Hoooolaaa a todos! Seguro que están queriendo hacerme un atentado o algo (mmhh no, no creo que yo valga para tanto) En fin, se que me pasé con el tiempo pero ya tengo este cap. Quisiera que sepan que deseo hacer bien esta historia, que valga algo, así que por eso me cuesta más escribirla que otras historias (siempre dije que se me da mejor los one-shots y este empezó siendo uno)

En fin, este cap era importante para mi y creo que no quedó tan mal (podría haber estado mejor, pero se que nunca hubiese llegado a ese punto) me conformo con la sensación de haber incluído todo lo que quería incluir. Sean buenos por favor (y esto va para alguien en especial :p)

No los molesto más, disfruten.

Capítulo 4: Pérdida de profesionalismo.

Duero no estaba preparado para lo que le esperaba. No se imaginó que la vería hasta el día siguiente, cuando ya su mente estaría algo más despejada de inútiles cavilaciones y su temple algo más apaciguada (si se puede decir que tiene temple ¬¬).

Pero contra todo pronóstico lo cierto era que Parfet, la Ingeniera en Jefe del Nirvana, se encontraba en su consultorio, en pleno apogeo de la noche….. y agachada bajo el gran computador con medio cuerpo sobresaliéndole de entre los paneles metálicos.

Gracias al cielo ella estaba muy ocupada entre cables y tornillos porque sino la intachable reputación de "imperturbable" que tenía el doctor se hubiera visto agraviada por el gesto de incredulidad que dominaba su rostro en ese preciso momento. Le bastaron unos segundos para recuperar la compostura y con paso firme, aunque algo alentonado (quién sabe por qué), se acercó hacia la joven hasta quedar al lado suyo.

La muchacha no pareció darse cuenta de que alguien más se encontraba en la habitación, tampoco era de extrañarse: cuando se encontraba concentrada en reparar algo se volvía completamente ajena a todo lo que la rodeaba, a esa particular característica había que sumarle el hecho de que el zumbido que emitía el computador era, si era posible, aún más fuerte que cuando Duero abandonara el recinto. Transcurrieron indefinibles segundos en los que el doctor lo único que hizo fue observarla, el irritante ruido cesó y él dejó soltar un disimulado quejido, buscando llamar su atención.

PUM!!! – La espalda de la castaña chocó con el panel superior debido al sobresalto, un gemido de dolor apagado se escapó de entre la cortina de cables.

- ¿Estás bien?- Duero se agachó a su lado y la agarró de los antebrazos para ayudarla a salir. El rostro sonrojado de Parfet, con sus enormes lentes torcidos, le observó avergonzado.

- Si, estoy bien. Por lo visto hoy tengo un ataque de torpeza – Sonrió divertida.

El nudo que tenía en el estómago se aflojó un poco al ver que ella no parecía molesta o resentida. Con algo más de calma continuó:

- Me crucé con Dita en la entrada. Me dijo que necesitabas atención médica.

- Eh, si pero no es algo tan grave. Le dije que era muy tarde pero ella insistió…

- Me alegro de que lo haya hecho – Dijo él, muy serio. Sus ojos oscuros estaban clavados en su mano derecha, cada vez más inflamada.

- Bueno… no me pareció correcto dejar está máquina sin revisar – Y acompañó su acotación con una palmadita al panel del computador.

El doctor le indicó con un gesto que tomara asiento en la camilla y ella lo obedeció en silencio. Cuidándose de no hacer mucha presión, arremangó la tela del traje y con su mano derecha exploró la zona afectada. Parfet no decía nada, pero su boca se fruncía notablemente cada vez que Duero presionaba su piel y su respiración se agitaba de a ratos.

- ¿Qué fue lo que pasó?- Quiso saber.

- Se.. se me cayó una estantería encima – Fue lo único que supo responder. Por suerte para ella, el hombre no necesitaba saber los detalles de su infortunado accidente. Simplemente asintió en respuesta y volvió a fijar su atención en la herida.

- No parece haber fracturas o cualquier otro tipo de daño – Dijo al cabo de unos segundos – Pero me gustaría estar más seguro. ¿La máquina ya funciona? – Preguntó, observando la computadora.

- Si, funciona perfectamente.

Entonces el doctor tomó un objeto de forma rectangular, era de plástico blanco y tenía una delgada placa metálica en uno de sus lados. En un extremo, tres botones de diferentes colores se disponían en hilera, Duero presionó el primero un una luz de color azul emanó de la plaqueta. Lentamente fue pasando el instrumento a lo largo de la muñeca de Parfet; en la pantalla del computador se abrió una ventana que mostraba la estructura interna de la extremidad: los huesos brillaban con un tono blanco fluorescente, en contraste con el fondo oscuro.

- No, no hay fracturas, la estructura ósea no presenta daños – Apagó el instrumento y lo dejó a un lado – Sólo hay que bajar la inflamación y mantener la articulación inmóvil por un tiempo – Finalmente soltó el brazo del mecánica, abrió uno de los armarios más cercanos y hurgó en busca de lo necesario para curarla.

El tiempo corrió lenta, muy lentamente, para la ingeniera y no estaba segura de cómo se sentía frente a esta situación. Por un lado, agradecía el que Duero fuera tan avocado a su profesión como para querer distraerse con una charla, su mirada era de inconfundible seriedad y concentración… pero por el otro, hubiera deseado que él le dijera algo, un indicio sobre lo que pensaba… saber si se había dado cuenta de que se sintió afectada por su última conversación.

"Nada le altera" pensó con resignación a la vez que dejaba escapar de su pecho un largo suspiro.

- Perdón¿está muy ajustado? – Duero, alertado por el sonido, había parado de envolverle la muñeca con la venda.

- No, está bien – Le respondió. El médico volvió su atención nuevamente hacia su trabajo y en menos de un minuto ya había concluido.

- Ya está listo. Esto va a mantener la articulación estática hasta que los músculos se recuperen. Apliqué una inyección desinflamatoria, así que el dolor no puede durar mucho tiempo más.

Parfet solamente asintió con la cabeza y lo miró a la cara. Se lo veía muy distante en ese momento. ¿Acaso era una máscara de indiferencia¿O ya se había olvidado de lo que había pasado? Entonces, algo dentro suyo se reveló ante su indecisión y sus labios se abrieron para decir algo que ni ella misma sabía con seguridad. Pero él se le adelantó.

- ¿Recibiste golpes en algún otra parte de tu cuerpo? – Lo había dicho rápidamente, quizás una ocurrencia del momento….

La mecánica se paralizó a medio camino, cerro la boca y nuevamente la volvió a abrir, pero no pudo articular idea hasta después de unos cuantos segundos.

- Ehh, si. Me cayeron varias cosas encima, siento dolores por toda la espalda y hombros – Dijo finalmente. El joven asintió y su mano derecha se apoyó en su mentón.

- ¿Sentís alguna punzada significativa al mover los brazos? – Indagó.

- En realidad siento punzadas a cada momento, incluso cuando respiro. Pero no siento que tenga nada roto – Le aseguró ella.

- Bien – Duero meditó la situación por un momento. Incluso pareció que su ceño ser fruncía notoriamente, mientras sus ojos se enfocaban en algo que en verdad no estaba viendo. Su mano volvió al bolsillo de su saco y con vos calma pero algo dubitativa, dijo – Es indispensable asegurarse de que no existe ningún tipo de fractura, en especial sobre la zona torácica…. Necesito que te desvistas – Y sin más, se dio media vuelta para "revisar" los instrumentos de análisis.

Cierta sensación de inquietud recorrió a Parfet cuado escuchó las últimas palabras. Por suerte el doctor no la estaba viendo en el momento en que se sobresaltó por la sorpresa. Ya más calmada, habló.

- ¿Tengo que desvestirme completamente?

- No lo creo. Solo la parte superior de tu traje. Dijiste que sentías dolor en espalda y hombros ¿no? – Ni se había molestado en voltearse para contestarle, lo cierto era que le estaba costando un poco encontrar el instrumento que había usado hacía un momento. No se daba cuenta de que lo había dejado junto a la camilla. Para cuando su mente se lo recordó, una mueca de disgusto ser formó en su rostro por su distracción, y se volteó para tomarlo.

Y por un instante, creyó perder el aliento.

La jovencita terminaba de quitarse la manga derecha de su brazo, un poco más cuidadosamente que la otra, debido a la venda que traía en él. Pero eso no era lo que atraída la atención de Duero. Si hubiese contado con el apoyo de un criterio puramente profesional (cosa que evidentemente había perdido ya) lo único que pasaría por su mente en ese momento, sería que Parfet Balblair tenía la columna vertebral más perfecta que había visto en su vida. Prácticamente una joya de la anatomía humana. Sus negros ojos seguían la curva de su espalda con avidez, parecía armonizar perfectamente con las líneas de su cintura y a ambos lados de la misma, un poco por encima de su cadera, se veían un par de pocitos tan deliciosos, que Duero inevitablemente se imaginó rozándolos con sus dedos.

Estaba completamente aturdido y eso no escapaba a su atención. Hacia mucho tiempo que atendía a mujeres en su consultorio y más de una vez se había visto en la necesidad de pedirles que se desnudaran para poder atenderlas, pero nunca antes se había sentido alterado en sentido alguno. La educación de ambas razas no reparaba en la exploración física del enemigo más que como un objeto de curiosidad o de estudio táctico. No había forma de que un hombre sintiera vergüenza o inquietud por desnudarse frente a seres que no consideraban de su grupo y así mismo sucedía a la inversa.

El interés que pudo surgir en Duero por el cuerpo femenino fue siempre sobre una base científica y objetiva, dado que se había descubierto que ambos géneros eran un complemento, más que seres diferentes. Estudiar las similitudes anatómicas, así como las diferencias y su razón de serlo, fueron la principal pauta del doctor desde que vieron ese video tan extraño de una supuesta "familia" terrestre. Ahora entendía perfectamente lo que era el hombre y la mujer, el propósito de su "unión".

Pero a pesar de esta gran verdad, la actitud del joven frente a sus pacientes no se modificó. La tripulación parecía aceptar la verdad de su origen, pero no demostraba sentir deseos de cambiar sus costumbres del todo. Así, Duero jamás sintió que existiera incomodidad al atender sus heridas o malestares, estuviesen en la parte del cuerpo que estuviese y consideraba que esto en parte se debía a su capacidad de saber distinguir cuándo uno debía actuar con seriedad. Los pacientes son todos iguales.

Más ahora, teniendo en frente a esa mujer, semidesnuda y de espaldas, su cuerpo no podía reaccionar de otra manera que no fuera contraria a su raciocinio. Sus irises no dejaban de recorrer cada centímetro de piel que quedase expuesto a su campo visual. Casi la acariciaba con la mirada e inconscientemente sus manos se abrían en el aire, como queriendo sentir lo que veía. Y un hormigueo constante le quemaba la punta de los dedos. A cada instante su cuerpo se sentía más agitado y la temperatura en el ambiente se volvía sofocante, aunque probablemente sólo se trataba de él.

Si su mente no le reclamaba a gritos lo que ya sabía que estaba sucediendo, era porque ese no era el momento indicado para hacerlo. Cerró los ojos por un instante para concentrarse 'Ella es mi paciente ahora' se dijo 'Necesita de mi atención'Abrió y cerró sus puños para detener el cosquilleo y su respiración de apaciguó. Abrió finalmente los ojos y con una determinación casi incipiente se acercó a la joven, hasta quedar detrás suyo.

Ahora que la tenía cerca, se sorprendió por la gravedad de ciertos golpes. A lo largo de su espalda se extendían formaciones de diferentes tonos morados. La mayoría no era preocupante, pero se notaba una gran inflamación en el lado izquierdo del cuello, a pesar de estar oculta por la musculosa negra que llevaba puesta. Sin duda debía estar muy agarrotada, porque respiraba irregularmente, inhalando con dificultad debido al dolor y exhalando de igual manera. Tomó el instrumento junto a la camilla y lo pasó por toda su espalda. En el monitor se vio nuevamente la estructura ósea, mostrándole para su propio alivio, que no había sufrido lesiones en los huesos, ningún tipo de hemorragia interna se percibía tampoco.

- ¿Está todo bien?- Fue lo primero que dijo Parfet después de todo ese tiempo.

- Si, por suerte no hay más daño que los superficiales. Ni siquiera voy a necesitar inyectarte, con una pomada basta… - El médico se cortó de pronto – Vas… vas a tener que sacarte esto también – Le señaló el top negro.

- Oh, está bien – Se bajo de un salto y siguió a Duero hasta el biombo que había al final del cuarto, este le indicó que podía utilizar una de las sábanas que allí había para cubrirse y sin más, la dejo para que se cambiara tranquila mientras él buscaba la susodicha crema.

Una vez más, al joven doctor se le antojó que las cosas no estaban en su lugar habitual, porque tardó más de diez minutos en encontrar lo que buscaba, dejando tras de si casi todas las gavetas y cajones abiertos. Para cuando lo hizo, Parfet ya se encontraba de nuevo sobre la camilla, con la espalda completamente descubierta y sus manos aferradas a su pecho, oculto por la inmaculada manta.

Curiosamente, también se había quitado los anteojos. A pesar de que no podía verla a la cara, sabía perfectamente que sus ojos eran de un gris metálico, con vetas verdosas. En varias ocasiones la había visto sin ellos, la jovencita no era tan chicata como sus gafas lo sugerían; solamente no lograba enfocar de lejos, por esa razón le había recomendado usar lentes de contacto. A pesar de ello, pocas veces los usó ya que, según ella, su trabajo requería mucho movimiento, y siempre había riesgos de perderlos entre la maquinaria. Un leve quejido por parte de ella logró volverlo a la realidad.

- Esto sólo llevará unos minutos – Dijo más para si mismo, aproximándose a ella nuevamente. Se inclinó para revisar mejor su espalda y con una de sus manos rozó la inflamación junto a su cuello, la cual latía un poco.

La jovencita apenas se movió, agachando más su rostro que quedó oculto bajo su flequillo. Aunque no lo dijera, se sentía tan cohibida como Duero y más por el hecho de estar en "esa" situación. Ahora que lo pensaba mejor, pocas veces habían tenido más contacto que el de un simple apretón de manos. Ni siquiera un beso en la mejilla, salvo…. Si! Ese abrazo, en navidad. El recuerdo hizo que sus tonos subieran considerablemente y un nudo de vergüenza se instalara en el fondo de su estómago. ¿Cómo se había animado a hacer algo así? Sólo recordaba lo feliz que se había sentido al ver que él se molestaba en darle algo de regalo. Había que ser sincera, el dibujo era "poco convencional", pero eso no evitó que lo colgara en la pared opuesta a su cama, para contemplarlo siempre antes de irse a dormir.

'Puaj, eso suena demasiado cursi incluso para mi' se criticó Parfet. Pero era la verdad a fin de cuentas… Y ese hombre, el primero que había visto en su vida y el primero en preocuparse por conocerla y ayudarla… posiblemente se iría…

AHH!!! – Soltó un alarido al sentir que algo frío y viscoso le caí entre sus hombros. Se deslizó a lo largo de su espalda a la par del escalofrío que nació en su cabeza y se extendió hasta sus pies.

- Perdón. Olvidé mencionarlo – se disculpó Duero cuando la vio enderezarse- Es una pomada analgésica de acción térmica: el frío entumece la piel por unos segundos para que no sea tan doloroso esparcirla y va tomando temperatura con la fricción, de esa manera el calor y la absorción actúan con mayor rapidez sobre los dolores.

- Y-ya veo – Dijo la ingeniera con los dientes apretados por la sensación de que una babosa de hielo le caminaba por el torso - ¿Y qué es lo que estás esperando? – Insistió luego de ver que el doctor no mostraba indicios de hacer algo.

Un tinte apenas perceptible se encendió en la morena piel del hombre. Levantó su mano derecha y la posó sobre la zona en que la crema se escurría. Se estremeció con el contacto.

- Si, está helada – Corroboró ella, suponiendo que a él también le había afectado la frescura del medicamento. Que equivocada estaba.

Una vez superado el primer contacto, no le fue tan difícil que su mano izquierda repitiera la acción y en pocos segundos se dio cuenta de que sus manos masajeaban la suave piel, en círculos, yendo de un hombro al otro, deteniéndose en el delicado cuello, donde consideraba que había un moretón que merecía su total atención.

Era como tocar seda, era tal la suavidad que le producía un agradable escozor en las yemas de los dedos. Con movimientos acompasados y firmes masajeó la parte superior de su espalda, consiguiendo que la crema aumentara de temperatura hasta hacerse tibia. Con ambas manos en sus hombros presionó los lados de su nuca y se encontró con que los músculos estaban terriblemente tensionados. Sin pensarlo demasiado, acercó su rostro hasta su oído izquierdo para susurrarle:

- Necesito que te relajes, estás muy tensa – El cálido aliento le golpeó en la nuca y en vez de lograr apaciguarla provocó que toda su espalda se irguiera, aún más adolorida por la presión de sus músculos.

'Tengo que calmarme, tengo que calmarme' Se repitió una y otra vez como si fuera su karma. Respiró hondo y dejo escapar el aire poco a poco entre sus labios entreabiertos, sus hombros descendieron considerablemente.

Duero continuó masajeando toda su espalda, de los hombros al cuello y viceversa, deteniéndose en las zonas más dañadas y procurando esparcir de forma homogénea la crema, que poco a poco subía su temperatura. Trascurrieron los minutos en un mutis que se había instalado entre ambos y que no consideraban para nada incómodo.

Poco a poco ella se había calmado, al punto de cerrar sus ojos, permitiendo que su mente dibujara el recorrido que hacían las manos del doctor sobre su piel; se sentía tan bien.

Los minutos transcurrieron y ya no hubo más crema que esparcir ni nada que masajear; las palmas dejaron de presionar, siendo sustituidas por unos delicados dedos que apenas rozaban la piel, convirtiéndose en caricias. Caricias que lentamente fueron bajando por su columna, siguiendo la línea de sus vértebras. Roces que pronto se encargaron de reconocer las curvas de su cintura y delinearlas con las yemas de sus dedos.

Y quemaba, sin necesidad de crema alguna, y el escozor se confundía con un cosquilleo que se expandía como ondas regulares desde los puntos donde su piel era tocada y que a la vez parecían nacer del interior de su cuerpo. Y el calor aumentaba hasta convertirse en frío y luego otra vez en calor.

Duero ya no podía manejar la situación: observaba a sus manos actuar de forma autónoma, como un espectador que lo observa todo desde otro lugar, sin posibilidades de intervenir. Miraba casi hipnotizado cómo iban descendiendo por la figura femenina hasta detenerse en sus caderas, donde permanecieron inmóviles por un instante. Sus pupilas turbias se dilataron, como un aviso de lo que sucedería después, cuando sus pulgares reconocieron esos exquisitos hoyuelos…

… y todo se desmoronó.

Una sensación de tibia humedad invadió el bajo vientre de Parfet y esta abrió sus ojos, sorprendida, de escucharse a si misma descargar el aliento contenido en un sonoro gemido de complacencia. Se sintió estremecer de pánico y temió no poder encontrar el equilibrio cuando, de un salto, bajó de la camilla para alejarse del hombre.

Pero Duero fue más rápido, tomándola fuertemente del brazo y tirando de él hasta lograr que lo enfrentara. No iba a dejar que huyera.

- Soltame – Dijo ella, casi como una súplica. Pero sólo consiguió que la sujetara con más fuerza.

- Tenemos que hablar.

- Creí que ya no quedaba nada por decir. Ya arreglé el computador – Hablaba atropelladamente, con la mirada fija en el piso.

- En ese entonces no te dije la verdad – Confesó él. La ingeniara alzó la cabeza, clavándole la mirada – Quería hablarte sobre mi puesto en el 'Arca'…

- Te vas a ir – Lo interrumpió.

- No, bueno…. aun no se…- Baciló.

- ¿No sabés qué? – El miedo se transformó en furia al verlo tan indeciso. Trató de zafarse una vez más.

- Hay algo que me retiene…. No puedo decidir nada sin saber, necesito entender… - Su mirada se volvió más insegura, ya no la miraba a ella, si no que parecía haberse perdido en sus pensamientos.

- ¿Entender¿Entender qué?... ¡Esto es estúpido! Lo único que entiendo es que no te atrevés a decirme que decidiste abandonar el Nirvana, abandonarnos- Logró soltarse de su agarre – Si querías saber mi opinión, sos libre de hacer lo que quieras. No hay motivos para que tengas que quedarte un minuta más acá – Y dio media vuelta para marcharse.

La puerta corrediza se cerró tras suyo al adentrarse en el silencioso pasillo. Todavía temblaba, así que tomó la parte superior de su traje y se la colocó, deseando que esos estremecimientos fuesen producto del frío ambiente, y se encaminó hacia su habitación.

- Existe un motivo, y sos vos – La profundidad de la voz la detuvo como si la hubiese tomado otra vez por el brazo. Giro sobre si misma y vio a Duero, de pie, a escasos dos pasos de distancia. Su semblante era serio hasta el punto de verse hostil.

- Ya te dije lo que pensaba.

- Si, lo hiciste…. Pero no me dijiste lo que deseabas – Dijo desafiante. La ingeniera no pudo evitar fruncir el seño.

- ¿Qué diferencia hay…

- ¿Sentiste algo, verdad? – Continuó, sin prestarle atención – Cuando te toqué. Pude escucharte.

El corazón de Parfet dio un vuelco, sintió que perdía el aliento y no tuvo dudas de que su rostro estaba encendido. El doctor acortó la distancia entre ellos sin cortar el contacto visual. Parecía más tranquilo, parecía decidido.

- Yo, si siento algo cuando te toco- Dijo, con el dorso de su índice acarició la sonrosada piel de su mejilla – Incluso cuando estás cerca no puedo evitar sentirme perturbado – Bajó su mano y su mirada pareció endurecerse – Ya hace un tiempo de esto; pasé días y noches reflexionando y sólo hay una respuesta posible. Pero no puedo estar seguro hasta que… necesito tu ayuda.

La jovencita no dijo nada, sólo podía ver esos ojos negros y profundos como el universo, rogándole por su confianza. Tragó duro y parte del nerviosismo se esfumó.

- Está bien. ¿Qué tengo que hacer?

Duero no dijo nada, simplemente volvió a posar su mano derecha en el rostro de ella, siempre mirándola. Su pulgar hizo un semicírculo sobre su mejilla y poco a poco fue bajando por el delicado cuello. Inconscientemente volvió a cerrar los ojos, concentrándose en sentir, los dedos se deslizaron lentamente por su clavícula hasta alcanzar su pecho.

- ¿Sentís algo? – Le susurró sin dejar de mover sus dedos. Con su otra mano fue bajando el cierre del traje hasta la altura de sus caderas. Se acercó más para quedar pegado a ella.

- Si – Respondió por inercia.

- ¿Qué sentís? – Prosiguió con calma y subió hasta su hombro para correr con delicadeza una de sus trenzas.

- Calor – Los dedos rozaron su nuca, jugueteando con los mechones sueltos. Se estremeció- Se siente cálido, pero a la vez se vuelve frío – Un leve tintineo en su voz indicó al hombre que estaba algo nerviosa.

- Necesito que te relajes – Le advirtió y a continuación su mano izquierda incursionó dentro del traje y se apoyo en su vientre - ¿Es en este lugar dónde nace esa sensación?

Parfet no respondió. Ahogando una exclamación de sorpresa, lo empujó bruscamente y retrocedió un par de pasos. Sus manos agarraban la tela con fuerza para cubrirse y sus ojos lo miraban con una conmoción que Duero nunca creyó haber visto antes. La situación se agravó al notar las lágrimas que pujaban por salir de ellos.

- ¿Por qué me hacés esto? – Sollozó y las palabras se le antojaron como mil cuchillas que se clavaban en su cuerpo - No termino de entender lo que me pasa y en lugar de darme respuestas me confundís más.

- No hay otra manera- Se justificó - Necesito comprobar de forma práctica lo que me indica la teoría…

- ¿Comprobar de forma práctica¿Acaso soy un experimento¿Necesitás despejar tus dudas para poder irte y enseñarle tus descubrimientos a otros? Yo no soy una científica como vos, no puedo hacer diferencias entre los sentimientos y la razón. – Su vos se apagó en un susurro, las piernas le fallaron y por poco cae el piso, rendida por la situación. Duero quiso acercarse para sostenerla pero ella lo detuvo con un gesto imperativo.

- ¡No! Fue un error venir hasta acá. Desde que volviste de Tarak estás diferente; creí que con el tiempo todo volvería a la normalidad pero…. lo mejor va a ser que aceptes el puesto que te ofrecieron – Le dio la espalda y el doctor la vio alejarse por el pasillo, antes de doblar en la esquina ella se volteó para verlo por última vez, intentó sonreírle, pero sólo logró hacer una mueca indescifrable.

- Fue un placer conocerte. Espero que logres todos tus objetivos – Y desapareció del corredor.

Bien, con esto es todo. Como avisé en mi otro fic, me voy a Azul por unos días, así que no se cuánto tardaré en publicar el sieguiente cap, mi ideal es no dejarlos plantados así que me sentiría muy halagada si confiacen en mi ;) (aunque a veces es pedir mucho) Espero que les haya gustado, ya saben que no soy adivina y la única manera de enterarme es a través de los reviews, espero verlos ahí.

Nos estamos leyendo!

Cyllan Anassan ;)