—¡ Imposible! — exclamé incorporándome en la cama — ese hombre me saca de mis casillas, su arrogancia y engreimiento son superiores a mí, ¡no lo soporto!.

-Yo no hablé de nadie en especial -se rió Jane- tu solita te has delatado.

— ¡Jane!, ¿qué estás insinuando?

— No insinúo nada, sólo sé que estos días te he visto más nerviosa, pensé que era por el Sr Wickham, pero veo que el hombre que te tiene en ascuas es el Sr Darcy.

— Es sólo que no puedo creer lo prepotente que es ese hombre, me mira como si fuese una hormiga a la cual va a aplastar en cualquier momento.

—Quizás tendrías que conocerlo más. Ese tipo de miradas de las que me hablas, no son las que yo veo.

— ¿Estás loca Jane? — dije dándome la vuelta — apaga la luz, no me interesa hablar de tonterías.

CAPITULO 4

¿UN MONO?

Pov Elizabeth

Hacía un día caluroso, yo caminaba por el sendero que conducía al lago. Discutía conmigo misma sobre la conversación que había tenido con mi hermana Jane, no era posible que el sr Darcy sintiera nada por mí, me lo había demostrado con creces, además yo nunca podría tomar en cuenta a alguien con tan bajos sentimientos.

Ensimismada con mis pensamientos llegué al lago, y cuál fue mi sorpresa al ver que ya había un ocupante. Me escondí detrás de un árbol, había ido allí con la intención de estar sola y mis expectativas se habían frustrado. Miré a mi alrededor con la esperanza de que ese alguien solo estuviese de paso, pero lo que vi me dejo de piedra.

Un poco más allá había un montón de ropa, por lo que dirigí mi vista al lago y mi sorpresa fue mayúscula al descubrir al sr Darcy nadando con mucha energía. Me volví a esconder detrás del árbol, y comencé a estudiar mis posibilidades.

— "Lizzy deberías dar la vuelta y volver por dónde has venido" — hablaba conmigo misma

— "¿Pero te vas a ir sin ni siquiera echar un vistacito?"

— "Es una situación muy embarazosa, vete antes que nadie se entere"

— "¿Estás loca?¿ para una vez que puedes ver algo mas allá la vas a desaprovechar?"

—"Eso no es lo que haría una señorita"

— "Eso es lo que haría una señorita que no se quiere vengar, pero ahí tienes una buena oportunidad para darle un escarmiento".

Sacudí mi mano por delante de mi cara, intentando borrar de mi cabeza al angelito y al diablillo que me estaban hablando, y con una sonrisa maliciosa en mi cara comencé a acercarme al lago.

El todavía no se había percatado de mi presencia, lo veía impulsar sus brazos con energía, mientras en ellos se formaban unos potentes músculos, que me hubiera gustado tocar para comprobar si eran tan duros como parecían. Pude observar su pecho, fuerte y compacto, su abdomen se dividía como en seis partes, tenía una ligera capa de bello en el pecho, el cual bajaba en una fina línea, que se perdía hacia abajo en el nivel del agua y me impedía ver más allá.

En ese momento decidí hacer acto de presencia,

— Buenos días Sr Darcy, caluroso día.

El Sr Darcy dio un traspiés por la sorpresa y se hundió en el agua. Por un momento me asusté pensando que tendría que ir a sacarlo, pero de pronto saco la cabeza, sólo la cabeza.

— Srta Bennet, ¿qué es lo que hace usted aquí?

— Estoy aquí como casi todos los días,

— Debería irse, el sitio está ocupado, y en estos momentos no es que esté muy presentable — decía visiblemente nervioso

— ¿Me está echando Sr Darcy? le recuerdo que esto no es propiedad suya.

—Sólo le advertía — dijo a la vez que se levantaba con intención de asustarme.

— Bonito... — me hubiera gustado decirle pecho pero en esos momentos ya estaba totalmente sonrojada — espectáculo

— Ya se lo advertí, ahora márchese para que yo pueda salir.

— ¿Y qué es lo que piensa hacerme si no obedezco?, ¿no cree que yo le podría hacer algo peor? — le dije mientras cogía su ropa.

— No me tiente Srta Bennet — amenazó enfadado — ¡deje esa ropa ahí! y ¡márchese!

— Discúlpese por su actuación en la fiesta — me puse firme y contundente.

En ese momento se puso a maldecir y a patear bajo el agua, podía ver su rostro rojo de la furia, pero me miró y dijo...

— Está bien, siento lo que ocurrió en la fiesta, en ningún momento tuve intención de humillarla.

— Por el momento me basta — sonreí satisfecha — pero alguien tiene que darle un escarmiento y hacerle bajar de las altas esferas.

— Srta Bennet, se lo advierto, saldré por usted, y como la alcance...

— Disfrute de su día Sr Darcy, póngase a la sombra, si no con el color tostado que cogerá lo podrían confundir con cualquier trabajador del campo.

Salí acelerada de ahí como si mi vida dependiese de ello, aun llegué a escuchar el ruido del agua que indicaba que el Sr Darcy había salido corriendo detrás de mí, pero un quejido me indicó que sin zapatos no llegaría muy lejos. Sólo le dejé los calzoncillos, tampoco era cuestión de tenerlo todo el día a remojo.

Cuando llegué a casa, busqué a mi hermana Jane, le conté todo lo sucedido. Ella me escuchó horrorizada, pero finalmente se echó a reír.

— ¡Ya era hora que alguien le hiciera tragarse sus palabras!

Pasadas dos horas, los remordimientos carcomían a Jane.

— Elizabeth, creo que deberíamos devolver su ropa al Sr Darcy, creo que como escarmiento ya le ha bastado.

— ¿Yooooooo?, ¡ni muerta me acerco allí!, temo que tome represalias.

— Pero no podemos dejarlo todo el día allí, si alguien se enterara del incidente, no faltarían habladurías sobre ti y el Sr Darcy. Una solución sería entregarle la ropa al Sr Bingley y que él se la llevara, nosotras tampoco podemos hacerlo, ya que no podemos arriesgarnos a encontrarlo en cueros.

— Tienes razón — decía mientras mi cara se iluminaba con la idea que estaba teniendo — le voy a preparar un paquete con su ropa.

Salí corriendo hacia el cobertizo, abrí los armarios hasta que di con lo que estaba buscando. Un desgastado y sucio mono de jardinero. Me gustaría ver su cara al ver la ropa que le había preparado, eso le enseñaría a no juzgar a la gente por su apariencia.

Una vez preparado el paquete, partimos hacia Nederfield. El Sr Bingley nos recibió gustoso, en cambio su hermana puso cara de agobio, pero al no estar en su casa se tuvo que aguantar. Estábamos en una salita tomando té, y la srta Bingley parecía que nunca se iba a ir, por lo que mi hermana con mucho disimulo, la cogió del brazo y con la escusa de ver algo en el jardin se la llevó, dejándonos solos al Sr Bingley y a mí.

—Sr Bingley, necesitaría pedirle un favor — comencé a decir muerta de verguenza.

— Si está en mi mano, delo por hecho Srta Bennet.

— Verá usted, he tenido un incidente con el Sr Darcy, y lo he dejado desnudo en el arroyo.

— ¿Qué tipo de incidente ha tenido?, ¿se ha propasado con usted? — decía preocupado.

—No, no es lo que usted piensa. Yo solo quería resarcirme de una ofensa que él me hizo.

Comencé a contarle lo sucedido, mientras el cada vez se ponía mas rojo, hasta que estalló a carcajadas.

— Ya era hora que alguien le pusiera los pies sobre la tierra — dijo Bingley — No se preocupe Srta Bennet, yo le llevaré la ropa, no me perdería su expresión ni por todo el oro del mundo.

Pov Darsy

Era un día muy caluroso, decidí salir a dar una vuelta, a ver si así aclaraba un poco mis múltiples problemas. Iba pensando como librarme de mi compromiso con Anne y lo único que acudía a mi mente eran la Srta Bennet y el Sr Wickham.

No podía aceptar ese acercamiento de ellos, no es que me importara, pero el Sr Wickham no era trigo limpio. Hacía mucho que lo conocía, y había visto caer a mas de una señorita al nivel más bajo al involucrarse con él. El Sr Wickham se vanagloriaba de conseguir a la mujer que él se propusiera, casi siempre señoritas inocentes y vírgenes, a las que seducía hasta que estas pensaban que se iban a casar y se entregaban a él. Luego él las desechaba, y marcaba un nombre más a su lista, como reto conseguido.

Yo no quería que la Srta Bennet fuese un nombre en esa lista, se me había despertado un sentimiento protector hacia ella. Pensé que se lo debía, por la ofensa que le había hecho durante la fiesta del Sr Lucas. No quería que resultara dañada, aunque de momento el que más daño le había causado había sido yo mismo. Tenía que separarlos, buscar una solución sin ponerme yo mismo en evidencia.

Sin saber cómo llegué al lago, decidí darme un baño, para bajarme el calor y la frustración que llevaba por dentro. Nadaba con fuerza para descargarme, cuando de repente oí una voz muy familiar.

— Buenos días Sr Darcy, caluroso día.

En esos momentos me quedé paralizado, di un traspiés y me hundí en el agua. Saqué solo la cabeza, no quería mostrar mi cuerpo y poner en un compromiso a la Srta Bennet. Le indiqué que se marchara para que yo pudiera salir, pero ella hizo caso omiso a mis sugerencias. Al contrario, se agachó cogió mi ropa y me exigió unas disculpas por lo sucedido en la fiesta. Yo viendo las intenciones de ella le pedí disculpas, pero ella no parecía satisfecha. Le amenacé con salir tras ella, y ella salió corriendo como alma que lleva al diablo, intenté salir tras ella para cogerle la ropa, pero al no llevar zapatos me pinche el pie y me fue imposible seguirla.

¡Maldita muchacha!, me había dejado simplemente los calzoncillos. Al principio pensé que volvería pronto a entregarme la ropa, pero a medida que pasaba el tiempo, mis esperanzas se esfumaron. Intenté sopesar las oportunidades de llegar a mi casa sin ser visto, pero por más que pensé no vi ninguna. En ese momento me puse a patear en el pasto.

— "¡La mataré!" — me decía yo mismo.

—"Todo esto lo ha hecho por venganza de mis comentarios en la fiesta".

—"¡Condenada mujer! ¿por qué nunca hace lo que se espera de ella?".

— "¿Por qué no me la puedo sacar de la cabeza?".

— "Esto no se va a quedar así, necesitaba escarmentarla".

Así pasé unas cuantas horas, comenzaba a estar desesperado, ¿en realidad sería capaz de dejarme ahí para siempre?, ¿cómo iba a explicar mi desnudez si alguien me veía?. Mi tormento llegó a su fin cuando a lo lejos pude escuchar una voz llamándome, era Charles.

—¡Charles! — grité aliviado.

— ¿William donde estas? — al tiempo que me buscaba con la mirada.

— Aquí — contesté saliendo de detrás de un árbol.

En el momento que Charles me vio estallo a carcajadas, haciendo que casi se cayera del caballo. A medida que aumentaba su risa, también aumentaba mi enfado, como no parara de burlarse de mí, toda mi frustración la terminaría pagando él. Sin parar de reír todavía me tiró un paquete que tenía detrás con ropa mientras decía...

— ¿Pero cómo es posible que una chica tan pequeña te quite toda la ropa?.

Cogí el paquete, abriéndolo con desesperación, y al ver el contenido, un grito de rabia salió de mi garganta.

—¿Un mono?, un mono de jardinero, remendado y sucio... ¡yo te mato!.

Me puse la prenda, y salí para darle un puñetazo a Charles, por traerme semejante atruendo. Al verme, Charles volvió a estallar en carcajadas, cuando lancé mi puño contra él, hizo un movimiento, esquivando mi golpe.

— ¿Se puede saber qué te pasa William?.

— ¿Cómo fuiste capaz de traerme este mono?

— Yo no sabía nada — contestó el Sr Bingley — La Srta Bennet me entregó este paquete, y supuse que era tu ropa.

— ¿Te fiaste de ella? — comencé a patear el suelo — ¡esa chica me odia!, haría lo que fuera para perjudicarme.

— ¿Estás seguro de que te odia?, si no le importases, te ignoraría, pero simplemente te está escarmentando.

Yo mas enfadado todavía grité

—¡Cállate Charles!.

Al llegar a casa, todo el mundo me miraba extrañado, nadie se atrevía a decirme nada, pero de reojo notaba como se reían. Cuando crucé el salón vi a Caroline sentada en uno de los sofás, tenía cara de aburrimiento, y como siempre, no estaba haciendo nada, nada de nada. Al verme se acercó a mí, y con cara de horror preguntó.

— ¿Dios mío William, qué te ha pasado?, ¿por qué usas esas ropas de sirviente?

— Mejor no preguntes Caroline.

No tenía ganas de explicarle nada, me molestaba que estuviera siempre encima mío. Lo único que quería era entrar a mi cuarto y olvidar. Pero... ¿sería verdad lo que dijo Charles?, ¿le importaría a Elizabeth?, ¡Dios!, tenía que sacármela de la cabeza.