A la semana siguiente, era Navidad. Convencí a Verity para que fuera a celebrar la Navidad con mi familia. Estaba convencido que le encantaría a mi madre, y que todos mis hermanos estarían muertos de envidia.

Me reí al ver la cara de Charlie y Bill cuando entré con un brazo en el hombro rodeando a Verity. Tenían una expresión como de "bien hecho, hermano".

Mi madre la recibió con los brazos abiertos. Típico, como todo el mundo que entraba en su casa.

- ¡Verity! Es genial por fin tener aquí a una novia de Fred. Teníamos muchísimas ganas de conocerte - dijo mi madre abrazándola estrechamente.

- Gracias, Molly. Estoy contenta de que me hayáis invitado. Tenéis una casa muy acogedora - respondió Verity dulcemente.

- Ah, que encanto de chica - murmuró mi madre mientras se iba a la cocina de nuevo.

Ginny bajó las escaleras en ese momento y sonrió al ver a mi rubia:

- ¡Hola! Tú debes de ser Verity... - saludó ella muy contenta.

- Exacto, ¿Tú eres Ginny? - preguntó Ver con una sonrisa.

Ginny asintió con la cabeza, la cogió por la muñeca y se la llevó escaleras arriba antes de que pudiera hacer nada.

- ¡Vaya! - dijo George - No lleva ni cinco minutos en casa y ya te la han robado. ¡Menudo récord Fred!

- ¿Crees que estará bien con ese diablillo? - pregunté preocupado. George rió y dijo:

- Míralo tu mismo... - Verity y Ginny bajaban riendo por las escaleras como si fueran las mejores amigas.

- Vaya, ¿así que tú también tienes seis hermanos? Me compadezco de ti - rió Ginny mientras Verity le sonreía.

- Bah, son algo pesados. Pero también eres la niña de papi siempre que quieres salirte con la tuya - respondió Verity, haciendo que Ginny riera.

- Me encanta esta chica.

Verity se acercó a mí y rodeó sus brazos a mi cuerpo mientras ponía la cabeza en mi hombro.

- ¿Quieres que te presente a los demás? ¿O me replanteo la opción de que quizás pienses que te has quedado con el hermano equivocado? - bromeé yo.

- Estoy con el mejor Weasley de todos, no tengo ninguna duda - respondió ella dándome un beso en los labios.

Todos mis hermanos lo oyeron. Yo les miré con superioridad y nos fuimos al comedor, dónde estaban Ron y Harry hablando. Verity ahogó un grito que hizo incluso asustarme.

- ¡Oh, dios mío! ¡Tú eres Harry Potter!

Harry saludó a Verity con una mano algo confuso. Claro, había olvidado que Harry Potter era una celebridad y que seguramente Verity debía estar flipando porque estuviera en mi casa.

- Guau, es decir... Fred, es Harry Potter - repitió ella desconcertada.

- Sí, lo es - respondí yo con una ligera sonrisa - Y el tonto que está a su lado es mi hermano Ron. No le tengas en cuenta su cara, él hace lo que puede.

- Idiota - murmuró Ron fulminándome con la mirada y acercándose a Verity - ¿Tú eres la novia de Fred, verdad?

- La novia del idiota, sí - contestó Verity riendo - Soy Verity.

Ron sonrió anchamente, sabía que con eso se lo había ganado. Verity empezó a hablar con él mientras Ron asentía a todo y ponía cara de embelesado, ¡El muy imbécil!

- Entonces... ¿Por qué esta Harry Potter en tu casa? - me preguntó sacándome de mis pensamientos.

- Es el mejor amigo de Ron, viene todas las vacaciones. Ya es como de la familia - le expliqué.

- Vaya - murmuró impresionada.

- ¿No tendré que ponerme celoso no? No me gustaría tener que llevarme mal con Harry, me cae muy bien... Incluso nos dio el dinero para empezar la tienda, es nuestro socio - pregunté medio en broma, aunque por dentro estaba un poco preocupado.

Ella sonrió:

- Me ha hecho ilusión conocerle por quién es, y seguro que es muy majo y todo eso... Pero yo sólo tengo ojos para ti - terminó susurrándome en la oreja.

Yo sonreí anchamente. Nos sentamos en la mesa todos juntos y entre risas y charlas pasó la tarde, la noche, incluso la madrugada.

Tal y como me esperaba, Verity causó una genial primera impresión a toda la familia. Fleur Delacour incluso, que era de exigencias altas, le cayó bien al instante cuando le dijo que era de Beauxbatons. Estuvieron hablando en francés un rato en que yo quedé escuchando totalmente ensimismado por el dulce acento que tenía Verity al hablar francés.

Mamá no paró de halagarla en toda la cena, y mi padre estuvo muy contento de tener a una chica de sangre mestiza para poder preguntarle todo tipo de preguntar acerca de los muggles.

Estuve a punto de dar una patada a Charlie porque se había quedado mirándola mucho rato mientras ella explicaba cosas acerca de su familia.

Eran los dos de la madrugada cuando terminamos de recoger la mesa:

- Ha sido un placer estar aquí con vosotros, Molly. Me lo he pasado genial, en serio. Muchas gracias por todo, espero volver pronto - dijo Verity abrazando a mi madre como si fuera de su misma familia.

- Estás invitada siempre que quieras. Mantén a raya a Fred, a ver si madura un poco estando contigo - respondió mi madre.

- Genial mamá, yo también te quiero - contesté de forma sarcástica.

Nos despedimos del resto de la familia y nos hice aparecer a mí y a Verity en Londres Muggle.

- Te llevo hasta casa - dije yo pasándole un brazo por los hombros.

- En realidad... - me interrumpió ella, mientras se mordía el labio, cosa que verificaba que no tramaba nada bueno - Había pensado que... bueno, podríamos ir a tu casa.

Yo abrí mis ojos con sorpresa y ella sonrió. Sabía que la propuesta de "ir a mi casa" no se trataba de ponernos a hablar en el sofá mientras comíamos palomitas.

- George me dijo que pasaría la noche en casa de Angelina, de modo que... estaremos solos. ¿Verdad? - siguió ella acercando sus labios a los míos.

Ahora comprendía todo. Mi hermano se había compinchado con Verity para esto. Tenía ganas de gritar "Gracias, Georgie", pero más tarde pensé que había otra cosa que más deseaba hacer.

- Sí, claro. Podemos ir a mi casa - dije yo conteniendo mi euforia.

Verity volvió a cogerme de la mano y nos aparecimos en la puerta de mi casa del Callejón Diagón. Entramos dentro y ambos nos quitamos el abrigo sin prisas, como si ninguno de los dos tuviera ni idea de que nos quitaríamos algo más que los abrigos esa noche. Verity me cogió de la mano y me dirigió a mi dormitorio como si supiera exactamente donde estaba todo y supe porque en cuanto entré en la habitación. Estaba llena de velas que se encendieron solas, lo que significaba que ella había estado antes aquí preparándolo todo. George la habría ayudado, seguro.

- Guau - musité impresionado, viendo como Verity me sonreía nerviosa.

- ¿Te gusta? ¿No es... excesivo?

- Para nada - contesté yo - Es perfecto. Como siempre, eres imprevisible.

Verity sonrió orgullosa y se acercó muy despacio hacia mí. No sé porqué, mi corazón latía con fuerza. No era ni mucho menos mi primera vez, pero me sentía tan eufórico como si lo fuera. Quizás porque había tenido sexo varias veces y con varias chicas, pero nunca había llegado a "hacer el amor" con nadie. Verity era lo más parecido que tenía a lo referente al amor. ¿Estaba enamorado de Verity? Claro que lo estaba. Pero... ¿y ella de mí?

- Fred, te veo nervioso. Tranquilízate - me pidió Verity con voz muy suave a mi oído mientras me cogía de las manos y me las acariciaba.

- Verity... - murmuré en un susurro - ¿Tú me quieres?

Ella abrió los ojos sorprendida por mi pregunta. Luego sonrió.

- Sí, claro que te quiero - respondió.

- Bien - dije yo sin poder evitar sonreír también - Porque yo también.

- ¿Tú también te quieres?

Los dos soltamos una carcajada. Yo le puse un mechón rubio detrás de su oreja y puse su frente contra la suya.

- Yo también te quiero, Verity.

Por supuesto que la quería. Amaba a esa chica más de lo que nunca había amado a alguien. Ni siquiera Angelina. Era Verity. Verity era la chica del que estaba enamorado, y en lo único en lo que soñaba ahora era con hacerla mía.

Verity sonrió en mis labios y me besó profundamente. Yo puse mis manos en sus mejillas y recorrí bien su boca con mi lengua, mientras nuestros pies se movían despacio en dirección a la cama.

La tumbé en la cama y me puse encima de ella para seguir besándola.

Verity me desató los botones de la camisa con rapidez y me la sacó acariciando bien toda mi espalda, sin dejar de besarme. Bajó sus manos a mi pantalón y yo sonreí:

- Bueno, bueno, bueno... ¿y tú qué?

Ella rió, volvió a besarme y luego se levantó de la cama mirándome. Se bajó la cremallera del lateral de su vestido mientras se mordía el labio. Yo observé con la respiración agitada como se bajaba el vestido lentamente, quedando en la lencería más sexy y provocativa que había visto en mi maldita vida. No pude contenerme más: me levanté y la cogí por la cintura para besarla de forma tan salvaje que no podía respirar:

- ¿Ya habías venido preparada, Ver? - le susurré con una risa entrecortada mientras le besaba en el cuello con urgencia.

- Las mujeres decentes siempre vamos preparadas hoy en día, Freddie - respondió ella, justo antes de emitir un gemido cuando yo bajé mis labios de su cuello a su escote rozando con los dedos el borde de su sujetador de encaje rojo. La cogí en brazos y ella enrolló sus piernas desnudas a mi alrededor, mientras yo la apoyaba contra la pared.

Empujé mi pelvis contra la suya para que notara lo mucho que me excitaba. Ella gimió y me cogió del pelo para que siguiera recorriendo su escote con mis labios.

Puse mis manos en el cierre de su sujetador y estiré con impaciencia, hasta que terminé por romper el cierre mientras ella emitía un jadeo de placer. Tiró su sujetador al suelo y tuve unas milésimas de segundo para observar ese espectáculo, porque Verity me empujó contra ella haciendo que mis labios besaran sus pechos.

Se deshizo de mis piernas y bajó mis pantalones ya desabrochados con una sonrisa maliciosa en su rostro.

- Qué preparado te veo - murmuró con una risita mientras se mordía el labio al ve mi erección.

- Lo que hace una rubia sexy - respondí con una sonrisa, mientras notaba que ella me bajaba los calzoncillos y quedaba completamente desnudo.

Volvió a levantarse hasta estar a mi altura, y se fue bajando muy despacio sus braguitas rojas a conjunto con su sostén de encaje para quedar totalmente desnuda también frente a mí.

La admiré unos segundos, de arriba a abajo, y al cruzarme con sus ojos me transmitió seguridad, cercanía. Estaba enamorado de Verity. Por sus infinitas cualidades y sus pocos defectos. Era única.

La tumbé despacio en mi cama y me hundí en ella. Verity cerró los ojos e inhaló profundamente.

Empecé a moverme, y nuestras respiraciones fueron aumentando de rapidez. Pronto ella empezó a gritar mientras yo gruñía, y pareció ser un sueño cuando ella gritó.

- ¡No pares! ¡No pares, Fred!

No paré, en toda la noche no lo hice. Yo estuve encima de ella, ella estuvo encima de mí, y los dos nos dijimos que nos amábamos. Si eso era hacer el amor, estaba dispuesto a hacerlo una y otra vez todos los días de mi vida con la misma perfecta y única persona.

Nos quedamos tumbados en la cama. La abracé mientras ella apoyaba su cabeza en mi pecho, y bostezaba mientras los ojos se le caían de sueño:

- Duerme bonita, yo cuidaré tu sueño.

- No quiero dormir... - mintió ella intentando que no se le cerraran los ojos.

- ¿Por qué no?

- Porque tengo miedo de que no estés aquí cuando despierte - confesó ella en un susurro debido al cansancio.

- Prometo que estaré aquí. Siempre - respondí yo - Además, vivo aquí... Si acaso lo que se iría serías tú...

- Pues yo no pienso irme a ninguna parte.

- Bien - respondí dándole un beso en la cabeza.

Ella me abrazó con una sonrisa y finalmente se durmió. Me la quedé mirando durante no se cuanto tiempo. Y yo, después de observarla hasta que estuvo profundamete dormida, cerré los ojos y caí en un profundo sueño.

Al despertarme, eran más de las nueve de la mañana y decidí preparar el desayuno para mí y para Verity, que todavía dormía profundamente. A las chicas les gustaba ese rollo del desayuno en la cama y todo eso, así que me puse un calzoncillo limpio y me dirigí a la cocina.

Me dediqué a hacer una buena presentación en una bandeja para sorprenderla, pero cuando estuve de vuelta en la habitación, Verity se había despertado y tenía una cara como si hubieran asesinado a alguien delante suyo. Tenía lágrimas en los ojos, y al verme prácticamente me tira la almohada en la cara.

- ¡Joder, Fred! - gritó ella mientras se ponía las manos en su rostro.

Al principio me asusté pensando que le había pasado algo, y después me acordé de lo que me había contado, y me di cuenta de lo que debería haber pensado al ver que se había levantado sola, y yo no estaba.

- Oye, oye, oye - intenté tranquilizarla mientras dejaba la bandeja al borde de la cama y me sentaba junto a ella - No llores, estaba dos puertas más allá preparando el desayuno.

Verity se sacó las manos de su cara y yo le limpié las lágrimas con mis pulgares y le dediqué una sonrisa.

- He pensado que te habrías ido como los demás... He pensado que me había vuelto a enamorar de un idiota cretino que sólo quería un polvo... - jadeó ella.

- Qué poca fe tienes en mí - refunfuñé yo en broma soltando una carcajada.

Ella suspiró y se frotó sus ojos rojos.

- Perdona, es la costumbre... - murmuró ella con pesar, y abrió los ojos al ver la bandeja que había a su lado - ¿Me has hecho el desayuno?

Yo asentí con la cabeza y puse la bandeja en medio de los dos. Verity esbozó una sonrisa adorable mientras yo cortaba un trozo de huevo frito y se lo metía en la boca.

- ¿Sabes? Eres el primer hombre sin contar a mi padre y a mi hermano mayor que me hace el desayuno - dijo ella con una sonrisa algo forzada.

- Eso es que no has conocido muchos chicos decentes en tu vida que te valoren como te mereces - respondí yo frunciendo el ceño. No podía entender como alguien había podido tratar tan mal a mi dulce Verity.

Verity sonrió y me dio un beso en los labios.

- Gracias, Fred. Eres un amor - dijo ella con voz suave.

- Lo sé, soy irresistible - respondí, mientras ella soltaba una carcajada y me daba una colleja cariñosa en la nuca.

Pillé por sorpresa a Verity con uno de mis besos, y ella lo profundizó mientras se tumbaba despacio en mi cama.

- Estuvo bien lo de anoche - comentó cuando yo le besaba por su cuello.

- ¿Bien? - repetí yo arqueando una ceja - ¡Fue genial! Sin duda, debemos hacerlo más veces.

- Tomaré tu propuesta, jefe - contestó ella guiñándome un ojo - Al principio creí que lo decías en serio eso de no mezclar negocio con placer.

- Bah, todos los jefes tienen que decir eso - respondí con una sonrisa - Pero... ¿quién se resiste a una belleza rubia como la que tengo delante?

Verity rió y me dio otro beso en los labios que hizo que el ambiente se volviera caliente.

- Me alegro que lo hicieras - confesó mientras se mordía el labio - Porque tengo intención de hacer esto - Me dio un beso pasional en los labios - todos los días.

- Mmm... Juro solemnemente que mis intenciones no son buenas.

- ¿Qué? - preguntó ella confusa.

- Nada - respondí yo. Me tumbé encima de ella para volver a hacerla mía como anoche tal y como llevaba deseando desde que la había conocido.

Y en un susurro casi inaudible, salió de mis labios haciendo sonreír a Verity:

- Travesura realizada.