Digimon Aventure/ Tri y sus personajes no me pertenecen.


#4. Caléndula. ("Pena y dolor").

Golpearlo en este momento estaría acorde con el niño de primaria, aquel rabioso y desesperado por salvar a su compañero. Ya no eres tal persona, sin embargo, sin importar cuánto lo añores.

La expresión atormentada de él, de cuclillas frente al ordenador portátil, suplica por un castigo, y por ello no lo harás. Después de todo, no existe mayor suplicio que el revelado este día.

—Entonces… —musitas, derrumbándote en el suelo de la habitación. El universo a tu alrededor se revuelve raudo, causándote náuseas y un ardor familiar en la garganta; todo es, incluso, peor de lo que imaginaste mientras corrías hasta aquí.

Las manos prestas del pelirrojo permanecen cerca del teclado, pero ningún movimiento irrumpe el funesto mutismo. Busca tu mirar, después de unos segundos, indispuesto a continuar ocultándolo, listo para culparse, quizá porque te conoce lo suficiente.

Ya no lo eres, no lo harás, es simple. Desquicia, cada explicación levitando sobre ustedes, mas la expresión de Koushirou te impide ceder a la ira; él, quien sabe acerca de esto desde hace tanto, quien se vio incapaz de solucionarlo después de tanto intentar, no merece ningún reproche.

Ninguno de los otros merece alguna reprensión y, no obstante, ¿qué es esto sino un castigo por la infantil complacencia?

—Es verdad, la perderán —afirma el elegido del conocimiento, irrumpiendo en tus pensamientos— Ahora mismo, está ocurriendo y no sé... —El peso de ello quebró la voz de Izumi y dotó a su tono de una cualidad áspera—. No sé cómo detenerlo, Taichi.

Así, los años transcurridos de despedazaban al alcance de la mano, lenta y cruelmente. El consuelo que querías brindarle no llegó, pues lo único impreso en tu retina es aquella frase tan inocente del principio; es tan perverso escucharla contaminarse de pérdida.

¡Taichi, Taichi!


Lo abrazas hasta que el oxígeno parece abandonarlo. Lo abrazas a pesar de su resistencia, de las jornadas sin dirigirse palabra o el océano de gritos reprimidos en tu pecho, porque es el único que puede sostenerte, lo sepa, o no.

Le necesitas ahora más que nunca. Si no eres egoísta ahora y desoyes tu propia desesperación, no serás capaz de continuar; incluso si te golpea después, lo necesitas ya. Tangible, aquí, durante la hora más oscura.

—¡Déjame!

Lo abrazas mientras su figura pugna por liberarse. Hace dos horas, probablemente le hubieras soltado.

Aquella sentencia, eso, ¿acaso es plausible evocarla y prescindir de ahogarte, al mismo tiempo? Cada minuto proclama que los perderán y cómo vas a decirles, cómo piensas afrontar ese momento, qué harás cuando escuches eso de Agumon, no lo sabes, no lo sabes.

Ni conoces y ni puedes imaginarlo. Imaginas, casi sientes: el sollozo ahogado de Mimi, las pequeñas manos de Sora temblar y su plácida sonrisa forzada, el tono contrito de Koushirou, la culpa de Jou, y Hikari, en la oscuridad. La ves, lo detestas, pero la ves rodeada de oscuridad, lejos de ti, llorando.

Tu preciada, adorada hermanita sufre desconsolada. Lenta, avanza hacia Gatomon y la pregunta aparece, tan odiosa. Todos los compañeros la formularán y, de esa manera, destruirá a los elegidos sin violencia. Yamato también, ciertamente; esto destruirá a Yamato.

Ni siquiera imaginas cómo soportar el vendaval por ellos, por ella, por él, cuando Agumon la diga también.

—¿…Taichi?

¿Quién eres tú?

La infección tenía una solución y la agencia gubernamental la adoptó antes de consultarles. En cuanto decidieron enfrentar a Angemon, todos estuvieron expuestos a la operación. En poco tiempo, sería irreversible. Eso dijo Koushirou Izumi hoy; Sora ignoraba la explicación completa, pero los signos en Gatomon provocaron que Hikari acudiera a ella.

Reinicio. Proyecto reinicio. En una semana exacta sus compañeros digimon habrán perdido sus memorias para siempre.

Por ese escenario posible sientes los párpados anegados en lágrimas. Respiras pesadamente en el hombro quieto de Yamato, y eres un maldito cobarde; deberías estar con Agumon en tanto reconozca tu rostro, pero es inútil construir recuerdos condenados.

O, peor aún sería peor provocar un avance de la infección y causar que el último momento entre ustedes sea una batalla. Gatomon ya ha atacado a Hikari, y no pudiste protegerla. Si las circunstancias indicaran lastimar a Agumon, ¿qué sentido tendría todo?

Buscarán respuestas de ti, todos ellos, y no las tendrás nunca


—¿Taichi?

Resulta sorpresivo al punto que desistes, escuchando. Sí, es verdad. Un escalofrío recorre tu espalda cuando caes en cuento que está llorando, aferrado a ti. Sea que tu entero ser rechace la idea, (no puede llorar, no así, no puedes escucharlo infeliz), o no, está balbuceando lamentos en tu piel y todo lo demás desaparece.

Intentas, alarmado pues parece a punto de ahogarse, apartarlo por un momento. Cuidadoso, temeroso de su fragilidad, intentas calmarlo. —Taichi, escucha… —Pero, no escuchará, y ¿son disculpas lo que brota de la voz quebrada?

—Está bien, Taichi, estará bien. —Superfluo, inútil, afirmarlo, dibujar círculos en su espalda, como hiciste con Takeru. No sabes lo que dice, no has olvidado por completo lo que sucedió, no entiendes qué sucede, por lo que recurres al conforte infantil; ya no te es posible recurrir al rencor cuando tus propias pupilas tiemblan al unísono de sus gemidos.

Lo único que haces cuando tu amor llora es susurrar sinsentidos, lo siento, perdóname, estará bien, estoy aquí, en su cabello, estremeciéndote e ignorando el sendero de lágrimas frescas, propias, descendiendo por tus mejillas.


Nota. Quizá estaré atrasada hasta que termine. En fin, traté de adaptarme a los spoilers, porque estoy segura que no planeaba llegar hasta este punto cuando imaginé esto por primera vez. Además, creo que falto dolor. Respuestas, comentarios y todo con reviews.