Capítulo 4: Polos opuestos… de un mismo imán.
Cómo no, Ron y Hermione se sentaron juntos, George y Angelina hicieron lo propio también; Bill y Fleur se colocaron con Victoire entre ambos, y también los señores Weasley se acomodaron el uno al lado del otro. Lo que obligó a Harry a sentarse con Ron a su lado izquierdo, y Ginny al otro lado. Tanto él como ella intentaron no dar mayor importancia al asunto, pero a ambos dio la impresión de que alguno de los demás, o quizá todos, se habían confabulado de antemano para hacerles coincidir, dado que todos sabían que aquella sería la primera vez que Harry y Ginny volverían a reunirse después de su ruptura.
- Esta es una noche memorable – comenzó a hablar Arthur – por fin toda la familia reunida de nuevo – todos fueron conscientes de lo que quiso decir con ello – Así debe ser. Pase lo que pase, siempre debemos estar juntos, debemos ser una familia unida frente a todo. No podéis imaginar cuánto me complace lo que estamos viviendo hoy – terminó; estaba comenzando a acongojarse y Molly le pasó un brazo por la espalda con cariño.
- ¡Al ataque! – gritó George, tomando rápidamente una fuente de comida y llenándose el plato con ella.
Angelina le dio un codazo para que cuidase sus modales y todos rieron.
La cena se desarrolló de forma tranquila y distendida. Se hablaron de muchos temas y todos participaron abiertamente en ellos, relajados. Toda la familia se esforzó por hacer sentir cómodos a Harry y Ginny, intentando no hablar sobre asuntos que pudiesen agriar la velada, ya que por fin habían conseguido hacerles coincidir, y de qué modo, a juzgar por cómo ambos habían llegado. A la hora del postre, Hermione tomó a Ron de la mano y le hizo levantarse, poniéndose ella también de pie; inmediatamente todos guardaron silencio y les prestaron atención, ansiosos por conocer la noticia de una vez por todas.
- Bueno… - comenzó Hermione, aclarándose la garganta – Sabéis que Ron y yo hemos sido novios durante años…
- ¡Demasiados! – la interrumpió George.
- ¡Esto es eterno! – coreó Harry con descaro.
- ¡Oh, callagos ambos! ¡Dejagles que se egspliquen! – los amonestó Fleur– los dos chicos le sacaron la lengua.
Hermione agradeció a su cuñada la ayuda, no sin antes taladrar a su amigo y a su cuñado con la mirada.
- Lo que queremos deciros, es que Ron y yo hemos decidido casarnos dentro de un mes – terminó, temiendo ser interrumpida de nuevo en cualquier momento.
- ¡Eso es fabuloso! – gritó Bill.
- ¡Felicidades! – coreó Angelina, emocionada.
- ¡Increíble! – se sumó George, corriendo hasta su hermano pequeño para estrecharle en un fuerte abrazo.
- ¿Lo qué lo qué lo quéeeeeeee? – preguntó Harry de pronto, con ojos desorbitados.
- ¡Que tus mejores amigos se casan! – palmeó su espalda Bill, mientras todos reían a mandíbula batiente por la cara de sorpresa que había puesto el chico.
- ¡No lo puedo creer! ¡Por fin te ha pescado! – gritó Harry a su mejor amigo, señalándole con un dedo, burlón.
- ¡No te quejes, capullo! ¡También a ti te pescarán! – respondió Ron, mientras ambos se fundían en un fortísimo abrazo.
- ¡Jamás! – negó el moreno con todas sus fuerzas, pero no pudo añadir nada más, pues ya tanto él como Ron se habían ganado una colleja por parte de Hermione.
- ¿Qué es eso de pescar? – la chica los observaba a ambos con cara de pocos amigos.
- ¡Era una broma, Herms! – también Harry la abrazó, después de que Ginny, Fleur y los señores Weasley lo hubiesen hecho ya.
- ¿Pero cómo que dentro de un mes? ¡Es muy poco tiempo para prepararlo todo en condiciones! – se quejó la Señora Weasley.
- Mamá, ya hemos esperado demasiado tiempo – le explicó Ron – Además, queremos una ceremonia sencilla, con la familia y ya está. No va a ser nada especial.
- ¡Nosotras te ayudaremos a prepararlo todo! – afirmó Angelina, emocionada.
- ¡Claro que sí! – se sumó Ginny - ¡Brindemos por los novios!
George y Harry se miraron, entendiéndose a la perfección.
- ¡Despedida de soltero! – gritaron ambos al unísono, con cara pícara.
- No sé yo si Hermione… – replicó Ron tímidamente, temiendo la respuesta de su prometida.
- No pasa nada, cariño, iros de despedida, que nosotras haremos lo propio – le guiñó un ojo.
- Eso, contrataremos un boy atractivo y musculado, que nos haga un buen streaptease – añadió Ginny, encantada chinchando a su hermano.
Pero fue Harry quien miró a la chica lleno de indignación.
- ¡Herms! ¡No podéis estar hablando en serio! – protestó Ron - ¡Nosotros no vamos a contratar a ninguna streaper!
- ¿Cómo que no? – se inmiscuyó Harry con rapidez.
- Pues nada, disfrutad vosotros con la vuestra y nosotras lo haremos con el nuestro – se sumó Angelina, sonriendo a la castaña con complicidad.
- ¿De qué estáis hablando? ¿Os habéis vuelto todos locos? – les reprendió Molly, espantada.
- Tranquila, mamá, que estos dos capullos no hablan en serio – Ron asesinó a George y Harry con la mirada – Y espero que ellas tampoco – añadió comenzando a enfadarse.
- Ah, vosotros queréis despedida de soltero sólo de chicos, pues nosotras tendremos una sólo de chicas. Que cada cual haga lo que quiera en ella – dijo Hermione, lanzándole un beso a su novio, que la contemplaba estupefacto.
- El mundo se ha vuelto loco – rió Arthur por lo bajo.
- ¡Brindemos! – apoyó Bill a su hermana pequeña, divertido por la escena.
Todos llenaron sus copas con whisky de fuego, las entrechocaron, y bebieron con alegría.
- ¡Por los novios! – gritó Harry.
- ¡Por los novios! – corearon los demás.
Bebieron, se abrazaron, rieron… Todo era alegría en La Madriguera.
- ¿Y cómo es que habéis decidido casaros con tanta rapidez? – quiso saber Bill, curioso.
- Bueno… Llevamos viviendo juntos bastante tiempo y nos gustaría… ampliar la familia – explicó Ron, mostrando vergüenza.
- ¡Guau, hermanito! ¡Por fin Hermione va a hacer de ti un hombre respetable! – George palmeó con fuerza la espalda de su hermano; se había tomado demasiado en serio el brindis con el whisky de fuego y comenzaba a notarse en él una incipiente embriaguez - ¿Y tú qué, Casanova? ¿Qué tal con esa rubiales del Ministerio? – preguntó a Harry, volviéndose hacia él.
El moreno sonrió con picardía, pero no quiso responder. Ginny fingió no prestar atención a la conversación de los chicos, pero sintió una opresión en el corazón que la hizo dejar de sonreír.
- ¡No puedes salir con Beatrice, Harry! – Hermione interrumpió de forma abrupta la conversación masculina, con un tono de enfado que a todos sorprendió.
Los demás se giraron hacia ella, tanto hombres como mujeres, totalmente anonadados. Harry la miró con indignación.
- ¡Claro que puedo! – respondió él, arrogante - ¡Está loca por mí!
Ginny deseó marcharse para dejar de escuchar aquello que por nada del mundo deseaba oír, pero supo que si lo hacía, todos notarían que las palabras de Harry la habían afectado; así que decidió aguantar estoicamente. Apuró su whisky de fuego de un solo trago, y se sirvió otra copa completa, de la que inmediatamente dio buena cuenta también.
-¡No, no puedes! ¡Es una mala chica! ¡Una liante! ¡Una embaucadora! ¡Te quiere por el estatus que le daría estar contigo! ¡Por nada más! – insistió Hermione, enfadada.
- Vaya, gracias por creer que no soy capaz de conquistar a una mujer como ella – replicó él con sarcasmo.
La familia guardó silencio, limitándose a observarlos a ambos, ahora preocupados porque temían que la conversación derivase en una pelea entre los dos.
- ¡No me refiero a eso! ¡Y tú lo sabes! ¡Ella no te conviene, Harry! – se notaba que en verdad estaba muy preocupada por la actitud de él hacia la otra.
El moreno miró a su mejor amiga con dureza, pero lo pensó mejor y finalmente sonrió.
- Hermione, te lo repito: claro que puedo, porque soy libre de hacer lo que me venga en gana y no debo dar explicaciones a nadie sobre mis actos… Pero no quiero. Sólo te estaba provocando porque tú y yo convinimos que jamás hablaríamos sobre este tema – le aclaró, ya más amable – Para tu tranquilidad, ya que tienes tanta manía a esa chica, y sólo por eso, porque no pienso volver a hablar jamás sobre mis asuntos amorosos, te diré que estoy perfectamente como estoy, y que no tengo intención alguna de salir con ella ni con nadie. ¿Entendido?
- Pero la llevaste a cenar un par de veces… - le reprochó Hermione, poco convencida.
- Sí, la llevé a cenar un par de veces, y nada más – suspiró él, dándose cuenta de que, si no satisfacía la curiosidad de su amiga, esta jamás le dejaría en paz – En aquella época ella parecía triste y abatida, y yo necesitaba salir de vez en cuando para conversar con alguien que no supiese nada sobre mi vida privada y no me diese la murga intentando resolver mis problemas – la miró significativamente con cariño, a modo de pequeño reproche. - Pero primero: me di cuenta de que no pienso mezclar el trabajo con la vida privada, por lo que nunca saldré con alguien que trabaje también en el Ministerio de Magia; y segundo, tienes razón, metomentodo: esa chica no es trigo limpio.
Los ojos de Ginny brillaron, llenos de intensidad, aunque tristes.
- Pues deberías decírselo. Va por ahí haciendo creer a todo el mundo que tiene algo contigo.
- Yo no debo decir nada a nadie: lo que ella haga con su vida, es su problema. Y quien le crea, peor para él. Y basta ya, Hermione. Es la última vez que pienso hablar sobre esto – zanjó el tema con aspereza – Me marcho a casa de Andrómeda. Se me ha hecho demasiado tarde y no quiero que Teddy trasnoche por mi culpa.
- Yo también me voy – anunció Ginny, con el ánimo agriado por las palabras de Harry – Me siento algo mareada. Creo que he bebido demasiado.
- Tú te quedarás a pasar la noche aquí, señorita – le ordenó su padre – En tu piso, no tienes chimenea conectada a al red flu, y no es hora de ir apareciéndote en casa de nadie que viva cerca de allí, para caminar sola luego hasta llegar a él.
- ¡No, papá! Sea como sea, me voy – se reafirmó ella, con enfado. Necesitaba estar a solas para poner en orden sus pensamientos.
- Yo la acercaré a casa – se ofreció Harry – puede aparecerse en la mía y desde allí la llevaré en coche hasta su piso. De todos modos, he de ir conduciendo a casa de Andrómeda, no deseo arriesgarme a que alguien me descubra apareciéndome en aquella calle llena de muggles. Si a ella le parece bien, claro.
La chica asintió, sin ganas para resistirse, pues el alcohol le estaba comenzando a jugar una mala pasada.
- ¿No supone ningún problema para ti? – le preguntó Arthur, preocupado.
- En absoluto. Usted tiene razón: la familia está para cuidarse y apoyarse. Ya va siendo hora de que yo lo recuerde también. ¿Nos vamos, Ginny? – preguntó a la pelirroja, mientras cogía su chaqueta.
- Vámonos – ella caminó a recoger la suya, intentando que sus pasos fuesen firmes.
- Hasta pronto, entonces – él los saludó a todos con la mano – Y de nuevo, muchísimas felicidades, chicos – dijo a Ron y Hermione con cariño.
- Prepárate, porque vas a ser mi padrino – le aseguró el pelirrojo.
- Será todo un honor – aceptó él, emocionado – Buenas noches.
Caminó hacia la chimenea seguido por Ginny, ambos tomaron un pellizco de los polvos flu que había sobre la repisa, en una coqueta cajita, los lanzaron dentro de ella pronunciando el destino al que deseaban ir, y desaparecieron en medio de una polvareda verde.
- Lo de estos dos es muy raro, muy raro – declaró Bill, pensativo.
- Dejemos que pase lo que tenga que pasar, hijo, sea lo que sea – sentenció el Señor Weasley con resignación – Si nos inmiscuimos en sus problemas, quizá consigamos empeorarlos.
- ¡Pego si es que egstán hechgos el uno paga el otrgo! – se lamentó Fleur, frustrada.
- Ya, pero son ellos quienes deben darse cuenta de eso, no nosotros – añadió George, inusitadamente serio.
Los demás asintieron con tristeza.
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Momentos después, Harry conducía su coche hacia el piso de Ginny. Los dos se mantenían en silencio, él atento a la carretera, mientras ella miraba por la ventanilla del otro lado con la cabeza ligeramente recostada en el respaldo del asiento.
- ¿Te encuentras bien? – preguntó él, preocupado. Deseaba que aquel viaje terminase lo antes posible, pues estar al lado de ella le causaba demasiado sufrimiento, y sentía que ya lo había disimulado todo lo que era capaz de soportar durante un sólo día.
- ¡Pfffffffff! – fue la única respuesta de la chica, quien no movió ni un músculo para mirarle.
Él negó con la cabeza, molesto, pero no se rindió.
- Ginny, por favor, necesito saber si puedo dejarte en casa a solas y quedarme tranquilo. Has bebido demasiado – su voz sonó enfadada, pero a él no le importó.
- Quédate t-tranquilo, Potter. Voy a dejarte t-tranquilo de una vez por todas. Me rindo – contestó ella. En aquel momento estaba atravesando el momento álgido de su borrachera.
Él la miró por un instante, sorprendido.
- Por Merlín, sigues borracha… - se dijo para sí - ¿Qué demonios significa eso? – preguntó sin esperar respuesta alguna. Pero ella le había escuchado a la perfección.
- Voy a serte sincera – giró la cabeza para mirarlo, mientras levantaba su dedo índice de forma cómica. El alcohol le hacía sentirse osada y desinhibida – Yo soy la única tonta que te sigue queriendo, la única que te ha perdonado y que se muere por ti… - calló durante un momento, sentía que la cabeza se le iba a marchar del cuello en cualquier momento – la única que ha dejado su trabajo para complacerte, cuando ya no hay nadie a q-quien complacer. No puedo más, Potter, no voy a engañarme más. Te quiero y punto. ¡Lo acepto! ¡Y renuncio a este maldito rep-portaje! ¡Te dejaré en paz! ¡Al infierno todo! – concluyó con pasión.
Harry apunto estuvo de detener el coche en medio de la carretera, pero decidió no hacerlo y llevarla a casa cuanto antes. Ginny necesitaba descansar, dormir la borrachera, y su tarea ahora era ayudarla a conseguirlo. Aun así, el moreno no pudo evitar volver a mirarla con los ojos como platos. No podía creer aquello que acababa de escuchar. El corazón galopaba en su pecho, amenazando con estallarle. Algo le decía que aquella joven pelirroja, que acababa de sumirse en el sueño de los justos en el asiento de al lado, aún estando borracha como una cuba, le había dicho la verdad. ¡Y de qué modo le había hecho feliz escucharla! Sintió que tampoco él podía seguirse mintiendo a sí mismo, que luchaba una batalla perdida si no aceptaba que la seguía amando con toda su alma. Pero tuvo bien claro que el mañana llegaría, y que con su llegada, ella no recordaría nada de lo que le había dicho, que todo regresaría al punto en que aquella tarde ambos lo habían dejado. Aunque estaba convencido de que, para él, nada tendría regreso ya. Se creyó un tonto por pensar que todo era tan fácil: dos jóvenes amándose para siempre; y que todo lo pasado estaba de más; pero la mujer que amaba, aún sin darse cuenta, acababa de demostrarle que así era. Y supo que él no iba a fallarle… nunca más.
Al llegar al edificio donde Ginny había adquirido su piso, Harry salió del coche, caminó hasta la puerta del acompañante, y abriéndola con sumo cuidado, tomó en brazos a la joven delicadamente. Rebuscó en todos los bolsillos de la chaqueta de la chica en busca de las llaves del apartamento, pero hubo de rendirse sin haberlas hallado. De pronto recordó que cuando Ginny había llegado a su casa en Godric´s Hollow, ella llevaba un bolso, e intentó hallarlo con desesperación, con ella aún en sus brazos. Pero fue inútil: se dio cuenta de que ella, mareada por el whisky de fuego, se lo había olvidado en La Madriguera, y tampoco él había reparado hasta entonces en que le faltaba.
No tuvo más opción que acomodarla en el coche de nuevo, - pues al no haber estado nunca en el piso de Ginny, no podía visualizarlo, y por lo tanto no era capaz de aparecerse en él - mientras tomaba una decisión. Y él volvió a ocupar el asiento del conductor, con el coche aún detenido frente a la puerta de la casa. Condujo hasta su propio hogar, desde donde podría transportarla de nuevo a La Madriguera sin tener que dejar el coche aparcado en cualquier lugar. Pero pensó que si la llevaba otra vez a casa de los señores Weasley, después ella no se lo perdonaría, furiosa por saber que sus padres la habían descubierto en aquel estado de embriaguez. La conocía demasiado bien. La única opción lógica que le quedaba, la "menos mala" para ella, era acomodarla en el cuarto que siempre había estado preparado para recibirla, desde que él ordenó reconstruir aquella casa. Y así lo hizo. Sin despertarla – algo que, por otro lado, era prácticamente imposible en aquella situación – entró en su hogar y subió las escaleras con ella en brazos, hasta alcanzar la habitación del primer piso, la misma en que la bella pelirroja se había cambiado de ropa aquella misma tarde. No se sintió culpable, ni extraño, ni enfadado… sino normal, completamente normal. Aquello era mucho más normal que haberla mantenido lejos de su lado durante todo un año. Aún sin poder creer del todo la revelación que acababa de sentir, la introdujo en el cuarto y la depositó suavemente sobre la cama. No quiso hacer ruido buscando uno de sus pijamas, así que fue a la habitación que él ocupaba, cogió uno de los suyos propios y regresó junto a ella. Le acarició el rostro con ternura, mientras se encargaba de retirarle el vestido que oprimía a la chica y dificultaría su descanso, y lo sustituyó por el pantalón y chaqueta de pijama masculinos. Mientras lo hacía, se maravilló de nuevo al observar aquel cuerpo de diosa con el que tanto había soñado, cubierto mínimamente por una sensual lencería, que le provocó un calor totalmente distinto al que había causado en él el escaso whisky de fuego que había tomado aquella noche. Ya vestida con el pijama, la cubrió con las mantas para que no cogiese frío; la chica ni se inmutó. Enternecido como hacía demasiado que no recordaba haberlo estado, le acarició el rostro una vez más con adoración y se marchó.
Bajó las escaleras con cuidado de no hacer ruido y caminó hacia el comedor. Al llegar allí, cogió un teléfono inalámbrico de encima de la mesa auxiliar y marcó el número que tan bien conocía. Pasados unos segundos, una voz femenina se escuchó del otro lado.
- ¿Harry? – preguntó una mujer – Harry, hijo. ¿Estás ahí?
- Sí, Andrómeda – él sonrió cariñosamente.
- Hijo, este teléfono muggle será muy útil, pero yo todavía no me acostumbro a usarlo – el joven amplió su sonrisa, aunque ella no podía verlo - ¿Qué sucede, Harry? Teddy te ha estado esperando hasta muy tarde.
- Lo siento en el alma, Andrómeda. La cena en casa de los Weasley se ha prolongado demasiado, y la verdad es que me he pasado un poquito de beber y… - mintió, sintiéndose culpable.
- No pasa nada, hijo. Teddy lo entenderá. Cuando despierte, ¿le digo que vendrás a visitarlo?
- Por supuesto. Mañana mismo pasaré a verlo. Se lo compensaré, se lo juro.
- Lo sé, cariño. Y él también lo sabe. Siempre cumples tu palabra – respondió ella con voz amable.
- No siempre… - se acusó él, compungido.
- Descansa, cielo. Y no te preocupes por nada. Hasta mañana.
- Hasta mañana, Andrómeda – concluyó, agradecido. Y colgó el teléfono con suavidad.
Hasta aquel mismo momento, no se había dado cuenta de la inmensa cantidad de cansancio que su cuerpo estaba soportando. Los nervios que había estado intentando ocultar durante toda la tarde, habían mantenido alerta todos sus sentidos, pero en aquel momento comenzaban a pasarle factura con creciente intensidad. Subió las escaleras de nuevo y entró sigilosamente en el cuarto que ocupaba Ginny para comprobar que esta continuaba durmiendo: ella no se había movido siquiera en su postura. Sonrió, satisfecho. Después caminó hasta su cuarto, agotado, y se dejó caer en la cama. Ni siquiera se cambió de ropa; inmediatamente fue vencido por el sueño.
Comentarios de la autora:
¿Qué os ha parecido este capítulo? ¿Os ha gustado? Me encantaría que así fuese, porque lo que ha sucedido en él es muy importante para el desarrollo futuro del fic, ya que da detalles cruciales para comprender muchas de las cosas que pasarán después.
He de contaros que mi parte favorita es cuando Harry se da cuenta de que son Ginny y él quienes están convirtiendo en difícil una situación tan sencilla como esta: un hombre y una mujer, que se aman con locura, que harían lo que fuese el uno por el otro, pero que se han complicado demasiado la vida con problemas que al final no tienen ningún sentido. Quiero que penséis en todo esto para comprender la actitud de Harry en los próximos capítulos.
Confieso que lo tenía escrito desde hace dos o tres días, pero no quería actualizar demasiado amenudo para no acostumbraros, ya que ahora estoy de vacaciones, algo que no es lo más común en mí, ni mucho menos, jeje. Aún así, prometo actualizarlo si puedo a este ritmo, y si no, al menos un capítulo por semana.
Un abrazo a todos, y como siempre, espero entusiasmada vuestros reviews, jeje.
Rose.
