Hola!
Cuarta entrega de esta historia. Tengo que aclarar que esta historia tiene un ligero Dramione al principio, pero que cada vez se irá deshaciendo. De todas maneras puede que más adelante publique algunas cosillas por ahí con Dramione y sí, mucho lemon.
Mientras tanto disfruten esta historia, la obra de Harry Potter pertenece a la brillante J. K. Rowling... los originales son míos- ya tu sabeeh (e.e)
Capítulo 4: El monstruo del lago
- ¿Cómo dices?
- Que mi amor platónico es tu novio Ron, bueno, era mi amor platónico… no te sientas mal Hermione, sólo era una idealización infantil.
- P… pero…
- Era muy pequeña cuando lo conocí, todavía no entraban ustedes a Hogwarts. Mi madre era la dueña de una pequeña tienda de artículos de ajedrez. Yo venía entrando a la tienda y por accidente choqué con él y caí al piso de espaldas, me di un feo golpe – suspiró y miró hacia el horizonte – entonces, al ponerme a llorar él ayudó a pararme y me limpió el rostro con sus manos… creo que ahí me enamoré.
- Vaya, lo que me dices es muy lindo, yo también me hubiese enamorado de él…
- Sí, pero no me siento mal por eso… si te preguntas el por qué estaba llorando… es que la impresión de verlos besarse fue muy grande, además, me había peleado con el cabeza de ajo porque me había sorprendido haciendo una caricatura de él mientras lo observaba de lejos… ahora que lo pienso… soy bastante torpe.
- ¿Por qué lo dices?
- Es que cada vez que le hacía una caricatura estaba a tu lado… nunca te saca la vista de encima, yo pensaba que era sobreprotección de amigo… y bueno… todo quedó claro esta mañana.
- Hace algún tiempo yo sufrí lo mismo que tú, Millarai. Ron sólo me veía como amiga y para variar andaba besuqueándose por todo el castillo con la pegajosa de Lavender Brown. Lo peor es que tenía que aguantar todos los días sus eternos monólogos (de ella) de lo perfectos que eran juntos, de lo mucho que la quería, de que las estrellas estaban a su favor, de los mensajes en las tazas de té, de los ardientes que eran sus labios… - al decir esto último Hermione se sonrojó.
- Vaya, nunca lo hubiese imaginado… Brown es guapa, pero no precisamente brillante… digo, hay que ser muy bruta como para pensar en dedicarse a la adivinación con tazas de té y quién sabe qué otros chismes…
- Jajaja, realmente opino lo mismo, era muy irritante con sus horóscopos de la luna mística… en fin… ahora, ¿qué harás?
- Y bueh, pienso seguir con mi vida, ¿no?
- Ay no, me refiero a qué harás hoy a la tarde.
- Supongo que iré a probar el agua del lago, hace un calor horroroso y no pienso quedarme encerrada en la biblioteca, ¿vienes?
- Me encantaría… pero me iba a juntar con Ginny y Luna…
- Pues que vengan con nosotras, pues.
- Me parece maravilloso.
Las otras muchachas encantadas aceptaron, Ginny y Luna la llenaron con preguntas sobre su color de cabello y otras cosas sobre la casa de Slytherin. Ya llegando al lago, transformaron sus ropas en coquetos trajes de baño y mientras unas se dispusieron a tomar sol, Millarai se metió al agua cual niña pequeña. Las demás llegaron en escoba hasta un sitio, donde se podían zambullir con clavados y Millarai imitó a los clavadistas de los juegos olímpicos al saludar y acto seguido se lanzó de bomba al agua, ante las risas de las muchachas. Nadó un poco más alejada, para practicar su braceo de espaldas sin chocar con la estructura de madera donde estaban las demás. De repente, cerca de una zona donde era más baja el agua, chocó contra alguien.
- - ¿¡Qué demonios haces acá, cabeza de ajo?!
- - Bah, ahora me choca la enana y ella se enoja.
- - Teniendo todo el resto del lago para ir a hundirte, tenías que venir precisamente acá, ¿no? Para tu información Hermione está en la estructura de madera de más allá, digo, para que vayas a babear tranquilo.
- - ¿Y quién te dijo que a mí me interesa ella?
- -Oye, se te nota con la cara de cachorrito que la miras… hasta te sonrojaste cuando ella te tocó el brazo de vampiro famélico que tienes.
- -No seas ridícula, ella no me interesa en lo más mínimo.
- - Ah, ¿Entonces quién? ¿Ron Weasley?
Draco la tomó del rostro y ella pensó que quería hacerle la broma de querer hundirla y lo agarró de los hombros. No se esperaba que la besara. Sintió como una corriente eléctrica en todo el cuerpo mientras que él bajaba una de sus manos y la posaba en su cintura después de acariciar la espalda. Ella todavía no soltaba sus hombros… pero no correspondió ese beso. Quien había comenzado a besarla como broma se entregaba a ella con más pasión hasta que el aire se acabó y la soltó. Millarai estuvo estupefacta unos segundos y luego sin decir nada lo abofeteó y se alejó de ahí nadando. Salió pálida del agua y se tendió a tomar sol en silencio. Las demás la miraron asustadas, pero Luna dijo algo sobre unos Nargles que volaban alrededor de su cabeza y que lo mejor era dejar que se le pasara el susto. Malfoy quedó parado en su mismo sitio acariciando su rostro y procesando en su mente qué diablos acababa de hacer. Había actuado sin pensar.
Se evitaron a la cena, ella se sentó con Hermione y los demás y él se quedó en su puesto acostumbrado, ignorando olímpicamente a cuanta persona le hablara y enfocándose en su plato hasta que lo terminó y excusándose salió rápido hacia ningún lugar en específico. Sus amigos que vagamente reconocieron un estupor en su amigo nada le dijeron, pues sabían que cuando Draco andaba raro lo mejor era deja que se le pasara solo.
Millarai al terminar de cenar dijo que iría a la biblioteca por algo de lectura recreativa, Hermione le recomendó un libro que se moría por echarle un ojo, necesitaba a toda costa distraerse, pues si se detenía… era inevitable pensar en cierto sujeto. Se felicitó a sí misma al encontrar el tomo que quería, así que se fue a la torre de astronomía para leer en paz (la biblioteca era muy ruidosa después de la cena, sobre todo cuando se acercaban los exámenes) sin querer se quedó dormida sentada en un rinconcito.
Como si fuera cosa del destino, el que andaba vagando por los pasillos con la excusa de hacer la ronda de premio anual llegó a contemplar la luna y si no fuera porque también llegó Lucrecia buscando a su ama con suaves maullidos no se hubiese dado cuenta que la mujer que poblaba su mente en estos momentos se encontraba profundamente dormida detrás de él ¿Cómo era posible que una muchacha tan menuda lo estuviera confundiendo tanto? Se supone que estaba enamorado de la prefecta perfecta, pero desde su primer día en el colegio ella le había hecho pasar por todas las emociones; odio, venganza, celos, risa, confusión, paz… ¿Paz? ¡Pero si se pelean cada vez que se miran! Pero en este momento no podía evitar mirar su rostro dormido y sintió ganas de besarla de nuevo… tentador, pero no eran horas para que ella estuviera ahí… no quiso despertarla, porque eso significaba sentir su rechazo nuevamente y aunque lo necesitara para aterrizar, no quería. Así que la tomó en sus brazos y seguidos por Lucrecia se regresaron a las mazmorras, para dejarla en la sala común y que ella misma se fuera a su habitación si despertaba.
Caminando por el pasillo, escuchó a Lucrecia que se ponía en alerta y emitía un maullido grave, con la vista fija en la oscuridad del pasillo. Esto hizo que se ocultaran rápidamente en una sala vacía y con la puerta entreabierta pudo ver al vigía hablar con su sombría gata… ¿Dónde estaba Lucrecia? Pudo sentirla caminar por el pasillo en dirección opuesta a ellos, para despistar a Filch. Su corazón saltaba desbocado y sin darse cuenta estaba abrazando con tanta fuerza a Millarai que ella estaba más que despierta, pero atontada por la mezcla entre sueño y el jodidamente delicioso aroma de Draco, el cual con disimulo aspiró lentamente… sentía su corazón latir con fuerza, pero sabía que era por estar ocultándose del squib, suerte que su bendita gata entendió la orden de alejarlo, así que siguió fingiendo que dormía profundamente hasta que el cabeza de ajo la dejó en un sillón muy grande de la sala común.
- Por lo menos podrías darme las gracias por el paseo gratuito, enana. – Draco la había descubierto.
- Realmente eres tonto de remate, desteñido. – respondió incorporándose para irse a su habitación – pudiste volver a besarme, después de todo te mueres por hacerlo de nuevo.
- Eso no es cierto, simplemente te demostraba que no me gustan los hombres.
- ¿Con ese beso tan opaco y sin gracia? No me embromes
- ¿No será que eres tú la que se quedó con ganas de más, azulita?- dijo acercándose lentamente.
- Sinceramente te hace falta una lección de humildad, cabeza de ajo.
Acto seguido ella se le lanzó encima y le besó feroz: apasionadamente devoraba cada parte de sus labios y le mordisqueaba sensualmente hasta que él abrió su boca y su lengua exploró la boca del rubio, quien a esas alturas estaba excitándose y sus manos acariciaban la espalda y las caderas. Ella también estaba excitada, pero reunió las fuerzas que le quedaban para separarse de él y fingiendo frialdad lo dejó parado, con el sabor de su beso quemando sus labios y una reacción en su cuerpo que se haría evidente si no fuera porque las luces y su capa lo escondían, se quedó mirando hacia donde ella se dirigía y antes de cerrar su puerta, le dedicó un coqueto guiño que terminó de sonrojarlo y obligarlo a caminar directo al baño de prefectos para aliviarse. Si tan solo las puertas fueran transparentes hubiese visto que ella estaba respirando agitada con una mano en su corazón y la otra acariciando sus labios. Necesitaba dormir, ¡pero ya!
No podía involucrar en estos asuntos a su peor enemigo, era algo muy peligroso. Se repitió "lo odio" como si fuera un mantra hasta que logró conciliar nuevamente el sueño.
Hasta aquí el capítulo de hoy, no sé cuándo subiré el siguiente, porque le estoy haciendo los últimos retoques. Lo único que les puedo adelantar es que habrá algo de cine ;)
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