Hola a todos de nuevo! :)
Feliz comienzo de diciembre! Por fin ya se acercan las vacaciones y hoy actualizo por la gran felicidad que tengo y porque he tenido tiempo de terminar el capítulo entero, wiii! :D
Muchísimas gracias a caro, Chiharu No Natsumi, LunaTsuk-sama, setsuna17, alicia, July Uchiha, irlandaa, martu (¿a ti también te gusta McFly? :D)y a Blackspotmaggie.
Como dije en el capítulo anterior, esta historia tiene como dos partes. En esta que es la primera, Sakura y Sasuke tienen 12 y 15 respectivamente, para dar un enfoque más como Naruto, en la que son más pequeños, por lo menos Sakura; y después estará la segunda parte que serán después de cinco años y ellos tendrán 15 y 20, así que entonces las cosas entre ellos serán un poco diferentes ;)
Así que aquí os el tercer capítulo, que en teoría es la segunda parte del segundo capítulo :) Pero antes de leer una pequeña advertencia: en este capítulo aparece una escena de violencia un poco muy sangrienta, para dar más enfasis al hecho de que son piratas y no héroes disfrazados de piratas, así que ahí lo dejo.
Los pensamientos, flash-backs y algunos nombres están en cursiva.
Como siempre los personajes no son míos y digo lo mismo que la mayoría, si lo fueran os puedo asegurar que Sasuke estaría a estas alturas con Sakura ^^, pero como son de Masashi Kishimoto, tendré que dejar de soñar con eso TT_TT Por cierto, si me podéis mandar las que sepáis algo nuevo del manga me haríais un favor, es que ya no tengo casi tiempo TT_TT
Y ya no os entretengo más xD Dejad correr vuestra imaginación :)
.,·-*´'`*-·,.,·-*PIRATAS*-·,.,·-*´'`*-·,.
ºCause I've got you to make me feel stronger
when the days are rough and an hour feels much longerº
Se miraron con una sonrisa cómplice, había una conexión entre ellos. Algo que les hacía confiar el uno en el otro. Como una especie de química. Una que Sakura solo había sentido con una persona en el mundo. Entonces cayó en la cuenta de quién se trataba.
Ese extraño peinado de color azabache. Esos impenetrables ojos negros. Una sonrisa burlona y orgullosa. Esos rasgos dignos de un Adonis. La ropa de pirata y el colgante con el símbolo de la Onix Sheet. Solo podría tratarse de él.
—Sasuke— susurró asombrada.
Así todo comenzó a tener un sentido en su vida de nuevo, recordando una vieja promesa que la marcó de por vida.
Todavía no sabía que decir después de haber estado más de diez minutos atónita observando a Sasuke y sin saber qué decir o hacer. Su cabeza no parecía querer asimilar que la persona con la que había estado discutiendo y a punto de pelear se trataba ni más ni menos que la misma a la que había estado esperando durante años. Parecía increíble que después de siete años en los cuales había tenido la costumbre de vigilar que la Onix Sheet apareciese surcando las tranquilar y cristalinas aguas que bañaban la costa de la Ciudad de Cristal. De repente, en el momento más inoportuno, apareciese su príncipe azul que de príncipe más bien tenía poco. Realmente, tampoco se lo imaginaba así, pues la imagen de un niño no era la misma que la de un adolescente. Todo en él había cambiado. Era mucho más alto y fuerte, sus facciones se le habían endurecido un poco y el pelo lo llevaba un poco más largo. Pero esto junto a la estrafalaria indumentaria de pirata y el aura poderoso y misterioso que lo envolvían lo hacía parecer un completo desconocido ante sus ojos. De otra manera, lo habría reconocido de inmediato.
—¿Te ha comido la lengua el gato, Sa-ku-ra?— le preguntó burlón al ver que la reacción de la niña había sido quedarse muda.
—No, nada de eso—le respondió de inmediato saliendo del trance. Sus ojos lo volvieron a analizar. Se fijo en el colgante de la Onix Sheet y se preguntó cómo no se había dado cuenta antes. Tendría que aprender a ser menos despistada.
—Entonces, ¿no vas a decir nada?
—Pues… no sé que decir— contestó pensativa, pues todavía seguía un poco en shock.
—¿Asustada?—preguntó curioso, pues la pequeña seguía sin reaccionar del todo, pensó que podría estar asustada, pues él era un pirata de la Onix Sheet que, en efecto, era un peligro para ella.
Para su sorpresa, ella sacudió la cabeza indicando una negativa, aunque seguía con esa mirada que parecía estar analizándolo. No lo admitiría, pero aunque estaba acostumbrado a un examen por parte de la población femenina cada vez que lo veían, ese examen no se parecía en nada. ¿Estaría comparándolo con la versión de ocho años que conocía en aquel barco? Era lo más probable.
—No, más bien un poco sorprendida—respondió volviendo completamente en sí y le miró fijamente a los ojos negros con los que tantas veces había soñado pero, en cierto modo, eran diferentes a los que se le parecían en los sueños— es… extraño, te imaginaba diferente—admitió con una sonrisa un tanto insegura, pues no estaba muy segura si le gustaba más así que como había imaginado. La otra versión era más segura para ella, eso sin duda.
Una media sonrisa surcó el rostro de Sasuke.
—¿No esperarías que siguiera siendo un niño, o sí?—le preguntó irónico y divertido al mismo tiempo.
—Bueno… tan pequeño no te imaginaba, pero… tampoco tan… mayor— contestó con un poco de vergüenza, pues muchas veces seguía imaginando a un niño de 8 años en lugar de aun muchacho de 15. Pero eso no se lo diría, quedaría como una tonta.
—En resumen, sí que lo hacías— dijo divertido y sonrió al ver el rubor que cubría las mejillas de Sakura. Había acertado.
—Pues no, que lo sepas—mintió para no ser objeto de burla. Se preguntaba cómo lo había adivinado. Frunció el entrecejo.
—Eres muy, muy mala mintiendo y también bastante predecible—se burló provocando que la niña se empezara a enfadar.
—Pues eso me da igual, piensa lo que quieras— le dijo cerrando los ojos y alzando la cabeza y girándola a un lado, con pose de indignación muy característica de la nobleza en general. Eso disgustó a Sasuke, quien no soportaba nada que tuviese que ver con eso.
—Pues claro, pero que sepas que comportándote como si fueras una aristócrata indignada no vas a llegar a ningún lado— le dijo con una mueca de asco y ella le miró enfadada.
—Soy una aristócrata indignada—recalcó entre dientes bastante irritada.— ¿Sabías que a la nobleza no se les trata de la manera que tú lo estás haciendo conmigo?
El ambiente cambió con rapidez a uno más tenso. A Sasuke le gustaba discutir con una niña tan divertida y fácilmente irritable que, lejos de hacer que se llevaran mal, le caía bien. Pero, discutir con una mini aristócrata altiva y prepotente era harina de otro costal. Eso era una de las cosas que más le cabreaban, ¿por qué una niñata tenía que comportarse como si ya fuera superior a él solo por ser de familia real? Odiaba que lo trataran como basura y lo subestimaran.
—Oh, ¿sabes lo que les pasa a las aristócratas indignadas cuando me cabrean?— le preguntó en tono peligroso.
—¿Qué las torturas hasta la muerte para demostrar lo buen pirata que eres?—contestó con burla al recordar las terribles historias que le habían contado para quitar su "ridícula" e "impropia" obsesión por piratas.
Sasuke se enfadó más al ver cómo la pequeña noble se burlaba de él tras haberle hecho una advertencia. Sin embargo, se lo esperaba, todas actuaban igual y después pedían clemencia, era tan… patético.
—Tal vez… ¿acaso quieres comprobarlo?— le preguntó con rabia contenida.
—Claaaro— contestó con voz juguetona, siempre le había divertido desesperar a los demás aunque no entendía el porqué se cabreaban, pero le daba igual.
—¿Nunca te han advertido de lo peligroso que es jugar con fuego?
—Muchas veces, pero nunca me quemo.
—Tal vez sea ya hora de que te quemes— unas pequeñas llamas prácticamente imperceptibles empezaron a emanar de los hombros y brazos de Sasuke, le estaba consiguiendo cabrear de verdad.
—No lo creo—respondió con voz cantarina.
—Maldita princesucha de pacotilla — soltó y de un momento a otro, sacó la daga que llevaba en el cinturón y la clavó con fuerza a milímetros de la cara de la niña, en una ed las estanterías. La fuerza con la que la golpeó provocó que algunos libros se cayeran al suelo provocan un gran ruido y que una capa de polvo cubriera donde ellos estaban.
Sakura abrió mucho los ojos, pues pese a que estaba un poquitín enfadada con él por cómo la acababa de llamar, no entendía por qué había hecho tal cosa, es decir, era verdad que había jugado un poco con él, pero tampoco había sido para tanto, ¿no? Esa pregunta era respondida al ver sus ojos, pues hizo que temblara un poco, eran demasiado fríos, ni pizca de comparación con la calidez que había visto en ellos cuando se estaba burlando de ella que hasta parecían brillar. Pero no entendía su comportamiento. Aunque sabía que ese era el comportamiento de un verdadero pirata sanguinario y malévolo, nunca había creído que sacara ese lado a relucir con ella.
Apenas se atrevió a ver donde estaba el cuchillo que por poco no la había dañado.
—¿Qué te pasa?— le preguntó intentando hablar lo más suave posible, pues no quería alterarle más y además, no sabía si conseguiría que no le temblara la voz si hablaba más alto. Algo que le sucedía cuando tenía miedo, aunque solo fuese un poco.— Lo siento, era una broma, no pretendía que…
—No soporto a las niñitas consentidas de la nobleza— le respondió con frialdad.
—Yo no soy…— replicó por la comparación entre ella y gente como sus hermanas, pero fue interrumpida.
—Claro que sí— aseguró con una mueca de desprecio— solo hay que ver cómo te has comportado.
—No me he comportado de ninguna manera, lo de antes solo era una broma— contestó irritada, para ella, las comparaciones eran odiosas, y más cuando ella era el centro de estas.
—De cualquier manera, no puedo desperdiciar mi tiempo con una niñata como tú— comentó mientras recordaba por qué estaba allí. Se dio la vuelta para abandonar el lugar. Tenía otros asuntos que resolver.— Yo no tengo tiempo para juegos estúpidos e infantiles que desesperan a cualquiera.
—¡Espera!—le gritó, pero el joven ni se inmutó. Soltó un suspiro de cansancio y se apresuro a llegar hasta donde él estaba— no quiero que te vayas— le confesó con vergüenza, pues después de tenerlo allí, no dejaría que se le volviese a escapar.
—A mí eso me da igual—contestó cortante, pero su expresión se suavizó al ver la mirada anhelante de la niña.
—A mí no— respondió con determinación.
—Pero como soy yo el que decide me voy— contestó sin pararse.
—Lo siento— le dijo para ver si eso funcionaba— de verdad lo siento mucho, no quería que pasara esto.
Esta vez, Sasuke ni la miró y Sakura hizo un mohín de disgusto.
—Vale, si quieres me arrastro y así puedes estar feliz porque una estúpida aristócrata indignada te ha pedido perdón así, si lo hago, ¿te irías de todas formas?
Sasuke sonrió, eso sería muy gracioso. Miró de refilón a la pequeña y sonrió todavía más. Era cierto que eso hasta le produciría placer, el problema era que, para él, ella no se podía considerar una niña noble cualquiera.
—Sasuke por favor, no te vayas, ya te he dicho que lo siento.
—Me iría de todas formas aunque me hayas pedido perdón.
—También te lo estoy pidiendo por favor.
—Para alguien como yo, por favor no significa nada.
—Entonces, ¿tampoco me perdonas?
—Hmp.
—¿Eso es un sí?
—Hmp.
—Oye, me tienes que decir que significa eso, además, deja de caminar que me canso.
—Entonces no hables.
—Pero es que quiero saber si me perdonas o no.
Sasuke suspiró derrotado, era imposible concentrarse en lo siguiente que haría si Sakura seguía dándole la lata. Se detuvo y se giró hacia ella.
—Te perdono, ¿contenta?
—¡Sí!— respondió felizmente mientras aprovechaba que el se había girado para darle un fuerte abrazo. Le había costado pero al final había conseguido que el muchacho le perdonara.
Sasuke se quedó sorprendido, pues el abrazo lo había tomado completamente por sorpresa, pero era… agradable. No solía tener mucho contacto físico con nadie, a excepción de las peleas cuerpo a cuerpo y las pocas veces que a Naruto o a Ino le daban por abrazarle. Este abrazo le transmitía una sensación de calidez que extrañaba. Solo se había sentido así cuando su madre hacía lo mismo. Pero su madre estaba muerta, al igual que toda su familia. Ese doloroso y oscuro recuerdo despertó a Sasuke de la ensoñación en la que estaba metido y se soltó con delicadeza de la presa de Sakura.
—¿Te vas a ir?— le preguntó insistente Sakura.
—Sabes que sí— le contestó con cansancio.
—Pensaba que si me perdonaba no te irías— dijo la princesa cruzándose de brazos.
—Ya puedes ver que te equivocabas.— le contestó mientras volvía a emprender su camino hacia la salida. Sakura se apresuró a seguirlo.
—¿Me dejas ir contigo?— le preguntó de pronto ella.
Sasuke se detuvo bruscamente y la miró con incredulidad. ¿No lo diría en serio?
—¿Venir conmigo? ¿Tú sabes lo peligroso que es eso?— le preguntó retóricamente con burla, definitivamente no podía ir en serio.
—Pero tú me lo prometiste— le recordó con insistencia e impaciencia.
-Flash-Back-
—Te prometo Sakura… que nos volveremos a ver y cuando eso pase, podrás venir conmigo para vivir todas esas aventuras que tanto te gustan— le prometió con voz ahogada y la estrechó con más fuerza. Después de unos instantes se separó de ella y le limpió las gotas que se deslizaban por su carita.
—Lo has prometido—le recordó intentando sonreír.
—Sakura, entonces era un niño, no pretenderás que cumpla algo tan absurdo como eso.
—Una promesa es una promesa,— dijo con el ceño fruncido— además, no veo dónde está el problema.
—El problema es que eres una princesa y no aguantarías ni un día como pirata— le contestó tajantemente— ¿no entiendes lo peligroso que es?
—No— respondió de la misma forma.
—Pues que sepas que lo es, además, una niña solo sería una molesta allí y más si es una princesa.
—¡No sería una molestia!— contestó con fuerza, pues odiaba que la rebajasen a inútil.
—Cierto, sería peor— la miró con seriedad, realmente ella no sería capaz de aguantar una vida como aquella, tenía que hacérselo entender—alguien podría resultar realmente herido por defenderte.
—Yo sé defenderme sola perfectamente— le dijo de la misma forma.
—¿Y si yo resultara gravemente herido por intentar que no te pasara nada? ¿Cómo te sentirías si supieras que mi muerte sería culpa tuya?— puso de ejemplo de manera mordaz, tal vez así la muchacha entendiera.
Sakura le miró con cierta culpabilidad, no se había planteado esa posibilidad. ¿Sería capaz de vivir con algo así de grande? Que él muriese por su culpa sonaba demasiado… demasiado que eso no podía ni siquiera plantearse. Definitivamente no podría cargar con algo así.
—Te estuve esperando todo este tiempo yo… pensé que cuando vinieras me llevaría contigo para que yo fuera una pirata— dijo con voz temblorosa pero derrotada, sabía que Sasuke tenía razón, pero insistió.
La miró pensativo, la determinación de la pequeña princesa era muy grande, sabía que ella lo deseaba, tal vez… No, su sentido común le decía que eso no podía ser, además, nada más salir del Monasterio de Plata sería un foco de ataque, puesto que ella, por ridículo que pareciese, era el enemigo y, a pesar de todo, no quería que le pasara nada. Se agachó hasta quedar a su altura. Un rubor apareció en las mejillas de ella. Ciertamente era adorable.
—Esto me lo agradecerás algún día— le dijo mientras colocaba una de sus manos en la nuca de ella y apretó justo en el punto que la dejara inconsciente.
Recogió el cuerpo inerte de la pequeña princesa y lo colocó en un sofá que había en uno de los pasillos, le sabía mal, pero era lo mejor que podía hacer por ella. Antes de irse, le acarició la mejilla con un poco de cariño. No sabía por qué, pero sus encuentros eran demasiado intensos y cortos, y a la vez, conseguían que un sentimiento de confianza surgiera entre los dos. Pero no se quedaría a comprobar por qué, tenía otras cosas que hacer. Con prisa y sigilosamente abandonó el lugar llevándose consigo el libro que le desvelaría una de las cosas que más había ansiado saber.
Recorrió de nuevo los pasadizos y salió como una sombra del Monasterio de Plata. Cuando llegó a las puertas de la ciudad se encontró con un paisaje sobrecogedor para algunos, pero para él no. Todo se encontraba en llamas. El fuego devoraba todo lo que encontraba, dejándolo todo convertido en oscuras cenizas. Toda la gente corría de un lado para otro. Unos gritaba escandalizados, demasiado conmocionados como para hacer algo más; otros trataban de ayudar, bien tratando de apagar el fuego o intentado trasladar a niños, mujeres y ancianos para que no les ocurriese nada; y por último, estaban los valiente, o los demasiado tontos, que se enfrentaban a la tripulación de piratas de la Onix Sheet.
Avanzó un poco más y se encontró a dos guardias cuyo uniforme había sido medio destrozado por las llamas. Tenían un aspecto lamentable y se notaba que habían luchado contra otros piratas. Su rostro cansado y su cuerpo con rastros de sangre mostraban que ambos estaban ya en sus últimas.
—¡Quédate donde estás o te mataremos!—advirtió el que estaba más cerca de él, era rubio y las cenizas habían oscurecido su pelo y las puntas las tenía quemadas.. Se notaba que le faltaba el aliento, pero aún así parecía tener suficientes fuerzas como para enfrentarse a él.
Ignorándolo, Sasuke siguió su camino, no valía la pena que se enfrentaran, pues ya sabía el resultado. Sin embargo, esto no sentó bien a los dos hombres, que al sentirse ofendidos, le atacaron. El rubio fue el primero en lanzarse contra él. Intentó acertarle en el cuerpo con la espada, pero Sasuke lo esquivó con suma facilidad. El otro, también le lanzó otra estocada, pero se repitió lo mismo. Ambos trataban de alcanzarle, pero ninguno de sus movimientos eran lo bastante rápidos como para acertar. Al final, Sasuke se cansó de jugar e incineró a los dos guardias con las poderosas llamas que salieron de su cuerpo. Una vez que se aseguró que no le traerían más problemas, desvaneció el fuego y continuó sin más.
Habían acordado encontrarse en el Cuartel Militar Esmeralda una vez que fuera tomado. Cuando llegó observó la cantidad de cadáveres que había alrededor de este. Se preguntó cómo era posible que otros no hubiesen invadido la ciudad antes. Avanzó por el caminos que describían las filas de soldados que habían fallecido, o bien por las llamas, o bien tratando de defender la ciudad. La puerta que llevaba al exterior era inaccesible a causa del fuego que rodeaba el lugar entero. Pero el fuego era su elemento, de tal manera que Sasuke sacudió la cabeza y las llamas se apartaron, dejándole el paso libre. Una vez que se cerró la puerta, el fuego volvió a cortar el paso.
Al entrar dentro se fijó que también había militares muertos dentro. Todo el cuartel que le hacía homenaje a su nombre con las paredes recubiertas del verdoso mineral. Sin embargo, el lugar parecía tan muerto como los que antes trabajaban allí. Cuando avanzó un poco más se fijó en que una de las puertas se encontraba abierta y entro, los demás estarían allí.
—¡Por favor, no me matéis, os lo suplico!— escuchó antes de adentrarse en la habitación. Era la voz de un hombre, su noto demostraba que estaba sometido al pánico.
Entró dentro y se encontró a Gai sujetando a un hombre de aproximadamente 40 años que podría tener un aspecto feroz si no se encontrara totalmente magullado y con parte del cuerpo ensangrentada. Estaba arrodillado en el suelo. Kushina se encontraba a su lado sosteniendo un cuchillo en el cuello del hombre por el que ya empezaba a correr sangre. Iruka se encontraba agachado a la altura del hombre e Ibiki de pie y justo al lado de este.
—Sería mejor que nos lo dijeras de una vez— le aconsejó Iruka con voz suave pero que despendía malicia por los cuatro costados.
—Vamos, desembucha o te rajo el cuello de una— amenazó la pirata pelirroja clavándole un poco más el cuchillo. Sasuke observó cómo sacaba otro del pantalón.
—¡No puedo deciros nada!— contestó desesperado, debatiendo internamente en lo que debía de hacer, pues sabía que esos piratas no tenían piedad y acabarían con él. Pero por otro lado, aquello era un asunto que había sido llevado en completo secreto.
—¡Ya me has hartado!— gritó Kushina que ya se había cansado de esperar, alzó el cuchillo y con un movimiento le cortó un dedo de la mano derecha.
—¡Aaaah!—aulló el hombre por el dolor. Miró con horror el miembro que le había sido usurpado.—¡Ayuda por favor!
Kushina enfadada no se cortó un pelo en cortarle otro más.
—¡Habla de una maldita vez imbécil o te iré quitando miembro a miembro hasta que nos digas lo que queremos!— le advirtió. Iruka posó una mano en su hombro, utilizando un poco de su poder, tranquilizó a la alterada pelirroja. Ella le dirigió una sonrisa de agradecimiento, la impaciencia era uno de sus defectos y agradecía tener alguien como Iruka para calmarla un poco.
—Shh, Kushina, ten paciencia, creo que este hombre ya ha entendido lo que pasará si no habla, ¿verdad?— la sonrisa que le dirigió al hombre hizo que este se estremeciera de terror.
Sasuke avanzó un poco más pero una mano invisible lo detuvo. Miró para el lado y el cuerpo de Kurenai de materializó ante sus ojos.
—No intervengas, ellos también quieren divertirse— le dijo con una sonrisa.
—¿Qué están buscando?— preguntó dirigiendo una rápida mirada al hombre que estaba siendo duramente torturado.
—Al ser el Teniente Coronel del país de Cristal tiene información secreta sobre la Marina y ya sabes que nos puede ser útil— contestó. Otro grito de dolor hizo que ambos se giraran para ver cómo otro dedo le había sido amputado.
—Al parecer Kushina le ha dado por desmembrar a los soldados— comentó Sasuke con una media sonrisa un poco sádica que fue correspondida por la mujer.
—Porque no has visto al resto, Kushina esta más sádica que nunca— aseguró.
—Le gusta divertirse— dijo Sasuke encogiéndose de hombros.
Ambos se giraron para observar el espectáculo.
—Te cortaré trozos poco a poco hasta que consiga que hables— prometió con brillo en los ojos la pelirroja que había cambiado el cuchillo por la propia espada del hombre.
—Tal vez a ti no te importe morir pero ¿qué me dices de tu familia?— preguntó con maldad Ibiki, el Teniente Coronel abrió mucho los ojos, ahora sí que no tenía otra salida.
—Los niños son mi especialidad— aseguró la pelirroja para echarle más leña al asunto.
—¡No! ¡Hablaré, os contaré todo! ¡Pero no les hagáis daño!— suplicó.
—Entonces empieza— le dijo Ibiki.
—Esta… esta bien— le costaba hablar por el insoportable dolor que lo recorría entero, sentía cada una de las heridas que le habían hecho. Se juró a si mismo que si salía de esa, esos cabrones se llevarían su merecido.
—Estamos esperando— le instó Iruka dirigiendo ahora su sonrisa más angelical, insuflando una extraña calma al hombre.
—Se trata de la tripulación de Akatsuki— empezó al fin el hombre.
Todos agudizaron el oído. La tripulación de Akatsuki era la más peligrosa de la Marina, todos los soldados de esta tenían poderes sumamente especiales. Eran la gran amenaza para todos los piratas. Por eso, cualquier información acerca de este les era muy útil.
—Continua— le dijo Ibiki con voz seria.
—Van a… se van a infiltrar como piratas en el pueblo de la Luna— desveló— van a intentar atrapar a los piratas de la Frozen Pearl, obtuvimos información acerca de que se dirigían, pensamos que… podríamos acabar con ellos.
Todos sonrieron. La Frozen Pearlera el barco donde navegaba la única tripulación de piratas capaces de hacerles la competencia. Intentar cogerlos no era cosa de niños, más aún, no lo conseguirían. Parecía más bien una broma, pero por lo menos la información era útil.
—¿Algo más?—inquirió Iruka. Kushina apretó el cuchillo con más fuerza contra su cuello pero se abstuvo de desmembrarlo más, por el momento.
—Bueno... si… también han planificado una estrategia para arrestar a todos los piratas que puedan— contestó observando con miedo el arma que se adentraba en su carne provocándole un dolor casi inhumano.
—En qué consiste—preguntó con dureza Ibiki.
—No… no lo sé, yo no…—la negativa no le gustó a la pelirroja que empezó con la otra mano. La sangre empapaba todo el cuerpo del hombre que si no se retorcía por el dolor era por la presa que Gai tenía sobre él.—¡Han hecho grupos!
—¿Grupos?—preguntó Kushina extrañada mientras se acercaba con Sasuke— ¿para qué se dividirían?
—Ellos son… los suficientemente fuertes como para acaban con toda una tripulación de bastardos como vosotros si van en parejas— la ruda contestación le provocó la pérdida de otro dedo.
—A este paso lo vas a dejar sin dedos—comentó con burla Sasuke.
—Se lo merece— respondió con una sonrisa malévola.
Sasuke creó una llama con la mano y se la acercó a la cara al hombre que se horrorizo todavía más al sentir como el calor empezaba a quemarle la cara.
—Si te metes con nosotros otra vez podremos apreciar tu rostro desde una perspectiva más desfigurada— amenazó con burla. Los demás rieron.
—¿Quién es la pareja que va tras nosotros?— preguntó Ibiki sin hacer caso al comentario del joven pirata.
—Eso no se nos está permitido saber—contestó con sinceridad, pero aquella respuesta no fue suficiente para ellos.
—Eso no es verdad— contestó Iruka quien hizo una señal de asentimiento a Kushina que se levantó y colocó la espada a la altura de la rodilla del hombre. —Si no respondes correctamente me temo que saldrás de aquí sin una pierna.
—Juro que no os estoy mintiendo—aseguró sudando frío.
—Eso lo vamos a ver ahora— dijo Iruka mirando significativamente a su compañera.
—Os juro que no miento— repitió con miedo al ver cómo la pelirroja alzaba su propia espada— ¡tenéis que creerme!
—Seguro que sí— dijo Kushina con una sonrisa sádica. De un rápido movimiento, bajó con fuerza la espada consiguiendo hacerle un corte limpio.
—¡DIOS, ESTOY DICIENDO LA VERDAD!— aulló con toda su alma el hombre que rabiaba de dolor, las lágrimas provocadas por esto se deslizaron por sus mejillas ensangrentadas.
—¿Lo estará haciendo en verdad?—preguntó con ironía Sasuke al resto, que rieron con malicia.
—¡NO SÉ NADA MÁS, TENÉIS QUE CREERME!—gritó.
—Ya es suficiente— la clara y calmada voz de su capitán hizo que todos se pusieran serios y se giraran. El hombre tembló al ver la figura del famoso capitán de la Onix Sheet aproximarse. La imponente figura le transmitió terror puro y duro. Aquello parecía una pesadilla.
—Sus palabras son ciertas, no tiene caso seguir torturándolo— dijo una vez que llegó hasta donde estaba el resto. —Tenemos otros asuntos que atender.
—Como quieras— suspiró Ibiki con cansancio.
—¿Lo matamos o no?— preguntó Kushina mirando al hombre medio desmembrado.
—Para el estado en el que lo has dejado sería mejor para él que lo mataras— respondió con indiferencia, Kushina hizo un mohín— pero puedes hacer lo que quieras, pero si lo haces que sea ya, no podemos perder tiempo.
—¡A sus órdenes!— exclamó feliz, un escalofrío recorrió al hombre cuando ella se volvió hacia él— esto te pasa por hacerme perder la paciencia.
De una estocada le quitó el brazo derecho. Otra más y clavó la espada en el estómago del hombre que chilló de dolor.
—¿Has terminado?— le urgió Kurenai.
—¡Sip!— contestó contenta— si sobrevive a esto será un inútil, eso le enseñará a respetar a los piratas, ¡ja, ja, ja, ja!
—¿Próximo destino?—preguntó Gai lanzando al hombre contra la pared, dejándolo inconsciente.
—El Castillo Real— contestó Kakashi con una sonrisa malévola.
Sasuke tuvo un mal presentimiento con respecto a Sakura, esperaba que siguiera en el Monasterio de Plata, de lo contrario, podría resultar herida, algo que él no quería. Sin embargo, no dijo nada, ya se encargaría él ed proteger a la pequeña princesa.
Cuando los piratas salieron del Cuartel Esmeralda, Naruto y Lee los esperaban con una sonrisa. De allí se dirigieron al Castillo Real, el asalto al castillo sería el ataque definitivo.
Sakura abrió los ojos repentinamente. Se sentía completamente desorientada. No sabía cómo pero se encontraba tumbada en un sofá en medio de un pasillo. Se incorporó un poco y se llevó una mano a la frente. La cabeza le daba vueltas sin parar. Intentó recordar lo último que había pasado. De repente, una alarma saltó en su cabeza. El último recuerdo que había sido su reencuentro con Sasuke impregnó todos sus sentidos. De un momento a otro dio un salto y miró a todos lados, con la vana esperanza de encontrarlo, pero el pasillo estaba más muerto que un cementerio a excepción de su presencia. Un sentimiento de ansiedad se instaló en su ser y le llegaron unas ganas tremendas de llorar. Él no estaba allí. Se había ido sin cumplir su promesa. La impotencia al no haber podido hacer nada por detenerle, ya por segunda vez, la hicieron sufrir una crisis depresiva momentánea. Quería haberse ido con él, ser una pirata, aunque eso implicara ser malvada y sangrienta, pero sería libre. Libre para navegar por todos los mares y océanos sin preocuparse de nada. Librarse de ser una estúpida marioneta de la nobleza, de no poder comportarse como la niña que era por no considerarse correcto, de poder ser vista como una igual al ser fuerte y peligrosa, por ser ella misma y no lo que su título representaba. Había tenido todo eso al alcance de su mano y tan rápido como el agua de un río se había escurrido por ella y lo había perdido todo.
Desanimada, decidió que lo mejor que podía hacer era volver al castillo, pues sabía que el resto de la tripulación de Sasuke era terriblemente peligrosa y ella no podría hacer nada contra ellos. Caminó un poco hasta encontrar el gran vestíbulo y se preguntó cómo no había sido capaz de encontrarlo antes. Definitivamente, aquel no era su mejor día.
Descendió con cuidado la gran escalera y una vez abajo, encontró una puerta al final que la llevaba justo y directamente a la parte trasera del Monasterio.
Y yo dando vueltas como una tonta y lo que pasaba es que me había confundido de puerta, pensó recriminando su propio despiste. Aunque por lo menos, aquello le había servido para poder reencontrarse con Sasuke.
Sakura suspiró al recordarlo. No se había imaginado que el cambio sería tan grande pero, estaba mucho mejor así. Sin duda, era el joven más atractivo que había visto en su vida, mucho más que algunos de los aristócratas que hacían suspirar a sus hermanas mayores. Además, que fuera un pirata solo aumentaba la atracción de ella hacia él. Aunque fuese un imposible.
Desganada, caminó sin mucha prisa a través del campo. Le gustaba hacer eso, siempre le daba un sentimiento de libertad al sentirse sola y sin ningún tipo de vigilancia. Aunque los gritos de la ciudad hacían de su paseo algo desagradable. Odiaba haberse echado atrás, pero el poco sentido común que tenía le había dicho lo peligroso y estúpido que sería, pues no serviría de nada, excepto para dar un disgusto más a su familia. Así que, haciendo tripas corazón, Sakura siguió caminando sin detenerse por aquellos senderos de barro y plantas.
Tardó un poco más de lo previsto en llegar y, tal y como había imaginado, los guardias que vigilaban las puertas del palacio, la miraron bastante disgustados.
—No deberíais haber salido, princesa, lo teníais prohibido— dijo el más alto, el jefe de la guardia palaciega, Sakura nunca lograba acordarse de su nombre pese a los años que llevaba trabajando allí.
—Ya lo sé, lo siento— contestó con desgana pero tratando de poner su mejor voz de arrepentimiento— estuve en el Monasterio de Plata.
—¿Y qué se supone que hacíais allí?— preguntó enfadado— ¿no habréis ido a la Ciudad?
—No— sacudió la cabeza— me perdí en el monasterio.
—Pasad, pero que sea la última vez que desobedecéis las órdenes en un estado de alerta máxima— advirtió con dureza.
—Si, vale— respondió sin ánimos.
Todas las filas de guardias, que Sakura se dio cuenta de que había aumentado considerablemente el número de soldados que rodeaban el palacio, se hicieron a un lado para dejarle paso. La muchacha esperó a que se abriera el portón y entró. Mientras atravesaba los jardines se percató de la gran tormenta que estaba cayendo y se preguntó porqué no se había dado cuenta antes.
Nada más entrar al castillo, las figuras de sus dos hermanas se abalanzaron sobre ella.
—¡Oh gracias al cielo, estás bien!— exclamó Yuri abrazándola con fuerza.
—¡Sakura! ¿¡Sabes el susto que nos has dado!— inquirió con fuerza Ran.
—Ya, ya, lo siento, no lo volveré a hacer— prometió de manera cansada Sakura mientras in tentaba librarse de los brazos de sus hermanas mayores.
—Cuando vimos que no estabas pensamos lo peor, además ¡con el temporal que hace te podría haber pasado algo!— la regañó Yuri, pero entonces se percató de algo muy curioso en la apariencia de Sakura, lejos de las ropas poco apropiadas para una chica de su posición— ¿cómo es que no estás ni siquiera un poco mojada?
Sakura se extrañó, ¿cómo no iba a estar mojada si acababa de venir con todo el diluvio cayéndole encima? Miró hacia abajo y comprobó, con sorpresa, que estaba totalmente seca. Confundida por esto, se llevo una mano al pelo para comprobar que, efectivamente, no estaba mojado.
Qué raro, pensó. Pero ahora que lo decía, Sakura rememoró que en ese día le habían sucedido cosas extrañas con el agua: la forma de moverse en el entrenamiento, la caída detenida por la lluvia, y ahora estaba completamente seca a pesar de haber estado más o menos media hora caminando bajo un aguacero. Definitivamente, aquello no era normal.
—No lo sé, pero vosotras tendríais que estar en vuestras habitaciones— replicó Sakura y sus hermanas bufaron, lo que la hizo sonreír.
—Eso ahora no es importante— contestó Ran.
—No sabes lo preocupadas que estábamos— le dijo Yuri con voz disgustada y preocupada— entre la tormenta y los piratas… parecía imposible que salieras viva.
—Pues ya he hecho mi primer milagro, me faltan dos para ser santa— contestó con burla mientras se dirigía a las escaleras para subir a su cuarto.
—No te hagas la graciosa, Sakura, te podría haber pasado algo— la regañó Ran.
Sakura se volvió con gesto de cansancio, estaba harte de que le estuviesen repitiendo lo mismo una y otra vez. Había captado el mensaje a la primera.
—Pero no ha pasado nada—respondió tediosamente— me voy a mi habitación.
La muchacha se apresuró a dirigirse a su destino antes de que siguiesen con lo mismo.
—Esta niña no tiene remedio— suspiró Yuri.
—Nunca lo tendrá— agregó Ran.
Las dos se miraron y dejaron el tema de su hermana menor a un lado. El tema de la fiesta que se iba a realizar entre los miembros de la Corte era mucho más interesante.
Había pasado una hora desde que Sakura había regresado al castillo. Si el aburrimiento fuese proporcional al mal tiempo, para Sakura la tormenta que había afuera quedaba en ridículo en comparación. La niña estaba que se subía por las paredes. No había nada interesante que hacer. Ni siguiera jugar con su gata le ayudaba a divertirse. Pensó en leer algo, pero sus libros de texto no harían más que aumentar su aburrimiento y los libros de aventura solo le recordarían que al final tendría que ser una princesa cualquiera por los siglos de los siglos.
Un fuerte ruido hizo que se sobresaltara y que reaccionara. Recordando de dónde había venido semejante estruendo, recorrió los pasillos hasta llegar a escalera del gigante vestíbulo del palacio, mas no descendió por ellas. Se fijó en lo silencioso que estaba todo, y en el frío que hacía, como si la puerta estuviese abierta. Una corriente de viento le indicó que así era. De repente, en el suelo se empezaron reflejar unas sombras. Estas hablaban de manera vulgar y se reían mientras contaban verdaderas atrocidades. Asustada se escondió en la barandilla para no ser vista. Sin embargo, guiada por la curiosidad, asomó un poco la cabeza para seguir mirando sin ser vista.
Conforme las sombras avanzaban, se distinguían mejor las siluetas, que describían personas de extravagantes vestimentas. El escándalo que armaban indicaba que no parecía importarles mucho que alguien descubriese que estaban allí. Sakura se preguntó quienes serían, pues los comentarios sobre un guardia al que habían descuartizado la escandalizaban hasta tal punto que sentía verdadero pánico de que la encontraran, pues no quería sufrir el mismo destino que le había tocado al pobre hombre al que habían torturado de aquella manera. Reflexionándolo, con ella sería mucho peor, pues sabía que al ser princesa no tendrían mucha piedad. Un escalofrío la recorrió y tembló. Estuvo tentada de apartar la cara del hueco de la escalera, pero era tan curiosa como un gato, quería verles el rostro a aquellas sanguinolentas personas.
Por fin, las sombras se redujeron de tamaño para dejar paso a las personas que las reflectaban. Lo primero que vio fue a un hombre de pelo gris con una máscara en la cara que se la tapaba desde la nariz hasta el cuello, cubriendo este también. Por alguna razón, no pudo apartar la mirada de él. Su indumentaria extravagante, sus pasos elegantes y su cabeza bien alta ya denotaban el gran ego que poseía, pero lo que más le llamó la atención fue su mirada. Era simplemente aterradora. La mirada de esos ojos podría producir un escalofrío a cualquiera y más si venía de su ojo izquierdo, el cual era de color rojo, rojo sangre. Sin embargo, aquel hombre tenía algo que hacía que no pudiera dejar de observarlo, como un imán.
Poco a poco, aparecieron más personas que llamaron la atención de Sakura: una mujer pelirroja que llevaba manchada de sangre toda su ropa y que poseía una mirada sádica; un hombre con cicatrices en la cara y que llevaba un pañuelo que rodeaba su cabeza que resultaba incluso más aterrador que el primero; otro hombre seguido con un muchacho, ambos eran iguales, tenían peinado de cacerola y las cejas demasiado pobladas, el muchacho tenía unos ojos muy raros; un hombre joven, de unos veinte años, tenía una cicatriz que atravesaba las dos mejillas y su nariz, tenía un aura agradable, de todas aquellas personas, era el único que no le daba miedo; un muchacho rubio y guapo apareció sonriendo, realmente parecía feliz de estar allí, pero el mini cañón que llevaba atado a la espalda hacía que le temiera; una mujer de pelo negro y ojos rojos entró con un muchacho que Sakura reconoció al momento. Se trataba de Sasuke. Nunca lo había visto tan peligroso ni tan hermoso como en ese momento. Su mirada fría y prepotente con una expresión seria hacía que se viera como lo que realmente era, haciéndolo más atractivo. Sin embargo, tardó un poco en conectar todo ello en conjunto.
Son piratas, pensó con sorpresa y con un poco de miedo. Ante sus ojos se encontraba la mismísima tripulación de la Onix Sheet, ahora entendía el porqué de todas aquellas terribles leyendas que rodeaban a esos piratas. Su simple presencia resultaba intimidante y aterrorizadora. Pero el saber quienes eran, causó un sentimiento muy opuesto a esto en Sakura. Se veía completamente hipnotizada por ellos, como un imán.
De repente, los ojos de Sasuke ascendieron y se encontraron con los suyos verdes. Sobresaltada, se apartó del hueco de inmediato. No la había visto, ¿o sí? Ella rezó para que el no la delatara. Al ver que no hacían ningún tipo de comentario, se volvió a asomar con más discreción. La mirada de Sasuke seguía clavada en donde estaba ella. Sakura le dirigió una mirada suplicante y el le devolvió una de advertencia, pero ninguno apartó la mirada.
—¿Qué miras, Sasuke?— le preguntó al dueño de toda su atención el muchacho rubio con el cañón en su espalda. Los ojos de Sasuke se alejaron de los suyos para mirar al joven pirata. Sakura se quedó esperando en tensión la respuesta, aunque tenía la impresión de que no diría nada sobre ella.
—Estaba vigilando que no hubiese nadie, no nos conviene que nos salgan más guaridas o las princesas— contestó de forma indiferente. Sakura suspiró aliviada.— Pero creo que no hemos tenido esa suerte.
¡¿QUÉ? Pensó aterrada Sakura. El muy… Madre mía, si sabía que ella estaba allí la matarían, la descuartizarían como en todas aquellas historias que le contaban para que dejara de soñar con piratas. Se apartó del hueco. No sabía que hacer, estaba como paralizada. Si se movía o algo, la descubrirían de inmediato. Pero si se quedaba allí, la pillarían de todas maneras.
—Ya veo, creo que tenemos una pequeña espía aquí— dijo la voz de una mujer justo detrás de ella.
Sakura abrió los ojos horrorizada. Se giró de manera lenta para ver como la mujer de pelo negro y ojos rojos la observaba con una sonrisa altiva.
Oh Dios mío, estoy perdida, sentenció para sí, ahora vendrían todos los demás y la torturarían y Sasuke… ¿Por qué la había delatado?
—Yo… y- yo no soy una espía— aclaró de inmediato encarando con miedo a la pirata.
—¿Y crees que yo me voy a tragar algo así?— preguntó con sarcasmo y una sonrisa extraña mientras se acaba a ella. Sakura dedujo que con el aspecto que tenía en esos momentos no aparentaba ser una princesa, algo que agradeció.
—Es la verdad— respondió haciendo su mayor esfuerzo por no tartamudear ni parecer tan asustada como verdaderamente estaba.
—¿En serio?— inquirió una pelirroja acercándose a ellas. Sakura, al verla con tanta sangre encima, se desmoronó.
—S-si, de verdad, lo juro— dijo retrocediendo, pero se topó con las barandillas.
—¡Ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja!— rió con fuerza la mujer morena, pero no de una manera maligna, como esas que ponen los malos de los cuentos, se reía de algo gracioso. Eso la desconcertó. La miró y le sonrió— realmente no es más que una pobre chiquilla asustada, no es un peligro para nadie.
—Eso ya se ve, y está más que asustada— comentó la pelirroja— se ha puesto más que pálida.
—Como un fantasma— agregó el chico rubio.
—Debe de ser la dama de compañía de alguna de las princesas— dijo el muchacho de la cara rajada.
—Dejadlo ya, es evidente que solo la estáis asustando más— les dijo Sasuke mientras se acercaba a ella. Ninguno de los piratas pasaron por alto el detalle de cómo la muchacha pareció tranquilizarse al verlo.
—Sasuke— susurró muy bajito, pero lo suficiente como para que las mujeres lo escucharan.
—Un momento, ¿cómo es que sabe quién eres, Sasuke?— le preguntó la morena desconcertada y con el ceño fruncido.
—Digamos que somos amigos, ¿verdad, Sakura?— respondió mientras pasaba un brazo por el hombro de la aludida que asintió. Gracias a él se estaba calmando, ya no estaba tan asustada como antes. Con la ayuda de este, se levantó, poniéndose en pie y enfrentando las miradas de los ocho piratas desconocidos, que la miraban con curiosidad.
—¿Qué significa esto, Sasuke?— preguntó el hombre de cabello gris a su salvador.
El muchacho sonrió y cogió con delicadeza el colgante que Sakura llevaba puesto y se lo mostró a todos. Eso causó una gran sorpresa en todos.
—Creía que habías perdido eso cuando abordamos el Cristal Royal hace unos siete años— dijo la mujer de pelo negro.
—Se lo regalé a ella— contestó de forma seria.
—Pero en aquel barco no habían niños solo la…— el hombre cejudo calló al deducir quién era la portadora de aquel colgante. Se miraron los unos a los otros extrañados. Aquello parecía casi imposible, esa niña no tenía la apariencia de una princesa. Llevaba las ropas sucias y el pelo rosa parecía una maraña de pelo. Definitivamente, esa muchacha no parecía ser miembro de la realeza. Sakura se volvió a asustar un poco al ver las miradas que caían sobre ella como puñales. Se abrazó más a Sasuke. Este, al verlo, le dirigió una sonrisa minúscula pero tranquilizadora., pero la niña no se soltó.
—Así que esta es la más pequeña de la familia real, la princesa Sakura— habló el hombre de gris con evidente curiosidad.— Es un honor conoceros, lástima que sea en estas… condiciones.— agregó con cierto sarcasmo, a alguno se le escapó una pequeña risa.
Sakura seguía sin saber qué decir, de hecho solo podía sostener las miradas de todas aquellas personas. Se sentía como una estúpida.
—Parece que también es muda— comentó con sorna el rubio. Sakura frunció el ceño.
—Yo no soy muda— replicó molesta encarando al chico, se dio cuenta que tenía los ojos azules, como el mar.
—Bueno, tan solo es una niña asustada e inútil, ¿por qué no seguimos con lo que estábamos haciendo?— preguntó el chico casi sin hacer caso a la respuesta de ella. Sasuke sonrió, sabía lo que pasaría a continuación.
—Yo no estoy asustada y no soy una inútil— se defendió enfadada, odiaba que la subestimaran. Aquello atrajo la atención de todos ellos.
—Así que tienes agallas— comentó el rubio.
—¿Realmente es la princesa?— preguntó la pelirroja incrédula observándola, la indumentaria de ella no reflejaba eso.
—Si— asintió Sasuke,— Sakura, te presento los piratas de la Onix Sheet: Kurenai, Kushina, Rock Lee, Gai, Ibiki, Iruka, Naruto y el capitán, Kakashi.
—No le digas lo de piratas, la asustarás, te cuerdo que es una princesa— dijo en broma Iruka.
—No lo creo, le encantan los piratas— replico Sasuke con una media sonrisa.
—¿En serio?— preguntó Naruto sorprendido.
—Si— contestó Sakura con una mini sonrisa.
—No me lo puedo creer, una princesa que le gustan los piratas, ¿de dónde ha salido?— preguntó bromeando Kushina.—¿Cómo puede ser?
—Yo… siempre he querido ser como vosotros— contestó algo cohibida.
Si antes los piratas estaban absolutamente sorprendidos, después de aquello casi se desmayan.
—Esto no es una princesa, ¡es un mutante!— exclamó Kushina observando de cerca a Sakura.
—Yo soy una princesa—dijo Sakura— pero me gustaría ser un pirata.
—Ya, pero verás para ser una pirata se necesitan un par de cosas que tu… no puedes hacer— argumentó Naruto con un deje de burla.
—¿Qué es lo que no puedo hacer exactamente?— inquirió con irritación, aquel rubio la estaba sacando de sus casillas, ¿por quién la había tomado? Estaba hasta las narices de que la consideraran débil e indefensa solo por ser una princesa y una niña.
—¿Saber luchar?—contestó con ironía el rubio, Sasuke sonrió de medio lado, pero dejó de hacerlo cuando sintió en sus manos un poco de humedad.
—Yo sé muy bien como luchar, estúpido— le dijo insultándolo al final, ya se estaba cabreando.
—¿Estúpido? Mira mocosa yo te voy a enseñar lo que es luchar— contestó enfadado Naruto, le había sentado mal lo del "estúpido".
—Naruto, déjalo— le ordenó Sasuke separándose de Sakura. Se miró las manos, estaban llenas de agua. No sabía de dónde podía proceder. Echó un vistazo a todos los lados para ver si estaba entrando lluvia por algún lado.
—Mira niña, si no fuera porque está Sasuke de tu parte estarías más que muerta— le recriminó sin poder controlarse. Los demás se miraron preocupados, aquello no les estaba gustando nada, los enfados de Naruto, que eran poco comunes, eran muy peligrosos. Un halo se empezó a formar revistiendo el cuerpo del pirata rubio de un resplandor naranja, dándole una forma animal.
—Pues no creo que un bobo como tú pudiese matarme— se burló enfadada, sin inmutarse del cambio que se estaba produciendo en el muchacho.
—Estás… —comenzó con voz grave y peligrosa—ya… ¡MUERTA!— gritó abalanzándose sobre ella.
—¡Naruto, NO!—gritó Kushina alarmada.
Entonces, todo pasó demasiado rápido. Naruto en apenas milésimas de segundo disparó el cañón contra Sakura. Sakura por puro reflejo, se protegió con los brazos. Y de repente, una explosión.
Todos los presentes se quedaron en shock al ver cómo caían pedazos de la bala, pero más aún, el cúmulo de agua que se había formado alrededor de Sakura protegiéndola del ataque. Aún se podían observar algunas gotas de agua cayendo junto con los trozos metálicos.
—¿Qué… qué ha pasado?— preguntó desconcertado Naruto al ver lo que acababa de ocurrir.
Sakura miró el agua formada a su alrededor, aquello ya no podía ser una casualidad, pero no se explicaba el porqué de aquello.
—El agua la ha protegido, literalmente— contestó el capitán Kakashi sin estar muy seguro de aquello. El pirata volvió a analizar la escena, sin dudarlo, aquella princesa tenía un vínculo con el agua, como si pudiese manejarla, aunque fuese de manera involuntaria.
Pero siempre al principio es de manera involuntario, pensó para sí al comprenderlo. Para él estaba claro. Sin duda alguna, la pequeña princesa había ingerido por error el Kori-Mizu Fruit, la Fruta del Diablo que otorgaba a aquel que la comiese el poder del agua, la misma que ellos habían perdido cuando abordaron el navío que se dirigía a la Ciudad de Cristal. Ahora todo tenía sentido.
—¿Has comido alguna fruta extraña últimamente?— le preguntó con infinita seriedad.
Sakura al principio negó con la cabeza. Pero luego se acordó de la frutilla azul de tan delicioso sabor que había comido en el puerto mientras investigaba el navío que había sido atracado por aquellos individuos.
—Yo… creo que si… una fruta azul— respondió recordando pensativa.
Los piratas abrieron mucho los ojos, incluso alguno ahogó un grito de sorpresa. Sasuke la miró con mucho interés y curiosidad. Aquello cambiaba mucho las cosas.
—Capitán eso es…— se dirigió a él Iruka sin saber muy bien cómo actuar.
—Sí, ha comido del Kori-Mizu Fruit— afirmó el capitán.
Sakura estaba un poco desconcertada, no entendía sus reacciones. Más bien, no entendía nada. ¿Qué pasaba por haber comido esa fruta? ¿Qué era el Kori-Mizu lo que fuese?
—Pero, ¿qué pasa?—preguntó ingenua, le parecía que todo aquello se estaba exagerando un poco, tampoco es que fuese para tanto.
—No sabes lo que has hecho— le dijo con dureza Ibiki, Sakura tuvo un escalofrío nada más oírlo, realmente ese hombre daba miedo.
—El Kori-Mizu Fruit es un Fruto del Diablo— le explicó Sasuke de forma pausada, al ver que la niña seguía sin entender continuó— es una fruta con poderes. En tu caso, el comerla te ha otorgado el poder del agua. Eres capaz de controlarla.
—¿Controlar el agua?—preguntó desconcertada pero más o menos entendiendo lo que quería decir— ¿Como yo quiera?
Sasuke asintió.
—Pero, ¿cómo?— preguntó curiosa, si eso era verdad, a la vez que explicaba todo lo que le había estado sucediendo, era algo fabuloso.
—No te podemos enseñar de la noche a la mañana— contestó Kurenai divertida al ver la reacción que había tenido Sakura. Miró de forma significativa a su capitán.
—Sasuke, necesito hablar contigo— llamó el Capitán Kakashi a Sasuke.
Mientras tanto Sakura estaba alucinando. Quería comprobar todo lo que podía hacer. Naruto se plantó delante de ella a pocos centímetros de distancia.
—Oye tú—le llamó la atención, pero no de forma ruda, sino de forma amable. Aun así Sakura lo miró un tanto irritada.
—Quería decirte que siento haber reaccionado de esa manera antes— se disculpó con sinceridad.
—Acepto tus disculpas—dijo y con una falsa sonrisa agregó— pero sigues siendo un bobo para mí.
El rostro de Naruto se desencajó por completo y Kushina, Kurenai y alguno más se rieron..
—¿Lo dices porque soy un pirata, princesucha?— le preguntó sin enfadarse con burla.
—Por supuesto que no, Sasuke es un pirata y es listo, todo lo contrario que tú— respondió con sencillez y con una gran sonrisa.
Naruto bufó, no quería otra como Ino.
—Ni que Sasuke fuese perfecto, cuando lo conozcas bien verás que es un imbécil— dijo fuerte para ver si su mejor amigo lo escuchaba. Pero no contó con la reacción de la chica.
—¿Cómo… le… has… llamado?— le preguntó de una forma tenebrosa que ni siquiera ella sabía que podía hacer. Naruto la sintió como una amenaza por primera vez. El resto la miraron con curiosidad.
—Imbécil— respondió con una sonrisa.
De un omento a otro y sin pensarlo mucho, Sakura alzó el puño y se lo estampó con todas sus fuerzas en la cabeza, causándole un gran chichón.
—¿Por qué has hecho eso?— preguntó acariciándose donde ella le había pegado.
—Porque te has atrevido a insultar a Sasuke, tú, que no le llegas ni a la punta del talón— contestó señalándolo y mirándolo con superioridad.
—Parece que Ino va a tener una dura competencia— observó Kurenai riéndose.
—Y además de verdad— agregó Iruka sonriente, había visto la forma en que Sasuke miraba a la niña, de una manera sumamente protectora, ya decía que le importaba. Todo lo contrario que sucedía con Ino, la guapa rubia nunca había recibido una mirada tan intensa como la que él había visto en Sasuke cuando había ido a defender a la pequeña de las dos piratas cuando había sido descubierta.
—¿Pero por qué todas hacen lo mismo?— lloriqueó Naruto con frustración. No entendía porque Sasuke, que era frío y todo le daba igual, tenía tanto éxito entre las mujeres. A él no le gustaban las chicas frívolas, no entendía lo que pasaba por el cerebro de todas. Incluso se había planteado el que Sasuke se hubiese tomado algún Fruto del Diablo que tuviera que ver con eso. Pero sabiendo cómo era Sasuke, era lo menos probable, pues el carácter de este era como el de un cubito de hielo. Todavía no se explicaba como Sakura había hecho para que le importara.
—Pues es porque…—iba a contestar pero Sasuke se acercó.
—Creo que todos teníais que hacer algo— dijo de forma significativa el Capitán Kakashi. Todos entendieron y en un segundo, cada uno se había marchado, incluyéndose él mismo.
Sasuke y Sakura se quedaron solos. Al contrario de formarse un silencio incómodo, ninguno se sitió de esa manera. Sakura le sonrió y él le respondió con una media sonrisa.
—Tengo que hablar contigo— le informó.
—Entonces mejor vamos a mi habitación— asintió y cogiéndole de la mano, lo condujo hasta su azulada habitación.
Sasuke se esperaba algo parecido, pero fijándose bien, había detalles que mostraban que Sakura no tenía intención de ser una princesa común. Las paredes tenían olas pintadas y el cuadro de un barco se alzaba justo encima de la cabecera de la cama, se trataba de un barco pirata. En las estanterías, había figuritas de bucaneros y barcos metidos en botellas. Objetos como brújulas y mapas del tesoro adornaban la habitación.
—¿Qué me tenías que decir?— le preguntó mientras se sentaba en el sillón de plumas que tenía y lo invitaba a sentarse.
—Voy a cumplir mi promesa— contestó con una media sonrisa.
—¡¿Lo dices en serio!— exclamó sin creérselo.
—Si, coge todo lo que te puedas llevar— le dijo mientras aprovechaba que Sakura ya se había puesto en acción para tumbarse un poco. Realmente aquel sofá era cómodo.
Sakura arrasó su habitación como si de un huracán se tratase. Había estado siete años preparando aquel momento, así que ya sabía todo lo que tenía coger. Sacó el saco de debajo de su cama y empezó a meter toda la ropa que había comprado pensando que sería apropiada para viajar en un barco y ser una pirata.
¡Voy a ser una pirata de verdad!, pensó emocionada mientras arreglaba todas sus cosas.
Al cabo de unos quince minutos, Sakura ya tenía todo en orden.
—¡Ya estoy lista!—exclamó con infinita felicidad. Sasuke abrió uno de sus ojos, se había echado una siesta.
—¿Piensas que por ser pirata puedes ir así?— preguntó con sarcasmo. Sakura lo miró sin comprender— vas hecha una zaparrastrosa.
Sakura se miró en el espejo y vio exactamente lo que el había dicho, iba hecha un desastre.
—¿Te importa esperar mientras me ducho?— le preguntó un tanto avergonzada.
—No,— y apto seguido cerró los ojos para volver a echarse una siesta allí, quien sabía si volvería a poder disfrutar de un sillón así de cómodo, aquello era el paraíso.
Sakura sacó un conjunto y fue al baño para arreglarse. Tardó un poco más, pues lo nudos que tenía en el pelo no parecían querer irse, pero tras batallar con ellos durante algunos minutos, consiguió desenredarse el pelo por completo. Se puso una camiseta azul, un chaleco de piel marrón con las botas a juego y unos pantaloncillos azul oscuro.
Regresó a su habitación y se encontró a Sasuke dormido, realmente parecía una especie de ángel, un ángel de la guarda. Se acercó en silencio y se atrevió a alzar a mano para apartar con cuidado el pelo de su cara. El tacto era tan suave como la seda.
—¿Has terminado ya?— le preguntó abriendo los ojos. Sakura se apartó de inmediato sonrojada. La había pillado in fraganti.
—S-si—asintió rápidamente,—¡estoy lista y preparada para ser una pirata!
—Espero que el entusiasmo no se te vaya demasiado rápido una vez que estemos en el barco— comentó levantándose,— ármate, puede que nos ataque cuando vayamos a llegar, aunque tal y como está el panorama, no creo que puedan hacer eso.
—¿Por qué dices eso?— le preguntó inocentemente colocándose su espada en la cintura con su cinturón.
—Nada, ya lo entenderás— contestó sin darle importancia— ¿vamos?
—¡Sí!— exclamó emocionada.
Ambos bajaron y encontraron al resto de la tripulación en el vestíbulo. Muchos le sonrieron. Kushina y Kurenai fueron las que más se alegraron por ello, la abrazaron y le contaron lo mucho que se iba a divertir, aunque el concepto que Kushina le describió a Sakura sobre torturar a los demás no la convenció del todo, Kurenai le cayó realmente bien; Naruto y Lee también se mostraron simpáticos, pero Sakura paso del primero y Lee le pareció un bicho raro; Iruka y Gai le dieron su apoyo, este último animando el Poder de la Juventud que Sakura no entendió del todo; Ibiki la felicitó de forma seca, era evidente que no le agradaba la idea; por último, el Capitán Kakashi expresó que se alegraba de poder contar con ella en su tripulación y Sakura se mostró muy agradecida por ello.
Cogió la mano de Sasuke cuando se iban a ir, ya para el barco, y miró hacía atrás. Sabía que lo estaba abandonando todo y ni siquiera se había despedido de nadie, pero no le importó. Tenía todo lo que había deseado durante toda su vida.
Por fin, la aventura comenzaba.
ºCause I've got you to make me feel stronger
when the nights are long they'll be easier togetherº
Y hasta aquí llega el tercer capítulo. De ahora en adelante, Sakura dejará de ser una princesa para convertirse en una intrépida pirata junto con Sasuke y el resto de la tripulación, ¿sobrevivirá a todas las aventuras que le quedan por vivir? ¿Qué son todas esas misiones que hacen? ¿Qué se trae entre manos Sasuke?
Espero que os haya gustado el capítulo tanto como me ha gustado a mí escribirlo, aunque tal vez me pasé un poco en la escena en la que torturan al hombre ese, pero que se le va a hacer, aquí los buenos son los malos y los malos son los bueno, como tiene que ser xD
Todo lo que queráis decirme poder hacerlo pulsando el botón de review que tanta pereza da a muchos xD Os entiendo xD Y quería agradecer a todos los que me dejasteis reviews la última vez t los que me agregaron en sus listas, significa mucho para mi :)
El próximo cápitulo tendrá que esperar un poco a que termine con el capítulo nuevo de Welcome to the Middle Ages!, así que espero subirlo para Enero! Tal vez como regalo de Reyes... quien sabe xD
Así que todo eso y mucho más en los próximos capítulos!
