Quizá atrasada más nunca cancelada :p llego tarde por los deberes, hay atenderlos. Como sea, aquí traigo el Cap 4. Espero no me quieran asesinar como en el otro :p Siento mucho lo de Alemania, así como siento mucho lo que leerán. No es nada personal, yo también quiero mucho a UK.

Pero hay recompensas, en el siguiente cap habrá mas amor y felicidad para el pequeñín y sorprises :P

Gracias por la paciencia y la espera.

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Después de haber escapado, escondernos en lugares poco convencionales, incluidos los contenedores de basura. Logramos llegar a un espacio intermedio. No había letreros que indicaran el lugar, sólo era un terreno baldío. Donde los restos de soldados suizos y armas se esparcían por todo el suelo. Mientras andábamos, uno de los muchachos nos aconsejó no tocar nada y andar en silencio. Alerta en todo momento, los jóvenes llevaban sus armas y cubrían todos los flancos. Al mirar los cadáveres, sentí nauseas, otra ves esa sensación de impotencia y el recuerdo de las naciones. Cerré los ojos, deje que Hanatamago me guiara. Con un cordón en su boca que yo tomaba con una de mis manos. Como no media mis pasos tropecé con un arma. Una de las chicas me ayudo a levantarme mientras preguntaba como estaba. Le respondí con una sonrisa. Miré el revolver y al primer descuido de ella y los otros, lo tome, lo guarde hábilmente entre mis ropas. Hanatamago volvió a hacer ese ruidito incomodo.

Los cadáveres no terminaban, era como un cementerio al aire libre, aunque los edificios eran los que estaban sepultados. ¿Dónde se supone que estábamos? A lo lejos una caja fuerte cubierta con una bandera roja con una cruz blanca llamó nuestra atención. Instintivamente, el líder de los muchachos se detuvo con el rifle en mano y nos hizo señas de detenernos. El viento movía ligeramente la puerta que no estaba cerrada. Fije bien la mirada hacía ese pequeño espacio por donde colgaba una mano. Tuve curiosidad, a pesar de que sabía quien estaba hay. Di un brinco, tape mi boca con ambas manos. Otra de las chicas puso su mano en mi hombro y me susurró: "no mires"

Volvimos a avanzar, traté de omitir la escena. Sin embargo, no pude, al pasar a un lado miré entre la brecha de la puerta y el interior, la mano que colgaba tenía un guante blanco teñido con motas rojas. Bajo la caja, billetes, monedas y oro. El remordimiento de haber llegado tarde me dominó de nuevo.

— ¡Suiza!— grite aterrado, fui a donde estaba. Nadie me detuvo— Suiza— abrí la puerta…

Esa fue la primera vez que quede en shock. Había visto tantas muertes, pero ninguna me había dejado trastornado. Mi mente se colapsó, no pude moverme y caí al suelo. Al despertar lo único que recordaba es que íbamos a casa de Bélgica. La imagen de Suiza se borró por completo, sólo me quedaban vagos fragmentos. Suiza en pedazos, acomodados en una caja fuerte, como si fuese dinero.

Era de madrugada y teníamos que tener cuidado con la vigilancia, ahora en una nueva frontera no teníamos idea de lo que había pasado, pues la mayoría de los medios de transporte fueron quemados o destruidos. No había diferencia a las escenas anteriores. El recorrido hasta el muelle fue a pie, tuvimos que quemar la camioneta. Nadie lo notó, por que no quedaba ningún habitante en la ciudad.

El camino sería duro, así que descansamos un poco. La comida empezaba a acabarse. A mi no me importaba, ni si quiera tenía hambre, no hablaba, mi mente trataba de reaccionar, pensar en algo bueno como decía uno de mis compañeros.

— Debe emocionarte la idea, pronto veras a Inglaterra— pesé a que fuese un idiota, no podía dejar de imaginarlo peleando como en sus cuentos piratas, con ayuda de sirenas y hadas. Sí, aunque era un tonto, era fuerte, yo creía en él. Pensar aquello me tranquilizaba y por lo menos podía distraer mi mente en algo.

Al medio día, el calor se intensificó más, Hanatamago parecía incomodo, así que anduve con él alrededor.

— No te alejes mucho, no te confíes…— me advirtió uno de los muchachos.

Eso debió decirle al perro, pues anduvo dando vueltas por todos lados y yo tras él, cuidándolo. Ignoraba mi llamado, si tuviese la voz de Suecia seguramente no se hubiera escapado, perro malcriado. Finalmente tras caminar un par de metros lejos del campamento, llegamos a una colina. Estaba cansado de caminar y me deje caer, Hanatamago miraba en dirección al sur. Lo volví a regañar, le recordé las indicaciones y que debía portarse bien. Me ignoró.

Seguí hablando inútilmente y entre mis palabras, escuché ruidos lejanos. Provenían del otro lado de la colina. Curiosos, nos acercamos cautelosamente.

Había cinco hombres en círculo, debajo de ellos una tela roja se movía sin parar y pedía ayuda. Su voz femenina me hizo temblar.

— No Hanatamago— le dije al perro al ver que se acercaba a ellos— no, no debemos meter en problemas a nuestros amigos, ellos nos trajeron aquí… Hanatamago regresa— había sido tarde, el perro les ladraba con rabia.

No tuve más remedio que hacerles frente. Pesé a que estaba lleno de coraje por lo que pasaba, mi tristeza me dominaba y no quería pelear, no ahora que estaba por ver a Inglaterra y salvar al mundo. Al acercarme despacio, entre las botas de los soldados suizos, vi a Liechtenstein con el vestido hecho tiras, casi desnuda y con sangre en el labio. Me miró dulcemente, casi como los animales. Uno de los soldados abría sus piernas violentamente mientras otro la sostenía de los brazos.

— ¡Déjenla!— les grite— ella es mi amiga— esa impertinencia mía siempre me mete en problemas. Y el ver a Liechtenstein llorando y sin poder defenderse me dio mucho coraje y los enfrente. Saque el revolver, me sentí el más poderoso sobre la tierra, aunque ellos llevaban un arsenal.

Que más daba. Les apunte, mis manos temblaban, estaba decido a soltar el primer disparo y volarles la cabeza. Malditos humanos. Por mi mente todas las imágenes de los nórdicos, las del periódico, incluso las que imagine al oír las muertes en el oriente de Europa; me dieron valor.

Para mi suerte o no, ellos sólo se rieron de mí y me ignoraron. Continuaron con lo suyo.

— No me ignoren. Déjenla, ella no les ha hecho daño— apreté mis puños, estaba decidido a atacarlos estúpidamente.

Los soldados seguían riendo hasta que se alejaron de ella. Ahora su atención estaba centrada en mí y en Hanatamago que seguía ladrando. Uno de ellos escupió en el rostro de Liechtenstein y otro la pateó.

— ¡Basta! Malditos monstruos— de nada sirvió gritarles o maldecirlos, me ignoraron— les dispararé.

— No Sealand… huye— la escuche decir débilmente, me sonrió con la misma inocencia que solía tener. Esa imagen la tendría grabada toda mi vida. Pensé en su hermano, si ella sabía lo que pasó con él. Continuaba apuntando a los hombres.

Ellos rieron de mí. Uno apuntó su metralleta a la cabeza rubia y después de otra sonora carcajada disparó. La sangre salpicó las ropas de los solados quienes se divertían con ello. No había más sonrisa ni ojos dulces. La mataron sin ningún remordimiento, la hicieron sufrir igual que a los demás.

—¡NO!— grité tan fuerte que incluso el eco regresó muchas veces— ¡No!— tome valor y llorando corrí a ellos que seguían burlándose. Solté el primer disparó que fue a dar al brazo del sujeto que mató a Liech

Uno me apuntaba con su rifle, iba a dispararme, sus ojos decían eso. Me olvide de UK, de querer salvar el día, sólo me importaba el desprecio que sentía por ellos y mi amiga. Lo rete a los ojos. Pensaba que si disparaba sería más fácil, estaba cansado.

Antes que me hicieran daño. Escuché varios disparos y los solados cayeron al suelo.

Giré asustado al ver los cadáveres. Mis compañeros habían aparecido tras de mí a salvarme como lo han hecho desde que los conocí. Muy molestos por haberme alejado más de lo necesario. Les explique llorando lo que había pasado. Hanatamago lamía las manos de la joven nación.

— Ella era mi amiga. Liechtenstein — les dije señalándola— era hermana de Suiza.

Una de las muchachas me abrazó y pude llorar sin parar. Mis ojos habían visto demasiado. Ellos fueron buenos incluso con Liech, la enterraron en un viejo jardín con la esperanza que volvieran a crecer hierbas. Lastima que estaba tan lejos de su casa.

Al día siguiente, ya no pude caminar más. Iba en los hombros de un muchacho. Escuché decir que cruzábamos la casa de Bélgica. Abrí débilmente un ojo, la ciudad estaba con los mismos destrozos.

— Ella es buena con las armas— susurré al oído del joven.

Al ver los tanques de Bélgica abandonados en las calles, pensé mucho en ella. No sabía nada de estrategias militares o de historia, pero la sentía cerca. Mire la azoteas de las casas y algunas ventanas, había personas hay así como dentro de los tanques. Ellos no las veían, era extraño. Tal vez esto era lo que Inglaterra llamaba: "el don de ser una nación, puedes ver cosas, oírlas, ver el pasado y vivirlo, sin dejar de sorprendente del futuro" Me estaba convirtiendo en una nación y no me sentía del todo feliz como debía estarlo. Tenía razón Letonia: "Ser una nación no es fácil"

— Bélgica esta viva— dije— el muchacho se detuvo.

— Estás delirando Peter, descansa, pronto veras a Inglaterra— me dijo y continuó caminando.

Yo sabía que era verdad, ella nos estaba cubriendo o eso me gustaba pensar al ver a su gente observándonos. Hasta que escuchamos por las bocinas de la ciudad un grito desgarrador que nos hizo temblar y detenernos.

Un grito femenino que se penetraba en el pecho de quien lo oía. Su eco hizo vibrar las paredes y la tierra tembló un poco. Era ella…

— Vamonos— dijo el líder y corrimos.

Los gritos regresaron más veces, cada vez más dolorosos y mortales. ¿Qué le harían? Trataba de concentrarme más allá del alarido, pero era imposible, cada vez que escuchaba mi piel se erizaba. De nuevo otro grito espeluznante y caían cristales de las ventanas.

Luego de tres gritos, todo quedó en un silencio sepulcral. Me aferre a la espalda del muchacho. Hanatamago caminaba a lado del líder. Hubiera querido tener la conciencia de un animal, así mi mente no hubiera imaginando tantas cosas horrendas sobre una tortura sobre Bélgica.

Nos dirigimos al puente sin perder más tiempo. Afortunadamente uno de los chicos encontró un bote pequeño cerca del muelle, lo suficiente para que aguantarnos a todos.

— Voy a ver a UK, voy a ver a UK— repetía para así tratar de olvidar todo. Quería emocionarme, pero tenía miedo. Deseaba que todo saliera conforme al plan.

El viento soplaba a favor, las olas nos mecían. Observe el mar, pese a la oscuridad podía ver sombras bajo el agua dibujadas por la luna. Me pregunté si las sirenas podrían ayudarnos o si las hadas defendían a Inglaterra que por esa razón seguía en pie.

Pasaron un par de horas, a lo lejos se veía el amanecer y con el, se dejaba ver el faro del puerto de la casa de UK. Al fin, logramos acercarnos con pequeños problemas.

— Tendremos suerte Hanatamago— dije y me respondió con otro ladrido.

Mientras más nos acercamos. Podíamos ver los buques de guerra, algunos viejos barcos piratas y la costa con sus casonas viejas. UK debería esperar en el palacio, hablando con su reina y planeando como defender lo que quedaba del mundo. Sí, tonto Inglaterra, después de llorar desesperadamente en sus brazos lo insultaría, le contaría todo lo que vi… Quería ver a Inglaterra feliz de verme.

Vimos alejarse uno de aquellos viejos vareos. Nos detuvimos por precaución a unos cuantos metros. Pensé que era UK que nos había descubierto y venía a llevarnos con él.

Los muchachos se inquietaron al ver una silueta flotar en el agua.

—¿Qué pasa?— les pregunte. Nadie supo responder.

No sé si el mar estaba confabulando, pero comenzó a agitarse y juro que escuche un lamento. Me acerque al extremo del bote donde habían visto algo. Lentamente vi como el cuerpo de UK se alejaba al ritmo de una melodía. Salía sangre de su pecho. Había muerto como los piratas de sus cuentos. Vestía a la usanza del de siglos pasados. Con una elegancia que desconocía.

— ¡Inglaterra!— grité. Trate de alcanzar su cuerpo, quería tocarlo, tal vez seguía vivo o se hizo el muerto para salvarse, tal vez los duendes le dieron una elixir, la magia es poderosa— ¿Dónde están tus hadas? ¿Por qué mentiste? Dijiste que tus "amiguitos" siempre te ayudaban… ¿Por qué no lo hacen ahora? Es que eres un maldito mentiroso— llene de insultos al mar.

A los demás no pareció importarles, ellos pensaban cosas importantes yo sólo me deje llevar.

UK no mentía, muchas veces lo vi hechizar los objetos, las paredes, los fantasmas. Sin embrago, nada de eso apareció. El mar se lo llevaba. Sus ojos estaban cerrados, había una ligera sonrisa en los labios. ¿Estaba feliz? ¿Feliz de morir? ¡No! Inglaterra tiene un plan, quizá es así, debe ser… Sí. Yo debo creer eso, sino él seguirá pensando que no soy digno de ser una nación.

— ¡No! Dámelo… es Inglaterra, es importante para mí— le pedí al mar.

No importo cuando grite o lloriquee, el mar se lo tragó despacio. Seres marinos rodearon su cuerpo. Eran ellas, las sirenas que cantaban. Seguía gritándoles que lo devolvieran. Yo lo necesitaba, siempre fue así. Se ahogaba con él mi última esperanza para salvar lo que quedaba. Sin UK, no sé como llegar a América. Llore desesperado, quise brincar al mar con él, abrazarlo, morirme de la misma manera. Grite su nombre tantas veces que empezaba a perder sentido. Los muchachos me sostenían para que no saltara.

— Ustedes no saben, no entienden— les decía sin dejar de llorar— sin él no tengo nada… todos están muertos, sólo quedo yo— me miraban confundidos, las muchachas lloraban conmigo.

Sí, era un pobre niño abandonado, solo. Necesitaba lastima y ayuda. Seguía mirando el mar y llamándolo. Hanatamago tiraba de mi calceta, él era el único recuerdo vivo de todos ellos. Me estaba volviendo loco. Grite de nuevo pero seguía sin desaparecer ese odio mezclado con rabia y miedo. Me dejaron llorar todo lo suficiente como para quedarme completamente dormido. Estaba perdido… Hanatamago lo sabía por eso es que no ladraba con entusiasmo.

El cielo se nubló luego de que UK se hundió en el fondo del mar. Todos estabamos consternados. No sabíamos que hacer. La última alternativa había muerto. América estaba bastante lejos y nos arriesgaríamos a cruzar el mar en un miserable bote. El clima no estaba a nuestro favor. Todas esas ilusiones y esperanzas también se hundían. Sino hubiéramos tardado, sino me hubiera escapado y haber visto a Liechtenstein, probablemente hubiéramos llegado a tiempo y evitar la muerte de UK.

— No se puede hacer nada contra el destino— dijo una de las muchachas, casi como si leyera mi mente. La mire asombrado y ella sonrió amable.

El bote no resistiría el viaje, antes quedaríamos naufragando en el océano y todo valdría nada. Pensamos durante muchas horas. Pudimos ver la fiesta que se hacía en casa de UK por su muerte. Juegos artificiales, quizá destruían todo lo que les recordará a él. Me quede sentado, observando con impotencia y Hanatamago miraba conmigo. No pude dejar de llorar. No sólo era una nación poderosa o la esperanza de muchos… era mi hermano, él me enseñó todo, incluso hablar, leer. Era especial. Volví a tener uno de mis arranques caprichosos y empecé a patalear y arrojar basura al mar.

— ¡Hey! ¿Qué es eso?— preguntó otro joven consternado al ver al mar burbujear y una serie de olas elevarnos.

Abrace a Hanatamago. Todos se sostenían de donde podían. Gritamos, la velocidad con la que éramos elevados era impresionante.

— Es un monstruo marino, Inglaterra dijo que vivían en el mar… tal vez esta enojado conmigo por que dije cosas terribles de él— no era nada de eso.

Un barco pirata había salido del mar inexplicablemente quizá para los humanos, pero para mí, era la magia de Reino Unido.

Era formidable, nuestro diminuto bote quedo en la proa y todos salieron a investigar. Era un viejo barco pero servia y no era llamativo, no había banderas y parecía aterrador, casi un barco fantasma. Indague con Hanatamago en lo que los muchachos lo echaban a andar sin preguntarse de donde había salido. Así eran algunos humanos, ya me estaba acostumbrando. Anduvimos en los pasillos, mi estado de ánimo volvió a cambiar, de una tristeza y furia a alergia, pensé que UK vivía y estaba en el barco pero quería estar escondido. Revise todos los rincones y lo único que encontré fue un reloj dorado de bolsillo con las iniciales UKB. Lo apreté en mis manos y lo guarde en mi bolso donde escondí el revolver.

— Yo lo sabía Hanatamago… Inglaterra nunca me iba a dejar solo— dije limpiándome las lágrimas— no es tan tonto— sonreí después de tanto tiempo.

Así fue un poco más sencillo acercarnos a América. Aunque como decía el líder del grupo, no podríamos llegar a USA, había vigilancia extrema en mar, aire y tierra. La única manera era llegando por el norte de Canadá. A nadie le importó la decisión, el objetivo era estar en América, zona neutral y hasta ahora el único refugio.

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Ya saben dudas, quejas, coment, tomates, misiles, etc, etc con amor y galletitas con café. No soy irónica ni sarcástica, son sólo eufemismos baratos.

Saludos a mis caníbales que ahora me he convertido en uno de ellos :3

Gracias por leer y el tiempo.