Disclaimer: los personajes mencionados son propiedad de Stephenie Meyer.
Llévate la luna
Chapter 4
—¡Son novios! —chilló Angela zarandeado los hombros de Bella. La castaña le había enviado un escueto mensaje la noche anterior diciéndole que no se iría con ella para ir al instituto, y hoy verla llegar en el coche de Edward hizo su imaginación volar—. ¡Habla!
La enorme sonrisa en el rostro de Bella mientras sus mejillas se teñían de carmesí la delató en segundos, su amiga la envolvió en sus delgados brazos, riendo emocionadas.
—Me imaginé que pronto pasaría, tanto tiempo juntos era lo más natural. Además sus miradas son muy obvias —Ángela pasó un brazo por los hombros de Bella para entrar al salón de clases—. ¿Le has dicho a Renee?
—Aún no. —encogió sus hombros al tiempo que se sentaba en el banquillo poniendo su mochila en sus piernas, mientras Ángela sentada en lugar de enfrente se giraba para seguir con la charla— Esperaré un poco para darle la noticia, mamá es capaz de hacer una gran fiesta e invitar a los vecinos.
Las clases pasaron sin mayor relevancia mientras la sonrisa de Bella seguía pintada en su rostro aunque a la hora de salida no pudo evitar la sensación extraña alojada en su estómago cuando vio el coche aparcado en la acera esperando por ella. Ni qué decir cuando sus ojos testificaron ese modo de andar del chico cobrizo cuando descendió del volvo para encaminarse como modelo de pasarela hasta donde estaba ella y su amiga.
—¡Hola! —el joven mencionó jovial, envolviendo con sus brazos a Bella para dejar un suave beso en su frente. Después se giró hacia la otra chica para saludarle con una gran sonrisa.
—Los dejo, no quiero ser mal tercio —Angela se despidió agitando su mano sin dejar de caminar.
—¡Ah, no! —Bella sujetó su mano arrastrándola con ella para subirse al coche— No dejaré que te vayas sola cuando puedes venir con nosotros.
El trayecto al restaurante fue cómodo incluso muy corto, Bella se sentía emocionada al ver interactuar a su mejor amiga y a su novio como viejos amigos. Siempre había imaginado que pasaría mucho tiempo para que algo así ocurriera, cuando el coche aparcó en el restaurante su amiga bajó esperando por ella y cuando no vio intención de hacerlo solo rodó los ojos.
—No quiero comer aquí —musitó Bella con la vista hacia el frente, Edward solo sujetó su mano con la de él entrelazando sus dedos.
—¿A dónde quieres ir? —preguntó Edward dando un suave apretón a su mano.
—Bien chicos, aquí me quedo yo —intervino Angela asomada por la ventana del copiloto— Le diré a tus padres que fuiste a hacer un trabajo a la biblioteca.
—Gracias, Ang. —la castaña le sonrió agitando su mano para despedirse.
—Solo quiero caminar contigo en la playa —dijo ella cuando el coche arrancó—. No tengo hambre.
Las miradas cómplices, las sonrisas sinceras y sus manos unidas se mantuvieron en el camino hasta llegar a la casa de Edward, donde no le permitió que se bajará hasta que él lo hiciera primero, así permitiría abrir su puerta. Como el caballero que es.
—Listo señorita, caminemos bajo el intenso sol —tomó su mano para ayudarla a descender— ¿Quieres entrar a casa?
—Quizá más tarde —respondió caminando por la parte lateral de la casa siguiendo el camino que daba a la parte trasera rumbo a la playa.
Se quedó ahí de pie tan sólo mirando la inmensidad del agua azul que iba y venía hasta romper en la orilla provocando ese hermoso sonido, cerrando sus ojos, para aspirar todo ese agradable olor que llenaba sus pulmones, el viento despeinó sus cabellos, meciendo su falda peligrosamente hasta subirse a sus muslos.
—¿Te sientes bien? —la voz de Edward la hizo abrir los ojos. Él estaba allí frente a ella observándola con atención, irguió un poco la cabeza para mirar sus bellos orbes esmeralda, tan solo asintiendo.
—Me gusta este lugar —aseguró, entrelazando sus dedos con los de él al tiempo que se sentaban en los escalones del patio trasero.
—¿Por qué te gusta tanto el mar? —escuchó susurrar a Edward. Ahora ella estaba sentada entre las piernas de él.
—Tal vez es porque aquí nací —encogió sus hombros— O quizás su inmensidad, no lo sé aunque tiendo a relajarme cuando estoy en la playa. Sabes, quiero ser Oceanógrafa, incluso ya tengo elegida la universidad que iré.
—Estoy seguro que lo lograrás. Y yo seré el primero en felicitarte —el cosquilleo que sintió en su estómago le provocó una extraña sensación en su pecho, se giró hacia él para sonreírle.
—¿Tú que deseas estudiar? —preguntó con curiosidad haciendo que el chico ampliará los orbes esmeralda.
—Soy jugador profesional, ¿Ya lo olvidaste? —dijo con fingida tristeza.
—No, tonto. Me refiero a que opciones tienes aparte del soccer, las tienes, ¿cierto?
—Nunca he pensado hacer otra cosa que no sea jugar, nunca fui bueno para estudiar. —respondió atrapando sus labios, ella sólo pudo sonreír y aceptar gustosa su boca.
Las horas comenzaron a pasar entre besos cortos y otros no tan cortos, hasta que sus necesidades alimenticias exigieron lo suyo, llevándolos a preparar unos sencillos emparedados.
—Es un poco tarde —Bella miró por la ventana de la cocina que el sol ya se había ocultado— Será mejor que me vaya, no quiero problemas con mi papá.
—¿Les dirás a tus padres que estamos saliendo? —indago, mirándola con demasiado interés. Se acercó a ella sujetando su rostro con ambas manos.
—Es mejor esperar un tiempo —parpadeo varias veces, necesitaba dejar de mirar los labios de Edward—. ¿Te molesta?
—Un poco —respondió triste, dibujando una leve sonrisa en su rostro— Es que en mis planes no estaba tener novia, al menos no ahorita. Entonces ahora que estás tú, solo quiero pasar mi tiempo contigo. Eso es lo que hacen los novios, ¿no? Además como vamos a justificar que no pueda mantener mis manos lejos de tu piel, ¿eh?
Ambos se echaron a reír abrazándose en el acto, ella acomodó su cabeza en su pecho aún con su sonrisa en los labios, aspiró su aroma sobre su camisa y se aferró más a él con sus pequeños puños sujetándose a su ropa.
No podía asimilar con exactitud lo que Edward le hacía sentir, mucho menos quería saber si era algo esporádico, lo único que sabía era que deseaba vivir el momento.
—Mañana no podré llevarte al instituto —dijo el chico en voz baja, antes de que Bella descendiera del coche— Tengo entrenamiento muy temprano.
—No te preocupes. —ella dio una tímida sonrisa tratando de esconder la desilusión de no verle en la mañana— También tengo un proyecto en equipo, así que no podré verte a la salida.
—¿Estará ese chico? —la pregunta del cobrizo la sorprendió, Bella supo de qué chico se trataba y aunque ya le había aclarado más de una vez que solo era un compañero de clases, todo parecía indicar que no era del agrado de Edward.
—Sí. —musitó. Haciendo que Edward sujetará su mentón para que lo mirase, cuando sus miradas conectaron, no pudo pensar más, tan sólo pudo acercarse más a él para unir sus labios en un beso suave.— Tengo que irme.
Miró a su novio descender del coche caminando con suma lentitud hasta su puerta para ayudarla a salir, besándola nuevamente cuando estaba de pie la rodeo con sus brazos atrapándola con fuerza sin muchos ánimos de dejarla ir.
No fue necesario caminar de puntillas, las luces apagadas eran la clave de que sus padres aún no estaban en casa, lo que agradeció mentalmente así no tendría que inventarse una buena excusa por llegar tarde. Así que sólo caminó hacia su dormitorio lanzando la mochila en la cama, recogiendo su pijama de la alfombra para meterse directo al baño, después de diez minutos ya estaba duchada, recostada sobre la cama haciendo algunas tareas cuando escuchó la risa de su madre.
—¡Charlie, la niña ya está en casa! Te lo dije. —vociferó Renee, en el umbral de la habitación. Cerró la puerta tras su espalda para encaminarse hasta la cama de su hija—. ¿Dónde estabas, Isabella? No me salgas con "trabajos en equipo", porque esa mentira de Ángela no se la cree ni ella.
La castaña solo trago saliva al ser pillada en la mentira, se incorporó de rodillas sobre la cama, acomodó un poco las almohadas sobre el respaldo también le dio por poner todos los peluches por orden de tamaños sin siquiera mirar el rostro de su madre quien todavía se hallaba de pie al lado de la cama y podía ver por el rabillo del ojo que mantenía los brazos cruzados sobre su pecho moviendo su pierna izquierda con impaciencia.
—Estuve con Edward —dijo de lo más tranquila ahora sacudiendo sus osos de peluche como si estuvieran envueltos en polvo.
—¿En dónde? —su madre tomó una de sus manos para que dejara de sacudir los pobres muñecos— ¿Están saliendo?
—No. —respondió con rapidez, sintiéndose un poco mal por negar a Edward— Solo somos amigos, le estoy ayudando con algunas materias.
Renee achicó los ojos zafiro pero no insistió en el tema.
—Trajimos comida china, vamos a cenar. —dio un beso en la frente de su hija, tirando de ella para ir al comedor.
—¡Hola, cielo! —mencionó Charlie, abrazando a Bella— Me extraño que no fueras tan siquiera a saludarnos, ¿Qué has hecho hoy?
—Estuve ayudando a Edward con unas materias —respondió con la boca llena de arroz incluso seguía engullendo con rapidez haciendo que sus padres la vieran con reprobación—. Por cierto, mañana también estaré ocupada con un proyecto en equipo.
—Cuídate mucho, cielo. —dijo Charlie, palmeando su hombro para que dejara de alimentarse con rapidez.
Después de la cena, ayudó a limpiar la cocina mientras sus padres descansaban en los sofás mirando televisión, era injusto que trabajarán tanto y no poder disfrutar ni un poco de su casa. Así que a ella le tocaba acoplarse a los deberes del hogar. Cuando vio todo reluciente fue hasta el salón donde miró a sus padres dormidos, no quiso despertarlos. Sólo se encaminó hacia su recámara para descansar ella también, mañana sería un día muy largo porque no estaría junto a Edward.
—¿Te pasa algo? —murmuró Eric haciéndola dar un respingo, llevaban toda la tarde en el proyecto de ciencias y no veía la hora de terminar para irse a casa.
—Estoy cansada —dijo cortante, moviendo su cabeza de un lado al otro para que fuera más creíble.
—Puedes irte, yo termino lo que falta —mencionó resignado— Hicimos mal en dejar que se fueran Ángela y Ben, se supone que es un trabajo en equipo.
Bella notó el mal humor del chico, y aunque a veces le exasperaba por lo empalagoso sabía que debía ayudarlo a continuar con el trabajo, total con un día que no viera a su novio, ¿que le podía pasar?
—Gracias, Bella. Yo solo, no hubiera terminado nunca. —Eric llevaba repitiendo esas mismas palabras desde hace diez minutos, justo desde que salieron de la casa del chico.
—No es necesario que me dejes hasta mi casa, puedo irme sola —comentó la castaña— Solo faltan cuatro bloques para llegar.
—Sí eso es lo que quieres —contestó enfadado, girando sobre sus talones.
Eso sólo aumentó el pésimo humor que traía, así que decidió no prestarle atención a los berrinches de su compañero entonces continuó caminando a paso lento entre las calles cuando un chirrido de neumáticos la hizo congelarse en medio de la avenida, sintió sus piernas doblarse cuando comprendió que el automóvil estuvo a punto de embestirla sino hubiese sido por el frenon que dio quedando a escasos centímetros de ella.
—¿Por qué mierda no te fijas por donde caminas? —gritó un joven de piel morena descendiendo del vehículo, lo miro caminar hasta ella. Mas le fue imposible no fijarse en su chaqueta de cuero negro sabiendo el calor que hacía, también se quitó sus gafas oscuras que estaban de más porque era de noche.
—Lo s- siento —tartamudeo sin poderse moverse todavía.
Él chico la miró de arriba abajo brindándole una enorme sonrisa blanca, llevó su mano a su barbilla rascando un poco con sus dedos y noto lo fornido de sus brazos, seguro es un luchador de la WWE porque su cuerpo estaba deformado por los músculos.
—Disculpa por gritarte, soy Jacob Black —le tendió la mano, ella no le saludo solo miró en el pecho del chico un carné con su nombre que lo acredita como trabajador de una empresa televisiva—. ¿Qué hace una chica tan hermosa, caminando sola?
Bella siguió sin responder el saludo, ni la pregunta. Algo dentro de ella le decía que ese hombre no era de fiar.
Disculpen el retraso, a veces mis tiempos no coinciden del todo para fanfiction, agradezco sus muestras de cariño y quiero decirles que ya estaré por aquí un poco más. Muchas gracias a mis chicas que me apoyan en todo momento me quedo con todas sus buenas vibras que tanta falta me hacen. Por cierto de antemano me disculpo por esa ortografía que a diario intento mejorar.
Gracias por leer.
