Digimon
La Guerra Santa
Capitulo III: Asedio a Odaiba
12 de Agosto del 2005. Mundo Humano, Odaiba. 15:05 Hrs.
— ¿A dónde crees que vas? —
Estando en un callejón poco concurrido, Yukio Oikawa volteó sobresaltado ante la voz infantil de una niña. Se sintió paralizado en el lugar pues sentía una profunda oscuridad dentro de la niña de ojos lila, se sorprendió de todo el odio que ella guardaba en su interior. Su tono de voz era frío y sarcástico, no distaba mucho de los terribles digimon de las tinieblas.
— ¿Acaso estar sordo? ¿O simplemente no tienes el cerebro suficiente para procesar lo que te estoy diciendo? —
Captó con su mirada el objeto que ella cargaba en una de sus manos, un dispositivo. El D-Ark.
— ¡Ese objeto! Tu no eres de este mundo — exclamó con temor — Tu fuiste una de las que secuestro a Gennai —
— Vaya. Qué observador, — la muchacha fingió sorpresa — imagino que sabrás a lo que he venido —
Yukio retrocedía al ritmo que la chica se acercaba hacia él, pronto se topo con una pared de ladrillos, la cual impidió que pudiera seguir moviéndose.
— La rata escurridiza pudo venir a este mundo y advertir a los Elegidos de nuestra presencia. No creas que por eso has logrado detenernos, esos mocosos no son ninguna amenaza —
— Esos niños hacen milagros, te sorprenderías — Yukio la encaró con valentía.
— No me digas, los mataré a todos antes de que sepan lo que esta sucediendo — en ese momento, sus labios se curvaron hacia arriba —...o tal vez les muestre, no está demás una buena audiencia. Es más de lo que puedo decir de ti. ¡Devimon! —
La mano del digimon demonio surgió detrás de la pared de ladrillos, atravesando la espalda de Oikawa y emergiendo por el pecho, manchándose con sangre en el proceso. El ataque fue tan rápido que la víctima no vio de donde vino. El cuerpo inerte se deslizo lentamente, hasta caer en el suelo con un ruido seco. Al pavimento se vertió todo el líquido vital que solía mantenerlo con vida.
Devimon atravesó la pared de ladrillos, dirigiendo su mirada hacia la niña que estaba al frente e ignorando de plano su atroz acto.
— ¿Qué es lo que venimos a hacer en este lugar? — preguntó — ¿Solo a acabar con esta patética existencia? —
— Yukio Oikawa ya estaba muerto, pero de alguna manera logró retornar a este plano. Era imperativo deshacerse de él, los Elegidos no deben sospechar que es lo que tramamos. Sin embargo, esto no es lo único. Descuida, aun tenemos mucha más diversión por delante —
— Entonces no perteneces a este mundo — Devimon comentó, al escuchar la conversación entre Oikawa y la chica — ¿Cuáles son tus objetivos en este, en particular? —
— Aun no te los puedo decir, sin embargo, si piensas que mis objetivos son dominar este mundo, te equivocas. Ya te puedes ir relajando — el digimon demonio no pareció muy convencido —, lo que quiero en realidad es lo que tu quieres, venganza —
El cuerpo de ambos, Devimon y la chica tamer, desaparecieron como si se trataran de un espejismo. Dejando atrás la evidencia de su paso, el cuerpo inerte de Yukio Oikawa. Más tarde, a la distancia se escuchó las patrullas de policía venir, con sus características sirenas encendidas. El horror que descubrirían, tan solo sería el preámbulo de lo que Odaiba tendría que padecer.
15:15 Hrs.
Todos ellos aparecieron en el medio del claro y atacaron como un rayo. No eran sutiles como Vandemon hizo en su tiempo, cuya invasión había permanecido inadvertida hasta que fue demasiado tarde; o como Arachnemon y Mummymon, los cuales poseían un contacto en el mundo de los humanos. Ellos tenían un solo objetivo, esparcir la muerte y la destrucción hasta donde alcanzaran sus vistas.
Al frente del ejército de la muerte, LadyDevimon, SkullSatamon y MarineDevimon se alzaban y escuchaban con deleite los gritos de los civiles aterrorizados.
Los niños salieron de la escuela, cada uno en silencio y en momento de reflexión, pensando en las advertencias que habían recibido últimamente. Sus digimon salieron junto a ellos, algunos pasos atrás, preocupados por lo que sus queridos amigos pudieran estar sintiendo en este momento.
La fría calma que reinaba en el ambiente cambió en un segundo. Los D-3 de los Elegidos pitaron frenéticamente, interrumpiendo el silencio. Tailmon, DemiVeemon, Patamon, Purumon, Upamon y Wormmon sintieron como una gran angustia los invadía. Agumon, quien era cargado por Daisuke en su espalda, se despertó de sobresaltó. Las fuerzas de las tinieblas habían entrado a su mundo.
— Es la oscuridad — Hikari exclamó aterrada — La oscuridad se acerca —
Por ser la Elegida de la Luz, ella era la más sensible a los poderes de las Tinieblas. Sintió toda la muerte de personas inocentes que se había producido en tan solo un segundo, sintió el horror que experimentaron en sus últimos momentos, el miedo que se extendía hacia los sobrevivientes.
Los muchachos se vieron con miradas temerosas, ninguno sin saber que hacer exactamente. Tenían que lidiar con la noticia que, probablemente, varios de sus amigos ya se encontraban muertos y que ninguno de ellos pudo hacer algo para evitarlo; tenían que lidiar con el descontento hacia los digimon por parte de la población mundial. Ni siquiera iban a tener tiempo de llevar cada uno su duelo.
Daisuke miró a sus amigos derrotados y a los digimon desesperanzados. Era como la situación que se había presentado el 1 de Agosto, cuando se enteró por primera vez del regreso de Demon y que se le había prohibido ir al Mundo Digital para hacer algo al respecto. Recordó toda la ira que sintió todo el momento, la cual lo cegó y le impidió entender porque los otros habían tomado una decisión así sin su consentimiento, aun no la entendía de hecho. Se había alejado de todos sus amigos, los evitaba, y cuando todos ellos estuvieran en sus hogares, Daisuke se escabullía a la sala de informática para intentar abrir la puerta digital, sin ningún resultado. Así había sido hasta hoy, hasta que la noticia sobre los digimon apareció en los medios audiovisuales.
— Tenemos que mantener la luz viva en nuestros corazones — recordó —, esas fueron las últimas palabras del señor Oikawa antes de que se marchara —
Sus amigos levantaron la vista, observando el desarrollo de una de las escasas actitudes de madurez que hacían respetar a Daisuke.
— ¡Somos los Niños Elegidos! — exclamó con orgullo — ¡Tenemos una misión que se nos encargó! ¡Tenemos que proteger a nuestros seres queridos, nuestra ciudad! —
Daisuke dejó escapar una lágrima, acabando con una expresión melancólica.
— Es lo que Taichi y los otros hubieran querido —
— Daisuke tiene razón — Ken secundó — no vamos a dejar que Demon haga daño en nuestro mundo, debemos demostrar que aun no ha ganado —
Cada uno fue contagiado con ese sentido de responsabilidad, de no ceder ante los problemas. Eran los únicos que podían hacerlo de todas formas, o sino no hubieran sido llamados para proteger el Mundo Digital y el Humano.
— ¡Vamos hacer que retrocedan! — Daisuke exclamó, entusiasta. Extendió su mano, esperando que todos los demás hicieran lo mismo — Lucharemos, como siempre lo hemos hecho —
La respuesta no tuvo demora.
Los niños estaban en circulo, con las manos encima una de la otra. La expresión en sus rostros habían cambiado. Ellos lucharían y salvarían a todos los que pudieran, sobrevivirían. No tuvieron duda de ello.
Sus compañeros digimon lo celebraron.
— ¡Niños Elegidos, vámonos!" —
En lo alto de un edificio, dos encapuchados observaban los acontecimientos, planeando intervenir. Esa era la razón por la cual ellos estaban ahí.
— Demon finalmente ha hecho su movimiento, hermano — dijo uno de ellos.
Este, como su hermano, era humano. Sin embargo, tenía algo más que lo distinguía del resto. Seres con sentidos sensoriales desarrollados, más allá de los cinco sentidos, dirían que aquel muchacho guardaba las tinieblas en su interior.
— Y él no se quedará quieto — bufó el otro — hará que los enemigos lo atrapen más rápido —
El primero rió de buena gana, a pesar de la situación.
— Tienes razón, ese chico me recuerda a un amigo nuestro —
El segundo se resistió, pero esbozó una sonrisa leve al final, pues tenía que reconocer que su hermano tenía razón. Supuso que dijo ese comentario porque había predicho que pasaba por sus pensamientos, no le extrañaba ya que, además de ser su hermano, era su gemelo. Y como este, también se distinguía de los otros seres humanos por una cualidad en particular.
Él era la luz y su hermano representaba a la oscuridad, las dos fuerzas primordiales en equilibrio. Ninguno podría vivir sin el otro.
— Esperaba que pudieran retenerlo un poco más en el Mundo Digital — el primero comentó con amargura.
— Era inevitable — el segundo habló con severidad — Lo que podemos hacer ahora es frustrar sus planes por los medios que sean necesarios, no dejaremos que su maldad triunfe —
En el interior de sus capuchas, cada uno sacó su dispositivo. Un digivice que no existía en esta dimensión, o la que provenía el tamer. Uno era blanco con detalles azules, mientras que el otro era negro con detalles grises.
Estaban listos para ir a la guerra.
1. Dos enemigas juradas.
— "¡Aros Explosivos!" —
— "¡Flecha Celestial!" —
LadyDevimon y una de sus subordinadas, una Witchmon, advirtieron a tiempo la flecha de luz, la cual cayó como un relámpago del cielo. Ambos digimon la esquivaron, sin embargo, no fue la misma suerte que tuvo un Devidramon, al cual le atravesó el pecho y murió en el acto.
Los aros explosivos bombardearon sin compasión a un par de Raremon, los cuales iban al frente de las tropas del Ángel Caído y que terminaron heridos de gravedad.
LadyDevimon enfocó sus ojos rojos en sus atacantes.
Bajando con su aura celestial, bañada en los colores del arcoíris, Angewomon se dirigía a ella de forma desafiante. Acompañada por la gran águila digimon, Aquilamon.
— Hikari, Miyako — el ángel femenino dijo — Ayuden a los otros humanos a escapar, yo y Aquilamon nos encargaremos de los enemigos —
Las contestables alzaron el pulgar a sus respectivos digimon, como una señal que habían captado el mensaje. Después, comenzaron a ayudar a todas las personas que, por desgracia, habían quedado sumergidas en medio del conflicto. El resto dependería del desempeño de los digimon en la batalla.
— No puede ser, — Angewomon exclamó — tu debiste haber sido destruida —
En ese momento, LadyDevimon echó una risotada.
— Me alaga que me reconozcas — mencionó con sarcasmo — Si quieres no me creas, pero he estado deseando encontrarme contigo nuevamente. Witchmon... — llamó a su subordinada —...encárgate de su compañero y de todos los patéticos humanos que veas. Yo me haré cargo personalmente de este angelito —
— Como ordene, mi señora — respondió la bruja digimon.
Luego, se dirigió directo hacia Aquilamon junto con varios Raremon, algunos Tankmon y otro Devidramon.
LadyDevimon, tal como dijo, se enfrentó sola a su eterna adversaria.
— No se como es que siempre logras resucitar de la muerte, pero tus malévolos actos llegan hasta aquí. Prepárate demonio —
Angewomon alisto su arco nuevamente.
— Esta vez, el resultado será diferente. Yo misma lo garantizo —
— "¡Flecha Celestial!" —
— "¡Onda de la Oscuridad!" —
Ambas atacaron al mismo tiempo, en dirección hacia la otra. Con sus ataques viajando a la misma velocidad, el resultado era que se encontrarían en la mitad de su trayectoria, tal como lo indicaban las predicciones de la física no relativista. Al contacto, se escuchó un ensordecedor estallido, sin mayores daños al área.
El ángel y el demonio, aun en el cielo, se abalanzaron hacia el otro y su contienda milenaria empezó.
Hikari volteó su cabeza por unos momentos para presenciar el inicio de la batalla entre Angewomon y LadyDevimon. En anteriores ocasiones, las batallas entre ellas dos habían sido alocadas, estaba seguro de que esa no sería la excepción. Por cierto, esperaba que Angewomon humillara a la otra de la peor forma posible. Era asunto entre mujeres.
— ¿Se encuentra bien, señora? —
Mientras tanto, Miyako ayudaba a una mujer de mediana edad a levantarse del suelo. Esta última se había caído, mientras huía de las hordas del Señor Demonio.
— ¡Gracias! — exclamó con lágrimas entre los ojos.
Si no hubiera sido por Hikari, Miyako, Angewomon y Aquilamon, aquella mujer se habría sumado a la lista de muertos a causa de los digimon de las tinieblas.
— Niñas. También tienen que huir de aquí —
— Descuida señora, — Miyako habló con confianza — nosotras estaremos bien. Tenemos la ayuda de nuestros digimon —
— ¿Ese ángel está con ustedes? — preguntó la señora, enfocándose en la hermosa figura celestial que combatía ferozmente con uno de los invasores.
Miyako y Hikari asintieron al mismo tiempo.
— Corra lo más rápido que pueda señora, salga de Odaiba si es necesario — Hikari dijo.
Esta última se despidió y salió tan rápido como sus piernas se lo permitieron.
Ambas chicas suspiraron de alivio, esa señora era la última persona que quedaba en el área. Ahora mismo podían enfocarse en la batalla que tenían por delante, el destino de Odaiba y de todos sus habitantes dependía enteramente de ellas.
— Son demasiados — Miyako comentó, un poco intimidada.
Hikari, en ese momento, le toma la mano como una muestra de seguridad.
— Tengamos fe en Angewomon y Aquilamon, ellos dos podrán hacerle frente a todos esos digimon —
Aquilamon y Devidramon se encontraban en una persecución aérea, siendo el dragón maligno quien siguiera a la gran águila con cuernos. Aquilamon procuraba alejarse en los cielos, donde su batalla no tendría efectos secundarios en la ya afectada ciudad.
En las alturas, Devidramon emergió con un potente rugido y sed de sangre para después abalanzarse sobre su enemigo. Sin embargo, Aquilamon la esquivó con facilidad. Al ser más pequeño que su adversario, poseía la ventaja de la rapidez y la maniobrabilidad. El dragón de la oscuridad era pura fuerza bruta pero era ineficaz si no lograba dar un golpe. El ave pasaba por sus costados una y otra vez, sin que Devidramon pudiera evitarlo.
Pronto, las fuerzas del dragón de la oscuridad se agotaron, dando la oportunidad para que Aquilamon atacara.
— "¡Aros Explosivos!" —
Posibilitó que diera en el blanco, en el rostro del demonio, el cual se encogió de dolor al ser cegado. Posteriormente, Aquilamon lo embistió en el pecho y lo mandó al suelo.
Cerca, los Tankmon y los Raremon dispararon todo su arsenal. Los primeros usando los misiles que salían del cañón que llevaban en la cabeza, mientras los otros escupían saliva tóxica.
A Aquilamon le fue más difícil evadir estas técnicas por lo numerosas que eran. Se encontraba en aleteo constante, cambiando su posición sin descanso, y aun así la saliva de un Raremon logró rozarle una ala.
— Eso es, mátenlo — Witchmon, mientras, ordenaba eufórica — Conviertan sus datos en ruido —
La águila se dio cuenta que no podría seguir así por mucho tiempo. El ala afectada le dolía y eso la ponía en peligro, pues alteraba su agilidad y eso la ponía más cerca de las técnicas de sus enemigos. La única salida que vio fue caer en picada, confiando en que los ataques desorganizados tendrían una baja probabilidad de impacto si él tomaba un camino recto. Su objetivo estaba claro, sin importar cuantos proyectiles le rozaran.
— "¡Cuerno Planeador!" —
Witchmon se alarmó apenas se dio cuenta que ella estaba en el camino de tan imponentes cuernos. Ninguno de sus subordinados parecía poder detenerlo.
— "¡Vendabal Baluluna!" —
Por lo cual se vio obligada a contraatacar, invocando un torbellino de viento dirigido a Aquilamon, quien fue consumido por este. La bruja digimon sonrió con autosuficiencia, la cual no duró mucho pues Aquilamon salió de su técnica, con heridas por todo su cuerpo, pero aun decidido a cumplir con su objetivo. Witchmon agarró su escoba, en la cual estaba sentada, con sus dos manos y se dispuso a evadir al águila, pero para entonces, ya era demasiado tarde.
El cuerpo de Aquilamon chocó contra Witchmon y ambos terminaron en el duro suelo.
Sin saber a quien seguir, los Raremon y los Tankmon se dispersaron para seguir con lo suyo, lo cual era destruir todo lo que vieran por delante.
— "¡Aquilamon!" —
Angewomon miró con preocupación como los digimon del Área Oscura se acercaban a Miyako, Hikari y Aquilamon, quien se encontraba sumamente lastimado. Así que librándose temporalmente de su enemiga mortal, el ángel se interpuso en el camino de los Raremon y los Tankmon.
— "¡Atmósfera Celestial!" —
Para crear una cruz rosada extendiendo sus brazos con efecto devastador. Todos los digimon que se encontraron en su camino fueron exterminados al instante, incluyendo al Devidramon que se recuperaba del último ataque. Witchmon fue la única que tuvo suerte, logrando escapar a tiempo y refugiándose detrás de su comandante.
— Creí haberte dicho que esta pelea era entre tu y yo, angelito — LadyDevimon dijo. — Tendré que castigarte —
— "¡Onda de la Oscuridad!" —
Angewomon no tenía la posibilidad de evadir ese ataque, pues detrás de ella se encontraba su compañera humana y sus amigos. Evadir la técnica de LadyDevimon significaba dejar morir a sus queridos amigos, a Hikari. Esa no era una opción.
— "¡Flecha Celestial!" —
Así que utilizó su propia técnica, cuya luz deshizo a la vorágine feroz de murciélagos que se aproximaban. La expresión en el rostro del digimon demonio no fue de alegría.
— ¿Cómo te atreves? — preguntó con odio en su voz.
En arranque de ira, LadyDevimon voló hasta donde se encontraba Angewomon y, con toda la intención de hacer daño que tenía, le agarró del cabello rubio y comenzó a dar vueltas con ella sujeta por sus garras. Luego la soltó, en una trayectoria que ponía al ángel en curso de colisión con un pequeño carro de comidas abandonado.
— ¿Qué te pareció, basura? —
Angewomon se levantó adolorida pero furiosa, dispuesta a hacer pagar a la villana lo que había hecho.
La batalla se había convertido en una guerra personal, donde cualquier truco sucio que ambas usaran era legal, desde las jalonadas de pelo hasta las incesantes y repetitivas cachetadas que una le daba a la otra, cada vez con más furia. Groserías de todo tipo salieron de sus bocas, para todos los demás fue sorprendente como Angewomon competía en ese ámbito con la mujer demonio.
Hikari y Miyako tenían las mejillas rojas, apenas si podían creer lo que estaban escuchando. Incluso algunos digimon de la oscuridad, como Witchmon, dejaban la boca abierta mientras sus ojos miraban con el tamaño de dos grandes platos de cocina. Otros habían abandonado la destrucción sin sentido, reuniéndose alrededor de la zona donde Angewomon y LadyDevimon estaban combatiendo, para luego hacer apuestas de quien creía que ganaría. A pesar de sus lealtades, la audiencia se encontraba dividida.
— Esto es ridículo — gritó LadyDevimon — No volverás a frustrar los planes del señor Demon. No volverás a derrotarme... "Lanza de la Oscuridad" —
El brazo del ángel caído se transformó en una lanza negra, la cual arremetió contra el ángel sagrado, quien apenas si tuvo tiempo para esquivarlo.
— Y tu no amenazarás más a este mundo o el digimundo. Yo misma me ocuparé de darte el fin que te mereces. "Flecha Celestial" —
— Esas dos están locas — la tamer de ojos lila mencionó, con gesto sorprendido.
Ella se encontró en la cima de un edificio, pasando inadvertida, en compañía del maligno Devimon, quien, a diferencia de ella, traía una sonrisa en su rostro al observar tal escena.
— Parecen dos mujeres borrachas peleándose por un marido — comento la humana, haciendo alusión a una situación quien bien podría darse en la sociedad.
Devimon se rió entonces.
— ¿Qué es tan gracioso? —
A lo cual el demonio le respondió.
— Esa es la naturaleza en acción, el resultado de la carrera armamentística entre predador y presa, como ustedes los humanos lo nombran. LadyDevimon fue alguna vez un Angewomon que sucumbió ante los poderes de las tinieblas, traicionó a los suyos. Esa dama demonio es todo lo que el ángel digimon detesta, lo que desea borrar con desesperación. Para LadyDevimon, Angewomon es el ser más odiado por su modo de actuar, por su misión en beneficio de las Entidades Sagradas que la desterraron. Es natural que sientan deseos de matarse la una a la otra cuando se ven, son enemigas mortales —
— Interesante, — la chica mencionó con sarcasmo — al menos este frente de batalla está controlado. Hora de revisar los demás, quiero asegurarme de que no haya ningún elemento que no hallamos previsto —
2. Los guerreros de la Luz y la Sombra.
15:20 Hrs.
— Daisuke, Ken. Los enemigos se encuentran cerca, son numerosos —
Paildramon volaba por los cielos con sus dos compañeros humanos, Motomiya Daisuke y Ichijouji Ken, cargados en brazos. Iban en dirección a una gran columna de humo negro con llamas ardientes en la base, un lugar donde antes había varios negocios y una estación de gasolina. Detrás de ese lugar, se encontraban los enemigos a los cuales el digimon se refería.
— Cuanta destrucción. — comentó Ken, con algo de temor — Nunca habíamos enfrentado algo así, no sin la ayuda de Taichi y nuestros demás amigos —
— Es la razón por la cual debemos detenerlos — Daisuke replicó — Pueda que sean numerosos pero nosotros somos más fuertes —
Ya estaban a punto de cruzar la enorme columna de humo.
— No estaría tan seguro, presiento entre ellos un enemigo poderoso —
— ¿Demon? — ambos muchachos preguntaron al unísono.
Pero Paildramon negó con la cabeza.
El enemigo que los aguardaba no era tan poderoso como el temible Señor Demonio pero, aun así, era alguien del cual debían cuidarse. Notó que este no se acercaba, así que probablemente los estaba esperando.
Al cruzar la barrera de humo, los chicos no pudieron evitar mirar el horror descarnado. Al otro lado estaba el muelle, con decenas de cadáveres humanos calcinados y mutilados por igual. Algunos murieron a causa de la explosión de fuego y otros a manos de los terribles digimon de las Tinieblas. Daisuke y Ken cerraron sus ojos al no poder soportar la escena, aun cuando pudieran sentir el olor de la podredumbre y la carne cocina en el aire. Paildramon contempló los sucesos con repulsión y, luego, enfocó su mirada en quienes habían sido los responsables.
Sobre el agua volaban un grupo de tres Devidramon, cinco Airdramon de ojos rojos y el ser maligno que los dirigía. El digimon poderoso que Paildramon había sentido hace unos momentos y al cual reconoció.
La mirada que recibió SkullSatamon fue de horror pues nunca se imaginó que el Ángel Caído hubiera podido regresar. De este, se escuchó una horrible carcajada que erizaba los pelos de la nuca y los brazos.
— Niños Elegidos, es un gusto verlos nuevamente — dijo con malévola sonrisa. —...esperaba que ustedes me fueran de más ayuda que estos gusanos —
Los muchachos, valientes como ellos solos eran, encararon al terrible demonio.
— ¿Te refieres a todas las personas que tú y los tuyos asesinaron? — Daisuke cuestionó con rabia reprimida, deseando más que nada romperle los dientes con sus propios puños.
SkullSatamon, lejos de sentirse intimidado, respondía cínicamente.
— Les hice una simple pregunta que no fueron capaces de responder — dijo —. Quería saber donde se encontraba un niño humano en particular. ¿Será que ustedes pueden ayudar a encontrarlo? —
— ¿Buscan a un muchacho? ¿No estaban buscando la Semilla de la Oscuridad? — Ken les preguntó.
Entonces SkullSatamon se burló.
— Tu ya no nos eres de utilidad, humano. Ahora lo que desea mi señor Demon es un poder mucho mayor, quiere ese niño que fue ocultado por las Bestias Sagradas. ¡No me mientan! — exigió — ¿Dónde se encuentra el tamer? —
Los dos muchachos y el digimon se miraron confundidos por un segundo, mas la respuesta llegó a sus mentes más rápido de lo que cae un rayo.
— ¡Ni muertos te diremos donde se encuentra! — Paildramon exclamó.
El ángel caído negó con la cabeza con una sonrisa imborrable, ya se esperaba ese tipo de respuesta.
— Con mucho gusto quiero aceptar su reto, Elegidos — dijo — El señor Demon estará complacido cuando traiga sus cabezas en una bandeja de plata. Ataquen, matenlos —
Los Devidramon, fieles a las órdenes de su amo, fueron los primeros en abalanzarse mostrando sus colmillos blancos y garras rojas muy afiladas. Atacaron como aves de presa en busca de una paloma, esperando que el impacto de sus garras sobre el cuerpo de su enemigo fueran más que suficiente para acabar con su vida. Sin embargo, gracias al tamaño y agilidad de Paildramon, este evadió sin problemas a todos sus atacantes. Daisuke y Ken, quienes estaban en brazos de su digimon, no sufrieron daño alguno a causa de los agresores.
— ¡Acabalos Paildramon! — Daisuke exclamó.
Y, con la velocidad de un rayo, Paildramon derrotó a los tres Devidramon. SkullSatamon observaba disgustado los resultados que se desarrollaban.
— No hay nadie que sepa hacer un trabajo bien — dijo — ¡Niños Elegidos, prepárense para morir! —
— Daisuke, Ken — Paildramon exclamó — Los dejaré aquí, no puedo arriesgar su seguridad mientras peleo contra SkullSatamon —
— Haz lo que debas hacer, Paildramon — Ken respondió.
— Sabemos que tu lo vas a vencer, ese digimon debe pagar todo el daño que provocó —
Paildramon asintió a sus dos compañeros, los dejó en el pavimento destrozado y levemente inflamado para ir en confrontación contra su enemigo, el ángel caído que sonreía con deseos sádicos. Ambos se movieron a la velocidad del rayo, siendo lo único visible los destellos metálicos producto de los impactos entre la vara de SkullSatamon y las garras del guerrero dragón.
En un paisaje baldío, nubes oscuras cubrieron el cielo hasta donde alcanzó la vista. Debajo de estas, un muchacho de cabello negro y ojos oscuros miraba de forma desafiante y desesperada a un digimon monstruoso. Había sido un ángel hermoso en el pasado pero, en ese momento, se había dejado dominar por el odio y los celos, lo cual lo transformó en un enorme demonio de ojos amarillos, con un pelaje de color verde y purpura.
— ¡Tu, me engañaste para manipularme! — el niño exclamó.
— No es así — el digimon maligno respondió con sonrisa tenebrosa — te lo diré en este momento, el digispirit de la oscuridad es quien escoge a su dueño... —
— ¿Qué quieres decir con ello? —
— Aquel que no posea la suficiente oscuridad en su corazón no será capaz de dominarlo en su totalidad — respondió con cinismo —, yo mismo lo probé con una infinidad de digimon, pero todos mis intentos resultaron en vano y sus digi-codes terminaron por ser destruidos. Así fue hasta que apareció un ser humano, el cual resultaste ser tú, quien poseía una oscuridad superior a la de los demás. ¿Ahora me dices que deseas rechazar a los poderes de las tinieblas? —
El niño humano bajó su cabeza, de forma avergonzada, encontrando razón en las palabras del digimon. Este, por su parte, continuó hablando.
— Tu destino es aceptar la oscuridad para convertirte en mi esclavo... —
Sin embargo, cuando las garras del demonio estuvieron a punto de alcanzarlo, una luz cálida lo envolvió como detonante a otra desesperada voz. Fue su hermano, quien infundió en él un coraje necesario para enfrentarlo.
— Es cierto que en el pasado mi corazón estuvo lleno de odio y celos hacia mi hermano Kouji, pero eso ha cambiado. Ya no soy la misma persona de antes... —
— ¡Entonces morirás! —
El ángel caído estuvo a punto de matarlo y, cuando menos se lo esperaba, sucedió un milagro producto de su vínculo fraternal. Un D-Scan de color negro apareció, mostrando en su pantalla dos reliquias del Mundo Digital, los legendarios digispirts de la oscuridad pero, esta vez, purificados de todo mal. En ese momento supo que era lo que tenía que hacer, en sus manos cayó la responsabilidad de proteger lo que más quería.
— ¡Kouichi! —
Kouji Minamoto se vio obligado a levantar la voz pues su hermano gemelo desde hace rato dejó de ponerle cuidado.
— ¿Kouji? ¿Qué sucede? — el aludido preguntó con sobresalto.
— Estabas ido. ¿En qué estabas pensando? —
Kouichi se mantuvo en silencio por unos minutos, en los cuales buscó en su bolsillo a su D-Scan recién recuperado, el cual nunca esperó volver a ver. Concentró su mirada en la pantalla de aquel dispositivo y con los botones de este apreció sus dos digi-spirits, KaiserLeomon y Lowemon. Entonces habló.
— Estaba recordando nuestra batalla contra Cherubimon, nuestro amigo que había sido corrompido, recién me liberaba del poder corrupto... — su hermano se sorprendió, pero no dijo nada al respecto — Recordaba la motivación que me llevó a luchar para salvar a nuestro Mundo Digital, siento que otra vez me encuentro en aquella situación —
— Ya ha pasado mucho tiempo desde ese entonces — Kouji habló con una expresión calma, mientras colocaba una mano en el hombro de Kouichi — ...no puedes seguir culpándote —
Ambos se sonrieron por un breve momento para después enfocar su mirada en el panorama de una ciudad tan familiar pero, a la vez, tan extraña. Ellos habían desobedecido una orden y entrado en un mundo al cual no pertenecían, la realidad en la que vivían los humanos que habían sido Elegidos por los Emblemas y las Etiquetas. La muerte y la destrucción inundaban todo, ocasionado por seres que no tenían ningún respeto por la vida y solo les interesaba conseguir poder al precio que fuera necesario, seres que disfrutaban matar y torturar.
— Tenemos que hacer algo — Kouichi dijo con convicción.
— Tienes razón, hay que detener a estos digimon. Salvar todas las vidas que podamos en el proceso —
Se volvieron a mirar una vez más y, al tiempo, un aro de código digital apareció en la muñeca derecha de cada uno. Wolfmon y Lowemon, los guerreros legendarios de la luz y la oscuridad aparecieron, para luego dirigirse a uno de los centros de batalla. Para ser más precisos, donde un terrible ángel cadavérico peleaba de forma feroz con un guerrero dragón por los cielos.
— Hueso de Clavo —
El relámpago de la vara del demonio estuvo a punto de golpear a Paildramon. Este lo había esquivado por poco, sin embargo, la velocidad de SkullSatamon estaba demostrando ser superior y, en un abrir y cerrar de ojos, Paildramon recibió un golpe crítico en el pecho, el cual hizo que fuera enviado al pavimento como si de un meteorito se tratara.
— ¡Paildramon! —
Daisuke y Ken exclamaron al unísono, estando en una distancia segura.
— No se preocupen por mi — dijo con dificultad — esto no es nada.. —
— ¡Fanfarrón! — SkullSatamon se aproximó lentamente — Tu no estás a mi nivel, harías mucho más pidiendo misericordia o, mejor, hablando acerca de la ubicación de lo que desea mi señor Demon —
— ¡Eso jamás! — Paildramon exclamó.
En ese instante, se abalanzó de nuevo hacia su enemigo a toda velocidad.
— ¡Super Ataque! — y disparó todo lo que tenía.
SkullSatamon, con movimientos ágiles de su vara, bloqueo cada uno de los disparos. Sin embargo, Paildramon logró agarrar el arma del digimon demonio, comenzando a disputar su posesión.
— De verdad te gusta ser castigado, ¿No es así? — SkullSatamon dijo.
— ¡Cierra la boca! —
Paildramon no logró arrebatar la vara pero obtuvo algo de control sobre su adversario. Pudo regresar el favor por el golpe anterior al darle una poderosa patada en su rostro, siendo ahora SkullSatamon quien era disparado por los aires para terminar en las ruinas de un edificio. El ángel caído se levantó poco después con leves heridas por su cuerpo, con rabia reconoció que eso le había dolido.
— Miserable insecto, al menos se ve que no eres tan inútil —
El demonio fue al ataque nuevamente, moviéndose con una gran rapidez. Paildramon también contraatacó con velocidad similar, tratando de seguir su paso. Una vez más solo era visible los destellos producto entre los choques entre ambos. A pesar de sus esfuerzos, Paildramon le costaba alcanzar a SkullSatamon viéndose superado en poco tiempo, golpeado en el suelo y con la punta filosa de la vara de SkullSatamon sobre su cuello.
— ¡Habla o..! — exigió el demonio.
— Ya dije que no lo haré, así que corta mi garganta si eso quieres —
— De hecho, ya se que tu no tienes consideración por tu propia vida — SkullSatamon dijo con desdén —, sin embargo, si amenazó a otros... —
En ese instante, dirigió su mirada hacia donde estaban Daisuke y Ken. Una sonrisa torcida reveló sus intenciones hacia los muchachos, quienes palidecieron al instante, sin posibilidad de escape de alguno.
— ¡No te atrevas, maldito! — Paildramon exclamó con furia.
— Sabes que es lo que quiero saber, dímelo y tal vez los dejé con vida —
— Monstruo, no te saldrás con la tuya —
— Aun tienes la terca idea de resistirte, es una pena — SkullSatamon dijo — tendré que matar a esos niños humanos como premio de consolación —
La situación se había vuelto desesperada. Ken y Daisuke tuvieron deseos de huir mas el miedo los tenía paralizados, además ninguno de ellos se perdonaría abandonar a su compañero digimon, el cual permanecía en garras del enemigo. Sabían que SkullSatamon los mataría en un abrir y cerrar de ojos, no había posible escapatoria y no tenían apoyo de ninguno de sus otros amigos.
No estaban Taichi, Yamato o alguno de los mayores.
— ¡Mueran, Niños Elegidos! —
Pero, en el último momento.
— ¡Sueño Eterno! —
Un digimon del tipo humano apareció, de armadura negra con motivos de león, el cual atacó a SkullSatamon y liberó, en el proceso, a Paildramon de su control.
— Bien hecho, Lowemon — dijo otro llegado, un digimon de armadura de lobo blanca.
— Muchas gracias por su ayuda — Paildramon exclamó — ¿Pero quiénes son ustedes? —
— Eso no importa, — Wolfmon exclamó — Ve y llévate a tus amigos, aun hay muchos digimon sueltos por la ciudad. Nosotros nos encargaremos de este enemigo —
— De acuerdo, se los encargo mucho — Paildramon asintió y fue hasta donde estaban Daisuke y Ken.
SkullSatamon miró como su adversario se marchaba con los humanos, sin embargo, no hizo nada por perseguirlo. Se encontraba más intrigado por la llegada de esos dos guerreros, sobre todo aquel que usaba los poderes de la oscuridad para luchar en contra de él.
— No logro reconocer a ninguno de estos dos digimon, que curioso — pensó — ...bueno, me divertiré con ellos y quizás les saque información —
Agumon nunca en su vida vio una visión tan extraña, aunque para él nunca fue extraño ver a seres humanos rodeados por formas de vida digital. Sin embargo, había algo en ese niño humano que lo distinguía del resto. Aquel niño, en compañía de los digi-gnomos, observaba el panorama mientras caminaba hacia donde los digimon peleaban entre sí, y aunque Agumon quería decirle que se detuviera y cambiara de dirección, no era capaz de decirle nada en absoluto.
— Parecen que descendientes de los Guerreros Legendarios se han unido a la batalla — el chico cortó el silencio de repente.
— ¿Guerreros Legendarios? — Agumon le preguntó.
— Un grupo conformado por diez digimon antiguos — respondió al instante pues quería hablar de otra cosa —, ...Esos digimon vienen por mi, ¿no es así?. Entonces todas estas muertes son por mi culpa —
— ¡Eso no es cierto! — el digimon de Taichi exclamó — Tu no tienes la culpa, son Demon y sus secuaces los responsables de toda esta destrucción —
El niño detuvo su caminar en ese momento y giró para mirar sorprendido al digimon naranja. De pronto, una sonrisa imperceptible se dibujó en su rostro.
— Agumon. ¿Quieres luchar a mi lado? —
— ¿Luchar contigo? —
Fin del Capitulo.
Continuará en: Digimon Tamer
Notas Finales:
* ¡Hola a todos! Finalmente completé este capítulo después de tanto tiempo y parciales chupasangre de la Universidad. Jejejejeje como en los anteriores capítulos, este fue un abrebocas donde lentamente presentaré a los personajes y sus habilidades. Háganme caso, todo gradualmente se pondrá interesante. Por cierto, coloqué un mini flashback de cuando los Elegidos de Frontier se enfrentaron a Cherubimon, más adelante explicaré de porque la puse. ¿Ustedes que piensan acerca de esto?
* Mmmmm jejejeje creo que tengo la costumbre de asesinar gente en mis historias. Lo hago en parte para mostrar la realidad de una guerra, aunque no se si matar a Yukio Oikawa de nuevo sobrepasó todo lo aceptable.
* Doy gracias a Reitodark, anaiza18 y killua minamoto por sus comentarios y seguir mi fic en medio de su desarrollo. De verdad se los agradezco y les pido que todos me tengan paciencia en estos días, como ya mencionaba pues la universidad está que me chupa la sangre XD. No se olviden de comentar, insultar o lo que prefieran... :3 hasta la próxima actualización.
