Cap. 4
Los ojos del muchacho se entornaban de forma pensativa conforme el médico que tenía delante le hacía unas revisiones muy básicas para después, rechistar con algo de incomodidad al darle un vistazo por encima de sus delgadas gafas al aspecto que mostraba su paciente; el hombre de edad avanzada dejó salir unos cuantos carraspeos mientras movía de forma significativa el sujetapapeles entre sus arrugadas manos, lo que finalmente atrajo la atención del Urameshi que parecía seguir de mal humor.
-En qué tan mal estado estoy?
-No lo sé, dígamelo usted –comentó el galeno no sin un tono reprensivo conforme sus ojos grises se paseaban por la ropa sucia y con manchas del más joven, que pareció aún más irritado y de inmediato se colocó una mano para cubrir la herida que aún estaba fresca de su pelea hacia poco
El adulto emitió un suspiro cansino y rechistó entre dientes antes de bajar la mirada a los papeles que tenía entre las manos y darle la vuelta al primero.
-No se ha estado cuidando apropiadamente…
-Hago lo que puedo –respondió veloz el Mazoku aún más tenso mientras que una mirada incrédula se posaba sobre este- en serio! No es mi culpa que me hayan atacado de camino hacia el chequeo…
-Y supongo que los ataques pasados tampoco fueron su culpa, cierto? –replicó el médico lo que hizo que el chico se encogiese un poco en su lugar –ahora me va a decir que de repente a todos en la ciudad les ha dado por intentar asesinarlo exclusivamente a usted?
"Si supiera" pensó Yusuke volteando los ojos en otra dirección lo que hizo que el anciano negase un par de veces con la cabeza antes de volver a leer el siguiente papel.
-Esta algo desnutrido –el médico volvía a dejar ver molestia y el otro emitió un gruñido bajo –hierro, vitaminas, niveles de sangre… todo anormal, pareciera que lo estuvieran devorando por dentro –el bigote gris plata del humano se removió al resoplar éste por la nariz lo que hizo que los ojos marrones del menor le viesen de reojo- debe de tomar en cuenta que se encuentra en un estado en el que no puede permitirse esto, es demasiado joven y tampoco es como que una situación así sea lo normal…
-Y me lo dice a mí? –Yusuke alzó una ceja con fastidio para después hacer una mueca adolorida; el médico dejó de lado el sujetapapeles y se acercó con un pequeño banquillo y algunos utensilios para limpiar la herida en el brazo del menor que estuvo a punto de replicar pero al final, pareció pensarlo mejor y se quedó en silencio dejando que el otro hiciese lo que mejor le pareciese. Después de todo, no le podía decir que ya tenía una capacidad curativa bastante amplia que solo se había visto afectada por lo repentino de su estado.
Ya bastante había sido haber tenido el impulso de acudir con aquel doctor solo porque comenzaba a entrar en pánico de pensar que tantos ataques por parte del Reikai iban a terminar por herir al bebé dentro suyo y peor aún, no había tenido noticia alguna de Koenma o de Botán como para poder suplicar por un poco de espacio aunque fuera por la criatura dentro suyo (y ya para que él siquiera pensara en la posibilidad de un acto tan patético como el de suplicar…).
Unos minutos más tarde (y varios pinchazos con una aguja para sacar sangre después), el muchacho se cerraba la chaqueta que llevaba encima de la playera aún con manchas de sangre seca del yokai al que había eliminado; entornó los ojos con molestia mientras que se apretaba la prenda de ropa alrededor del vientre y los ojos opacos del médico solo le observaban como si estuviese meditando qué decirle a continuación a quien tenía delante, en la más atípica de las situaciones.
-Ya sabes a dónde irás a dar a luz?
-Uh?
Yusuke parpadeó un poco y enderezó la cabeza para luego observar de lado a doctor que ladeó un poco la cabeza con su gesto aún meditativo.
El chico negó un par de veces.
-No tengo dinero para pagar un hospital ni tengo manera de cubrir deudas –suspiró con cansancio bajando un poco los párpados y finalmente, metiéndose las manos en los bolsillos de la chaqueta para calentarlas un poco –ya me las arreglaré
El médico pareció pensarlo unos segundos y después, suspiró.
-Hijo, no puedo dejar que te arriesgues así y menos con un bebé en camino –dijo este acomodándose las gafas sobre la nariz a lo que los ojos castaños del chico le vieron con precaución- aquí podemos atenderte…
-Le agradezco la oferta, pero como ya le dije, no tengo suficien…
-También nos vendría bien alguien como tú, que después de tomarse el permiso por maternidad que debe de tener, pueda ayudarnos a mantener calmadas a las personas que ingresan en el sitio con intenciones violentas o vienen a molestar a los pacientes y no se quieren marchar –interrumpió el hombre alzando un poco la cabeza sin cambiar sus gestos neutros y cruzando las manos por delante con calma; los ojos del Urameshi se abrieron grandemente así como su boca- si mal no recuerdo, cuando viniste la primera vez y te hice historia clínica me comentaste que fuiste luchador de artes marciales, correcto? Campeón de un torneo?
-Sí… así es… -farfulló el chico sin poder creer lo que le parecía estar escuchando
-Hmm… -el de mayor edad asintió una vez con calma- nos vendría bastante bien un guardia de seguridad como tú. Por supuesto en estos momentos por tu estado, preferiría que descansaras y si tienes ya un empleo, que intentes mantenerlo tranquilo hasta el día en que tu bebé nazca… -dijo despacio y sin dejar de ver como un color rojizo empezaba a subir por las mejillas del otro- pero una vez que pase todo esto y si estás interesado, el trabajo sería tuyo. Y como trabajador de esta clínica, obviamente obtienes el beneficio de la atención médica por tu hijo, lo cubres a él en cuanto a salud… y cualquier cosa que tenga que pagarse, se descontaría de poco en poco de tu salario sin que te afecte mucho.
El más joven se pasó una mano por la cabeza de forma que se hizo el cabello hacia atrás, levemente abrumado.
Aquello no lo había esperado y mucho menos en un momento en que parecía que todo le estaba cayendo encima. Sacudió la cabeza.
-No sé… qué decir…
-Piénsalo –indicó el hombre dándose la vuelta y caminando hacia su escritorio para sentarse en la silla giratoria que estaba del otro lado y cruzar una pierna para observar mejor al muchacho- me dices lo que piensas en la siguiente cita y concertamos todo el asunto- se giró para comenzar a escribir en unas hojas que tenía cerca y entonces, le miró de reojo- y aprovecho para recordarte las opciones que tienes en caso de querer dar a luz de manera natural o asistida…
Los ojos del Urameshi se abrieron aún más y un escalofrío lo recorrió.
-Exactamente… a qué se refiere con…?
-Tienes dos opciones hijo –replicó con calma aquel hombre mirándole a los ojos nuevamente- puedes optar por una cesárea en donde simplemente te colocaremos la anestesia necesaria para evitarte dolor y te haremos un corte en el vientre por donde podremos acceder a donde tienes a tu hijo y sacarlo… o bien… podrías tenerlo de forma natural, que a tu edad realmente ya no es tan riesgoso como si fueras más joven pero de todas maneras, el proceso… supongo que no has escuchado de ello, verdad?... verás…
Yusuke dejó de escuchar.
Tan solo dejó que la gravedad hiciera lo suyo arrastrando su cuerpo hacia abajo mientras que se sentaba en el pequeño banco redondo y acojinado que estaba cerca y dejó caer los brazos por entre las piernas.
El nacimiento.
Ni siquiera se lo había planteado cuando hubiese descubierto que estaba embarazado, ni siquiera en esos momentos, cuando ya tenía cuatro meses con la criatura en su interior, le había pasado por la cabeza en que obviamente este iba a tener que salir de él por algún lado; lo más que había llegado a imaginar había sido a sí mismo cargando un bulto demasiado pequeño con su cara y una expresión odiosa mientras que le reclamaba por haber arruinado su vida.
Oh cielos… y qué si el bebé se convertía en alguien como él al que no pudiese controlar y terminaba en tantos problemas que el asunto con el Reikai se volvería lo menos preocupante!?
Qué si en verdad arruinaba la vida de su hijo?
-Joven? –la voz del médico sonaba hueca y lejana, como si viniera de alguna otra parte o se tratase de la bruma de algún sueño en donde ya no alcanzaba a escuchar bien lo que sucedía a su alrededor- muchacho? Te encuentras bien?
Si… caro que estaba bien.
Siempre había estado estupendo.
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Pero para cuando ya estaba comenzando a andar en dirección de su apartamento, con las luces de las farolas de la calle comenzando a encenderse debido a lo inminente de la noche era más que obvio que no se encontraba nada bien.
Estaba solo.
La forma en que su cuerpo iba a preparar el camino para que el bebé pudiese salir al exterior cuando llegase el momento adecuado… el estrés y el dolor que iba a pasar… la probabilidad de que de todas maneras algo malo ocurriese y después de todo se viese sosteniendo un pequeño cadáver entre sus manos lo aterrorizaba; no era eso lo que había querido en su vida, no era esa la imagen que tenía de sí mismo a su edad, la angustia de saber que ahora alguien más dependería de alguien tan estúpido como él para salir adelante…
Su corazón empezó a aumentar la velocidad de su ritmo y ello solamente lo angustió aún más.
Y con cinco meses por delante para prepararse lo único que pasaba por su cabeza era que todo se había arruinado desde aquel día en que el Mundo Espiritual hubiese decidido revivirlo.
Porqué él no había querido.
Solo había deseado que todo terminase y que ya le condenasen para poder seguir adelante. Para permanecer en el infierno, retornar al ciclo de reencarnación o lo que fuera que Koenma tuviese en mente, a esas alturas lo único que sabía era que todos habían sido juguetes en las manos de todos ellos.
-Maldita sea… KOENMA, ESTO ES TU CULPA!
Gritó mientras que grandes lágrimas comenzaron a correr por sus ojos y caían sobre su ropa, manteniendo el muchacho la mirada alzada a los cielos como si con ello todo el dolor, todo el miedo y la frustración fuesen a desaparecer; cayó de rodillas en el suelo de concreto y el llanto siguió humedeciendo sus mejillas.
-Esto es tú culpa…
Dijo con dolor dejándose sentar sobre los talones conforme varios temblores lo recorrían de arriba abajo y un sollozo ahogado escapaba de sus labios.
Al siguiente momento varios dolores le recorrieron el interior como si algo se estuviese meciendo de un lado a otro, lo que solo aumentó la sensación descorazonadora del Urameshi que bajó la mirada y abrió y cerró las manos en espasmos.
-QUIEREN DEJAR DE PELEAR, MALDITA SEA!? –gritó con fuerza y por un segundo, sus marcas volvieron a aparecer- NO PUEDO CON ESTO, NO PUEDO!
Cerró los ojos y se los secó conforme algo palpitada adolorido dentro de su vientre. Su respiración agitada empezó a volverse más profunda y con vergüenza y una expresión agotada, levanto una de sus manos para comenzar a frotarse el vientre con suavidad; el bebé no tenía la culpa de su estado, estaba tan alterado que incluso le había gritado como si fueran varios bebés dentro suyo y no solo uno. Y estaba seguro que la sensación inquieta que percibía en su pecho tenía que ver quizás con el estado en el que ahora estaba su bebé.
Quizás no sabía mucho sobre bebés de cuatro meses… y no había puesto atención al doctor cuando se lo explicaba pero al menos estaba seguro en su interior, de alguna manera, que su hijo percibía sus emociones.
Y no quería afectarlo.
-Shhh… lo siento, lo siento… -dijo en un tono de voz suave, bajado los párpados y apretando muy apenas la curva que delimitaba el leve crecimiento de la criatura dentro suyo- esto no es tu culpa. Tú no pediste venir a este mundo así como yo no lo hice tampoco…
Suspiró.
-Ambos tenemos unos padres inútiles pero al menos el tuyo no va a estar aquí para hacerte daño –susurró muy suavemente
Al menos… hasta que le pareció sentir algo diferente.
Algo se removía dentro suyo pero no era el bebé… o sí lo era? Frunció el ceño intentando detectarlo mejor hasta que finalmente pudo percibirlo, ahí, cálido, suave y salvaje meciéndose en su interior; no lo sentía del todo pero era una energía que giraba lentamente, con un impulso que parecía cambiante y a la vez, conocido. No era algo que pudiese poner en palabras pero si había algo seguro, era que se trataba de su bebé que continuaba vivo y creciendo de él.
Movió lentamente sus dedos como si con eso pudiese identificar aquello pero después de unos momentos tan solo sonrió y dejó escapar un suspiro cansino.
Bueno… esa idea de la cesárea no parecía tan mala al final porque de ninguna manera se iba a permitir el que se abriese un hueco por donde no debía de haberlo. Una cosa era tener un bebé y una muy diferente ver comprometida su masculinidad por algo como eso!
Se puso de pie y se sacudió las rodilleras de los pantalones con la firme decisión de que ya no se dejaría tirar por aquellas cosas.
Era fuerte.
Los dos serían fuertes.
Preocuparse por lo que vendría en el futuro, era un asunto ridículo.
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TBC
