Siento la demora, aquí va otro capítulo, corto pero seguro.

Descubrimientos

Sakura suspiró de aburrimiento, a veces la nobleza le imprimía ciertos deberes que podrían ser desastrosamente aburridos, en otras ocasiones, como aquella desde muy niña había tenido conciencia de que en su posición se privaba de cosas divertidas solo por conservar su imagen. Y allí se encontraba, toda una adulta totalmente aburrida, movió con desinterés la llave que siempre colgaba en su pecho. Comenzó a recorrer pasillos solo para probar que encontraba para entretenerse. Eriol y Syaoran estaban hablando de algo bastante entretenidos, por lo cual no hubo necesidad de interrumpirlos. Yue leía un libro con bastante interés, Kerveros dormía, unas cuantas habitaciones mucho más lejos. Algo en su interior le recordó que no había visto a sus hijos desde el almuerzo, pero Syao y Nadeshiko se llevaban tan bien que no dudo ni un segundo de que ambos estuvieran juntos. Por último llegó a la conclusión tampoco había visto a Tomoyo en todo el día, su mejor amiga estaba de visita y no había podido tener una conversación completa con ella. Primero las formalidades del baile y ahora simplemente la mujer desaparecía por horas y tenía conversaciones privadas con su hijo de las cuales se supone ella no debería saber.

No se dio cuenta cuanto pero su caminó la llevó hasta el jardín, siempre tenía que extrañaría el enorme jardín de su propio palacio, los árboles que hace mucho había sembrado madre, como el extraño laberinto que había hecho su padre. Pero el de los Li nunca había estado tan mal como para odiarlo, solo que tenía muy poco que recordarle, excepto algunos tardes que había jugado con sus hijos o algún momento en especial con Syaoran.

Se sentó en una de las bancas cuando creyó haber avanzado bastante, al ver que no había nadie excepto ella optó por una posición más cómoda, recostándose más en la banca. Había una brisa fresca en el ambiente que le dio motivos para cerrar los ojos y relajarse. Una de sus manos viajó una vez más hasta su pecho, hacia muchísimo tiempo que no utilizaba sus poderes, no es que los necesitaba pero en días como este estaba esa extraña sensación que le decía que utilizara al menos una carta Clow para el más pequeño de sus caprichos. Pero a veces no lo consideraba prudente y en la mayoría de las ocasiones en las cuales era necesario Syaoran no se lo permitía si él podía actuar en su lugar.

Jugueteó con ella un instante más, quizás todo lo que había vivido en el pasado había sido demasiado para Syaoran y ahora la protegía demasiado, pero él había prometido cuidarla hasta el fin, supongo que eso comprendía parte de su acuerdo. Hubiera pensado eso y muchas cosas más pero unas voces cercanas las sacaron de su propia mente, se quedó en silencio escuchando las voces pues las conocía, cerró de nuevo sus ojos para escuchar atentamente a la plática.

-Tía no creí que me buscarías hasta esta noche –dijo Syao tranquilamente algunos pies o más bien árboles lejos de Sakura.

-Sí, pero Nadeshiko se durmió y la traje de regreso –contestó Tomoyo sentándose una vez más acariciando su gran vientre crecido y suspirando con ternura –en fin, ¿Quieres escuchar o no?

-Por supuesto –contestó Syao interesado.

-Me lo imaginaba –dijo Tomoyo entre risitas –haber por donde continuó a si…


SAKURA

Subí a mi habitación a ponerme ropa seca, por ningún motivo quería dar alguna explicación sobre porque estaba tan empapada y peor aún, no quería ni siquiera saber qué pensarían si vieran al idiota de Syaoran en el mismo estado que yo. Era un idiota, un estúpido, imbécil, un engreído, un egoísta y un gran enorme etcétera.

¿Cómo pudo haberse atrevido? Robarme mi primer beso, algo con lo que tanto había soñado y él lo tenía que haber arrebatado tan simplemente. Había elaborado un mágico y romántico encuentro alrededor de esa fantasía, pero no con una persona como él, además que derecho tenía él. Que tuviéramos un trato no le daba ningún derecho sobre mí. ¡Exacto! Eso era, no tenía ningún derecho.

Respiré profundo y me dirigí hacia la puerta de mi habitación, ya me había tranquilizado justo para abrir la puerta y encontrarme con que él, quien casualmente iba pasando fuera de mi habitación. Me quedó viendo con esa mirada de superioridad que yo tanto odiaba. No, no iba a esperar a que solo yo cumpliera con mi palabra y darle mi amistad. Ni siquiera me limité a verlo cuando él se detuvo a mi lado, solo avance como si no hubiera nadie allí.

-¿Y se puede saber porque la mala cara? –preguntó Syaoran arrogante a mi espalda.

-Hay alguna otra que merezca, su majestad –le contesté con gran ironía –usted es un…ugh ni siquiera sé lo que es. ¿Cómo se atreve a sobrepasarse conmigo? Que estemos en este maldito enrollo no significa que tiene derecho sobre mí…

Una carcajada burlona salió de los labios de Syaoran. Mi irá solo creció más ante ese tono extremadamente burlista. Me detuvo en mis pasos y giré para verlo, Syaoran se detenía su estomago. Y yo realmente no creo que estuviera riendo tanto para que aquello fuera un hecho.

-A mi me parece que le ha disgustado –dijo aun entre risas –a mi me pareció que hasta le gustó bastante como para seguir buscando uno más.

-Ha… necesita que su ego baje del cielo. Le recuerdo que fue usted él que me siguió, yo jamás le pedí que me acompañara, aquí el único que está desesperado por compañía es otro –le dije viendo como su sonrisa se desvanecía por unos instantes, me sentí tan confiada que hasta me di el lujo de dar una pequeña mentirilla -, ese beso fue el peor de los que he recibido.

Esa sonrisa estúpida regresó a sus labios solo para decirme - princesa, ¿de niña no le enseñaron que la mentira no es buena? – Se acercó lentamente hacia mí, lo suficiente como para ponerme algo incómoda, no solo por lo que estaba diciendo, sino por el hecho de su extrema cercanía -, Ese fue su primer beso, no es necesario que mienta tanto, mi experiencia me lo dijo en seguida.

Me quedé un poco confundida sin saber que decirle de momento, lo único que pude hacer era apoyar la mentira que ya había dado -, ¿Quién es usted para decir que yo miento? Que yo no me haya acostado con cualquier cuerpo fácil de todo mi reino no significa que no sepa besar o que no haya dado un beso ya.

-Pruébemelo –me dijo arrogantemente feliz. Lo quedé viendo por unos segundos sin saber que hacer o que decir. ¿Exactamente qué era lo que esperaba de mí en ese momento? Y por todos los dioses, para suerte, estaba por averiguarlo. Él volvió a tomar la palabra, orgulloso de su victoria –si es tan buena como yo o mejor, seguro no le molestaría mostrármelo.

-¡Por supuesto que no! –Exclame sorprendida retrocediendo un paso y con el corazón lo suficientemente acelerado. No porque no me hubiera gustado la forma en que sus labios se habían sentido contra los míos algunos momentos antes. Sino porque no era tonta, yo soy una princesa y no me iba a dejar propasar por nadie –lo único que estoy probando aquí es que usted está desesperado por estar conmigo. –me di la vuela tratando de marcharme y de borrar esa risa ridícula de Syaoran de mi mente.

-Sakura no la creía tan cobarde… -me dijo burlonamente.

Eso era una cosa que yo no pude controlar, cobarde no era algo que podía tolerar que me llamaran. Me di la vuelta y sin pensarlo me acerqué a él y parándome sobre la punta de mis pies tomé su rostro y lo besé. No me di cuenta de lo que estaba haciendo hasta que sentí sus manos sujetar mi cintura con seguridad. Me asusté por unos instantes, pero sentí como mis labios se movían en una perfecta coordinación con los de él, como también que él se movía a mí a su paso y entre mis movimientos. Me alejé de él hasta que realmente necesitaba aire en mis pulmones, la mirada en su rostro fue todo para mí pues supe que estaba sorprendido por mis acciones. Esta vez yo había ganado la pelea. Una sonrisa inundó mis labios a perfección, aquella batalla yo la había ganado. Ya me preocuparía después de lo que había perdido por mis acciones.

-Disfrútelo Syaoran, no creo que las zorras con las que ha estado lo dejen con esa cara de embobado –dije entre risas, aunque un poco sorprendida de que fuera yo la que estuviera diciendo cosas así. Syaoran cambió su mirada de inmediato a la misma sería de siempre –recuérdelo bien, tenemos un trato y eso significa que mientras aparentemos llevarnos bien ante todos no va a ganar nada más de lo que ya ha obtenido, ¿me entiende?

Syaoran no me dijo nada, pero la verdad no esperaba que lo hiciera, fue la voz de un criado la que nos sacó de nuestra pequeña pelea.

-Señor, Señorita, mi amo desea saber si los acompañaran en la cena –preguntó el criado elaborando una reverencia al momento.

Miré a Syaoran curiosa, ¿no será que él había escuchado la última parte? Syaoran pareció comprenderme pues me miró a mí y luego altivamente le dijo al criado –, estaremos allí en seguida, la princesa necesitaba cambiarse o enfermaría. Infórmaselo a tú señor.

El criado hizo una pequeña reverencia y se fue de nuestro lado.

-¿él nos habrá escuchado? –le pregunté una vez que supe que el criado ya se había marchado.

-Es difícil decirlo –me contestó Syaoran seriamente –por si eso sucede solo hay que pretender mejor la situación para que parezca que realmente nos llevamos bien.

Syaoran me mostró su brazo, yo asentí y coloque el mío entre el de él. Dejando que me guiara hasta el comedor.


Más tarde esa noche, rey Fujitaka y la reina Ielan conversaban en el despacho del primero ya mencionado. La puerta sonó y uno de los criados del Rey entro respetuosamente hasta estar muy cerca de ambos reyes.

-¿Y bien Tsunde, que noticias nos tienes hoy? –Preguntó el rey Fujitaka –desde que te encargamos vigilar a nuestros hijos no nos has traído información relevante.

-Lo siento mucho su majestad, pero hoy me parece que escuchará algo importante –contestó Tsunde con todo respeto.

-Habla entonces –indicó la reina curiosa.

-Creo que los príncipes se han enterado de su plan, su majestad –explicó Tsunde –pues tienen un plan ellos mismo, creo si no escuché muy bien es que ellos se están haciendo pasar por llevarse bien solo por un tiempo indefinido.

-¿Y crees que son buenos actores o se llevan bien entre ambos? –preguntó el Rey entrecerrando los ojos.

-Creo que ambos empiezan a acercarse el uno a otro, mi señor –contestó Tsunde en una forma simple de explicar lo que había visto esta noche antes de escuchar el plan de Sakura y Syaoran.

-¡Excelente! Tsunde has sido de mucha ayuda, por hoy puedes retirarte –dijo Fujitaka, Tsunde hizo una reverencia y salió del despacho -¿Qué piensa mi señora? –preguntó el rey una vez que el criado estuvo fuera.

-Si quieren actuar que actúen –contestó con una sonrisa maliciosa en su rostro –es solo que hay que obligarlos a cosas diferentes. ¿Me ha dicho que los Chien han solicitado venir a palacio? –Fujitaka asintió –envíeles una invitación, incluyendo al joven heredero.

-¿Pero señora, ya hemos dejado en claro las disposiciones de ese joven para con mi hija? –Preguntó extrañado Fujitaka –no será ponerla a ella en un riesgo.

-No si mi hijo puede protegerla –contestó la reina con sencillez, estaba segura y confiada de que su hijo podía ser suficiente para aquella misión –hable con su ángel, Yue y pídale que mantenga vigiladas las cartas en todo momento, la pequeña Sakura aun no usa mucho su magia y es mejor prevenir esa situación. Con ellos dos hablaremos y les diremos lo siguiente, los Chien siempre han tenido el deseo de quitarnos las cartas y vendrán a palacio a hacer una pequeña visita.

-Aun no entiendo como esto puede beneficiarnos –indicó Fujitaka un poco extrañado.

-Verá ellos están pretendiendo ser una pareja, pues nosotros les vamos a ayudar a que pretendan mejor –explicó Yelan sonriente –si les demostramos a los Chien que Sakura y Syaoran son esposos para cuando lo visiten, van a tener que desistir en querer una unión con su hija –una sonrisa apareció en los labios del rey Fujitaka al tener una mejor idea de lo que estaba ocurriendo –solo es cuestión de que hablemos con ellos y de que les pidamos que hagan este sacrificio por su reino. Regresaré a mi reino tan pronto como ellos estén de acuerdo, pero pienso que si no tiene usted inconveniente podría dejar yo a mi nieta y a Eriol. Ambos podrían influenciar mucho a Syaoran y le guardan cierto cariño a Sakura.

-Hay que hablar con todos esta noche y explicarles la situación –añadió Fujitaka, la reina asintió –dejemos por último a los dos jóvenes. Solo espero que esto de resultado.

-Tendremos éxito…lo prometo… -aseguró la reina con clara alegría en su tono de voz.


-¿Algo que quieras preguntar hasta ahora? –preguntó Tomoyo una vez que había concluido la historia por el momento.

-Si pero puedo sobrevivir hasta después de cena –contestó Syao sonriente -, ¿Vienes adentro?

-Me quedaré aquí un poco más si, llegaré en unos instantes –dijo Tomoyo, Syao asintió y caminó rápidamente hacia el castillo. Una vez que el joven se hubo perdido de vista, Tomoyo se levantó de su asiento, acariciando su vientre caminó un poco en medio del jardín hasta que encontró a su amiga sentada en una banca muy cerca de donde estaba antes. Le sonrió con ternura y se sentó junto a ella.

-Tomoyo, ¿realmente era necesario decirle la mayoría de las cosas? –preguntó Sakura apenada.

-Si, el así lo ha pedido –contestó Tomoyo, Sakura enrojeció un poco encogiéndose en la banca –Syao es un joven bastante maduro Sakura, sabe entender muchas cosas y es por eso que quiere conocer su historia. Quiere saber porque dos personas tan distintas pueden vivir en el mismo techo y tener hijos sin matarse el uno al otro.

-Solo no le digas que me he enterado –le dijo Sakura después de que volvió a su color normal -, me gusta que las cosas me las cuente porque él quiera, no porque yo lo he obligado o porque yo lo he descubierto.

-De acuerdo, vamos muero de hambre –dijo Tomoyo decidida poniéndose de pie y jalando a Sakura para que caminara al lado de ella –creí que esas ganas de comer insaciables solo te daban a ti Sakura, pero veo que eso es común en todas las embarazadas. Lo que si es raro y lo seguiré diciendo era tu temperamento, podías llorar con las más mínima tontería y gritar furiosa por cosas tontas –dijo Tomoyo con una sonrisa divertida en el rostro.

-¡Tomoyo! –exclamó Sakura enrojeciendo de nuevo, si bien su amiga había estado en ambos embarazos suyos parece que en este momento eso era justo algo para hacerla sentir apenada.

-Como olvidar la cara del pobre Syaoran cuando rompiste a llorar porque él no tenía ganas de ponerse de pie al lado tuyo cuando él quería estar sentado –dijo Tomoyo entre rizas.

-¡Tomoyo! –exclamó Sakura de nuevo haciendo un puchero.

Tomoyo sonrió y se fue caminando en dirección a la cocina a "supervisar" la cena. Sakura se quedó allí de pie con los brazos cruzados como haciendo una rabieta.

-Pero definitivamente ella es la que está comiendo más que Kero –dijo Sakura pensando en voz alta.

-Sakura ¿Quién come más que Kero? –preguntó una voz a su espalda.

Sakura se dio la vuelta para ver a Syaoran que lo miraba con una ceja alzada y a Eriol que le sonreía naturalmente.

-Nadie, solo locuras mías –dijo Sakura con una risita nerviosa, Syaoran negó con la cabeza.

-Querida Sakura, ¿has visto a Tomoyo? –preguntó Eriol educadamente.

-Se acaba de marchar a la cocina –contestó Sakura aun riendo nerviosamente.

-Gracias… -dijo sonriente y caminando en la misma dirección que se había ido Tomoyo.

Syaoran vio a Sakura extrañado, Sakura sonrió inocentemente, manteniendo la mirada. Después de unos minutos de mantener la mirada, Syaoran sonrió y negando con la cabeza se rindió una vez más ante ella. La atrajo hacia ella y la abrazó, la besó en la frente y luego, una vez más en los labios –aré como si nunca hubiera escuchado eso.

-Gracias… -dijo ella mientras dejaba que la guiara hasta el comedor, como solía hacerlo cuando tenía dieciocho años.

Espero les haya gustado, no se olviden de dejar sus comentarios, trataré de actualizar pronto.