-¿Cómo te rompiste la nariz? -cuestionó el hombre azul (que respiraba perfectamente) vendando con cuídado la zona- No debería caminar por ahí con lo ciego que estás.
-No estoy ciego -replicó, señalando la pared- veo perfectamente, Kisame. Sólo véndame que tengo que ir a donde Deidara.
-... Estoy aquí -dijo tomando su mano y corrigiendo su orientación- ¿A dónde Deidara? ¿Eres idiota o qué?
-Sé muy bien dónde estás -dijo abochornado, sentándose de nuevo en la silla de la sala- Y ¿por qué me llamas idiota?
-Te va a volar en pedazos, genio -dijo enseñando de forma burlona sus dientes- Ahora, quédate quieto, tengo que ponerte un antiinflamatorio. Te diste de lleno ¡já!
-Idiota...
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-Qué te quites, Tobi. Hum -decía en vano Deidara, que terco como una mula, no admitía que le agradaba de cierto modo ese abrazo.
Madara simplemente aflojó el abrazo para no hacerle daño, había quedado apoyado en el pecho de Deidara. Riendo por dentro debido a lo rápido y gracioso que sonaba su corazón.
-Senpai, no deberías mojarte en la lluvia -dijo de repente. Deidara sólo suspiro.
-¿Estabas ahí? el maldito de Kakusu me dejo fuera, según él porque "Ya son las seis de la tarde y no llegabas, no sabes lo que me ahorro en la luz de tú habitación"
"Bom" y "Bum" era lo que se escuchaba en su pecho. Poco a poco se fue relajando, ya qué podía hacer, Tobi era más alto y no tenía fuerza ni chakra para mandarlo a volar de una explosión.
-Tobi, llévame a mi habitación. Hay clavos en está cama -dijo con sarcasmo. Aunque no recibió respuesta- ¿Tobi?
Hace mucho que no dormía tan bien. Misiones, peleas, el kyuubi. Sí su querido Senpai también tenía un olor embriagante a mora. Además que sus latidos se calmaron dejando un leve golpeteo. Se sentía tan bien.
Deidara movió levemente el hombro de él, viendo que estaba dormido. Claro, se dio cuenta porque no brillaba nada desde el agujero de su máscara, haciéndole pensar que tenía los ojos cerrados. Sus ojos quedaron en algo parecido a un puntito azul, lo que le faltaba, ¡lo agarró de almohada!
Aunque... se ve, tan... tan, infantil y... Lindo -pensó. Por un momento, rió. Otro más abrió los ojos de forma extraordinaria. Otro, se dio un golpe él mismo con la mano, totalmente sonrojado- ¿En qué carajo estoy pensado? Tobi... ¿Lindo?
Sentía el pecho de Tobi subir y bajar en sus piernas, respiraba tranquilamente, intento despertarlo, pero sintió un cosquilleo al tocar su cuello (cosa que paso debido a que cuando le iba a mover el hombro -nuevamente- se movió y toco su cuello) estaba tan tibio, nunca pensó en que su color de piel lo hacía ver como un champiñón con cara de caramelo. Y al pensar que caramelo, ¿por qué no ver el rostro de su auto-nombrado kouhai?
Sí, después de todo. Estaba dormido, no se daría cuenta.
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-Kakusu, maldito, hiciste que me decapitaran otra vez en la misión -dijo el albino entrando a la cueva.
-No te quejes, tenemos el dinero.
-¡El dinero, te lo quedas tú!
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-Termina de una vez y deja de ponerme tantas tonterías -decía Itachi al ver que Kisame ya lo estaba mimando tanto. ¡Le hizo tomar tachipirín! - Deidara, será mejor que te prepares. No por nada me llamaban el modelo Uchiha.
-Pero, Ita-chan...
-Pero nada... Espera... ¡No me llames así! -se le subieron los colores al rostro- ya, me voy a donde el cabeza de arcilla.
-¡Ita-chan, está colorado!
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Deidara tragó saliva, levanto con su mano izquierda la cabeza de Tobi... mientras la derecha se deslizaba por debajo de la máscara.
No debes.... Dijo el angelito en su hombro derecho.
Hazlo, hazlo. Dijo el demonio de la izquierda.
Callénse ya -mascullo introduciendo de forma suave su dedo índice, hasta que roso algo húmedo. Los labios -Creo que mejor... no -dijo sonrojado a punto de sacar el dedo. Nunca imagino que Tobi fuera de labios tan finos. ¡Además que babea dormido! claro, no mucho.
Cuando iba a sacarlo lentamente para no despertarlo. Sintió que sus labios formaban una sonrisa.
-Senpai, la curiosidad mató al gato...
