4: ¿Quién está ahí?

Entre Lupin y Harry cargaron el baúl hasta que se perdieron de la angustiada mirada de quien, entre las cortinas, observó la emotiva escena. Después de todo Tía Petunia no era tan mala persona.

Nunca se había sentido tan contento de caminar por Privet Drive a la luz del día, pero en esta ocasión lo que claramente mejoraba la situación, era la incomparable compañía de Lupin y Tonks.

-Por cierto, Harry. Feliz cumpleaños.- dijo Lupin

-Gracias-

-¡¡Cielos, lo olvidé por completo, Harry!!- exclamó Tonks-¡¡Feliz cumpleaños!!- Y le abrazó fuertemente.

-Gracias, Tonks- dijo Harry medio asfixiado.

-¿Y bien? ¿Cómo has estado?- preguntó Lupin

-Bien. En especial esta mañana me he llevado una sorpresa verdaderamente enorme. Mis tíos me han comprado un pastel. ¿Pueden creerlo? -De esta forma Harry comenzó a relatar desde el regalo de Hagrid hasta la sorpresiva llegada de Tonks, así como su pequeño accidente de salida.

-Nymphadora, prometiste portarte bien.- le reprendió Lupin.

-¡Oh, vamos! Fue divertido. ¿Verdad, Harry?-

-Si que lo fue, Tonks. Si que lo fue…-

-Chicos, ahí están los demás-

Justo en la esquina al final de Privet Drive se encontraba un grupo de gente que, para cualquier brujo sería un grupo de muggles con pésimo gusto. Ojoloco estaba al frente con unos vaqueros muy desgastados, la camisa naranja y la corbata rosa no mejoraban su presentación. Y mucho menos aquel intento de turbante o sombrero o… lo que fuera. A la derecha de Ojoloco, se encontraban Kingsley Shacklebolt y Elphias Doge, ambos con vestimentas tan… tan… bueno, era evidente que igual había sido el esfuerzo por escoger las prendas, como el que estaban haciendo al llevarlas puestas.

Ojoloco dio un paso al frente cuando Harry y compañía estuvieron lo suficientemente cerca. Le dirigió una larga mirada para después verle de muy cerca la parte baja, muy baja de su espalda.

-Cuidado con las nalgas, muchacho. Mucho cuidado- dijo sacándole la varita del bolsillo trasero de los vaqueros.- ¿Están listos? Arthur llegara aquí en unos segundos.-

-¿El señor Weasley vendrá?- dijo un tanto sorprendido Harry.- ¿Cómo va a llegar? ¿Por qué no volamos como hace un año? Sería más fácil...-

-Harry, el año pasado era de noche y aún así puedo asegurarte que unos cuantos muggles pudieron vernos. ¿Crees que sería sensato volar como si tal cosa?- le explicó Lupin.

-Arthur ha pedido un auto al ministerio, muchacho.- gruño Ojoloco.

-¿Un auto? Vaya, eso si que es muy… rudimentario.-

-Harry, no puedes aparecerte, no podemos usar un traslador y la red flu ahora es mucho más insegura que antes.- añadió Lupin.- Un auto estará bien- dijo guiñándole un ojo.

Harry solo asintió. No sabía por qué, pero algo le decía que el mundo mágico, ahora más que nunca, estaba en un estado de permanente alerta. Guardando demasiada seguridad hasta en los más mínimos aspectos y por supuesto, en los grandes también; como llevar sano y salvo a Harry Potter a su destino.

Muchas veces se había puesto a pensar en el verdadero afecto de la gente. Eran demasiadas todas aquellas que le trataban como un rey, otras tantas que le estaban eternamente agradecidas, y otros, aunque muy pocos, conocían realmente a Harry. No el niño que vivió, no el hijo de Lily y James Potter, no el portador de la cicatriz, no el niño de la profecía. La gente sólo había querido conocerlo de esa forma y no cómo lo que el habría preferido ser, sólo Harry.

Mientras Tonks discutía con Ojoloco y Kingsley sobre que ruta sería la más adecuada tomar, (cosa realmente inútil) Lupin se acercó con Harry y le tomó por el hombro, apretando en forma de apoyo...

-¿Harry, no quieres hablar de algo?- inquirió Lupin.

Harry, que sabía perfectamente a que se refería, prefirió dejar para después esa clase de tema y sólo pudo mentir con un simple...

-No...-

-Está bien, Harry. Sólo quiero que sepas que en el momento que desees hablar sobre aquello, estaré totalmente atento. ¿De acuerdo?- Los ojos color miel de Lupin denotaban una absoluta tristeza. Seguramente Lupin se sentía tan solo como él, después de todo Sirius había sido como un hermano para Remus y como un padre para Harry. Sólo que a ambos se los arrebató el olvido antes de que toda la historia detrás del presunto traidor de los Potter quedara al descubierto. Una verdadera pena, pero ahora juntos, tendrían que aprender que la muerte no es más que parte del ciclo de la vida. Sería difícil, sí. Pero no imposible ¿O sí?
Resignarse ante la ausencia de Sirius sería una de las tareas más difíciles de su vida, talvez sí sería imposible. Aún no podía dejar de pensar en el porque de la muerte de sus padres, ahora menos dejaría a un lado una muerte como esa. o más bien una desaparición.
"La esperanza muere al último" alcanzó a escuchar en lo más profundo de su cabeza...

-Harry, ¿Podría ver el regalo de Hagrid?- preguntó Lupin.

-Claro...-Algo dubitativo buscó en su baúl la cajita con la snitch y se la entregó.

Lupin introdujo la llave a la cerradura e intentó girarla, pero no pudo. Lo intentó una, dos, tres veces más y la cerradura no cedió, fue entonces cuando Lupin pareció haber captado algo. La llave, en forma de saeta con el nombre de Harry. Una pequeña sonrisa se dibujó en el rostro de Lupin y le dijo a Harry:

-Muy inteligente de parte de Hagrid. Al parecer sólo tu puedes abrir este cofre, Harry, es como si él supiera lo importante que es para ti este regalo...- Le extendió el cofre a Harry invitándole a abrirlo.

-¿Está protegido?- dijo mientras tomaba su regalo, introdujo la llave en la cerradura y con un mínimo giro la tapa se levantó.

-Si, Harry. Está protegido...-

Lupin tomó con cuidado la pequeña snitch, dejando que esta extendiera sus plateadas alas pero sin soltarla, ya había sido advertido del extraño comportamiento de la pelota.
Lo primero que distinguió fue aquella conocida caligrafía, aquella elegancia en las letras formando el nombre de un amigo entrañable… .James Potter.
Lupin se sintió de repente absorbido por sus pensamientos, cerró los ojos y todo empezaba a desaparecer. Las casas, la calle, Tonks, Ojoloco, Harry, todo desaparecía y daba lugar a paredes de roca, magos y brujas con túnicas negras. Estudiantes. Un pasillo que había recorrido miles de veces hace mucho tiempo. Estaba en Hogwarts. Aquél olor que les indicaba su cercanía con la cocina. El cuadro de frutas frente a él, Sirius a su derecha, James a la izquierda y Peter cubriéndolos.
Estaban a punto de hacerle cosquillas a la pera cuando una voz muy conocida por uno de los chicos los alertó.

-¿Qué se supone que hacen?- preguntó la chica con los ojos verdes más profundos de todo el colegio.

-Evans… estábamos a punto de… bueno, nosotros… - los pretextos se le acababan a James y aquella mirada verde, no ayudaba a calmar sus nervios.

-¿Que no han subido a cenar con los demás? – preguntó Lily- ¿Remus? ¿Te sientes bien? Te ves pálido...-

-Precisamente veníamos por chocolate para NUESTRO amigo...-intervino Sirius.

-Black, Remus es muy buen amigo mío también. Y creo que sería mejor que lo lleven con Mme. Pomfrey- dijo tajantemente Lily pero al mismo tiempo preocupada.-Vamos, Remus- y dulcemente le extendió la mano al licántropo.

-Remus está bien, Lily...- y fue James quién le sujetó la mano.

Lily, algo desconcertada se soltó lentamente de la mano de James, se dio media vuelta y empezó a perderse por el pasillo.

-Por cierto, Potter, para ti, soy Evans- agregó con sumo autoritarismo en la mirada.

James seguía ahí de pie, mirándola alejarse. Como si en ella se fuera su vida.

-Amigos, creo que amo a Lily Evans.- dijo aún estático James.

Al tiempo que la roja cabellera de Lily se perdía entre la oscuridad junto con el sonido de sus rítmicos pasos, James expresaba una mirada que nunca había conocido en su amigo. Aquella mirada que reflejaba desconcierto, miedo, dolor, y amor. En aquél momento, por primera vez Lily no había tenido aquella conducta tan cortante y hostil que siempre le caracterizaba al estar frente a James Potter. Pero sólo por un momento.

Una vez más todo se desvanecía... James, Sirius, Lily, el cuadro, las paredes, el olor a hogar. Todo.
Lupin abrió los ojos y como si no hubiera pasado ni un segundo desde que Harry le entregó el regalo continuó observando la pequeña snitch. Que bello era recordar momentos tan significativos como el de aquella noche. La melancolía invadió a Lupin, había visto a sus mejores amigos una vez más, había recordado lo que era ser joven y lo que era vivir despreocupadamente. Recuerdos lindos y tristes al mismo tiempo. Pero ninguno que hubiera tenido antes, había sido tan... real.

-Sí que era de tu padre... - dijo tristemente Lupin.

-Hagrid jura que me gustó su regalo.- añadió Harry.

-¿Se ha equivocado?-

-No lo sé...- Harry tenía la mirada clavada en el suelo.-Me gusta recibir recuerdos de mis padres, cosas que les pertenecieron. Pero no se por qué, esa snitch. Esta snitch, me hace sentir... extraño.- Harry levantó la mirada para encontrarse con los sinceros ojos de Remus.

-Te lo dijimos, Harry. No debes juzgar a tu padre por lo que viste aquél día y menos si era la perspectiva de uno de sus peores enemigos. Esos eran los recuerdos de Snape y por lo tanto la única forma en la que podías ver a tu padre aquél día, pues era precisamente como el malo de la historia. –

-Hagrid querrá verme jugando con ella como él lo hacía.-

-No, Harry. Hagrid solo quiere que tú seas feliz. Él sabe lo feliz que te hace recibir memorias de tus padres. Además, el no sabe que entraste al pensadero de Snape. Ánimo, Harry. Es una snitch única, tengo la impresión de que algo cambió en ella...- terminó Lupin dándole un golpecito en la espalda. Se puso en pie y extendió su mano para ayudarle a levantarse. –Mira, ahí viene Arthur.-

Efectivamente, un auto se acercaba por la calle hacia ellos. El auto era color crema y era muy semejante al Ford Anglia que alguna vez les salvó la vida a Harry y a Ron. El auto se detuvo justo donde se habían reunido el grupo y de él bajó el Sr. Weasley, alto, medio clavo y sonriente como siempre.

-¡Hola, Harry! Que gusto verte ¿Cómo estás?-

-Bien, gracias. No puedo estar mejor, han venido a salvarme de mis tíos.- dijo con una sonrisa en el rostro.

-Perfecto. Vamos, chicos. Molly estará histérica, llevan horas esperando.-

Lupin tosió fuertemente atrayendo la atención de Harry, mientras Tonks entraba en acción...

-¡¡¿Quiénes, Arthur?!!- preguntó Tonks mientras pisaba fuertemente el pie del Sr. Weasley.

-¡¡Ouch!!... Nadie, Nymphadora, nadie. ¿Nos vamos?- dijo Arthur mientras en un susurro le decía a Tonks...-Lo siento.-

Harry estaba algo extrañado, ayudó a Elphias a meter su baúl al auto mientras Kingsley le hacía un gesto de desaprobación total al Sr. Weasley.
Lupin sólo sonreía con la jaula de Hedwig en la mano. Tonks y Arthur discutían algo muy por lo bajo. Algo garrafal debió haber hecho el Sr. Weasley para ser víctima de esa clase de actitudes...

¿Acaso tendrían algún plan en contra de Voldemort? El ministerio seguro esperaba al señor Weasley junto con su esposa para hablar acerca de un posible ascenso ¿Estaría Dumbledore a donde fuese que se dirigieran? Buen punto, desde que Tonks lo había sacado de casa de sus tíos no había preguntado y mucho menos había sido informado hacia donde se dirigían.

-¿A dónde vamos?- preguntó por fin.

-Sube, Harry. No hay tiempo que perder.- le apresuró Lupin e inmediatamente lo metieron al auto. A su lado izquierdo iba Kingsley y a su lado derecho Moody y a un lado de éste, Tonks iba muy pegada a Lupin. Elphias y Arthur iban en los asientos delanteros.

El silencio se hizo y Harry una vez más volvió a preguntar...

-¿A dónde vamos?-

-Vamos al cuartel, Harry.- le respondió Tonks.

-¿Y porque nadie me lo pudo decir antes? No es tan malo como lo hacen ver.-

-Verás, Harry... – Comenzó a explicar Tonks - Los muggles son muy curiosos y no tenemos la certeza de que alguno de ellos no nos haya visto. Míranos, Harry. No somos un grupo de gente normal y aunque no llevemos un letrero gigante que diga: "Si, yo soy un mago" Lucimos muy diferentes y por qué no decirlo, sospechosos. Si te hubiéramos hablado del cuartel hace unos momentos, alguien habría escuchado y pues seguro habrían llamado a alguna patrulla para denunciar a una bola de mafiosos. Entonces habríamos terminado en prisión muggle teniendo que explicar que hacían un par de chicos tan atractivos como tú y yo cargando un baúl, una lechuza y en compañía de tres magos así de haraposos y un señor tan guapo como Remus. ¿Eso no sería nada bueno, sabes? ¿Cómo le explicas a un oficial muggle que estás en plena misión de rescate del chico que vivió de las garras de sus abominables tíos? Ellos no lo entenderían fácil... Claro que siendo nosotros magos muy experimentados, no nos habría costado ningún trabajo engañarlos y convencerlos de que sólo íbamos a una fiesta de disfraces, o lo que fuera… Entonces, Harry. Todo es por seguridad, por seguridad. – concluyó de lo más natural.

-Bueno… sí, algo parecido a lo que dijo Tonks, pero menos dramático- agregó un muy sonrojado Lupin.

-Además, escogimos las prendas que creímos mejores. La persona que nos atendió dijo que nos veíamos muy bien. Nunca mencionó "haraposos"- agregó un muy indignado Elphias.

Ante ese comentario todos rieron y siguieron con el camino hacia el cuartel.

Después de unas cuantas horas de viaje, llegaron a una calle bastante oscura para tratarse de un día soleado por la mañana. Parecía un vecindario de lo más bajo. Harry pudo sentir un gran escalofrío. Moody se volteó hacia él y le habló de las siguientes acciones: -Muy bien muchacho, ahora tendremos que ser muy cautelosos, recuerda que el peligro es mucho mayor en estos tiempos.-

-¿Por qué nos detuvimos aquí?- inquirió Harry.

-Aquí dejaremos el auto. Mientras caminaremos uno a uno hasta estar dentro del cuartel.- gruñó Moody. Harry sólo asintió

-Bueno Potter, tendré que desilusionarte de nuevo. Todos lo haremos así es que no hay mayor inconveniente. Primero bajará Arthur con tu baúl. Elphias llevará tu lechuza.-

-Pero...- comenzó a hablar Harry.

-Todo está planeado, Harry- le cortó Tonks.

Arthur se bajó del auto y sacó el baúl de Harry, hizo un complicado movimiento con la varita y el baúl quedó del tamaño de un maletín de viaje. Harry miró con la boca abierta. A continuación se tocó la cabeza con la varita y ante los ojos de Harry, el señor Weasley empezaba a tener la misma apariencia de las mohosas casas. Elphias fue el que le siguió en desilusionarse de manera que él y Hedwig pasaron desapercibidos. Tonks fue la siguiente y bajo ordenes de Moody, esperaría doblando la esquina para formar la escolta de Harry, Mientras Kingsley y Lupin se desilusionaban Moody hechizó a Harry y una vez más sintió aquellos hilos fríos recorriéndole la espalda.

-Bien, chico.- le gruñó un camaleónico Moody – Tendrás que estar muy alerta.-

-Pero ¿Cómo...- comenzó de nuevo Harry.

-Andando, Harry- le ordenó la voz de Lupin.

Harry bajó del auto y estaba verdaderamente confundido. ¿Cómo querían que los siguiera si apenas podía distinguirlos? No fue necesario esperar la respuesta… un fuerte tirón le hizo caminar como si alguien lo tuviese amarrado. Trató de tocar aquella soga, o lo que fuese que lo ataba, pero no logró nada. No le quedó más que seguir el ritmo de lo que fuese que lo jalara.

-Es para que no vayas en otra dirección, Harry- la voz del licántropo le hizo saber que era el quien le cubría la espalda.

Siguieron caminando por aquella calle hasta que Harry pudo divisar aquella pequeña plaza en la que un año atrás había aterrizado. La hierba estaba más alta y las casas tenían un aspecto muy desmejorado. Con todo el corazón, Harry deseaba estar ya dentro del cuartel, a salvo.

Para su sorpresa, la puerta del número 12 de Grimmauld Place, ya estaba abierta. Quiso suponer que era debido a la anterior presencia del señor Weasley el resto del grupo. Algo le decía que debía esperar la voz de Lupin aprobando que continuara. Pero ni la voz de Lupin ni la de Tonks ni la de nadie apareció.

-¿P-profesor…?-titubeó Harry. Al parecer todos habían quedado lejos de su alcance ya que ni les sentía y mucho menos les oía.

El rechinido de la puerta en movimiento hizo dar un respingo a Harry, se escuchaban tablas tronar del otro lado del umbral. ¿Qué había sucedido con su guardia? ¿Por qué nadie le hacía saber lo que sucedía? Harry comenzó a imaginar lo peor. Una emboscada. Al mismo tiempo sintió la necesidad de entrar, si lo peor le esperaba del otro lado, estaba preparado. Tomó fuertemente su varita y comenzó a avanzar en dirección a la puerta. Subió lentamente los escalones de piedra. A cada paso se armaba de valor y se hacía de una idea nueva de cómo atacar o de cómo escapar. A cada paso su mente carburaba más ideas que de costumbre. Ya estaba frente a la entrada, dentro todo estaba en penumbras. Apenas tocó la puerta y esta se abrió de par en par. Cruzó el umbral y apretó con fuerza su varita. Una vez adentro, la puerta se cerró de golpe provocando sobresaltar el corazón de Harry. Inmediatamente sintió unos golpecitos en su cabeza seguidos de una sensación cálida recorrerle la espalda. Alguien había hecho terminar el hechizo desilusionador.

-¿Quién está ahí?-

Lo que vino después, pasó frente a Harry tan rápido que tardo un poco en reaccionar y responder todas sus incógnitas...

OoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOo

Pues aquí estoy con un nuevo capítulo. Gracias a los que siguen hasta aquí.
Les mando un beso.

La hilandera.