentido qué era el amor, jamás se había permitido demostrarlo con la libertad de una relación seria. Los obstáculos fueron bastantes, los prejuicios de la gente, la prensa rosa frente a su puerta cada mañana e incluso las miradas divertidas de la señora Hudson resultaron un poco incomodas al principio pero una charla con Mycroft para usar sus influencias y una tarde entera con té en el piso de la amable señora Hudson resolvieron todo el problema en cuestión de un par de días.
El tiempo transcurrió un poco lento desde entonces, con los altos y bajos que algunas veces hacían pensar a John que su relación era como una montaña rusa, pero a pesar de todo eso siempre supieron arreglarlo. Hasta que a Sherlock le dio por adoptar a un niño.
John creía que no era bueno traer a un niño a su ritmo de vida que constantemente los ponía en peligro, su visión de una familia era muy distinta a lo que actualmente él podría ofrecerle a un ser tan inocente. Fue difícil pero finalmente Sherlock lo convenció.
Siguieron su paso entre los niños que apenas les prestaban atención, seguramente acostumbrados a ese tipo de visitas. La acompañante y maestra de los niños no dejaba de señalar y decir con un tono de estrés mal disimulado el nombre de cada niño en el lugar, hasta que John le vio. Fue cuestión de segundos en los que sus miradas se cruzaron pero fue más que fácil para John saber que ella era la indicada.
Una pequeña niña de alrededor de siete años estaba rezagada en una esquina mientras jugaba a armar un rompecabezas por sí sola. Sus ojos chocolate y cabello castaño claro fue quizás lo que le llamó la atención, se acercó un poco y se arrodilló frente a ella a esperar que le pusiera atención mientras Sherlock lidiaba con la señorita que no paraba de hablar a su espalda.
—Si no dejas de mirarme así le diré a la señorita Hart que tienen intenciones sexuales conmigo.
La carcajada de John fue tan alta y limpia que incluso la niña levantó la mirada con confusión y Sherlock se acercó a su lado. Sabía que el comentario debería haberle molestado, pero le resultó algo tan Holmes que no pudo evitarlo.
—Mucho gusto, me llamo John Watson, este de aquí es Sherlock, ¿Y tú? —La niña miró con el ceño fruncido a Sherlock mientras que este hacia lo mismo.
—Sophie. —Dijo antes de volver su atención a lo que hacía.
Fue un poco duro tratar de volver a captar su atención hasta que Sherlock le amenazó con decirle a la maestra que era ella quien le quitaba sus chocolates. Las cosas mejoraron a partir de ahí. Sus respuestas eran astutas y algunas de ellas sarcásticas como para una niña tan
pequeña, John sentía una alegría inmensa al ver como la pequeña Sophie y Sherlock interactuaban, tratando de demostrar que ninguno se rendiría en su lucha por obtener su atención. Era como tener dos niños peleando por un dulce.
El papeleo no fue fácil. A pesar de la intervención de Mycroft en algunas cosas, tomo tiempo el que les dieran la custodia de Sophie Holmes Watson. Pero al fin estaban en el que sería su hogar, juntos.
