IV
Beso fortuito.
Durante la cena en el Gran Salón, Rose se veía rodeada por su hermano, su prima Lily y también algunos amigos y compañeros de su casa. Su mejor amiga era Rhonda, una peculiar castaña que era cazadora del equipo Gryffindor y se habían hecho grandes confidentes cuando empezaron a jugar juntas. La chica tenía carácter fuerte y por eso era capitana del equipo. Albus supuestamente estaba interesado en ella, pero nunca lo veía acercarse a hablarle en lo que llevaba con la vista pegada a ella, que eran dos años ya. Recordando a su primo, se giró para verlo, pero para su mala suerte, dio otra vez con los ojos grises más persistentes que conocía. Scorpius se rió sin reservas y siguió comiendo totalmente indiferente a las miradas de los demás compañeros que lo rodeaban.
Para cuando Rose terminó de cenar, se levantó rápido y sin querer dar explicaciones se desapareció de allí antes que alguien más decidiera irse a la cama. Sabían que ella era excesiva con el estudio y hasta con dormirse temprano, así que prefirieron no interferir, ya que esos días era exclusivamente de exámenes finales. Sólo sería hasta el viernes y al fin serían libres. Pero para entonces, Rose se sentía peor que nunca, porque había más que hechizos y fechas y movimientos de varita rondando en su mente, estaba él. Caminó rápido por los solitarios pasillos, se escuchaba el lejano murmullo general de los alumnos que subían ya a sus cuartos mientras ella seguía buscando su sala común. Aunque no iba demasiado pendiente del camino. Se sorprendió de escuchar un carraspeo detrás de ella cuando ya estaba en el quinto piso que realmente no había un alma allí. Se giró y ahí estaba el molesto Slytherin con su aire de superioridad en la mirada.
—Estás empeñado en perseguirme —dijo Rose continuando su camino.
—Cierto —confirmó el chico con voz sedosa mientras la alcanzaba y se ponía a caminar a su lado, aunque casi tenía que trotar para no perderla—. ¿Estás nerviosa? ¿Por qué estás escapándote, Weasley?
—De hecho, no estoy escapando. Estoy tratando de llegar a mi sala común.
—Ya sí, y yo soy idiota…
—Uf, hasta que te diste cuenta —se burló ella, frenando para tomar aire mientras miraba hacia el techo y rodaba los ojos.
Scorpius aprovechó la distracción y sin pensar sus movimientos la empujó contra la pared más cercana sintiendo su agitada respiración golpear en su cuello. Él era bastante más alto que ella y entre más cerca más se notaba la diferencia. Rose se sintió más nerviosa que nunca. ¿Qué pensaba hacer él? No la miró a los ojos, directamente la besó en la boca. Para impresión de ambos, había resultado ser un contacto electrizante. Apenas él apoyó sus labios sobre los de ella, los movió con poca suavidad y la soltó antes de dejarse llevar por sus instintos. Como un cobarde, se alejó rápidamente, no sin antes ver que ella también emprendía camino hacia su habitación.
