Disclaimer: Los personajes del fic son del derecho de su creador, Gosho Aoyama, yo solo hago una versión a mi estilo, sin ánimo de lucro.


Hola! Siento mucho la tardanza de actualizar pero es que he tenido una semanita muy liada.

Aquí traigo el siguiente capitulo:)

Y una mención en especial a:

V1ct0r99h66: Me alegra la idea que pienses que hice el mensaje a lo Aoyama, sabes que siempre intento hacerlo lo más parecido:) Y bueno como una vez te dije, las faltas ortográficas vienen de fabrica en mi, jajaja Aunque me esfuerzo al máximo! Disfruta del capítulo;)

Mistery-thief: Que contenta me puse cuando leí en tu review que habías puesto este fic en tus favoritos, se me iluminó la cara! En serio fue un detallazo xD Y me alegra que hayas averiguado alguna cosilla de la nota, y de imaginación tengo para rato! xD Disfruta del capítulo;)

¡Espero que lo disfruten!


4 - ENTRAR

Anochecía. El cielo se estaba tiñendo de oscuridad y el sol iba desapareciendo por el horizonte, escondiéndose hasta el amanecer. Automáticamente se iban encendiendo las farolas para que los nosotros, pudiéramos seguir caminando con tranquilidad y completa seguridad.

Debía darme prisa para llegar al museo. Entretanto que iba haciendo el recorrido hasta mi destino, mi mente no podía parar de darles vueltas a todos los hechos sucedidos. Había encontrado una carta de Kaito Kid en la agencia de Detectives del tio Kogoro, y horas más tarde, había averiguado su contenido. Hasta ahí todo bien.

A pesar de tener todo bajo control, mi cabeza no podía parar de pensar que algo no cuadraba como era debido; en el lugar donde había hallado el mensaje del ladrón de guante blanco, debería haber estado el móvil del detective. ¿Qué tenía planeado Kid? ¿Debería tener ese hecho alguna relación con su robo?
Además, aún seguía con una maldita sensación que me colapsaba el cerebro. ¿Qué iba a suceder en aquel museo?

Eran las 19:30h y el corazón me iba a mil por hora por la corrida que iba haciendo. Y no era de extrañar, con el cuerpo de niño que conservaba me cansaba fácilmente, sin hacer casi ni esfuerzo. Por suerte, poco después de notarme rendido, percaté que ya me encontraba a la altura del edificio. Entonces, fue cuando la fugaz idea de cómo iba a entrar en el museo me golpeó.

Observé que a mi alrededor se encontraban un montón de escuadrones del inspector Nakamori y poco después, visualicé que éste como una vez más, estaba histérico de nervios, gritando a ton y son que en ésta ocasión sí que atraparía al ladrón que había estorbado sus dulces sueños desde el primer momento que entró en su vida.

Suspiré. Al menos una cosa iba bien de momento, Megure había avisado a Ginzo y seguramente él estaría al llegar. Y no me equivoqué, a unos metros detrás del hombre trajeado, bajó de un coche policía el inspector con sombrero. Para mi sorpresa, él no se encontraba solo, venía acompañado del tío Kogoro y los inspectores Wataru Takagi y Miwako Sato. Noté desde la distancia en la que me encontraba que el padre de Ran estaba enojado y su cara larga no pasaba desapercibida; seguramente su estado era causado porqué se iba a perder el concierto de Yoko Okino.

Je, je, je Te lo mereces... ¡¿Pero que decía?! Éste no era el mejor momento para pensar en los ocios del detective durmiente, ahora tenía un caso que reclamaba mi ayuda. Antes que nada, lo que debía hacer era ingeniármelas para poder entrar con ellos, pan comido si lo hacía como era debido.

- ¡Conan! -sonó una voz infantil detrás mío, le conocí enseguida-. ¿Qué haces aquí? -acabó preguntando Genta.

Oh, no. Allí se encontraban todo el grupo de los Shonen Tantei. Habían tenido que pasar por aquí justo ahora... Mierda, mierda. Me encontraba acorralado o mejor dicho, muerto. ¿Qué les podía contestar? Era más que obvio que algo llevaba entre manos, ellos no eran tontos, ya se habrían dado cuenta que la policía estaba en el lugar. Aún así, si les decía la verdad seguro que querrían venir conmigo... ¿Qué podía hacer?

Mientras pensaba con mi mente en blanco, intentando encontrar una respuesta acertada para aquel grupo, Ai me cogió del brazo por segunda vez del día y me alejó un par de metros de los niños.

- ¿Me puedes contar de una vez que está pasando, Kudo? -preguntó en voz baja aunque audible.

Suspiré. No tenía otro remedio, así que le conté todo lo sucedido.

- ¿Y dónde está el problema? Vas a tener otra de tus batallitas con ese ladrón -dijo indiferente-. Normalmente, eso te pone con una cara boba de felicidad.

- No quiero que os quedéis aquí, al menos hoy, tengo un mal presagio... -hablé mirando hacía mis tres amigos-. Y otra cosa, ¿qué hacéis vosotros aquí?

La joven me dedicó una mirada inexpresiva junto con una sonrisa melancólica que no entendí.

- Toma, esto te servirá -ella no contestó a la pregunta que le había formulado y en su lugar, me enseñó la mochila que mantenía en su espalada. Después, me la entregó. Analicé que no era la misma que había utilizado por la mañana, eso significaba que ya había ido a casa del doctor y este se la había dado-. Ábrela solo en extrema urgencia.

- ¿Por qué me das la mochila? -pregunté, perplejo.

- Es una cosa que he preparado y eso será todo lo que podré hacer por ti -habló con un tono más jovial aunque percibí cansancio-. No hace falta que me des las gracias -concluyó y sin más qué decir, se volvió a dirigir con el resto del grupo.

A mí me había dejado sin respuesta. ¿Qué hallaría dentro de la mochila? En fin, como había comentado Haibara lo mejor sería averiguarlo cuando lo necesitase. Aunque había cierta duda que me carcomía por dentro, ¿por qué justo hoy ella estaba tan preocupada por mí o, simplemente, era mi imaginación? Moví la cabeza, ya pensaría más adelante en eso, ahora solo debía tener mi mente enfocada en descubrir que tramaba ese ladrón presuntuoso.

A continuación, me coloqué la mochila en la espalda y me dirigí con el resto del grupo que se encontraba de lo más animado.

- Chicos tenéis que volver a casa, yo iré de aquí un rato -dije, al regresar.

- Mentiroso -empezó diciendo Mitshuyko-. Siempre haces lo mismo, nos dejas para llevarte todo el mérito tu solo. No sabemos qué estás tramando, pero, suponemos que debe de ser interesante.

- Eso Conan -dijo Ayumi, cabizbaja-. Nosotros también queremos participar.

- Además, somos La Liga Juvenil de Detectives, ¿no? -habló el más alto del grupo-. Tenemos que mantenernos unidos. Venga, ¿a qué esperamos para entrar?

No tenía nada que decir, dijera lo que dijera, ellos no se iban a ir. Este grupo era muy tozudo cuando se les metía una cosa en la cabeza. ¿Qué podía hacer? Ya que una cosa la tenía clara: pasara lo que pasara, me adentraría en aquel edificio.

- Aquí solo puede acceder personal autorizado, y por supuesto, los espectadores que comprarán la entrada para ver la exposición -habló una voz detrás de mí que afirmaba confianza, autoridad y seriedad.

Poco a poco, me fui volteando para observar el individuo que se había incorporado a nuestra conversación. Visualicé a un chico de diecisiete años, vestido con un traje que para mi memoria era muy familiar, se trataba de aquella vestimenta que hacía irreconocible a mi mayor ídolo detectivesco, Sherlock Holmes. El joven, tenía el cabello castaño claro, unos ojos marrones intensos, y, aunque hablaba muy bien el idioma, le noté un ligero acento inglés. Sin duda, sabía quién era.

- ¿Tenéis alguna de las cosas que he mencionado?

- No... -contestó Mitsuyko con la cabeza caída, mirando el suelo.

A los tres chicos les noté que las palabras del londinense les habían afectado, ya que seguramente se habrían dado cuenta que por muchas ganas que tuvieran no podrían entrar en el lugar, pero, supuse que no se darían por vencidos.

- Entonces, ya no hay nada más que hablar sobre este tema. ¿No creéis? -acabó diciendo.

Nadie contestó, se habían quedado sin respuesta con las explicaciones que había dado Saguro Hakuba.

- Me parece que voy a entrar, no os preocupéis, otro día dejaré que juguéis con ese ladrón -en el rostro del fanático de Holmes percibí una sonrisa-. Hasta la próxima, Liga Juvenil de Detectives.

El inglés accedió, sin decir nada más. Por unos instantes, maldije al joven detective, esa burla había sido de muy mal gusto, aunque, tampoco debía darle más importancia. Suspiré.

- Conan... ¿qué vamos a hacer? -preguntó Ayumi, inocente.

Estaba claro ¿no? Lo que deben hacer es irse y yo entrar. Cuando me dispuse a contestar, recibí un golpe seco en la cabeza. Segundos después, percibí que había sido provocado por el señor Mouri.

- ¡AU! -refunfuñé, me había dolido. Te has pasado de la raya...-. ¡Me has hecho daño, tío Kogoro!

- Eso te pasa por estar aquí. Vamos, vete a casa y dile a Ran que te prepare la cena.

- Tío, recuerda, ella se encuentra con sus amigas preparándose para ir a ver la película.

El detective se puso a reflexionar, tomándose unos segundos y todos le miramos.

- Pues vete con el doctor Agase -a continuación, miró al resto de mis compañeros-. Y vosotros, iros a casa, seguro que vuestros padres os buscan, está anocheciendo -dijo con un tono ofensivo y enfadado.

- Pero... -murmuró Genta.

- Nada de peros -concluyó tajante el adulto, si se podía llamarse.

Los Shonen Tantei se dedicaron unas miradas, viendo que no podrían quedarse. Suspiraron.

- Adiós Conan, hasta el lunes.

- Nos vemos, Edogawa -se despidió Ai Haibara y por su forma de hablar la noté contenta. Me alegré ante ello.

- Hasta el lunes -dijeron Mitsuyco y Genta al unisono, hecho que me causó gracia.

Los cuatro se fueron, y todo gracias al detective con bigotes, al menos, sí que servía para algo. Cuando desaparecieron de mi alcance de visualización, él empezó a hablar:

- Va, y tú también vete; este no es un lugar para que estén los críos.

- Es que veras Kogoro... -empecé a decir, no me iba a ir, y se me había ocurrido una idea con la cual convencer al hombre-. Yo quiero ver como el fantástico detective Kogoro Mouri captura a ese ladrón... Tú ya sabes que eres mi figura favorita como investigador. ¡Me harías el niño más feliz del mundo! -seguidamente, añadí una sonrisa infantil. Iba a funcionar, nadie se podía resistir a ese rostro angelical.

Él empezó a reír de una forma deliberada y al principio, me asusté. ¿Se estará volviendo loco? Por favor, este tío ya no tiene remedio...

- Esta bien Conan, puedes quedarte conmigo, pero, pórtate como es debido.

Menos mal. Halagarlo siempre funcionaba con él, había sido más fácil que quitarle un caramelo a un niño pequeño. Mi estado anímico de aquellos momentos era inmejorable, había podido ingeniármelas para poder acceder.

Dichas las palabras de aceptación del tío, empezamos a entrar junto con los inspectores. Eran las 20:00h, faltaba poco para la hora señalada del robo.


Continuará...