Capitulo IV.- Bello Regalo.
-¿Podrías….?.- lo vuelve a preguntar…
Ve fijamente a su marido sin decir palabra alguna.
-¿Podrías…?.- lo vuelve a preguntar un ojidorado derrotado.
-Dame tiempo…- murmura suavemente Kagome al ver como todo brillo se apaga en los ojos dorados de su esposo.
-Tienes las llaves, puedes cerrar cuando te vayas.- lo dice Inuyasha al darse la vuelta dejando a Kagome en aquel lugar.
-Inuyasha…- lo llama al detenerlo.
-No vas a perdonarme Kagome, ¿para que me hago el tonto?.- termina preguntando con pesar, dejando que su brazo siga sangrando.
-Necesito tiempo.- lo vuelve a repetir Kagome, queriendo que la comprenda.
-Te daré el tiempo que quieras solo deseo saber si serás capaz de perdonarme.- se lo dice amargamente sin darse la vuelta, sintiendo como sus ojos se humedecen, parpadeando varias veces para que lagrimas no salgan de ellos.
-Inuyasha yo…- balbucea Kagome al sollozar.
-¿Podrías…?, ¿Podrías perdonarme Kagome?.- se lo pregunta suavemente al darse la vuelta, suspirando para tratar de tranquilizar esas ganas de romper a llorar.
No responde la pregunta de su Inuyasha simplemente rompe a llorar de pie en aquel lugar, en medio del vestíbulo, liberando el dolor de su corazón poco a poco.
-¡Oh mi Kagome!...- lo exclama débilmente al dar pasos hacia donde esta su mujer, envolviéndola entre sus brazos, sin importarle el dolor de aquella herida.
Sigue llorando en los brazos de Inuyasha, recargando su cabeza en el pecho de este, dejando que él mismo se dedique a consolarla y si puede ella consolarlo a él.
-Solo deseo saber si podrías perdonarme, si hay alguna esperanza para mí….- lo dice suavemente al recargar su mejilla en el cabeza de su mujer, dejando por fin que las lágrimas se deslicen de sus ojos- si no puedes, lo entiendo, nunca te reprocharía nada, solo deseo saber si puedo recuperar a mi familia.- lo murmura al sollozar un poco.
Envuelve con sus brazos a su esposo, abajándolo mientras sigue llorando, negándose a decirle alguna palabra.
-Nunca dejaría que a mi hijo y a ti te faltara algo, les podría una casa donde tú quisieras y te daría lo que quisieras… te amo… haría lo que me pidieras.- lo concluye al seguir abrazando a su mujer, dejando que aquel atardecer sea el testigo de esa escena.
-Yo también te amo…- susurra entre el llanto Kagome, separándose un poco de aquellos brazos.
-Kagome…-
-Te amo y te perdono…- lo dice la pelinegra al sonreír entre las lágrimas.
-¡Oh!... ¡Oh mi Kagome!, ¡Oh mi pequeña!...- lo exclama Inuyasha dejando que las lagrimas caigan de sus ojos, embozando una sonrisa al mover sus manos hacia el rostro de su mujer atrapándolo.
-Te amo tanto tonto…- lo dice Kagome sonriendo, dejando que su Inuyasha siga sonriendo de la misma manera, sabiendo bien que internamente se ha liberado.
-Yo te amo mas mi pequeña Kagome… yo mas.- lo dice al inclinarse a besar aquellos labios que ha extrañado rodos esos meses, aquellos labios que se han vuelto la fuente de su vida.
Lagrimas siguen cayendo en cada una de las mejillas, solo que ahora son lagrimas de felicidad, dejando que el beso exprese aquellos, temores, anhelos, alegrías y un futuro donde ambos tendrán la confianza del uno al otro.
El perdonar y ser perdonado libera dos almas, una prisión que todos somos capaces de caer, solamente aquellos que tengan la fuerza, sabrán que es la libertad…
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-Anda tengo que llevarte de vuelta.- lo dice Inuyasha hacia la mujer que está ente sus brazos, ambos enfrente de la pequeña chimenea del estudio, después de besarse, Kagome insistió en curarlo y ayudarle a recoger las cosas tiradas del departamento.
Se mueve inconforme entre los brazos de Inuyasha, no desea regresar a aquel departamento sola, podría quedarse con Inuyasha en su casa.
-Anda Kagome.- le insiste suavemente, aunque muy a pesar suyo ya que desea quedarse con ella.
-Inuyasha…- lo murmura Kagome, llamando la atención de su esposo.
-Dime.- lo dice al ver como las llamas consumen la madera.
-No quiero regresar.- se lo dice al incorporarse lentamente a causa de la barriga que tiene por su embarazo.
-¿Regresar?.- pregunta confundido.
-Quiero quedarme contigo.- se lo hace saber.
-Pero…-
-Espere cuatro años para estar contigo, y ahora no deseo esperar mas.- se lo dice al inclinarse a besar los labios de su esposo.
Responde el beso, sin quejarse de aquella decisión.
-Me gustaría quedarme así pequeña, pero debo de ir a comprar comida y traerte algo de ropa, la que hay aquí no creo que te quede.- se lo dice al separase de aquellos labios.
-¿Puedo acompañarte?.- pregunta Kagome al retirar la manta que los cubría.
-Yo no veo el problema.- se lo dice a Kagome, al besar de nuevo sus labios, sonriendo ante la idea de volverla a tener.
-Vamos…- dice alegremente aquella pelinegra, al ponerse de pie buscando sus sandalias cómodas.
-Cuidado pequeña.- lo dice al verla tambalear un poco.
Sigue sonriendo al saber que de ahora en adelante Inuyasha siempre estará a su lado.
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El sonido del teléfono se hace presente en la habitación, molestando a ambas personas que se encuentran dormidas.
Un quejido se hace presente al estirarse una mano masculina tanteando el lugar donde proviene aquel sonido, tomando entre su mano aquel ruidoso aparato.
-¿Bueno?.- pregunta soñoliento.
-¡Hermano, primo, amigo!...- lo exclama feliz la voz del otro lado de la línea.
-¡Feh!... ¿Qué quieres?.- pregunta al suspirar y moverse un poco lo suficiente para acabar acostado boca arriba, dejando que la persona de su lado se acomode cerca de él.
-Ese saludo no deberías de dárselo a un hombre que en unas horas se casara.- escucha que lo dice al abrir completamente sus ojos dorados.
-¿¡De que demonios hablas?.- pregunta al incorporarse, despertando por completo a la mujer de su lado.
-Casi la misma reacción que tu hermano, pero… ¡bah! ¿Qué importa?, solo te hablo para que traigas a Kagome al registro civil dentro de dos horas, el que esta cerca de la casa, me caso con Sanguito.- lo informa completamente un feliz Miroku.
-¿Hablas enserio?.- pregunta confundido aquel ojidorado.
-Me ha dado el si, y antes de que se arrepienta me casare.- se lo explica hacia su primo.
-Felicidades…- susurra sorprendido Inuyasha.
-Gracias, y se que has mejorado con Kagome, así que yo también te felicito hermano.- se lo hace saber de todo corazón- ¡te espero!.- lo concluye con esa exclamación al colgar la línea.
Se queda viendo el articular negro, sorprendido ante la noticia que le acaba de dar su primo, ¿casarse con Sango?.
-¿Qué sucede?.- pregunta una voz femenina al dejar apenas entonar sus primeras cuerdas vocales.
-Miroku se casa.- responde automáticamente.
-¿Enserio?.- pregunta al sonreír y al mismo tiempo incorporarse, mostrando aquel camisón azul cielo.
-¿Tú sabías algo verdad pequeña?.- pregunta Inuyasha al ver sonreír a su mujer.
-Me había comentado algo Sango.- se lo dice al sonrojarse, al ver como su Inuyasha posa su mano en su vientre abultado de siete meses y medio.
-Entonces hay que prepararnos por que Miroku quiere que estemos en dos horas.- se lo dice al besar esos labios, sonriendo al saber que aquel no es un sueño que ha tenido si no algo real.
-Me apurare.- lo dice Kagome al separarse de los labios de su esposo, sonriendo al ver que todo esta acomodado y ha vuelto a su vida a lado de su Inuyasha, la ropa esta acomodada como siempre y en su lugar.
-¿Puedes hacerlo sola?.- pregunta Inuyasha hacia su esposa que se levanta con dificultades de la cama.
-Creo…- lo susurra al tomar la bata y ponérsela solo sin amarrarla debido a su vientre.
-Nos bañaremos primero y después haré el desayuno.- se lo hace saber al levantarse mostrándole a su mujer aquellos calzoncillos color azul cielo.
Sus mejillas vuelven a tomar aquel tono rosado, observando el cuerpo de Inuyasha y sentir las reacciones de su cuerpo al suyo.
Cuando nazca este pequeñito te haré el amor…
Se lo había prometido al besarla suavemente la noche anterior después de merendar, pero aun así su cuerpo requiere de cierta atención.
-Anda pequeña que el tiempo es oro…- lo dice al tomar su mano y llevarla al baño.
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-Los declaro marido y mujer.- lo dice aquel hombre de traje al estar atrás de un simple escritorio.
Los aplausos se escuchan en la habitación, las únicas parejas presentes, Sesshomaru con su esposa Rin, Kouga con su esposa Ayame y por ultimo Inuyasha con su esposa Kagome, presenciando la unión de aquellas dos personas Miroku y Sango.
El beso en los recién casados se hacen presente, sonrojando a las otras tres mujeres presentes, mientras los tres hombres a sus lados sonríen con malicia.
-Muchas felicidades primo.- lo dice aquel hombre de ojos dorados, solo unos cinco centímetros menos alto que su hermano mayor.
-Gracias Inuyasha.- agradece el recién casado al darle el abrazo, dejando que su nueva esposa sea felicitada por los demás presentes.
-Espero que se vayan de luna de miel.- lo dice aquel hombre de ojos azules, son una sonrisa maliciosa, sonrojando a Sango.
-Por mi no habrá ningún problema.- se lo contesta con esa sonrisa que deja a desear muchas cosas.
-¡Miroku!.- lo exclama la propia Sango al regañarlo.
-Solo digo la verdad Sanguito, por mi no hay ningún problema.- se lo dice y vuelve a repetirlo, con una sonrisa, ocasionando las risas de todos.
La risa la mejor cura para todos los males…
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-¡Ves como si funciono!.- lo exclama feliz aquella mujer de ojos cafés, al entrar a su departamento.
-Lo se cariño, pero recuerda el bebé.- se lo dice aquel hombre de ojos dorados al colgar la gabardina de su esposa y la de él.
-¡Oh Sesshomaru al paso que voy no me dejaras salir de aquí!.- se lo reprocha, al sentarse en el sillón.
-Solo te cuido.- se justifica al sentarse a su lado abrazándola, pero al mismo tiempo posando una mano en su vientre algo abultado al estar de tres meses.
-¿Mañana me dejaras acompañarte?.- se lo pregunta al cerrar sus ojos y dejarse apapachar por su marido.
-Te aburrirás.- se lo dice al besar su cabello café.
-Claro que no.- reniega al seguir en aquella posición.
-Si insistes, puedes acompañarme.- se lo hace saber sintiendo como su mujer se mueve un poco entre sus brazos lo suficiente para ponerse encima suyo, lista para que él mismo la lleve a la habitación.
-Te amo…- murmura la misma Rin al seguir abrazando a su único amor.
-También, yo también mi enanita.- se lo hace saber al sonreír, dándole gracias a Kami por el ángel que le envió.
La felicidad nunca llega completa, tu mismo debes de luchar por tenerla enteramente, algunos se quedan en el camino pero otros lo logran, teniendo una dicha entera.
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¡No!, ¡no! y ¡no!...
Kagome no podía regresar con ese hombre, no después de todo lo que el hizo, no podía… Kagome no era de ese Taisho si no suya…
¡Maldito Inuyasha!, ¡maldito Taisho!.
Se encuentra a unos metros de la entrada del edificio donde vive Kagome, viéndola bajar con Inuyasha a su lado y algunas cosas de ella en sus manos…
Entre sus manos trae aquella violetas que tanto le gustan a Kagome, destrozándolas por completo al ver la escena.
Ese Taisho pagaría por quedarse lo que a él le pertenece, Kagome y el bebé que espera son suyo… ¡SUYO!
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-Hasta que el padre se digna hacer la visita.- lo dice aquel doctor con su bata blanca.
Inuyasha simplemente se queda callado, pero con su mirada dorada fulmina al doctor que esta atendiendo a su mujer.
-Ya que se encuentra el señor Taisho, podremos ver que tal esta este pequeñín.- lo dice aquel hombre especialista en atender mujeres embarazadas.
Entrelaza su mano con la de su mujer, la cual se encuentra acostada en aquella mesa cama, donde el propio doctor le ha destapado el vientre donde su hijo crece.
-Estará frío.- lo advierte al poner la crema, notando el apretón de mano que le da su mujer al tener contacto con la crema fría, y después el aparato, que muestra al pequeño en una pantalla diminuta.
Todo va perfectamente, dentro de un mes tendrán a este pequeño entre sus brazos.- lo dice el doctor al dejarles ver el ultrasonido a ambos padres, una Kagome sonzollando y aquel ojidorado parpadeando sorprendido y emocionado por aquella cosa diminuta.
-¡Es hermoso!.- lo exclama Kagome con lagrimas en sus ojos.
-Muy hermoso…- lo susurra emocionado el propio Inuyasha, inclinándose a besar los labios de su mujer- gracias…- lo concluye al separase de ellos.
-Ahora muchachito, debo de darle algunas recomendaciones para el ultimo mes, así que espero que me haga caso.- lo comienza a decir el doctor, viendo como aquel hombre asiente un si y se encuentra pendiente a sus palabras.
-Nada de disgustos, nada de relaciones, reposo y por supuesto mimarse todo lo que se pueda.- lo dice aquel hombre con una sonrisa al ver como el ojidorado asiente un si y sonríe.
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-¿A que hora vas a volver?.- pregunta la pelinegra al estar del otro lado del teléfono.
-Dentro de una hora pequeña…- se lo repite como hace tres horas atrás, solo que ahora solo falta una.
-Te extraño…- lo murmura apenas aludidle para el chico.
-Yo también pequeña… pero debo de acabar el trabajo.- se lo dice por quinta vez en esa llamada.
-Estoy aburrida.- lo murmura Kagome de nuevo al manifestar su inconformidad de haberse quedado en casa.
Suspira con pesadez, sabiendo bien que su mujer seguirá hablándole, tal vez las cosas pueda acabarlas en casa, es la única solución o nunca podrá concentrarse.
-Estaré en unos momentos aya pequeña…- lo anuncia.
-Gracias… gracias…- lo dice una Kagome feliz.
-Pequeña tramposa.- se lo dice suavemente al mandarle un beso y después colgar la línea, sabiendo que debe de apurarse a guardar las cosas en el portafolio para ir con su mujer.
Hay que mimarla…
¡Claro lo dice aquel doctor fácilmente por que no tiene una mujer llamándole cada treinta segundos a la oficina, preguntándole a que hora vuelve a casa!...
Paciencia hermano…
Se lo había comentado el muy cínico de Sesshomaru, claro como él puede traer todavía a Rin a la oficina no dice nada, pero cuando el comience a dejarla en casa gozara de esa venganza…
-¿Te vas tan rápido?.- pregunta cierto hombre del mismo color que sus ojos mostrándole esa sonrisa burlona.
No contesta a la provocación de su hermano mayor, simplemente pasa de largo hasta el elevador donde oprime el botón.
-Me saludas a mi cuñadita.- dice Sesshomaru a su hermano dentro del elevador, donde simplemente lo fulmina con la mirada.
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¡Kami no puede castigarlo de esa manera!...
Ve a su mujer dormida en la cama, cubriéndola con una frazada, no ha dormido las noches anteriores por que tiene algunos dolores y no se puede acomodar, desvelándolo a él y ella.
Es normal que las noches antes del parto la señora comience a sentir dolores y no pueda acomodarse fácilmente, tal vez unos diez o quince días antes del que el bebe llegue al mundo…
Lo había comentado el medico al llamarlo en medio de la madrugada preguntándole por la salud de su mujer.
Se encuentra tan cansado que le apetece tanto el tumbarse a un lado y poder dormir lo que le permita su mujer, o bien el bebe que crece en el vientre de está.
Ahora tiene dos opciones dormirse a lado de su mujer o irse a trabajar al despacho… mmmm… parece que comienza a votar por la primera opción, quitándose los zapatos al dar la vuelta a la cama, acorrucándose a un lado de su mujer, para abrazarla, dejando que ella inconcientemente busque su calor.
Ya un mes de nuevo a lado de su Kagome…
Un sueño hecho realidad…
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-¿Me llamaras para cualquier cosa pequeña?.- se lo pregunta al inclinarse a besar sus labios.
-Siempre lo hago.- se lo dice suavemente al quedarse en cama.
-¿Segura que deseas quedarte sola?.- se lo pregunta algo indeciso, si no hubiera sido por que Kagome mantuvo muchos dolores toda la noche, y fueron consecutivos no estaría de esa forma tan preocupado.
-¿Llegaras temprano no?.- se lo pregunta al ser la segunda vez en el día.
-Solo será una hora, lo que tarde la junta.- se lo recuerda.
-Entonces estaré bien.- lo dice con una sonrisa.
-No me gustaría dejarte…- lo confiesa Inuyasha al estar vestido para irse a la oficina.
-Te acompaño.- se lo dice al querer incorporarse, pero Inuyasha la detiene.
-No pequeña, yo bajo solo.- se lo dice al acostarla de nuevo en la cama.
-No tardes… ¿si?.- termina preguntándolo al cerrar sus ojos sintiendo los labios de su esposo sobre los suyos.
-No habrás notado que me fui.- se lo dice con una sonrisa al caminar hasta la puerta de la habitación.
Esta apunto de irse cuando escucha como su Kagome grita obligándolo a voltear rápidamente, observándola incorporada y sosteniendo su vientre.
¡Oh Kami!...
-¿Qué sucede Kagome?.- pregunta preocupado al regresar.
-Me duele… me duele…- lo murmura con dolor volviendo a gritar.
Destapa a su mujer, observando con horror como la sabana comienza a humedecerse, temiendo lo peor.
-Se te ha roto la fuente.- lo dice Inuyasha aterrado, al ver como su mujer, comienza a respirar agitadamente mientras grita.
-Va… va… a… nacer…- susurra débilmente al seguir gritando por aquel fuerte dolor, las contracciones.
-Respira, respira, pequeña…..- lo dice aquel pre-papa aterrado, tomando a su mujer entre sus brazos con un manta encima de ella cubriéndola, para salir de la habitación, llevándola a la puerta principal donde simplemente toma las llaves del carro y la casa, saliendo del lugar.
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-¿¡Sabes lo que es explicarle a cincuenta personas que tu hermano no ha llegado!.- reclama y pregunta Sesshomaru, al estar del otro lado de la línea.
-Estaba apunto de irme a la oficina pero Kagome entro en parto.- se lo explica después de escuchar aquel regaño.
-¿Ya nació mi sobrino?.- pregunta Sesshomaru olvidándose de la junta.
-Todavía no, se encuentra con las contracciones, te aviso por que no creo ir a la oficina en todo el día.- se lo dice al encontrarse nervioso.
-Solo por eso estás perdonado, ya me las arreglare, después iré a ver a mi sobrino.- lo dice el hermano mayor, colgando la línea.
Escucha un grito mas salir de la habitación de Kagome aterrándose por lo que esta sucediendo.
Había salido a llamar por teléfono, así que es momento de que vuelva alado de su mujer.
Antes de entrar a la habitación, salen las enfermeras con una Kagome en camilla, su cabello azabache dentro de aquella capucha azul cielo y envuelta con una ropa del hospital.
-Inu…- susurra débilmente.
-Tranquila pequeña… todo saldrá bien…- se lo dice suavemente al ver como se la llevan al quirófano.
Le avisaremos lo que suceda señor Taisho.- lo dice una de las enfermeras al salir del lugar siguiendo a su Kagome.
¡Oh Kami dame fuerzas!...
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Lleva una hora paseando de un lugar a otro esperando a que alguien se le ocurra avisarle.
-¿Señor Taisho?.- llega una mujer de cabellos cobrizos.
-Si.- responde automáticamente
-Ha nacido su hijo, es un niño…- se lo hace saber aquella mujer.
-¿Kagome?.- pregunta
-Regresara en unos minutos a la habitación, hay que dejarla descansar se encuentra agotada.- se lo hace saber la enfermera al darse la vuelta y retirarse del lugar.
¡Gracias Kami!... gracias…
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Con cuidado pequeña, con cuidado.- lo dice al entrar al departamento con una Kagome recargándose en su brazo, mientras el otro tiene a su pequeño nacido hace dos días.
-¡Al paso que vamos llegaremos en diez años!.- lo reprocha Kagome al estar caminando tan lento.
-El doctor digo que debes de tener cuidado.- se lo hace saber al entrar por el pasillo de la casa.
-¡Es un exagerado Inuyasha Taisho!.- se lo exclama al seguir caminando lentamente.
-Kagome Higurashi va despertar al pequeño Sekai.- lo dice al ver a su pequeño seguir durmiendo en su brazo, tan diminuto que le da miedo poder dañarlo.
-Anda Inu llévame a la cama.- se lo dice al seguir caminando desea descansar.
-A sus órdenes mi Kagome.- lo dice al besar sus labios.
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Regresare temprano…
Se lo había susurrado al haberse despedido Inuyasha, dejando a su pequeño a un lado suyo en la cama.
Bosteza al ser consiente de que todavía tiene mucho sueño, Sekai se despierta cada tres hora pidiendo comer, aunque entre esas tres horas llora para que lo cambien.
Se encuentra agotada, Inuyasha esta de igual manera, esos dos días todavía no se acostumbran al tener el pequeño en casa.
Yo lo cambio…
Se lo había murmura en la madrugada Inuyasha al levantarse y dejarla dormir un poco mas.
Ve a su bebé, el cabello negro tal vez sea azabache como el suyo o negro y rebelde como el de su padre, sus ojos esta claro que los heredo de Inuyasha, dorados como los Taisho y aquella piel todavía de color rojo, pero comienza a tomar un tono carne.
Cierra sus ojos consecutivamente al comenzar a caer en un sueño profundo…
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-Papá llegara hoy temprano Sekai…- lo comenta Kagome hacia el pequeño que ha comenzado abrir sus ojos dorados, mostrándole a las personas el gran parecido a su padre.
Mueve los piecitos de su pequeño de tan solo dos meses de edad, ese mismo día cumple los dos y por ello Inuyasha desea salir a festejar un poco, ya que todavía se encuentran agotados.
Sekai sonríe al ver a su mamá, para bostezar y cerrar sus ojos poco a poco.
-Dormilón…- murmura Kagome al envolverlo con la colcha que Rin le llevo al hospital felicitándolos por el bebe.
Acomoda las almohadas alrededor de su bebé, para ir a la cómoda tomando el cepillo y comenzar ha arreglarse.
Solo saldremos un poco al parque, pequeña, Sekai necesita que le pegue el sol y ambos necesitamos un pequeño descanso al aire libre.
Se lo había dicho Inuyasha esa misma mañana al despertarse con los llantos de su pequeño.
Escucha como la puerta de abajo se abre y cierra, sonriendo al saber que su esposo ha llegado, deposita el cepillo en su lugar, volteando a ver a su bebé dormido, entra al tocador tomando la maleta, para salir ha la habitación de nuevo, quedándose quita al reconocer a la persona.
-Hola Kagome…- lo saluda aquel hombre de cabellera café.
No articula ninguna palabra, ve fijamente como aquel individuo se acerca hacia su bebé.
-No te acerques a él.- advierte Kagome al dar un paso hacia delante.
-Es hermoso…- lo dice aquel hombre pasando por alto la advertencia de la pelinegra al tomarlo entre sus brazos, observando como este hace un puchero.
-Suéltalo, Hoyo…- lo dice Kagome angustiada por que le pueda suceder algo a su bebé.
-El debió de ser mió, al igual que tu.- lo dice aquel hombre al ver al pequeño entre sus brazos.
-Hoyo…-
-Te quiero a mi lado…- se lo dice al interrumpirla, arrullando al bebé.
-Hoyo por favor…- suplica Kagome al tratar de arrebatarle a su pequeño pero aquello es inútil por que se mueve.
-Voy a recuperar lo que debió de haber sido mió desde un principio, tú y este bebé…- lo dice aquel hombre con una sonría en su rostro, observando al pequeño que debió ser su hijo y no de ese idiota de Inuyasha.
Continuaraaaa!
¡O.O!... no se que decirles, primero una gran disculpa por el retrazo… aquí esta el penúltimo capitulo, espero que los disfruten…
¡mil gracias por sus mensajes!...
Dejen sus sugerencias… nos vemos, ¡hasta pronto!.
Se despide
Fesabi
