Sé que no tengo perdón de dios ni de nadie. No les entretengo más, al final mi epitafio, digo, disculpas:
Los personajes de Free! y la historia le pertenecen a sus respectivos dueños.
Recordó que cierta vez Rei había hablado algo sobre "ángeles caídos"; se trataba de aquellos ángeles que habían desobedecido órdenes divinas y eran desterrados a la Tierra convirtiéndose en demonios. ¿Pero por qué lo recordaba en ese momento?
Su tupido y negro cabello bailaba pesadamente delante de sus ojos, opacando su vista; su cuerpo entero sudaba y se sentía un poco pegajoso. Tratando de ubicar sus sentidos, percibió unos sonidos poco familiares. De alguna manera quería voltear su cuerpo para enterarse de qué estaba pasando"¿Qué es ese sonido? Se siente bien... ¿Seré...yo?"
Su torso desnudo sobre la alfombra podía sentir la afelpada tela rozando contra su cuerpo. Giró por un momento la cabeza sobre su hombro: "Un demonio".
Una cabellera de colores rojos intensos se movía a su espalda, en la parte baja. Un par de ojos intensos escondidos en un rostro sombrío lo miraron con furia; rápidamente una mano le sujetó de los cabellos y le puso la cara contra la alfombra.
—Quédate así.
"Hace tanto calor... Pero estoy desnudo... Mi cuerpo está tan caliente."
De pronto se dio cuenta de lo que pasaba. Lo sentía.
—Rin... Espera...
—¿Por qué debería? Me estás succionando muy bien aquí atrás —esa voz ronca y seductora otra vez— Y eso que son sólo mis dedos —una pequeña risa burlona salió de la boca del pelirrojo.
—¿Qué..haces? —Haru volteó hacia atrás nuevamente.
—Preparándote... Pero ya ha sido suficiente —Rin retiró sus dedos consiguiendo un ligero gemido del pelinegro.
Haru vio cómo Rin se ponía de rodillas detrás suyo y deslizaba sus pantalones.
—Si veo algo y me gusta, lo tomo Haru, lo sabes.
La frase previa a la penetración se quedó tatuada en su piel, y en su interior.
Haru puso la cara contra la alfombra, la cuál mordisqueó un poco tratando de no gritar. Sentía las manos de Rin clavarse en sus caderas, el peso de su cuerpo, su miembro penetrándolo lentamente. Como un acto reflejo, el cuerpo de Haru había adoptado una posición en la que le facilitaba a Rin la entrada, en ese momento se odiaba más de lo que odiaba al otro. La alfombra acariciaba su pecho, y unas manos su espalda.
Calientes y un poco toscos, diez dedos ajenos reptaban desde sus caderas hacia su cintura, se detuvieron un tanto entre sus costillas y sus pezones para acariciarlos un poco; la forma en que Rin le tocaba el pecho era tan... Pero como si eso no fuera suficiente, a cada momento que el pelirrojo se deslizaba hacia la parte superior de su cuerpo, iba cada vez más adentro. Cuando Rin lamió la parte cóncava de su espalda, alcanzó el climax.
—¿Te gusta, no es así? —Haru jadeó y asintió entre cortos temblores —. A mí también.
Rin, con ambas manos, se recargó sobre el ropero que estaba a la cabeza de Haru, quien se contorsionaba de placer y dolor.
—Ya... está... d-dentro —balbució Haru.
—N-no.. lo suficiente —dijo Rin entre dientes, mientras chocaba su pelvis con los glúteos del pelinegro.
—Hah.. ahh... Ri-in... —el aludido pasó una mano por la frente húmeda de Haru y retiró sus cabellos hacia atrás, inclinando también su cabeza. Lo besó. Lo besó de tal forma y tantas veces que Haru creía que se quedaría sin aliento, sin alma. Sintió una especie de electricidad recorriendo su boca, quizá era por la alfombra. No importaba, la verdad. El sonido proveniente de sus labios cada que entraban en contacto y ser penetrado al mismo tiempo le parecía tan excitante en ese momento.
El pelirrojo soltó su cabello y deslizó su mano hacia la mandíbula para acomodar su cabeza hacia la otra dirección, de esa forma, el cuello del poseído tendría toda su atención. Haru sintió leves mordidas que sin duda permanecerían hasta la siguiente mañana, al diablo, ya nada importaba. De reojo pudo ver cómo el tiburón empezaba a probar su hombro, lo marcaría como suyo también.
La piel de Haru se veía tan blanca y tan delicada que Rin empezaba a sentir remordimientos por dejarle marcas. Pero su cuerpo le indicaba eso como una necesidad, y era un lujo que no se iba a negar. Deslizó una vez más su mano por el pecho de Haru hasta llegar a su miembro: estaba duro, caliente, urgido. Sentía la suave piel al contacto de sus dedos; con movimientos envolventes, empezó a acariciarlo de arriba a abajo. Rin veía cómo Haru se estremecía entre sus manos una vez más, gimiendo y apretando la alfombra; poco reconocía del tono de voz de su amante, siempre tan serio e inexpresivo, ahora gemía de una forma tan dulce y sensual que sintió unas ganas irrefrenables de hacerlo gritar, por lo que empezó a embestirlo más rápido obteniendo satisfactorios resultados.
Haru no recordaba en qué momento había cerrado los ojos, eso sólo podía significar que lo estaba disfrutando, y por más que quisiera negarlo, su cuerpo entero lo gritaba. Sentía el sudor correr por su pecho, su vientre, sus muslos. Los músculos de sus brazos y piernas le dolían un poco por estar recargado sobre ellos después de un rato, y su boca había empezado a salivar tanto que sentía correr un poco del líquido por su mentón. Y de lo que estaba haciendo Rin con su cuerpo ni hablar. Se sentía tan bien como cuando estaba en el agua, podía hacer eso todo el tiempo.
—¡R-Rin.. me voy a..!
—¿Huh? —Rin detuvo su acelerado contoneo cuando sintió húmeda la mano con la que acariciaba el miembro de Haru, quien se hizo el disimulado—. ¿Te corris...? ¡¿No me avisaste?!
—Fue... tu cul...pa..—susurró entre jadeos Haru mirándolo de reojo por encima de su hombro.
—¡Porque quería que lo hiciéramos juntos! —se quejó Rin mostrando un leve rubor en su rostro.
—Pues... si tanto quieres... —empezó Haru girándose un poco, alargó una mano hasta la nuca de Rin y lo sujetó por los cabellos —.. hagámoslo de nuevo—susurró acercando su rostro al del pelirrojo y después saboreó sus labios en un beso lento. ¿Qué se pensaba Rin, sólo eso? Claro que no, no esa noche.
La voz ronroneante de Haru abrumó los sentidos de Rin y lo prendió al instante. El pelinegro se removió bajo su cuerpo hasta quedar debajo de él, viéndolo de frente. Su rostro no demostraba timidez alguna, al contrario, se veía demasiado expuesto, confiado y abierto, como sus piernas. Rin echó la cabeza hacia atrás y Haru se dedicó por completo a devorar su cuello; lo acariciaba y lamía con una delicadeza excitante y provocativa.
—¿Listo? —le preguntó Rin entre jadeos mientras lo sujetaba por las piernas y se aproximaba a él.
—No tienes que preguntar —sentenció Haru en su oído y le dio un beso fugaz antes de sentir cómo entraba en él otra vez.
La segunda vez fue más rápida y menos dolorosa, pero igual de excitante. Haru yacía sobre la alfombra, agitado, gimiendo, cortoneándose al compás de los movimientos de Rin cada que lo penetraba.
—¡Ngg! ..Ahh.. Hah... ¡Ri.. Rin! —Haru manoteó un poco tratando de hacer que Rin se apartara; por algún motivo el tiburón había aumentado la velocidad y la presión con la que lo sujetaba de la cadera, la forma en que él mismo se mordía los labios se veía un poco dolorosa, su mirada irradiaba fuego: Haru se estaba derritiendo entre sus manos —Mi cabeza... mi.. cuerpo.. quema..
Por alguna extraña razón disfrutaba el modo salvaje del pelirrojo, las embestidas, la presión de sus dedos al rededor de su cintura y sus muslos, el calor que se precipitaba de su pelvis hasta su cabeza, todo. De pronto sintió un deseo, un impulso, que lo llevó a tocarse. Empezó a acariciar su pecho y después su vientre, hasta que sus manos llegaron a su miembro. La respiración de Rin se cortó de golpe y el éxtasis que había en su cara era indescriptible. Desde el piso Haru pudo escuchar cómo Rin tragó saliva despacio.
La forma en que el pelinegro batallaba con el placer cada que era penetrado prendía a Rin de mil maneras. Verlo sudar y oírlo gemir, y luego la maravilla que estaba haciendo con sus manos...
—De pie, Haru —a pesar de que su respiración era inestable, su voz sonaba demandante. El aludido le tomó de las manos y se incorporó siguiéndolo.
—¿Qué harás, Rin?
—Allá, recárgate en la pared.
Rin sujetó a Haru por la cintura y lo puso de cara frente al espejo. Haru se sonrojó de inmediato.
—Quería que vieras... Lo delicioso que te ves... Lo provocativo, sensual y excitante que luces en este momento —susurró Rin en su oreja y mordisqueó suavemente su lóbulo.
Haru nunca se había detenido a pensar cómo se veía, mucho menos cómo lo veían los demás. Pero la imagen que tenía ahora frente a él, pleno, completamente desnudo, lo hacía sentir con un exceso de confianza, sobre todo por su acompañante. Su cuerpo despedía una fuerza llamativa, sus músculos visibles, su miembro expuesto, todo le parecía al mismo tiempo tan ajeno; no podía creer que él tuviera semejante cara de placer. El brillo en sus ojos azules, llenos de curiosidad, le demostraban que había descubierto algo que no había conocido antes: un nuevo Haru.
Las manos traviesas de Rin lo sacaron de su ensimismamiento en su reflejo, aunque rápidamente volvió a perderse en los masajes envolventes que el chico tiburón le brindaba.
—¿Te gusta así? —jadeó Rin en su oreja una vez más. Haru se sonrojó y desvió la mirada.
—Eso fue un sí... —Rin sonrió complaciente al mismo tiempo que colaba su pierna derecha entre las de Haru para separarlas—. Vamos a terminar ésto Haru, juntos. —y sujetando su rostro con la mano izquierda, le hizo voltear para darle un suave mordisco en los labios.
Haru, sintiendo las grandes y toscas manos de Rin al rededor de sus muslos mientras lo penetraba una vez más, no pudo evitar apoyarse frente a la pared sobre la que estaba el espejo para no perder el equilibrio. La mezcla de sonidos e imágenes que ahora tenía Haru de sí mismo lo enloquecían. Su aliento empañaba el espejo.
—Me gustas Haru —escuchó rápidamente a su espalda.
A veces Rin se las ingeniaba para descontrolarlo, no entendía cómo podía pasar de ser tan peverso a tierno. Cualquiera que pudiera verlos en ese momento creería que era sólo sexo, un sexo sucio y salvaje y... quizá sí, en parte. Pero otra parte de aquel acto hacía sentir a Haru más que placer. Era una unión de cuerpos más allá de lo carnal. Era un cuerpo a cuerpo, en perfecta armonía, disfrutando algo más que su compañía. Más allá de las manos grandes de Rin, de los sonidos, de los movimientos a veces agresivos, había un corazón. Un corazón que latía por él.
Aún sabiendo que estaban a punto de acabar, Haru se deshizo del atado de piernas en el que Rin lo tenía capturado y dio media vuelta, desprendiéndose de él. El cazador miró a su presa con clara confusión en el rostro.
—Haru, ¿por... —pero no pudo acabar de hablar cuando las manos gentiles e impredecibles de Haru abrazaron su rostro, de este modo el moreno se atrevió a besarlo, haciendo sus labios prisioneros.
En ese beso, Haru trató de devolverle todas las sensaciones que Rin minutos atrás le había dado; quería besarlo hasta deshacerse con él, no le importaba que la boca fuera a dolerle después. Llegaba un punto en que todo ese momento, todo lo que había encerrado esa habitación, se había vuelto irreal, como una fantasía de la que Haru deseaba no despertar jamás. Sólo él y Rin en esas cuatro paredes, en ese instante, en ese tiempo, por siempre.
—Haru... —jadeó Rin separándose— Haru —repitió una vez más, con prisa— Haru ven conmigo —dijo sujetando la cabeza del otro entre sus manos.
Esas palabras, esas malditas palabras. Silencio.
—Haru... Sabes lo que hay allá, podrás nadar siempre, podremos estar juntos —la mirada suplicamente de Rin era algo nuevo que se grabaría por siempre en la mente de Haru.
—Rin... No pue—
—¡Claro que puedes! ¡Sí puedes Haru! ¡Vámonos, déjalo todo, déjalos a todos! —las manos de Rin aprisionaron su cara, su voz ronca rogaba sin pena.
Haru cerró de golpe y con fuerza los ojos como si eso fuera a opacar el ruido que llegaba de afuera hasta su cabeza. Pero la voz de Rin ya estaba dentro, demasiado cerca.
—Es fácil... para ti pedirme algo así... —dijo Haru entre dientes, tratando de ocultar su enojo y dolor—. ¡Es fácil porque ya me dejaste una vez! —gritó, abriendo los ojos de par en par y mirando de forma lacerante y acusadora al pelirrojo. Rin tragó saliva—. Eres tan egoísta Rin... siempre lo has sido. No te detienes a pensar en lo que significa para mí todo lo que hay aquí; desde que te fuiste, algunas cosas tomaron fuerza y me es imposible desprenderme de ellas. No puedo irme ahora.
—¿Como mi yo del pasado, Haru? —el aludido se quedó perplejo—. Haru... No puedes atreverte a hablar de un futuro conmigo si sigues atascado en el pasado.
Las palabras de Rin calaban hondo en su cabeza, en sus sentimientos, en su corazón. Eran como un taladro que cada vez iba más profundo, más rápido, rasgando todo lo que se encontraba a su paso.
—Sé que es injusto para mí pedirte que vayas conmigo a Australia, pero sólo tú sabes dónde quieres estar —tomó la mano de Haru y la colocó sobre su pecho—. Y yo también.
La punta metálica del taladro llegó hasta el fondo, topando con una pared de cristal que cedió al mínimo roce quebrándose en mil pedazos.
—Tú no has cambiado Rin, y me dejarás de nuevo —insistía Haru.
—Si volví aquí no fue sólo para competir Haru, entiéndelo. Podemos empezar de nuevo allá, hay muchas cosas que no te mostré la última vez... cosas incluso sobre mí.
En la cabeza de Haru todo sucedía tan rápido, empezaba a sentirse asustado.
—Haru... —Rin apoyó su frente sobre la de Haru—. Por favor, Haru.
—...tengo miedo —susurró Haru de forma casi inaudible, y al igual que sus palabras, las primeras lágrimas cayeron silenciosas.
El paraíso existía, no era un mito. Pero su único ángel lloraba.
—Lo sé. Lo sé porque yo también lo sentí y lo siento ahora. Pero puedo prometerte, y esta vez firmemente, que no dejaré que nada te dañe, ni siquiera yo mismo —las manos de Rin, antes toscas, ahora acariciaban suavemente su nuca; se sentía tan indefenso bajo esa piel caliente y protectora que trataba de reconfortarlo, que estaba casi seguro que podía creerle—. Lo que acaba de pasar en esta habitación Haru, no ha sucedido con nadie más antes. Nunca. Y esa es una prueba suficiente de que alguien que antes pensaba únicamente en sí mismo, ha cambiado. Es cierto, antes me fui, pero ahora el volver a ti, Haru, es el acto de amor más grande que jamás he hecho en mi vida, y no me voy a arrepentir. No me voy a rendir.
La mente de Haru no daba crédito de lo que estaba oyendo, simplemente no podía. Sus ojos cristalinos ahogados en sus lágrimas le impedían ver con claridad la firme mirada de Rin. Sus palabras golpeaban con una fuerza inexplicable que no hacían más que ilusionarlo creyendo que decía la verdad. Tenía miedo de lo que pensaba pronunciar, era un todo o nada, y ya no podía arriesgarse a perder más.
—¿Tú... Me amas, Rin?
—Me parece injusto y hasta cierto punto estúpido lo que me estás pregun—
—¡¿Me amas Rin?! —por una milésima de segundo, Rin vio un fuego rubí en los ojos de su amigo y se asustó, sin embargo no era más que el reflejo de su cabello.
—A cada segundo— su voz se quebró y en sus ojos asomó una pequeña ola salada.
Haru aguantó la respiración por un pequeño instante que sintió infinito; percibió cómo los latidos de su corazón se detenían precipitadamente, la fuerza que tenía abandonó su cuerpo y sus sentidos estaban aturdidos. Aunque había un camino, este sólo llevaba hacia adelante, no había forma de regresar.
Las primeras luces del amanecer encontraron a los amantes fugitivos abrazados entre las sábanas, las sombras de la noche se quedaron con sus secretos y el silencio matutino apagó las ligeras llamas de lo que había sucedido.
—Espero no te arrepientas de esa decisión, Haru.
—No eres tú el que deba arrepentirse, Makoto, sino yo. Y quizá mi respuesta decepcionó a Rin, pero creo que hice lo correcto.
—Haru...
—¡Haru!
El grito del pelirrojo atacó el lobby llamando la atención del dúo Iwatobi.
—Hola, Rin —saludó Makoto con una sonrisa amigable.
—¿Qué hay Makoto? ¿Estás seguro de esto? —dijo Rin dirigiendo una sonrisa al primero y mirando con seriedad al segundo.
—Yo... Lo estoy —respondió Haru con firmeza, tratando de ocultar la duda que navegaba en sus palabras.
—Bien. Entiendo, a medias si te soy sincero, el por qué decidiste esto. Pero ante todo lo respeto, al menos por ahora. El próximo año no te escaparás y te llevaré conmigo cargándote si es necesario —su clara e infantil carcajada llenó de alegría y vergüenza a Haru.
—Créeme Rin, no será necesario.
—¡Rin, vámonos! —le gritó Sousuke desde la entrada.
—¡Un momento! —respondió el tiburón de la misma forma escandalosa— Makoto, disculpa que te pida esto pero, ¿podrías llevarle mis maletas a Sousuke mientras? Yo sé que quieres ir —dijo sonriéndole con complicidad y guiñándole un ojo.
—¡¿E-eeh!? —el rostro de Makoto parecía un semáforo en alto— L-lo haré sólo por cortesía, ¿está bien?
—Sí claro —bromeó Rin entregándole su equipaje.
—¿Se llevan bien, verdad? —preguntó Haru mirándo cómo su amigo se acercaba "al otro".
—Demasiado bien... En fin, Haru... Cuando dije que volveré el próximo año no estaba bromeando: Volveré por ti. Puedes tomarlo como una amenaza, promesa, lo que quieras. Pero lo haré.
—Más te vale que seas un hombre de palabra Rin, o te juro que no voy a perdonarte —dijo Haru desafiante.
—Me encanta cuando me miras así —Rin, divertido, le sujetó con fluidez por el mentón y le robó un beso corto.
—¡O-oye! —Haru se sonrojó.
—No me extrañes Nanase, estaré de vuelta tan pronto que ni tendrás tiempo de tocarte —le susurró de forma provocativa al oído y lo sujetó por la cintura.
—¡Rin! —gritó Haru más avergonzado. Rin se retiró rápidamente y trotó hacia la entrada del hotel, riendo.
—¡Me esperarás, verdad? —gritó Rin Matsuoka sobre su hombro con una amplia y alegre sonrisa.
—Sí... ¡Sí! ¡Lo haré! —alcanzó a gritar Haruka Nanase mientras reaccionaba y empezaba a correr tras sus huellas—. ¡Te esperaré!
Al llegar a la entrada del hotel, la camioneta ya había partido. Makoto lo esperaba del otro lado de la calle, junto al autobús que debían tomar ellos para volver.
Y ahí, parado en medio de la calle, con las últimas palabras que escuchó de Rin aún en su cabeza, se quedó pensando todo lo que tenía que decirle, todo lo que quería hacerle, todo aquello de lo que no tuvo tiempo de hacerle sentir, con la esperanza de encontrarlo de nuevo en el mañana, tal como habían prometido.
"Por favor, que nada de lo que pasó anoche se te olvide. Por favor, no dejes que me convierta en recuerdos. Por favor... por favor vuelve."
Hola~ pueden lanzarme piedras, hachas, lo que quieran porque sé que me lo merezco :'D.
Lamento mucho de verdad la tardanza y seré sincera: Me atasqué horriblemente, llegando al punto de ya no querer continuar, de dejar morir el fic e incluso de borrarlo como si no hubiera existido nunca. Nunca había tenido un bloqueo tan grande, no sé qué pasó. Además de que estaba terminando la universidad y tampoco tenía tiempo. Perdí la motivación y un poco el sentido de a dónde quería llegar, incluso tuve que regresar varias veces a leer el capítulo anterior y pensar por qué había empezado a escribirlo. Algo más que me motivó a retomar fueron sus comentarios, todos. Parecen cositas, pero hacen bien al corazón.
Terminó, no como esperaba, pero sí como quería. Sabía que si lo hubiera terminado antes, les habría entregado algo de lo que no estaba satisfecha, porque seguramente ni me habría gustado, y tal vez a ustedes tampoco (aunque no sé si les gustó como terminó).
Así que quisiera que me hicieran saber si valió la pena la espera y el tiempo invertido, y si les decepcioné también. Quiero escucharlos. ^^
Gracias a quienes se animen a dejar comentarios, tanto buenos como malos, yo los responderé.
Saludos!
