Muchas gracias, Claudia Gazziero y Jime OtakuHime por vuestros ánimos. Espero que os guste (y a otros lectores) lo que viene a continuación. Sé que es muy extenso, pero no quería cortar la historia. El desarrollo de este capítulo no ha sido fácil. Además, cada vez que venía a él para "pulirlo" en algo más satisfactorio para mí, las líneas no dejaban de crecer y crecer, así que se ha convertido en un "gran" capítulo, aunque sea sólo en cuestión de extensión. Los capítulos siguientes serán más cortos. Ya nos acercamos al final. Una gran felicidad que se torna un pequeño drama para la familia Himura. No digo nada más. Que lo disfruten.
Baka: equivalente a "idiota".
Busu: lo que Yahiko solía llamar a Kaoru, "fea".
Bokken: sable de madera que suele usar Kaoru.
Kami: digamos que es como decir "Dios".
* indica que utiliza la forma de "ore" (la forma más fuerte de "yo", utilizada por Battousai. Kenshin suele utilizar "sessha": éste de aquí, una forma más humilde de referirse a uno mismo).
La historia de Rurouni Kenshin y sus personajes pertenecen a Watsuki Nobuhiro.
Capítulo 3: El nuevo camino de la espada.
(Kenshin)
El débil sol de mitad de primavera calienta mi rostro. Se está tan bien aquí, apoyado en su regazo. Casi todos los árboles han florecido, escucho correr el agua; hay tanta paz. Sin embargo, estoy preocupado. Le pasa algo a Kaoru, pero no se atreve a contármelo. Hace ya seis meses que nos casamos, pero a veces se comporta como si aún estuviera sola. Apenas come y parece más cansada, aunque eso se debe a que se despierta en mitad de la noche y ya no puede volver a dormir. No importa cuánto la abrace o la reconforte. Hasta Yahiko se ha dado cuenta. Además, ayer vino Megumi. Sé que no fue casualidad, pero todavía no ha querido decirme de qué se trata.
Aparta el pelo de mi rostro y sus dedos me acarician, recorriendo suavemente mi cicatriz. En cambio, sus ojos vuelven a estar perdidos en sus pensamientos.
—Kaoru, ¿qué te ocurre? Sé que hay algo que te inquieta —le pregunto al fin.
Súbitamente sale de su trance.
—Eh? Ah! Sí, bueno .., no.., no te preocupes. —El color sube a sus mejillas cuando me mira. Estaba tan ensimismada que no había reparado en que yo estaba allí con ella, percibiendo su inquietud y su miedo. Suspira y mira hacia un lado—. Es sólo que estoy ... abrumada".
—¿Abrumada? —me incorporo y me siento a su lado. No entiendo. Baja los ojos y retuerce sus manos con nerviosismo sobre su regazo—. Kaoru, ¿por qué vino Megumi? —digo dulcemente, colocando mi mano sobre las suyas, en un ademán para recordarle que no está sola. —Sé que últimamente no te encuentras muy bien. ¿Pasa algo? —En su rostro se dibuja una sonrisa.
—Bueno, supongo que te diste cuenta. La verdad es que vino a confirmarme algo que sospechaba hace algún tiempo. —Me mira directamente. Sus ojos azul zafiro brillan de emoción, tanto que serían capaces de encandilar al mismo sol. Aprieta mi mano y contiene el aliento. Yo trago con dificultad a causa de la sequedad de mi garganta y me preparo.
—Kenshin, ... vamos a tener un hijo.
Noto cómo se me para la respiración. ¿Un hijo? En mi mente se me agolpan miles de pensamientos. Abro la boca para decir algo, pero no me sale nada. En mi interior rugen multitud de emociones, tronando en mi pecho, en mi cabeza, como fuegos artificiales. Ella me sonríe abiertamente.
—Yo tampoco sabía qué decir. Además, sé lo mucho que esto significa para ti y estaba pensando cómo decírtelo, la verdad. —Me coge la mano y la coloca sobre su vientre—. Kenshin, dentro de unos meses vendrá al mundo una persona que será parte de ti y parte de mí. —Me lanzo sobre Kaoru, abrazándola tremendamente emocionado. ¡Un hijo!
—Gracias. Gracias. Gracias. —No puedo decir otra cosa. Esta mujer me ha dado tanto. Ya apenas me reconozco en el hombre que era cuando vine a vivir con ella, hace más de un año.
De repente una duda me asalta y la aparto de mí, sujetándola con firmeza. Ella me mira confusa. Pero... Con el corazón en la garganta le pregunto:
—¿Tú también ..? No es muy pronto, ¿verdad?
Ella alza una ceja y cruza los brazos muy seria.
—De poco me iba a servir, ¿no crees?
Noto cómo el color abandona mi rostro. Después se apiada de mí y se echa a reír.
—¿Tú qué crees? Soy la mujer más feliz del mundo, Kenshin. —Su mano cubre mi mejilla y su pulgar la acaricia—. Voy a tener un hijo con el hombre que amo.
La atraigo hacia mí con los ojos ardiendo de emoción y la beso una y otra vez, rodeándola con mis brazos, hasta que el sol empieza a desvanecerse en el horizonte.
Ya empieza a hacer frío. La cojo en brazos a pesar de sus protestas, que callo con un largo beso. Ahora tengo que cuidarla mucho más, aunque sé que no me lo va a poner nada fácil.
Me hace un mohín. Yo pongo los ojos en blanco y suelto un suspiro de desesperación. Pero no puedo evitar echarme a reír.
No recuerdo haber sido nunca tan feliz.
(Kaoru)
Algo va mal. Lo sé. Todavía queda casi un mes para que nuestro bebé nazca, pero me duele demasiado. Megumi iba a venir en unos días porque quería estar aquí cuando sucediera, sin embargo el bebé tiene otros planes. Le he enviado un mensaje a primera hora, aunque no creo que llegue a tiempo. Desde entonces el dolor ha empeorado, y ahora apenas puedo moverme.
Además, Kenshin no está. Se ha levantado esta mañana temprano para ir a la ciudad y no va a volver hasta que anochezca. Me ha dicho que el jefe de policía se lo ha pedido para tratar de un asunto, pero yo sé que no es cierto. Sus ojos no podían ocultar su emoción. Sé que es algo para el bebé y que quiere que sea una sorpresa, así que no le he insistido. Se le veía tan contento que no he querido preocuparlo. Así que ahora... Estoy sola.
¿Qué voy a hacer? ¿Por qué soy tan cabezota y me creo que puedo hacerlo todo sola, sin ayuda? ¿Por qué no le he dicho nada? ¿Por qué no le he dicho que se quedara? Oh, Kaoru, baka. Mi bebé, nuestro bebé...
(Yahiko)
Esta mañana he visto a Kenshin de camino a la ciudad. Creo que debería ir a ver a Kaoru. La conozco lo suficiente como para saber que se sentirá tremendamente sola, sobre todo ahora. Además, quizá me invite a comer. Ha mejorado bastante con la ayuda de Tsubame y Kenshin y ya cocina cosas que se pueden comer. Sé que lo hace por el bebé, no querrá envenenarlo, jeje. Pero últimamente está de un humor... Será porque ya no se ve los pies, jajaja. Aunque si me oyera me daría una buena, aún con esa barriga.
—¡Kaoru!, ¡Kaoru!. Soy Yahiko. He venido a visitarte y a ver si me podías dar de comer... ¿Kaoru? ¡Ey, busu!" —Seguro que así sale de donde esté. Con el bokken en la mano, seguro, pero ya me ocuparé de eso luego. ¿Dónde se habrá metido? Un momento, parece que oigo algo y ese olor es ... ¿Qué demonios...?.
Un susurro y un inconfundible olor a sangre me llevan hasta la cocina.
—¡Kaoru!" —Está tendida en el suelo apenas consciente. Hay un gran charco de sangre a sus pies: el bebé, algo anda mal. Tengo que avisar al médico ¡y a Kenshin!, pero no puedo dejarla sola. Tiembla y balbucea en el límite de la consciencia. Corro a por una manta para cubrirla y acomodo su cabeza lo mejor que puedo. Debo pensar, no puedo dejar que el pánico se apodere de mí.
—Kaoru, debo buscar ayuda. Espérame aquí, iré a avisar al médico. Diré que localicen a Kenshin y que manden un mensaje a Megumi, quizá pueda llegar aquí esta noche.
Intenta agarrar mi brazo, pero su mano resbala por él sin apenas fuerzas y lucha por poder hablar.
—Mmi b..bé... Kn..sh. —Siento cómo mi corazón se retuerce en mi pecho. Las lágrimas me humedecen los ojos, pero aprieto los puños y les prohíbo seguir avanzando. Todo va a salir bien. Kaoru, no dejaré que te pase nada. No me lo perdonaría. Y Kenshin tampoco.
—Todo irá bien, Kaoru. No te preocupes. Por favor, aguanta, vendré enseguida...
La miro una última vez antes de salir corriendo con el corazón golpeando sin piedad contra mi pecho.
Aguanta, Kaoru.
(Kenshin)
¡Vaya! Parece que tenemos visita. Aunque hay demasiada gente en casa. Yahiko está en el porche y en cuanto veo su rostro sé que algo no marcha bien. Todo el mundo me mira y baja los ojos. No. Algo va mal, pero que muy mal. Miro a mi alrededor nervioso, buscándola . ¿Y Kaoru?
El miedo se apodera de mí cuando logro identificar el olor: sangre. Creía que no volvería a percibir ese olor. ¿Quién está herido y ha perdido tanta sangre? ¡¿Dónde está Kaoru?!
Yahiko se acerca cabizbajo, mira dentro de la casa y empieza a hablar con un hilo de voz.
—Kenshin, vine a ver a Kaoru y cuando llegué ella.. —El corazón me da un vuelco. ¡No, no puede ser!
No sigo escuchando, voy directo a buscar a mi mujer. Yahiko intenta impedirme el paso, pero me basta con mirarle para que se quite de en medio.
—He mandado un mensaje a Megumi. Ahora está con el médico —dice detrás de mí.
Me descalzo automáticamente y me asalta la amarga esperanza de que ella sigue allí, esperándome tumbada en el futón, acariciando su vientre, mientras le canta a nuestro bebé. Yo me quedo a su lado y la abrazo fuerte. La beso y le cuento historias a nuestro hijo, apoyando mis labios en su tripa.
Mi sangre se hiela cuando la oigo gritar débilmente y mi sueño se rompe en mil pedazos. Se apagan todas las voces y en el dojo se extiende el plomizo silencio en el que suele volar la muerte. Trago a pesar del nudo de mi garganta y subo al porche. Es como si todo se hubiera ralentizado. Me da la sensación de que mis pies no avanzan y que el camino se extiende infinito ante mí. Estoy aterrorizado. Los latidos de mi corazón ensordecen todo lo demás. Con cada paso mi cuerpo tiembla, mis dientes se entrechocan. Mi* Kaoru. Mi* hijo. Sus destinos definen el mío.
Tsubame está en la puerta de nuestro dormitorio. Palidece aún más al verme e intenta ocultar su delantal ensangrentado estrujándolo entre sus manos. Da unos pequeños pasos en mi dirección y balbucea tratando de calmarme y de detener mi avance.
—El.. el médico está con ella, s.sólo ha sido una complicación. Todo irá bien. —Pero para mí es una voz en la lejanía. Algo irreal. Kaoru... Nuestro bebé... Se aparta a un lado cuando se da cuenta de que no voy a detenerme—. Kenshinsan...
Me detengo en el umbral de nuestro dormitorio. Inconscientemente, deslizo una de mis manos por la sakabatou, como una caricia, haciéndome sentir más seguro. Y de repente me doy cuenta de que todavía estoy armado. Como en un trance, la saco cuidadosamente de mi cinto y la deposito contra la pared. Kaoru, ya estoy aquí. Trago y aprieto con fuerza los dientes. Tarde, ¿no, Himura?. Agarro la puerta para abrirla, pero detrás de mí aparece una mano que se posa sobre la mía y me detiene.
—Tsubame, trae agua hirviendo para mi instrumental, rápido —dice una voz familiar intentando recuperar el resuello. Ella la mira, luego a mí y se va corriendo.
Después, la voz vuelve a manar tras mi espalda, esta vez dirigiéndose a mí.
—Kenshin, sé lo que significan para ti las dos personas que hay dentro de esta habitación, y sabes que yo también las quiero, pero debes dejar que los médicos hagamos nuestro trabajo. En este momento la mejor forma de ayudarlos es quedarte aquí fuera. ¿Podrás hacerlo? —Sé que Megumi tiene razón, pero... sigo cogiendo la puerta con fuerza.
—Por favor, Kensan, confía en mí —sé que no hay nadie en quien pueda confiar más la vida de las personas que quiero, pero... Mi mano tiembla negándose a acatar lo que mi mente ya ha decidido.
—Está bien. Me quedaré aquí fuera, tras esta puerta. —Mi voz se quiebra, convirtiéndose finalmente en apenas un susurro—: Confío en ti, Megumi-dono. Pero mi cuerpo sigue rehusando liberar el único obstáculo que me separa de mi familia. Megumi apoya su mano en mi hombro y finalmente yo consigo soltar la puerta.
Me echo hacia atrás sin dejar de mirar al suelo y se dispone a entrar, pero en un impulso sujeto su ropa con fuerza.
—Por favor —le suplico. Ella se libera de mi mano suavemente y la estrecha con fuerza entre las suyas antes de perderse dentro de la habitación.
Dejo caer mi cuerpo contra la pared y se escurre hasta el suelo. Atrás queda la felicidad del alba, cuando sus besos y su cuerpo me impedían salir de la cama. Rodeo mis piernas con los brazos y entierro la cara en mis rodillas. Kaoru, Kaoru... No debería haber soltado tu abrazo. No debería haberte dejado sola. No soy capaz de conservar las cosas que amo. ¿Por qué? ¿Por qué? ¡Oh, Kami! Castígame a mí, haz lo que quieras con este cuerpo, pero salva a mi familia. Yo... yo tengo la culpa. Debería haber estado aquí.
Debe haber pasado casi una hora cuando oigo varias voces elevándose desde dentro de la habitación. Alzo la cabeza instantáneamente y pongo atención. Aprieto los dientes y los puños con fuerza y contengo la respiración, intentando imaginar lo que puede estar pasando. Logro identificarlas fácilmente, al igual que los sentimientos de urgencia, de miedo y ahora de... de... ¿alivio? Sin embargo... No oigo la voz de Kaoru ni siento su presencia. Mi corazón late dolorosamente en mi pecho. No te hagas esto. Poco después oigo el llanto de un niño y todas mis emociones inundan mi pecho, mi cabeza, mis entrañas, sobrepasándome. Me derrumbo entre espasmos y llanto. Entre alegría y terror.
No sé cuánto tiempo ha pasado cuando Megumi me llama. Alzo la vista y al mirarla caigo en la cuenta de que se ha cambiado de ropa, aunque el olor a sangre no le ha desaparecido. Lleva puesto un kimono de color crema con flores azul pálido y violeta que acentúa más aún las sombras que anidan bajo sus ojos. Intento escrutar en su semblante algo que me indique cómo debo prepararme para lo que estoy a punto de oír. Se la ve exhausta y su expresión es grave, aunque me siento más tranquilo por alguna razón.
Intento incorporarme, pero tengo el cuerpo entumecido. Se agacha a mi lado y apoya su mano en mi rodilla con cariño. Me dice que el bebé está bien, pero que Kaoru está tremendamente débil. Sus ojos se clavan en los míos y me hablan. Sé lo que significa: no debo hacerme ilusiones y prepararme para lo peor. Pero saber que está viva empuja a mi corazón a latir con más brío. Sin embargo, ahora veo que no es todo, hay algo más.
—¿Y? —Megumi se sobresalta y fija los ojos en el suelo. Duda.
—Kensan, eso no tiene que... —pero yo la interrumpo con sequedad.
—¿Y? —vuelvo a preguntar. Suspira. Titubea.
—No es algo que... —se interrumpe cuando vuelve a posar sus ojos en los míos. Yo la miro con fiereza y espero apretando la mandíbula, con todo mi cuerpo a punto de quebrarse de la tensión. Y al final se rinde.
—No... no podrá volver a tener hijos. Lo siento, Kensan. —La noticia me golpea duramente, aunque no tanto como la certeza de lo mucho que le afectará a ella. Pero ahora eso no importa. Consigo tragar el nudo que se ha formado en mi garganta.
—Gracias, Megumi-dono. Os ruego que no le digáis a Kaoru nada de esto por el momento. Y ahora, por favor, llévame con mi familia.
Megumi me ayuda a ponerme de pie y contengo el aliento cuando paso adentro. Allí está Kaoru, mortalmente pálida, inmóvil. Algo desvía mi atención. Es Tae, que se nos acerca con el bebé en sus brazos.
—Es un niño. Ten, cógelo —me dice sonriendo. Pero, inconscientemente, yo doy un paso hacia atrás. Me sobresalto cuando Megumi me agarra los brazos.
—Tranquilo, yo te enseñaré cómo. Además, Kaoru está muy débil para coger a vuestro hijo y tendrás que hacerlo tú. —Estoy en una nube, todo me da vueltas. Es demasiado. Kaoru ... Mi atención se vuelve a centrar en ella. Está tan quieta. Megumi me saca de mi ensoñación.
—¡Kensan!, ¿me estás escuchando?
—¿Eh? Sí, sí. Gracias, Meg... —empiezo a decir. No logro pensar con claridad.
—Déjate de gracias y escucha. —Despejo mi mente y consigo centrar mi atención en lo que ahora es más importante: aprender a cuidar de nuestro hijo. Por ella, por él, por mí. Me explica lo que tengo que hacer y me pone a mi hijo en mis brazos. ¡Mi hijo! Lo miro atónito.
Me avergüenzo al descubrir lo feliz que me siento al ver lo mucho que se parece a mí. Aunque su pelo no es exactamente rojo, es más oscuro, y sus ojos son de un azul intenso como los de su madre. Kaoru. Cuando lo he acariciado su mano se ha agarrado a mi dedo con fuerza. Una nueva vida, un regalo del cielo en mis manos. Siento que el corazón se me sale del pecho. No podría estar más orgulloso.
Me acerco a Kaoru y Megumi apresura a todos a salir de la habitación.
Dentro de unos meses vendrá al mundo una persona que será parte de ti y parte de mí. Las palabras de mi mujer vuelven a mi mente.
Me agacho a su lado mientras intento convencerme de que todo irá bien. Que mejorará y que la veré criar a nuestro hijo a mi lado. Me niego a rendirme a las lágrimas y las impido salir y enturbiar la visión de mi esposa. Parece tan débil. Paso mis temblorosos dedos por su pelo, y poso un suave beso sobre su frente.
—Te quiero, amor mío. Perdóname por no haber estado a tu lado. Por favor. No.. no nos... —la voz se convierte en un sollozo. Abro los ojos ampliamente para evitar las lágrimas e intento calmar mi respiración. Sus labios se abren y apenas logro oír mi nombre.
—Sí, estoy aquí, a tu lado. Tengo en mis brazos a nuestro hijo. Es un niño, Kaoru. —Abre los ojos con dificultad y yo le acerco al pequeño. Sus lágrimas hacen que tenga que contener aún con más fuerza las mías. Un leve sabor a sangre me alerta de que estoy mordiéndome el labio con excesivo vigor. Ahora sólo tiene que pensar en ella y confiar en mí.
—Él está bien, no te preocupes. Descansa. Yo lo cuidaré hasta que te encuentres mejor. Además, están Megumi, Tae y Tsubame para ayudarme. Tú sólo... debes recuperarte.
—De acuerdo. —Sonríe—. Kenji se parece mucho a ti, es muy guapo. —Sonrío . Kenji. Sí, este niño seguirá un nuevo camino de la espada. El que su madre sueña y que protegerá esta nueva era de paz. Pero mientras llega ese día yo me encargaré de protegerlos con todas mis fuerzas.
Nota: Bueno, chicos, por fin he podido terminarlo. La razón de que lo haya escrito es que para mí Kenshin y Kaoru sólo tendrán a Kenji. Me parece muy raro que después de estar casados más de 4 años sólo tengan un hijo (recordad el especial "Haru ni Sakura", en la primavera del año 16 de la Era Meiji en la que salen los dos sólo con Kenji), algo tuvo que pasar y he aquí lo que he imaginado. (Editado por varios reviews sobre el tema:) Lo digo porque a Kenshin le gustan mucho los niños y creo que en ese tiempo habrían tenido otro (no porque crea que no hubieran métodos anticonceptivos). O, por lo menos, ésa es mi "visión".
Por favor, si algo no os gusta o creéis que cometido algún fallo, decídmelo (pero no seáis muy malos, ¿eh?). A los que os guste, seguid haciéndolo porque ya queda muy poco para el final.
Gracias a todos.
Nueva edición: Siento mucho deciros que estoy teniendo problemas con los capítulos siguientes. Lo terminaré, lo prometo. Sólo tenéis que tener paciencia. Y muchas gracias por vuestro apoyo.
