Capítulo 4: Ineluctable ruptura
Ahora ¿Cuál es el sabor del café? Aunque tuviera el líquido obscuro en su boca parecía que lo había olvidado, lo único que detectaba era un resabio insípido en los costados de la lengua, una sensación un poco fuerte cerca de la garganta y lo demás lo sentía adormilado a causa de calor, ¿A dónde se había ido esa sensación exquisita que le hacía probar la gloria?
—¿Me estás escuchando? —A través de la aguda nota del saxofón la voz de su acompañante le golpeó en los oídos.
—Sí, tienes razón, hay que ir a investigar —respondió mecánicamente—. Haré los preparativos para ello. —No había escuchado las últimas frases, sin embargo, creía recordar el contexto general de la plática y desde que Kaito había comenzando a plantearle sus dudas, él había decidido que lo mejor era que los dos investigaran a fondo.
—No estaba hablando de eso —aseveró el hombre de ojos azules, dejando su vaso de ron en la barra del bar—. Déjame adivinar —su compañero se giró para mirarle de frente y entrecerrar los ojos—. Recibiste una carta de Rai. —Zero frunció el ceño—. Yo también recibí una, no eres su único amor —se burló. El joven cazador puso los ojos en blanco antes de lanzar un bufido.
La relación entre Sayori y Kaito era extraña, desde el simple hecho de que él la llamaba de otra manera hasta el hecho de no tener idea de cómo terminaron siendo amigos esos dos… pese a que había preguntado en varias ocasiones, Sayori siempre se limitaba a sonreír para luego decir que Zero no era único con el que Kaito era agradable. Aparentemente se llevaban tan bien que solían salir a pasear de tanto en tanto teniendo ratos agradables, no sabía cómo eran el uno con el otro, en realidad no sabía nada de lo que sucedía entre esos dos. Incluso pensaba que ni siquiera Han… Aidou estaba enterado. Sencillamente cuando se juntaban, gravitaba a su alrededor cierta atmosfera que le hacía sentirse un completo extraño, casi un intruso. En cuanto al cambio de nombre, Sayori le había dicho que Kaito no quería llamarle como lo hacían los vampiros, así que decidió usar otra forma de leer el kanji de su nombre.
Al inicio se había sentido preocupado por Sayori, tras el intento casi homicida de Kaito de provocar a los sangrepura al llevarla a la fiesta de los vampiros, la verdad es que dudaba que las intenciones del cazador para con la humana fueran buenas. Empero, por mucho que preguntara se topaba con pared, hasta que un día dejó de darle tantas vueltas al asunto, decidió que si ella no quería que él se enterara, él no tenía porque andar husmeando, cualquier cosa que necesitara saber se lo diría, además por aquellos entonces estaba más preocupado por la cercanía que Wakaba tenía con Aidou.
—No puedes hacer nada, si no quieres hacerlo —murmuró el cazador sorbiendo su copa de ron—. Deja de mirarme como si no te enteraras. No irás a Rusia, si hubieses querido lo hubieras hecho desde que te enteraste que estaba allá. —Zero tensó la mandíbula, Kaito no entendía nada—. Ella tomó esa decisión, te guste o no y si no tuviste el valor para hacerla cambiar de opinión, bueno, pues te jodes ahora.
—¿Cómo puedes decir eso? —estalló Kiryuu—. ¿Está bien que esté allá? Donde está sola, donde está llorando, donde está sufriendo.
Kaito suspiró, soltó el vaso de ron vacío sobre la mesa.
—Está donde quiso estar, nadie le dijo que se fuera.
No, él no sabía nada de lo que estaba sucediendo a su alrededor. ¿Cómo es que nadie podía verlo? ¿Cómo es que todos estaban tan ciegos?
—¡Por favor! Esos Aidou hablaban mierda cada vez que se la topaban, incluso esa estirada de Souen no sabía otra canción —exclamó derramando un poco de café sobre la barra—, todo el tiempo la presionaban para que rompiera su relación, y el muy tarado de Aidou vivía en su eterno mundo de fantasía: un día cambiará todo, el día de hoy mi hermana ha dicho que te queda bien el vestido, mi madre ha alabado tu trabajo.
—Yo también estuve ahí —señaló Kaito—, no digo que Aidou sea el inocente, creo que es un grandísimo idiota. Siempre se lo dije: es demasiado inmaduro para afrontar esta situación, pero ella también soñaba en que ese mundo de fantasía del que tanto hablaba Aidou, se volviera real. Fue muy duro volver a la realidad, no podía soportarlo ¿quién soportaría semejante infierno? Irse… quizás no fuera lo más sensato, pero ella necesitaba hacerlo y asegurarse de que él no le seguiría los pasos.
Zero apretó la taza de café medio vacía entre sus manos. Sayori se estaba ahogando, esa era la verdad, bajo la fachada sonriente de la incansable guerrera estaba una joven que poco a poco perdía la fuerza para seguir saliendo a flote. Dile, dile, dile. Cada vez que ella dejaba caer sus lágrimas en el pan y la mantequilla, Zero le rogaba que le dijera a Hanabusa lo que realmente estaba pasando con su familia, pero ella no quería, no quería separarlo de sus amados padres, de sus preciadas hermanas, de sus incondicionales primos, de su encumbrado héroe sangrepura. Ellos lograrían de alguna manera, sortear todos los males que les rodeaban, de alguna inesperada manera lo lograrían. Pero no fue así, Yori.
—Aún así, si Aidou hubiera tenido el valor de abrir los ojos ante la verdad, entonces ella no hubiera sufrido. Si hubiese sido suficiente hombre o vampiro o lo que sea para afrontar la situación, ella no habría sufrido —declaró el joven de ojos violeta dejando que el enojo permeara sobre su faz. No importa qué, no importa el cómo, Aidou tuvo la culpa, él le destrozó el corazón a Sayori.
Takamiya tamborileó los dedos sobre la mesa. El bartender le llenó el vaso de ron una vez más. El cazador tomó un largo trago antes de observar al joven de cabello platinado.
—No lo sé —contestó—. Las personas se cansan, Zero, se cansan de soñar para ser decepcionadas. La familia Aidou era un problema, pero también estaba su familia. —A Kiryuu se le revolvía el estómago de recordarlo, los gritos desaforados de su padre diciéndole que era una ramera que fornicaba con el diablo, los ojos decepcionados de su madre quien bajaba la mirada ante semejantes espectáculos, nunca le reprochó nada a Sayori, pero tampoco le dio aliento. Las constantes cartas que llegaban a su trabajo pidiéndole que asumiera el mando de las acciones de los Wakaba, que salvara a los trabajadores que la habían visto crecer, de la ruina a la que los había llevado el señor Wakaba—. No sin olvidar la rigidez de la alta alcurnia nocturna y la inflexibilidad de Kuran. —Los vampiros podían aceptar no beber del cuello de los humanos, aceptaban que estaba bien convivir con ellos, pero nunca aceptarían mezclarse con una raza inferior. Se podía jugar con los humanos; mas nunca tratarlos como iguales. Y Kuran estaba demasiado ocupado tratando de mantener su frágil mundo para notar la desgracia de los demás… si se daba cuenta, la verdad es que él tampoco sabía lidiar con la tragedia, sólo redoblaba los esfuerzos en la espera de que no volviera a suceder.
—Él lo sabía desde el inicio, debió hacer algo más para hacerla feliz, debió darse cuenta.
—¿Por qué crees que basta con darse cuenta de la realidad? —El muchacho iba responder, pero Takamiya se lo impidió—. A la gente no le gusta la realidad, Zero, aunque la tenga enfrente de sus narices. ¿Crees que era suficiente con que Aidou se alejara de su familia o la protegiera de todos esos comentarios? —Rió, el hombre de cabello castaño volvió a dejar el vaso de ron vacío sobre la barra del bar—. El mundo, la realidad, es mucho más que eso, va mucho más allá de eso.
—Lo sé… sé que no era suficiente, pero sí se algo, él le hizo daño.
—Tenían una relación amorosa, Zero, siempre hay alguien que sale lastimado. Tener novia no es pétalos de rosas y caricias.
—¡Lo sé! —bramó exasperado. El bartender se giró hacia ellos, Kaito le pidió otro trago. Kiryuu alejó su taza de café casi vacía de sí mismo. El otro cazador volvió a insistir con su vaso de ron vacío antes de que le sirvieran.
—¿Cuándo viviste con una mujer? Eso seguro que me lo he perdido. —Kiryuu bufó reacomodándose en la silla, vale, no tenía puta idea de cómo era vivir una relación de ese modo, pero sí sabía que no sería como Aidou—. Tú mejor que nadie sabes que no es suficiente con querer a alguien con todo el corazón, no importa si la amas con tanta intensidad que duele a tal grado de no saber si morir o continuar.
—Así que por ti está bien todo esto, está bien que él no haya hecho nada y que ella esté con ese… tipo.
—No, Zero… escucha, no importa que piense del rubiolas o de ella. Rai tomó una decisión y eso lo respeto —le aclaró a su compañero quien estaba empecinado en no quitar el dedo del renglón—. ¿Pude haberla hecho cambiar de parecer? Tal vez, pero ¿Cómo? Ella estaba destrozada, Zero, destrozada física y emocionalmente. No te imaginas, no me imagino qué es pasar por lo que sucedió… ¿Qué podía hacer? Tomarla en mis brazos y decirle: no te preocupes todo está bien.
—Ellos sólo terminaron… no era para tanto, bueno sus familias y amigos eran una mierda, pero ¿era necesario eso? ¿Era necesario que nos dejara?
Por un momento ambos se observaron en silencio, notando que parecía que estaban hablando en frecuencias diferentes.
Esta vez fue Kaito quien bufó, en realidad hizo un sonido entre una risa y una exhalación enojada.
—Sé que la necesitas —por fin dijo Takamiya, aunque no sonaba molesto—, yo también la extraño, pero… ella no tenía a nadie. —El chico de ojos lilas dio un respingo—. Sí, nos tenía a nosotros, pero lo único que podíamos ofrecerle era un hombro en donde llorar, eso cuando tuviéramos las noches libres, es decir un par de días al mes. Ella necesitaba más que eso, además de protección que no se la podríamos dar.
—Podría…
—No, nunca le darías lo que necesitaba, la quieres, la quieres mucho, pero nunca de la forma que ella lo requería. Eso lo sabes muy bien. —Kaito hablaba como si lo único que una mujer necesitaba era un hombre que la quisiera carnalmente, pero estaba equivocado, los amigos también eran necesarios—. Hay cosas que podrías haber hecho y hay otras cosas que no, esta era una de esas cosas que estaban fuera de nuestras manos.
—Ella se pudo haber quedado, si no quería que él la persiguiera hubiera puesto una barrera para lograrlo, no tenía que volver a casa podía quedarse con nosotros, no tenía que casarse con un desconocido en una tierra lejana —declaró con ímpetu. Le dolía, le desgarraba haber perdido a una querida amiga por culpa de los vampiros, pero todavía más le hería que ella no hubiera pedido su ayuda.
—No sabes nada, Zero, no sabes nada —contestó Kaito lamentándose sobre su vaso de ron.
•••
Cuando leyó la noticia en el periódico había sonreído ligeramente antes de comentar que era algo por lo que debían alegrarse. Nadie lo había creído, pero él se aferró a la idea con tanta fuerza que creyó internamente en su propia mentira, sintió que de alguna manera en el fondo sí pensaba eso. Ahora en medio de la noche, cuando no tenía nadie con quien conversar, nadie con quien reír, ningún problema que arreglar, sólo podía volver sus pensamientos hacia ella, hacia lo que había dejado escapar.
De alguna manera había pensando que si le daba el tiempo suficiente, entonces las cosas se calmarían y podrían arreglarse. ¿Qué era un matrimonio sino un pedazo de papel? Era un contrato, fruto del ingenio humano para retener sus posesiones materiales dentro de un círculo selecto, y así como se creaba por medio de una firma, podría disolverse por medio de la misma firma. Esa era su esperanza, que un día cuando ella hubiera probado la frialdad del país del Kremlin, cuando se cansara de su comida grasosa, de sus largos inviernos, de su idioma con doce declinaciones entonces volviera a él o él iría a ella para recordarle que el hielo también puede ser cálido, también puede ser bello. Pero ahora, ahora sentía que la había perdido para siempre.
Un niño, ella estaba esperando un niño. ¿Cuántas veces había hablado de la familia? ¿Cuántas noches había fantaseado con la idea? Casi hasta podían visualizarlos corriendo a su alrededor, con los cabellos rubios y rizados, adornando grandes ojos claros, aprendiendo a controlar sus poderes, tomando la fuerza vital con delicadeza, ayudándolos a lidiar con sus colmillos. Ellos habían soñado toda una vida, ellos habían imaginado todo un camino de la mano…
¿A dónde había ido el amor?
La luna en su cuarto menguante huía de su pregunta o quizás no quería arrancarle el corazón una vez más. Volviéndose hacia las sombras se acurrucó en sus plegarias, pero no había oración para sus pensamientos. No había nadie que escuchara sus lamentos. ¿Quién podría escuchar a un monstruo sin fe? Él no estaba hecho para ese tipo de vida, el hongo no evoluciona a pez sólo porque así lo desea, ni el león se convierte en elefante sólo porque no quiere tener melena. Un noble no puede tener una esposa humana, porque no era lo correcto, no para la casa regente.
No podía cambiar quien era sólo por amor.
Se llevó las manos al rostro lamentándose por todo lo ocurrido, quizás si hubiera escuchado con mayor atención, quizás si hubiera hecho algo más… ¿por qué tenía que ser así? ¿Por qué tenía que darle tantas vueltas al asunto? ¿Por qué se sentía en uno de sus experimentos fallidos donde tras revisar paso a paso encontraría la respuesta? ¿Lo haría? ¿Encontraría el momento en que todo se había roto? ¿Qué podría hacer con eso?
Ella estaba a miles de millas de él, con un hombre que le había dado todo lo que él no podía darle. No volvería a él, nunca.
Nunca, era una cantidad de tiempo demasiado largo. Era la primera vez que el tiempo le parecía pesado.
Cerró los ojos deseando poder respirar con tranquilidad, deseó olvidarse de todo aquello, ya había terminado, todo había acabado, ya lo había comprendido ¿por qué seguía sintiéndose así?
Cuando abrió los ojos lo tapices del medio oriente se distorsionaban confundiéndose con el mármol del piso y los muebles de maderas finas. Al caer la primera gota al suelo sintió un agudo dolor en el pecho que lo estrangulaba, cuando la segunda se derramó de su rostro hacia abajo, la respiración se le entrecortaba. La garganta le dolía, no obstante, no tenía sed. Trató de dejar el aire entrar en su cuerpo, pero sentía que se ahogaba, abrió la boca, la primera vez que aspiró el aire sintió que los pulmones le ardían, así que dejó escapar un quejido lastimero.
Era tanto su dolor que se dejó caer en cuclillas al suelo, si era por un malestar físico, incluso un noble podía externarlo. Si estaba llorando como un niño de tres años, era porque no podía más con tal agonía.
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Ojalá estuvieras aquí para ver lo que mis ojos ven, para caminar sobre las huellas que dejan mis pies en la nieve, para tocar lo que mis dedos recorren en medio de la noche, para repetir conmigo las palabras desconocidas. Ojalá estuvieras aquí a mi lado para darme ánimo mientras te preparo una taza de café y mordisqueas una tostada a medio preparar.
Ojalá, ojalá, ojalá. Ojalá no sintiera esta imperiosa necesidad de pensar en un presente diferente Con la ventana de mi cuarto abierta me pregunto ¿dónde estaría si hubiera caminado a la izquierda y no a la derecha? ¿A dónde habríamos llegado si nos hubiéramos sentado en vez de seguir andando? El viento helado lo único que me responde con una vieja canción que entiendo a medias, cuando abres la ventana ¿qué es lo que la naturaleza te responde?
No te diré ¿cómo estás?, tampoco si estás enojado conmigo o si aún me extrañas, aunque en este instante sienta ganas de interrogarte hasta el amanecer, no estoy segura de poder escucharte hasta el final. Tengo tantas dudas y tan pocas ganas de saber las respuestas. ¿Quiero saberlas? Me pregunto todas las noches, pero lo único que me llego a responder es que ya no hay marcha atrás y que necesito continuar este camino que he elegido. Sé que quizás no te guste, que quizás me odias y te cuestionas por qué no fui hacia otro lado.
Deseo, deseo, deseo. Deseo poder salir triunfante de esta guerra interna sin sentirme egoísta. ¿Puedo? ¿Puedo pretender que hice lo correcto? ¿Qué no te herí lo suficiente para que me odies? ¿Qué cuando te vea de nuevo todo esto haya quedado en el pasado?
Hay cosas que me gustaría decirte, no obstante, me gustaría más olvidarlas. Observa conmigo por la ventana abierta de par en par, las estrellas, y dime si el cielo que tú miras no es el mismo cielo que el mío. ¿Acaso no es bello? ¿No es majestuoso? La vida tiene miles de cosas maravillosas, Zero. No importa cuántas veces te caigas, cuántas veces las cosas no acaben como tú querías, los milagros en este mundo siguen existiendo, sólo hay que saberlos apreciar.
¿Es demasiado pedir que la lluvia borre nuestros pesarosos andares? Entonces quizás un día te des cuenta de que las cosas vistas desde una colina nueva y tras la tormenta tienen colores distintos. No te digo que perdones todo, sólo te pido que dejes que el río siga su cauce a dónde sea que este vaya y cuando lo veas desembocar en el mar pienses: ahora ¿cuál es el sabor del café?
Zero guardó la carta en su escritorio, caminó hacia el alfeizar de la venta abierta y se recargó en él con un vaso de ron en la mano. Una gota de lluvia entró por la ventana, después de esta varias más humedecieron la madera. No había estrellas aquella noche, pero sabía que estaban detrás de las densas nubes grises.
Esa noche no tenía idea de a qué sabía el café, pero lo que sí sabía era que el ron le daba más calor.
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¡Oh! Un capítulo terminado en tan pocas horas, hace mucho que no me sucedía esto, además he quedado contenta con el resultado. Uhm, en fin ¿Qué opinan ustedes? Ya por fin vemos un poco las cosas desde el punto de vista de Yori, quizás ya se pueden hacer más a la idea de porqué ella decidió terminar con Aidou y bueno, como ven no es por una sola razón, sino que son por varias. Aun me queda la duda si hacerlas todas explícitas o con esto sea suficiente, uhm, habría que meditarlo, de cualquier forma cualquier sugerencia es bien recibida.
¿Qué les pareció la aparición de Kaito? Yo amo mucho a ese personaje, así que no pude dejar pasar la oportunidad de escribir algo sobre de él. Ya sé que muchos lo ponen como la pareja de Sayori, no me agrada la pareja, pero tampoco me desagrada. Sencillamente me apeteció escribir de él, además porque creo que Zero se siente más cómodo con Kaito a su lado que con otros personajes, so, podría sentirse con más libertad para hablar.
Gracias a todas las personas que se han tomado la molestia de dejar sus comentarios y hacerme saber que no han olvidado esta historia, yo tampoco la olvido, aunque a veces parezca lo contrario. Ya sólo nos queda un capítulo para el final… ¡yeeeh! Así que espero continúen con la historia hasta la recta final. Yo espero sacar el capítulo cuanto antes, no prometeré una fecha porque soy terrible para esas cosas, lo que sí quiero es terminar esta historia antes de vacaciones.
Kasandra-valery, Artemisa-Cazadora, Sui24, airi, Lilith Kiryu y Black-Rose-Of-The-Red Moon por sus reviews, tomo nota de todo lo que dicen y espero las respuestas a sus comentarios ya hayan llegado.
