Holaaaa!
los personajes de esta historia no me perteneces son creacion de Rumiko Takahashi, la historia tampoco me pertenece yo solo uno y juego un poco con la historia y los personajes.. el nombre de la novela y su autora los publicare cuando termine la adaptacion :D
lo siento el capitulo pasado se me paso poner (lo siento todo culpa de mi olvidadisa cabeza) la definicion de Opípara asi que aqui se las dejo
Opípara* es una comida realmente generosa y muy buena (para las que no lo sabian)
Bueno hoy es viernes apartir de hoy voy a empezar apublicar los dias que dije: Lunes Miercoles Y Viernes sin mas aqui esta otro capitulo espero que lo disfruten :D...
§:§:§ Capitulo 3 §:§:§
Alguien la observaba. Kagome sentía la fuerza de unos ojos misteriosos. Nada que ver con las miradas vagamente paternalistas de los ricachones que estaban en aquella fiesta para apoyar una obra benéfica.
Sintió la intensidad de aquella mirada que parecía atravesarla por la espalda. Sintió su desprecio frío y calculador. ¡Qué repelús! Se estremeció por dentro. Sin duda no era más que su imaginación. ¡Qué iba a ser si no!
Molesta consigo misma, con el cansancio que le hacía imaginar cosas, hizo todo lo posible por ignorar esa molesta sensación. Estaba agotada, eso era todo.
En su trabajo de editora social, además del recientemente adquirido título de editora de modas, había hecho recuento de los nombres y títulos de las personalidades más destacadas, además de todos los detalles de lo que llevaban puesto las mujeres. Shippo, su fotógrafo, tenía las fotografías. Lo buscaría y le diría que su jornada había terminado. Estaba tan cansada que las piernas apenas sostenían su complexión menuda. Si las cosas en LifeShikon's continuaban así, se encontraría sustituyendo en cada departamento y trabajando doce horas, ocho días a la semana. Los editores con experiencia habían empezado a abandonar en masa; como las ratas abandonaban un barco qué se hundía, tal y como decía su padre cada vez que alguien le dejaba una carta de dimisión en la mesa de su despacho.
E1 bullicio de la alta sociedad le había proporcionado un estupendo dolor de cabeza, y estaba deseando regresar a la tranquilidad de su apartamento. Con aquel vestido negro que realzaba su esbelta figura, Kagome se dio la vuelta muy derecha y se encaminó hacia el magnífico bufete. Encontró a Shippo, como había adivinado, engullendo canapés como si llevara quince días sin comer.
- Me marcho - le dijo, y sacudió la cabeza cuando él le ofreció una copa de vino - Tenemos todo lo que necesitamos.
Aunque, la verdad, se sentía impotente de no poder hacer más para que las ventas aumentaran con el número del mes siguiente. Shippo la miró a la cara con sus grandes ojos verdes.
-Pareces agotada. ¡Deberías buscarte un trabajo como Dios manda! - dejó de comer para beber un poco de vino - Espera un poco y te llevaré a casa. Supongo que estoy invitado a tu fiesta de compromiso de mañana.
—Por supuesto. Cuantos más, mejor.
Kagome esbozó entonces la primera sonrisa genuina de la noche, y experimentó un calor reconfortante que ahogó la molesta sensación de ser observada.
«Querido Koga»... Haría lo posible por ser una buena esposa para él. Ninguno de los dos sentía por el otro una gran pasión y eso, tal y como habían decidido ellos, era una ventaja añadida. Lo habían hablado detenidamente y ambos lo habían aceptado así. El suyo sería un matrimonio donde el afecto y el respeto sería lo único que esperaría el uno del otro. No sabía Koga, pero suponía que era demasiado práctico como para experimentar emociones fuertes; y en cuanto a ella, los acontecimientos de cinco años atrás le habían hecho darle la espalda al concepto de amor apasionado. Jamás volvería a sentir nada tan profundo por alguien como lo que había sentido por aquel joven español, lo cual era una bendición. Cuanto más fuerte eran las emociones, mayor el dolor. La inquietante sensación de ser observada volvió a molestarla. Lo detestaba y le daba miedo. Esa sensación inquietante enturbiaba todos aquellos pensamientos reconfortantes relacionados con Koga y con la vida que juntos habían planeado.
-Creo que prefiero marcharme sola -le dijo de pronto a Shippo - Tomaré un taxi. ¡Hasta luego!
Se iría a casa a descansar antes de que su imaginación consiguiera que se volviera loca. Pero cuando se dio la vuelta no pudo contener un grito de sorpresa: un par de ojos dorados la miraban con frialdad.
Estaba tal y como lo recordaba, pero con ligeros y sorprendentes cambios en su aspecto: una elegancia altiva, que le hacía aparentar más de veintisiete años, y a la que se añadía un traje oscuro a medida que enfatizaba el efecto imponente de un hombre que derrochaba seguridad en sí mismo por los cuatro costados.
La cara de Inuyasha transmitía arrogancia y frialdad; los ojos negros entrecerrados observaban su palidez creciente.
-¡Inuyasha! - Se le escapó el nombre en un suspiro tembloroso, y en su interior se desató el caos. Él la miró con desdén, se dio media vuelta y se alejó de ella abriéndose paso a través de los grupos de invitados como si no le importara no haberle dirigido siquiera una palabra. Sango estaba tirada en el sofá del apartamento minúsculo que las dos compartían cerca de Clapham Common.
-¡Dios mío, Kagome, qué cara traes! -se incorporó-. ¿Qué ha pasado? ¿Se te ha insinuado Shippo otra vez? , ¿Quieres que llame a Koga para que le dé una bofetada?
Kagome torció el gesto como siempre Sango no se enteraba de nada, aunque, el despiste de su amiga resultaba conveniente para darle tiempo a recuperarse del acontecimiento principal de la velada: el haber visto al amor de su vida otra vez y de cerca.
-¡No, nada por el estilo! -dejó el bolso en el suelo y se sentó en una butaca - Estas fiestas de sociedad son un auténtico aburrimiento.
-¡Culpa tuya! -señaló Sango - Jamás deberías haberte puesto a trabajar en la revista. Intentaron obligarme a mí a hacerlo, acuérdate, pero yo preferí seguir con mi carrera de fisioterapia.
Kagome se encogió de hombros y se quitó los zapatos. Nunca había llegado a la universidad. A la vuelta de Italia, su padre le había pedido que se replanteara su futuro.
La editorial atravesaba momentos difíciles. Estaban recortando, vendiendo o cerrando otras publicaciones menores y centrándose en LifeShikon's. Sólo tenían que apretarse un poco el cinturón. Era su deber ayudar a su padre a cambio de un sueldo irrisorio y hacer lo posible para ayudarlo a sacar la empresa de nuevo a flote.
En ese momento se había sentido demasiado agotada emocionalmente como para pelear por sus deseos, sin saber verdaderamente lo que quería en realidad.
—Supongo que tienes razón.
Kagome empezó a quitarse las horquillas que le sujetaban su larga melena Azabache. Estaba dudando si contarle a su amiga que había visto a Inuyasha Taisho cuando vio dos copas de champán sobre la mesa de centro. Miró a su amiga con expresión interrogante.
Sanog se ruborizó y se echó a reír.
-Miroku me ha pedido en matrimonio esta noche. ¡Y yo he aceptado! -exclamó con emoción.
Kagome se olvidó de su malestar, se puso de pie y le dio a su amiga un abrazo grande; se sentó junto a ella en el sofá y la miró con expectación.
- Es la mejor noticia que he oído en mucho tiempo - Sango llevaba más de un año saliendo con Miroku, un atractivo médico, y estaba locamente enamorada de él.
-Me alegro tanto por ti -dijo Kagome. ¡Cuéntame más cosas!
-Le han ofrecido una plaza en Cornualles, en una zona maravillosa del campo -estiró el brazo para alcanzar la botella. Hace un rato lo llamaron y tuvo que marcharse... Vas a tener que celebrarlo conmigo. ¡No quiero emborracharme sola! -el corcho rebotó de una pared a otra de la habitación. Vamos a ir a buscar casa por ahí -le confió Sango con emoción. Ya me veo siendo la esposa de un médico rural; tendré un montón de hijos, usaré faldas de tweed y chalecos de esos verdes guateados. ¡Y sombreros con plumas! Kagome sonrió y dio un sorbo de champán. A Koga y a ella no les interesaba el romanticismo, ni la emoción efímera y mágica; tan sólo el compañerismo y el apoyo mutuo...
- ¿Entonces, cuándo será el gran día? - le preguntó mientras ahogaba otra oleada de envidia.
- Dentro de tres meses. Seré una novia de verano - abrió los ojos como platos. - ¡Tendremos una boda doble! Será fantástico. Koga podría venirse aquí a vivir contigo. Ya es hora de que salga de casa de mis padres.
Kagome reflexionó sobre aquella posibilidad mientras escuchaba la cháchara de Sango sobre el vestido de novia y el destino de la luna de miel.
Koga había hablado de esperar un año para celebrar el enlace a partir del anuncio al día siguiente. De momento vivía con sus padres en Holland Park por razones puramente prácticas: el dinero que se ahorraba en alquiler y en manutención iba acumulándose agradablemente. Pero cuando Sango se marchara, Kagome tendría que seguir pagando el alquiler de aquel piso, de modo que sería tan práctico como sensato que Koga lo compartiera cuando se casaran.
Después de un par de copas más de champán, Kagome se olvidó de lo práctico y de pronto, sin saber cómo, empezó a hablar de lo que le había pasado esa noche.
-Él estaba en la fiesta benéfica de esta noche. Tal y como lo recordaba, aunque distinto.
-¿Quién? -Sango rellenó las copas mientras la miraba con expresión interrogante.
—Inuyasha - Con qué facilidad pronunció el nombre que no había salido de sus labios desde aquella noche horrible. Con qué facilidad el sonido de aquel nombre le devolvió todos los sentimientos que había creído muertos: el desengaño, la rabia, la tristeza tremenda. Animada por la mirada confundida de Sango y por la desacostumbrada ingestión de alcohol, continuó explicándole.
-Italia. ¿Te acuerdas? ¿Esas vacaciones que Koga insistió en que hiciéramos juntos?
- ¡Pues claro! - Sango se golpeó la frente con la palma de la mano - El camarero guapo de quien creías haberte enamorado locamente, el que te dejó plantada la última noche: ¡El muy sinvergüenza! Qué pequeño es el mundo... ¿Pero qué hacía allí con esa gente?
-No tengo ni la más mínima idea - Kagome dejó su copa en la mesa mientras intentaba entender por qué necesitaba hablar de él. Estaba guapísimo... bueno, digamos que parece que su carrera profesional ha mejorado a lo grande.
-¡Todo un gigoló! -soltó Sango - Espero que le dijeras cuatro cosas.
—No hablamos.
Tan sólo había mencionado su nombre.
-Pues mejor, seguramente - concedió Sango - En tu lugar yo habría hecho algo para avergonzarlo. Bueno, olvidémonos ahora de ese tipo y hablemos de algo agradable... ¿Qué tienes pensado ponerte para tu fiesta? Yo he pensado que me voy a poner el vestido de seda verde; Miroku dice que lo excita...
La casa de Holland Park estaba llena de risas y alegría. La mayoría de los invitados estaban esperando cuando llegó Kagome. Había flores por todas partes, colmando las habitaciones elegantes con su perfume. Hasta la muerte de su madre sus padres habían vivido en una casa parecida a aquélla, a menos de cinco minutos de la de los padres de Sango y Koga. Ella estaba en el internado. Apenas tenía catorce años cuando había recibido la triste noticia.
Sólo después del funeral, cuando su padre le había informado de que vendería la casa familiar para instalarse en un apartamento más acorde a la vida de un hombre solo, la magnitud de la tragedia la había golpeado. El amor de su madre siempre la había acom-pañado, y de pronto aquella mujer dulce y amable que había vivido totalmente dominada por la personalidad mucho más fuerte de su marido se había marchado. Inconscientemente había sido ingenua al creer que su padre y ella se unirían en el dolor mutuo. Pero él se estaba distanciando cada vez más, si eso era posible.
Kagome cerró los ojos brevemente, deseosa de librarse de aquellos recuerdos no deseados. ¡Aquélla era una ocasión feliz, por amor de Dios! Sonrió y le pasó su chalina a una criada, que sus futuros suegros debían de haber contratado para la velada, y fue en busca de Koga. Las habitaciones estaban llenas de gente, pero no demasiada. Los muebles habían sido retirados contra las paredes de las habitaciones y un suntuoso bufé colmaba las mesas largas del comedor, atendido por camareros uniformados. Koga y sus padres estaban cerca de uno de los altos ventanales, aparentemente manteniendo una conversación privada. Una conversación que terminó bruscamente cuando Kagome llegó junto a Koga y le tocó la manga de su americana para llamar su atención.
-¿Ocurre algo? -le preguntó ella.
Los tres parecían preocupados, pero Honor Wolf negó inmediatamente que algo fuera mal.
-¡Pues claro que no! Qué linda estás, querida. ¿Verdad, Koga? ¿Está Sango contigo? ¡Qué propio de vosotras dos llegar tarde!
-Está esperando a Miroku. Él irá a recogerla a casa antes de venir para acá. Quería llegar con él - Kagome agarró a Koga del brazo -. Supongo que sabéis la noticia.
Sabía que Honor la conocía: había estado allí cuando Sango había colgado después de hablar con su madre, con un gesto de impaciencia en la mirada mientras se encogía ligeramente de hombros.
Honor la miró.
-Pues claro. Pero no sé si la imagino como la esposa de un humilde médico de pueblo -intentó sonreír-. Supongo que el tiempo lo dirá.
- Ella está muy feliz - comentó Kagome en tono suave.
Su futura suegra era una esnob, pero tenía buenas intenciones. Jamás olvidaría la alegría con la que la mujer la había recibido durante las vacaciones del año en que murió su madre, hacía ya mucho.
En el silencio tenso que siguió a su última afirmación, aunque Kagome seguía sin imaginar por qué la familia de Sango podía sentirse intranquila por tener que admitir a un hombre como Miroku en su círculo, Kagome preguntó:
-¿Dónde está papá?
De nuevo esa misma sensación de inquietud. Arthur Wolf miró primero a su hijo y después a su mujer. Habló por primera vez desde que Kagome se había unido al grupo.
-Está en el estudio con nuestro publicista más importante. No tardará. No es lo ideal durante una celebración familiar como ésta. Pero aparentemente él no puede quedarse mucho tiempo en el Reino Unido.
-Y nosotros llevamos aquí charlando demasiado rato ya -dijo Honor-. Vamos a dar una vuelta. ¡Venga, Arthur! Puedes dar el discurso en cuanto aparezca el padre de Kagome; y supongo que él también querrá decir unas palabras. Todos los presentes lo saben, por supuesto, pero debemos hacer oficial el compromiso -sonrió mientras se llevaba a su esposo hacia los salones.
-Ocurre algo, ¿no? -le preguntó Kagome a Koga cuando los padres de éste los dejaron solos-. Al principio pensé que tus padres estaban disgustados por la boda de Sango. Pero no es eso, ¿verdad?
-Hay problemas con los ingresos de publicidad - confesó mientras bajaba la voz, claramente preocupado de que alguien pudiera oírle -. Pero no es nada que deba preocuparnos. ¿Ese vestido es nuevo? Tiene pinta de haberte costado una fortuna - Koga acababa de cambiar de tema mientras estudiaba el elegante modelo que llevaba Kagome: un vestido de chiflón en tono café pálido, de tirantes y bordado con lentejuelas.
Ella le soltó el brazo e intentó reponerse al leve fastidio que su comentario acababa de provocar. Él siempre había sido muy cuidadoso con el dinero, y a ella siempre le había hecho gracia. No esperaba que cambiara, por supuesto que no, pero le hubiera gustado que hubiera elogiado su apariencia antes de hacer ningún comentario sobre el precio del vestido.
Enseguida Kagome se dijo que no debía reaccionar así. La verdad era que entre ellos no existía esa clase de relación que exigía elogios románticos.
-¡Lo he alquilado para esta noche, pero no se lo digas a nadie! -le dijo con una sonrisa en los labios.
Kagome recibió una sonrisa como recompensa, la mano cálida de Koga que le ceñía la cintura de avispa mientras sus labios le sonreían. Entonces se dio cuenta de que había algo más.
- No seas paternalista conmigo, Koga. Si hay problemas de dinero, yo debo saberlo. Koga se encogió de hombros con inquietud, y por un momento Kagome creyó que no iba a decirle nada. Pero entonces la miró con pesar y empezó a hablar.
-No queríamos preocuparte. Después de todo, tal vez tu padre lo convenza.
-¿A quién?
-Al jefe de Tessaiga International. Está amenazándonos con retirar la publicidad de la empresa.
-¿Y eso es grave? - pregunto ella.
-¡Desde luego que sí! Artículos de cuero de alta costura, la colección de joyería de Los Clásicos, hoteles y apartamentos de lujo en todo el mundo. Si nos quitan eso, estamos en el hoyo.
-¿Tan malo es? - Kagome se mordió el labio inferior.
¿Por qué no lo había intuido? ¿Qué agencia de publicidad importante continuaría con una revista cuyas cifras de ventas habían descendido y continuaban haciéndolo?
-¿Qué posibilidades tiene papá de convencerlo?
Koga se encogió de hombros.
-¡Sabe Dios! -la retiró de la ventana-. No debería habértelo contado... No dejes que esto nos estropee la velada, Kag. Si todo va bien y LifeShikon's multiplica sus ingresos, no pasará nada. Con mi preparación y tu experiencia, encontraremos otro empleo. Ten eso en mente mientras atendemos a nuestros invitados.
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bueno un capitulo mas espero que les haya gustado, nos leemos en lunes besos ...
