Hola queridos lectores, después de un tiempo finalmente me vuelvo a aparecer. Bueno, ¿que puedo decirles? ya comencé un nuevo semestre y eso reduce un poco mi tiempo. Aquí esta el capitulo 4 de "In you mind", espero que sea de su agrado

Los personajes de Naruto no me pertenecen, le pertenecen a Masashi Kishimoto.

Disfruten la lectura.


Un ligero ruido lo sacó de su estado de inconciencia. Sus sentidos repentinamente se colocaron en alerta, buscando alguna posible amenaza que atentara contra su persona. Seguía con los ojos cerrados, a pesar de que los rayos del sol demostraban que el día había llegado a la cumbre; seguramente era mediodía o tal vez un poco más tarde.

Frunció el ceño notablemente incomodo, intentando alejar esa sensación de humedad que se colaba entre su ropa y su blanquecina piel. Abrió un ojo inspeccionando su alrededor, no sería agradable volver a llevarse alguna sorpresita, como por ejemplo: niños de ocho años jugando alrededor de él. Al no detectar peligro alguno se dedicó a quedarse quieto unos minutos más, asimilando la situación en la que estaba envuelto.

Estaba en la mente de su compañera de equipo; eso lo sabía desde el inicio. No debía por ningún motivo olvidar el detalle anterior. Una pelirosada diez años menor que él había estado llorando en el rincón más lejano de un parque deprimente, siendo molestada por niñas de su edad. Y un Sasuke Uchiha, de ocho años al parecer miraba a la pequeña a escondidas.

Y finalmente; Sasuke Uchiha había dado vueltas a los recuerdos de una niñez feliz, deseando, en más de una ocasión, tener la vida que se le había mostrado.

―Esto no está bien, ¿Dónde estoy?

La humedad se comenzó a esparcir lentamente por todo su cuerpo dejando totalmente empapada la ropa que el Uchiha portaba en ese momento. Sintió como unos pequeños granos color arena se adherían en su piel, especialmente en su cara y manos, dejando una sensación de incomodidad y malestar aún mayor.

Levantó la vista recibiendo como paisaje un cielo azul, sin una pizca de nubes que pudiesen traer a la lluvia al lugar donde se encontraba. Unas hojas largas y medianamente anchas bailaban al unísono con la brisa que llegaba y se iba cada cierto tiempo. Unas esferas color café le llamaron la atención; eran cocos.

― ¿Qué están haciendo unas palmeras en la aldea? ― susurró aun tirado, dejándose empapar nuevamente por una capa de agua que lo volvió a recibir.

Se levantó repentinamente al darse cuenta de una cosa: ¿Por qué rayos estaba en la orilla del mar? Se miró las manos detenidamente, inspeccionando minuciosamente lo que se había pegado insistentemente en sus manos que, reflejándolas directamente a la luz del sol, advertían la presencia de pequeñas cicatrices recibidas en numerosas batallas. Era arena; aunque en realidad parecían piedras, pequeñas piedras de un color demasiado claro, casi blanco que, al pegarse a su rostro, le daban la sensación de estar completamente sucio.

―En realidad lo estoy ― susurró mirando el reflejo que el mar le brindaba. La arena se había adherido insistentemente en toda su ropa. Estaba cubierto de ella―. ¿Por qué estoy en una playa?

Antes de perder la conciencia, justo después de encontrar y charlar con la Sakura de ocho años, por un momento llegó a pensar que volvería a la actualidad; con sus compañeros de equipo viéndolo sonriente mientras que cierta joven de expresivos ojos color jade agradecía con unas sola mirada todo lo que hizo por ella.

Vaya sorpresa se llevó al encontrarse en un lugar completamente diferente a su aldea natal, completamente empapado, cubierto de arena de cabeza a los pies y por si fuera poco unos rayos solares que probablemente atentarían contra su piel. Ya se imaginaba lo quemado que estaría después.

―Pero, ¿Dónde diablos estoy? Esto no parece ninguna aldea.

Al parecer en ese lugar no había ningún rastro de vida; ningún ruido, ninguna civilización en la lejanía, ninguna persona que por casualidad pasara por donde se encontraba. No había nada, tal parecía que estaba solo.

¿Acaso sería alguno de los lugares favoritos de la pelirosada?

Entonces se le vino a la mente una conversación que había mantenido con su madre días antes de que la masacre llegara y dejara su vida de cabeza. Era de mañana, unos minutos antes de comenzar su camino hacia la academia. Él se encontraba desayunando uno de sus platillos favoritos; uno que su madre le preparaba con una sonrisa. Ese día se comenzó una conversación sobre los lugares a los que les gustaría ir en familia.

Recordó con una media sonrisa su respuesta; una respuesta que solo un niño podía dar: "me encantaría ir a la playa, que todos nademos juntos. Una playa con palmeras por doquier, un océano azul y que la arena sea curiosamente blanca, donde solo estemos nosotros o a los que yo considere mis amigos"

―La playa… mi deseo, ¿esto es?

Aun podía escuchar la melodiosa risa que su madre dio al escuchar las palabras de su pequeño hijo. Era increíble la inocencia que Sasuke Uchiha tenía en tan pocos años. Una inocencia que tiempo después terminó de golpe.

―Entonces estoy en mi lugar favorito de ese entonces ― susurró quedamente.

No lograba encontrar razón alguna para poder, por lo menos, intuir porque estaba allí. Siguió percibiendo cada uno de los aromas que esa bella playa le obsequiaba con toda naturalidad. Cada sonido que armoniosamente congeniaba con los mismos olores; naturaleza en todo su esplendor, esa era la cuestión.

―Recuerdo que soñaba con caminar en las orillas del inmenso mar ― susurró mientras sus pies pisaban la fina línea que separaba la humedad con la sequedad. Hacia justamente lo que había ansiado de pequeño―, también ansiaba encontrar el otro lado; poder ver tierra firme, apreciar nuevos lugares… conocer cosas nuevas.

Siguió andando recorriendo los inicios del océano dejando que se mojaran sus pies solamente. Su vista se posó en el cielo que se encontraba despejado, con un sol brillando en todo su esplendor y con pequeños pájaros volando tan lejos que casi no eran visibles. Comenzó a sacudir poco a poco la arena que se mantenía pegada en su piel y en su ropa. Algo difícil, se dio cuenta de ello unos minutos después.

―Creo que tendré que meterme al agua un rato para quitarme esto.

Se sumergió lentamente en el agua, sintiendo la tibieza de esta. Una vez dentro decidió despojarse de la prenda que le cubría el torso. Tomó en sus manos aquella tela y, con cuidado comenzó a tallarla levemente para que los pequeños intrusos pudiesen escapar.

―Creo que es lo único que puedo hacer, no hay nada más ― habló al momento de salir, completamente vestido y sin rastro alguno de la molesta arena.

No le quedaba más que caminar para conocer un poco más de aquella extraña, ¿isla?

.

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―Tsunade-obachan, ¿cree que estén bien? ― cuestionó un rubio con la mirada fija en sus compañeros de equipo.

No podía evitar preocuparse a pesar de que todo estaba saliendo bien hasta ese momento. Verlos postrados e inconscientes en una camilla de hospital, ajenos al mundo tan ajetreado que los rodeaba era algo demasiado duro para él. El día se había pasado volando, el desayuno, la cena y la comida había pasado a segundo plano; lo único que quería ahora era estar con sus compañeros de equipo.

Un equipo que se volvió a reunir después de tanto tiempo…

―No lo sé. ― contestó como pudo la hokage ―. La verdad no tengo idea de lo que les sucede, no sé si todo esto llegara a funcionar, si lo que Sasuke intenta hacer no los lastimara más. Nada de esto está en mis manos; solo ellos pueden resolverlo.

El rubio contempló el reloj que lo mantenía en contacto con el mundo exterior; otro día había finalizado sin resultado alguno. Desde que había comenzado ese experimento él no podía concentrarse en otra cosa que no relacionara a sus mejores amigos. ¿Por qué no podía verlos bien de una vez por todas? ¿Por qué simplemente le daban un coscorrón en la cabeza al azabache para que se diera cuenta de lo que perdía? Tenía que pasar algo así para que el Uchiha reaccionara, y eso que él no se daba cuenta todavía.

"No tengo idea de cómo reaccionaras cuando sepas lo que tanto tiempo estuviste ocultando, incluso de ti mismo"

―Sasuke, Sakura-chan… solo quiero que regresen.

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Definitivamente odiaba el color verde. El camino recorrido, durante horas sin parar siquiera, se conformaba básicamente de ese irritante color: verde. La vegetación abundaba en ese lugar, la mayor parte de la isla que pisaba con frustración era prácticamente habitada por plantas. Cientos o miles de hojas bailoteaban encima de su cabeza, burlándose de él de manera silenciosa.

― ¿Qué no habrá otra cosa que no sean plantas?

No esperaba una gran ciudad ni siquiera esperaba un pequeño pueblo oculto entre tanta naturaleza.

―Si llegara a desear un lugar como los que tú me contabas, ¿se aparecerá? ― cuestionó al viento, buscando alguna respuesta que nunca fue dicha.

Terminó recordando con una presión en el pecho los relatos que su madre le contaba cuando era apenas un niño de cinco años, cada vez que intentaba conciliar el sueño sin éxito alguno esa mujer de cabellera larga y de mirada dulce abría la puerta de su habitación dispuesta a contarle una historia. Ella le describió un pueblo de esos en una ocasión, lo había descrito como un lugar pacifico, donde la armonía y la confianza era la base de ese lugar. Obviamente él intuía que cada palabra salida de los labios de Mikoto Uchiha era mera fantasía, aunque podía notar con un poco de esfuerzo la manera en la que los ojos de su madre brillaban al contarle tales historias.

Tiempo después, esas historias terminaron siendo parte de los recuerdos guardados bajo una máscara de odio y frialdad. No podía entender cómo, después de tantos años, volvían a surgir esos recuerdos haciendo que sus emociones cambiaran con tanta regularidad. Cada recuerdo celosamente guardado solo lograba abrir un poco una herida que estaba a punto de cerrar.

―Solo quiero que todo esto termine, no necesito recordar más sobre mi infancia. ― se tensó por unos instantes antes de seguir su camino ―. ¿Por qué haces esto, Sakura?

Le echaba la culpa a ella de la lluvia de recuerdos, a pesar de que en el fondo de su cabeza una vocecilla le decía que en realidad no era así. Ignoraba el hecho de que su mente probablemente estuviera haciendo se las suyas al igual que la de la chica, después de todo ella no sabía esas cosas relacionadas con su infancia.

―Esto se está complicando más de lo que pensé ― suspiró audiblemente ―. ¿Por qué me pones estas pruebas? ¿Acaso quieres que me dé cuenta de lo feliz que era, de lo que perdí?

Su cabeza lo estaba matando, la pesadez que sentía a momentos era demasiado fuerte para ser parte de su imaginación. Buscó algún lugar que pudiese proporcionarle refugio de ese golpe de calor que eran causante de su migraña, cosa que resultó demasiado fácil pues la mayor parte de los arboles cubrían el irritante sol. Por primera vez en su estancia en ese lugar agradeció que la isla estuviera repleta de plantas. Cuando se disponía a descansar un momento divisó a lo lejos algo que acaparó por completo su atención.

¿Qué era ese destello rosado que caminaba entre los arboles?

― ¿Sakura? ―susurró quedamente al momento de levantarse bruscamente, olvidando repentinamente el descanso que había planeado―. ¿Sakura, eres tú? ― sin esperar respuesta alguna comenzó a seguir a esa persona.

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La silueta se alejaba a trompicones intentando mantener una distancia prudente de todo lo que intentaba tocarla al pasar, en su rostro estaba plasmando el pánico y la confusión que sentía en ese preciso momento; no tenía idea de donde se encontraba. Sus orbes color jade buscaban desesperadamente una salida, un camino, una ruta para encontrar a alguien más que pudiese ayudarla. Estaba sola.

― ¿Dónde estoy? ― preguntó esquivando por milésima vez las trampas que la naturaleza daba a conocer, giró la mirada para encontrarse con lo que había dejado atrás; una gran rama que fácilmente podía dejarla inconsciente en caso de chocar con ella ―. Esta no es la aldea, no es ningún lugar que yo conozca.

Tomando asiento y sintiéndose más desesperada que nunca comenzó a ser consciente de cómo sus ojos lentamente se empañaban por las lágrimas que pedían permiso de salir a la luz. Eso la desesperó aún más, la conmoción por todos los eventos acontecidos con anterioridad la estaban dejando débil, sus piernas marcadas con incontables raspaduras reclamaban a gritos ser atendidas, sus brazos manchados de tierra querían ser limpiados. Su preciado cabello estaba completamente indecente; las delicadas y sedosas hebras rosáceas que tanto la caracterizaban portaban un matiz más oscuro de lo que en realidad era, aunque los nudos fuertemente entrelazados no ayudaban en mucho... En fin: su apariencia era un caos.

― ¿Sasuke? ― intentó llamar a su compañero de equipo. Esperaba que estuviera allí ―. ¿Kakashi-sensei? ¿Naruto? ― ninguno de los portadores de los nombres antes mencionados hizo su aparición ―. ¿Dónde están?

"¿Dónde estoy?"

Lo último que recordaba era el rocoso camino que habían tomado para dirigirse a su nueva misión. La misión encomendada parecía ser sencilla; ir a recoger unos pergaminos recelosamente guardados en la oficina de la máxima autoridad que regía en ese lugar.

El calor había sido infernal y el camino cada vez se había vuelto más empinado, haciendo imposible el acceso a la aldea que se escondía hasta de sus propios aldeanos. Había escuchado de ese lugar en varias ocasiones; la mayoría de esas ocasiones eran quejas sobre lo oculta que se encontraba la aldea y lo difícil que era dar con ella.

¡Hasta el jounin más calificado en la materia se perdía!

Y ella, con el equipo que se cargaba, había intentado por todos los medios posibles no atentar contra el rubio que hablaba hasta por los codos alardeando lo fuerte que era y que, algún día no muy lejano sería el Hokage de la aldea de la hoja. Un chico de cabellera azabache terminó callando al Uzumaki con un fuerte y bien merecido zape; si ese chico no se hubiese callado seguramente ella hubiese cometido un asesinato.

―No aguanto los pies, Kakashi-sensei ― se quejó el chico de sonrisa zorruna por segunda ocasión. Volvía a abrir la boca ―. ¿Cuándo llegaremos?

―No lo sé ― fue la respuesta que recibió por parte del hombre de mascara. De pronto giró su mirada hacia las inmensas rocas que adornaban el camino y, con una preocupación notoria atinó a decir ―: ¡Cuidado!

Todo pasó demasiado rápido. Peleaban arduamente intentando librarse definitivamente de los ninjas que los atacaban sin piedad, cada ataque, cada sonrisa sádica plasmada en el rostro de los hombres era una señal de que las cosas en realidad se estaban poniendo mal. Un grito la sacó de su concentración, recibiendo como premio un buen golpe de parte del ninja que luchaba contra ella. Cada integrante del equipo se centraba en uno. Cada integrante del equipo no podía solo.

―Diablos ― susurró la joven tomándose la mejilla. Ese tipo pegaba fuerte.

Sus ojos vagaron por el campo de batalla esperando con una pizca de esperanza ver a sus compañeros ilesos; no vio a nadie. Nadie estaba a su alcance. Ignoró al hombre que se preparaba nuevamente, era una locura ignorar algo así, pero la preocupación por el bienestar de sus compañeros le hizo correr hacia ellos.

― ¡Naruto! ¡Sasuke! ― los golpes recibidos anteriormente cobraron factura de manera grupal, dejándole una sensación de ser partida a la mitad.

Abrió los ojos con sorpresa al notar como su cuerpo se comenzaba a desconectar de su mente; estaba perdiendo la consciencia. Probablemente terminaría por desvanecerse en pleno campo de batalla. Sus rodillas tocaron el suelo de manera brusca mientras que su cabeza daba vueltas de manera constante. Estaba mareada, estaba cayendo… podía sentir como su cuerpo se inclinaba completamente hacia delante.

― ¡Sakura! ― al escuchar su nombre siendo mencionado por aquellos labios sonrió; el chico de ojos ónix la miraba de una manera que nunca imaginó. Giró levemente la cabeza dándose cuenta de que el mismo ninja que había ignorado minutos antes se dirigía a ella con una sonrisa de victoria. La mataría.

Lo último que vio antes de dejarse caer en un sueño muy profundo fueron a sus amigos que corrían hacia ella intentando impedir la llegada del hombre. Cerró los ojos perdiendo lentamente la consciencia pidiendo sin palabras que la misión saliera como esperaba.

Y ya no supo nada más…

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― ¿Qué sucedió allá? ― por más que intentaba conectar los hechos no encontraba ninguna respuesta coherente.

Una sensación de incomodidad la asaltó por completo. Se sentía observada. Con disimulo se dispuso a buscar a la persona que la incomodaba, dándose por vencida después de la tercera ronda. No había nadie ahí.

Un ruido la sacó de su ensoñación llevando sus sentidos a una alerta máxima. Buscó alguna arma con la cual protegerse, desafortunadamente cada equipo que había llevado a la misión se había evaporado de la nada. Espero con impaciencia mal disimulada al intruso que se ocultaba a unos metros de ella; era un hombre.

― ¿Quién eres y que quieres? ― su intento de parecer amenazante se había ido por la borda, el tono que ahora utilizaba era el de una pequeña asustadiza y débil. Al no recibir respuesta lo volvió a intentar ―, ¿Quién rayos eres? ¡Sal ahora!

El hombre salió de su escondite mandándole una mirada que la dejó completamente helada. Todas sus terminaciones nerviosas colapsaron en ese momento y el poco sentido común que conservó hasta ese momento salió huyendo apenas lo contempló. Era un hombre de cabello azabache, ojos ónix, un cuerpo que simplemente podía hacerla suspirar y, lo más importante; poseía en la parte trasera de su remera un símbolo que ella conocía bien.

El símbolo del clan Uchiha.

―E-esto no está pasando ― dijo con los ojos abiertos de par en par ―. Tú, ¿Qué haces aquí? ¿Quién eres?

No era necesario preguntarlo pero a pesar de todo ella decidió hacerlo. Al no recibir respuesta los nervios hicieron acto de presencia, si su mente no le traicionaba… el chico que estaba frente a ella era Sasuke Uchiha. Pero no era el mismo Sasuke Uchiha que estaba en la batalla hace apenas unas horas.

¡Este Sasuke probablemente tendría más de 18 años!

Comenzó a ver borroso por segunda ocasión, sintiendo como poco a poco su respiración se agitaba. Él estaba allí con ella, pero… ¡Eso no era posible! Él seguía quieto, inspeccionándola con la mirada, recorriéndola de pies a cabeza, intentando ver quien era ella en realidad, ¿acaso no la reconocía?

"Por favor, solo estoy cubierta de polvo" pensó con frustración. Necesitaba sentarse, tomar un respiro.

―Y-yo… necesito sentarme.

Cuando se dirigió a una roca de apariencia extrañamente cómoda se quedó de piedra al escuchar hablar al chico, giró lentamente en su dirección con el corazón desbocado y las emociones a flor de piel. Él volvió a decirle algo pero ella no lo escuchó, solo pudo leerle los labios sin poder conectar las palabras en su mente, hasta después de unos minutos cuando lo repitió se dio cuenta de lo que le preguntaba.

―Sakura, ¿estás bien? ― ese pequeño dialogo fue el que causó su pequeño colapso final.

"Él sabe mi nombre, es él: Sasuke Uchiha"

Ni siquiera tuvo tiempo para procesar tales pensamientos cuando ya se estaba desvaneciendo por segunda ocasión. El chico, al notar lo que sucedía, se acercó a ella lo más rápido que pudo, tomándola justo antes de caer al suelo. Al tenerla en brazos sintió que se transportaba a tiempos que no quería volver a recordar; su huida de la aldea, el camino hacia la oscuridad.

―Sakura…

Se sentó con la chica aun en brazos, esperando pacientemente el momento en el que ella abriera los ojos y finalmente tuviera el tiempo y las palabras adecuadas para hablar con ella. No sería nada sencillo, eso lo sabía. Si había lidiado con una pequeña de ocho años podía lidiar con la chica en sus brazos.

― ¿Qué estás haciendo aquí, Sakura? ― le preguntó a una inconsciente chica sin esperar respuesta alguna.

El viento trajo consigo una nube de polvo que los envolvió por segunda ocasión, haciendo que el Uchiha intentara proteger a la jovencita con su propio cuerpo. La inconsciente pelirosada estaba cubierta de polvo de pies a cabeza y su cabello, antes largo y brillante, solamente lucía una capa color rosada sin brillo. Su piel, antes reluciente y blanquecina, formaba una pequeña capa grisácea, producto de la suciedad que la cubría. También reflejaba golpes y rasguños, probablemente algunos adquiridos recientemente. En pocas palabras: la chica era un completo desastre.

Pero un cuestionamiento mucho más importante hizo acto de aparición. Las condiciones en las que se encontraba Sakura importaban, eso era obvio. También importaba saber de dónde diablos venia antes de que llegase a ese lugar. En todo caso importaban muchas cosas, cada una de ellas era un cuestionamiento sin responder, un cuestionamiento en el que no encontraba repuesta razonable.

Pero, ¿Qué era razonable en este momento?

―Eso lo preguntaré cuando despierte ― decidió.

Ahora había una pregunta más importante:

¿Qué hacia una pelirosada de doce años merodeando en su lugar favorito?

.

.

Naruto Uzumaki intentaba comunicarse con sus compañeros de equipo a pesar de su estado de inconsciencia. Él sentía que ellos lo escuchaban, que cada palabra dicha en la habitación era procesada por los jóvenes que se encontraban frente a él.

Un suspiro salió de sus labios al darse cuenta de los escasos temas de conversación que tenía; ninguno de ellos era duradero, todos acababan a los cinco minutos de haber comenzado. Ya había hablado de todo; del clima, de la aldea, de sus amigos, incluso habló de sus misiones, pero a pesar de todos los intentos que hacía ninguno de ellos lograba abrir los ojos.

―Solo espero que no me estén ignorando chicos ― susurró sonriendo tristemente ―. Aunque la verdad me gustaría más que me ignoraran a que no me escucharan por estar mal. ¿Saben que cada uno de los novatos ha venido a visitarlos? ― cuestionó con una sonrisa ―, todos han venido. Ino te dejó flores Sakura-chan, dijo que eso los ayudaría a los dos a despertar.

Estaba solo, sentado a un lado de cada camilla mientras cuidaba a sus compañeros de equipo. Todos se habían turnado para cuidar de ellos y ahora era su turno. Giró la vista para contemplar la hora; otro día había pasado sin mejorías. En realidad, habían pasado semanas desde que Sasuke Uchiha se volviera el responsable de la misión.

A pesar del tiempo transcurrido, los resultados y las investigaciones seguían manteniendo el mismo ritmo; un rito muerto, sin avance alguno que pudiese ayudar en la situación.

―Sé que ha pasado poco tiempo y que no tenemos mucho para ayudarlos… regresen chicos, los extraño. ― dijo el rubio prestando la atención a un punto fijo en la pared―. Extraño que trabajemos en equipo, que nos peleemos a cada rato, que salgamos a comer al Ichiraku, que siempre me regañen entre los dos, quiero ver nuevamente el carácter explosivo de Sakura-chan, ¡incluso el carácter malhumorado de Sasuke!― comenzó a reír al escucharse hablar ―, jamás pensé que diría eso.

De pronto, la puerta se abrió sacándole un susto de muerte al pobre chico, que se dispuso a gritar a la persona que interrumpía su tan anhelada paz. En cuanto fijó su mirada en la persona que se encontraba quieta en la puerta todo rastro de rabia y molestia de disipó, trayendo consigo solamente curiosidad.

― ¿Sucede algo, Tsunade-sama?

La rubia seguía sin moverse, con los ojos desmesuradamente abiertos y con los labios fruncidos. En cuanto escuchó la pregunta que el Uzumaki hizo se acercó a él con paso titubeante; algo muy raro en ella.

El entrecortado respirar de las almas atrapadas en ese cuarto era el único sonido que se podía detectar en ese ambiente tan tenso. El corazón de Naruto comenzó a latir rápidamente, galopando a toda marcha, queriendo salir corriendo del lugar. Entrecerró los ojos buscando algún rastro de burla en la Hokage; cualquier rastro que le mencionara que la expresión y el comportar de la oji-miel era solo una pequeña broma, que segundos después, ella comenzaría a reírse de él.

No encontró rastro alguno de una situación graciosa.

―Naruto, acabamos de recibir una visita un tanto inesperada ― dijo Tsunade apenas recuperó la compostura ―, dice que tiene algo muy importante que decirnos. Que lo acaba de descubrir… ni siquiera se lo dijo a Sasuke.

Y la mención de su compañero le hizo ver de quien se trataba la inesperada visita.

― ¿Acaso esta…? ― fue interrumpido por la misma mujer portadora de noticias.

―Kayto Wataru está aquí.

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Fin del capitulo.

Espero que les haya gustado, muchas gracias por sus comentarios. Si no me equivoco le respondí a todos, menos a los que son anónimos. A pesar de no poder responderles a cada uno de sus magníficos comentarios puedo decir que leí cada uno de ellos: MUCHAS GRACIAS.

El próximo capitulo lo traeré pronto...

Una cosa más: ¿Algún review para este capitulo? :)

¡Hasta luego!