Vivir en cadenas

Capítulo 3 - Más vale fuerza que maña.

30 de Mayo

El día a día en su casa era una maldita locura. Si alguien totalmente ajeno al conflicto observaba la situación, bien podría decir que se habían vuelto todos chiflados. Había momentos de tranquilidad y hegemonía. Francia y España charlaban (más el primero que el último) y parecía haber un ambiente distendido.

Y, de repente, ese entorno cambiaba totalmente. El aire se tornaba denso y las miradas cambiaban. Francia le contemplaba como si fuera el ser más insignificante del mundo. España le miraba envenenadamente, como si deseara arrancarle el cuello de cuajo. En esas ocasiones, todo solía ir a peor. Siempre acostumbraban a llegar a las manos. Empezara uno u otro, eso daba igual. Constantemente alguno de los dos encontraba las ganas de golpear a su vecino.

Los motivos de España eran claros: No soportaba a Francia. Los del galo eran otros. Solían estar propiciados por toda la resistencia que se había levantado en territorio hispano. Y no sólo la resistencia de los ciudadanos, sino la del mismo país. No aceptaba que Antonio se rebelara contra él. ¿Por qué era tan estúpido para cegarse ante el hecho de que eso le haría bien? Estar bajo su dominio era lo que necesitaba.

Los golpes que se propinaban eran fuertes. ¿Para qué controlar la fuerza? Era rara la vez que España no acabara sangrando. Francia se había llevado algún porrazo, pero habían sido pocos. Ahí se mostraba la decadencia de su amigo. Era como si de repente el hispano se hubiera convertido en un anciano que no sabía moverse; torpe y enfermo. Pero ni aún por esas le daba tregua. Él era el que lo provocaba. Le buscaba las cosquillas una y otra vez ya fuese verbal o físicamente. Por muy amigos que fuesen, no iba a tolerar ese comportamiento inconsciente. Cada osadía debía ser castigada.

¿Cuál había sido el motivo de esta nueva pelea? No podía recordarlo. ¿Había sido porque España lo había vilipendiado? Posiblemente. La sensación de haber vivido más de una vez esa misma situación le sobrepasaba. Francia, que se encontraba al lado del español, giró sobre sí mismo y con fuerza golpeó la espalda de Antonio con el mango de su espada. El español no pudo aguantar otro impacto de aquellas características y cayó de bruces contra el suelo. Jadeaba entrecortadamente notando dolor por muchas partes de su cuerpo, consecuencia de la paliza que no había podido evitar recibir. Una de las chicas del servicio hizo un amago de acercarse. Francis la miró y puso un brazo para entorpecer su avance. La muchacha se frenó en seco y le miró asustada. El galo negó con la cabeza y ella retrocedió hasta volver a su sitio.

Antonio levantó el rostro un poco; le temblaba todo el cuerpo y, por mucho que se esforzó, no se podía levantar por completo.

- Nadie puede ayudarlo. ¿Me habéis oído? -dijo Francis dirigiéndose al servicio y los soldados que habían estado observando la pelea- Quien lo haga será severamente castigado. Y hablo muy en serio.

El español tosió de manera seca y escupió la sangre que tenía acumulada en la boca debido a que se había mordido en uno de los tantos golpes que había encajado. Escuchaba los pasos de Francia a su alrededor. Podía notar su mirada clavada en él. La presentía. El rubio se paró delante de él. No levantó la cabeza e incluso desvió la mirada de sus botas. Francis movió su pierna y posicionó el zapato bajo el mentón del español. Levantó la pierna un poco y le obligó a mirarle.

- No deberías escupir. Es asqueroso.

- Es mi casa, Francia. Escupo si me sale de los cojones.

- Es mi casa ahora también. Será mejor que te hagas a la idea de eso. Por mucho que tu gente se dedique a jugar a las batallitas, deberían saber dónde están sus limitaciones. Tú deberías saber dónde está tu límite y dejar de cometer estas estupideces. -lo siguiente lo añadió con un tono meloso- ¿Crees que me gusta pegarte?

- Claro que sí. Te has convertido en sádico de mierda. No eres más que un gilipollas.

Francia quitó el pie de debajo del mentón y empujó con éste la cabeza de España contra el suelo con fuerza. El español pronunció un quejido de dolor y de repente se sentía bastante mareado.

- Parece que no has aprendido la lección aún, España. -dijo con un tono frío el francés.

Antonio notó como era levantado con facilidad por Francia y era cargado en el hombro del mismo. ¿Adónde le estaba llevando? Si no le doliese todo tanto, intentaría revelarse contra él. Pero era algo que le parecía imposible dado su condición física actual. Además se sentía aún tan mareado debido al último golpe... Escuchaba el ruido de las botas del galo contra el suelo, escuchaba el ruido de la ropa rozar, notaba la mano del francés sujetándole.

- Tú. -dijo Francis a no sabía quién- Acompáñame.

Ahora se habían añadido otros pasos a los de Francia. El galo llegó a la puerta principal, la abrió, salió fuera y lanzó al español al suelo. Éste rodó un poco y quedó ligeramente bocabajo. La gente que pasaba por la calle se quedó mirando la situación y murmuraban por lo bajo.

- ¡Vuestra nación está aprendiendo una lección! ¡Nadie tiene permiso para acercarse mientras reflexiona sobre sus acciones!

No era la primera vez que algo así ocurría. España se mordió el labio con rabia, era tan hijo de puta... No se contentaba con humillarlo como hasta el momento, siempre daba un paso más. Suerte que nadie podía ver su expresión. Francia nunca le ayudaba o le dejaba en un lecho para que descansara. Siempre lo dejaba tirado allí donde se hubiese desplomado. Para que aún fuera más denigrante. No dejaba que nadie le asistiese ni se acercase.

- Si alguien intenta ayudarle, ahuyéntale. Si hace falta, puedes emplear la violencia. Cuando tenga suficientes fuerzas para levantarse, lo guías de regreso a la casa. A la fuerza si es necesario. -esa última frase la pronunció con desdén. Se agachó y le dio unas palmaditas en el cabello al español. Su tono se había tornado jovial- Pero eso no va a ocurrir, ¿verdad, Espagne? A partir de ahora te portarás mejor, ¿no es así?

España empezaba a pensar seriamente que el que antaño había sido su amigo había perdido algún tornillo. A ratos era hasta amable con él, casi igual que siempre. Además llevaba unos días bastante meloso. Había hecho diversos acercamientos en un intento de conseguir contacto físico que no fueran golpes. El español siempre hacía lo mismo: se quedaba quieto y le dejaba hacer. Eso no le gustaba a Francia, el cual se acababa aburriendo y lo dejaba para ir a atender cualquier otro asunto.

Sabía que estaban ultimando los preparativos para volver a intentar invadir Portugal. Casi podía imaginar a la nación lusa diciéndole: "Tú eres el que debería tener cuidado con sus amistades, España". No se lo había dicho porque se preocupara, era un ataque verbal a raíz de que Antonio había cuestionado a los países con los que Portugal se relacionaba. Pero, después de todo, había sido un comentario acertado.

Le hastiaba que Portugal tuviera razón.

España se hacía una sola pregunta: ¿Hasta cuándo aguantaría de aquel modo? ¿Cuándo sería el día que Francia no se cansaría? Quería hacerse creer a sí mismo que podría seguir evitándolo eternamente. Y cada vez que Francis se acercaba a él, cada vez que notaba como su mano se colaba por un hueco de su camisa y empezaba a tocar su piel, cada vez que notaba sus labios sobre su cuello, España deseaba una y otra vez que se cansara y se fuera. "No tengo nada para ti". "No voy a seguirte el rollo". "Márchate, márchate, márchate". Eran algunos de los pensamientos que cruzaban por su mente. Aún así, el hispano lograba mantenerse sereno. Su rostro se conservaba indiferente, como si nada ocurriera.

Francis volvió a cansarse de la falta de ganas del de ojos verdes. Sacó las manos de debajo de la camisa de Antonio y se marchó mientras murmuraba en francés cosas que no alcanzó a entender. España apuntaba un día más que se saltaba y restaba un día de la cuenta atrás al desastre.


17 de Junio

Tuvo que sujetarse a una silla para no perder el equilibrio y precipitarse contra el suelo. A pesar de estar prácticamente entrando en el verano, sentía escalofríos. Notaba en su cuerpo las consecuencias del sitio que se estaba dando en Zaragoza. Se sentía febril. No le apetecía hacer nada, ni ver a nadie.

Y como si pudiera oír su deseo y tuviera ganas de llevarle la contraria, la puerta de su habitación se abrió. Francia tenía la horrenda costumbre de no llamar nunca. Se consideraba con el derecho de irrumpir en su habitación siempre que hiciera falta para decir o hacer lo que quisiera. España lo maldijo por dentro. ¿Es que ni hoy podía dejarlo tranquilo?

El francés cruzó la habitación a paso decidido y lo empujó por los hombros hasta hacerlo chocar contra la cristalera. Mientras una mano lo aprisionaba contra ésta, la otra le obligó a levantar el rostro. El beso de Francia fue invasivo y casi le deja sin aire. Ahora le forzó a ladear la cabeza y le pegó un mordisco en el cuello. Apenas pronunció un ruido aunque eso le había pillado por sorpresa.

- Te estamos preparando una constitución, España. Vas camino a ser más y más perfecto. -besó el cuello del español en un par de ocasiones- Ya te la leeré cuando esté hecha.

- No necesito una constitución hecha por ti. -respondió el hispano intentando apartarse hacia el lado contrario contra el que Francia "atacaba"- Vete y déjame descansar tranquilo.

Aún a poca distancia de su cuello, Francis ladeó la mirada y observó el rostro de Antonio con mucho interés.

- No.

- No me encuentro bien.

- ¿Y qué? Eres mío y he estado aguantando estos días por tu falta de interés. Pero eso ya me da igual. Por mucho que yo quiera, tú no te vas a entregar por voluntad propia. Así que será de este modo.

- Francia, déjame...

- No.

- ¡Francia! -exclamó con un tono ligeramente implorante el español. El galo se acercó hasta él, quedando a escasos centímetros de su cara y sonrió con sorna.

- Suplícame otra vez con ese tono de voz, Espagne.

Previó que intentaría algo cuando vio aquel destello de ira cruzar sus ojos. Echó su cabeza hacia atrás justo a tiempo para evitar un cabezazo por parte del hispano. Cuando vio que ya había terminado, aprovechó que se había acercado para besarlo de nuevo intensamente. ¡Por fin! ¡Finalmente estaba reaccionando! Las manos de España empezaron a forcejear contra las de Francia, el cual intentaba desabrochar el batín que Antonio llevaba para combatir el frío que sentía. Por mucho que lo intentase, el español no podía contra la fuerza del francés. Abandonó la idea de intentar apartar sus manos y empezó a empujar sus hombros. Aún así no podía. Notó como el batín se separaba y una mano tocaba su estómago por encima de la ropa. No. No podía dejarle seguir. Tenía que detenerlo ya.

España logró golpearle en el cuello y parte de la mejilla, haciendo que Francis se moviera por inercia hacia el lado contrario. Antonio empezó a moverse para huir de él cuando notó que el francés agarraba el batín con fuerza por la parte del cuello. Forcejearon y España logró sacarse la pieza de ropa, aunque fue rasgada por la fuerza que ambos usaban.

Francia lanzó la tela a un rincón de la habitación y se fue a paso ligero a por el español. Lo sujetó por las axilas, bloqueando de este modo su huída con sus propios brazos. Antonio le gritaba para que le soltara y eso no hacía más que provocarlo. Iba a hacerlo suyo a partir de ese mismo día; ya no iba a esperar más. Pronunció un quejido cuando notó la patada en la espinilla que le había dado el español. Empezó a molestarse más cuando también le pegó un buen pisotón.

- ¿Es que no vas a estar quieto ni un minuto?

Lo empujó bruscamente sobre la cama. España intentó incorporarse pero antes de poder siquiera probarlo, el francés se había sentado sobre su espalda baja. Movió las piernas para tratar de alcanzarle y aporrearle. No hubo suerte, no llegaba.

- Eres siempre tan inquieto~ Mira que intentar golpearme de esa manera. Yo que intento ser dulce contigo.

España bufó por el esfuerzo que hacía para tratar de levantarse. Francis se acercó a él, empujando su cabeza suavemente con la suya, se abrió paso hacia su cuello y empezó a morderlo y a dejar algunas marcas. Notó como Francis tiraba del cuello de la camisa y el sonido de la tela ceder. Una risita se escapó de labios del galo. Aquello le divertía. De una manera retorcida, pero lo hacía. Las manos de Francia se deslizaron por la piel, apartando la tela y explorando los rincones de su espalda. Se acercó a su oído y le pegó un mordisco.

- ¿Vas a dejar que te quite los pantalones sin comportarte como una bestia?

- ¡Que te jodan!

- He entendido tu respuesta. Así pues, no me dejas otra opción.

Por un momento notó que el peso de Francis desaparecía. Fue un segundo antes de volver a percibir como se sentaba. Lo único que había hecho era darse le vuelta. El ruido de la tela rasgándose inundó el aposento y empezó a sentir el ambiente frío arrebatándole el calor corporal.

- ¿También tenías que cargarte mi ropa? Jodido gabacho de mierda. -espetó España.

- ¿Llamas ropa a esos harapos que llevabas encima? Mon Dieu~ -replicó risueño el rubio- Definitivamente no tienes gusto alguno.

Francis volvió a girarse para poder así volver a "molestar" al español. Apretó la muñeca con fuerza contra el colchón y se retiró un poco, dejando de estar sentado sobre él. Aún así, Antonio no podría ir muy lejos. Con la otra mano que le quedaba libre, le obligó a levantar su cintura y su mano se deslizó hasta alcanzar la capital española.

- Gime un ratito para mí, Espagne.

- A-antes muerto. -dijo con desdén el otro.

- Vamos~ Sabes que, eventualmente, lo harás. Es estúpido por tu parte que lo niegues.

Francia empezó a acariciar con intensidad la entrepierna del español. Por mucho que deseara no darle el gusto de escucharlo, Antonio no podía controlar a su cuerpo en ese tipo de situaciones. Reaccionaba al placer y a cada caricia experta del galo. Francis pegó su cintura a la de su vecino y éste pudo notar en su trasero la erección que el francés tenía. Si no hacía nada, eso era lo que le esperaba. Aunque, desde su posición, poco podía hacer. Apenas era capaz de mover los brazos para intentar pegarle un simple codazo. Enterró el rostro en la colcha intentando ahogar sus jadeos. Aún así, Francis pudo escucharlos. Era algo obvio teniendo en cuenta que ahora el miembro del español estaba erecto. No iba a ser tan cruel: le dejaría que lo disfrutara un poco también. Él siempre había tenido el orgullo de ser un "buen amante". Por mucho que lo estuviera forzando, quería que sintiera placer. Quería escucharlo gemir y ver el rostro que ponía cuando se adentraba en él repetidamente. Notaba un cosquilleo de excitación recorrerle por abajo mientras su mente imaginaba la situación. Por eso se había dedicado primero a lograr que él estuviera excitado también.

Lo fácil hubiera sido continuar en aquella pose. Pero a Francia le gustaban los retos y España siempre le solía poner unos muy interesantes (sin siquiera darse él cuenta). Ahora mismo el reto era tirárselo dándole la vuelta. Con otra persona, llegados a este punto, seguramente hubiese encontrado una resistencia nula, encajando aquello como una derrota. Antonio nunca había sido así. Odiaba perder y odiaba perder contra él (lo sabía porque el mismo francés odiaba perder contra el otro). Por mucho que hubiese logrado desnudarlo y estimularlo de aquel modo, España no se había dado por vencido. Y si lo giraba, le daba oportunidades de defenderse.

Eso quizás hubiera sido desesperanzador para cualquiera, a Francis simplemente le parecía un desafío muy interesante. Le daba igual soportar algún golpe: no eran como los que había dado antaño el español. El premio era invadir a España y adueñarse de parte de él. Una recompensa demasiado tentadora como para echarse atrás ante la idea de un par de porrazos.

Volvió a sentarse sobre él. Lanzó la chaqueta del uniforme a un lado y empezó a desabrocharse la camisa. Ahora sus prendas le molestaban mucho. Pero volvía otra vez al apunte de siempre: España no iba a prestarse voluntario a ayudarle a quitarse la ropa. Ni tan siquiera se quedaría quieto mientras se apartaba para quitársela él mismo. Se dejó la camisa abierta y se desabrochó el pantalón. Tampoco podría quitárselo. En fin, las cosas no iban nunca como uno deseaba. De cualquier modo, Franca iba a tener lo que quería.

España seguía insultándole y tratando de levantarse. Francis rió ante los intentos desesperados del hispano. Hubiera sido más fácil que se hubiera resignado. Aunque eso hubiera sido mucho más aburrido.

- ¡Vete a la mierda, Francia! ¡N-nadie te quiere aquí! ¡Te vamos a echar a patadas!

- Ow, venga~ No tienes que ponerte así. Pero si ahora viene la mejor parte de todo el acto. Estamos haciendo esto para celebrar que estás madurando como nación y que te haces más perfecto. Como moi.

- ¡Te puedes meter tu mierda de constitución por donde te quepa, hijo de la g-!

Francia había girado al español. Antes de que pudiera golpearle, aprisionó sus muñecas contra el lecho y se sentó sobre sus muslos. Antonio bufó frustrado e intentó liberarse inútilmente. Juntó las muñecas sobre su cabeza y las sujetó con una mano. Era lamentable que, aún reteniéndolo de ese modo, España no tuviera fuerza suficiente para que aquello supusiera un reto. Tomó una pierna del español y la levantó, sujetándola a la altura de la rodilla. La otra continuó apresada bajo su peso.

Lo abrió de piernas y le obligó a apoyar el pie sobre la cama. Soltó la extremidad y usó su cuerpo para que el español no pudiera mover las piernas para intentar golpearle de algún modo. Francia empezó a relamer sus propios dedos, sonriendo de lado mientras observaba la expresión que se le quedaba al hispano cuando le vio hacer eso.

- Si colaborases, lo podrías disfrutar del todo. Ya sabes cómo puedo ser de amable cuando estoy a buenas.

España no respondió. Miraba los dedos de Francia con fijación, como si en vez de dedos fuera un arma apunto de dispararle un tiro en la sien. Viendo la falta de respuesta, Francis decidió seguir a lo suyo. Mordió el cuello del español y llevó la mano hacia el trasero de éste, empezando a vencer la resistencia. Un pequeño quejido ahogado se escapó de labios de Antonio. Volvió a revolverse. Encima, al hacer aquello oponía más resistencia sin proponérselo y la intrusión se le hacía más molesta.

- ¡Serás hijo de puta! ¡Suéltame!

- No me hagas perder la paciencia, España. -dijo con un tono ligeramente irritado el galo. ¿Por qué no podía ser un poco más cooperativo? No esperaba que se la chupara dócilmente, pero al menos podía dejar el lenguaje soez.

Pero algo más ocurrió. El hispano le había escupido en la cara. Francis se quedó estático. Retiró la mano que había empezado a acostumbrar a Antonio y con el dorso se secó la cara. Se miraron fijamente por unos segundos. En ese tiempo, España supo que aquello le iba a costar caro.

- De veras iba a ser condescendiente contigo. Tú te has buscado esto, Antonio.

Pronunció un grito desgarrado cuando notó que Francia se adentraba en él de una sola vez. Las lágrimas humedecieron la comisura de sus ojos, abiertos como platos mirando hacia el techo. Se había arqueado ligeramente, preso del dolor y su respiración era entrecortada y aquejada. El interior del hispano era estrecho y por un momento se sintió como si fuera a venirse. Se quedó quieto, respirando agitado. No entendía por qué, pero ahora mismo encontraba excitante ver el rostro compungido por el dolor de España.

Concluyó que había estado quieto suficiente tiempo. Lentamente, empezó el vaivén. A cada movimiento, España pronunciaba algún quejido. Viendo la expresión de Antonio, Francis notaba que sus pensamientos se volvían incoherentes por momentos. Le besó intensamente, parando el vaivén para así darle oportunidad a participar. Se separó para respirar y cuando se volvió a acercar, España le mordió el labio inferior. Le daba igual que ahora sangrase, le besó agresivamente de nuevo. Soltó las muñecas del español al mismo tiempo que retomaba el movimiento de cadera.

Notó un tirón de pelo bien fuerte. Aún así no se detuvo. Siguió besándole hasta que le faltaba el aire y, una vez lo había tomado, le besaba de nuevo. Mientras sus manos se estaban abriendo camino, agarrando mejor las piernas del español y aferrándose también a su cintura. No le importó el puñetazo que le pegó cuando se separó para tomar aire. Eso sólo significaba algo, ahora también se quedaría sin besos. Por mucho que su rostro estuviera sonrojado, por mucho que su respiración estuviera entrecortada y por mucho que le mirara como si hubiese acabado de perder toda la confianza que tenía en él, Francia ya no iba a parar. Él se negaba a ser suyo. En el fondo aquello le dolía y quizás esta era la forma idónea de vengarse.

De repente, el rubio empezó a embestirlo intensamente. Sus dedos se clavaban en la piel del español y a su alrededor la dejaban blanquecina de la presión que ejercía. Se posicionó mejor sobre el lecho y logró poder penetrarlo con fuerza aguantándolo con un solo brazo. La otra mano se fue hacia su miembro y lo estimuló al mismo ritmo en el que se adentraba en él. España intentó levantarse, pero no podía. Su cuerpo se veía sobrepasado por las muchas sensaciones que lo abrumaban. Las lágrimas bajaban por sus mejillas y respiraba agitadísimo. Sus gemidos resonaban con fuerza por la habitación y los de Francia quedaban más disimulados. El galo acabó cediendo al placer y terminó en el interior de su vecino. Aún así tuvo una pizca de compasión y lo estimuló hasta que él también alcanzó el orgasmo.

No esperó un minuto para retirarse de su interior. Soltó su pierna, la cual cayó como peso muerto sobre el lecho y se incorporó para ponerse bien la ropa. No iba a ser como otras ocasiones. No se iba a quedar a su lado y a dejarse embriagar por la sensación post orgasmo. Más bien porque quizás el hispano intentaría matarlo mientras dormía. Había decidido que no correría el riesgo.

Cuando se marchó de la habitación, la respiración aquejada de Antonio seguía resonando.


19 de Julio

Francia estaba ocupado con unos papeles y no le prestaba atención. El español podía decir que se alegraba de que lo ignorara durante algunos momentos. Aún así, si hubiese querido irse de la habitación, Francis le hubiera impedido hacerlo. Prefería mantenerse callado, mirando por la ventana, como si fuera un adorno más de la estancia. La puerta de madera resonó un par de veces. Escuchó que la pluma de Francia dejaba de escribir y, en francés, daba permiso a la persona al otro lado de la puerta para que entrara. Escuchó todo el ruido, pero Antonio no se molestó ni en girarse. Prefería que lo siguieran ignorando.

- Señor, las tropas del general Dupont han sido derrotadas en Bailén. -dijo el francés que acababa de entrar en la habitación.

Hacía muchos días que no lo hacía, pero, en ese momento, Antonio sonrió con malicia. ¿Cuánto hacía ya desde que sintiera esta euforia por dentro? Le gustaría girarse y reírse de él. Espetarle un: "Jódete", quizás. Pero eso significaría que Francis buscaría la manera de hacerle pagar en ese mismo momento.

- ¿Quieres decir que mañana tengo que recibir a José Bonaparte diciéndole que hemos sido derrotados? -la sonrisa de Antonio se acentuó cuando escuchó el enfado de Francia. Ojalá su tono se tornara aún más descompuesto. Ojalá sufriera más.

- Hay 19.000 soldados prisioneros. -informó el hombre.

- Que se reúnan y organicen al norte. Allez!

España giró sobre sus talones, apoyándose sobre el ventanal y observó a Francia con una sonrisilla superior. Ver aquel deje de insolencia le hizo adoptar un gesto enfadado que deleitó aún más al español.

- No cantes victoria.

- Parece que esta nación que está de capa caída te ha pegado un buen palo, ¿no es así?

Aquello molestó en exceso al francés. Se fue hacia la mesa, cogió la pluma y el bote de tinta y los lanzó hacia el hispano. Aunque la susodicha pluma le pasó a escasos centímetros de la cara y rebotó en el cristal, España ni pestañeó. Solo seguía sonriendo como un maldito, disfrutando de cada segundo en el que Francia perdía los papeles.

- ¿Esto es lo mejor que puedes hacer?

- No me hagas ir hasta ahí para partirte la cara. -siseó el galo.


20 de Julio

Francia estaba últimamente demasiado ocupado. No tenía tiempo ni de pelearse con España y mira que ganas no le faltaban. La situación se estaba escapando de las manos en la península. El número de bajas en Bailén había sido demasiado elevado. Era una vergüenza que los españoles, claramente es desventaja, les hubieran arrinconado de ese modo.

José Bonaparte había llegado ese mismo día. La cara del hombre no pudo expresar mejor lo que sentía ante las noticias que le dieron. Los españoles iban a sacar buena tajada de esta victoria. Tenían demasiados prisioneros, seguro que sus demandas serían exigentes.

Aunque en aquel momento Francia tenía la mente en otro asunto. El hecho de que aún no había visto a España. Era vergonzoso que todavía no se hubiera presentado para saludar al que iba a ser su rey.

- Están muy confiados por lo que han logrado en Bailén. -dijo José.

- No sea ridículo. Porque hayan ganado una estúpida batalla no puede pensarse que puede hacer lo que le venga en gana. -replicó Francis molesto.

- No creo que sea realmente una 'estúpida batalla'.

- Lo sé... -murmuró con ira el francés.

Le molestaba. Saber que, aún con su poder, aún cuando había podido someter a España con tanta facilidad hacía dos noches, sus ciudadanos habían logrado vencerles en Bailén era bochornoso. Sabía lo que eso había alimentado. Europa miraba sorprendida hacia la península y empezaba a tener confianza en que el imperio francés no era invencible como había sido creencia hasta ahora. Y la culpa de todo eso la tenía España.

- ¿¡Dónde demonios se ha metido? -espetó finalmente a un hombre que pasaba.

- Ha salido a dar una vuelta. He intentado detenerle pero no es que haya escuchado mis palabras, señor. -dijo el susodicho hombre, asustado por el tono irritado de la nación.

- Ve a buscarlo. Ahora mismo. Le dices que acuda ante mí inmediatamente.

- No sé si querrá venir.

- Le dices que si no viene iré yo mismo a arrastrarle de los pelos para traerle de vuelta. -replicó Francia con un tono frío. El hombre no se movió, helado por completo por el tono que había usado la nación francesa. Aquello empezó a acabar con su paciencia- ¡Venga! ¡Muévete!

Mientras el hombre llevaba a cabo la misión que le había encomendado, Francia intentaba que José Bonaparte se tranquilizara. Usaba como pretexto que pensaba de ese modo porque estaba agotado por el largo viaje, que luego vería las cosas de manera diferente.

Al rato, las puertas se abrieron y allí, bajo el marco, España se encontraba de pie. Por un momento, su mirada se clavó en los presentes, como si estuviera identificándoles. Ignoró rápidamente a José y miró a Francia con un toque de desdén. Era tan insolente por mirarle de ese modo...

- ¿Me has mandado llamar? -preguntó Antonio por mera formalidad. Claro que era él el que le había amenazado de aquel poco sutil modo para que volviera.

- Creo que te has olvidado de que hoy llegaba José Bonaparte aquí. -España observó a José durante un segundo y después a Francis. En su mirada podía leer total indiferencia, como si pensara que aquello no iba con él- ¿No piensas saludarle?

Por unos segundos, nadie habló. En cambio, España y Francia sí que se comunicaban de algún modo. El francés podía leer en el rostro del hispano que éste no pensaba que saludarle fuese algo que tuviera que hacer. Por su parte, Francis le miró fijamente y el español comprendió el mensaje: Si no saludaba, se arrepentiría de ello. José les observaba a uno y otro, sin entender muy bien de qué iba el tema.

De repente España miró a José y sonrió. Puso un pie delante del otro, extendió un brazo y el otro lo flexionó, apoyando la palma de la mano sobre su pecho. Se inclinó hacia delante haciendo una reverencia.

- Bienvenido, su alteza Bonaparte... Y adiós. -dijo Antonio levantando ligeramente el rostro. En él se podía apreciar una sonrisa superior, desafiante- No le necesitamos aquí. Ni a usted, ni a la serpiente venenosa que se encuentra a su lado.

Había una frase que se cumplía casi siempre. Todas las personas tienen algo o alguien que logra sacar lo peor de ellas. Hasta ahora, Francia siempre había creído que Inglaterra lograba sacar lo peor de él. Era mentira. En aquellos momentos, España lograba sacar la peor faceta que el galo tenía. Día tras día, en algún momento, lograba decir algo que hacía que la sangre le hirviera. Francia solía ser bastante calmado y le gustaba presumir de ello. Últimamente aquella faceta de hielo se iba a la mierda por culpa del español que seguía mirándole con superioridad.

- Creo que te gustaría rectificar esa frase que acabas de decir, ¿no es así? -dijo después de lograr calmar sus instintos.

- No. Creo que no, Francia.

Su fachada de hielo se hizo añicos. Se fue para él y lo empotró contra la pared. Su mano se aferró a su cuello con fuerza. José se levantó del asiento, claramente sobresaltado por la situación.

- Te crees muy gracioso, ¿verdad? Por una MÍSERA batalla ya te crees el rey del mundo. ¡Te recuerdo que aún me perteneces, España! Y ese hombre va a ser el que controle todo lo que pasa en este maldito antro al que llamas casa. -dijo el francés aún estrangulando al otro.

- Os vamos... -empezó España con tono de voz medio ahogado. Sus dedos se clavaban con fuerza en la mano del galo intentando de algún modo que le soltara y poder respirar con normalidad- Os vamos a d-devolver a vuestro antro.

- Francia, venga, suéltalo. -dijo José viendo el cariz que la situación estaba adoptando.

- ¿Ah, sí? ¿Igual que pudiste echarme hace dos días de tu habitación? -Francia rió pero no había un ápice de jovialidad- Eres tan estúpida y deliciosamente inocente... Me das pena.

- El sentimiento es mutuo. -dijo España empezando a sentirse ligeramente mareado por la falta de aire.

- ¡Francia! ¡Venga! ¡Suéltalo ya! ¡Si sigues así lo asfixiarás! -dijo Bonaparte inflexiblemente, ya empezando a verse sobrepasado por la situación.

Él no podía meterse en medio de una pelea entre dos naciones. En cambio, aunque no fuera el gobernante de Francia, éste debía mostrarle cierto respecto. Después de todo, Napoleón era su familia y él sí que era su jefe. Francis soltó el agarre y España tuvo que sujetarse bien en la pared para no resbalar y caer al suelo.

Su respiración resonaba por toda la habitación, ligeramente ronca por la falta de oxígeno. Francia, obviamente disgustado por ser interrumpido cuando intentaba enseñarle maneras a esa nación que le pertenecía, ladeó el rostro para mirar de reojo a Bonaparte.

- Ahora ve a darte una vuelta y cálmate. Esto no es propio de ti. -dijo José. Francis no se movió- Allez, allez.

Antes de salir por la puerta, Francia se paró al lado de España. Ninguno de los dos se miraron a los ojos.

- No te vas a deshacer de mí tan fácilmente. No lo pienso permitir. Eres mío.


28 de Julio

La situación era humillante. Los españoles, gracias al número de presos que habían logrado en Bailén, habían conseguido hacer que la balanza se inclinara a su favor. Debían abandonar Madrid y regresar hacia Francia. España había estado observando en silencio, pero sin perder la sonrisa, cómo guardaban las cosas que tenían y las subían a los carruajes.

- Vamos, Francis. -dijo José Bonaparte abandonando la casa y dirigiéndose hacia su medio de transporte.

En el recibidor del caserón ahora sólo quedaban Francis y Antonio. Se miraban el uno al otro. El galo más serio, el español con aire triunfante. No podía dejar de sentirse molesto viendo su cara. Era el sentimiento que había decidido que era el más correcto. Su reacción ante la insistencia de España por intentar alejarse de él.

- ¡Señor Francia! -llamó una voz provinente del exterior rompiendo aquel tenso silencio.

- Vete ya. -dijo Antonio con desdén.

Soltó aquella maleta en el suelo, provocando un ruido ensordecedor. Francia se acercó a paso decidido a España, lo fue empujando hasta que le acorraló en la esquina derecha del recibidor. Pegó su propio cuerpo contra el del hispano para impedirle moverse con facilidad. Sujetó los brazos de Antonio aprisionando las muñecas contra la pared cuando éste intentó mover las extremidades.

- ¡Fra-!

Francis chistó logrando que el español dejara a medias ese grito.

- Estás muy contento con esto, ¿verdad? -susurró con aire meloso el francés. Aún así su rostro no expresaba dulzura alguna. Su mirada era fría.

- No sabes bien cuánto. -replicó el español a disgusto. Intentó de nuevo soltarse pero no pudo. Maldijo su fuerza. O, mejor dicho, la ausencia de ésta.

- Yo de ti no me haría demasiadas ilusiones, Espagne. -prosiguió el galo- Después llorarás. Y no pienso ser yo quien te consuele. Non.

- No necesito que me consueles. No necesito nada de ti. Has perdido y ahora has de irte con el rabo entre las piernas.

- ¿Te crees que voy a aceptar esta pequeña e insignificante derrota? ¿Te crees de verdad que con el poder del que dispongo me iré a casa sin más y me olvidaré de todo? No te voy a dejar ir tan fácilmente. ¿Acaso no lo entiendes? Eres mío.

- No. No lo soy.

- ¿Por qué tienes que resistirte tanto? ¿Por qué no puedes dejar que yo cuide de ti?

El beso de Francis tenía algo más que lo que usualmente podía sentir. Un cierto toque de pasión, quizás hasta cariño, que apenas podías notar bajo ese intenso sentimiento posesivo y dominante. Echó la cabeza hacia atrás intentando separarse del beso pero se golpeó contra la pared. Cada vez más acorralado a pesar de que era Francia el que estaba apunto de irse. El rubio sacó la lengua de dentro de la boca del hispano por instinto y éste le maldijo internamente porque estaba apunto de morderle.

Se contentó con morder su labio con fuerza. El francés se apartó, respirando el aire a bocanadas, al igual que su vecino. Su labio sangraba, aunque eso le daba igual. España le miró con el ceño fruncido.

- Vete de mi casa de una maldita vez. -dijo con odio.

El francés caminó hacia la maleta, la recogió y, con parsimonia y andares gráciles, se dirigió hacia la puerta. Se detuvo allí y miró de nuevo hacia España.

- Regresaré a por ti y esta vez me aseguraré de hacerte mío por completo.


¡Ale, disfrutadlo! ¡Ya lo ha violado! *lol* ¡Sé que muchas estabais esperando! Pf xD En fin. Aclaro sobre el título: Sé que el dicho es "Más vale maña que fuerza" pero precisamente quería ironizar ese dicho. España nunca iba a aceptarlo, por mucha maña que emplease, Francia no lo iba a conseguir. Así que, en esta situación, la maña no sirve de nada y lo que en realidad le ha "conseguido" poseer a España ha sido la fuerza.

Comentar que me gusta el trozo del final... Que Francia tiene una extraña fijación por arrinconarlo y que le sale solo. Ah sí, y Francia no ha alcanzado su nivel de hijoputismo extremo xDDD Todo está por llegar. El capítulo acaba un poco mal, lo siento ;_;

Además, ya me he sacado hueco para intentar actualizar para que no os quejéis, pero voy justísima de tiempo ;_; P-perdón...

Kitshunette, ahahaha XD I love you! You're leaving a review in english~ *w* merci beaucoup *v* France imperalist rules xDDDD .. OMG SM INCLINATIONS? XDDDDD ahahaha XDDD I love all the fanarts you did based on my fic. I think that's one of the best things a fanfictioner can get... ;_; I can't thank you enough for them. Spain answers France's questions like he's an asshole, cuz he's tired xDDD ;_; Tomorrow I'll reply your message on dA I swear ;_;9 I'm waiting for the payment xDDD... I want to see photos! *v* Awww but it's still passed your test òvou Do your best! I can help you with spanish all you need ·v·b

Ariadonechan, ahahaha XDDD depravada total XD xD Lo sientoo~ *en realidad no lo siente XD* El dos de mayoo~ Leí uno por ahí pero yo quería hacer la versión que tenía en mente, cruenta a más no poder. Ahaha, si estás más documentada en el tema, me doy por satisfecha. En mi fic Francis es odiable. Y eso que en el otro fic es bastante adorable. Pero por eso no quería insinuar nada de este trozo xD. Porque aquí es un capullo xD. Se les echó antes de Madrid, así que tienes un adelanto. El fic ha quedado larguito así que no se termina tan pronto XD. Merci por el revi~

Eakeles, ;w; g-gracias por el review... ya no lloro. Bueno le encierra por un tiempo pero Francis tampoco es que prefiera estar solo pudiendo tener a Antonio al lado. Aunque sea rollo florero. Claro que no, yo te cuento la verdad. Si no sale Agustina no te voy a mentir D: ... Bueno, pensemos en que Fernando no saldrá por un tiempo xDDD Donde hay que firmar? XDDD Un día haremos una proclama y dominaremos el mundo! XDDD Deberían tener más amor... ù.ú si es que lees las noticias y casi es canon xDDD. Espero que te guste el capii~

Hethetli, awww merci *v* ahahaha xDD Falta de erección xDDDD omg xDDDD España no puede quedarse inmutable! Es el país de la pasión! ù.ú ... Yo también quiero una muñeca Antonio~ 8DDD XDDD

SWK101, Awww ;w; gracias... Los reviews animan mucho. XDDD ¿Necesitas preparación psicológica para leer? Oh dios mío XD Lo siento? XDDD Creo que es imposible no odiar a Francia en el fic XDDD AW UN DIEZ? ;_; G-gracias...

SonneDark, dios a las 8 o_o? Mon dieu! No la hice antes porque quizás no conocía Hetalia! O me estaba documentando! ;A; Tardé muchísimo!. Murat es odioso xDDD ¿De parte de Francis? Oh dios... Nooo! Si es muy capullo xDDD Ahora aún... Pero luego ya verás... Terriblemente capullo xDDDD Pues ale, ya se lo violó xDDD Que se te pasen las ganas "no normales" XDDD Seeh Wellington xDDD Otro puto xDDDDDD! Espero que te guste la continuación~

Hinayoso, jurarías bien xDDD Has acertado. Este periodo es uno en el que su relación estuvo como una mierda pero es muy interesante, la verdad ò.o.

Suzume Mizuno, lo es... Lo es... España está aguantando, pero ya verás, todo irá cayendo por su propio peso. Seeeh, lo de lo que debe hacer o no a España le repatea en el alma pero bueno... Veo que los títulos me traerán por el camino de la amargura. Quiero escoger cosas especiales y me como la cabeza. Gracias por los ánimos, el trabajo va mejor ;v;

Akirah, xDDD Siento bipolaridad de los reviews. Queréis matarlo y a la vez deseáis que viole a España XDDD Sois muy malas XDDD -Aunque lo entiendo BD- UHF si yo te contara... he estado haciendo un trabajo de campo impresionante. ¡Ni pa' el trabajo de recerca del bachillerato hice tanto! XDDDD Aw, t-todos los días *se siente feliz* Jajaja XD Lo animaste a violarlo! Bueno, ya lo hizo en este capi ù.úU

Little-lily, omg! Another review in english ;A;! -hearts- Yeaaah~ he is... and he will be even more annoying xD omg you want to record what he did to Spa- ok I want to record it too xDDDDD He can't be tamed by France 8D that for sure. Antonio will kick him 8D Even more. Thank you so much for the review ;w;... w-where are you from? Just curious *v*

Atsun, xDDDDD oh dios mío xDDDDD La lectura errónea del título del capítulo xDDD épico xDDDD. Menos mal que releíste el título xDDDD *patspats* xDDDD Tu ira hacia Fernando es desternillante, qué mona xD Sí~ Llegó mayo y su crueldad~ xDDD Lo del fiambre yo también lo pensé, pero no lo dije ù.ú... Estos se pelean mucho a partir de ahora ù.ú... Sí, es un chungo xD. Lo de Camps me hizo reírme muchísimo xDDD Le encierra pero como he dicho no imagino a Francia dejándolo encerrado demasiado tiempo en ese momento. Prefiere tener compañía. Intentaré igualmente no tirarme mucho tiempo sin actualizar _ Pobre jet-pack ó.ò

Yuyies, la política acaba metiéndose un poco. Estuve apunto de meter un poco el tema religioso pero vamos... eso me hubiese derrumbado el fic por completo. Violación y religión... PUF... Implosionaría el mundo xDDD. Es que el tema era muy surrealista. Hasta que no habían muchos soldados no se dieron cuenta. Es muy wtf? XDDD Pues Francia se va a ir volviendo más frío. Piensa que viviendo tantos años supongo que es imposible odiarle para siempre. Además se conocen desde hace mucho. Sí, van a salir más veces Inglaterra y Portugal. DEBÍAN estar. Inglaterra luego se hace medio "asiduo" al fíc, así que saldrá, sip

Y esto es todo por esta vez ;W;

MERCIIII

Son muchos revis y me hacen feliz ;w; -hearts-

Hasta el próximo capítulo~

Miruru.