Disclaimer: Percy Jackson y sus personajes son del viejo Rick. Yo solo disfruto de escribir.

Capítulo 4 de 4: Annabeth/Sra. Chase, menciones Percabeth.

Palabras: 1168


En el campamento Mestizo, mucho más allá de dividirse en cabañas de acuerdo a los padres divinos, hay otro factor que diferencia a los campistas: familia. Algunos semidioses, cuyas historias no son nadas sencillas, no contaban con un lugar a donde pasar las vacaciones de verano o las festividades como Navidad Pascua, Año Nuevo; festividades no-griegas no eran precisamente celebradas en el campamento. Otros, en cambio, contaban con una familia: un padre o una madre, o en algunos casos ambos―algunos mortales, como Sally Jackson, dejaron el pasado atrás y decidieron unirse en matrimonio con otro mortal para, por fin, tener una vida feliz y tranquila. O, al menos tan normal cuando tu hijo es un semidiós.

Annabeth Chase estaba en un punto medio entre ambos grupos. La situación con su padre, Frederick Chase, nunca fue sencilla.

El padre de la rubia era un simple graduado de la universidad cuando una cesta de mimbre, con una bebé adentro, apareció en su puerta. Después de eso, su vida cambió, drástica mente. A pesar de ser un hombre de gran conocimiento, sino fuera así no hubiera atraíado a la mismísima diosa de la sabiduría, su conocimiento sobre bebés era relativamente nulo. Frederick recurrió a su madre en busca de consejos; la señora Chase no estaba nada contenta con el hecho de que su hijo se había convertido en padre soltero. Pero, al final, aceptó ayudarlo.

En semanas, Frederick Chase pasó de ser un respetado investigador de armas usadas en la guerra, a ser una madre en entrenamiento.

Al principio, fue difícil.

La pequeña Annabeth lloraba todo el tiempo por todo; no es como si ella pudiera haber hecho otra cosa, después de todo. Solo porque era una hija de Atenea no significaba que de repente iba a parar de llorar y traducir sus necesidades en palabras teniendo tan solo meses de edad. A medida que Annabeth iba creciendo ciertas cosas se volvieron mucho más fáciles: la sentaba en su silla de comer y la pequeña semidiosa se encargaba de hacerlo sola, saboreando el puré de papas que hacía su padre y, de vez en cuando, botando los vegetales al piso con cara de disgusto. Frederick estaba orgulloso de decir que su pequeña aprendió a ser independiente; cuando era hora de dormir él ni siquiera tenía que leerle un cuento, Annabeth leía para los dos.

Había sólo una cosa mala acerca de su hija cumpliendo más años: monstruos. Incluso si la pequeña Annabeth no estaba enterada de la sangre inmortal que corría por sus venas, su esencia era lo suficientemente fuerte como para atraerlos a la casa. Al principio, eran arañas: miles de ellas saliendo del ropero y arañándole la piel. O, al menos eso es lo que decía la pequeña. Su esposa, Julie Chase, aseguraba que cada vez que corría a la habitación de Annabeth, en respuestas a los gritos de la niña, no encontraba nada. En pocas semanas, el número de monstruos aumentó haciendo que la armonía familiar se desentrigara completamente.

Annabeth huyó a los siete años. Frederick no cesó en buscarla. Julie Chase no dejaba de pensar que, tal vez, no hizo lo suficiente.


Annabeth movió la cabeza justo a tiempo, antes de que un pedazo pequeño de pan cayera en su cara. La rubia miró letalmente a sus hermanos: Bobby y Matthew, quiénes le sonreían inocentemente como si no hubieran usado sus cucharas como catapultas. Annabeth miró a su padre: Frederick cargaba sus lentes de lectura puestos, un libro de pasta negra y contenido grueso reposaba en sus manos, ignorando totalmente el comportamiento de sus hijos. La hija de Atenea soltó un suspiro.

Era el día de las madres y, por primera vez, había dejado el campamento Mestizo para celebrar. Su madre era una diosa, ella simplemente no podía aparecer en el Olimpo con un regalo entre sus manos; los dioses tienen obligaciones que cumplir, después de todo. Así que, sí, en vez de pasar el en la casa de Sally Jackson como en casi todas las festividades, decidió rechazar la invitación de su novio y venir a su casa para convivir con su familia.

Otro pedazo de pan chocó contra la pared. Los ojos grises de Annabeth fulminaron a los hermanos con la mirada. Frederick Chase apartó la vista de su libro, lo cerró y se quitó los lentes. Señaló a sus hijos.

"Dejen de jugar con la comida"

"Pero, estamos aburridos" Matthew dijo, mientras que Bobby agregó. "Y hambrientos" Como si fuera una señal, Julie Chase sacó la cabeza por la puerta de la cocina. Su cabello levemente rizado estaba recogido en una coleta, una pañoleta roja lucía en su cabeza. Sonrió.

"Sólo esperen unos minutos" La voz de Julie desapareció. Incluso si era el día de las madres, ella se rehúso a dejar que Frederick comprara comida en un restaurante para el almuerzo; siempre le ha encantado cocinar.

"Eso es lo que dijeron media hora atrás.." Matthew murmuró. Annabeth lo pateó por debajo de la mesa. El chico aulló de dolor, enfocando sus ojos en su hermana; la rubia le sonrió inocentemente. Annabeth se levantó de la mesa: ella es una hija de Atenea, la diosa de la estrategia y sabiduría, la rubia sabe que ese par debe estar tramando alguna venganza en su contra.

Annabeth caminó hacia a la cocina. Entró: el olor a especies entró en su nariz.

Julie sonrió sorprendida. "Oh, Annabeth, cariño. ¿Sucede algo?"

"Uh, no. Sólo quise.." Annabeth señaló hacia las ollas. "Ayudar un poco" Julie se giró hacia las ollas, bajando la llama de las hornillas un poco. Señaló con la cabeza hacia el fregadero. "Me ayudaría mucho si pelaras esas zanahorias"

"Está bien" A través de la ventana, el azul del cielo lucía vibrante; los rayos solares brillando en todo su esplendor. Annabeth sonrió un poco: el azul hizo que se preguntara que estaría haciendo Percy en este momento, probablemente comiendo algo azul o desastrosa mente tratando de ayudarle a Sally en la cocina.

"¿Pensando en alguien especial?" Annabeth saltó sorprendida al oír la voz de su madrastra. Julie alzó una ceja. La rubia se sonrojó. "Estaba pensando en…"

"Percy" Julie terminó por ella. Sonrió. "Él es buen chico, parece que realmente le importas"

"También me importa. Mucho. Yo..lo amo" Annabeth mordió su labio, un tanto avergonzada. Trató de pelar uno de los vegetales, pero no fue exitosa. Julie posó una mano sobre su hombro, le quitó la zanahoria y empezó a pelarla ella misma. "Lo siento, no soy muy buena con esto.."

"No tienes que disculparte, Annabeth. De hecho, yo soy la que debería" La voz de Julie se volvió seria. "Nunca te creí sobre los monstruos y arañas cuando eres pequeña, yo.."

"Eso quedó en el pasado" La hija de Atenea le interrumpió, cortante. Julie la miró dulcemente.

"Lo sé, pero.." Un suspiro escapó de los labios de la mujer. Dejó de pelar las zanahorias, depositó el cuchillo en el mesón y se giró hacia su hijastra. "Estaba asustada, Annabeth" Ante la mirada de tristeza de la rubia, agregó rápidamente: "No de ti. Estaba asustada de misma, asustada de no llegar a ser la madre que necesitas. Necesitabas alguien que te apoyara y no lo hice, dejé que el terror se apoderara de mí. Tal vez no seas mi hija, pero me importas tanto como una"

Annabeth abrió la boca, sorprendida. La cabeza de Frederick emergió por la puerta abierta de la cocina. "¿Está todo bien?" Julie miró a la rubia. La hija de Atenea le apretó la mano y le sonrió a su padre.

"Sí, todo está bien"


"Las familias son desordenados. Las familias inmortales son eternamente desordenadas. A veces lo mejor que podemos hacer es recordar a los demás que estamos relacionados para bien o para mal ... y tratar de mantener la mutilación y matanza a un mínimo"― Rick Riordan, The Sea of Monsters


Total de palabras del fic(sin contar notas de autor,títulos, etc): 8000 palabras.

N/A: Sí, este fue más corto que los demás, pero tuve un error de cálculo y tuve que acortarlo. Ah, según las reglas del reto habrá una votación así qué si les agradó este fic tanto como a mi me gustó escribirlo, agradecería mucho si votaran por mí.

Me despido(y que los dioses los acompañen)