Y por fin, ¡el ansiado cuarto capítulo!

La canción que puse en él es la de Britney Spears "Trip to your heart", aunque coloqué las estrofas descolocadas para que quedase más acorde con la historia.

Muchas gracias Fan De ACE por todos tus Reviews, no me importa si sólo me comenta el fic una persona, lo importante es que por lo menos a esa persona le guste xD. ¡Gracias! (A mí también me da algo más de pena Kidd, pero bueno xD)

¡Disfruten!


- Diálogos.

"Pensamientos"

Memorias/Flash backs

Canciones


Capítulo 4: Duelo y huida

"¡Levántate!" Su propia mente le gritaba, ordenaba que se levantase y alzase la cabeza ante aquellos seres tan despreciables. Pero no podía. Aquel golpe era digno de un ángel de nivel más alto que ella. Miró de reojo al consejo de hombres que a miraban retorcerse de dolor en el suelo. Era de su misma especie… ¿y qué era lo que sentía? Repugnancia. ¿Acaso tenían razón, se había involucrado tanto con los humanos que era casi como uno de ellos? Observó el rostro del joven que la había golpeado. Joven y arrogante, algo así como un Eustass Kidd divino. Una sonrisa sarcástica se dibujo en su adolorido rostro al imaginarse a su capitán bajo el aura de un ángel y poseedor de alas blancas y puras. Trató de incorporarse llevándose una mano al estómago, el lugar donde había recibido el impacto.

No lo había visto venir. Al entrar en el edificio la habían sentado en una silla y comenzaron a hablar entre ellos, casi más bien discutir, sobre el futuro de los piratas. Ella no había podido evitar salir en su defensa y Endaran, un ángel custodio de los sabios, la había golpeado con un puño de luz, haciéndola callar de golpe. No obstante, no gritó.

Observó desde el suelo como él volvía a acumular la energía luminosa en torno a su puño, dispuesto a golpear de nuevo. Se mordió el labio inferior, en un esfuerzo inútil por evitar darles el lujo de escucharla gritar. Sintió como con el impacto tres costillas se le partían y la sangre comenzó a brotar por su boca. Al final, no pudo evitar gritar. Tosió algo de sangre, limpiándose la barbilla ensangrentada con la mano. Uno de los sabios se alzó, enfadado.

- Oye, Alcarohtar, ya tengo la sentencia. Toma a esta traidora y sácala a la plaza, allí anunciaré mi decisión.

Saya se estremeció de dolor cuando el rubio la tomó en brazos y se dirigió a la salida. Sus brazos caían sin fuerza a ambos lados de su cuerpo, mientras que el rostro lo llevaba apoyado en el pecho de él, cuya camiseta se manchaba con la sangre que escapaba de sus labios. De algún modo sospechó, que fuese lo que fuese lo que hiciesen con ella, no iba a ser nada bueno, pero pocas fuerzas le quedaban después de aquel último golpe.


Observó con atención mientras los ancianos salían del interior de la vivienda y su respiración casi se cortó al reconocer como su compañera un cuerpo casi sin vida. La tiraron de golpe al suelo de la plaza, donde ella quedó bocabajo, mirando en su dirección, aunque en realidad sus ojos no se centraban en nada, estaba mirando a ninguna parte. Kidd apretó los dientes, frustrado. Entonces el más anciano habló.

- Estimado pueblo. Como ya sabéis, esta muchacha de aquí es como nosotros, si bien no lo aparenta o se niega a aceptarlo. A pesar de ser hija de un caído, quisimos darle la oportunidad de cambiar su destino eliminando a este puñado de asesinos. ¿Pero cuál creéis que fue su respuesta? – Se hizo el silencio – No quiso, es más, ¡les defendió!

Los murmullos comenzaron a expandirse. Kidd creyó escuchar que Zombie le decía algo, pero estaba tratando de encontrarles sentido a algunas partes del discurso del viejo, que no tardó en volver a hablar.

- Y es por eso que ya he decidido. Ya que aún hay esperanzas de que ella consiga llegar a la mayoría de edad pura, voy a darle una oportunidad – una siniestra sonrisa cruzó su semblante –. Si es capaz de derrotar al Shichibukai en un combate, permitiré a los piratas salir de la isla.

Las reacciones se sucedieron como fichas de dominó, chocando unas contra otras: los sabios rieron, el pueblo les siguió, Saya se estremeció, Kidd y el resto de su tripulación se quedaron paralizados y por último, Mihawk negó con la cabeza.

- No me encargaré. El Gobierno Mundial pidió protección para vos, no esclavitud.

- Nosotros y los Tenryuubito tenemos el mismo tipo de libertades y derechos, espadachín. Shichibukai o no, eres pirata y por lo cual, debes obedecernos.

El espadachín entrecerró los ojos y fijó su vista en la muchacha, que ya de rodillas, limpiaba con el dorso de su mano el resto de la sangre que caía por su barbilla. Llevaba una camiseta quizás demasiado corta, y dejaba al descubierto los moretones de los golpes que había recibido antes y que le habían roto más de una costilla. No quería luchar con una mujer en aquel estado. Pero el sabio tenía razón, no tenía elección. Comenzó a caminar hacia ella, mostrando su habitual porte elegante y, simultáneamente, siniestro.

Saya le vió avanzar y en un instante el miedo se apoderó de ella. Algo llamó su atención, una voz, supo que ya llevaba rato gritando porque escuchó alguna que otra frase a medias.

- ¡… la pena! ¡No seas estúpida y lárgate!

Killer parecía el único sensato, el único de ellos que aún mantenía la cabeza fría sobre sus hombros. La joven miró a Kidd, quien permanecía atento a todo, quizás algo más pálido de lo que era habitual en él. Ella llevó la mano a su espada, estaba decidido: había jurado convertir a ese hombre egoísta y arrogante en el Rey de los Piratas, y si para cumplir su juramento consigo misma y con su capitán tenía que luchar, lucharía. En aquel momento eso era lo único que podía intentar.


Kidd vió como la morena trataba de ponerse en pié, tambaleante. La escuchó gemir cuando rozó con su propio brazo la zona morada de su pequeño vientre. También escuchó a Killer gritarla que se marchase. Él sabía también que lo mejor para ella en aquella situación era que la pequeña se marchase e hiciese su vida en otra parte, al fin y al cabo, él fue quien la obligó a embarcar. Pero supo que ella era feliz cuando la escuchó murmurar en dirección al viejo.

- No permitiré… que dañes a mis amigos… aunque me vaya la vida en el intento, los salvaré.

Quiso impedir que luchase, que recibiese aún más golpes, pero para cuando encontró su voz, ella caminaba en dirección a Mihawk con la espada desenvainada y la otra mano abrazándose el costado dañado. Por un momento, supo que si ella se hubiese marchado… de algún modo que no alcanzaba a gustarle, no se lo habría perdonado.

Y la batalla dio comienzo. Nunca antes había presenciado algo así. Era… escalofriante. Por más golpes que su médico recibiese, ella siempre se levantaba sin importarle su vida lo más mínimo. Trataba inútilmente de esquivar los golpes que el espadachín le asestaba, aunque apenas lograba esquivar tres de cada diez. Cuando la vio caer al suelo por la que creyó que fue la vigésima vez, temió que no se levantara, temió que hubiese muerto ante sus ojos sin haber podido evitarlo. Pero ella volvió a levantarse una vez más, apoyándose en su espada, llevándose la mano a la boca y tosiendo sangre.

La vio alzar la espada en dirección a Mihawk y ante su sorpresa, Saya esbozó una débil sonrisa.

- ¿Es esto… todo lo que tienes, espadachín?

Mihawk la miró y frunció el ceño. Ya debería estar inconsciente como mínimo, pero se alzaba una y otra vez. Bajó su arma mientras la estudiaba, sin percatarse de que aquel era un craso error. Hasta un Shichibukai puede equivocarse.


Recibió los golpes mientras aprendía todos y cada uno de sus gestos, hasta que le vio bajar el arma. Estaba tan preparada esperando aquel momento que fue algo casi instintivo. De pronto su cuerpo tomó las riendas y con un gran impulso y usando su poder de ángel, llegó hasta él en menos de un segundo. Aunque nuevamente él fue más rápido, la espada de ella rozó su mejilla.

A pesar de la situación, Saya no pudo evitar sentirse culpable por haberle herido.

- Lo… lo siento.

Silencio. Otra vez lo había hecho, pensó Kidd, los había dejado de piedra a todos. ¿Desde cuándo se disculpa uno por herir al enemigo en una batalla? Suspiró y no pudo evitar sonreír al ver que ella seguía siendo la misma. Se dirigió a su banda.

- Oíd, chicos… ¿alguno de vosotros puede desatarse?

- Tal vez yo pueda intentarlo – Zombie comenzó a mover sus muñecas con movimientos calculados. Se raspó las manos, pero al final logró sacarlas. Kidd sonrió.

- Bien, libéranos y salgamos de aquí, estando el Shichibukai en la isla no tenemos ninguna opción de escape más que la velocidad.

Saya sintió como su fuerza poco a poco se perdía. A duras penas lograba detener las estocadas del moreno y más de una le provocaba cortes en la piel. Dentro de poco podría ser usada como colador. De pronto notó su espalda chocar contra una pared y se desconcentró apenas un instante.

- No te distraigas – Mihawk se preparó para asestar el golpe final…

Pero no pudo. Todas las miradas se dirigieron al pelirrojo que poco a poco, iba recuperándose de los efectos del kairoseki y atraía con su poder la espada del espadachín, alejando su filo de Saya.

Fueron muy rápidos. Killer hizo uso de su velocidad y cogió a Saya, quien se desmayó en sus brazos por el desangrado que estaba sufriendo, y Kidd y los demás aprovecharon aquello para huir en dirección contraria. Recorrieron la distancia que les separaba del mar en apenas unos minutos y por suerte un par de hombres seguían en el barco y no tardaron en ponerlo en marcha y zarpar, aprovechando que la Log Pose ya se había cargado. Si lo habían entendido bien, fuera de las islas de esos seres estaban en libertad.


El dolor que recorría su cuerpo era muy superior a todos los que había padecido hasta entonces, incluso al que sintió aquel día que cayó del cielo, el día que conoció a sus hermanos. Ace, Luffy y Sabo. El último no había podido llegar a cumplir sus sueños, pero los demás debían volver a verse en el Gran Line. "Lo prometimos" – pensó.

Trató de moverse, pero su cuerpo estaba demasiado abrumado. Abrió los ojos y se encontró en su camarote. Killer y Zombie estaban a los pies de su cama, sentados en unas butacas, hablando con aparente seriedad. Zombie reparó en sus leves intentos por moverse.

- Ni lo intentes, tienes el cuerpo destrozado, no podrás moverte en una semana, como mínimo.

Suspiró. Calculaba poder moverse en un día, por lo que simplemente se aclaró la garganta y trató de resolver dudas.

- ¿Qué… qué pasó… al final?

Ambos se miraron y pareció que compartían una sonrisa cómplice.

- Nos salvamos. Has dormido por tres días enteros y ya nos hemos alejado de allí.

- Era… cof, cof – tosió, tenía la garganta demasiado seca para hablar –. Era el archipiélago Jana.

- ¿Lo conocías?

- No, pero sí a sus habitantes.

Cerró los ojos y concentró su energía en sanar sus heridas.

- Lo siento…

Fue lo último que murmuró antes de caer profundamente dormida.


Golpeó la pared de su camarote, con furia. Hacía cuatro días que la joven no despertaba. ¿Tanto se había arriesgado por ellos? ¿Ellos, que la alejaron del que era su hogar y la obligaron a embarcar? ¿Ellos que eran unos crueles asesinos que no tenían detalles ni entre ellos? ¿Ellos que eran todo lo opuesto a su dulzura? Rechinó los dientes, furioso.

- Relájate Kidd, así no solucionarás nada.

- Killer… ni imaginas el odio que pude sentir hacia esa gente al ver el estado en el que quedó Saya.

- El mismo que los demás. Ella es nuestra camarada y lo que pasó en esa isla fue horrible para todos. Supongo que eso implica que debemos fortalecernos.

Killer trataba de evitar que su capitán continuase destrozando el barco y le vio asentir.

- ¿Y dices que ha despertado?

- Sí, ayer mismo cuando Zombie y yo fuimos a cambiar sus vendajes. Dijo que conocía a la gente del archipiélago Jana y se disculpó.

- Iré a hablar con ella.

Killer le detuvo.

-Está descansando, no podrá moverse en un tiempo.

Justo entonces la puerta del camarote se abrió de golpe, dejando paso a un alarmado Kabuto.

- Perdón capitán, pero no os lo vais a creer ¡Saya ha desaparecido!


- ¿La has encontrado?

Zombie negó con la cabeza y Kidd se desesperó. Habían mirado ya en todos los camarotes y habitaciones del barco, pero Saya seguía sin aparecer. Sólo quedaba la cubierta.

Subió las escaleras que llevaban a la puerta de cubierta cuando una dulce melodía inundó sus oídos. Reconoció la voz: Saya. Estaba en cubierta. Se sintió más calmado mientras llegaba a la puerta que daba a la salida.

Salió al exterior y se quedó observándola mientras cantaba, con voz dulce, mirando al infinito apoyada en la barandilla de madera del barco.

Spread my wings all into the dawn
I'll fly away on a trip to your heart
Break these chains that keep us apart
I'll fly away on a trip to your heart
Oh-oh-oh-oh...
I'll fly away on a trip to your heart

Saya sintió su presencia y se volteó a verle sin dejar de cantar.

For tonight it's just the two of us
Turn the light now, just the two of us
Like how you oh, whisper in my ear
Your breath like ghost that disappear
Trip to your touch
Trip to your tears
Trip to your heart…

Con cada frase que añadía, su nivel de voz disminuía, mientras Kidd se acercaba sin apartar su vista de ella. Una vez que dejó escapar en un susurro la última frase, se estremeció ante una fría ráfaga de aire, involuntariamente, quedando convaleciente ante su capitán.

Cerró los ojos al sentir el abrigo de Kidd caer sobre sus hombros y le observó después, sorprendida, con el dorso desnudo y el ceño fruncido, permanecer de pié ante ella.

Por su parte, Kidd no sabía qué le había llegado a actuar de esa manera. La había escuchado cantar la primera estrofa al infinito, como si mandase un mensaje a alguien lejano. Ella era dulce e inocente. Deliciosa. Tentadora. Y le encantaba la mezcla. Maldijo para sus adentros el momento en que sus caminos se cruzaron, ¿qué eran esos pensamientos? Fue consciente del frío de la joven y le cedió su abrigo, sin importarle lo que aquel simple gesto pudiese significar. Después de que se habían salvado muy posible y únicamente gracias a ella, se lo debía, o eso quería pensar.

Ella, sonrojada, se giró y volvió a mirar el mar, deseando que su mensaje hubiese sido recibido y tratando de ignorar su repentino nerviosismo interno.


A lo lejos y separados por mar y tierra el uno del otro, dos hermanos sonreían al escuchar una estrofa de una conocida canción.

Spread my wings all into the dawn
I'll fly away on a trip to your heart
Break these chains that keep us apart
I'll fly away on a trip to your heart
Oh-oh-oh-oh...
I'll fly away on a trip to your heart

"Saya" – Pensaron los dos morenos al unísono.


Continuará…