Clint Barton

Cuando la vio salir por la puerta, se incorporó de un salto cogiendo el abrigo y se dispuso a salir para seguirla. Al abrir la puerta, la distinguió ya bajando calles abajo hacia donde se encontraba el edificio de seguridad, o eso parecía. Guiándose solo por el abrigo y el pelo de la agente, la siguió en silencio esquivando la gente de la calle y tuvo que mirar bien por donde iba no sea que la perdiese de vista. Llegaron de nuevo al edificio de alta seguridad y volvió a dirigirse al sitio donde se encontraba la trampilla. Esta vez la vio agacharse y sacar una llave del bolsillo de su pantalón con la que abrió el candado y este hizo un suave "clic". Inclinándose un poco, pudo ver como ella lo abría y como gracias a la ayuda de la luz de su móvil, entraba dentro. Pacientemente, Clint esperó a que la rusa terminase pronto y saliera de ahí y una vez que lo hizo, la siguió con la mirada para verla dirigirse hasta un restaurante. Mirando la hora en su reloj, se dio cuenta que ya era hora de cenar y que por eso las tripas le estaban sonando, de modo que la siguió hasta el restaurante y se sentó unas mesas detrás de ella, pero desde donde pudiese verla. Cogió el menú, casi sin quitarla la vista de encima y buscó entre todos los platos, algo que fuese más o menos normal, por no comer nada raro y cuando llegó el camarero que anteriormente había atendido a la rusa, le dijo lo que quería y este se marchó con una inclinación de cabeza. Entre ese tiempo y tal, miró de vez en cuando a la rusa pero al ver que ésta parecía buscar algo o a alguien con la mirada, dejó de fijar su vista en ella para fijarla unas mesas más allá y esperó a que ella dejara de buscar. No pasó mucho rato y la vio agachar la cabeza hacia su móvil que tenía en esas delicadas manos. Pasó media hora y el camarero llegó con las comidas. Primero entregó a la rusa el primer plato y luego fue hasta su mesa y le entregó el suyo. Cuando terminaron la comida, Clint removió un poco más su billetera a la espera de que ella saliera a la calle y una vez hecho eso, le dio el dinero al camarero, cogió el abrigo y se fue casi a la carrera para seguirla el paso. Como si el mundo se encontrara en su contra, nada más abrir la puerta, la vio ahí parada removiendo sus cosas y estuvo a punto de darse el lujo de dar media vuelta, pero sabía que ella la habría visto por el rabillo del ojo y decidió tirar un momento por otro camino para seguirla más tarde. Pero eso parecía no estar en los planes del destino o de su suerte y la rusa le paró. — Perdone, ¿no habrá visto en una mesa un móvil plateado? Es que no lo encuentro en mi bolso – preguntó ella, aún removiendo sus cosas. Clint intentó recordar de si cuando ella había salido, había visto un móvil. Al recordar que sí, suspiró. No tenía sentido mentirla. Además, así a lo mejor conseguía acercarse lo suficiente a ella como para no tener que esconderse para seguirla con la mirada en mitad de la noche. — Creo recordar que sí. Si quiere vuelvo para buscarlo y se lo doy – se ofreció cual caballero. — Estaría bien, gracias – sonrió ella y él vio una sonrisa honesta. Clint decidió no entretenerse más y volver al interior del restaurante hasta la mesa donde se había sentado la rusa. Allí encontró el móvil plateado y dio al desbloqueo para ver la imagen que tenía. En la imagen se podía ver a la rusa sonriente, sentada en un sofá con un niño de al menos nueve años que la daba un beso en la mejilla. Era una imagen muy tierna y se preguntó cómo alguien que parecía tan dulce, podía hacer todas esas cosas. Apagó el móvil y se encaminó a la salida, donde se encontró a la rusa aún esperando.

Natasha Romanoff

Cuando después de media hora, el camarero apareció, ella se apartó un poco para dejarle poner su plato de goulash y le dio las gracias. Después de terminar de comer, llamó al camarero, le preguntó por el precio, pagó, cogió su abrigo y su bolso y salió afuera. Antes de irse, revisó bien si tenía todo: la llave del edificio, las llaves de su habitación del motel... Hasta que se dio cuenta que no encontraba el móvil. Agachando su mirada hacia el bolso, intentó buscar mejor en un desesperado intento por buscar el móvil. Y es que no tenía ganas de entrar de nuevo y de esa manera llamar la atención. Ella tenía que ser discreta y de esa manera, no se era discreta. Por suerte y gracias al maravilloso destino, alguien salió por la puerta. Al principio se debatió un poco entre si debía preguntarle o no (eso mientras removía sus cosas por disimular) y decidió que no podía ser nada malo preguntar. Además, a él (ya que se había dado cuenta que era un hombre joven) no le importaría coger una cosa de una "señorita", así que se arriesgó y le paró antes de que se fuera. — Perdone, ¿no habrá visto en una mesa un móvil plateado? Es que no lo encuentro en mi bolso – preguntó ella removiendo un poco sus cosas para hacerlo más creíble, no sea que encima no le creyera. Él pareció pensarlo un poco y después de un rato soltó un suspiro. No supo si de alivio o no, pero de todas formas se giró hacia ella. — Creo recordar que sí. Si quiere vuelvo para buscarlo y se lo doy – se ofreció. — Estaría bien, gracias – sonrió ella. Le vio entrar de nuevo en el restaurante, donde ahí pudo verle mejor que en la oscura noche. Su pelo era de color rubio y llevaba una chaqueta marrón que solo pudo ver de refilón. Desde su punto de vista, no podía ver bien su mesa, razón por la cual la había escogido pero en esos momentos se lamentó un poco porque le perdió de vista. De todas formas, enseguida consiguió verle y vio que tenía en su mano derecha su preciado móvil. Cuando salió junto a ella, a la poca luz de la noche, sonrió débilmente y le entregó el móvil. — Muchas gracias – agradeció ella. Abrió su bolso de nuevo e hizo sitio para poner el móvil. Su acompañante pareció fijarse en las llaves del motel que tenía en el bolso y levantó la vista para mirarle a esos ojos azules que a pesar de lo oscuro que estaba, se veían – ¿Pasa algo? — He visto por sus llaves que está en el mismo motel que yo. ¡Qué gran coincidencia! – sonrió él divertido. — ¿Ah, sí? Bueno, pues yo me dirigía ya para allí. ¿Va a venir también? – preguntó ella algo sorprendida. — ¡Claro! ¡Por qué no! Además, ya es muy de noche como para ir andando por esta ciudad – argumentó él. Ella hizo una suave sonrisa y se dirigieron los dos juntos hacia el motel dónde se alojaban.

&&& Mil gracias por el comentario Arieson, te agradezco que te hayas tomado un tiempo para leerme otras cosas xD y obviamente mil millones de gracias a elapink! ^^ No sabéis qué feliz me hace recibir vuestros comentarios, así que ya sabéis... dejadme uno ^^ Saluttis &&&