Guest: Seguramente les va a llevar tiempo encontrarse, y tanto Millah como Neal van a aparecer en algún momento. Pero lo importante de la historia es que ellos se conocen de antes por su conexión en los sueños, y son su primer y verdadero amor.


El tiempo pasaba y Killian se sentía cada vez más enamorado. Durante el día se la pasaban enviándose mensajes por celular o facebook, y hasta en alguna rara ocasión skypeando. Durante las noches se la pasaban soñándose. Sus sueños eran cada vez más reales. Killian podía sentirla como si estuvieran juntos de verdad, como si cada sueño fuera una experiencia viva. A pesar de la tecnología, sus sueños seguían siendo su momento favorito de comunicarse con ella, porque en ellos podían estar juntos.

Killian tenía diecisiete años cuando decidió conseguir un trabajo en las vacaciones de veranos. Sus vacaciones duraban tres meses, así que tenía pensado trabajar dos y viajar uno. Con el dinero que iba a recibir, más el que tenía ahorrado de regalos de cumpleaños, podría comprarse un pasaje a Estados Unidos e ir a visitar a Emma. Por eso, el primer día de vacaciones se encontró en la de la biblioteca de su barrio, para postularse como ayudante.

- ¿Estás seguro que queres trabajar durante el verano? – Preguntó Ariel, la mujer encargada de la biblioteca.

- Si, necesito el trabajo. – Asistió él.

- ¿Para qué? – Preguntó ella curiosa.

- Quiero la plata para poder ir a visitar a mi novia. – Respondió él con sinceridad.

- ¿Qué tan lejos vive tu novia? – Pidió saber ella.

- En Bostón, Estados Unidos. – Contestó él.

- Eso es muy lejos, no creo que te alcance el sueldo de dos meses de este trabajo para viajar. – Dijo ella pensativamente.

- También tengo ahorros. – Informó él.

- Bien. – Asistió ella. – Antes de aceptarte me gustaría saber, ¿Por qué elegiste pedir trabajo en una biblioteca? La mayoría de chicos de tu edad encontrarían estar en un sitio como este algo muy aburrido. – Dijo observándolo con gran atención.

- Amo la literatura, leer y escribir son cosas de las que disfruto mucho. – Dijo él con sinceridad. – Cuando sea adulto, aparte de ser un capitán de marina como mi hermano, me gustaría ser un gran escritor. – Informó con gran seguridad.

- De acuerdo, estás contratado. – Aceptó ella.

Al otro día se levantó temprano y fue a trabajar a la biblioteca. Tendría que trabajar y levantarse temprano en sus vacaciones, pero si eso le permitía ir a ver a Emma en un par de meses lo hacía feliz.

Killian decidió elegir como ubicación para ese sueño un hermoso camping. Se ubicó en una parilla cercana al río y empezó a cocinar. Decidió preparar queso a la parrilla, ya que sabía que era la comida favorita de Emma. Al rato ella apareció y lo saludó con un beso. Cenaron mientras miraban el río y el atardecer.

- Tengo algo que contarte. – Dijo él jugando con el cabello de ella.

- Bien, sabes que podes contarme lo que quieras. – Aseguró ella acomodándose entre las piernas de él y descansado su cara contra su pecho.

- Conseguí un trabajo en la biblioteca. – Informó él.

- ¿Un trabajo? ¿No estás de vacaciones? – Preguntó ella confundida.

- Lo estoy. – Asistió él. – Pero voy a trabajar, así el último mes de mis vacaciones puedo ir a visitarte. – Confesó él tímidamente, con miedo de que ella no quiera que él vaya.

- ¿Vas a venir a Bostón? – Preguntó ella asombrada, mirándolo con gran intensidad.

- Si, si queres que vaya iré. – Aseguró él, dándole la posibilidad de elegir.

- ¿Estás dispuesto a trabajar el verano para venir a verme? ¿Estás dispuesto a hacer eso por mí? – Cuestionó ella sin poder creer lo que escuchaba.

- Por vos soy capaz de lo que sea. – Admitió él honestamente.

- Te amo. – Dijo ella dándole un pequeño beso en los labios.

- Yo también te amo. – Dijo él acariciándole las mejillas. - ¿Entonces queres que vaya a visitarte? – Retomó él su pregunta inicial.

- Claro que quiero, nada podría hacerme más feliz. – Respondió ella sonriendo.

Se besaron y se mantuvieron abrazados, mirando el río y el cielo lleno de estrellas. Killian le enseñó las constelaciones, y le relató historias de cuando solía navegar con su familia.

Una semana y terminaría su trabajo. Una semana y podría ir a comprar su pasaje a Bostón. Solo faltaba una semana… August lo fue a buscar al trabajo y lo llevó al hospital. Marco estaba muy enfermo, tenía problemas en su corazón y necesitaba una operación que no podían pagar a pesar de los ahorros que tenían juntados. Al menos que…

- Podemos usar mi plata. – Dijo Killian.

- No, no puedo aceptarla. – Negó August. – Yo trabajaré y una vez que junte el dinero, podrá operarse. – Dijo pensativamente.

- Marco no tiene tanto tiempo, se tiene que operar ahora. – Discutió Killian.

- Pero, ¿Qué hay de tu viaje a Bostón? – Pidió saber August indeciso.

- Tendré que hacerlo en otro momento. – Dijo Killian tristemente.

Y tendría que ser así, el destino estaba en su contra. Él no quería dejar de ir a ver a Emma, pero tampoco podía dejar que a su tío le pasara algo si el podía ayudar. Tenía que usar su dinero para la operación de Marco, a pesar de que le dolía alargar sus planes de ir a Emma y poder tenerla en sus brazos.

Killian se puso a patear penales para descargar su enojo. Cada pelota que pateaba, salía despedida con gran fuerza y furia. Necesitaba descargar su frustración de que sus planes se hayan arruinado. De repente sintió unas manos tocando sus hombros con delicadeza, suspiró y se dio vuelta para enfrentarla.

- ¿Qué pasa? ¿Estás bien? – Cuestionó ella con preocupación.

- No. – Negó él descansado su frente contra la de ella. – No puedo ir a Bostón. – Confesó con tristeza.

- Ohh… - Dijo ella mirándolo con confusión y desilusión.

- Mi tío está enfermo y necesita tener una operación muy cara para recuperarse. – Explicó él agarrando las manos de ella, para poder descargar algo de la tensión que sentía.

- Entonces usarás el dinero para la operación. – Dijo ella comprendiendo lo que él quería decirle.

- Lo siento. – Se disculpó él sin poder contener las lágrimas que escapan de sus ojos.

- No lo hagas. – Dijo ella secándole las lágrimas suavemente. – Es tu tío, tu familia, está bien que lo ayudes. – Aseguró ella.

- Pero, ¿Qué hay de nosotros? – Preguntó él con la voz temblorosa.

- Tendremos que seguir esperando. – Dijo ella dando un largo suspiro.

El resto del sueño se mantuvieron abrazados, como si tendrían miedo de perder al otro, miedo de que nunca puedan tener eso en la vida real.

Marco fue operado una semana más tarde y se recuperó cuando terminaron las vacaciones de verano. Las vacaciones habían terminado y Killian tenía que enfrentar su último año de colegio. Un año más sin Emma, un año e incluso tal vez más. Porque cuando termine la secundaria iba a enlistarse en la marina, y no iba a poder abandonar su servicio por los siguientes dos años.


Emma tenía quince años cuando pensó que finalmente iba a poder conocer a Killian. Cuando descubrió que él tenía pensado trabajar el verano para poder ir a verla, comprendió que sus sentimientos eran reales. Se amaban, a pesar de que solo se conocían por sueños se amaban. Emma estaba viviendo en una de esas familias malas en ese momento, pero saber que en un par de meses Killian iba a estar con ella le dio fuerzas para soportar el maltrato que recibía. Emma no siempre le contaba a Killian sobre los episodios donde era lastimada, porque no quería preocuparlo. En vez de contarle de los problemas en su casa, le contaba sobre los libros que leía o las cosas que hacía en el colegio. Killian le mandaba fotos de él en el trabajo y eso la hacía sonreír, pronto no lo vería por fotos ni por sueños, sino frente a frente.

Todo se derrumbó cuando Killian le dijo que finalmente no iba a ir a verla, que el dinero que había estado ahorrando para ir a Bostón iba a tener que usarlo en la operación de su tío Marco. Emma comprendía perfectamente la situación y compartía la prioridad, pero de todas maneras se sentía triste. ¿Podrían algún día estar juntos?

Killian la mantuvo informada de cómo estaba su tío. Le mando fotos del hospital y le contó sus planes de enlistarse en la marina una vez que termine su nuevo año escolar. Emma siempre había sabido que Killian iba a enlistarse en la marina, pero está vez la idea le cayó con más fuerzas y dolor. Killian iba a tener que pasar mínimo dos años en la marina para poder dejar sus obligaciones, y eso significaba que iban a tener que pasar más tiempo separados. Emma nunca lo había tenido, y ya tenía miedo de perderlo. ¿Cómo iba a hacer para poder vivir con el miedo de nunca encontrarlo en la vida real?

Emma se despertó y comprobó que estaba en su habitación. Intentó levantarse del piso, pero un fuerte dolor invadió su brazo. Se ayudó con la pared y logro ponerse de pie. Miró su brazo, estaba descolocado y lleno de moretones, consecuencia de una pelea que había tenido con su padre adoptivo Tom.

- ¿Qué te pasó? – Preguntó él mirando su brazo con gran preocupación.

- Se me descolocó el brazo. – Respondió ella enfrentándolo.

- Si, me doy cuenta de eso. – Asistió él agarrando el brazo de ella con delicadeza. – Pero, ¿Cómo? – Pidió saber él.

- Tuve una pelea con mi padre adoptivo. – Confesó ella algo avergonzada.

- ¿Hace cuánto esta pasando esto? – Preguntó él sospechando que esa no era la primera vez que se peleaba con ese hombre.

- Desde antes que hayas comenzado a trabajar. – Admitió ella mordiéndose el labio de los nervios.

- ¿Por qué no me dijiste? – Preguntó él sorprendido de que se lo haya ocultado por tanto tiempo.

- Porque no quería preocuparte. – Respondió ella con sinceridad. – Aparte, ¿De qué cambia que lo sepas si no podes hacer nada al respecto? – Agregó ella con un tono agridulce.

- Se que tu vida es difícil y triste Emma. – Dijo él agarrando la cara de ella para que puedan verse a los ojos. – Pero te prometo que un día vamos a estar juntos y vamos a ser felices. – Aseguró él emotivamente.

- ¿Cómo podes estar tan seguro de eso? – Preguntó ella.

- Porque te amo y vos Emma sos mi final feliz. – Contestó él con honestidad.

Emma unió sus labios en un beso cargado de emociones. Alivio, dolor, amor, tristeza, impotencia. El beso sabía a sal por las lágrimas que ambos estaban derramando. Saber que ella era el final feliz de él le devolvió cierta calma y seguridad. Ellos se amaban, así que las cosas no podrían ser tan malas, ¿Cierto?

Emma tenía dieciséis años y seguía viviendo en lo de los Hank. Tom y su esposa Dianna eran personas detestabeles. Emma esperaba no tener que pasar mucho más tiempo allí, esperaba que Lilith decida pronto enviarla a otra familia o a otro hogar de niños. Todas las semanas se encontraba en alguna situación donde terminaba lastimada. A partir de que Killian había visto su brazo descolocado en su sueño, había empezado a contarle cada uno de los horribles episodios que vivía. Finalmente Killian la convenció para contarle a Lilith lo que pasaba. Emma fue a la oficina de su trabajadora social y le contó todos el mal trato que estaba recibiendo. Lilith le dijo que no se preocupara, que iba a buscarle un nuevo lugar a donde ir.

¿Alguna vez encontraría un lugar a donde ir del cual no tenga que irse? ¿Alguna vez encontraría un verdadero lugar a donde pertenecer? Esas era lo que siempre la atormentaba y preocupaba. Sentía que Killian era su lugar, pero no podía ser así, no debía ser así. Los sueños no eran suficiente, tenía que haber más, tenían que poder encontrarse en la vida real también. Mientras pensaba todas esas cuestiones, entró a su casa. Era el último día que iba a pasar con los Hank, así que se sentía aliviada. O al menos se sentía así hasta que Tom la agarró fuertemente de los brazos y la acorraló contra la pared.

- ¿Qué haces? – Preguntó ella frustrada. - ¡Soltame! ¡Déjame ir! – Exclamó con miedo.

- ¡¿Te pensas que te vas a librar tan fácilmente de esto?! ¡¿Qué lo que hiciste no iba a tener consecuencias?! – Cuestionó él a los gritos, dejando que ella sienta su aliento a alcohol.

- ¡Soltame! – Exigió ella intentando escapar.

- Por tu culpa no nos dejaran volver a tener chicos adoptivos en casa. – Dijo él agarrándola con fuerzas para impedirle escapar. – Ya que no recibiremos más plata, por lo menos me merezco recibir algo de vos. – Explicó él dándole un beso en el cuello y pasando sus manos por debajo de la remera de ella.

Emma sintió pánico y miedo. Esas caricias y esos besos estaban mal, estaban pésimamente mal. Tenía que escapar antes de que fuera tarde, tenía que evitar que la situación siga avanzando y la rompa más de lo que ya estaba. Reaccionando a puro instinto, le mordió los labios con fuerza, lo empujó para alejarlo de su lado y le pegó una patada en la ingle. Al estar tan borracho Tom no pudo defenderse, dándole la posibilidad a ella de escapar. Emma se fue de lo de los Hank ese día y durmió en la calle hasta que Lilith fue a buscarla.

Emma preparó y decoró el ambiente como lo necesitaba. Un campo lleno de flores de colores. Una manta en el medio y miles de velas iluminando el campo, que pronto iba a quedar a oscuras tras el atardecer. Se sentía lista y segura. Necesitaba sentir lo que era que alguien la ame bien, y estaba segura que Killian era la persona correcta.

- ¿Qué es todo esto? – Preguntó él maravillado al ver como ella había preparado todo.

- Estoy lista para avanzar en nuestra relación. – Confesó ella invadiendo el espacio personal de él.

- Emma, ¿Estás segura? – Pidió saber él y ella asistió con su cabeza. – No quiero que hagas nada que no quieras, ni que te sientas presionada. Yo por vos esperaría toda la vida. – Aseguró con sinceridad acariciándole las mejillas y el cabello.

- Toda la vida es mucho tiempo y yo no quiero esperar más. – Admitió ella sonrojándose. – Quiero que me hagas el amor Killian, aún si esto es solo un sueño quiero que lo hagas. – Pidió rozando su nariz contra la de él.

- Te amo. – Dijo él y le dio un beso tierno en los labios.

- Y yo te amo a vos. – Dijo ella.

Emma rodeó el cuerpo de él con sus brazos y lo besó con pasión. Se tomaron todo el tiempo que desearon para descubrirse, conocerse y probarse. Era la primera vez de ambos y era en un sueño, pero era real y lo sentían. Estaban conectados y el amor que había en ellos trascendía toda noción de espacio y tiempo.

Emma se despertó y sonrió al comprobar que lo que había vivido en el sueño había sido real, como una especie de realidad paralela. Tenía las marcas que Killian había dejado en su cuerpo, muestras de su amor y todavía podía sentir el perfume de él en su piel. Al parecer había sueños tan profundos, que eran capaces de seguirlo a uno a todos lados.