Disclaimer: Seré breve, no soy Rowling, ella posee todo, yo nada. Nada de demandes, porque no gano nada con esto, es un hobbie y nada más.

Nota de la Autora: Otro fragmento, espero les guste.

Fragmento 4

La voz de mi padre resonó por toda la casa, llegando hasta mi cuarto apagada por la distancia, mi puerta cerrada y las mantas que me cubrían de pies a cabeza. Así empezaba el último día de mis vacaciones de verano, mi padre que gritaba, mi madre que le hablaba sin perder jamás la serenidad y mi hermanita que los azuzaba a los dos en mi contra.

¿A qué hora piensa levantarse ese chico? – bramó mi padre, había estado gritando otras cosas antes, pero esa fue la primera frase que pude entender completamente.

Déjalo Darius, debe estar cansado – exclamó mi madre tranquilamente y sin intimidarse por los gritos de mi padre.

Por supuesto que debe estar cansado, si ayer estuvo de parranda con sus amigotes ¿Sabrá dios a qué hora vino a casa? – volvió a gritar mi padre.

Yo lo sé, yo lo sé – canturreó mi hermana menor – lo vi llegar.

Calla niña, está es una conversación entre adultos – le dijo mi madre siempre serena, pero con un toque serio en la voz. Eso pareció bastar, pues la voz de Gwenn no se volvió a oír.

Vamos Shari, el chico no puede dormir eternamente – exclamó mi padre.

Está bien cariño, no te enojes; le pasaré la voz – oí decir a mamá y a los pocos segundos sentí sus pasos ligeros subir por las escaleras y detenerse en la puerta de mi cuarto.

¡Remus! – yo sólo gemí y me enterré más entre las mantas, aunque haciendo el menor movimiento posible – ¡Remus, voy a pasar! Si hay algo que no quieres que vea, cúbrelo – la oí exclamar, en otro momento hubiera protestado avergonzado, pero no me sentía capaz.

Oí girar la perilla y la sentí entrar a la habitación, corrió las cortinas de las ventanas, me acordé de mi precaución de abrir las ventanas y suspiré aliviado; finalmente la escuché descorrer las cortinas de mi cama y sentarse a mi lado.

Vamos, cariño; levántate de una buena vez o tu padre se volverá loco – exclamó cogiendo el borde superior de las mantas, yo sabía que se disponía a destaparme, y yo me preparé para lo que vendría en el momento en que la luz diera en mis ojos.

Mi madre me destapó, la luz del sol se esforzaba en traspasar mis párpados, los cuales yo mantenía tercamente cerrados.

Sé que estás despierto, abre los ojos y levántate de esa cama – exigió mi madre.

No había más que hacer, abrí los ojos, y las consecuencias de la noche pasada llegaron a mí de golpe; mí cabeza latió con dolor, una sed enorme me invadió y una ligera nausea se apodó de mí, que yo sabía sería mayor cuando empezará a moverme. Enterré la cara en la almohada.

¿A qué hora llegaste Remus? – preguntó me mi mamá con voz seria.

No lo sé, una y media, máximo dos, lo lamento – mentí yo.

Remus – exclamó ella con voz de advertencia.

Está bien, está bien. Dos y media – volví a mentir.

Remus – volvió a exclamar mi madre está vez algo molesta.

¿Tres y cuarto? – volví a mentir.

¡Remus! – casi gritó mi madre está vez, con voz verdaderamente molesta.

Está bien, cuatro y cuarenta y cinco – admití finalmente.

Remus Julius Lupin – exclamó mi madre con voz enojada – esas son más de tres horas tarde.

Lo lamento de verdad – exclamé yo levantando la cabeza, grave error, el dolor de cabeza volvió a golpearme y en el rostro de mi madre apareció una expresión de sorpresa y gran cólera.

Remus Lupin, has estado tomando – exclamó en un murmullo colérico – tienes sólo dieciséis años, no deberías estar tomando – en realidad estoy por cumplir los diecisiete, pero no creo que eso haga diferencia alguna para mamá.

Lo sé mamá, y lo siento, no volverá a pasar – exclamé yo, con la única esperanza de impedir que ella se lo dijera a papá – primero no sabía que la bebida que estaban pasando tenía alcohol y luego ya era muy tarde y no me pude detener – mentí descaradamente esperando que me lo creyera, si mis amigos hubieran escuchado esa mentira mía se abrían reído de lo lindo, ya que fuimos Sirius y yo los que nos encargamos de comprar la cerveza y de alterar la bebida cuando todo el trago se hubo acabado. Sin contra con que fuimos nosotros los que nos acabamos cada uno una de las botellas del bar de papá.

Remus, no sabes acaso que en algunas fiestas sirven licor, siempre debes preguntar que tiene la bebida – exclamó ella algo exasperada, la quiero mucho y es muy lista, pero a veces es algo ingenua.

La siguiente media hora la pasé escuchando su discurso sobre los peligros del alcohol, accidentes en escobas y duelos a muerte, todo por culpa del alcohol. Por fin mi pobre madre se cansó de hablar y poniéndose de pie me miró con reprobación.

Espero que esto no vuelva a suceder, levántate, date una ducha y baja de una buena vez; pero cambia de cara y haz algo con ese aliento o tu padre lo notará, huele a bar barato ahí dentro – exclamó dándome un ligero golpe en la boca con el dorso de la mano.

Está bien mamá, gracias.

Nada de gracias, te castigaría pero mañana te vas al colegio y ya no tiene sentido, pero si vuelves a hacer algo así nuevamente te encerraré hasta que cumplas cincuenta años.

Está bien – exclamé yo y mientras mamá salía del cuarto yo me puse de pie y camine hacia mi baño, sintiendo que cada paso retumbaba en mi cabeza, y me revolvía el estómago. Definitivamente no vuelvo a tomar sin haberme conseguido antes una poción para la resaca.

Fin